Disclaimer: los personajes de la serie de Doctor Who no me pertenecen, son propiedad de la BBC, mi único personaje es Sara.
Capítulo 2
Mi vida cambió completamente, y nunca mejor dicho. Me crearon una nueva identidad, porque era probable que hubiera una versión de mí en aquel universo. Por suerte, me dejaron escoger el nombre y decidí que desde entonces me llamarían "Olivia Rose Tennant". Sí, sé que no es el nombre más bonito ni el más original del mundo, pero tampoco me dieron mucho tiempo para pensarlo.
Empecé a vivir en la central de Torchwood y a asistirlos en algunos casos, aunque muchas veces no se trataba de alienígenas y tampoco era mucha ayuda. Al principio me sentía bastante inútil, todos sabían de biología, ciencia forense y mil cosas más y yo estaba allí sabiendo hablar unos cuantos idiomas y nada más. Poco a poco, cogí mucha confianza con Jack i no es nada raro, él también vivía allí abajo y pasábamos muchas horas juntos. Se convirtió en mi mejor amigo y en alguien en quien apoyarme. Durante los primeros meses echaba mucho de menos mi antigua vida y él siempre intentaba distraerme y hacerme sonreír. Fue lo mejor que me podría haber pasado, siempre estaba a mi lado y nunca perdía la esperanza. Además, siempre que teníamos tiempo, investigábamos juntos alguna forma de mandarme de vuelta a mi mundo o, al menos, saber cómo había llegado al suyo; pero no había manera, nada tenía sentido.
Cuando ya llevaba un tiempo en Torchwood, decidí que tenía que aprender a disparar y a defenderme porque más de una vez había sido un problema el hecho de que no pudiera protegerme por mí misma. Jack estuvo de acuerdo con mi decisión desde el primer momento y se dedicó a enseñarme él mismo. Me costó bastante aprender a disparar y aún más mejorar mi puntería, pero tenía más paciencia que un santo y no paró hasta que estuvo seguro de que me podría defender delante de cualquier amenaza.
Torchwood pronto se convirtió en mi segunda familia y Cardiff en un segundo hogar. Todo el mundo se preocupaba por mí porque era la más joven. Aprendí mucho durante aquel tiempo y me sentía realmente feliz allí, pero los días pasaban y cada vez estaba más desesperada; necesitaba encontrar al Doctor pronto. Sabía que tenía que pasar pero parecía que el momento nunca llegaba.
Pregunté varias veces a Jack cómo podía localizar al doctor con la mano que perdió cuando luchaba contra los Sycorax, pero nunca me lo explicó, sólo me decía que confiara en él. Y cuando ya hacía casi medio año que estaba allí, el momento llegó. Recuerdo a Jack corriendo por la base de Torchwood llamándome "¡Olivia! ¡Está aquí! ¡En Cardiff!" Llevaba en los brazos el recipiente con la mano del doctor y yo, acordándome del capítulo en que Jack llegó por los pelos, cogí el abrigo y corrí detrás de él.
Ya veía la cabina a lo lejos y como empezaba a desmaterializarse, no podía permitirlo, tenía que hablar con él. No estaba segura de si nunca tendría otra oportunidad de hacerlo.
— ¡Doctor! ¡No te atrevas a desmaterializarte! ¡Como Olivia Rose Tennant que soy en esta dimensión, no permitiré que te vayas sin hablar conmigo antes! ¡Y si no lo haces por mí, hazlo por Rose, porque yo podría ser la solución que estás buscando!
Grité con todas mis fuerzas y con más rabia de la que quería, pero funcionó. La TARDIS volvió a materializarse y de ella salió un doctor muy enfadado que vino directamente hacia a mí, me cogió de los hombros y me dijo zarandeándome:
— ¿Quién eres? ¿Cómo sabes de Rose? ¿Qué quieres decir que podrías ser la solución? ¡No hay ninguna solución!
— Sólo hablaré contigo en privado—dije muy seriamente y mirándolo directamente a los ojos mientras recuperaba el aliento.
Aún no había acabo de decir la frase que di media vuelta y me dirigí hacia uno de los bancos que había en la calle. Él me siguió e hizo una señal a Martha para que se quedara en la TARDIS. Nos sentamos los dos. Él estaba muy serio y yo, aunque intentaba aparentar tranquilidad, estaba más nerviosa que nunca. Tenía delante de mí al doctor, era real y estaba allí.
—Explícate—me dijo secamente. Yo cogí aire y empecé mi historia.
—En este mundo me llaman Olivia Rose Tennant y digo en este mundo porque vengo de un mundo paralelo. Llegué aquí hace medio año y desde entonces he estado ayudando a Jack con Torchwood. No sé cómo pasó, todo lo que sé es que estaba conduciendo hacia casa una noche de verano del año 2014, apreció una luz blanca y cuando abrí los ojos estaba en Cardiff en el año 2007 sin rastro de mi coche. Sobre Rose, es un poco más raro: todo esto, toda tu vida, es una serie de ciencia-ficción en mi mundo. Es por eso que sé lo que ha pasado y lo que pasará, al menos por lo que a ti se refiere. He estado todo este tiempo esperándote porque si hay alguien que me puede ayudar a volver a mi universo, es el último señor del tiempo.
El Doctor parecía más tranquilo, había estado escuchándome atentamente, asimilando toda la información.
—No puedo hacer nada para ayudarte—dijo mientras apartaba la mirada con un gesto triste—no se puede viajar entre mundos paralelos, al menos ahora ya no se puede. El universo se derrumbaría. Si fuera posible, ya lo hubiera hecho…
—Lo sé—respondí provocando que él me mirara confundido—si fuera posible hubieras ido a buscar a Rose.
Primero me miró confundido y después sonrió tristemente y suspiró.
—Era una gran chica…—dije—estoy segura de que está buscando la forma de volver a tu lado. Si confío en alguien, es en ella—él me miró extrañado al darse cuenta de que lo estaba citando—Si te sirve de algo, creo que ella nunca dejará de luchar, que nunca se dará por vencida. Y menos aún después de todo lo que has hecho por ella. Cuando la conociste, ella se creía una persona ordinaria, sin nada especial, que se pasaría la vida trabajando en una tienda de ropa y viviendo con su madre. Pero tú le abriste los ojos, le descubriste las estrellas, los planetas y el universo y le hiciste ver que era de todo menos ordinaria que, de hecho, era posiblemente la persona más brillante del universo. O al menos eso es lo que yo pienso—el me miró agradecido y, después de un rato callados, volví a hablar—Hay otra cosa que quería preguntarte: teniendo en cuenta que yo sé cosas que pasarán, ¿qué debería hacer? ¿Lo puedo decir o sería una catástrofe enorme? Porque si supieras ciertas cosas podrías evitar alguna que otra tristeza…
No me respondió, simplemente me sonrió y bajo la mirada. No me hizo falta que dijera nada, lo entendí en seguida.
—Las cosas tienen que pasar como tienen que pasar… ¡Maldito puntos fijos! —grité frustrada. Él volvió a mirarme extrañado pero esta vez también divertido—sí, sé todo eso de que hay puntos fijos en el tiempo que no se pueden cambiar mientras que hay otros más flexibles. Sé muy bien todo eso pero… no quiero el futuro que conozco, no lo quiero por nada del mundo y no te deseo muchas de las cosas que te pasarán—los ojos se me empezaron a humedecer solo de pensar por todas las tristezas y las despedidas que aún no había vivido. ¿Y si podía evitarlo? Callé un momento y me di cuenta de que, por mucho que no quisiera, las cosas son como son y la vida es como es—las cosas tienen que pasar como tienen que pasar…—repetí—no sé cómo puedes ser tan elocuente sin ni tan solo abrir la boca.
Él me sonrió. Aquella sonrisa. Siempre me ha gustado esa sonrisa.
—Me encanta tu sonrisa. De verdad. Siempre lo he pensado, da esperanza a quien la ha perdido, fuerzas a quien siente que no puede más y hace sonreír a quienes más tristes están. No dejes de sonreír jamás, por favor—él continuó sonriendo y después de unos minutos sin decir nada me preguntó con curiosidad:
—¿Volveré a verte alguna vez?
—No creo, no creo que nos veamos más. No debería interferir en vuestra historia, no sé cómo podría terminar.
—Entonces supongo que esto es un hasta nunca—me dijo dándome la mano.
—Sí, hasta nunca… Pero antes, llévate a Jack, lo necesitarás—él me hizo una mueca de fastidio.
—¿Por qué?
—¡Spoilers! Tú hazme caso—le respondí sonriendo.
Nos levantamos del banco y nos abrazamos como despedida. Fue realmente raro, era la primera vez que hablaba con él pero parecía que fuéramos amigos de toda la vida. ¿Sería así como se sentían todos cuando conocían al Doctor? Él volvió a la TARDIS y yo hablé un momento con Jack antes de que se fueran.
—Antes de que te vayas tengo que decirte una cosa. El Doctor sabe una cosa que un amigo suyo le ha dicho, ese amigo eres tú, en el futuro, pero él aún no lo sabe. Sólo te lo digo para que cuando llegue el momento, no te olvides de decírselo. Ah, y prepárate para un año duro.
Jack me miró confundido pero no tenía tiempo para preguntarme nada así que subió a la TARDIS despidiéndose con la mano y sin entender nada. Ahora me tocaba esperar, porque sabía que los siguientes meses no serían fáciles. Volví a Torchwood y les dije que Jack tardaría un poco en volver. Durante los meses siguientes, un nombre empezó a hacerse famoso en Gran Bretaña: Harold Saxon. Yo ya sabía que aquello no terminaría bien, pero tampoco podía hacer nada. Tenía mucho miedo, sabía cómo iba a ser el año gobernado por el Amo: miedo, muerte, destrucción. Intentaba calmarme diciéndome a mí misma que no me acordaría de nada, que aquel año sería como si no hubiera existido, pero no podía quitarme el miedo de encima. Y, de repente, un día me desperté y Jack estaba a mi lado. Le sonreí.
—¿Cómo ha ido este año? —le pregunté.
—¿Cómo? —me preguntó confundido.
—Sé muy bien que en realidad ha pasado un año, que el Amo ha dominado el mundo, que mucha gente ha muerto y que Martha consiguió vencerlo.
—En principio eso sólo deberíamos saberlo los que estábamos en la nave en aquel momento—dijo él.
—Bueno, siempre está la excepción de la chica del mundo paralelo—respondí divertida.
—Eso es trampa—dijo él sonriendo.
—¿He sobrevivido? —pregunté de repente.
—¿Qué? —preguntó él confundido.
—Que si he sobrevivido a este año.
—Sí—dijo dejando de sonreír después de unos momentos de silencio.
—¿Cómo lo sabes?
—Me lo dijo Martha.
—¿No me engañas?
—¿Y por qué debería hacerlo? —volví a sonreír—pero, ¿por qué lo preguntas?
—Porque ahora sé que sería capaz de sobrevivir por mí misma—él sonrió conmigo.
—Espero que nunca lo tengas que volver a hacer.
—Yo también. Te he echado de menos…
—Y yo a ti…
No sé qué me paso por la cabeza en aquel momento pero tampoco lo pensé mucho: le cogí la cara con las manos, cerré los ojos y lo besé.
Y así pasaron dos años más. No tuvimos ningún con el Doctor y Torchwood continuó con sus misiones. Ya había perdido casi toda la esperanza de volver a casa y me había acostumbrado a aquel mundo, a los aliens, al Doctor y a Jack. Pero, claro, el momento en que los Dalek transportaron el planeta Tierra hasta los confines del universo llegó y yo sabía era entonces cuando el Doctor se despediría finalmente de Rose. Y yo sabía que no podía interferir, que no podía hacer nada. Que no podía decirle que ella lo había encontrado, que no podía decirle todo lo que le pasaría a Donna, que no podía hacer nada para ayudarlo. Cuando los Daleks llegaron, Jack y yo tuvimos una larga conversación y finalmente decidimos que lo mejor sería que yo me fuera a uno de los refugios que habían hecho en Cardiff, él decía que allí estaría más segura, aunque yo no las tenía todas conmigo.
Y el Doctor volvió a salvar el universo y otra vez nadie se lo agradeció. Y nadie sabía que había tenido que decir adiós por segunda vez a una de las personas que más le importaban y que tenía que vivir sabiendo que no la volvería a ver. Y yo no paraba de darle vueltas. Pero, evidentemente, no había tiempo para esas cosas, y es que aún no estábamos completamente seguros porque el Amo volvería a atacar. Cuando el año siguiente, por Navidad, vi que la cara de Joshua Naismith aparecía por todos lados, sabía que aquella era la última Navidad del décimo doctor. Lo que no sabía era que, después de derrotar al Amo y de absorber toda aquella radiación para salvar a Wilfred obligándolo a regenerarse otra vez, vendría a despedirse de mí.
