Capitulo 4: Tercer prueba

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Alejandra Pizarnik

Acto primero: Dos cucharas

— ¿Solo te miras el trasero? —Nemesia estalló en carcajadas. Cornelio alineaba los papelitos de la segunda prueba le sonrió juguetón. — ¿Te miras solo el ombligo? —Sugirió nuevamente el moreno con un tono bobalicón. Elián que estaba recostado contra la pared intentando meter tabaco en su pipa lo miro.

—Estoy seguro de que es ese. —Comentó chasqueando la lengua, nunca se le había dado bien lo de llenar una pipa aunque fuera una tarea sencillísima. Nemesia no había parado de reír en todo el intercambio y si Elián no estuviese acostumbrado ya a sus ataques de risa estaría preocupado porque esta no se detuviera para respirar. Volvió a chasquear la lengua al volcar un poco de tabaco, le molestaba llenar pipas, enojado la arrojó al otro extremo de la habitación. Ninguno de sus amigos se asombro por ello, era algo de casi todos los días. Se incorporó con desgana y se arrodillo junto al ravenclaw. —Dudo que podamos conseguir mucho sin el resto de las palabras. —Señalo soplando los trocitos de pergaminos con una mueca maliciosa. Cornelio le encajo un codazo en las costillas, no obstante sonreía. Su amiga por fin se había calmado.

— ¿Cómo mierda pretendes que consigamos las otras pistas?

Cornelio Crossland soltó un resoplido: —Robándolas, por supuesto.

Elián y Nemesia voltearon a verlo con una mueca divertida.

— ¿Por qué no estás en Slytherin? —Pregunto Selwyn estirándose, su estomago lleno de cicatrices se vio apenas. El moreno se alzó de hombros, restándole interés.

—Obviamente es porque me preocupo por mis estudios.

Nemesia soltó una carcajada tan vulgar que ni siquiera un hombre debería proferirla.

—Cuéntame más de eso Crossland.

Sin embargo, Cornelio no parecía impórtale tanto la conversación que estaba intentando darle su amiga, y, en cambio, había sacado su varita de quien sabe dónde y ahora apuntaba a un punto inespecífico frente a él.

—Bien, necesitaremos: amortentia, dos cucharas y una túnica azul. —Comento escribiendo una lista en el aire con su varita. Las palabras en azul oscuro flotaban frente a él, lucia muy pensativo como si estuviera repasando su plan. Elián estiro la mano y borró las palabras como quien se deshace de humo. — ¡Hey, ¿por qué hiciste eso?!

—Estaba pensando en robarlas como última opción. —Comentó arremangando su camisa.

—Entonces, ¿Cuál es la primera opción, jefe?

Elián recogió sus rodillas contra su pecho y apoyó su cabeza en ella.

—La primera opción es…

—Entiendo lo de la túnica y la amortentia, pero, ¿para que las cucharas? —Interrumpió la Slytherin confundida. Cornelio negó con el dedo índice.

—Ese plan ya no importa, Neme.

— ¿No vas a decirme para qué las cucharas? —Hizo un mohín disgustada. Cornelio le resto interés con un movimiento de su mano.

— ¿Tu primera opción era? —Insistió.

—Negociar con las otras dos campeonas. —Dijo Elián con una gran sonrisa bailando en sus exóticos ojos ámbar. Crossland bufó desmotivado.

—Eso suena bastante legal.

—Es que lo es.

—Creo que estas muy sobrio Elián, déjame arreglarlo—Espetó el fastidiado mientras revolvía sus bolsillos, los frascos que habían en ellos tintinearon.

—Vete a la mierda, Crossland.

— ¡¿Alguien puede decirme que demonios ibas a hacer con las cucharas!? —Chilló Nemesia perdiendo la paciencia.

Elián y Cornelio respondieron con risitas.

Acto segundo: Té de rosas

Nemesia le hecho un hechizo glamour y le dedicó una sonrisa coqueta.

— ¿Sabes? Si no tuvieras esas horribles ojeras y esa sonrisa insana serias un tipo atractivo. —Dijo ella. Elián torció la boca.

—Y no te olvides de esas cicatrices que tiene en todo el cuerpo. —Acoto Cornelio que estaba recostado contra un árbol junto al lago. Nemesia negó con vehemencia.

—No seas estúpido, las cicatrices son sexys, más si son por alterar el orden público o ser un rebelde sin causa. —Señalo ella alisando la túnica de su amigo.

—No soy un rebelde sin causa, imbécil. —protesto él intentando quitársela de encima.

—Sí lo eres. Pero no viene al caso, ahora tienes que ir a seducir dos doncellas extranjeras. — y con una palmada en el trasero patrocinada por Nemesia, Elián se encamino hacia el carruaje de Beauxbatons.

Tocó la puerta del carruaje tres veces, y ante él apareció una elfina domestica.

— ¿En qué puede ayudarle Zusi, joven amo?

—Buenas tardes Zusi, ¿sería tan amable de llamar a la señorita Charlotte Moyenard?

—Por supuesto, joven amo, ¿en nombre de quien, debe Zusi llamar a la señorita Moyenard?

—Elián Selwyn, campeón de Hogwarts. —Elián formó una sonrisa resplandeciente al decir estas palabras.

La elfina abrió los ojos asombrada.

—Por favor pase y siéntese, Señor Selwyn, Zusi llamará enseguida a la señorita Moyenard.

Elián subió los tres escalones, se adentró en el carruaje y se apoltronó en uno de las sillas acolchadas del hall. El interior estaba decorado en celeste, dorado y plateado; y, si no hubiese estado tan cargado de detalles, habría sido un recibidor hermoso.

—Buenas tardes, Selwyn, ¿a qué se debe esta visita? —Charlotte estaba descendiendo de una escalera caracol que encontraba a su izquierda, su uniforme celeste iba ondeando tras ella. Elián se alzó rápidamente, haciendo una pequeña reverencia que hizo sonrojar a la campeona de Beauxbatons.

—Señorita Moyenard, no quisiera importunarla, probablemente tendrá usted mejores asuntos que atender, pero si no le es un inconveniente, ¿gustaría usted acompañarme en un paseo por los terrenos del castillo? Será breve, y quizá ambos salgamos beneficiados. — Elián dijo todo esto de un tirón, y con una sonrisa suave que no llegaba a sus ojos brillantes, y algo maliciosos.

—Oh, por supuesto que lo acompañaré al paseo, Selwyn, pero ¿la señorita Jesenvolk está de acuerdo? No quiero generar una discusión entre ustedes. —Elián dejó escapar una suave risa, no podía creer que en verdad había escuchado eso.

—No tiene de que preocuparse, señorita Moyenard, la señorita Jesenvolk y yo compartimos únicamente una amistad más parecida a la hermandad que al romanticismo.

—En ese caso, no tengo objeciones. —Charlotte sonrió, con las mejillas cubiertas de un tenue rubor, mientras tomaba una capa ligera que encontraba en un perchero junto a la puerta y se la echaba a los hombros. Elián abrió la puerta, descendió los escalones, y le tendió una mano para ayudarla a bajar. —Muchas gracias, señor Selwyn, es usted todo un caballero, no como dicen las malas lenguas de su colegio. —Cuando estuvo al nivel del suelo, la pelirroja se colgó del brazo derecho del slytherin, perdiendo de vista la dura y fría mirada que se posó por unos segundos sobre ella.

— ¿Y qué dicen esos rumores?

—Dicen que es usted un…desastre. —la muchacha alzó la vista, casi con temor, Elián le dirigió una nueva sonrisa y ella continuo con su relato. —Dicen, que usted no asiste a clases, y que pasa sus tardes escondido en pasillos que nadie conoce. Dicen que usted no merece ser el campeón de Hogwarts. —Elián respiró hondo, debía calmarse, o si no haría algo que arruinaría su oportunidad de conocer las palabras que Charlotte poseía. Sin embargo, la pelirroja se apresuró en añadir: —Pero yo creo que son todas mentiras, creo que usted es todo un caballero, y que es merecedor de participar en el torneo.

Si Elián no encontrase a Charlotte tan idiota, la encontraría adorable.

—Me alegra saber que ha hecho oídos sordos a esos rumores, pues no son más que eso, rumores falsos y maliciosos. No tenían otro fin más que desprestigiar mi persona. —El slytherin dirigió su mano izquierda hacia la mano que se encontraba sobre su brazo derecho, y la sostuvo con suavidad. —Hogwarts es un nido de envidiosos, piensan que con crearme una fama terrible harán que mis habilidades mágicas se vean reducidas o que mi nivel social se vea perjudicado, pero no pueden estar más equivocados; un hombre debe mantener la compostura independientemente de su reputación. —Charlotte lo observaba fascinada, como si las palabras que Elián dejaba deslizar de su lengua fuesen la más hermosa verdad jamás dicha. Él bajo la vista hacia ella y le disparo una sonrisa plena, amplia. —Pero también me gustaría acallar esos rumores, por supuesto. Y por ello, me preguntaba si podríamos nosotros formar una alianza. —Ante esto, Charlotte alzó las cejas, confundida. Elián comprendió que había cometido un error. —No estoy esperando que me regale las pistas que ha conseguido con tanto esfuerzo, sino que intercambiemos información. Me consta que usted es una rival digna y poderosa, pero será de ayuda mutua. De hecho, una derrota ante usted sería una derrota digna. Pienso que la señorita Shry, es una campeona fuerte, pero quedaría sin posibilidades de ser la verdadera campeona del torneo, si uniésemos nuestras fuerzas y nosotros dos tendríamos aun más posibilidades de ser los vencedores. Insisto, considero mas digno ser vencido por usted, que por la señorita Shry.

Charlotte aliso arrugas que no existían en su túnica mientras consideraba las palabras del campeón de Hogwarts. Le gustaba ese brillo travieso y esa sonrisa peligrosa que tenia Elián Selwyn, lo consideraba atractivo, interesante y poderoso. No obstante, ella no era estúpida y por mucho que se sintiera atraída hacia él y sus ojos casi amarillos, considero la idea largo rato; en un silencio meditativo que lo único que consiguió fue impacientar a Elián que prefería estar muriendo de sobredosis en un pasillo en lugar de allí. Luego de un minuto que al slytherin le supo a doce años la pelirroja asintió y clavó sus ojos claros en su rostro.

—Rien à perdre. —Susurró ella en francés, Elián estaba seguro que la frase no había tenido intención de ser oída, pero él comprendía el idioma y la había oído con total claridad. Tuvo que contener una sonrisa victoriosa. —Acepto la alianza señor Selwyn.

Él le dio, sin proponérselo, la sonrisa más sincera de toda la conversación.

—Es usted tan inteligente como la imaginaba. —Dijo. Ella soltó una risita nerviosa y Elián casi se asusto por la facilidad que tenia para seducir mujeres bonitas.

—Mis palabras son: "Espera" y "Sus"—confeso ella con una sonrisa juguetona. Elián asintió asimilando la información, empezaba a creer que las palabras que ella le había dado no eran para nada importantes, desecho la idea para no caer en su clásico malhumor. Charlotte pareció encontrar su silencio como una invitación muda para apretarse más a su brazo, la miro con seriedad y ella batió las pestañas en un gesto que pretendía ser seductor, pero, a él solo le produjo incomodidad. Contempló con cuidado la información que poseía, estaba al tanto de que la francesa sabia que solo tenía dos palabras, pero ella no podía adivinar que había conseguido ver la tercera antes de que ardiera en llamas; eso era importante después de todo la palabra "Miras" sonaba más clave que las demás. Sonrió ladinamente. Charlotte pensó que su sonrisa era de gusto y enrojeció.

Ingenua y vanidosa Moyenard.

—Las mías son: "Solo" y "Te".

La pelirroja asintió un poco decepcionada de que las palabras fueran poco reveladoras. En lo que respectaba a Elián ella había aceptado sus palabras con tanta velocidad que tranquilamente podría haberle dicho que sus estas eran "Sapo" y "Vomito", y ella lo hubiera aprobado como si fuese una verdad universal. Suspiro un poco cansado, deseaba irse de allí cuanto antes, no obstante, la campeona de Beauxbatons tenía otros planes:

— ¿Te apetece una taza de té de rosas?

Elián Selwyn tuvo que morderse la lengua para no decirle que se fuera a la mierda. En cambio, le regalo una sonrisa inocente y dijo:

—No hay nada que me apetezca más.

Acto tercero: Seducción

Ragna Shry era un hueso duro de roer.

En cuanto Elián se había acercado a ella haciendo gala de toda su caballerosidad y modales sangre pura ella había hecho una mueca despectiva.

—Buenas tardes señorita Sh…

—Ahórrate el discurso, Selwyn. Sé que viniste a hacer aquí. —Le interrumpió ella con un marcado acento extranjero. Ragna llevaba el uniforme de su colegio y el cabello sujeto en el lazo más apretado del mundo, que lo único que hacía era resaltar sus facciones aguileñas. Se había cruzado de brazos y lo observaba con desdén. Elián que sabía que la campeona era de temer tuvo que hacer acopio de todo su valor antes de retomar su táctica de "seducción".

—No sé a qué se refiere con ello señorita Shry. —Interpelo con la voz más suave y dócil que pudo pronunciar. Ragna arrugó el entrecejo y chasqueo la lengua; se descruzó de brazos.

—Detesto el teatro, tanto o quizás más de lo que te detesto a ti. Si continuas voy a romperte la nariz. —Respondió ella como si estuviera oliendo mierda, luego antes de que el Slytherin pudiera preverlo le apunto con la varita. Antes de que pudiera reaccionar, ella había finalizado su encantamiento glamour, dejando al descubierto sus enormes ojeras y su piel enfermiza. Elián parpadeó confundido, había jurado que iba a freírlo a hechizos, así sin más. —Ahora puedes hablar, Selwyn. —Indicó.

— ¿Tan obvio? —Preguntó divertido. Ragna se alzó de hombros y guardo su varita.

—Solo un idiota caería en tus redes, sobretodo luego de ver cómo te comportaste en las pruebas. —Elián sonrió aún mas, la campeona de Durmstrang le agradaba.

—Moyenard cayó.

—Moyenard no es capaz de participar en un duelo sin paralizarse.

Elián soltó una risita.

—Buen punto.

—Pero dudo que hayas venido hasta aquí solo para hablar de Moyenard, ¿verdad? —Señaló ella y comenzó a caminar. El campeón la siguió, asombrado por la clara diferencia de altura entre los dos, si él estaba cerca del metro ochenta, Ragna Shry debería estar cerca del metro ochenta y cinco. — ¿Vienes por mis pistas?

—Sí.

—Sabes que tengo en mi poder tres pistas y por ello exijo a cambio de ellas esa misma cantidad.

Elián detuvo abruptamente su caminata, quizás había subestimado a Ragna. No obstante, decidió tentar a su suerte.

—Shry, sabes que yo solo poseo dos pistas. —Acotó intentando lucir ofendido. La más alta aspiro hondo, como si estuviera armándose de paciencia.

—A diferencia de Moyenard, yo si fui participe de nuestro duelo. —Le comunico alzando una ceja.

—No veo como eso podría hacer una diferencia.

Se habían parado a mitad de un pasillo que a esa hora estaba casi vacío. Ella lo miro en silencio, escrutándolo de pies a cabeza con una mirada irritada. Elián deseo tener su varita en la mano.

— ¿Me crees estúpida, Selwyn? —Interrogó ella endureciendo el tono. Era una advertencia; Elián se humedeció los labios.

—En lo más mínimo. —Contestó con total seguridad. Ella alzó una ceja interesada.

—Se que viste la tercera pista antes de que esta se quemara. —Dijo ella en un tono duro, sus ojos brillaron amenazantes antes de que agregara: —También sabré si me mientes, ¿entiendes lo que digo, Selwyn?

—Sí.

Ella reanudó su caminata y Elián la siguió expectante.

—"Muerte", "Si" y "La". —Enlistó ella. Por toda respuesta el slytherin la miro. —Esas son mis pistas.

Él la contempló en silencio, considerando si las palabras serian reales. Sin embargo, la duda no le duro mucho, Ragna Shry parecía odiar las cosas deshonestas. Paladeo la posibilidad de mentirle solo por diversión; pero también desechó la idea porque Ragna era digna de su sinceridad y una bruja muy poderosa.

—"Solo", "Miras" y "Te". —La campeona extranjera le dio una pequeña sonrisa, muy leve, quizás divertida porque lo consideraba sincero, o quizás feliz porque tenía una idea de lo que era la última prueba. — ¿Esa sonrisa significa que caíste ante mis encantos?

Apenas termino la oración Ragna le rompió la nariz de un puñetazo.

—Te dije que te rompería la nariz, Selwyn.

Y se alejó por el otro extremo del pasillo con una sonrisa, como si nada hubiera pasado.

Elián la maldijo en silencio sin dejar de sujetarse la nariz que sangraba a chorros.

Acto cuarto: rebelde con causa

Asterion Black y Hermes Malfoy volvían de la biblioteca cuando pasó.

Ambos iban discutiendo sobre el nuevo buscador de la selección Inglesa cuando, desde el otro extremo del pasillo, una figura tambaleante y encorvada se acercó. Ambos la miraron con desinterés; no obstante, el loco del caminar raro, cuando pasó junto a ellos, lejos de esquivarlos termino chocando contra el hombro del Black; para el horror del último, manchándolo de sangre. Lo peor era que el desgraciado había continuado su andar como si nada hubiera pasado. Indignadísimo y profundamente afectado el Slytherin le envió su más potente hechizo aturdidor. El sujeto reboto contra una pared y dejo de moverse.

Hermes alzó una ceja.

—En hora buena, lo mataste. —Dijo mortalmente serio. Asterion abrió la boca sorprendido.

— ¡Ese hijo de puta me lleno toda la túnica de sangre y no se disculpo! —Espeto irritado.

—Sí, esa es una buena excusa para el tribunal. —Señalo Malfoy acercándose al "cadáver", le hizo a un lado en cabello oscuro con su varita. —Aunque, viéndose de quien se trata quizás hagan una excepción contigo. —Su amigo se aproximó intrigado.

— ¿De qué rayos hablas, Hermes?

—Felicidades, Black, mataste a Selwyn.

Asterion se inclino hacia el "cadáver" del campeón de Hogwarts, visiblemente preocupado, comprobó si respiraba.

—Está vivo. —Pero cuando se volteó hacia su "mejor amigo" este ya no estaba allí. —Hijo de puta. —Gruñó. Miró a Elián mortificado, tenía la nariz aplastada y estaba inconsciente. Debía hacerse cargo de él.

Cuando Elián Selwyn recobró la consciencia estaba contra una pared de un salón que nunca había visto y Asterion Black limpiaba su rostro inquieto. Al notar que él estaba despierto su "cuidador" intento apartarse; pero Elián se adelanto y lo sujeto de la muñeca.

— ¿Qué paso? —Preguntó confundido. Asterion se deshizo del agarre con un gesto extrañado y se secó el sudor de la frente de forma elegante.

—Te desmayaste en un pasillo, pero tuviste suerte de que yo estuviera alrededor. —Mintió. Elián asintió enderezándose, una punzada de dolor en la espalda lo hizo soltar un quejido. Asterion alzó una ceja al oírlo, ¿le habría quebrado algo? Esperaba que no.

—Asti Black, mi héroe. —Le sonrió el de ojos ámbar con una sonrisita bobalicona. Asterion quiso borrársela de un puñetazo, pero se contuvo.

—De cualquier forma, ¿Qué te paso?

Elián perdió su mirada en un banco del salón.

—Ragna Shry me dio un puñetazo.

— ¿Shry? ¿Por qué te golpeo?

—Es su respuesta a mi intento de seducirla. —Comento travieso. Asterion hizo un gesto molesto. —Mi atractivo la debe haber confundido tanto que lo único que pudo hacer fue concentrar todo su amor por mí en un golpe directo a mi nariz.

Asterion ignoro las estupideces de Elián y se concentro en lo que le interesaba:

— ¿Y que hacías hablando con ella?

El campeón de Hogwarts inclino la cabeza, en un gesto mitad cansado, mitad seductor.

—Directo al punto, ¿sin coqueteo previo, Asti querido?

—Si no paras con tus idioteces seré yo quien esta vez te parta la nariz, Selwyn.

Elián rió.

—Tu malhumor es tan caliente, Asti.

Asterion no pudo contener un gruñido.

—Por si no lo notaste ambos somos hombres.

—Un amor prohibido, me encanta.

—Responde la maldita pregunta, Selwyn.

Elián dio un par de risitas y luego hizo un ademan con su mano izquierda.

—Averiguaba acerca de las pistas que estaban en su poder.

El Black guardo su varita, interesado en la conversación. Se sentó frente a él.

— ¿Tienes idea de que puede ser la última prueba? —La única respuesta que obtuvo fue un silencio incomodo. — ¿Selwyn?

—No tengo ni puta idea. —Se carcajeo el aludido restándole importancia. Su acompañante lo miró fastidiado, ¿no podía tomar nada en serio? ¿Le resultaba tan difícil? ¡Estaba hablando de algo que pondría en riesgo su vida sin duda alguna! Se mordió el interior de la mejilla, intentando suprimir su respuesta llena de rabia. Por la mirada que le dio Elián había notado su malestar. — ¿Qué te pasa? ¿Mi actitud tan indiferente te hace enfadar, Asti? —Preguntó clavando sus ojos casi amarillos llenos de burla en él.

Asterion tuvo que medir sus siguientes palabras para no gritarle hasta dejarlo sordo:

— ¿Qué fue lo que te paso? ¡Antes eras perfecto: poderoso, inteligente, educado! ¡Lo que cualquier sangrepura aspira!

Tal vez fue el tono afectado de sus palabras, o todas las cosas que le debía a Black lo que lo hicieron ser sincero con su respuesta.

—Acabábamos de terminar tercer año cuando paso. —Su acompañante lo contemplo en silencio, temeroso de que si decía algo por más mínimo que fuese la honestidad que desprendían las palabras del campeón de Hogwarts mutara a la burla de siempre. —Fui poco prudente y conseguí que unos de esos muggles fanáticos de la caza de brujas me volvieran su blanco. Pase toda la noche ocultándome y entonces cuando pensaba que ya me tenían acorralado, otro muggle me encontró. —Elián miraba sin ver a Asterion. Hizo una larga pausa, como si se hubiera perdido en sus recuerdos. Su interlocutor no hizo nada para devolverlo a la realidad. Lo vio asentir con una sonrisita sincera. —Su nombre era William, era carpintero. Él me ayudo a ocultarme y me dio cobijo en lo que restaba de la madrugada. —Selwyn dio un largo suspiro, lucía un poco nervioso y jugaba un poco con las mangas de su túnica. —Fue muy amable conmigo, de hecho fue la persona más amable que conocí en mi vida, más que mi propia familia. —Su voz se oía un poco rota en ese punto. Asterion comenzaba a arrepentirse de preguntar. Pero Elián continuó, independientemente de su nerviosismo y la culpa del Black. —Él no creía en la magia, y aunque hubiera creído en ella…pensaba que los brujos no merecían toda esa estúpida persecución. Entonces…—Y se calló abruptamente. Le temblaban las manos y apretaba los labios.

Silencio muy tenso.

Asterion quería escuchar el resto de la historia, necesitaba escuchar el resto de la historia. Por un momento se vio enfrentándose a dos voluntades: respetar la conmoción de Elián o exigirle que continuara. Se maldijo internamente.

— ¿Entonces?

Elián se sobresaltó como si hubiese olvidado que él estaba allí. Le brillaban los ojos, pero Asterion no podía juzgarlo de seguro que los suyos también brillaban.

—Mi padre nos encontró. —Dijo pasándose las manos por el cabello. —Fue horrible, intente explicarle que William me había ayudado. Pero, no me escuchó el solo…lo torturó durante horas y…yo no pude evitarlo…fue…—La voz ahora estaba completamente rota. Elián se incorporo como poseído por un poder mayor y le dio la espalda. Respiraba agitado. —Lo hizo por gusto, Asterion, yo fui una excusa. Solo porque podía y odiaba a los muggles…—Hubo un silencio cargado de significado. El Black tenía la piel de gallina. —Si eso significa tener estatus, si es para eso que me estuvieron perfeccionando a través de estos años, ¡no lo quiero, pueden irse a la mierda! ¡Todos ellos! ¡Yo no voy a ser uno de ellos! —Estalló.

Asterion abrió y cerró la boca. No sabía que decir, la situación era muy intima y aunque se exprimiera el cerebro buscando una respuesta que confortara al campeón no encontró ninguna; al final solo se limito a secarse las lágrimas que nunca supo cuando derramo y ver su espalda en silencio.

Lo peor es que ahora sabía que Elián Selwyn era un traidor a la sangre. No obstante, no tenía ninguna intención de delatarlo ni comentarlo con nadie. Ese sería un secreto que se llevaría a la tumba. Tragó intentando despejar el nudo en su garganta.

Selwyn se había doblado sobre sí mismo y ahora lloraba sin poder ocultarlo más, Asterion que nunca se había sentido más inútil lo observo con los ojos aguachentos decidiendo si debía hacer algo como abrazarlo o acompañarlo en su llanto.

Al final lo único que hizo fue clavar sus ojos en su espalda hasta que este dejo de llorar.

Acto quinto: Claro como el agua

Había pasado una semana desde que Ragna le había roto la nariz y todavía no tenía idea de cuál era la tercera prueba. No es que hubieran pensado mucho en eso, solo se limitaban a hacer chistes estúpidos con sus pistas. En ese momento fingían, como la mayor parte de las veces, ocuparse de ello en la sala de menesteres. La habitación los había provisto de una gran pizarra y un par de sillones muy cómodos color uva, nada muy alejado de lo usual. Las pista estaban escritas en grande en una pizarra y ellos estaban desparramados por los sillones pasándose una pipa.

Cornelio estaba tratando de abrir una botella de whisky de fuego cuando Asterion y Hermes entraron a la habitación. Elián observó al primero con atención, hace una semana que lo estaba evitando, era raro que ahora se pasara por allí.

— ¿Esas son sus pistas? —Preguntó Black en el tono más suave que Elián había oído que empleara en su vida. Casi parecía que estaba tanteando el terreno. Le regalo una sonrisita despreocupada.

—Hoy estas atento, Asti.

Asterion suspiro casi tan aliviado como molesto.

—No lo escuches Black, yo pienso que eres muy listo y atractivo, muy atractivo. —Le hizo ojitos Nemesia mientras expulsaba humo por la boca. El recién llegado alzó una ceja y centro su atención en la pizarra.

—"Si miras sus _ solo te espera la muerte".

Cornelio asintió dándole un trago al whisky.

—Sí, tenemos la teoría de que es: "Si miras sus testículos solo te espera la muerte". —Comentó el moreno soltando la risotada más estúpida que Asterion escuchó en su vida.

—No tienen idea de que es, ¿verdad? —Indagó con un tono decepcionado. El trió decadente se alzó de hombros. —Si bueno, yo tampoco.

A sus espaldas Hermes chasqueó la lengua.

—Es un basilisco. —Dijo como si fuese la obviedad más grande del mundo.

Cuatro cabezas se giraron en su dirección.

— ¿Un basilisco?

—Si, Jesenvolk, un basilisco. —Se alzó de hombros.

Cornelio parecía haber olvidado su bebida y ahora lo miraba con atención.

— ¿Cómo llegaste a esa conclusión?

Hermes Malfoy alzó la barbilla arrogante.

— ¿Qué más te mata si lo miras? ¿De verdad nadie lo noto? —Silencio. —Estoy rodeado de ignorantes.

Hubo un largo silencio apreciativo, luego Elián bufó desganado.

— ¿Qué epitafio quedaría genial en mi lapida? —Pregunto divertido.

Acto sexto: Toda una comediante

Ragna se sentó frente a Elián y se sirvió dos chuletas en su plato.

—Voy a asumir que ya sabes por qué estoy aquí.

Elián y Nemesia intercambiaron una mirada extrañada.

—Porque… ¿te gusta la comida de Hogwarts? O quizás, ¿Te enamoraste de mí?

—O de mi; sé que soy irresistible. —Nemesia se alabó, llevando sus dedos largos hacia su cabello para apartarlo. Ragna la miro imperturbable.

—Es la primera vez que te veo. No te conozco, no podría estar enamorada de ti. —La rubia la observó, entre ofendida y divertida.

—Sí nos conocemos, ya sabes, fui con él al baile de navidad. —Al decir esto señalo a Elián, que las contemplaba, sin prestar atención a lo que comía.

—Oh, claro—Nemesia pareció brillar cuando fue recordada, hasta que Ragna volvió a hablar. —Eres esa chica desagradable. —La slytherin estaba tan aturdida que su tenedor había quedado a mitad de camino entre su boca y el plato. No obstante, la campeona volvió su rostro serio hacia Elián. —Selwyn, ya sabes a que nos quieren enfrentar los examinadores, ¿verdad? —Interrogó de forma brusca, cortando una de sus chuletas. El aludido mastico su comida con lentitud, Ragna no le quitó los ojos de encima hasta que trago.

—Sí, lo sé. —Dijo él buscando de reojo a Asterion, pero por alguna razón que no conocía este había decidido sentarse junto con los de séptimo. Analizó a Shry y las razones que la llevarían a increparlo tan tranquilamente, ¿quería una alianza? O, ¿achicharrarlo antes de que comenzara la prueba? Quizá iba a arrancarle la verdad a golpes. Se mordió el labio, todavía dudaba que eso estuviera ocurriendo, dudaba de que no fuera una ilusión provocada por pasarse de la raya con alguna poción de Cornelio. Al percibir que el slytherin era lo demasiado desconfiado para acotar nada más, Ragna confirmo:

—La tercera prueba involucra un basilisco.

Entonces Elián pensó que su primera opción había sido la correcta, le sonrió.

— ¿Quieres una alianza con el joven más guapo de todo Hogwarts? ¿Eso es lo que estas sugiriendo, Shry? —Sabía que Ragna no iba a romperle la nariz, por ahora, y esta vez estaba preparado para su derechazo. Ella lo contempló ceñuda.

—No, Selwyn, no quiero una alianza con él. —Dijo señalando a Hermes Malfoy a un par de asientos a su izquierda. —Quiero una alianza contigo. —Una risotada a su espalda la hizo sobresaltar.

— ¡Oh por Merlín, Shry, eres toda una comediante! —Exclamó Cornelio que en algún momento había decidido que su mesa no era tan interesante como la de los slytherins. Le paso un brazo por los hombros a Ragna y ella le envió su mirada más amenazante. No surtió efecto. Elián, se había cruzado de brazos, ofendido.

— ¡Vamos, Malfoy no es tan apuesto! —Exclamó. Un par mujeres de slytherin, incluidas Ragna, Nemesia y hasta Cornelio, lo miraron como si acabara de decir una estupidez.

—Tu autoengaño me da pena, Eli, pero tranquilo aquí tengo una poción que puede…—Y se soltó de Ragna para revolver sus bolsillos llenos de frascos tintineantes. Ragna suspiro y le clavo el codo en el estomago. — ¡¿Por qué hiciste eso!? —Reclamó adolorido.

—Mi brazo se resbalo.

—Eso es mentira tu brazo no se…

— ¿Ocurre algo, señorito Crossland? —Intervino el profesor de pociones desde su mesa. Cornelio le clavo sus ojos oscuros.

—Nada profesor, Gamblin. Estaba felicitando a la campeona Shry por sus logros en el torneo. —Respondió con una sonrisa forzada. El profesor alzó una ceja y Cornelio suspiro fastidiado; Gamblin siempre intentaba hacerle la vida imposible y lo castigaba porque se le antojaba.

—Imagino que ya estará volviendo a su mesa para continuar con el almuerzo, ¿verdad?

—Sí, sí. —Y antes de alejarse volteó hacia Elián y con un hilo de voz susurro: —Nos vemos después del almuerzo.

Silencio raro.

—Tus amigos son tan patéticos como tú, Selwyn. —Comento Ragna llevándose una copa a los labios. Elián le lanzó una mirada de advertencia. —De cualquier forma, ¿a las cinco en el lago? —Se incorporó.

—Dalo por hecho.

Y Ragna se fue.

Acto séptimo: Encanto personal

Asterion lo interceptó a la salida del comedor, lo sujetó de un pliegue de la túnica y tiro levemente, con el único fin de llamar su atención. Elián se giro hacia él interesado, estaba sin su "sombra" mejor conocida como Hermes Malfoy. Lo contempló en silencio, pero con una sonrisa divertida, ¿querría hablar de su conversación pasada?

—Tenemos que hablar. —Susurró confidente, vigilando que nadie los viera. El Black siempre era así, nunca se paseaba con él por lugares concurridos y si comía junto a él en el comedor era porque estaban en el mismo año; sin embargo, no le molestaba, sabía que Asterion Black era alguien que siempre cuidaba su reputación ya que pertenecía a una familia muy importante.

— ¿Estas embarazado o estas terminando conmigo?

Asterion alzó una ceja confundido.

—Si continuas haciendo esos comentarios comenzare a pensar que estas enamorado de mi. —Murmuró bajito y comenzó a caminar hacia el corredor, liderando la marcha a una distancia prudente para que nadie los viera juntos. Elián lo siguió con una sonrisa traviesa, eran raras las veces que Asterion demostraba su sentido del humor con comentarios como esos. El de ojos grises lo condujo a una de las aulas vacías. Cuando Elián entró, cerró la puerta y colocó un hechizo silenciador. El campeón contempló interesado cómo su compañero se apoyaba contra la puerta, avergonzado.

— ¿A qué se debe tanto misterio? —Preguntó tanteando terreno, repentinamente interesado en la conversación que quería mantener Black. Asterion tenía los ojos clavados en el suelo, buscando la manera de iniciar la conversación. Cuando Elián iba insistir en su pregunta él hablo:

—Debes ir sobrio a la última prueba.

Silencio tenso. Risita.

— ¿Disculpa? —Al oír su voz Asterion alzó la mirada desafiante, tal vez, porque había detectado la burla en ella. — ¿Desde cuándo respondo a ordenes tuyas, Black? —Pregunto tan desafiante como burlón, raras veces eran las que alguien intentaba imponerle algo con tanta soltura. Asterion chasqueo la lengua y se cruzó de brazos.

—No es una orden, es un pedido. —Dijo suavemente como si hablara con un animal salvaje. Elián inclino la cabeza y le dio su sonrisa más maliciosa.

— ¿Estas suplicándome?

Pero, su provocación no consiguió el efecto deseado: Asterion no salto directo a su cuello con la varita en alto, solo desvió la mirada incomodo. Bien, eso era por lejos, raro.

—No lo estoy haciendo.

— ¿Entonces?

— ¡Te estoy dando advertencia!

Elián parpadeo confundido.

— ¿Ahora estas amenazándome?

Asterion pareció desinflarse.

—No, ¿Por qué tienes que ser tan exasperante? —Señaló irritado. El campeón de Hogwarts se alzó de hombros.

—Es parte de mi encanto personal. —Replico entre risas.

—Créeme, eso precisamente no es parte de tu encanto.

Silencio.

— ¿Por qué iría limpio de toda sustancia a una prueba mortal? —Indagó como si lo que sugería su acompañante fuera la cosa más estúpida e ilógica del mundo. Asterion abrió los brazos molesto e impresionado. — ¿Tiene algún sentido ir sobrio a pelear contra un basilisco? —Agregó.

— ¡Si vas intoxicado a esa prueba vas a morir, cretino pomposo! —Y le apunto con la varita. Elián inclino la cabeza, el carácter de Asterion volvía a su estado natural, también sacó su varita. — ¡Es lógico ir sobrio y con un plan, Selwyn! —Un hechizo aturdidor paso a un costado suyo, Elián respondió automáticamente con dos más, pero su oponente los detuvo con un protego. Soltó una carcajada mental, por lo visto Asterion Black había dejado de subestimarlo como duelista y ahora estaba completamente concentrado en el enemigo frente a él.

—No es mi estilo, Black. —Y deshizo con un arco de su varita dos desmaius. Reconocía que Asterion era un buen duelista, pero él se sabía incluso mejor que este. — ¿Por qué habría de considerar tu petición? —Y antes de que Asterion pudiera reaccionar ya se encontraba siendo desarmado, el campeón sujeto su varita con una sonrisita socarrona.

—Lastimarías a las personas a quienes les importas. —Respondió desanimado. Elián contemplo la varita de su compañero, era castaña, derecha y con una serpiente tallada que se enredaba en el mango, era elegante y con pocos detalles, no obstante resaltaba mucho junto a su varita blanca que recordaba al marfil. Suspiro pensando en las palabras que el Black había pronunciado.

—Mi muerte será un alivio para mi familia. —Y le extendió su varita.

—Quizás, pero dañara a tus amigos. — Elián chasqueó la lengua, negándose a darle la razón. —Ve sobrio a la prueba, Selwyn.

Y antes de que el de ojeras pudiera responder Asterion ya se había marchado.

Acto octavo: una espada

Elián apareció junto con sus amigos a las cinco en el lago más sobrio de lo que quisiera y recordara haber estado en mucho tiempo. Ragna lo esperaba apoyada contra un árbol. Al verlos a todos allí hizo una mueca de desagrado, pero no comento nada. Se acomodo su capa y se acercó a ellos.

—He estado pensando, y creo que lo primero que debemos hacer es cegarlo. —la voz de Ragna se oía decidida y sin animo a réplica; lástima que estaba tratando con Elián.

—Yo creo que no, pero primero sentémonos, por favor. —La campeona de Durmstrang lo miró mal, pero tomo asiento en el suelo, con la espalda recta. Los otros tres se sentaron a su alrededor, desparramándose en el pasto. —Bien, pienso que deberíamos delimitar un espacio del cual el basilisco no pueda salir, así tendremos más oportunidades de vencerlo. Pero sí, lo segundo que debemos hacer es cegarlo. Es su "arma" más letal. O podríamos hacer las dos cosas al mismo tiempo, uno se encarga de cegarlo y el otro de trazar el perímetro.

—Es una buena idea—concedió Ragna. —pero probablemente la prueba finalice cuando el basilisco muera, así que simplemente cegarlo y encerrarlo no servirá de nada si no es un método para llegar al fin. —La extranjera se tomo unos segundos antes de continuar. —creo que tenemos que pensar un ataque conjunto, quizá una maniobra de distracción y ataque.

—Necesitaríamos algo con qué matarlo. —dijo Elián, pensativo.

— ¡Una espada!

Tres pares de ojos se posaron en Cornelio, con incredulidad.

— ¿Qué clase de estúpido enfrentaría un basilisco con una espada? —Ragna no podía creer lo que había oído, ¿no se suponía que los de esa casa de azul eran los inteligentes de Hogwarts?

—Sí, Cornelio, tendrías que dejar de leer esa literatura muggle barata; es muy poco realista. —Fue difícil oír la voz de Elián por sobre las carcajadas histéricas de Nemesia. —Y tú deja de reír, no eres tú la que morirá dentro de menos de dos meses.

—Oh, vamos, si mueres al menos te recordaremos por el resto de la eternidad joven y hermoso. — Esta vez Elián se unió a las risas de sus mejores amigos.

Y Ragna se preguntó, no por última vez, si había sido una buena idea asociarse con el campeón de Hogwarts.

Acto noveno: Gallo violeta, gallo azul

— ¡No, Shry, lo estás haciendo mal! ¡El movimiento es mas circular, como una curva feliz!

— ¿¡Como quieres que haga una curva feliz!? ¡No existen las curvas felices!

—Sí que existen, mira. —Y acto seguido Nemesia transformo un cucharon en una lanza plateada. — ¿Ves? Curva feliz, genera lanzas felices. —Ragna rechinó los dientes, le estaba costando transformar esas malditas lanzas y Jesenvolk le resultaba irritante con su método de enseñanza tan ambiguo.

—Tu forma de enseñar es una porquería, Jesenvolk.

—Será una porquería para ti, Elián ya puede transformar un almohadón en un gallo. —Detrás de Ragna, el nombrado se encontraba transformando una silla en un gallo mientras le decía a Cornelio: ¡mira! ¡Lo hice violeta! —Así que el hecho de que no puedas transformar un cucharon en una lanza es por tu propia culpa, y no por mis maravillosos métodos de enseñanza.

Ragna alzó la varita nuevamente, esta vez tratando de convertir una tabla de madera que la Sala de Menesteres había hecho aparecer frente a ella. Hizo el movimiento de varita y pronuncio el hechizo en voz alta, pero lo único que consiguió fue que uno de los extremos se volviese ligeramente plateado. Frustrada, le echó una maldición incendiaria a la madera, la vio arder hasta que se consumió. Cuando se giró, ya más calmada, hacia Nemesia, la encontró observándola con los ojos muy abiertos y la boca formando una perfecta "o". Los otros dos no se encontraban mucho mejor. La de cabello oscuro sintió su cara enrojecer rápidamente y trató de justificarse.

—Necesitaba descargar la tensión.

Y Nemesia rompió en risas, que rápidamente se contagiaron a Elián y Cornelio; y sorpresivamente, también a la misma Ragna.

—Shry, en verdad eres toda una comediante. —habló como pudo el ravenclaw. —Pero si te cuesta tanto, ¿por qué no tratas invocando las lanzas? No tienes que transfigurarlas en el predio, podemos dejar hechas una buena cantidad y lo único que tendrías que hacer seria invocarlas.

Los demás presentes lo observaron fijamente.

—No podías decir eso hace tres horas, ¿verdad? Ya sabes, cuando comencé a practicar el jodido hechizo. —en el rostro de Ragna se podía ver una extraña mezcla entre resignación, enojo y diversión. La campeona de Durmstrang se dejo caer en uno de los mullidos sillones color uva que no habían sido convertidos en gallos y estiró los brazos. Guardó silencio durante unos segundos. —Ustedes son curiosos, ¿saben? Jamás imagine que pudiese ser remotamente interesante pasar tiempo con ustedes, y sin embargo lo encuentro…agradable.

—Gracias Shry, es reconfortante saber que puedes luchar contra los prejuicios sinsentido, nosotros no somos más que victimas de los rumores. —dijo Elián, con una sonrisa ladina.

—No son sinsentido. Ustedes dan pena y son bastante patéticos, pero siguen siendo interesantes.

Hubo un silencio extraño.

—No sé si sentirme atacada o halagada. Estoy confundida.

—Eso deberás decidirlo tú. —Dejo escapar un largo suspiro y enfoco su mirada en un gallo pequeñito que Elián acababa de transformar a partir de un zapato robado de Cornelio, el gallo le estaba analizando con sus pequeño ojillos oscuros. —Lo único que me preocupa es Moyenard. —Comento con voz cansina. Elián se detuvo a mitad de su encantamiento.

— ¿Por qué te preocupa?

—Asumiendo que cuenta con pruebas inútiles y aunque contara con la misma información que nosotros, sería un estorbo. Por lo visto no puede reaccionar a situaciones que le den miedo o le provoquen estrés. — Negó con la cabeza, su voz adquiría un tono extranjero mucho más marcado cuando daba una explicación, no obstante a Elián le sorprendía lo bien que hablaba el idioma. Ragna se cruzó de piernas. — Seria un problema si intentara interferir en nuestro plan, aunque tampoco es como si existiera una forma de neutralizarla. —Finalizó restándole importancia a sus palabras con un movimiento de manos.

—Puedo neutralizarla convirtiéndola en un gallo. —dijo Elián, moviendo de forma sugestiva las cejas. Ragna lo miro impasible.

—No vas a convertirla en un gallo. —durante unos segundos solo se oían el cloqueo de los gallos; Ragna sonrió de forma ladina. —Además, sería una gallina, no un gallo.

Los otros tres comenzaron a reír. No obstante, el campeón de Hogwarts no pudo sacarse esa observación de la cabeza.

Acto décimo: Verde vomito

Charlotte Moyenard se sonrojo cuando lo vio en la puerta de su carruaje. Él lo único que se limitó a hacer fue darle una reverencia y una gran sonrisa. Ella se prendió tan rápido de su brazo que lo hizo tambalear un poco. Ambos se mantuvieron en silencio hasta que llegaron al lago, donde Charlotte se detuvo y se soltó de su brazo más roja, si cabía. Se acomodo un mechón de cabello rebelde tras la oreja y le dijo:

— ¿Descubriste cual es la tercera prueba?

Elián apreció lo directa que había sido la campeona, no tenía ganas de dar muchos rodeos, sobre todo cuando aun tenía que aprender esos hechizos de barrera para delimitar la zona. Finalmente se decidió por asentir modestamente. Charlotte sonrió tan amplio que Elián comenzó a temer que realmente ella estuviera enamorada de él; esperaba que no, porque si así fuera lo que iba a hacer a continuación sería mucho más cruel e inmoral de lo que ya era.

—La tercera prueba es combatir contra un cancerbero.

La pelirroja considero sus palabras no muy convencida aunque estuviera encandila por el joven frente a sus ojos. Luego alzó la cabeza y extrañada pregunto:

— ¿Cómo estás tan seguro de eso?

Elián tuvo que contener su mueca traviesa tan característica, ya había pensado en eso, esa era una de las cosas buenas que tenia tener la mente libre de toda sustancia: podía pensar con total claridad, y sus deducciones y conclusiones tenían más sentido; aunque esa también era una de las cosas malas.

—Hable con Shry, intercambiamos pistas. —Charlotte al oírlo junto las cejas tan celosa como desconfiada. Iba ser que realmente estaba prendada de él. Se apresuro a continuar con su argumento. —Ella me sugirió formar una alianza, pero yo la rechace. —Se alzó de hombros y la tomó de la mano, la francesa se dejo hacer mansamente. —Lo importante es que descubrí que la frase entera es: _sus tesoros solo te espera la muerte.

— ¿Y porque crees que es un cancerbero? Podría ser una esfinge o un griffin.

—La verdad, no quería decirlo porque es un método bastante sucio. Pero…—Hizo una pausa dramática, la pelirroja la observaba atenta, sin perder detalle. —Leí la mente de Saturno Seillan, averigüe su rutina y le leí la mente. —Charlotte abrió la boca visiblemente impresionada.

—No, no lo hiciste. —Dijo negando con una gran sonrisa. Él soltó una risotada, era gracioso porque en parte era verdad. Ella tomó esa risa como una confirmación honesta. — ¡Si lo hiciste! ¡No puedo creerlo, pudiste haber sido descalificado! —Se carcajeo ella fascinada. Luego le clavo sus ojos azules y le dio una larga mirada de exploración. —Eres un chico malo Elián Selwyn. —Y se inclinó hacia él. A Elián el gesto lo tomó por sorpresa, pero Charlotte había usado esas palabras con un tono similar al desafío y él no se echaba atrás en un desafío; era muy orgulloso.

—Sí, ese soy yo un chico muy malo. —Y antes de que pudiera impedirlo la campeona de Beauxbatons se puso de puntillas y lo beso. Asombrado, Elián vio como ella cerraba los ojos y esperaba ser correspondida, ¿Qué se suponía que estaba haciendo Moyenard? ¿No se daba cuenta de que eran rivales? Correspondió al beso desconcertado e incomodo por partes iguales, ¿Quién hubiera dicho que Moyenard era tan atrevida? De repente esa poción de color verde vomito que le había ofrecido Cornelio esa tarde se le antojaba tentadora.

Acto décimo primero: Reacción biológica

Entro en la sala de menesteres restregándose los labios. Ragna y Asterion se veían disgustados por su retraso. Pero el los ignoro y fue directo a la botella de lo que sea que fuese que había sobre una mesilla y le dio tres tragos.

— ¿Qué te pasa? —Preguntó Cornelio que se percibía asombrado porque estuviera bebiendo agua por voluntad propia.

Elián arrugó la nariz, asqueado.

—Moyenard me beso, creo que está enamorada de mi.

Todos estallaron en risas a excepción de Asterion, que solo se cruzó de brazos y dijo:

—Moyenard es realmente estúpida.

Acto décimo segundo: El verdadero héroe aparece

El cañón sonó, y un silencio tenso lo precedió. Los tres campeones ingresaron al inmenso predio donde transcurriría la tercera y última prueba del torneo de los tres magos. Ragna y Elián se miraron desde sus posiciones, opuestas en el campo. Alzaron las varitas al mismo tiempo e invocaron cada uno una escoba, a las que se subieron de un salto.

Elián recorrió de forma veloz el campo, y rápidamente encontró lo que sería la salida por donde aparecería dentro de unos minutos el basilisco. Los coordinadores de la pruebas les habían advertido que tenían siete minutos antes de que la criatura fuese liberada para hacer los preparativos.

— ¿Qué está haciendo la idiota de Moyenard? —Ragna se había acercado a Elián, mientras observaba cómo Charlotte se encontraba parada en medio de la nada, con una lira en la mano. Elián sabía perfectamente qué era lo que planeaba la francesa, pero prefirió simplemente alzarse de hombros, desentendiéndose del asunto. —Bueno, no importa, sólo espero que no haga nada estúpido y que se mantenga lejos. —La campeona de Durmstrang giró en su escoba y lo encaró, mientras escuchaban a lo lejos como la gigante piedra se movía con lentitud. El basilisco estaba por ser liberado. —Si alguien me hubiese dicho al principio del torneo que estoy por decir esto, le habría roto la nariz, pero: que gane el mejor. —Elián le sonrió de forma sincera. —Y por favor, no mueras Selwyn.

—Lo mismo para ti, Ragna.

Cuando Elián dijo esto, oyeron el sonido sibilante del basilisco, cerraron los ojos y al mismo tiempo, convocaron un halcón cada uno. La idea era que mientras uno de los halcones lo distraía, el otro debía atacar los ojos asesinos de la serpiente. Se mantuvieron quietos unos minutos, mientras oían los sonidos agónicos del basilisco, hasta que Ragna abrió los ojos.

—Elián, ya puedes mirar…terminemos con esto de una jodida vez.

El nombrado le hizo caso, y lo primero que encontró fue una serpiente gigante, sacudiéndose espasmódicamente y golpeando su enorme cuerpo contra las paredes invisibles que ellos había delimitado. Lo segundo que vio, fue a Moyenard con los ojos y los puños muy apretados. La lira había caído hacia el suelo.

—Al parecer Moyenard no se moverá de donde se encuentra.

Luego de decir esto, Elián se precipitó hacia abajo, mientras Ragna se dirigía hacia el basilisco. El plan era que mientras Ragna atacaba al basilisco con lanzas, Elián ayudaba a mantenerlo a raya convirtiendo piedras y otros objetos en gallos; pues si había algo a lo que los basiliscos temían, era al canto de los gallos.

El ataque parecía ser eficaz, los gallos cloquearon y corrieron asustados. El aire se llenó del miedo de los gallos y del basilisco. Ragna arrojaba lanzas que iba convocando, no parecían hacerle mucho daño al basilisco, pero algo era algo. Todo estaba bien.

Hasta que ya no lo estuvo.

Elián observo de reojo como la cola feroz del basilisco se precipitaba con rapidez hacia Charlotte. Y si bien el era un hijo de puta, tampoco podía dejar morir a la joven así como así, sobre todo cuando tenía un poco de la culpa.

Todo ocurrió muy rápido.

El campeón de Hogwarts lanzó un hechizo y donde antes había una joven pelirroja, ahora se encontraba una gallina de plumaje marrón; pero por ello mismo la cola de la serpiente casi lo golpea. Como pudo maniobró en el aire, casi cayendo de la escoba. Convirtió otra roca en gallo, y estaba por transfigurar otra cuando sintió su corazón paralizarse por un segundo. Al desconcentrarse, Moyenard había vuelto a su forma humana.

—¡Moyenard, cúbrete!

Pero era muy tarde; la descomunal cola del basilisco la había golpeado, enviándola directo a una piedra. Desde donde él estaba, Elián podía ver como la sangre manaba inescrupulosa de la cabeza de la francesa. Estaba muerta, no había duda.

—¡Moyenard! —El gritó de Ragna resonó como un cañón por sobre el bramido infame del basilisco, que la atacó en ese momento. Se alejó como pudo de él y ascendió. Elián la siguió.

Por los dioses, esto era una pesadilla. Mientras subía hacia Ragna, Elián pudo oír como los examinadores y los directivos trataban de controlar a la bestia y acercarse a Charlotte. Habían quitado la primera barrera. El campeón de Hogwarts se colocó al mismo nivel que la campeona de Durmstrang.

— ¡Ragna! ¿Te encuentras bien? ¿Qué ocurrió?

La nombrada alzó la vista y fijo sus ojos en los contrarios.

—Me distraje cuando golpeo a Moyenard. —Su voz sonaba rota, forzada; removió la mano derecha de su antebrazo izquierdo. Un enorme colmillo se encontraba incrustado en él. —Ese monstruo va a pagar. —Con ferocidad, Ragna tomo el extremo del colmillo y tiró, arrancándolo. —Y más te vale hacerlo pagar tú. Nos la debes a Moyenard y a mí. — Tras decir estas palabras, Ragna desmontó de su escoba y antes de caer la convirtió en una lanza que arrojo a Elián para que la tomara. Y se precipitó hacia el suelo.

Mientras caía, Ragna gritaba. No gritaba de miedo, pues sabía que de cualquier forma el veneno la mataría en pocos minutos; tampoco gritaba por el dolor que estaba segura que sentiría al estrellarse contra el suelo aunque tuviese todo el cuerpo cubierto de runas de protección. No. Gritaba de rabia, y porque sabía que el sonido distraería al basilisco enceguecido de los movimientos de Elián. Porque él no podía morir, al menos uno de ellos tenía que vivir. Uno tenía que salir campeón.

Elián la vio caer con el corazón en un puño y la lanza dorada en sus manos. Si uno de los dos debía morir, tenía que ser él, no Ragna Shry, quien era poderosa y justa. No, Ragna Shry que le había roto la nariz y luego accedido a ser un equipo con él a pesar de todo. Sintió ganas de llorar, ganas de detener la caída de Ragna y vengarla. Sin siquiera pensarlo sujeto la lanza, que por fin su rival había podido transformar, con ambas manos y apunto. Luego de medir la distancia se dejo caer de su escoba. Desde ahí solo fue dejarse llevar.

Cuando la lanza se enterró en la cabeza del basilisco Ragna ya estaba en el suelo, con las piernas destrozadas cual muñeca de porcelana. La serpiente al recibir la herida se agito, solo los segundos necesarios para asimilar su muerte, pero fueron los segundos necesarios para que la última barrera cayera, dos directivos se vieran impulsados por los coletazos del animal y para que Elián Selwyn saliera propulsado de la cabeza del monstruo.

Ragna lo vio estrellarse a unos metros de ella; a pocos centímetros de él se desplomó el basilisco. La campeona dejo escapar un gemido adolorido, necesitaba comprobar si Elián continuaba vivo. De esa forma aunque tuviera las piernas destrozadas y el cuerpo le doliera como si le estuviesen azotando con mil látigos, se arrastro hasta el slytherin. No obstante cuando estaba solo a medio metro comprendió que los brazos ya no le responderían y se detuvo. Le dio un vistazo a la espalda de Selwyn tan lejana y suspiro intentando mantenerse consciente.

— ¿Dónde está? —Reclamó su atención una voz. Mareada alzó la vista hacia Asterion Black, este lo miraba con un gesto preocupado y tenso. Ella sonrió y le indico la dirección en donde yacía el campeón de Hogwarts. Él olvido por completo su presencia y corrió junto a Elián.

— ¡Shry! —con esfuerzo, la heroína de Durmstrang giró su cabeza hacia la persona que la llamaba, encontrándose con Nemesia y Cornelio. Los recién llegados se sentaron a su alrededor.

—Crossland, Jesenvolk. Un placer verlos. —Ragna les dirigió una sonrisa voraz, mientras Cornelio trataba de contener los sollozos que salían de su boca y Nemesia la contemplaba en completo shock.

—Joder, no abras la boca Shry, tenemos que llevarte a la enfermería, y tienes que comer un bezoar, si tenemos suerte eso contrarrestara el veneno del ba…—pero la risa de Ragna detuvo la triste suplica de Cornelio.

—Tú y yo sabemos que eso no servirá de nada, el jodido veneno no tiene cura. —Cornelio comenzó a llorar, y Nemesia pareció salir del trance uniéndose al llanto. Ragna dejo escapar una única lágrima. — ¿Saben? Su estúpido colegio está equivocado. Ustedes no son una decepción. —Ragna podía sentir como sus extremidades iban durmiéndose lentamente, dejando de doler. —Ustedes son las personas más brillantes que tuve la desgracia de conocer.

Y Ragna dejo escapar una sonrisa. Una de esas sonrisas tan suyas, que parecían decir que ella había nacido para comerse al mundo o salvarlo. Dejo escapar una última sonrisa feroz, salvaje.

Y su corazón dejo de latir.

Acto décimo tercero: Amistad

Cuando abrió los ojos reconoció automáticamente el techo de la enfermería. Confundido intento enderezarse, su columna le envió un gran latigazo de dolor que le hizo retractarse de la idea. Antes de que pudiera inspeccionar sus alrededores se vio sorprendido por un asfixiante abrazo. Cornelio y Nemesia estaban tratando de romperle las costillas al mismo tiempo. Como pudo y con un hilo de voz dijo:

—Hola. — Sus amigos se apartaron para verlo. Ambos tenían los ojos brillantes como dos pozos llenos de agua fresca. Trago saliva, incomodo, sentía la garganta seca y le dolía absolutamente todo. — ¿Qué fue lo que me paso? —Preguntó con la voz ronca.

Nemesia le sujeto la mano, era un gesto inusual en ella, seguro le había hecho dar un gran susto. Tras de ella vio a Asterion parado observándolo con atención. Esperó una respuesta que tardo en llegar, cuando finalmente la obtuvo fue de parte de los labios del otro slytherin:

—El basilisco se encargo de partirte la columna, un par de costillas, y las piernas y también te hiciste un gran tajo en el brazo derecho. —Elián contemplo su cuerpo, tenía una venda en las costillas, pero el tajo del brazo era solo una tenue cicatriz, no muy diferente de muchas otras que salpicaban su cuerpo. Se pregunto si podría caminar, pero Asterion fue rápido en despejar esa duda. —Por suerte podrás caminar y con un poco de práctica podrás hacerlo como si nada hubiera pasado, los sanadores se esforzaron mucho para arreglar tu columna. — Selwyn asintió poco convencido, el Black también se notaba bastante incomodo. Dirigió su mirada hacia las camas vacías de la enfermería. Suspiro aliviado.

— Asumo que estuve mucho tiempo inconsciente o que las heridas de Ragna eran menores…

Silencio. Lo que cortó el silencio fue un sollozo de Nemesia. Elián la miro desconcertado, ¿Por qué demonios estaba llorando? ¿Y porque nadie le decía donde estaba Ragna? Desesperado taladro a Cornelio con la mirada, no obstante este bajo la cabeza mientras una lagrima silenciosa se deslizaba por su mejilla. Asterion le colocó una mano sobre el brazo al verlo perdido.

—Ragna murió luego de ser mordida por basilisco. — Elián lo contemplo impresionado, y como si esas palabras fueran una llave maestra los recuerdos de su última prueba se deslizaron por su mente: Charlotte con el cráneo destrozado, Ragna aventándole su escoba convertida en lanza, Ragna precipitándose al vacio, el lanzándose contra el basilisco. Cerró los ojos dolido y cuando los abrió las lágrimas se derramaron de estos como cataratas. Apreciaba a Ragna Shry, maldita sea, había pasado un mes y medio entrenando con ella para esa maldita prueba, y aunque la campeona se quejaba y solo tenía comentarios ácidos era agradable e inteligente y en algún punto había llegado a considerarla su amiga. Y ahora estaba muerta en lugar de él. Sus amigos decidieron que era un buen momento para reanudar su apretado abrazo grupal. —Felicidades, Selwyn, ganaste el torneo de los tres magos. —Le susurro Asterion.

Acto décimo cuarto: A Elián Stravos Selwyn nadie le dice que hacer

Criseida, quien curiosamente había desaparecido de su alrededor por la mitad casi todo el año, los encontró junto al lago arrojando piedras. Se paro tras de ellos con los brazos en jarra y se aclaro la garganta, la miraron interesados. Ella tomo eso como un pie para comenzar a hablar:

—Selwyn, mi padre decidió reanudar nuestro compromiso. —Espeto furiosa, la rabia impregnando cada una de sus palabras. Elián que había volteado a encararla alzó una ceja curioso. A su lado Nemesia era retenida por un extrañado Cornelio. —Felicidades, lograste tu cometido.

Elián chasqueó la lengua.

—No tienes que preocuparte por eso, Crisi. El compromiso ya no me interesa. —Se alzó de hombros. Ella pestaño confundida. —Puedes metértelo por donde no te da la luz, en lo que a mí concierne.

Criseida se torno tan roja que Asterion que miraba todo en silencio recargado contra un árbol pensó que iba a explotar.

— ¡¿Hiciste todo este escándalo para luego humillarme así!? —Chilló ella apuntándole con su varita, estaba muy furiosa. Sobre todo, porque los estúpidos amigos de su ex prometido le sonreían burlones. — ¡Mi padre nunca debería haber reconsiderado nuestro compromiso! ¡Eres tan patético que das pena! —Exclamó lanzándole un par de hechizos que el slytherin desvió con un movimiento de varita.

—Puedes decirme cuan patético soy cuando te hayas enfrentado a un basilisco y salido con vida, Travers. —Dijo desarmándola. Nemesia y Cornelio festejaban dando vítores a toda voz. —Tú no me dices que hacer, tú padre no me dice que hacer, ¡Ni siquiera mis padres me dicen que hacer! —le sonrió burlón. Criseida no podía creer tal atrevimiento, haría pagar al chiflado de Elián Selwyn a como dé lugar. —Ahora si sabes lo que te conviene, darás la vuelta y no volverás a aparecer nunca en mi rango de visión. — Dictaminó aventándole su varita, esta cayó a sus pies. Criseida lo miro con los ojos llorosos del odio.

No dio ninguna respuesta, solo sujeto su varita y se alejo de allí intentando llevar cada uno de los trozos de su dignidad hecha pedazos consigo. Mientras se acercaba al castillo todavía parecía escuchar los gritos burlones de los amigos de Elián, retumbándole en los oídos.

Hubo un espeso silencio que fue interrumpido por una risita.

— ¡Criseida debe estar revolcándose en su tumba ahora!

—Travers no está muerta, Crossland.

—Cállate Malfoy.

Elián volteo hacia ellos con una sonrisa relajada, no cambiaria a sus amigos por nada del mundo. Entre risas se aproximo hacia ellos para seguir perdiendo el tiempo como correspondía.

Fin

,.,.,.,

Bueno llegamos al capitulo final, en la semana vamos a estar subiendo un breve epilogo.

Esperamos que le haya gustado aunque sea un poco a alguien y todavia soñamos con comentarios :)

Besos