Capítulo 3
Volvía hacia la estación de Torchwood de hacer las compras. Hacía frío y el cielo estaba totalmente nublado. Era, más bien, un día triste. Recuerdo que durante todo el día me había sentido alicaída sin motivo alguno, quizás era un presentimiento. Estaba aún lejos del Wales Millenium Centre y allí lo vi, en una esquina, mirándome directamente. El corazón me dio un vuelco. Cuando ya estaba cerca, me di cuenta de que estaba muy serio.
—Doctor…—dije con un hilo de voz.
—Hola…
—Estás a punto de regenerarte, ¿no?
—Sí.
—Entonces supongo que será la última vez que te veo con esta cara.
—Sí—repitió sin cambiar de expresión.
Nos encontrábamos en un callejón justo delante de la TARDIS. Los dos estábamos tristes y no sabíamos qué decir. Dejé las bolsas de la compra en el suelo.
—¿Has venido para despedirte de mí?—pregunté con una sonrisa triste. Él asintió con la cabeza—Gracias… —las lágrimas empezaban a llegar. Miles de sentimientos se me amontonaban dentro: tristeza porque estaba reviviendo uno de los momentos que más me habían afectado de la serie; gratitud porque había pensado en mí; desesperación por todo lo que tenía que pasar. Estaba viviendo uno de los capítulos que más me habían entristecido y no sabía cómo reaccionar. Después de un rato mirándonos, me decidí a hablar, aquella podía ser la última vez que podría decirle todo lo que siempre había querido decirle— ¿Puedo hacerte una pregunta personal, Doctor?
—Adelante.
—Rose… —Empecé a decir, pero callé, no sabía cómo continuar. Vi el dolor en su cara aunque intentó disimularlo apartando la mirada— después de que devolvierais la Tierra a su lugar… Sé que tuviste que devolverla al universo de Pete, sé que tuvisteis que deciros adiós para siempre por segunda vez —en ese momento las lágrimas ya me caían por las mejillas y veía que a él se le empezaban a humedecer los ojos— sé que tuvo que tomar una decisión y sé lo que le dijiste… Mi pregunta es, ¿la quieres? ¿Era eso lo que no le pudiste decir la última vez?
—¿Acaso hace falta decirlo?
—¡No me vengas con esas! —dije frustrada y con la cara completamente empapada— ya me enfadé cuando lo vi por primera vez, ¡Se lo deberías haber dicho! ¡Contéstame cómo corresponde!
—Sí —dijo con la mirada triste. Estuvimos callados mirando el suelo un buen rato hasta que yo volví a hablar. Había tantas cosas que quería decirle pero no sabía cómo. Las lágrimas seguían cayendo y me sentía impotente.
—¿Me harías un favor? —dije finalmente.
—Lo que quieras.
—No me olvides, no me olvides ni a mí ni a Rose ni a Jack ni a Martha ni a Donna ni a Mickey ni a nadie. Por favor, no nos olvides.
—¿Por qué tendría que hacerlo? —me respondió confundido.
—Digamos que tu próxima regeneración tiende a olvidar…
—¿Cómo? No te entiendo —insistió.
—No quiero decirlo —empecé a decir intentando no mirarle— no quiero…He visto suficientes aventuras tuyas como para saber que si dices alguna cosa que sabes sobre el futuro, entonces queda establecido y quizás… sólo quizás, si no lo digo, no pasará y podré cambiar esta pequeña parte del futuro, sólo esta parte…
—Olivia… —Esta vez sí que lo miré y, como siempre, no le hizo falta decir nada más para que yo me diera cuenta de que el futuro es el futuro y que, aunque no me gustara, iba a pasar.
—No… No los volverás a ver. No los nombrarás nunca ni hablarás de la gente que has conocido con esta cara. Te encontrarás con mucha gente que querrás, pero nunca les hablarás de ellos. Será como si estas dos últimas regeneraciones nunca hubiesen existido. Hasta te encontrarás con la gente de UNIT y no preguntarás por Martha… Y eso es lo que más me dolió de tu próxima regeneración: que se olvida, adrede… — estuvimos otro rato en silencio. Esta vez fue él quien empezó a hablar.
—¿Y a ti? ¿Te volveré a ver, a ti?
—Eso sí que no lo sé… Yo no salía en la serie, así que no sé cómo he afectado a todo el desarrollo de la historia ni si el hecho de que yo exista en este mundo cambiará el futuro. Pensaba que no te vería más y aquí estás. Pero estoy feliz, sé que aunque ahora cierres un capítulo de tu vida, en el próximo conocerás a gente maravillosa a quien cambiarás la vida para siempre.
Estuvimos otro rato callados. Yo había dejado de llorar y no quería decirle adiós. No quería.
—Vas a decirle adiós a Rose ahora, ¿verdad?
—Sí…
—Ella no te conocerá, lo sabes, ¿no?
—Claro…—me dijo con una sonrisa triste.
—¿Cómo te sientes?
—No muy bien…
—Supongo que es mi última oportunidad de decirlo… tú eras, eres i siempre serás mi doctor. Para mí, el Doctor, lo que el Doctor representa, eres tú ahora mismo: tus valores, tu forma de ser, tu sentido del humor. Tú. Echaré mucho de menos esta regeneración, sobre todo porque sé que nunca volverás a ser tú… Y ahora, ya sé que es la última oportunidad que jamás tendré, así que supongo que es el momento de hacer algo que siempre he querido hacer. Voy a besarte, te informo para que no te sorprendas. No hace falta que me devuelvas el beso, de hecho, sé que no lo harás. Claro que a Madame de Pompadour sí que se lo devolviste… Bueno, basta de tonterías.
Le cogí la cara con las manos, cerré los ojos y lo besé. Y, para mi sorpresa, me pasó las manos por la cintura y me siguió el beso. No fue un beso largo, ni apasionado, ni lleno de amor. Fue un simple beso, tierno y corto. Nos separamos, nos miramos y sonreímos.
—Recuerda, chico listo, nunca dejes de sonreír.
Entró en la TARDIS y yo volví a Torchwood. Allí estaba Jack y le expliqué que me había encontrado con el Doctor. Que había venido a decir adiós y poco más. Los dos estábamos tristes, sabíamos que no lo veríamos más, al menos con aquella forma.
Jack y yo hacía unos meses que estábamos más o menos juntos. Digo más o menos porque nunca no establecimos claramente qué tipo de relación teníamos. Simplemente estábamos bien teniéndonos cerca. Él se había convertido en una gran ayuda para mí y, como ya podéis imaginar, no habíamos encontrado forma alguna de devolverme a mi mundo, de hecho, ya había perdido completamente la esperanza. Ahora aquello era mi día a día y, por lo que parecía, lo sería para siempre. Había conseguido sentirme feliz, aunque siempre tenía miedo de levantarme y de que alguna especie alienígena nos hubiera conquistado o descubrir que los dalek nos habían vuelto a atacar. Pero, aparte de eso, todo iba bien. Hacíamos vida normal, bueno, tan normal como puede ser trabajar en Torchwood, claro está
Si os preguntáis si volví a ver al Doctor, sí que lo hice, pero hicieron falta unos cuantos años más. Yo ya tenía cuarenta y empezaba a tener algunas arrugas y canas. Jack había envejecido al mismo tiempo que yo, pero no sabíamos, bueno, él no sabía, cómo acabaría todo. Continuábamos trabajando en Torchwood, aunque íbamos dejando el trabajo de campo para los más jóvenes. Nuevas generaciones habían venido a ayudarnos. Yo ya no esperaba encontrarme al Doctor, pensaba que aquél había sido el adiós final, pero aún no era el momento.
Recuerdo bastante bien aquel día, como todos los días que vi al Doctor, que los puedo contar con los dedos de una mano. Era verano y hacía sol. Yo estaba sentada en un banco de un parque leyendo y descansando cuando, de repente, oí una voz que reconocí en seguida.
—Hola, Olivia —tenía delante de mí el onceavo Doctor sonriéndome. Se sentó a mi lado mientras yo lo miraba sorprendida.
—¡Doctor! No esperaba verte más. Mira qué joven que estás y yo que no dejó de envejecer —bromeé.
—Yo te veo igual que la última vez —me dijo con una sonrisa.
—Veo que no has perdido la sonrisa.
—Me pediste que no lo hiciera —esta vez fui yo la que sonrió.
—¿En qué punto estás? Quiero decir, ¿Qué has vivido?
—Acabo de… de decir adiós a Rory y a Amy—dijo con la mirada triste que tanto conocía.
—Lo siento mucho… —dije afligida. Sabía que el Doctor lo estaba pasando muy mal en aquel momento. No era sólo despedirse de sus compañeros, sino decirles adiós para siempre— ¿Cómo estás?
—He estado bastante mal, pero ahora he encontrado una cosa en que centrarme: estoy buscando a la chica imposible.
—La chica imposible, hmmm, interesante… ¿Puedo hacerte una pregunta?
—¿Por qué siempre me pides permiso para preguntarme cosas?
—Porque no suelen ser cosas agradables —Él rio y me hizo una señal para que continuara— Amy y Rory… ¿Sabían alguna cosa de mí? ¿O… de Rose? ¿O de alguien de nosotros?
—No —dijo desviando la mirada— nunca les hablé de vosotros, de nadie. Sabían poco de mis últimas regeneraciones. Me hacía demasiado daño, no podía soportarlo; sólo de pensarlo se me hacía una montaña. Supongo que sí que tiendo a olvidar, es más fácil y duele menos.
Estuvimos callados un rato. Es curioso como nuestras conversaciones estaban llenas de silencios. Pero no de silencios incómodos, al contrario, eran, más bien, pausas en las que reflexionábamos y nos sentíamos más cerca el uno de la otra.
—¿Puedo hacerte otra pregunta? —dije finalmente.
—Dispara.
—No te lo tomes a mal pero, ¿Por qué te casaste con River Song?
—Sé en quien estás pensado y por qué lo preguntas —contestó y calló. Estuvimos un rato en silencio y después, poco a poco, continuó con la respuesta— la forma de quererla es diferente, a River no la quise de la misma forma que a Rose, a ella… Digamos que me acostumbré a quererla.
—¿Qué quieres decir?
—Con Rose todo surgió de la complicidad que llegamos a tener, la quería… La quiero desde el fondo de mi corazón —vi como una sombra de tristeza travesaba sus ojos— Con River, después de pasar todas aquellas noches juntos después de casarnos, digamos que me acostumbré a quererla como respuesta a lo que ella sentía por mí. Eso no quiere decir que lo que siento no es sincero, la quiero también, y mucho. Pero es diferente…
Estuvimos un buen rato sin hablar mirando a los niños que jugaban en el parque. Ya no me quedaban más preguntas. Finalmente fue el quien rompió el silencio.
—Olivia, ¿has visto mi muerte?
—¿Tu muerte? No. De hecho, no he visto la serie acabar, no sé cómo continuará tu vida —dije encogiéndome de hombros.
—¿Qué quieres decir? —preguntó confundido.
—A ver, yo te die que si sé tantas cosas, es porque en mi dimensión todo esto es una serie de televisión. Cuando aparecí aquí, la última temporada aún no había terminado y no tenían la intención de acabar la serie pronto, o eso me parecía a mí. Así que no sé cómo será el final de tu vida ni si tendrá final.
Volvimos a callar, esta vez un buen rato. Se me hacía raro hablar con él pero al mismo tiempo todo era muy familiar. Sabía que era el Doctor pero también que no era el mismo que yo había conocido. Pero tampoco era un desconocido porque lo conocía gracias a la serie. Todo era muy raro en conjunto. Y entonces tuve una idea.
—¿Harás una cosa por mí? ¿Volverás a verme para explicarme todas las aventuras que desconozco? ¿Todos los compañeros que no he visto? ¿Todas las carreras y todos los discursos, todos los hola y todos los adiós? —Él me sonrió con un gesto triste antes de contestarme.
—No sé si tendré tantas aventuras como tú crees. Esta, me temo, es mi última regeneración. ¿O me queda alguna más?
—No tengo ni idea —mentí con una sonrisa que él me devolvió más animado— Voy a pedirte un último favor. Voy a escribirte una carta y, si llega el momento en que te tienes que separar de la chica imposible, ahora ya sabes que la encontrarás, si este momento llega y sólo bajo esta circunstancia, leerás la carta, ¿hecho? ¿Me harás este favor?
—No lo veo muy difícil de cumplir.
Sonreí, saqué papel y bolígrafo del bolso y empecé a escribir la carta. No me quedó muy larga pero le decía todo lo que le quería decir. Doblé el papel i se lo di mientras le preguntaba si pasaría a ver a Jack.
—No.
—¿Por qué no?
—Me dijiste que esta regeneración no lo volvería a ver, ni a él ni al resto.
—Tienes razón —respondí triste— ¿Cómo te parece que he llevado eso de saber el futuro y no decir nada? —Pregunté para cambiar de tema.
—Bastante bien, bastante bien. No se te han escapado demasiadas cosas. Por cierto, hablando de él, ¿cómo está Jack?
—Bien, está muy bien.
—¿Envejece o…?
—Sí, por ahora sigue el ciclo de una persona normal y aparenta la edad que tiene.
—¿Morirá?
—¡Spoilers!
—Siempre que River lo decía, pensaba en ti —me dijo con una sonrisa.
—Sí, eso fue error mío, no pensé que decirlo en aquel momento era también un spoiler —los dos nos reímos ante esa reflexión. No es que fuera extremadamente gracioso, pero supongo que, simplemente, necesitábamos reír.
—Hace ya muchos años que estás en este mundo, Olivia, ¿no echas de menos tu familia y tu dimensión?
—A veces sí y a veces no. Es extraño. Paso muchos meses feliz, feliz de verdad, viviendo en esta dimensión con Jack y Torchwood, acostumbrada a este país, a los aliens y a esta vida; y, de repente, un día no soy capaz de levantarme de la cama y lo único que hago es llorar y llorar y pienso en mis padres, que deben pensar que hace años que estoy muerta, en mi hermano, en mis amigos y amigas, en la familia, en todo aquello que he dejado atrás… Pero Jack siempre está ahí, a mi lado, me abraza y me sujeta entre sus brazos hasta que deje de llorar, incluso después, sigue ahí junto a mí. Tarde lo que tarde. Sabe que eso es lo único que necesito, sentirlo a mi lado. Ya me he hecho a la idea de que no podré volver nunca a casa y, bueno, ahora casa ya quiere decir Torchwood.
—Él te sobrevivirá.
—Lo sé —dije triste y desviando la mirada.
—Y él, ¿lo sabe?
—Se lo intuye…
Estuvimos callados un rato más. Ya no sabíamos qué decirnos. El Doctor, al final, también se había convertido en mi amigo, en un gran amigo, a pesar de haber hablado tan poco con él. Y yo quiero pensar que me convertí también en una buena amiga suya.
—Es hora de irme —me dijo rompiendo el silencio.
—¿Volveré a verte alguna vez?
—No me hagas pasar otra vez por esta conversación, la tuve una vez en una bahía muy lejos de aquí y no lo quiero repetir.
—Lo siento, cito tu vida de forma inconsciente —dije con una sonrisa triste que él me devolvió, también lleno de tristeza.
—No creo que nos volvamos a ver, tengo muchas cosas que hacer y…
—Tienes una máquina del tiempo —lo interrumpí— podrías hacerlo todo y volver tan solo una hora después de que tengamos esta conversación.
Él calló y no dijo nada, pero no hacía falta que lo hiciera, yo sabía el porqué de verdad.
—No vendrás porque intentas olvidar todo lo que pasó aquí, en Cardiff. Aún te duele demasiado. Te recuerda a ella y a todos los que has dejado atrás. No te preocupes, lo entiendo. Al menos… ¿Al menos vendrás para que pueda decirte adiós una última vez antes de que me vaya para siempre y así cumplir tu promesa?
—Eso lo puedo prometer —me dijo con una sonrisa.
Se fue y aquella fue la última vez que vi al Doctor. El último adiós. La única promesa que me hizo y que rompió fue la última.
