Disclaimer: Los personajes no son míos, son de Stephenie Meyer, yo los uso para contarles mi historia.
Ya ni para que me disculpo, siempre me pasa algo espero se diviertan esta sin betear. Si alguien encuentra un error ya saben que pueden decirme el error, las quiero y suerte en su domingo.
Capitulo 4
La llegada de Carlisle, tranquilizo el ambiente bastante. Asistió junto a Esme quien no paraba de preguntarme si estaba bien, si Edward me había hecho algo, encontraba cualquier pretexto para quedarse a solas conmigo mientras que Edward buscaba que no nos quedáramos solas. Yo la tranquilice diciéndole que todo estaba bien, que ya había decidido regresar con el antes de que el me encontrara y que estábamos solucionando nuestros problemas. Esme me miro con preocupación, pero me dejo en paz.
Mientras comíamos, les aclare a ambos, que Edward ni me había lastimado, ni ofendido, si lo había hecho, pero no iba a decirle que sus palabras me habían lastimado, Carlisle se disculpó, pero nos dijo que está preocupado por nosotros realmente, que le importábamos y que no quería que acabáramos mal.
—Carlisle agradezco tu preocupación, pero creo que esto tenemos que resolverlo entre nosotros. — le conteste. —Es algo de dos. —Termine en mi cabeza "o cuatro."
Edward no acaba de salir de su asombro, seguía sin confiar en mi pero ya trabajaría en ganar su confianza y en que él abriera su corazón a mí. Tal vez no tendría su amor, pero al menos nos entenderíamos mejor. Al final del día estaba cansada de pelear contra nada y contra todo. Deje que Edward durmiera a Kai y yo solo iba a recostarme unos minutos antes de pedirle que habláramos.
Desperté en la madrugada, estaba semi desnuda, solo tenía las bragas puestas, supuse yo que cortesía de quien me tenía abrazada fuertemente. Intente zafarme para ir al baño, pero su agarre no me lo permitía.
—Edward, suéltame tengo que ir al baño —le dije mientras le hacía cosquillas, él ni siquiera se inmuto. Lo moví más fuerte —Déjame ir al baño o voy a hacerme pipi en la cama —le dije al final tapándole la nariz.
El despertó algo azorado —¿Qué paso? ¿Dónde vas? —me grito cuando vio que me bajaba de la cama y corría.
—Voy al baño y no me soltabas —conteste a gritos mientras entraba al baño y hacia lo que tenía que hacer. Di un suspiro de alivio y luego escuché como se abría la puerta —No entres.
—¿Estas bien? —me pregunto mientras bostezaba.
—Sí, pero no me soltabas y me urgía venir.
—Voy a entrar —afirmo.
—Que no —le grite.
—¿Quiero ver que no haces nada malo o qué estás bien?
—Por Dios santo, solo voy a hacer mis necesidades básicas, por favor respeta mi intimidad —pude ver como la puerta se abrió un poco y luego se cerró.
—Te voy a esperar aquí afuera —respondió un poco adormilado.
Tarde un poco más de lo que esperaba y cuando salí estaba Edward sentado sobre la alfombra con la espalda recargado en la pared, estaba dormido tenía sus brazos cruzados sobre el pecho y su cabeza caída. Me acerque y comencé a moverlo, esta vez no me costó mucho que se despertara. Me sonrió y me tomo de la mano, así fuimos a la cama y nos dormimos profundamente.
La actitud de Edward me desconcertaba, yo quería ser valiente pero mis inseguridades me bajaban el ánimo cuando menos lo esperaba.
El siguiente día comenzó algo movido. Kai y yo teníamos cita en el doctor. Así que me levante y me dedique a arreglarme ya que Edward me anuncio que él se encargaría de Kai.
Les deje a sus anchas, Kai salió vestido un poco de mas, luego de reírme de cómo se veía le quite las chamarras y le deje solo el suéter, le dije que la chamarra la llevaríamos en la pañalera.
LA visita al doctor de Kai fue rápida, no encontró ningún problema. Salimos rumbo al consultorio del ginecólogo que estaba en la misma torre médica.
Edward insistió en entrar conmigo, en mi caso fue algo más complicado, me mando a hacerme análisis, un ultrasonido que me haría el mismo en ese momento para poder checar como estaba todo, me dio una regañada a mí y otra a Edward por dejar pasar tanto tiempo sin checar el embarazo y además nos sugirió terapia, al ver un poco de tensión entre nosotros.
Nos dio un momento a solas, mientras me ponía la bata para hacer el ultrasonido me dijo que podía dejarme los pantalones solo me los desabrochara.
Ver al bebé que crecía dentro de mí fue algo realmente hermoso y chocante a la vez. Había visto a Kai desde su primer ultrasonido, pero ver al pequeño que crecía dentro de mí fue conmovedor, aterrador, hermoso y me llenaba de miles de preguntas. Edward sostenía a Kai y apretaba mi mano. Salimos del doctor y Edward nos dejó en la casa y salió sin decir a donde iba o a qué hora regresaba, quería ponerme a llorar. Kai estaba dormido y otra vez estaba sin hacer nada cosa que otra vez me hacía rumiar mis inseguridades.
Llame a Esme, para saludarla, al menos me distrajo un momento de todas mis elucubraciones.
Decidí hacer algún postre para distraerme, necesitaba alejar los malos pensamientos de mi cabeza. Tenía antojo de pay de queso así que comencé a buscar lo ingredientes, lo estaba horneando cuando entro Edward con el ceño fruncido.
—Tenemos que hablar —señaló.
—Puede ser aquí, estoy horneando —le conteste señalándole el horno.
—Eso huele muy bien, si puede ser aquí.
—De qué quieres hablar —le dije mientras me sentaba en una de las sillas. Él se sentó enfrente mío y comenzó a hablar.
—Te busque un terapeuta, tienes cita en dos días, el chofer te va a llevar, es a las doce del día.
—Así sin más decidiste eso —le increpe.
—No, lo hable con mi terapeuta, no me mires así. Tuve que empezar a ir por tu culpa, Carlisle me dijo que yo te había alejado, que tenía que trabajar con mis emociones. —luego se quedó callada un largo minuto —Yo creo que será benéfico para los dos, y más para Kai y nuestro nuevo bebé. Además tienes que ir, no me importa si te es agradable. A mí no me guastaba al principio.
—¿No cuenta mi opinión? —pregunte más divertida que enojada. Ya había pensado en buscar un psicólogo.
—Se va a quemar el pay —fue su respuesta. Aunque era verdad, mientras lo sacaba el pay Edward miraba —¿Qué vas a ponerle arriba?
—Estaba pensando en zarzamoras o fresas…
—Ponle fresas, me gustan mucho —me dijo, cuando lo mire era algo raro, su cara estaba expectante, esperando a que terminara el postre, era literalmente un niño esperando su recompensa. Acababa de descubrir una debilidad de mi marido. Los postres.
—Fresas será pero no podemos comerlo hasta que se enfrié —su cara lo dijo todo, él quería ya su postre —solo un poco si lo comemos caliente nos duele la panza.
El resto de la tarde fue realmente agradable, al otro día tenía que ir a hacerme los análisis, así que fuimos juntos como ya me había advertido Edward, mandarían los resultados por email al doctor, a Edward y a mí. Cuando íbamos saliendo mire a Edward.
—Vamos a comer una hamburguesa en el algún restaurante de comida rápida —intente poner ojos de cachorro —tengo muchas ganas, por favor.
—Bella eso no es comida, es mala para la salud —me respondió.
—Es comida muy buena, tan buena que tengo la boca hecha agua, vamos no comemos eso a diario mañana prometo comerme doble ración de espinacas.
Fuimos por hamburguesas, Kai se la paso de lo más divertido en los juegos mientras Edward lo vigilaba como halcón.
Llegamos a casa, Kai estaba rendido y Edward subió a acostarlo, yo me dirigí a la cocina e hice un té para mí y un café para Edward.
Edward miro el café cuando entro a la cocina y liego se dirigió al refrigerador y tomo un enorme pedazo de pay, no me ofreció.
—Edward, gracias yo también quiero un pedazo de pay, aunque no tan enorme como el tuyo —era la delicadeza andando.
De mala gana dejo su plato en la encimera y regreso por otro pedazo, que si bien era grande no era tan enorme como el suyo.
—Debes de aprender a ser más agradable y agradecido, yo te serví el café y tú no me habías servido pay.
—Siempre me sirve la gente nunca le sirvo a nadie. —exclamo algo molesto.
—Deberías aprender es gratificante dar, a mí me gusta dar. Además Kai debe de aprender con nuestro ejemplo.
Edward me miro —No me engañas, ya no confío en ti, si te vas dejaras a mis hijos conmigo.
—No intento engañarte Edward, hablaba en serio, me gusta dar, creo que ese es mi problema. Siempre doy y no permito que la gente me dé, no sé cómo recibir. No voy a irme, al menos no sin luchar y pelear por hacer que esto funcione.
Se levantó molesto y camino hacia la salida de la cocina al llegar apretó los puños y regreso por el pay y el café.
—Más te vale —gruño antes de tomar la comida y salir.
En mi mente podía verlo solo como un niño caprichoso, por primera vez pensé como sería realmente la vida de Edward, siempre lo había visto como alguien fuerte capaz de cualquier cosa por conseguir su objetivo. Con un largo suspiro deje de analizar a Edward tome mi té y mi rebanada y me fui al cuarto iba a dormir una siesta.
La siesta fue algo larga, lo bueno es que Edward se había encargado de Kai y de mi pay según me dijo cuándo me desperté.
Él alego que el pay se estaba poniendo malo y no deberíamos de desperdiciar la comida así que entre ellos, si Kai incluido, se habían comido mi pay.
La cena fue algo caótica, ya que Kai y Edward estaban satisfechos, así que cuando mucho Kai tomo un biberón con leche y Edward el poco pay que quedaba, yo cene un enorme sándwich con un vaso de leche con chocolate.
La noche fue muy reparadora, ese día tenía mi cita, el chofer me iba a llevar, Kai iba a ir a la oficina con Edward.
Estaba nerviosa, esperando entrar a la oficina, miraba para todos lados en la sala de espera, pensaba en mil formas de empezar. Como saludar a la terapeuta, hasta que llegue descubrí que era terapeuta mujer no hombre, la doctora Emilie Washton, por fin la puerta se abrió y salió una chica que se acercó a el escritorio de la secretaria de la doctora y luego me sonrió y se fue.
Unos minutos después la secretaria me indico que podía entrar.
Tome valor y entre, de principio no vi a nadie, luego note a una pequeña mujer regordeta, muy blanca, sentada en uno de los sillones, me sonrió y yo intente corresponder la sonrisa, pero creo que solo enseñe los dientes.
—Pasa, siéntate donde quieras puedes darme la espalda si te hace sentir mejor —su voz transmita mucha paz.
Valore rápidamente donde sentarme había un sillón doble casi enfrente de ella así quedaba cerca pero no tanto.
—Bueno voy a comenzar yo, soy la doctora Emilie Washton, pero puedes decirme doctora, Doc., Emi. Tendremos citas de cuarenta y cinco minutos, una vez a la semana. Según dice aquí el doctor que trata a tu esposo te refirió conmigo. Ahora que puede contarme de ti.
—De mí —repetí —bueno me llamo Isabella Marie Swan, pero me gusta que me digan Bella, así me decían mis padres, ellos murieron cuando yo era niña…. —y fue como si abriera una llave, hable y hable y hable hasta que la doctora me dijo.
—Desgraciadamente nuestro tiempo termino pero voy a dejarte una tarea Bella —luego me tomo de las manos y me miro a los ojos, sonrió —todas las mañana y todas las noches será lo primero y lo último que vas a hacer. Te vas a parar frente a un espejo de preferencia uno donde te veas completa, luego vas a decirte cinco cosas positivas sobre ti, te voy a poner un ejemplo, Bella eres inteligente, amable, tienes un pelo muy lindo, tus pies son muy lindos y tienes una sonrisa muy bonita.
Asentí, e intenté pensar cinco cosas buenas de mí, pero me costó mucho trabajo, pensé en que era muy ridícula, que todo me daba pena. Sacudí la cabeza y me propuse lograrlo.
—No te alteres, si no encuentras cinco cosas positivas de ti empieza con tres por un par de días y luego aumentas a cuatro hasta que la próxima semana aquí me digas que tal te fue. Al salir agenda la cita para l aproxima semana. Y le pagas a Mindy.
—Yo no traje dinero, pensé que Edward se iba a encargar de eso.
—Debes de hacerte cargo de tus gastos, por esta vez voy a mandar la cuenta a tu marido pero debes de checar eso —luego se acercó a la puerta y me despidió. La doctora le dijo a la secretaria lo del pago y yo agende la cita para la siguiente semana a la misma hora y el mismo día.
Llegué a casa y me sentí un poco ociosa, recordé a mi adicto a los postres y me puse a hornear, hice galletas con chispas de chocolate y luego un pastel de chocolate que me gustaba mucho, la señora que ayudaba en la casa, me dijo que ella se encargaba de los trastes sucios y eso me gustó mucho, si algo no me gustaba era lavar los trastes y guardarlos. Además Edward había equipado la cocina con todo lo que se pudiera ocupar.
El ama de llaves, era Mónica, una puertorriqueña llena de vida, pasaba según ella de los cincuenta años, pero su vitalidad era asombrosa, entre las dos hicimos la cena una pasta deliciosa y un poco de puré de espinacas para Kai.
Edward entro a la cocina literalmente como un perro olfateando.
—¿Qué huele tan bien? —pregunto mientras revisaba la olla que habíamos desocupado.
—Bueno puede ser el pastel de chocolate, las galletas o la pasta. —le sugerí.
—Creo que es la combinación de todo huele como a casa, así olía la casa de la mamá de Carlisle.
Sin mucha ceremonia tomo una de las galletas y la metió entera a su boca.
—¿Dónde está Kai?
—Dormido —respondió con la boca llena mientras tomaba dos galletas más.
Señalo hacia la sala y cuando llegue a la sala no solo Kai estaba dormido en brazos de una rubia hermoso que podría pasar por hermana de Tanya si no que estaba muy acomodada en la sala.
—Ey —me llamo —tu chica —me trono los dedos de una de la mano que tenía libre. —llévate al niño, ya me cansé y soy secretaria, no niñera.
Sin pensarlo asentí y tome a Kai, sería que ¿Edward extrañaba a Tanya y había contratado a un clon de ella para poder sentirse mejor?
Acosté a Kai, y comencé a llenarme de dudas, eso tendría que decirle a la doctora la próxima cita. Para que no se me olvidará corrí a mi cuarto y encontré unas hojas sueltas y un lápiz comencé a escribir de lo que sentía y mis pensamientos. No sé cuánto tardaría, pero un Edward molesto entro a la recamara.
—Bella quiero que bajes y le digas a la secretaria que no puede quedarse a cenar. Ya se comió dos de mis galletas. Yo no le dije que viniera, pero ella es muy insistente.
Ver a Edward como un niño berrinchudo en vez de como un adulto muy molesto era realmente útil.
—Vamos —le dije tomando la mano —vas a tener que seguirme la corriente, tal vez no te guste lo que diga pero en ese momento no lo hagas notar.
Llegamos a la cocina y Mónica estaba limpiando algo en el piso y me miro y señalo a la secretaria.
—No nos presentamos soy Bella, la esposa de Edward —le dije extendiéndole la mano izquierda por que la derecha todavía tenía a Edward tomado de la mano.
—Soy Nicky, la secretaria suplente de Edward, no sabía que estaba casado, hasta hoy —respondió maliciosamente.
—No te preocupes, por cierto ¿quieres que te consiga como llegar a tu casa? Ya es tarde y no es justo que te entretengamos, Edward y yo vamos a cenar en nuestra recamara, tu entiendes no —le dije.
—Pues yo… —comenzó a decir pero Mónica la interrumpió.
—Yo le digo al chofer que la lleve, usted no se preocupe señora Cullen, señorita si me acompaña por acá.
Y así nos deshicimos de ella. Edward estaba contando las galletas en el tupper que las habíamos guardado.
—Se comió otra, Bella se comió mis galletas.
—Tranquilo, podemos hacer más y no son tus galletas las hice para todos. Bueno que te parece si descansamos un momento antes de comer, estoy cansada —le dije.
Edward ni siquiera se molestó en contestarme hizo un ademan con la mano. Antes de ir a nuestra recamara pase a ver a Kai que estaba despertando y al verme quiso que lo cargara, me recosté en un cómodo sillón con Kai, ambos nos quedamos dormidos.
Sentí como Edward me cargaba pero me hice la dormida y me acomodé en su pecho.
Al llegar a la cama Kai se despertó y yo intente fingir que también lo hacía, no estaba segura de que lo hubiera logrado ya que él solo movió la cabeza.
—Bella, tienes que comer, yo ya comí. Voy a salir, no me esperes despierta —y así salió de la habitación.
Baje a comer con Kai, Mónica me estaba esperando. Mil ideas pasaban por mi mente ¿a donde había ido? ¿Estaría viendo a alguien más? ¿Cómo le planteaba a Edward mis dudas?
—No piense tanto que hasta acá veo las ideas —me dijo Mónica con una enorme sonrisa, señora el señor salió a hacer ejercicio, me supongo que no se lo dijo, pero yo vi como llevaba su maleta del gimnasio.
—Gracias, ya se abra dado cuenta que nuestro matrimonio no es normal.
—Señora… —dijo pero arrugué la cara.
—Yo te digo Mónica y tú a mi Bella, si me dices señora espero que alguien más conteste.
—Me parece perfecto, pero no me digas Mónica, dime Moni.
El resto de la tarde jugué con Kai, luego entre Mónica y yo lo bañamos y le leí un par de cuentos, peor de mi mente no salía a donde había ido Edward.
¿iría realmente al gimnasio? ¿Tantas horas en el gimnasio? O tal vez la maleta era solo para despistar, me levanté de la cama y sentí algo raro en el estómago, como gas que se movía. Le preguntaría al doctor en la siguiente cita
No tenía nada de sueño, busqué algún libro pero la verdad es que mi mente estaba en mil cosas al a vez, me preguntaba sobre mí, sobre lo que sentía y de pronto recordé la tarea de la doctora.
Me levanté del sillón donde estaba y me fui al vestidor. Estaba en pijama, era un short pequeño y una playera de tirantes. Me pare frente a los espejos y enfrentarme a mi imagen fue realmente shokeante, primero me mire la cara, era como si ya no fuera yo, sí era yo, pero más madura, ya no parecía una niña como siempre me decía la gente, mi cuerpo estaba cambiando mire mi estómago ahora era abultado solo un poco pero ya no era plano. Mi busto estaba si no más grande si más redondo, mi cuerpo se preparaba para lo que venía, mis caderas estaban diferentes. Aspire hondo y luego intente comenzar.
No podía recordar muchas cosas de las que me dijo la doctora, pensé primero en decirme que era poco torpe, pero noté que era algo negativo, luego pensé en decirme que era agradable para ser tan tonta, pero otra vez estaba ahí lo negativo
Me dije Vamos Bella en voz alta y empecé con algo básico.
—Tienes unos ojos bonitos —eso ya había comenzado —Cocinas muy delicioso, tus dedos de los pies son muy lindos —reí por eso, pero me sentí bien de poderme decir tres cosas, pero podía hacerlo mejor —tus dientes están parejos —bien llevaba cuatro cosas, solo faltaba una más —eres buena mamá. —me dije al final con certeza y sí, me sentía buena mamá.
Con una sonrisa me di la vuelta y me encontré a Edward parado en donde no podía verlo en los espejos.
—¿Qué hacías? ¿por qué te veías en el espejo y te decías cosas bonitas? —sin dejar de tocar mi estómago me preguntaba, la manera en la que me tocaba me hacía anhelar más, me hacía sentir más.
Tratando de que mi voz sonora bien respondí —Estoy haciendo mi tarea, me mando la doctora.
Él se separó de mí y camino hacia el closet, comenzó a desvestirse y yo me quedé parada viendo cómo se quitaba la ropa, me lamí los labios cuando se quitó el pantalón y ya no tenía nada en la parte superior, Dios, era glorioso, su cuerpo estaba mejor, como no lo había notado.
—¿Te gusta lo que ves? —me comentó irónico.
—Sí —respondí mientras asentía cual muñeco, volví a lamerme los labios y Edward se acercó lentamente toco mi cara y comenzó a besarme, el beso comenzó algo violento pero poco a poco fue tomando un tono más sensual, más bonito.
Poco a poco sin despegarnos comenzamos a caminar hacia la cama, caímos en ella y ya ahí Edward comenzó a desnudarme, acariciaba mi cuerpo lentamente como si yo fuera lo más importante, como si yo fuera algo hermoso que admirar.
Después de eso lo único que puedo decir es que dormí con una cara de felicidad el resto de la noche. Edward me había hecho el amor, me había hecho sentir hermosa y amada. Ta vez si tuviera arreglo nuestro matrimonio.
Me desperté y vi la hora eran casi las ocho de la mañana y Edward ya no estaba. Me desperecé y fui por r Kai, lo encontré intentando pararse en la cuna al verme sonrió y luego comenzó a aplaudir.
Fue un momento mágico, ver como me reconocía y le gustaba verme, comenzaba a balbucear y yo sentía que ese balbuceo que hacia cuando me veía era una mamá.
A partir de ahí no tuve tiempo de quedarme quieta, estaba decidida a hacer algo para mí, vi cursos de repostería, eran solo dos horas diarias.
Tendría que hablarlo con mi gruñón favorito, lo mejor sería ablandarlo antes de decirle cualquier cosa, así que haría galletas de triple chocolate.
Comencé con las galletas mientras Kai gateaba en la cocina persiguiendo un carrito de juguete. Moni hacia la cena y le echaba un ojo.
La puerta se abrió algo brusca, mala señal.
—Hola —salude, pero don gruñón me miraba y fruncía el ceño.
—Sabes que mi terapeuta me llamo para llamarme la atención porque no pudiste pagar la consulta y tú no me dijiste nada.
—Lo olvide, fue el día que vino tu secretaria y se comió tus galletas.
—Tenemos que hacer algo para solucionar el problema, no confió en ti para darte dinero, pero mi terapeuta dice que tengo que darte una oportunidad o algo así, lo he pensado y voy a darte una tarjeta con límite de crédito y si necesitas más me avisas. Pero no le digas a tu terapeuta por le dirá al mío y eso no ayudará a que yo avance en mis sesiones. Y no me gusta no avanzar.
Lo miré y decidí soltarle lo del curso de repostería.
—Edward, quiero ir a un curso de repostería. Si tú me dejas ir yo no digo nada.
—Pásame los datos, lo que me recuerda mañana iremos a comprarte un celular y lo que necesites tú y Kai. ¿Qué huele tan bien?
—Estoy haciendo galletas de triple chocolate —intente sonar lo más inocente posible.
—Yo cuido a Kai y has también de las otras, tienes todo lo que necesitas o quieres que vaya a traer lo que te falte —sonreí, cambiaba tanto cuando se trataban de postres.
—Voy a revisar y te digo, pero podemos pedir las cosas por internet y llegan rápido.
—Me gusta esa idea, revisa y yo voy a trabajar un rato desde casa. —tomo a Kai del piso y lo elevo jugando con él —me llevare a este pequeñajo.
Luego de decirle a Mónica que iba a hacer más galletas, ambas reímos.
—Ese señor Cullen parece un niño pequeño con los postres y las galletas.
Tenía todo así que me concentre en las galletas. Edward llego cuando apenas se habían empezado a enfriar pero sin importarle el y Kai comieron galletas.
Tantas que después ya no querían cenar nada y Kai estaba enfadoso. Tuve que llamarle la atención a Edward, él entendió y prometió que ya no dejaría que Kai comiera tantas galletas, luego cuando baje por agua Mónica me comento que Edward había guardado las galletas en un tupper y se lo había llevado a su oficina.
Me gustaba cuando parecía un niño pequeño, pero seguía lastimándome con sus palabras o acciones, el día siguiente fue emocionante, fui a inscribirme al curso, no sé cómo había hecho Edward, pero al otro día en mi mesa de noche estaba la tarjeta y dinero en efectivo. Había dejado a Kai con Mónica. Luego de pagar la inscripción y unos materiales, le pedí al chofer que me llevara a un mercado sobre ruedas que se ponía cerca de la casa, me agrado caminar y comprar lo que quería cocinar.
Mientras miraba los puestos pensé en muchas cosas, en pero sobre todo quería hablar con Edward, necesitábamos aclarar cosas. Esperaba que durante la cena pudiéramos hablarlo.
¿Qué les pareció? ¿Les gusta la forma de domar/ablandar a Edward? ¿Quién quiere galletas?
BEsos con babas para todas, espero leernos pronto.
Beso doble a Verk, Yoliki, Nyx-88, isabelmoon, brigitte, edith, missy, Adriu, cavendano13, leonor, angelita, patymdn, Jane Bells y jupy, gracias por regalarme una sonrisa.
