Disclaimers: Los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling y son utilizados sin intención alguna de lucro.


–No tienes de que preocuparte –acarició su mejilla.

–No estarías diciendo lo mismo si hubieses estado en el lugar de Hermione… o en el mío, no puedes irte así, Ron, simplemente no puedes hacerle esto a ella, ninguno de los dos puede lastimarla más de lo que amarnos lo hace.

–Sé que ella no tiene la culpa, pero…

– ¿Tienes hambre? –lo interrumpió.

–No, a decir verdad Luna me dio un almuerzo bastante justo –se encogió de hombros.

–Realmente estabas con ella.

–Sé que no te agrada, pero sí, estaba con ella; Luna siempre ha sido mi mejor amiga, a pesar de ser un año menor que yo.

–Bueno, no fui la única que pensó que dejaste a Hermione por ella, después de todo, fue la única a la que le permitiste entrar a sanar tus heridas después de ese accidente.

–Mamá fue la que…

–No estoy hablando del dolor físico, Ronald, sino del dolor emocional ¿estás seguro que ya no te afecta de ninguna manera el hecho de perderlo todo?

–No lo he perdido todo –sonrió besando sus labios de una forma lenta –te tengo a ti, Ginny, y eres todo lo que necesito en mi vida para que sea perfecta.

–No podemos hacerles esto –negó.

–Deja de preocuparte por los demás, Ginny, también soy consiente del daño que les hacemos, pero ellos…

–Ellos no nos están haciendo ningún daño, Ron, se objetivo por primera vez en tu vida, ni mamá ni papá nos están haciendo nada, ellos jamás pensaron en que dos de sus hijos se enamorarían cuando fueran unos tontos adolescentes, que teniendo un mundo de personas fueron exactamente a fijarse en quien no debían, esto va más allá de un amor platónico, Ron, esto realmente va a dañar a más personas.

–Los más lastimados somos nosotros ¿no lo has pensado? Ellos van a sufrir, pero no al grado que lo haremos nosotros, porque ellos no saben lo que es amarse como lo hacemos, y dudo que al menos por una vez logren amar de la manera en la que al menos yo te amo, ellos no van a ser capaces de sentir por otra persona ni un mínimo de todo el amor que siento por ti.

Se alejó de él, no quería discutir, no quería arruinar las cosas, porque para su desgracia le había tocado el papel lógico en esa imposible relación, Ron se permitía sentir aquello sin ningún tipo de remordimiento, sin importarle lo que pasara a su alrededor, no comprendía que lo bonito de ese amor se evaporaba al momento en que comenzaba a dañar a las personas cercanas.

Estaba de acuerdo que en no fue una decisión que tomaron de forma consiente, simplemente… llegó el día en que las caricias por delicadas que él le daba producían algo más que afecto en ella, que de la nada se descubrió deseando ser la novia de su hermano en lugar del mejor amigo de él; ese afecto entre ellos que había comenzado desde muy pequeños, un día dejó de ser tan inocente, de la nada encendió un infierno imposible de apagar.

Encontrarían la manera de sobrevivirlo sin perderse en el intento.

Se sentó a la mesa del comedor frente a su portátil y comenzó a escribir un ensayo que le habían pedido como requisito para entrar a la capacitación, necesitaba treinta mil palabras en él, no es como si un ensayo fuera tan largo, pero no pondría objeción, tampoco era como si no pudiese hacerlo.

–No vas a volver a dirigirme la palabra –interrumpió su escritura.

–Estoy haciendo un ensayo –contestó sin verlo, no quería mirarlo, todo su autocontrol se iría al mismo infierno que habían creado hacía años atrás.

–Así que soy la verdadera causa de que te escondas en el trabajo ¿no es así? De esa manera ya no tendrás que mirarme, no tendrás que ir a casa… y sabes que mis padres comprenderán el hecho de que su pequeña princesa ahora esta buscando su propio castillo.

–No, no eres la verdadera causa por la cual no voy a casa, se todo de tu relación.

–Saber todo de mi relación no te hace saber todo de mí.

–Pues según un estudio en psicología discrepa en tu argumento –comentó mientras aun seguía escribiendo sobre su ensayo –según expertos en la materia dicen que tu comportamiento con tu pareja da mucho a saber de tu personalidad de igual forma que tan feliz fuiste en tu infancia y como influyó tu alrededor en tu vida actual.

–Entonces dime, por medio de mi relación con Hermione ¿cómo influyó el hecho de que me enamoré de mi hermana a los once? –soltó.

El familiar escalofrío volvió a recorrer su espalda, me enamoré de mi hermana a los once, fue lo único que su mente repetía.

–La psicología es un arte barato –se quejó cruzándose de brazos –se puede saber tanto de una persona por medio de la psicología lo mismo que se puede saber porque los dragones son tan míticos por medio del feng shui.

–Estoy trabajando –murmuró y observó su escrito, en algún momento había comenzado a transcribir lo que Ron le había estado argumentando.

–De nuevo ese maldito aparato –se quejó Ron.

–No es el mío –contestó.

–Oh, disculpa –sacó el suyo de la bolsa de sus jeans y frunció el ceño –no tengo mucho tiempo, así que espero que sea rápido –se puso de pie y fue a una de las habitaciones desocupadas.

Ginny dejó de escribir y observó sobre su hombro, escuchaba los susurros pero no distinguía nada de lo que su hermano decía, hasta que el timbre sonó, se puso de pie y abrió un tanto incrédula, nadie tocaba en su apartamento, todas las personas que iban de alguna manera habían obtenido una llave de repuesto, porque se suponía que Hermione era la única que poseía una, y bueno, Lavander, pero ellas eran sus mejores amigas, era normal.

– ¿Cómo va todo? –interrogó Draco frente a ella.

–No sé de que hablas, en todo caso, no comprendo que haces aquí.

–Tomando en cuenta que tenemos que trabajar juntos, deberías pensar en darme un duplicado.

–Tendría que estar loca para hacer algo así ¿Qué haces aquí?

–Alastor no te ha hablado, me dijo que lo haría, según no se le olvidaría hacerlo, debió informarte hoy por la mañana.

–Tal vez lo intentó –frunció el ceño como gesto de confusión.

–Debo suponer por ese gesto que no le contestaste.

–Lo hice, si lo hice, contesté, pero… -observó sobre su hombro, Ron aun no había regresado, así que salió con Draco.

–Hay alguien que no puedo ver medio desnudo en tu cama –argumentó.

–No, mi hermano recibió una llamada, no quería importunar.

–De acuerdo, entonces déjalo solo, ven –hizo un movimiento haciendo que su cabello rubio se agitara un poco para indicar que la siguiera.

–Claro –tomó su abrigo y cerró despacio.

Draco Malfoy no le caía bien. Eso era lo que le había dicho a Ron, pero lo cierto es que sí le caía bien, era una persona bastante peculiar, no era ni el más gracioso del mundo, mucho menos era amable, dulce y encantador, pero no había duda de que era una persona real.

A comparación de los demás habitantes del mundo, y no asegurando de que fuera el único, Draco decía lo que pensaba en cuanto lo pensaba, no se andaba con enredaderas en caminos llanos, y eso era lo que le agradaba de él, además del hecho de descubrir que amaba el trabajo de la misma manera en la que ella lo amaba.

Caminaron distraídos hablando de todo, menos por lo que él había ido a su apartamento, terminó contándole la razón por la cuál no había hablado con el Sr. Moody.

Lo observó atenta sonreír, habían estado hablando de incidentes en algunos casos que habían llevado con anterioridad, claro, cada quien en sus respectivos trabajos, y de la nada había estado sonriendo como una idiota al ver la sonrisa amplia de Draco.

– ¡Ginevra! –golpearon el vidrio de la cafetería junto a ellos.

Giró asustada para ver el rostro de su hermano pegado al cristal tanto como pudo, tenía la respiración agitada, no llevaba abrigo y las cosas afuera estaban cerca de dos bajo cero, sino más.

Ambos se pusieron de pie, Draco pagó la cuenta y se acercó al pelirrojo con gesto preocupado.

– ¿Qué ocurre? –de la nada le costaba respirar.

–Lo mismo pregunto, me ocupo un maldito minuto y desapareces, pensé que algo serio había pasado –observó a Draco.

–No pudiste tomar ni siquiera un maldito abrigo, Ronald –lo golpeó en el brazo.

–Estaba más preocupado por ti que por el maldito clima.

–Toma –dijo Draco quitándose su abrigo.

–Oh, mi príncipe azul –se burló Ron y sus ojos se entrecerraron en odio puro.

–Vas a darle gusto a ella –pronunció sin alteración en su voz –al final de cuentas, es la razón por la cual estoy ofreciéndote mi abrigo, bella damisela en peligro.

–Gracias –le sonrió Ginny.

–No estoy agradecido –aclaró Ron.

–Pero yo sí, en serio, muchas gracias.

–No te he dicho la razón por la cual fui a tu apartamento –le recordó.

– ¿Qué? ¿Entonces de qué hablaron tres horas? ¿Del vuelo de las mariposas y como se posaban de flor en flor? –frunció el ceño.

–Aahh… De algo parecido a eso –se encogió Ginny de hombros –en todo caso ¿Con quien hablabas tú que necesitaste privacidad? Por eso no invité a pasar a Draco.

–No me incomodaba, es mejor tener vigilada a ésta serpiente.

–El león cree que todos son de su condición –puso los ojos en blanco.

–Te veré en la oficina mañana –lo sujetó del brazo –muchas gracias por el té.

–Un placer –dijo en tono tan neutral, que le parecía casi imposible imaginarlo sonriendo, tal vez… lo había imaginado.

Ron se puso a regañadientes el abrigo de Draco, se quejó todo el camino diciendo que le daría salpullido o cualquier cosa repugnante, ella sólo negó, pero tenía una sonrisa tonta en los labios, amaba a su hermano, no había duda de eso, y amaba verlo quejarse de esa manera, al igual, cuando algo le molestaba, no dudaba en decirlo, sin importar, y le había demostrado que cuando amaba a alguien, era capaz de decirlo sin miramientos, y era capaz de todo, por demostrarlo.

Se quitó el abrigo antes de mitad de camino, ella se lo quitó cuando intentó tirarlo en un sesto, le gruñó enfurruñado por no permitirle hacerlo y ella lo reprendió llamándolo chiquillo consentido.

La sujetó de la cintura y la pegó a él, acercó su rostro al de ella uniendo sus frentes, su nariz estaba roja, sus labios temblaban un poco a causa del frío, aunque quisiera aparentar que no tenía, y unió sus labios a los de ella en un suave beso, sin importarle estar a mitad de la calle, se detuvieron a mitad de la acera, mientras la gente los esquivaba para pasar, nadie los llamó pervertidos, nadie se detuvo ni siquiera un instante para mirarlos, todo siguió su camino, pero el mundo se había detenido un segundo para ellos, aunque el resto del mundo, ni siquiera lo notase.

–Te amo, Ginny –y volvió a besarla.

Sus manos subieron por el pecho de su hermano hasta su cuello, lo sujetó por las mejillas y continúo el beso lento, saboreando el momento, sintiendo la suavidad de los labios de Ron, sus mejillas ardieron cuando la sujetó de la cintura para acercarla a él.

En ese momento, todo le pareció posible.

Llegaron al apartamento de Ginny con una sonrisa y tomados de la mano, se giró para colocar el abrigo de Draco en el pechero y se dedicó a desabotonar el suyo para colocarlo junto.

–Muero de frío –dijo estremeciéndose Ron e introdujo sus brazos al abrigo de Ginny rodeando así su cintura –así que sé una buena hermana y dame un poco de calor –la besó de nuevo.

Rodeo las caderas de él con sus piernas mientras sostenía las mejillas congeladas de Ron y lo besaba, llegaron al sofá quedando ella a horcajadas sobre él, que pegó sus labios helados a la curva entre el cuello y el hombro de Ginny, haciéndola echar la cabeza hacía atrás, las manos de Ron acariciaron el cuerpo sobre la ropa, aproximándola más a él.

–Tranquilo –murmuró agitada Ginny cuando se percató de la erección debajo de ella, él sólo sonrió besándola de nuevo.

No tenía intención de detenerle esta vez, el mundo se había detenido un instante para ellos, ella podía detener a su inútil sentido común para estar con él, aunque no fuese correcto llevar la ya complicada relación a un acto sexual, no había nada en el mundo que deseara más que estar con Ron, deseaba el contacto con él, quería oler a él, pero era algo que jamás pasaría, la única vez que casi paso, él fue atropellado, había sido algo tan espantoso, que el fémur se había estrellado, la tibia y el peroné se habían separado tanto uno del otro como del fémur y los metatarsos habían sido fracturados, no entendía cómo es que había quedado bien, sin cojear, sin usar bastón, había quedado bien, pero jamás iba a poder jugar fútbol, era la única secuela de aquel accidente, que ella había provocado al escapar antes de que él la poseyera completamente.

Gimió cuando lo sintió introducir sus manos debajo del sweater de cachemira de rayas plata y verde que tenía puesto.

–No pienso detenerte ésta vez –murmuró en su oído al mover las caderas permitiendo sentir completamente la erección entre sus piernas.

Había estado esperando ocho años por ese momento, lo había intentado con sus antiguos novios, pero en el momento en que las cosas deberían pasar a más, los detenía, de la misma manera en lo que había detenido a Ron otras ocasiones, pero no esta vez, si quería ser suya, que mejor manera que esa.

La mano de Ron se colocó en su sexo y sintió la presión de sus dedos en él, haciéndola gemir, se quitó el abrigo y lo arrojó al otro sofá, rodeo el cuello para poder besarlo más violentamente, quería provocarlo más de lo que ya estaba, quería que su primera vez con él fuera algo diferente, no era la clase de chicas que buscaba que la llevaran a un lugar repleto de velas, con champagne, y pétalos de rosa en todo el lugar, quería que fuera con el hombre de su vida, en un momento correcto, desbordando toda la pasión que era capaz de sentir.

–Hermione –murmuró Ron besando su cuello.

Los ojos azules se abrieron de golpe al sentir el aire llegar a su rostro, el vació en su regazo lo dejó aturdido, Ginny estaba de vuelta junto al sofá, colocándose su abrigo.

–Déjame explicarlo –se levantó apresurado hasta ella –Ginny, déjame explicártelo.

–No hay nada que explicar, comprendo…

–No, no comprendes, tengo años diciendo su nombre en lugar del tuyo, tengo que reprimir mis palabras para no llamarla por tu nombre y así arruinar las cosas, tengo que mantener los ojos abiertos mientras estoy con ella porque en cuanto los cierro apareces tú en su lugar…

–Nunca te he pedido una explicación, de hecho, jamás suelo pedirlas, porque lo único que pueden escupir las personas son absurdas excusas.

Azotó la puerta de su apartamento cuando salió, utilizó las escaleras, pero en lugar de bajar, las subió, así no la encontraría en caso de seguirla, lo cual hizo, porque lo escuchó gritarle y bajar desesperado.

–Eres una estúpida, Ginevra –y se golpeó la cabeza con la barda.


Hola, bueno, tengo que agradecer en serio sus reviews, espero que éste capítulo siga siendo de su agrado, muchas gracias: ja-pucho, Im Unloveable, R0llercoster, This is Chewbacca y Dellaween