CAPITULO III:
LA CAÍDA
·
·
·
Sarada
Miré el reloj con desespero, tenía mucha hambre, deseaba que el timbre tocara de una vez por todas. Shino-sensei no paraba de repetir los conceptos que leía en los pergaminos que en sus manos reposaban...Su voz me daba dolor de cabeza...
Y por fin sonó la campana que daba término a la materia más molesta de todas, Kuji Kiri*. Era la materia en la que tenías que memorizar todas las posiciones y estilos de manos existentes. Era molesta porque yo ya sabía todas.
—¡Sarada-chan!- Gritó una voz aún más molesta que la asignatura, Boruto.- ¡Sarada-chan!- Exclamó al estar a mi lado.- Quédate conmigo a comer en el descanso.- Pidió.
—No...- Respondí tajante siguiendo mi camino, siendo seguida por él.- Lárgate.- Ordené cansada de su actitud.
—Sarada-chan.- Rodé los ojos, aquí venía...-¡ Vamos, vamos, vamos, vamos, vamos, vamos, vamos, vamos, vamos, vamos...!- Le pegué un zape en la cabeza para que se callara de una buena vez.
—Está bien.- Suspiré.- Pero no molestes.- Se le iluminó el rostro y empezó a arrastrarme hacia el patio.
Saqué un libro de mi mochila y me senté a su lado intentando ignorarlo por completo. Él intentaba llamar mi atención haciendo el payaso, como siempre. Yo simplemente comía y leía aquel libro que me había regalado mi padre sobre el ninjutsu.
—Sarada-chan, ¿sabes qué?- Preguntó, yo desvié la mirada del libro hacia Boruto, desinteresada.- Mi padre está preocupado por la caída de pelo...- Intentó retener una carcajada.- Intenta ocultárselo a mamá, ya sabes como es...- Y no pudo evitar, empezó a reír como un desquiciado.
Tío Naruto, digamos que... Siempre a sido de tener mucha cantidad de pelo, más que mi padre, pero desde que se hizo Hokague su mata de pelo se reducía más y más, según mamá. El estrés, dicen algunos.
—Mira, él hace así para disimularlo.- Se levantó del sitio muy rápido, tanto que resbaló e, irremediablemente, cayó.- ¡Ay!- Exclamó. Yo intenté ocultar mi risa mediante una sonrisa burlesca.
—Si que eres estúpido.- Se había lastimado la cara y doblado el tobillo. Suspiré, tendría que cargarlo en brazos...
Me levanté pesadamente y lo recogí del suelo. Él se estremeció ante mi toque y sus mejillas se colorearon de un rojo intenso, tanto que competía con el pelo de la tía Karin. Caminé con cuidado de no tirarlo hasta una banca cercana.
—Etto...Sarada-chan, ¿porqué...?- Lo interrumpí con uno de mis dedos en sus labios.- Mpf...- Bufó aún con la boca tapada.
—Silenció.- Demandé.- Te voy a curar.- Saqué de mi riñonera una vendas y un botecito de desinfectante que mi madre me había dado por si me hacía daño entrenando, ella me enseñó lo básico que debía saber sobre medicina.
Lo que yo no sabía era que lejos, oculto entre unos árboles, un aura oscura rodeaba a un ser que me observaba, en sus ojos brillaba el....Sharingan...
