Disclaimer: Los personajes no son míos, son de Stephenie Meyer, yo los uso para contarles mi historia.
Se que no tengo perdón pero la vida real es muy celosa y cuando la descuidamos nos exige de maneras extrañas que le prestemos atención, les recuerdo que por nada dejo sin terminar las historias.
Gracias a Vanesa por darle una revisada, esta sin betear (revisar la historia) así que si encuentran errores pueden dejarme donde esta el error.
Donde Menos lo Esperaba
Capítulo 3
La boda, la comida y la cena paso en un borrón del que solo recuerdo que Kai no lloró.
Estaba parada mirando la gran cama, donde se suponía debería "dormir" con Edward. Estaba nerviosa, muy… demasiado. La verdad es que estaba aterrada, no era virgen, mi experiencia sexual era buena, al menos nunca había tenido una mala experiencia. Pero sentía que con Edward eso no bastaba. Lo conocía de años pero al mismo tiempo sabia muy pocas cosas personales.
Pude sentir como entraba a la recamara, me gire e intente sonreírle.
—Vaya, veo que has recordado que te casaste conmigo. Pensé que con mi familia te bastaba.
Su actitud me fastidio, mi expresiva cara se lo dijo.
—¿Te fastidió? Pues te jodes, ahora somos marido y mujer.
—Edward, podemos llevarnos en paz. Dejar la mala leche…
—Tienes razón, es que igual que tú también estoy fastidiado, estar con mucha gente que solo quiere hablar me saca de mis casillas. Todos te dan consejos, todos saben lo que es mejor para mí, o en este caso para ti. Por Dios, soy una buena persona, si fuera otro te hubiera quitado a Kai sin tentarme el corazón.
Quise decirle que no hiciera caso, pero se lanzo a hablar como si yo solo fuera un mueble mas y tuviera que escucharlo.
—Sabes que es peor, Carlisle, es mi hermano, lo amo pero no sabe que siento o que pienso, cree que lo que él piensa es lo correcto, su madre siempre fue una persona muy agradable y cree que todos podemos ser mejor persona, la vida es gris nada es tan bueno o tan malo —me miró y yo asentí, aunque para mí la vida había sido de muchos colores, no solo gris —Y luego está ella, que siente que es mi madre, Esme es solo es unos cuantos años mayor que yo. ¿Y sabes por qué todos me tratan así? por mi madre; ella digamos que fue una persona diferente, ella me enseño que no debes confiar en nadie, que no debía ser débil, que todos están esperando a darme una puñalada por la espalda. La única debilidad que me he permitido —recalco levantando los hombros como si fuera algo trivial —fue Tanya. ¡Diablos! esa mujer jugo conmigo como quiso. Se lo permití, no una, sino mil veces, pero a nadie más voy a permitírselo; escucha bien Bella pero sobre todo apréndetelo, no doy muchas oportunidades y a tí mucho menos, tú que nunca me apoyaste .
—¿No te apoye? —¿de qué diablos hablaba?
—No pongas esa cara, entre los dos pudimos separar a Tanya de Jacob, antes de que se casaran, cuando te dije que me ayudaras a verla antes de la boda, joder me sacaste de la iglesia. Ella paso la noche anterior conmigo y ni siquiera pude gritárselo a Jacob. Nunca me ayudaste en mis planes.
—Hacías daño a Jake, no iba a permitirlo. Ella —ni siquiera podía pronunciar su nombre —fue quien jugó con todos, ella es la culpable.
Edward volteo furioso pensé que iba a pegarme, me encogí y me protegí para que no me pegara en la cara; el golpe no llego, moví un poco los brazos y lo mire, Carmen siempre esperaba a que estuviera desprotegida o distraída para golpearme.
—Santo cielo, Bella no soy un monstruo, jamás le he pegado a una mujer.
El me levanto de donde me había agazapado. Me sentó en la cama y luego cogió una de las copas y la lleno con algún tipo de alcohol.
—Toma —sin preguntar qué era lo tome todo de un solo trago. Eso quemaba.
—¿Qué era?
—Whisky, buena garganta. Vamos cenemos y relajémonos antes de consumar el matrimonio.
No pude evitar reírme, consumar el matrimonio, de pronto me transporto a mil novecientos.
—Eso sonó demasiado anticuado —le aclare —lo siento pero… —volví a reírme.
Esta vez el me acompaño.
—Tienes razón, entonces diremos a comer para después follar ¿te parece mejor?
La verdad no me lo pareció pero solo asentí, básicamente eso íbamos a hacer.
La cena era fruta y queso, yo me decante por la fruta, la verdad el queso muy fuerte no me gustaba.
—Bella, yo sé que no eres virgen, conocí al menos a dos de tus novios, curiosamente muy parecidos a Jake —dijo ironizando su nombre —yo quiero que nos llevemos bien, sobre todo en la cama, si logramos estar bien ahí podemos ir conociéndonos, intentando construir algo para nuestros hijos —lleno mi copa con Champagne. —Necesito saber que te gusta, que no te gusta, si hay algo con lo que no te sientas a gusto, ya sabes si te gusta que te amarren o que te den besos.
Diablos que difícil era hablar de esto, me tome de un solo trago el Champagne, me tome mi tiempo para contestar y el respeto ese silencio.
—Creo que me gusta todo, no he experimentado mucho. Así que, si, algunas cosas no las he hecho y no sé si me gusta, pero si experimentamos y no me gusta puedo decírtelo.
—Eso sería genial porque yo tampoco soy… digamos que no me gusta experimentar. Al menos no soy de grupos, o de sexo duro.
—¿Sexo Duro? —le pregunte.
—Si ya sabes cómo lo que le gustaba a Tanya —Edward había rellenado mi copa y volví a vaciarla— Ya sabes golpes, o que la amarrara. La verdad es que eso no me excita, me deja un poco frío. Me gusta algo más tranquilo.
Intente que mi cara no reflejara lo que pensaba pero sabía que había fracasado, la remilgada Tanya en realidad era medio pervertida. Y sin más solté una muy sonora carcajada.
—Lo siento, lo siento —pero él no se molesto ni nada. —Es que ella no decía toalla sanitaria, y era tan remilgada que me cuesta pensar en ella siendo amarrada y azotada.
—Le gustaba, y mucho. Ese fue el gran problema conmigo, a mi nunca acabo de gustarme eso. Pero a "tú Jacob", bueno a él le encantaba azotar a Tanya. Si vieras todos los juguetes que saque de su recamara, tenía un arsenal de ayudas, digámosle así, por que no todos eran juguetes.
—A mi me tenía prohibido tocar debajo de la cama, solo yo era la única que podía limpiar su recamara. Tanya se ponía paranoica con que algo se le perdiera, y ahora veo que no solo era miedo de perder algo sino también que se encontrara algo.
Me quede meditando en el tipo de sexo que practicaban. A mi jamás me había gustado que me pegaran, mis padres jamás lo hicieron. Carmen y Tanya sí que lo hicieron y yo nunca pude defenderme, pero odiaba que me golpearan.
—Entonces vamos a empezar a conocernos —Edward hablo arrastrando un poco las palabras, asentí, iba por mi tercera copa de Champagne, había dejado el whisky para otra ocasión me gustaba mas el Champagne y sabia que Edward también estaba achispado, por no decir un poco ebrio.
—Ayúdame a bajarme el cierre el vestido, voy a cambiarme.
—No te cambies, quiero quitártelo. Siempre he fantaseado con quitar un vestido de novia. Y tú me sacaste del hotel ahora que recuerdo cuando se cambiaba Tanya, así que me lo debes.
Sin demora comenzó a bajar el cierre del vestido, luego comenzó a bajar el vestido primero los hombros, luego lo bajo mas dejando mis senos al descubierto. El me miraba como si realmente fuera algo bonito. Nadie me había mirado así en mucho tiempo. Me sentía invisible para los demás.
—Tus pechos son pequeños, demasiado pequeños. —Luego comenzó a besarlos, poco a poco los cubrió de besos. Continuo bajando el vestido hasta mis caderas, paso su mano por mi vientre acariciándolo, después sin mucho preámbulo termino de bajar el vestido. —Me gusta tu cuerpo, eres una miniatura perfecta, me pregunto cómo vamos a acoplarnos.
Me estaba volviendo loca mientras me acariciaba, cuando bajó mis bragas sin vergüenza alguna abrí las piernas y él comenzó a masajearme, se sentía tan bien, llegamos a la cama de manera milagrosa ya que tropezamos con mi vestido y los zapatos de Edward.
El sabía la que hacía, al menos agradecí eso. Sin mucho más juegos previos que no necesitaba, él entró en mi lento pero después de que le suplicara que fuera más rápido llegue al orgasmo siguiéndome él un poco después, sentirlo sin barreras y sentir como su simiente estaba en mi fue alguien definitivamente erótico.
—Vamos a descansar un poco —balbuceo antes de quedarse dormido, pero a mí los orgasmos me llenaban de energía así que trate de levantarme un poco pero mis piernas estaban enredadas en las de él, así que tuve que hacer un par de movimientos para liberarme sin despertarlo, pero creo que un tren podía pasarle a un lado y no lo despertaría.
Busque una bata del hotel y me la puse, salí a la terraza que había y me quedé ahí meditando como en unos días mi vida había cambiado había dado un giro totalmente inesperado, si alguien me hubiera dicho que yo acabaría casada con Edward lo hubiera tachado de loco, no sólo me había casado, tuve sexo con él y fue bastante bueno.
Ahora ¿qué me depararía el destino?
Seguía mirando las luces de la ciudad, era un panorama hermoso. Artificial pero hermoso, un escalofrío en mi cuerpo me indicó que era la hora de entrar y dejar la fría madrugada.
Tenía hambre así que fui a la charola de quesos y comencé a comer un poco de todos los quesos. Con hambre no eran tan desagradables.
Puse una película y me senté a verla.
Estaba quedándome dormida cuando Edward entró rugiendo.
—¿Por qué no estás en la cama? ¿No me soportas?
—Deja el drama —como le explicaba que después del sexo me llenaba de energía —cuando yo... es decir después de que tengo relaciones me lleno de energía.
Listo lo había dicho.
—¿Energía?
—Si, ya sabes, la gran mayoría de la gente se duerme después de follar, bueno pues yo no. Al contrario podría limpiar el cuarto y tener todavía mucha energía.
—Eso puede ser una ventaja. Yo ya recargue mis pilas así que podemos follar de nuevo.
Y sin mucho mas volvimos a tener sexo, en el sofá, en la cama y por última vez en el baño.
Luego de tanta actividad dormí hasta casi medio día, cuando Edward me despertó para irnos a casa.
Kai no quiso dejarme para nada, el pobre me había extrañado. El viaje de regreso fue otra vez todos juntos. Edward me ignoró todo el día hasta la hora de la cena.
—Ahora que estamos solos quiero poner un par de reglas muy en claro. No quiero que salgas sola y Kai debe de ser tu prioridad, vendrá un equipo a limpiar cuatro veces por semana y si quieres a alguien en la cocina no hay problema, quiero que re decores la casa, yo di unas cuantas ordenes para quitar lo más viejo. Pero quiero que borres a Jacob y Tanya.
—Pensé que no querías que Kai olvidará a sus padres.
—Deja un par de fotografías en su habitación y guarda todo para cuando él sea mayor. No quiero fantasmas entre nosotros.
Sin darme tiempo para asimilar comenzó a darme un serie de instrucciones sobre su ropa, qué tipo de café le gustaba, y demás detalles. Era un niño mimado.
Tuve que interrumpir su diatriba para poder ir a bañar a Kai, él dijo que su secretaria me haría llegar una lista con todos sus requerimientos.
Bañar a Kai me relajo, lo deje dormido en su cuna y al salir de su habitación me quede pensando a dónde iría, mi habitación ya no era mi habitación, no quería estar con Edward necesitaba un momento para mí.
Después de pensarlo un buen rato fui a donde había sido mi habitación por años. La encontré semi vacía unas cajas con cosas mías, cosas que había creído perdidas, al menos eso me había dicho Carmen, que había tirado todas mis cosas, las cosas de mi madre y mi padre. Pero no, todo estaba ahí.
Estaba maravillada, mi muñeca, mi cepillo rosa de "las Bratz", ahora que las veía que feas muñecas eran.
Revisando mis cosas y recordando pasó el tiempo.
—¿Por qué siempre tengo que buscarte? ¿Qué no se supone que deberías estar esperándome en la cama desnuda? Y te encuentro aquí jugando a las muñecas.
Rodé los ojo y después lo enfrente —Sabes que eres como un niño grande, eres demasiado mimado.
—No soy un niño, puedo demostrártelo varias veces esta noche.—Me abrazo por la cintura y comenzó a besar mi cuello.
—Sé que no eres un niño físicamente, lo estoy sintiendo, pero eres muy mimado. Todo tiene que salir como tú quieres. Por dios si hasta me dijiste a que temperatura quieres el agua y yo al único hombre que le preparo el baño es a Kai.
—Es que así me gusta la vida, fácil sin que la gente se interponga en mi camino. Sin problemas, que la gente siga el guion que ya escribí.
—Imagínate si te hubiera tocado mi vida, donde nada ha salido como lo soñé de niña.
No perdío el tiempo sabía donde tocarme y que hacerme para que me mojara rápido, Edward comenzó a bajar mis bragas ahí mismo sin muchos preámbulos me penetro y yo llegue rápido, la energía que sentía me lleno y le exigí que volviera a llevarme otra vez, cuando terminamos Edward salió del cuarto rápidamente sin darme tiempo a bajarme de la nube.
Me dejó desconcertada y confundida. Pero Edward era tan raro, siempre parecía alejarse de todo y de todos, como dijo una vez Tanya fue a la única que persiguió. Me adecente un poco y salí de la habitación. Fui al cuarto de Kai y vi que dormía inocente sin que nada perturbara su sueño.
Pasaron un par de semanas y la rutina se estableció. Debía levantarme junto con Edward y acompañarlo a desayunar mientras él me hablaba de lo que quería cenar y que debía de hacer con Kai ese día, lógicamente yo no le hacia el menor caso en cuanto a lo de Kai. La cena no siempre lo complacía. Luego él se iba a trabaja r y yo llevaba a Kai de su cama a la nuestra donde dormíamos un par de horas más, luego nos levantamos nos poníamos guapos como le decía a Kai para arreglarlo.
Luego como no tenía mucho que hacer, paseaba con Kai, íbamos al super, volvíamos a caminar; en la tarde hacia la comida y ponía la mesa, luego llegaba Edward jugaba con Kai, lo bañamos y lo poníamos a dormir juntos y al final después de la cena Edward y yo follábamos, no hacíamos el amor, solo nos usábamos uno al otro.
Al menos eso me decía cada noche después de follar, de que Edward se quedará dormido en mi pecho, de apretar mis manos en puños para no acariciarlo.
La rutina empezó a fastidiarme, a llenarme de dudas, nunca podía hablar con Edward, el estaba ocupado, teníamos algún evento al que salir y lo peor es que estaba sola, sola con Kai, pero él no me contestaba muchas de mis dudas. Dudas y más dudas, Edward comenzó a ausentarse, primero dejo de llegar temprano, eso siguió haciendo crecer mis dudas, después Edward pasaba hasta una semana sin estar en casa, solo me llamaba y me dedicaba dos minutos para pedirme cosas y luego colgaba.
Un día que llego a casa se me ocurrió reclamarle que nunca estaba y recibí una humillación que me hizo sentir muy mal.
Me dijo que no porque yo no trabajara tenía que molestar a quien lo hacía y que si había ido a casa era solo por Kai. Que no me soportaba, que por eso no iba.
A partir de ahí me sentía tan poca cosa, tan insignificante, me quede sin energías, lo único que me seguía haciendo moverme era Kai
Pero la vida siempre tenía sorpresas para mi, el mes siguiente me sorprendió aun mas, que por la manera que follamos el mes y medio que estuvo Edward conmigo no debió ser ninguna sorpresa tenía diez semanas de embarazo. Eso me dijo el doctor cuando fui por vitaminas para tener energía. Llevábamos poco mas de tres meses casados y yo tenía diez semanas de embarazo.
¿Cómo iba a darle la noticia? ¿Y si no quería al bebé? ¿Y por qué no me quería a mi?
Sola en la casa comencé a pensar y pensar, mis inseguridades ganaron. ¿Debía seguir con Edward? Él ni siquiera me quería, también sabía que si le pedía el divorcio me quitaría a los niños, lo sabía. Además no tenía dinero ni nada mío.
Espere y espere, dos largos e interminables días, al menos una llamada de Edward pero nunca llegó, en mi desesperación tome una muy mala decisión me iría de ahí, lejos, sin que nadie me molestara. Buscaría un trabajo, rentaría una casa y ahí sería feliz con mis hijos.
Llame a Edward, pero no atendió mi llamada, así que le deje un mensaje. Le dije que le dejaba una carta poder para que pidiera el divorcio, pero que no le daría la custodia de Kai ni del niño que estábamos esperando. Luego tome la tarjeta que me había dado y el auto, me dirigí al sur, si iba a cambiar de aires prefería el clima más cálido.
Deje el auto en el aeropuerto y luego tome un taxi con destino a una estación de autobuses y compre dos tickets, Renée Collins, mi nuevo nombre. Fue una rápida decisión, Renée era el nombre de mi madre y Collins el apellido de mi primer maestra de la escuela. El destino Sacramento, esperaba que no fuera muy ruidosa la ciudad.
Ya cuando iba en camino comencé a arrepentirme. Kai lloró un poco y al ver la hora me di cuenta que era cuando Edward jugaba con él, seguro lo extrañaba.
¿Estaría haciendo lo correcto? ¿debería volver y suplir que me perdonará?
Íbamos a comer y prendí el teléfono, escuche uno de los mensajes que tenía y realmente me aterre.
Edward estaba amenazándome me quitaría hasta el alma, me decía muchas cosas horrorosas. Ahora ni siquiera podía regresar por el miedo a que me quitara a Kai y al bebé.
Seguí el camino ahora mas aterrorizada y temiendo en cada parada que Edward llegará y me quitara a Kai y al bebé cuando naciera.
Íbamos a más de medio camino y en la parada en Salem, Oregón, decidí ya no regresar al autobús, Kai estaba demasiado inquieto.
Pregunte por un hotel y me indicaron uno, era bastante sencillo pero no me importo, nos dimos un baño, luego dormimos por mucho tiempo, Kai se levanto de mejor humor pero yo no tanto. Seguía estando cansada.
Lo primero era encontrar un trabajo, algo difícil cuando no tienes como comprobar tus estudios, papeles o algo que avalara quien era, solo encontré lavando platos en un restaurante, era por la tarde y la paga no era tan mala.
Luego de una semana de trabajo descubrí el por qué, el trabajo era cansadísimo y los pies comenzaron a hincharse por tantas horas de pie. Tenía que pagar la guardería de Kai y eso me dejaba bastante corta de dinero, si a eso le sumaba la renta del cuarto, podía decir que dejar a Edward fue mi peor decisión, para Kai, para mi bebé y para mí.
Habían pasado solo cinco semanas, me había mudado a un pequeño tráiler en el patio trasero de la abuela de una compañera de trabajo, había madurado gracias a mis platicas con Ramona, mi casera. Había decidido llamar esa noche a Edward. No importaba que me pasara, los niños no tenían la culpa de que por mi baja autoestima y mis inseguridades tomara malas decisiones, estas cuatro semanas me habían abierto los ojos. Ramona además de ser mi consejera y casera, también cuidaba a Kai de forma más económica que la guardería, era un mujer mexicana que ya era abuela y ella me enseño mucho. Era una mujer sabía. Yo había sido una cobarde toda la vida permitiendo que todos tomaran decisiones por mí, deje mi vida en manos de otros, era más fácil que otros tuvieran la culpa de lo que me sucedía que yo me hiciera responsable.
Iba caminando del trabajo a la casa derrotada, rota pero al mismo tiempo comenzaba a sentirme más fuerte, cerré los ojos pero algo me decía que ahí estaba él. Al abrirlos y ver la valla de la casa de Ramona, lo vi cargando a Kai, pude ver el rencor y la ira en sus ojos al mirarme, luego bajo su vista a mi vientre que ya estaba algo abultado, en ese momento ya de 15 semanas.
Volví a cerrar los ojos e inspire armándome de valor.
—Hola Edward —lo saludé.
—Recoge lo que quieras llevarte tienes dos minutos, si tardas mas entraré por ti.
Ese fue su saludo, entre a la casa y estaba muy cansada, así que me senté en un pequeño sillón que tenía y cerré mis ojos un momento. Pensé que estaba calmado, esperaba mas bronca, mas gritos.
—¡¿Qué diablos haces sentada?! —lo escuche decir en voz controlada pero llena de enojo.
—Estoy descansando un momento, camino quince minutos del trabajo a la casa y eso después de pasar seis horas parada, voy a ir contigo solo dame un momento. —le contesté.
—No puedo entender qué diablos te pasa por la cabeza, sube al auto, le pagaré a la señora para que mande todo.
—Solo dame un minuto —le respondí levantándome y caminando hacia la cajonera donde guardaba nuestras cosas, tome la maleta que había llevado y guarde lo que realmente necesitaba, muchas cosas no iban a servirme en la casa de Edward así que al terminar la maleta, miré a Edward. —Voy a despedirme de Ramona, puedes ir conmigo o dejarme ir sola, pero no me voy a ir hasta que lo haga.
Edward me miro con los ojos entrecerrados y luego me indico con la cabeza que siguiera, el iba detrás mío. Llame a la puerta de Ramona y luego de pagarle la semana que le debía y un poco más, le di las gracias por todo lo que había hecho por mí y por Kai.
—Promete llamarme niña, que todavía te queda mucho camino —me dijo luego de abrazarme. Luego se dirigió a Edward —El dolor nos hace cometer muchos errores, pero lo mejor que puedes hacer es amar.
Edward me tomo de la cintura y me llevo a una camioneta donde partimos rumbo al aeropuerto, esta vez no deje que la vida me pasara como un borrón a pesar de que estaba muy cansada y se me cerraban los ojos.
Intente hablar con Edward un par de veces pero en la última ocasión el me miro muy molesto y me pidió que le diera tiempo para calmarse.
Yo asentí y deje que mis ojos se cerraran y me dormí profundamente.
Sentí algo caliente envolviéndome, estire mi mano y sentí a Kai pegado a mi pecho, pero también descubrí que Edward me tenia abrazada por así llamarlo, más bien me tenia retenida, su mano cubría mi vientre, y eso me hizo darme cuenta que había sido demasiado egoísta al no darle la oportunidad de estar con ellos.
Me moví para quedar boca arriba. Edward me apretó un poco mas y yo no pude evitar quejarme. Abrió sus ojos y primero vi sorpresa como si no recordara que estaba con él otra vez pero luego se volvieron fríos sus hermosos ojos verdes.
—Hola, buenos días —lo salude, luego intente levantarme pero me lo impidió.
—No te levantes, no tienes porque hacerlo. Mi hermano va a venir a revisar como estas hacia el medio día y la nueva ama de llaves tiene órdenes de subir el desayuno a las nueve de la mañana, —miro el reloj que había en su mesa de noche —es muy temprano —eran solo las 6 de la mañana —así que dormiremos un poco más, no he podido dormir bien desde que te fuiste.
Volvió a dormirse intento llevarme con él pero lo evite, acomode a Kai mas cerca de Edward y luego me levante para ir a bañarme, me urgía un baño. Entre al closet y vi la ropa que había dejado, así que supuse que también estaría la ropa interior. Tome mi ropa y luego me dirigí al baño, donde tome una larga ducha con mucha agua caliente, un lujo que no podía darme en los últimos tiempos, cerré la llave y casi al mismo tiempo se abrió la puerta y era Edward con Kai que sonrió al verme. Luego le dijo a Kai que lo iba a llevar a la cama.
—Tú no te muevas, no te tapes.
Cuando regreso Edward tenía la vista fija en mi vientre, se acerco lo suficiente como tocarme pero lejos para no chocar conmigo.
—Estas demasiado delgada, tu… —señalo mi vientre —¿te duele cuando va creciendo?¿Ya sientes que se mueve?
Busque una toalla para taparme pero Edward me la quito, me envolvió en ella y me llevo hacia la cama.
Comenzó a tocar mi vientre que era más bien solo un poco prominente, todavía no era enorme.
—He sentido algo, no sé bien si es el bebé o algún malestar. Yo no he visto a un doctor en todo este tiempo. —termine en voz baja.
—Mañana tienes cita, iré contigo. No voy a dejarte sola, siempre va a estar un guardaespaldas contigo, ya no confió en ti, me has fallado dos veces, ya te había dicho que no perdono jamás.
—Lo sé y lo entiendo.
Edward me miro dudando de mis palabras fueran ciertas. Pero era verdad entendía su enojo pero tampoco iba a decirle que lo iba a obedecer ciegamente.
—Esa extraña docilidad me parece sospechosa. Voy a bañarme, no salgas de la habitación. Lo más seguro es que mi hermano venga a ver que no te he maltratado. Debería de tener más fe en mi que en ti, tú me has abandonado dos veces, has escondido a mis hijos y yo te he tratado bien.
Luego entro al baño y yo fui por la ropa que había dejado en el baño, al verme entrar sin tocar solo movió la cabeza de un lado para el otro pero yo tome la ropa y salí.
Odiaba su actitud mandona pero entendía que tuviera miedo de que lo volviera a dejar, como me dijo Ramona todo acto en nuestra vida tiene una consecuencia y es de valientes aceptarlas y aprender de ellas. Y yo había decidido ser valiente.
Qué creen que pueda hacer Bella? Que castigo le darían a Edward por ser tan ojete? GRacias por sus reviews, gracias a los lectores silenciosos, gracias a quien sigue aquí a pesar de tanto tiempo que he estado lejos.
