Disclaimer: Los personajes no son míos, son de Stephenie Meyer, yo los uso para contarles mi historia.
Pues vamos con el segundo de esta nueva aventura, millones de gracias a Eve que siempre esta ahí corrigiendo las cosas que le mando.
Ya ni para que me disculpó se que tardo años en actualizar, pero saben que hasta que no termino no la dejo, gracias por su paciencia y su amor.
Besos llenos de babas para todas.
Capítulo beteado por Eve Runner, Beta FFAD: www facebook com / groups / betasffaddiction
Capítulo 2
El día fue como un borrón, yo quise hacer algo, ayudar, pero Edward una vez más se hizo cargo de todo, relegándome. Cuando me quejé me dijo que yo hacía lo más importante, cuidar a Kai.
Básicamente, no salimos de mi habitación. Edward iba a ver a Kai varias veces al día. Y en su última visita, me pidió que arreglara la habitación donde dormía Tanya para que él durmiera esa noche ahí.
Tomé a Kai en mis brazos y caminé hacia la habitación, no había entrado desde su muerte. Abrí la puerta y el perfume dulzón de Tanya me llenó la nariz.
Miré la habitación, estaba sin tocar. La ropa de Tanya estaba tirada por todos lados, miré los vestidos, esa noche al menos se había cambiado seis veces antes de decidirse. Sonreí, recordando a Tanya. Puse a Kai en la cama y comencé a recoger la ropa. Pero esta vez no la colgaría, como siempre en el vestidor, ya no había quien se la pusiera, decidí guardar todo. Así que comencé a ponerla en el piso, luego la subiría al desván, al closet que había ahí. Miré el vestidor, vi las corbatas de Jake fuera de su lugar y tomé una, la llevé a mi nariz. ¡Dios! Todavía me costaba pensar que estaba muerto. Nunca más escucharía su risa, ni nunca jamás diría lo que tanto anhelé escuchar: Bella te quiero.
Sin poder evitarlo comencé a llorar, ahora si estaba completamente sola, y si Edward me quitaba a Kai entonces ya no tendría nada en mi vida, estaba vacía.
—Deja de llorar, estás asustando a Kai. —Escuché que me decían. Miré hacia la entrada y vi que Edward tenía al bebé en sus brazos, miré los míos y estaban vacíos. Algo en mí enloqueció, así que salí corriendo como loca, quería sentir, quería ser yo, no solo el felpudo de alguien más. Kai merecía una mejor persona para amarlo y cuidarlo, esa no era yo. No supe cuanto tiempo corrí, ni hacia donde cuando por fin me detuve estaba donde había estado mi casa, mi casa.
La miré estaba destruida, acabada. Eleazar la había vendido cuando me fui a vivir con ellos, y puso el dinero en una inversión. Estaba totalmente mojada, tenía frío y sabía que tenía que regresar. Pero algo en mí se rebelaba, me negaba a alejarme del lugar donde fui feliz. Siempre, desde que perdí a mis padres, había vivido queriendo que alguien más me quisiera o me aceptara. Mi cuerpo, mi mente y mi alma se negaban a seguir viviendo de esta manera, mendigando amor.
Me quedé parada en la lluvia, dejando que mi cuerpo y mi mente se enfriaran, que mi mente dejara de pensar, mi cuerpo de sentir. Mi mente y mi cuerpo se desconectaron.
Unos brazos me levantaron del suelo, no me había dado cuenta que estaba en el suelo.
Escuche su voz, dijo algo de helada, pero simplemente me había rendido, no quería hacer nada más. Quería irme, sabía que Kai estaba bien atendido. Nadie me necesitaba, nadie.
Me dejé ir, a la oscuridad, a lo lejano.
Estaba calientita, nada me preocupaba, yo quería seguir durmiendo, pero debía levantarme, Kai pediría su biberón pronto.
—No te levantes. —Me ordenaron y eso me hizo abrir los ojos e incorporarme rápidamente, lo cual hizo que la luz me lastimara y sintiera que alguien sacudía mi cama.
—¿Por qué demonios eres siempre tan terca? —Pude enfocar y vi que era Edward, estaba junto a mí e intentaba recostarme—. Tienes que incorporarte poco a poco. Has estado semi inconsciente varias horas. Kai llora por ti, así que necesito que te recuperes pronto.
¡Kai! En ese momento recordé mi locura, el frío la lluvia… mi cuerpo tembló ante el recuerdo. Como pude pensar en dejar a Kai.
—Veo que has recuperado la sensatez, el doctor dice que en un par de días, si te cuidas, estarás perfecta. Sin embargo, yo necesito que hablemos ahora.
Ahí estaba, este arrebato de locura me había costado a Kai, estaba segura que él me lo iba a quitar, y yo se lo había puesto en bandeja de plata.
—Primero, necesito que me expliques esto. —Miré y me enseñó un cuaderno empastado.
—Creo que es el diario de Tanya —dije recordando como Carmen había tirado el mío, que mi madre me había regalado y me ayudaba a escribir, porque era una porquería, y días después le había dado ese a Tanya.
—¿Tienes la llave? —Negué.
—No, ni siquiera lo había visto en años. —La única vez que lo había visto fue el día en que se lo regalaron. Era un hermoso cuaderno rosa con dorado, estaba cerrado con un candado, no con uno fácil de abrir, era uno especial.
—Dejaremos esto por el momento. Lo segundo, ¿qué significa esta bolsa? —Me di cuenta que era la maleta que había preparado para huir.
—Yo… yo… —Mi mente buscaba un pretexto convincente.
—Pensabas huir llevándote a Kai. —Sin atreverme a mirarlo asentí—. Sabía que algo así iba a pasar. Que no podía confiar en ti. Eres igual a todas.
No sabía que decirle, él estaba en lo cierto.
—Pensé que me lo ibas a quitar y es todo lo que me queda. Por favor, no me lo quites. —No pude evitar que mi voz se quebrara y que comenzara a llorar, comencé en silencio, pero poco a poco comencé a llorar más fuerte.
—No niego que me pasó por la cabeza, pero no soy un animal. Me he dado cuenta del vinculo que han formado, tú y Kai, no lo separaría de ti… —Hizo una pausa—. A menos que me des un motivo.
—¿Un motivo? —repetí.
—Digamos que si vuelvo a enterarme que planeas escapar, o algo así.
—Algo… ¿cómo lo que paso antes?
—Pasó ayer, y eso, dado a que te conozco, fue una reacción bastante inusual. Desde que te conozco siempre has sido sensata, nunca había visto que te pusieras de ese modo.
—Yo… de pronto me sentí sola e inútil, sabía que por mucho que huyera tú nos encontrarías, que tal vez Kai estaría mejor contigo.
—Creo que él te ama, y ya te dije mientras no hagas otra tontería por mí no hay problema. Es más he ideado un plan, pero por ahora necesito que descanses, voy a traerte a Kai. No ha dejado de llorar, ni el maldito chupete lo ha calmado. —Caminó hacia la puerta y antes de salir me dijo—. ¿Sabes que esa cosa daña sus dientes?
—¿Qué? —No entendía sobre que me hablaba.
—Sí, el chupete, puede hacer que sus dientes salgan chuecos. Lo leí en una investigación. No sé por qué lo acostumbraste a eso.
—Yo usé chupete hasta los cinco años y no tengo los dientes chuecos —Le contesté, hubiera querido enseñarle mis dientes y luego aventarle algo a la cabeza.
—¿Chupaste eso hasta los cinco años? —Me miró como si hubiera confesado un asesinato—. Lo mejor será que nos pongamos de acuerdo con muchas cosas.
Y sin más salió de la habitación y en ese momento note que no estaba en mi habitación, sino en la habitación que había sido de Jake y Tanya.
No tuve mucho tiempo para reflexionar que hacía en esa habitación porque en ese momento la puerta se abrió y entró Edward con Kai en los brazos, era tan pequeño. La chica de pelo negro venía detrás de él.
—Listo Kai, aquí tienes a Isabella. —Me dejó en los brazos a Kai, quien inmediatamente me reconoció y con sus manitas se aferró a mí.
Le di un beso en la cabeza y el pequeño soltó un suspiro bastante sonoro.
—Yo también te extrañé.
—No ha comido bien, pero hoy se tomó todo el biberón, le puse la leche como en las instrucciones del bote —me dijo la chica de pelo negro, no podía recordar su nombre.
—Gracias por cuidar de él. —En ese momento el pequeño empezó a buscar el alimento y sonreí—. Creo que ya recuperó el apetito. —Miré hacia arriba y vi que Edward me miraba con los ojos entrecerrados.
—Voy a traerte el agua caliente y la leche.
—No, a Kai no le gusta su leche caliente, siempre se la doy tibia casi fría.
—Con razón no se la tomaba, por esa razón jamás voy a tener hijos. Llevan mucho trabajo. —Salió y nos quedamos solos, bueno, con Edward, que me miraba fijamente y eso me incomodaba.
—Tanya, ¿nunca quiso cargarlo? —me preguntó.
Sacudí la cabeza en negación.
—No lo digas frente a él, ellos entienden todo.
Salió de la habitación y yo seguí haciéndole mimos a Kai.
La chica regreso y me dio el biberón. En seguida se lo di a Kai que comía con ansias.
—Despacio, que vas a atragantarte.
Kai empezó a tragar más despacio.
—Eres su mamá. La verdad eres totalmente diferente a como creí. —Alcé la vista—. Pensé que eras más como Tanya. —Al decir su nombre lo hizo con desprecio—. No, entiendo que le vio mi primo, mi mamá y yo creemos que le recordaba a su mamá, no entiendo por qué diablos… era tu amiga. Lo siento.
—La verdad, yo hubiera querido que tu primo y ella se entendieran, pero no pasó así y mira, qué regalo tan grande me dejaron. ¿Verdad, hermoso? Tú eres mi regalo.
La chica salió y dejó la puerta abierta. Yo me concentré en Kai que dejó a un lado el biberón y me hizo unos soniditos como si me contara algo.
—Yo también te quiero —le dije y él comenzó a buscar el biberón, y me apresuré a meterlo en su boca, si algo era seguro, era que si Kai tenía hambre lloraría.
—Nunca lo había visto hacer eso. —La voz de Edward me sorprendió porque no vi en qué momento regresó a la habitación.
Solo se escuchaba el sonido que hacía Kai al comer. Cuando terminó lo acomodé para sacarle el aire.
—¿Puedo hacerlo yo? —me preguntó expectante.
—Sí. —Alcé los hombros—. Pero ponte algo, algunas veces Kai regresa algo de leche.
—¿Eso es normal? ¿Ya lo vio un médico? —Me asedió con mil preguntas a partir de ahí.
Le respondí todas las que hizo.
—Voy a llamar a Alice para que se lleve un momento a Kai —dijo cuando estaba quedándose dormido, él paseaba de un lado al otro con el bebé y yo los miraba callada. Me asusté, ¿por qué quería llevárselo?—. Solo será una hora o menos, espero yo, necesitamos hablar y dado que nuestras conversaciones suben de tono no me gustaría despertarlo.
Asentí, me sentía cansada, débil.
Edward abrió la puerta y gritó
—¡Alice! —Kai comenzó a lloriquear—. No, no llores. Tranquilo.
Pero Kai tenía sus propios planes, él lo había despertado, ahora él iba a llorar.
—Ten. —Me tendió a Kai para que lo controlara y otra vez al sentirme, Kai, dejó de llorar y se aferró a mi blusa.
—Creo que tendremos que bajar la voz. —Alice entró pero Edward habló.
—Tus servicios no son requeridos por el momento. Si te ocupo te llamo, mejor, te mando un mensaje al teléfono.
—Odio cuando te pones en plan mandón, no eres mi jefe y soy más grande que tú por días, así que deja de gruñirme. —Luego me miró—. No dejes que se ponga mandón contigo.
Edward le gruñó algo y yo dejé a Kai en la cama. Ansiaba tenerlo en mis brazos, pero sabía que después solo iba a querer estar ahí.
—Bueno, lo primero que quiero hablar contigo es sobre Kai, ambos tenemos la custodia, pero yo quisiera adoptarlo, que fuera mi hijo legalmente. —Eso me hizo tensar—. Luego Alice me hizo reflexionar, tú también querrías hacer eso. Así que tengo la solución a nuestros problemas. —Lo miré—. Vamos a casarnos, adoptaremos a Kai y tendremos una familia.
¿Qué había dicho? ¿Casarnos? ¿Estaba loco?
—No entiendo…
—Sí, mira si tú encuentras a alguien y te enamoras podemos hablarlo y divorciarnos sin problemas, pero si nos entendemos podemos hasta tener más hijos, para que Kai tenga hermanos.
—No estoy segura.
—Pues yo tampoco —dijo conteniendo la voz—, tú quieres irte y llevarte a Kai, si no aceptas, pediré la adopción y la custodia completa.
Lo miré asustada, ahí estaba el Edward que yo conocía el despótico, el altanero.
—No puedes. —Me acerqué a Kai—. Yo también puedo pedir la custodia y adoptarlo.
—Claro que puedes, pero ya veremos a quien le dan la custodia. Yo puedo contratar a los mejores abogados, casarme y ofrecerle una familia. —Él se acercó a mí mientras lo decía, podía sentir su enojo y yo negué, y dije un no muy bajo—. Tú dices por dónde quieres que lo llevemos, porque si es así, bueno tengo que informarte que ya no vamos a requerir tus servicios, contrataré a una niñera y a un ama de llaves. Sí, ambos tenemos la custodia, pero él que tiene el dinero soy yo, y como ya no requeriremos tus servicios tienes cuarenta y ocho horas para desocupar tu cuarto, y para que veas que no soy mala persona si haces cita con mi abogado podrán ponerse de acuerdo con las visitas a Kai. Te daré una tarjeta.
Mi cuerpo comenzó a temblar y sentí que me faltaba el aire. Escuché maldecir a Edward y ya no supe nada más de mí.
Desperté y vi a alguien inclinado sobre mí.
—Tranquila, soy el Doctor Cullen. Al parecer te desmayaste de la nada —dijo como si no lo creyera, tocó mi brazo tranquilizándome—. El bebé está bien, sigue durmiendo. Ahora, ¿dime qué hizo el idiota de mi hermano para qué te desmayaras? Sí, soy el hermano de Edward, Carlisle.
—Él… y yo discutimos y de pronto comencé a sentir que me faltaba el aire.
—Tu cuerpo sufrió una pequeña hipotermia y creo yo que has estado bastante estresada, han sido muchas muertes en poco tiempo. —Asentí—. Le dije que no te presionara que tomara las cosas con calma.
Mi desesperación me hizo agarrarlo de la bata y decirle todo.
—Quiere quitarme a mi bebé, explíquele que Kai es mi hijo, no la parí, pero en mi corazón es mi hijo, por favor. —Las lágrimas estaban fluyendo como ríos, tal vez si su hermano le decía él me dejara en paz. —Por favor, se lo ruego.
El doctor me miró y sacudió la cabeza.
—Hasta cuando esa mujer va a seguir manejando su vida. No te preocupes. Haré lo que pueda, pero no te prometo nada. Con respecto a la madre del niño, Edward es demasiado terco, por no decir obsesivo.
El doctor salió luego de inyectarme, según él, vitaminas, pero a mí me doy mucho sueño y me dejé llevar por el.
Tuve una pesadilla horrible. Despertaba e iba cuarto por cuarto y todos estaban vacíos, no había nadie en la casa. Al final solo encontraba los papeles donde decía que estaba desequilibrada mentalmente y que no podía cuidar a Kai. La casa estaba fría, gris, miraba por la ventana, y veía a Edward y a otra rubia con Kai de la mano, ya no era un bebé, era un niño mayor y ellos sostenían un bebé rubio, como de anuncio, y no le hacían caso a Kai, que lloraba.
Me desperté mientras veía como Kai corría y cruzaba la calle y un auto lo atropellaba.
—Tranquila, es solo una pesadilla. —Alguien me sostenía la mano y me reconfortaba. Era la prima de Edward.
—¿Kai? ¿Cómo está Kai? —le dije e intenté levantarme pero todo me dio vueltas—,. Necesito ver a Kai.
—Espera, por favor, estás débil. —Intentó detenerme, pero no se lo permití.
Agarrándome de lo que podía comencé a caminar fuera del cuarto. Escuché su llanto y sabía que algo pasaba.
No dejaba de susurrar Kai, mientras caminaba hacia mi recámara, era donde dormía, cuando una puerta se abrió, y salió Edward y una mujer.
—Estás mal, Edward, no puedes quitarle al bebé, piensa en tu madre… —Decía la mujer cuando me vieron.
—Kai —dije—. Necesito ver a Kai.
Ya no me sentía tan débil. Pensar en él me daba fuerzas.
—¡Dios! No debes de levantarte así. —La mujer se acercó a mí—. Tranquila, solo tiene aire.
—Necesito verlo —exigí, pero vi la mirada que me dio Edward, y supe que no iba a dejarme verlo.
—Regresa a tu cuarto, mañana lo verás. Ahora su nueva niñera lo está cuidando.
Sin importarme nada me abalancé contra él.
—Maldito, no puedes quitármelo. Él me necesita. —Intentaba hacerle daño, pero él me sujetó las muñecas, y en un movimiento me dejó contra la pared y no podía moverme. Ni siquiera podía patearlo.
—Estás alterada, estás enferma, así que no vas a verlo. Tranquilízate —me gritó.
—Edward. —La mujer lo llamó de manera suave.
—Esme, no te metas. Eres la esposa de mi hermano y te aprecio, pero no te metas. Llévate a Alice y váyanse de aquí.
—Por favor, contrólate —le dijo la mujer.
—Esme, lárguense ahora mismo. —Su voz estaba cargada de tensión.
—Voy a decirle a Carlisle, no puedes… —Pero la mujer se cayó cuando Edward la miró, vi como caminaba rumbo a las escaleras junto con Alice y luego escuché el portazo. Él se quedó sujetándome, sin dejarme mover.
Kai ya no estaba llorando y yo me había tranquilizado un poco. Edward hizo un movimiento y me cargó como un costal. Me llevo a la recámara que ocupaba y me dejó caer sobre la cama.
—Te vas a quedar aquí pensando y mañana hablaremos, no vas a ver a Kai hasta que te tranquilices. —Sin darme tiempo a nada salió de la recámara y escuché como ponía llave.
Corrí a la puerta y la intenté abrir, pero simplemente no pude, llorando a un lado de la puerta me quedé un muy buen rato. Recordé cómo solía castigarme Carmen, cuando yo sacaba mejor calificación o Tanya me acusaba de algo que ella había hecho, siempre me encerraba en mi habitación, pero ahora ni mi habitación tenía. Comencé a buscar algo con que salir, pero me di cuenta que habían vaciado el cuarto, estaba sin la ropa de Jake o Tanya.
La ropa de cama era nueva y el camisón que llevaba también.
Miré el tocador y no había rastro de que una mujer lo hubiera ocupado.
Al final el cansancio me ganó y me acosté a dormir, pero estaba segura que ya era cerca de la mañana y había tomado unas decisiones. Me casaría con Edward y un día lo mataría, bueno, lo segundo, no lo creía muy probable.
Pero sí que le haría la vida imposible, y pediría un acuerdo prematrimonial, y si nos divorciábamos la custodia de Kai, sería mía. Escribí todo antes de quedarme dormida para no olvidarlo.
Estaba tan calientita y tan cómodo que me acomodé mejor, pero al sentir cosquillas en la nariz abrí los ojos.
Estaba sobre Edward, sobre un Edward casi desnudo, porque podía sentir su ropa interior aunque no ocultaba mucho su erección.
Intente alejarme, pero él me jaló hacia él.
—Deja de moverte. ¿Ves? Que no será tan malo casarnos. Leí tu lista y solo para que quede claro. No habrá separación nunca.
—¿Y si me enamoro? ¿O tú lo haces?
—Yo nunca voy a enamorarme de nadie, pero si te enamoras puedes irte con tu amor y dejarme a Kai.
—No —le dije mientras intentaba levantarme, pero su brazo me tenía bien sujeta.
—Si nos separamos quiero a Kai.
—¿Y a los demás hijos? ¿A esos no? Como no serán hijos de tu adorado no los vas a querer.
—No vamos a tener hijos.
—O si que vamos a tener más hijos, no quiero que Kai sea hijo único, quiero que tenga hermanos, así que si no quieres cooperar no hay problema encontraré con quien.
Mierda, recordé mi sueño y ahora que Edward me apartaba fue mi turno de detenerlo.
—No, acepto. Me casaré contigo, pero quiero todo por escrito y si tú me eres infiel, yo me quedaré con la custodia de los niños.
—Acepto, pero si es al revés, yo me quedaré con los niños.
—Y si nos separamos por las buenas… —dije pero él me calló, tapándome la boca.
—No, nos separemos por las buenas, de eso puedes estar segura.
Después de decirlo me soltó y me dijo que volaríamos a Las Vegas a casarnos. Ya tenía todo listo, el avión salía en tres horas.
Todavía antes de salir me dijo que no necesitaba equipaje, ya que iríamos y regresaríamos antes de que acabara el día.
Quise ahorcarlo, pero como ya había salido me desquité con la almohada, la cama y con su ropa. Qué satisfacción me dio romper su camisa. El pantalón y el saco intenté, pero simplemente no pude hacerle mucho daño, pero esperaba que los jalones deformaran su ropa.
Unos minutos después entró una mujer, se identificó como Maria, me indicó que trabajaría en la casa y que estaba a mis órdenes; claro, que al pagarle Edward, solo tendría opiniones sobre la comida y la cena, después me dijo que el señor me mandaba esto. Y esto… eran varias cajas y bolsas con el logotipo de Carolina Herrera.
Abrí una de ellas, la más grande y había un hermoso vestido color Ivory*, era largo y hermoso. Sencillo y elegante.
En otro había zapatos y todo lo que necesitaba para casarme, hasta la ropa interior, que era hermosa.
Mi primer impulso fue negarme a ponérmelo, pero luego pensé en que si solo iba a casarme una vez, al menos quería ir bonita. Que cuando le mostrara las fotos a Kai y mis demás hijos vieran que no fue algo rápido y apresurado, aunque así iba a ser.
Me metí en la ducha y me di un baño a conciencia. Cuando salí me sequé el pelo mientras cantaba, me gustaba secarme al aire libre, es decir, desnuda.
Así que en ese estado me encontraba cuando la puerta del baño se abrió.
—¡Dios, por qué no te has vestido! —Escuché a Edward refunfuñar.
Busqué la toalla y la miré cerca de la puerta, así que si quería taparme tenía que caminar hacia él.
—Date la vuelta —le ordené, pero él se negó, levanto la toalla y sin dejar de mirarme me la dio.
—Esta noche te voy a conocer toda, ¿para qué tanta vergüenza? Salimos en quince minutos para el aeropuerto, puedes terminar de arreglarte en el avión, así que no te preocupes. La niñera tiene listo a Kai.
Y sin más salió.
Me vestí y salí hacia mi cuarto para buscar mi maquillaje. Encontré mi cuarto vacío, mis cosas no estaban.
Regrese a la recámara y en el camino me encontré a Edward.
—Mis cosas, ¿dónde están?
—Vámonos ya, la doncella puso todo lo que te falta aquí, si necesitas algo más lo compraremos en el camino.
Y me tomó del brazo. Salimos a un auto, donde no vi a Kai.
—¿Dónde está Kai?
—Tranquila, va en otro auto, donde está la silla de bebé, nos estará esperando en el aeropuerto. —Me entregó un sobre amarillo—. Léelo y fírmalo, no quiero atrasar más esto.
Aflojó su corbata y cerró sus ojos.
Comencé a leerlo ansiosa, pero había varias cosas que no entendía muy bien, así que me arm´r de valor y le dije.
—Necesito que un abogado me asesore, no entiendo todo.
—¿Qué no entiendes? —me dijo acercándose a mí y tomando los papeles.
—Aquí donde dice… —Y con infinita paciencia me explicó punto por punto. En el contrato se establecía que si alguno de los dos cometía infidelidad el otro se quedaba con la custodia de los menores, también me pasaría una pensión, pero en caso de yo cometer la infidelidad sería anulada, si la separación era de mutuo acuerdo tendríamos que vivir juntos al menos un año, y la custodia de los niños sería tratada en el momento. También decía que podía quedarme con todo lo que me comprara o me regalara Edward, y que mi fideicomiso con el dinero de mi herencia sería por completo mío en cualquier caso. Un montón de puntos más sobre cosas insignificantes. Así mismo, establecía que yo recibiría una asignación mensual mientras fuera su esposa.
—¿Me vas a pagar por ser tu esposa? —pregunté.
—Podrías llamarlo así o pensar que ahora ya no recibirás un sueldo y que tendrás obligaciones diferentes.
—¿Obligaciones? —Lo miré realmente confundida.
—Llegamos al aeropuerto, tenemos que bajar, te seguiré explicando en el avión.
Miré y era verdad pero no estábamos en la terminal, estábamos directamente en la pista.
Salió del auto y alguien abrió mi puerta. Miré y era el hermano doctor de Edward.
—¿Qué diablos? —Lo escuché decir.
—No ibas a casarte sin tu familia —Comenzó a decir el doctor—, e invitamos a una amiga de Bella.
Miré y Rose, mi única amiga, estaba parada junto a la escalerilla, toda emocionada.
—No lo puedo creer, cuando me llamaron y me dijeron que ibas a casarte. Ya decía yo que tanta antipatía era algo más.
Me abrazó y sin dejar de hablar subimos al avión y al ver a Kai con una señora sin pensarlo corrí hacia él, el extendió sus manos y lo tomé entre mis brazos.
Todo pasó demasiado rápido y cuando menos lo esperaba, la prima de Edward, Alice, su cuñada Esme y Rose me llevaron aparte, y me dijeron que me cambiara de ropa, no nos casaríamos hoy, si no mañana en una sencilla ceremonia, pero más organizada.
—Nada de capillas de mala muerte y Elvis de fondo —me dijo horrorizada Esme, que había resultado bastante maternal y muy comprensiva. También me entere que los padres de Edward habían muerto cuando él tenía diez años, al menos teníamos eso en común, y no solo eso, también habían muerto en un accidente automovilístico.
Cuando llegamos a Las Vegas, Edward me llevó aparte y me presento a su abogado Emmett McCarthy. Él me saludó serio, y me dio lo que, según él, era el mismo contrato, pero en limpio.
Le di una leída rápida y lo comparé y era verdad. Lo firmé con el abogado como testigo y me sentí atrapada. Acto seguido el serio abogado se despidió de mí y siguió hablando con Edward como si yo fuera otro mueble más. Seguía con Kai en los brazos y me negaba a soltarlo. La niñera, una señora bastante malgeniada, me miraba mal.
Al final tuve que darle a Kai porque las demás mujeres iban a llevarme a un Spa.
Estaba a media sesión de masaje y algo en mí me hacía sentir como desesperada, con un mal presentimiento. Le dije a la chica que parara y así en bata y sin nada debajo de ella salí corriendo hacia la habitación, donde nos hospedábamos. Había olvidado la llave, pero en ese momento vi al abogado de Edward y le dije que si podía abrirme, estábamos en una suite, donde había seis cuartos. Corrí al que nos habían asignado y vi como la niñera agitaba a Kai.
Sin medir las consecuencias me abalancé contra ella y le arrebaté a Kai.
—Es una mala persona —le grite. Me debatía entre hacerle daño y consolar a Kai que lloraba.
Al final ganó Kai, mientras el abogado le decía cosas y la despedía, yo me concentré en Kai. Edward entró a la habitación exaltado.
—¿Qué pasa?
La niñera se adelantó.
—La señora entro como loca y… —Se quedó callada ante la mirada severa del abogado.
—La señora estaba maltratando a tu hijo y tu mujer solo se lo quitó. Ya le dije que es mejor que se vaya antes de que decida hacerle una demanda por maltrato infantil.
La niñera salió como alma que lleva el diablo y yo le di mi mirada fea a Edward.
—Estaba maltratándolo —le recalqué.
Edward me miró.
—¿Por qué diablos…? ¿Cómo lo supiste?
Lo miré.
—No, lo sé, simplemente sabía que tenía que verlo, que algo iba mal.
—¿Y solo viniste a buscarlo?
—Estaba a medio masaje cuando algo aquí. —Toqué mi corazón—. Me lo decía, así que tomé la bata y vine corriendo. Tu abogado llegó casi al mismo tiempo y él abrió.
—¿Quieres decir que estás desnuda?
Lo miré.
—No, tengo puesta la bata.
—Pero no traes nada bajo de eso. —Era como si estuviera haciendo algo malo, verdaderamente malo.
—Obvio, ¿qué parte de me paré y tomé la bata antes de salir corriendo no entendiste? Estoy toda embarrada de aceite y cosas. —Le señalé mis pies que estaban descalzos y llenos de algo para suavizarlos.
La puerta sonó en ese momento. ¿En serio había un timbre?
Era el gerente del hotel para preguntarnos si todo estaba bien o si necesitábamos algo. Al parecer mi salida del Spa no fue tan intrascendente, como había pensado.
Edward explicó todo. Mi instinto materno me alertó y corrí a ver a mi hijo. En ese momento note que el abogado también había usado ese término para Edward: tu hijo, tu mujer.
Una extraña sensación en el pecho me hizo sentir confundida. Al otro día, a medio día sería su esposa y en la noche su mujer. No sabía si asustarme o estar feliz.
¿Feliz? ¿En verdad debería de estarlo? ¿Estaría haciendo lo correcto?
Sentí su mirada, pero me negué a alzar la vista.
Le dijo algo al abogado y salió.
—No —me dijo mientras me tocaba la cara y la levantaba—. Todo va a estar bien, recuerda que hacemos esto por Kai, ya sabes —enfatizó—, si no quieres, tomaré la otra acción y te prometo que no tendré piedad de ti.
Sentí que me faltaba el aire.
—Sostén a Kai —le pedí. Cuando lo tomó en sus brazos me senté. Y puse la cabeza entre las piernas.
—Esto es demasiado, ¿no podemos llegar a otro acuerdo? Mira puedo ser la niñera de Kai, tú me pagas un sueldo mucho menor y…
—¿Te conformarías con ser su niñera? Yo voy a adoptarlo y si tú no estás dispuesta a ser su madre, buscaré a quien sí.
—No, olvida lo que dije. Puedo quedarme aquí toda la tarde, no quiero separarme de él.
Reorganizaron todo para que terminaran de darme el masaje en la habitación mientras cuidaba a Kai. Para la noche las demás chicas habían organizado una despedida de soltera en la habitación. El hermano de Edward se lo llevó a otra suite, para que el novio no viera a la novia y tuviéramos suerte en el matrimonio, cosa que necesitábamos más que nada.
En la noche de chicas, conocí mejor a la prima y a la cuñada de Edward, eran buena gente, la cuñada se ofreció a acompañarme a llevar a Kai a su cama. Ya solas me habló.
—Bella, ¿estás segura de casarte con Edward? Mira podemos intentar convencerlo. Él tuvo una infancia algo conflictiva, pero es una buena persona.
Tuve miedo de contestarle la verdad, ¿qué tal que si se lo decía y Edward cumplía sus amenazas?
—Claro que estoy segura, lo que pasa es que estoy un poco nerviosa con lo de Kai y así.
Ella apretó mi mano y sonrió.
—Cuentas conmigo para cualquier cosa.
La mañana llegó llena de movimiento, una maquillista y un chico me iba a peinar, la ceremonia era a las doce del día y teníamos que bajar media hora antes. Faltaban cinco minutos llamaron a la puerta y Rose corrió a abrir.
—Bella, te trajo esto el abogado de Edward, pobre hombre parece que tiene un palo metido en el culo. Han visto como camina. —Rose lo imitó, caminando con la espalda muy recta.
Todas reímos y yo tomé la bolsa negra de papel que me tendió Rose.
—Ábrela —dijo Alice emocionada.
—Démosle espacio —dijo Esme y se llevó a las chicas a la sala.
Abrí y vi un estuche de joyería. Había una nota de Edward.
Para la futura Señora Cullen, porque lo que tenemos es más seguro que lo que no. Ponte TODO.
E.
¿E? ¿Por qué firmaba solo E? Me pregunté, recordé que era igual con Tanya, así ponía en sus regalos.
Abrí el estuche y miré, era un collar hermoso, lleno de brillantes que hacían una guía de flores. Era lindo. No debió molestarse, a juego venían los aretes y me los puse.
Salí y todas estaban maravilladas con el collar, no entendía hasta que Rose explicó.
—Vaya, tenía mis dudas de tu matrimonio, pero esos diamantes demuestran que no debo preocuparme.
—¿Diamantes? ¿Dijiste diamantes? —¡Dios santo! Pensé que era joyería de fantasía. No puedo dejármelos puestos, no.
Como si adivinara mis movimientos el teléfono de Esme sonó y ella me lo pasó.
—¿Hola?
—Soy Edward, no me dejan verte pero no quiero que bajes sin las joyas, son tuyas.
—Edward, pero son diamantes. Yo me las puse pensando que era joyería barata, pero ahora que sé que son diamantes siento… —Busqué la palabra—. Temor de perderlos o que se rompa.
—Isabella, tan delicada como siempre —me dijo en tono burlón—. Tú úsalos, son una baratija. Así que te espero ya abajo. Manda a Kai con Esme.
Y sin decir más me colgó.
Miré a Kai en los brazos de Alice, se lo pedí y le dije que entraría con él en brazos. Así me aseguraba de no salir corriendo.
Por favor no me cuelguen, Bella va a despertar pero ha sufrido mucho. Denle el tiempo de madurar, recordemos que la edad no da la madurez. Y Edward bueno él también lo enderezaremos aunque sea a golpes... de la vida.
