Primero que todo, disculpas por ausentarme dos meses, no quiero dar excusas así que sólo diré que muchas cosas pasaron en la mitad final de mis vacaciones, luego entré a clases y se puso bastante pesada la carga académica. Intentaré ser mas constante pero no prometo nada, sólo que no lo dejaré inconcluso y que queda bastante por delante~

Bueno, sin alargarme más, gracias por sus reviews, follows y favoritos! :D

Love Live no me pertenece.


—Maki, ¿Cómo te sientes? —La mayor la miró preocupada y Maki recordó las palabras de Camille, ¿Cómo se habría sentido Nico si ella hubiera conseguido su cometido? Desvió la mirada, se sentía culpable, sentía vergüenza, no podía verla a la cara, ya no sabía qué era lo mejor.

—Yo… —suspiró y dejó que las lágrimas cayeran— Nico, ¿Cómo te sentirías si desapareciera?

Nico la miró en silencio, el ver a Maki tan vulnerable la había sorprendido, decidió que debía ser lo más honesta que pudiera.

—Terrible —se acercó y la tomó de los hombros, mirándola seriamente— me sentiría terrible Maki-chan.

La nombrada bajó la mirada mientras las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas, la pelinegra la abrazó y esperó en silencio que la menor le respondiera. Pasado unos minutos y viendo que la chica de orbes violetas no hablaría se decidió a hacer la pregunta que desde hace un rato rondaba por su cabeza.

— ¿Por qué la pregunta Maki-chan? —Soltó en un susurro suave.

—No preguntes, sólo… sólo déjame estar así un poco más.

La pelirroja sonó cortante, Nico suspiró y guardó silencio. Le preocupaba, nunca había visto a Maki así, recordó lo ocurrido en su restaurante, era similar pero no igual, quizás era porque ahora estaban solas, pero las lágrimas de la menor le dolían de sobremanera.

—Maki, por favor dime qué ocurre, me estás preocupando.

—No es nada, no te preocupes.

— ¿De verdad esperas que me trague eso? No soy idiota, ¿Sabes? —Nico se separó y miró fijamente a su acompañante, esta sólo desvió la mirada y comenzó a jugar con su mechón de cabello favorito.

— ¿No lo eres? —Habló con un tono que denotaba indiferencia, había comenzado a fingir nuevamente. La pelinegra quedó algo descolocada con el cambio de personalidad. — De verdad no es nada, Nico-chan, y si sigues insistiendo tendré que pedirte que te vayas, que no estoy de humor.

"No está de humor pero dice que no pasa nada, será idiota." Pensó Nico mientras fruncía el ceño, suspiró cansada y se relajó.

—Está bien, está bien —habló derrotada— lo capto, no confías en mí lo suficiente, pero no importa, todo a su tiempo.

Lo último lo dijo en un susurro inaudible para la menor. "Lo importante ahora es poder quedarme con ella y cuidarla, al menos hasta que me eche."

— ¿Tienes hambre? Traje algunas cosas para cocinar —Nico levantó una bolsa que había dejado caer con la conmoción y se la mostró— No todos los días tienes una chef como yo para cocinarte y como verás, no olvidé los tomates, además necesitas recuperar energías.

— ¿Eh? —Dirigió su mirada hacia la bolsa. — Oh… hm sí —respondió avergonzada en un murmuro sutil— aunque la verdad me siento bastante cansada, pensaba en llegar a dormir un poco. No es que te esté corriendo ni nada —agregó al ver el ceño fruncido de la mayor— puedes hacer lo que quieras, allá está la cocina, yo iré un rato a la cama.

Nico asintió y Maki comenzó a caminar. Ésta última se encontraba cansada, el desmayo le había pasado la cuenta, luego de la cantidad de sangre que había perdido el fin de semana era bastante normal que le haya pasado aquello. Llegó a la cama y se dejó caer. "Nico seguirá insistiéndome, y cuando lo haga no sé cómo evitar responder con la verdad." Se giró y abrazó una de sus almohadas, la culpa no la dejaba tranquila, no quería mentirle, pero tenía miedo, miedo a ser juzgada, a no ser comprendida, a ser rechazada. Todo había comenzado luego de la especie de cita con la mayor, los malos pensamientos comenzaron a invadir su mente, sentía que sería una carga para aquella chica, una cosa llevó a la otra y pasó lo inevitable. Su mente era así, por más bien que pudiera sentirse, de algún modo la hacía caer en picada. Tenía un problema y en momentos cuerdos como este lo tenía más que claro, pero cuando apenas una duda llegaba a su cabeza, no había vuelta atrás por bastante tiempo. Antes que se reencontrara con sus amigas las recaídas no eran tan seguidas, después de todo no tenía mucha cosa que perturbe su rutina diaria, pero ahora al menos había una por semana, y la pelirroja no sabía cuánto tiempo más lograría sobrevivir de ese modo.

Maki comenzó a sentir un delicioso aroma, por un momento había olvidado que la chica que tenía su mundo de cabeza le estaba preparando la comida. "Nico… ¿Por cuánto tiempo más podré seguir fingiendo frente a ti?" La estudiante de medicina sabía que la pelinegra no era completamente idiota a pesar de siempre decirle lo contrario, pero no se sentía preparada para sincerarse aún. Además estaba el asunto de sus sentimientos. ¿Qué sentía por Nico? Por ahora sólo tenía claro que al menos le importaba mucho y por lo mismo quería hacer las cosas bien. Si quería llegar a tener algo con ella en algún momento, debía hacer frente a su problema, si no, no habría forma de que pueda llegar a ser feliz a su lado, era una verdad fácil de comprender . Giró hacia el otro lado y comenzó a sollozar nuevamente. Era difícil luchar contra esos impulsos, varias veces en el pasado lo había intentado y como era obvio de ver, no había conseguido mucho. Pero si quería avanzar, debía hacerlo, tenía que encontrar el cómo.

— ¿Maki-chan? ¿Estás despierta?

Al escuchar esa voz, la nombrada trató de ocultar su rostro y asintió, no quería que Nico la viera llorando nuevamente.

—La comida está lista, Maki-chan, me preguntaba si quieres comer en la mesa o prefieres comer aquí, aprovecha que la chef numero uno te ha cocinado y no dejes que se enfríe.

Nico, al ver que la pelirroja no se movía, se acercó un poco más para verificar que estuviera bien.

—Maki, ¿Estás llorando? —Preguntó preocupada, Maki negó. — Agh, está bien, no te presionaré, vamos a comer, la mesa está lista.

Maki se levantó y caminó hace el comedor. Al ver la mesa servida llena de rojo su rostro se iluminó. Nico la conocía bastante bien al parecer. Se sentó y comenzaron a comer en silencio, cada una inmersa en sus pensamientos.

—Nico-chan —Maki habló bajo pero segura. — Gracias.

— ¿Por qué lo dices? —Nico la miró algo avergonzada.

—Por tratar de subirme el ánimo… —suspiró bajando la cabeza— y por no insistir, sé que quieres saber que ocurre y lo siento por no ser sincera, no es que no confíe en ti o algo parecido, pero aún no me siento lista para hacer frente a aquel problema.

Nico sólo guardó silencio y miró preocupada a la chica de orbes violetas, todo ese secretismo la aterraba. "¿Qué es lo que te preocupa Maki-chan?"

— Yo… cuando me sienta lista, ¿Me escucharás?

—Eso ni se pregunta Maki-chan, no te presiones, esperaré por ti.

— Gra… gracias.

Maki desvió la mirada algo avergonzada y sonrió de manera sincera. Por el momento se centraría en disfrutar de aquella comida.


Umi acababa de llegar a la preparatoria, se encontraba recostada contra los casilleros tratando de recuperar el aliento. Desde hace unos días se sentía de una manera extraña estando cerca de la rubia y esta mañana cuando la vio a lo lejos, admirando el cielo con una sonrisa en el rostro, una corriente atravesó su cuerpo dejando una sensación agradable. Había pensado acercarse a saludar, pero toda buena sensación, todo pensamiento se había esfumado al ver a quien le sonreía. Era obvio, nunca tendría una oportunidad con semejante competencia. No soportó la escena y huyó cobardemente del lugar. "Debo hacer algo respecto a esto", pensó mientras se incorporaba rápidamente y se dirigía al salón. No pudo concentrarse en clases, no podía sacársela de la cabeza, realmente no sabía de qué tipo eran sus sentimientos hacía la rusa, no sabía si la estimaba, le agradaba a la vista, la deseaba o tal vez... ¿La amaba?

Todo había empezado con una calurosa tarde de verano, se encontraban practicando como diariamente lo hacían y el calor las había hecho transpirar más de lo normal, la peliazul había ido por botellas de agua, al volver a la azotea, torpemente una de las botellas cayó al suelo, se acercó a recogerla y al levantar la mirada, la vio. El rostro sudado, la playera pegada al cuerpo mostrando su esbelta figura y sus largas y sexys piernas. Nunca había parado en el cuerpo de su senpai, no, mentía, era evidente que era hermosa, pero nunca había pensado en ella de esa manera. Tragó saliva al ver como una gota de sudor caía por su cuello perdiéndose debajo del escote entre la separación de sus pechos.

— ¿Umi? ¿Ocurre algo? —la voz de Eli la sacó de sus pensamientos, desvió la mirada avergonzada por que la haya pillado en aquella situación, carraspeó y le acercó una botella.

— To- Toma, n- no pasa nada.

— ¿Segura? Tienes el rostro rojo —Eli mostraba verdadera preocupación y Umi se regañó mentalmente. ¿Cómo osaba a tener semejante pensamientos con su amiga? Era completamente desvergonzado.

— Segura —. Dijo tratando de ocultar su nerviosismo, la rubia se encogió de hombros y comenzó a beber.

Desde aquel día no había podido dejar de mirarla. Cada ensayo, cada salida, su mirada se desviaba automáticamente a la rubia. Luego de unas semanas había notado la cercanía entre Eli y Nozomi, ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Eran bastante obvias, cuando se percató de aquello se decidió a dejar ir sus sentimientos. Fácil pensarlo, pero difícil hacerlo. Cada vez que las veía tan cercanas, como esta mañana, su pecho dolía. Quería superarla, olvidar lo que sea que sintiera, pero no podía.

Pasó el día y llegó la hora del ensayo, se encontraban calentando, Umi en sus reflexiones durante el día pensó que tal vez podría desviar sus pensamientos a otra de sus amigas. ¿Por qué no chicos? Pues porque luego de notar lo que sentía por Eli, lo pensó y trató de sentirse atraída por alguno, pero nada, no le producían nada, en cambio al ver una elegante dama, o algo mas rebelde también, se sentía en las nubes, le había costado aceptarlo, pero no quedaba de otra, era gay. Miró una a una a las musas, pero por alguna razón era diferente, eran todas hermosas, cada una tenía su encanto y de seguro salir con alguna de ellas sería interesante, pero no se veía con ellas, no se lo podía imaginar, no deseaba con ninguna lo que deseaba con la rubia, el poder tocar sus labios, su cuello y quizás llegar más allá. Aunque de seguro ninguna de sus amigas pensara que ella tuviera ese tipo de pensamientos, la verdad era que cuando trato de confirmar su orientación sexual, visito ciertos foros y páginas, que habían logrado alterar de alguna manera su forma de ser, que lograron ampliar un poco más su mente. "Soy una mojigata." Sonrió pero una cosa era lo que estuviera en su mente y otra el cómo actuaba, ¿No? No podía negar que deseaba sexualmente a una de sus amigas, pero no por eso debía actuar de manera desvergonzada.

Pasaron los días y se convirtieron en semanas, las semanas en meses y la graduación estaba cada vez más cerca. Umi había decidido escribir una carta explicando el cómo se sentía respecto a su senpai y dejarla de manera anónima en su casillero. Había intentado evitar dar cualquier detalle que pudiera delatarla. Para empezar el contenido en sí ya parecía de otra persona, nadie conocía esa faceta de ella y por lo mismo no tenía nada que perder. Sigilosamente se acercó y dejó la carta.

Llegó la tarde, caminaba hacia el salón del consejo estudiantil, cuando una voz conocida la llamó.

— ¡Umi! —La nombrada se detuvo y se giró mirando a una rubia que traía una expresión divertida— ¿Vas al salón del consejo estudiantil? —Umi asintió y Eli comenzó a caminar—. Vamos, te acompaño.

Iban caminando en silencio, la peliazul notó que la mayor traía varios sobres y se tensó, Eli notó lo que miraba y sonrió.

—Cartas de fans, cada semana llegan más y ahora que se acerca la graduación la cantidad llega a ser exagerada —Umi se mantuvo en silencio, no quería hablar de aquello—. ¿También te siguen llegando? —La peliazul asintió— ya veo.

Volvieron a caminar en silencio, cada una sumergida en sus pensamientos. Llegaron al salón, entraron y Eli juntó la puerta, Umi solo caminó hacía su puesto y comenzó a revisar una pila de papeles.

—Sabes, hoy llegó una carta distinta a las demás —la menor se tensó— era, como decirlo, bastante erótica pero sin llegar a ser vulgar, al contrario, era bastante delicada —Eli se había acercado de manera sigilosa y se había puesto detrás de su kouhai, susurró en su oído—. Quién diría que la recatada Sonoda Umi podría decir tales cosas.

Umi trató de guardar la compostura pero la cercanía no ayudaba para nada.

—N- no sé de qué hablas —se defendió, pero no sonó convincente, la mayor sonrió divertida.

—Debo admitir que en un principio me sentí algo incómoda, que un extraño te diga esas cosas es algo…—la miró fijamente— pero luego analicé la carta y noté que esa caligrafía la conocía muy bien.

"¡Nunca pensé en ese detalle!" Umi bajó la mirada avergonzada, no tenía como refutar aquella deducción, sus estudios de caligrafía hacían que sus escritos sean bastante singulares.

—La verdad hace un tiempo que me sentía atraída a ti, pero pensé que estabas con Kotori.

— ¿Kotori? ¿Por qué Kotori? —Preguntó curiosa la menor—. Y yo pensaba que estabas con Nozomi —desvió la mirada.

— ¿Nozomi? Ella sólo es mi mejor amiga, pero no hay nada más.

— Con Kotori y Honoka es lo mismo, sólo somos amigas

— ¿De verdad deseas hacer todo eso conmigo? —preguntó con un tono sugerente la ojiazul, dando a entender que lo anterior estaba zanjado. Umi no podía mirarla, se sentía avergonzada. Eli se acercó y tomó su barbilla— porque si es así, no me negaría, al contrario.

Y sin decir más acortó la distancia. Era un beso lento, profundo. La lujuria se hizo presente en ambas y luego de separarse para tomar aire volvieron a buscar con desesperación el aliento de la otra. Eli quería saborear cada centímetro de piel de la chica que tenía enfrente y comenzó a bajar lentamente por su cuello.

Tocaron la puerta, pero las dos se encontraban en tal frenesí que no escucharon.

—Umi-chan, haz visto… —se detuvo al ver la escena que tenía enfrente.

— ¿Qué ocurre Kotori-chan? —preguntó Nozomi entrando al lugar y se encontró a las dos chicas en una posición bastante comprometedora—. Ara, así que aquí estabas Elichi, te estaba buscando.

—No quería interrumpir, ¡Lo siento mucho! —Kotori hizo una reverencia y huyó del lugar.

—Bueno, las dejo solas, perdón por ver algo que no debía, tomate tu tiempo Eli, te buscaba para decirte que tengo que hacer y no puedo irme contigo, nos vemos mañana chicas.

.

.

.

—Umi-chan, abre la puerta, sé que estás ahí, tu madre me lo dijo.

Umi despertó de golpe con el grito de su amiga, había tenido ese sueño nuevamente, se encontraba en su habitación, sobre su cama a oscuras. No sabía cuánto tiempo había pasado encerrada, pero debía ser bastante si Honoka se encontraba ahí, ya que significaba que no había ido a donde supuestamente se juntarían. Su teléfono comenzó a vibrar, miró de quién se trataba, al ver a aquella rubia solo colgó. ¿Cuántas veces iban ya? ¿Es que acaso no se aburriría? Quería estar sola, necesitaba pensar, pero al parecer nadie pensaba en dejarla tranquila. Escuchó pasos alejándose, era raro que su terca amiga haya decidido irse. "Mejor, no quiero darle explicaciones." Su teléfono vibró nuevamente, lo miró molesta y lo apagó. Cerró los ojos y suspiró, quizás debía tomarse unos días, irse de la ciudad y así pensar sin interrupciones. No sólo debía pensar en lo ocurrido con Eli, también estaba la oferta del Live Action de su novela que le habían dado el mismo día, había querido consultarlo con su novia – ¿O ahora ex novia? No lo tenía claro- pero dadas las circunstancias no lo había hecho. La oferta no era mala, era bastante buena de hecho, pero si llegaba a concretarse, los medios presionarían más respecto a su identidad. Había otros escritores que no habían tenido problema para ocultarla si así lo deseaban y sabía que si ella se lo proponía, podría hacerlo, pero le produciría un gran desgaste físico y emocional.

La puerta se abrió lentamente. Estaba tan absorta en sus pensamientos que no había vuelto a escuchar pasos. Honoka entró, cerró la puerta y se dirigió a su lado.

—Le pedí a tu madre que me abriera, parece que está bastante preocupada por ti, dice que cancelaste las lecciones que debías dar en el dojo.

Umi no la miraba y la pelinaranja se preocupó aún más.

—Umi-chan, ¿Qué ocurre? ¿Qué te dejó en este estado? Dime para que golpee al culpable.

La peliazul, que conocía bastante bien a la chica que tenía enfrente, sabía que no la dejaría tranquila hasta que hablara, respiró profundo y la miró con sus orbes, rojos por todo el llanto que habían soltado.

—Fue Eli. —Honoka no pudo ocultar su sorpresa— Cuando estábamos… hmm.

Umi se sonrojó y desvió la mirada, le costaba hablar de esas cosas a alguien que no fuera la rubia, la pelinaranja sonrió entendiendo a qué se refería su amiga.

—Ya sé a qué te refieres, sólo dime que ocurrió.

—Me llamó Nozomi. —Honoka iba a hablar pero Umi la cortó. — Dijo que se debía a que Nico había recibido una llamada de ella cuando estaban juntas, pero por alguna razón no puedo creerle… lo hizo cuando llegó al or- orgasmo, ¿Por- por qué más diría su nombre en ese momento?

La pelinaranja suspiró y bajó la mirada, sólo se le ocurría una idea pero estaba segura que no era lo que su amiga quería escuchar.

—Umi-chan… ¿Estás segura de que quieres saber qué pienso? —Umi asintió temerosa, Honoka la miró dubitativa y respiró hondo. — Ok, no sé cuáles serán los sentimientos de Eli-chan, pero respecto a los sentimientos de Nozomi-chan y Kotori-chan… lo sabes.

—Claro que lo sé Honoka, hemos hablado de eso antes, sabes que esa es la principal razón por la que no me he esforzado en tener contacto con Kotori, no quiero hacerle daño, aunque yo sufra manteniéndola alejada.

Umi se veía algo molesta y dolida, Honoka volvió a suspirar.

— ¿Sabes si Eli-chan sabe algo de eso? —La peliazul frunció el ceño.

—Ahora que lo dices, nunca lo hablamos.

—Hmmm —La pelinaranja tomó una pausa— ¿Tú en algún momento creíste que ellas estuvieran juntas? Porque yo, siendo sincera, sí.

—Yo también lo pensé, y se lo dije cuando comenzamos a salir, pero ella me dijo que sólo eran amigas.

—Eso no quita que no haya tenido sentimientos por ella antes, ¿No? Aunque cómo digo, no conozco sus sentimientos, lo mejor sería que ambas hablaran y fueran honestas.

Umi quedó algo sorprendida, su amiga tenía razón, lo mejor era ser honestas, hablar y decir todo directamente sin dejar espacio a evasivas o malos entendidos. Volvió a mirar a su amiga. ¿Desde cuándo Honoka tenía la razón? Movió su cabeza divertida y a la vez algo melancólica, buscó su teléfono, lo encendió y marcó, todo bajo la atenta mirada de la pelinaranja.

— ¿Aló? ¿Eli?

— ¡Umi! ¡Yo…! —la nombrada la cortó con un tono secó y demandante.

— En 15 minutos más, en el parque de siempre, nos vemos.

Y colgó. Honoka la miró con el ceño fruncido.

—Tampoco era necesario que le hablaras de esa manera, ¿Sabes?

—Si no lo hacía así, no iba a poder decirlo —respondió desviando la mirada. — Honoka ¿Tú irías conmigo? Tengo miedo.

—Umi-chan, eso es algo que deben arreglar entre ustedes, esperaré aquí por ti así cualquiera sea el resultado estaré para apoyarte, ¿Bueno?

—Bueno.

La chica de mirada dorada suspiró y comenzó a caminar, saliendo de su habitación con dirección aquel parque donde todo se arreglaría o terminaría.