Disclaimers: Los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling y son utilizados sin intención alguna de lucro.
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Ron condujo hasta la casa de Luna y Neville, el trayecto fue largo y tenso, había preferido escuchar todos estos años las quejas de Luna. Ginny había intentado defenderse de esas acusaciones. Nunca le dejo. Peor. Nunca le creyó. Y es que Luna era una chica tierna e inocente, incapaz de mentirle de esa manera tan vil.
Entró por la puerta del callejón. Por fortuna, ninguno estaba dormido aun, Luna seguía con los ojos hinchados y rojos. Vaya hipocresía.
-¿Volviste a pelearte con Hermione? -preguntó burlón Neville.
-Con toda mi familia, de hecho -se sentó a la mesa frente a Luna.
-¿Con todos? Eso es nuevo en ti -le sonrió un poco la rubia -¿puedo saber por qué?
-Por defenderte, por supuesto.
-¿Defender a Luna de tu familia? Eso es nuevo, la adoran.
-Lo sé, pero el comentario de Ginevra...
-Ya veo, los puso de su lado -gruñó Neville poniéndose de pie para poner el plato vacío que estaba frente a Luna en el fregador.
-En realidad estaban un poco indignados con Ginevra, cuando se los comenté, pero... Todo cambió cuando Draco Malfoy, intervino.
-¿Draco Malfoy? -frunció el ceño confundido Neville.
-Es amigo y compañero de Ginevra del trabajo -comentó.
-Me imagino que busca metérsele entre las piernas a tu hermana, por eso la defendió.
-Lo mismo creí -admitió y observó a Luna de soslayo -justificó de una manera muy interesante porque Ginevra, se comportó así.
-A eso se dedica -gruñó Neville -a justificar a quien le pague ¿no?
-Lo mismo pensé -volvió a darle la razón –hasta que la conversación salió de la grabación de su celular -murmuró haciendo que Luna se tensará –y escuchara que el comentario de mi hermana sólo fue consecuencia del instinto de preservación –Neville no dijo nada, se había quedado callado, observando a Luna y después a Ron. Al parecer. Neville tampoco imaginaba a Luna siendo capaz de provocar la furia de alguien.
-Luna –pronunció su marido.
-Harry vino a hablar conmigo –se justificó –me dijo que tenía que separar a Ron de ella, que estaba llevándolo a un nivel de miseria. No iba a permitir que...
-Son mis decisiones, Luna –contestó Ron –fui hasta el apartamento de mi hermana a reclamarle su actitud para contigo, y para tu tranquilidad, me dijo que no me quería más cerca de ella, que me largara, que no volviera a buscarla.
-Ron, sé que estás enojado, pero verás que con el tiempo...
-Con el tiempo nada, Luna –golpeó furioso la mesa y se puso de pie –no voy a perdonarte jamás que me hicieras actuar como un monstruo con ella, le dije que era incapaz de sentir empatía, dolor emocional.
-Pues no te equivocaste.
-No, por el contrario, hizo caso a tu petición de que se alejara de mí, esta vez quien me ha unido a la miseria has sido tú, Luna. Le provoqué dolor físico, para que se asemejara con tu dolor emocional, y no sólo fui capaz de herirla físicamente, sino que quebré todo dentro de ella –se acercó a ella –te deseo que seas muy feliz, Luna. Pero será la última vez que veas, creo que la mala influencia en mi vida siempre has sido tú.
-Ron –lo llamó pero no se detuvo.
Regresó al auto y condujo hasta un bar, quería ahogarse en alcohol hasta que lo idiotizara y se le olvidara el monstruo que era. Había hecho que su hermana menor le viera con otros ojos, había sido siempre él quien la besaba primero, el que la convenció de que ella lo amaba, y ahora. Había sido un estúpido idiota al dejarla así, al preferir la versión de una amiga en lugar del amor de su vida. En eso. En eso Draco le llevaba ventaja, Malfoy jamás había dudado de Ginny. Draco amaba más a Ginny de lo que él lo hacía.
Y eso le desgarraba el pecho de una forma tormentosa y cruel. Él. Ronald Weasley, que le había dicho a ella que nadie en el mundo la amaría de la forma en la que él la amaba, se estaba estrellando contra un muro de concreto sólido.
Había en el mundo alguien quien amaba más a su chica, a su hermanita. Y ella lo amaba también. Supo desde el primer momento en que los vio juntos en la oficina de Ginevra. Esa forma en que ella le sonreía a Malfoy, la forma en la que actuaba a su alrededor. Esa Ginny de la que él se enamoró. Claro que lo amaba a él, lo amó en su momento. Lo amaba ahora, sólo que no con la suficiente intensidad con la que amaba al rubio. Ginny no podía ser feliz con Draco porque se sentía avergonzada, ella prefería estar sola a engañar a Malfoy. Ron era ese impedimento para que ella fuese feliz.
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-Quiero que hablemos –murmuró Draco y se acostó frente a ella.
-Yo no quiero hablar –murmuró con la voz ronca.
-Alastor me lo dijo –estiró su mano para acariciar la mejilla de la pelirroja.
-No puedo, Draco –lloró ante el contacto –tú lo dijiste, tú hiciste que admitiera todo.
-Lo sé –acarició su brazo.
-Mantenerme fuerte. Mi madre siempre me lo dijo. Fuerte como un roble. Ellos mueren de pie, orgullosos por lo que brindaron al mundo ¿qué le brindé yo al mundo? Nada.
-Me has dado una perspectiva diferente de vida.
-¿En qué? –Se burló –la única perspectiva que te he dado es la de una relación incestuosa. En el fondo sientes asco, de que fuera capaz de estar con mi propio hermano.
-En la antigüedad era normal.
-No estamos en la antigüedad –reprochó ella.
-Lo sé, no te juzgo por de quien te enamoraste, sino porque renunciaste a todo.
-Él lo dijo –se burló –que terminar con todo iba a consumirnos, lo hizo, Draco, nos consumió todo el amor que sentíamos uno por el otro. Esa llama ardió tanto, que consumió todo a su paso. Perdí las ganas de seguir levantando todos los pedazos. ¿Para qué recoger la miseria en la que estoy hecha? Sí va a llegar alguien más a derrumbarlo todo.
-No creo que lo sigas amando, Ginny. Tal vez lo hiciste. Pero...
-No hay peros –se burló –desperté y supe que todos tenían razón sobre mí. Que debí detenerme antes de saltar a la nada sin un paracaídas, sin que nadie estuviese ahí, para detenerme y reunir lo poco que quedaba de mí.
-Lo hiciste, brincaste a la nada sin mirar atrás, y eso es muy valiente.
-Me siento vacía y miserable, como jamás antes me había sentido. Toda esa miseria...
-Sé cómo se siente eso –sonrió de lado –cuando mi padre se suicidó, creí que no había nada por lo cual vivir, mi madre perdió la razón, era un niño asustado, proveniente de un hogar roto, mis padres habían creado un imperio de mentiras que se desquebrajó hasta los cimientos. Me sentía perdido. A nadie a quien recurrir. He vivido de las apariencias toda mi vida, soportando las elecciones que ni siquiera yo hice, me sentía tan miserable, que no valía nada, hasta que decidí sujetar las riendas de mi vida, hacer mis propias cosas, cometer mis propios errores, y la miseria no se iba, seguía ahí, sigue ahí, opacada por mis esfuerzos constantes de no dejarme caer, tenía que obligarme a levantarme todos los días, día tras día a lo largo de todos estos años. Hasta que una chica pelirroja apareció por mi sala de juntas, luciendo tan entera, como si el mundo no pudiese quebrarla –Ginny sonrío.
-Parece que te equivocaste.
-No, decidí que en mi vida. Quería tenerla a ella, luchar por ella, así me costará todo el oro y el tiempo del mundo. Tú. Ginevra. Pusiste de cabeza mi mundo. Desapareciste esa miseria que me carcomía, y aquí estoy, dispuesto a ser quien levante todas esas piezas rotas.
-Sólo para derrumbarlas de nuevo –las lágrimas llenaron sus ojos.
-Me contaste la razón de tu vergüenza, y sigo aquí. Dispuesto a amarte hasta que sea un anciano. Sólo necesito que quieras estar conmigo, e incluso, sino lo quieres, voy a juntar todas esas piezas rotas, sólo para tener de vuelta a esa chica alegre, despreocupada y preciosa.
-¿Y si no puedo ser de nuevo esa chica que quieres? –él sonrió.
-Eres capaz de lograr todo lo que te propongas, me enamoraste a mí, sin ni siquiera proponértelo. Imagina el mundo de posibilidades.
Ginny sonrió, pegó su rostro al pecho del rubio y dejó que la abrazara, lloró como jamás lo había hecho. Lo necesitaba. Para limpiar toda la miseria que sentía.
Se quedó aferrada a él, recostada junto a él a la mitad del suelo de su apartamento, con todo a su alrededor roto y desordenado, demostrando como se sentía en el interior.
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-¿Te ha dicho algo? –preguntó George a su madre cuando colgó el teléfono.
-Que está bien, todo bien –sonrió –Van a mudarse a la Isla Wight.
-¿No te dijo Draco que pasará? ¿Moody aceptó la renuncia de mi hermana?
-Al parecer lo hizo, pero Draco está como jefe de esa oficina.
-Así que Ginny no va con él como compañera de trabajo –sonrió George.
-No, irá como su pareja.
-Es asombroso –admitió con una sonrisa.
-Él es un buen chico, me agrada –admitió la señora Weasley.
-Lo sé, un Malfoy en la familia, jamás hubiese apostado a favor de eso hace unos años.
-Nadie –admitió su madre.
-¿No te dijo si Ron ha intentado hablar con ella? –su madre suspiró.
-Sí, la ha buscado, pero Draco no creyó conveniente que se vieran. Ginny no quiere verlo.
-Se le pasará mamá, ellos volverán a llevarse bien, sabes que ésta conducta en ellos es normal, primero se pelean y quieren matarse, después se les olvida y vuelven a ser tan unidos como siempre.
-Tienes razón, también me dijo que cenemos juntos, para festejar la mudanza, no quiere que vaya Ron –añadió.
-¿Cuándo es la cena? –interrogó George.
-Hoy, a las ocho. En el restaurant más exclusivo de Londres –alardeó la mujer.
-Sin duda quiere ganarte, mamá –se burló el chico –aprovechemos el momento –le guiñó un ojo.
La señora Weasley, su marido y sus hijos gemelos se alistaron para el festejo, habían hablado con Hermione al respecto, y ella se había negado a asistir, no porque estuviese enfadada, sino más bien, no quería dejar solo a Ron. Aun así. Deseo un feliz viaje a Draco y a Ginny, y mandó felicitaciones por su recién estrenado romance.
El camarero los llevó hasta la mesa que el rubio había reservado, era un lugar bastante amplio, con detalles aristocráticos por doquier. Todos sonrieron. La mesa era circular, las sillas eran de madera de caoba con el asiento acolchado, bordadas con hilo dorado. Todo estaba perfectamente acomodado en figuras geométricas.
-Alguien aquí es obseso del orden –se burló Fred y tomó asiento junto a su hermano gemelo, que observó a todos lados.
-La parejita aun no llega –comentó George cerciorándose bien.
-Bueno, están estrenando romance, Georgie, es normal que estén empleando su tiempo bastante bien –se burló Fred.
-Basta de eso, chicos, es un lugar público, si bien no me incomoda que hablen de esos temas es porque siempre es en privado.
-Yo sólo decía que Ginny y Draco deben estar ocupados en eso de la mudanza, y con su recién estrenado romance, están viendo que casa les gusta –sonrió el gemelo con indulgencia.
-Como si no te conociera, George Weasley –rezongó su madre.
-Es la mala fe que nos tienes, mamá, sólo eso.
-No tendría mala fe en ustedes si no me diesen motivos para desconfiar de cada cosa que dicen y hacen, no sé si actúan de forma honesta y desinteresada o sus planes llevan otros planes ocultos entre los pliegues de su piel.
-Eso es injusto, mamá –dijeron al unísono los gemelos en tono digno.
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-Luces hermosa –murmuró Draco besando el cuello de Ginny para después besar su hombro. Le sonrió al reflejo.
-Aún me siento un poco incómoda, para ser honestos.
-¿Incómoda con qué? –La giró hasta él –sigues siendo tú. Sigues siendo hermosa.
-Lo dices sólo porque estás intentando quedar bien, Draco Malfoy –se hizo la digna –no porque realmente lo creas.
-De acuerdo, luces horrenda –se burló –me dará una pena que me vean contigo.
-Bien, vayamos, mis padres se desesperarán de tanta espera –se alejó un poco de él y le sonrió –gracias por todo esto, Draco.
-Sólo llamé para hacer la reservación, ellos se encargarán del menú. Además. Quiero quedar bien con tus padres.
-¿Y con mis hermanos no? –enarcó una ceja.
-No, con ellos no –se encogió de hombros.
El trayecto fue tranquilo, como hubiese sido antes de que le confesara quien era su amor imposible, Draco no había sido cruel con ella al juzgarla, y si se sentía asqueado de ella. No lo había demostrado en ningún momento.
Arthur Weasley estaba un poco desesperado cuando ellos llegaron, le dedicó una mirada seria a su hija y después sonrió al ver al rubio.
-¡Draco! –Exclamó George llamando la atención de los demás – ¡Oh, cuanto me alegro de volver a verte! –sonrió entusiasmado.
-Pero que bien lucen juntos ustedes dos –sonrió Fred levantándose y abrazando a Ginny y a Draco –pero son tan guapos que opacarían a la monarquía –se burló.
Ginny observó a sus hermanos un poco confundida ante su actitud con Draco, no creía que fueran capaces de llevarse tan bien, era eso, o estaban siendo sarcásticos.
-Gracias chicos –les dedicó una pequeña mueca de desconcierto.
-Pero que dices, siempre es un placer ver a tu guapo novio –George hizo un ademán.
-Perfecto –comentó Draco con una sonrisa impecable en el rostro, sacó un par de billetes y se los dio a los gemelos –la han dejado completamente sorprendida.
Ginny observó a Draco incrédula y lo golpeó en el pecho de forma delicada.
-Pensamos que no vendrían –murmuró el señor Weasley.
-Me costó convencer a su hija de que lucía hermosa así –se encogió de hombros Draco –y de que el un short de pijama y unas pantuflas no eran el outfit decente para una cena.
-Mentiroso –lo golpeó con una sonrisa.
-No lo hago –sonrió a los demás Weasley.
-De acuerdo, George y yo apostábamos a que la razón era otra –sonrió.
-¡Fred! –chilló su madre.
-¿Qué, mamá? Pensamos que se les había pinchado un neumático en el trayecto, tú siempre pensando mal de nosotros –giró el rostro con fingida indignación haciendo que la señora Weasley se pusiera roja.
-Había un poco de tráfico, además… mi apartamento está un poco lejos de aquí –argumentó el rubio apenado –ha sido mi culpa.
-Te lo dije –canturreó Fred y George le devolvió el dinero que le había dado Draco hacía unos minutos.
Ginny sonrió cuando notó lo bien que Draco se desenvolvía en las charlas con sus hermanos y sus padres, jamás lo había visto así de relajado con otras personas, siempre ponía su barrera invisible, que casi nadie lograba derrumbar, y ahora. Estaba sentado a la mesa de un lujoso restaurant siendo él mismo, charlando como si se tratase de un niño pequeño. Feliz de que hubiese personas interesadas en lo que había ocurrido en su día, de que preguntaran su opinión de las pequeñas cosas. Insignificantes, tal vez. Pero aun así. Pedían su opinión.
-Voy a tener que arreglármelas sin ti, Ginny –suspiró su madre.
-Puedes venir a la Isla cada que quieras mamá, igual los demás –sonrió.
-Lo sé, Draco ya no lo había dicho, pero aun así no será lo mismo, la vida mía y de tus hermanos está en Londres, comprendo que tú tienes que seguir tu propio camino.
-Así es mamá, por eso mismo no quería decirles nada, porque no era muy seguro, y ya sabes…
-Comprendemos –sonrió el señor Weasley.
-Hermione te ha mandado felicitar, no ha venido, prefirió quedarse con Ron –sonrió la madre de Ginny –tengo que decírtelo, sé que estás enfadada con él y que por el momento no quieres saber nada de él y respeto tu decisión, pero es tu hermano, y si no lo haces por él, quiero que lo hagas por Hermione y por mí, Ginevra.
-No quiero verlo, mamá, no por el momento.
-Tendrás el tiempo, te mudas, Hermione quería tu ayuda para los preparativos.
-¿De qué? –interrogó Draco observando a la mujer.
-Al parecer, Ronald –comentó Fred –decidió que es momento de ponerse serios y le propuso matrimonio a Hermione, la noche que fuiste –se dirigió a Draco –nos fueron a comunicar la feliz noticia.
-Me alego por Hermione, lo ama –murmuró Ginny.
-Quiero que vengas a la boda, Ginevra –ordenó Molly Weasley.
-¿Qué tan pronto será? –Draco la observó, el dolor en su mirada fue algo que no le gustó ver –porque tenemos que instalarnos y la oficina y…
-Tranquila –Draco sujetó su mano –no necesitas comenzar con el estrés ahora.
-Tienes razón –fingió una sonrisa.
La velada para Ginny ya no volvió a ser tranquila, por el contrario, tuvo que tragarse todas las lágrimas y fingir una sonrisa para que su madre no supiera lo que realmente estaba pasando, no quería que las cosas salieran a la luz.
El trayecto fue lento y silencioso.
-Quiero ir a mi apartamento ¿no te molesta?
-No tendría que molestarme, pero… para ser honestos prefiero no dejarte sola, Ginevra, la buena noticia no es tan buena para ti, lo noté.
-Despreocúpate –suspiró –sólo quiero tener tranquilidad de poder guardar mis cosas en las cajas, sé que eres de ayuda, pero… por favor.
-Bien –contestó a regañadientes.
Se recargó en la puerta en cuanto Draco se despidió, observó todo el caos, los papeles esparcidos por el suelo, los trozos de vidrio, negó cansada y fue por una escoba para comenzar a recoger todo.
-¿Es que olvidaste algo acaso, Draco? –abrió la puerta un poco molesta.
-Sí, olvidé algo y no soy él –le sonrió tímido Ron.
-Creí que te había quedado claro que no quiero volver a verte, Ronald.
-Malfoy ya nos dijo que pasó, Luna ya me explicó…
-¡Largo de aquí! –lo golpeó en el pecho.
-Sé que te enfada la manera en la que le defiendo, pero no más, Ginny, no más –avanzó entrando a la casa y cerró la puerta –le he dicho que no quiero volver a verla jamás, que no voy a perdonarle lo que dijo de ti.
-No me importa lo que dijeras. Quiero que te largues de aquí y no vuelvas.
-La que se irá eres tú ¿no? ¿Por qué no me dijiste que te irías? –reprochó.
-De la misma manera en la que me dijiste de tu boda ¿no es cierto?
-Estaba molesto, fue impulsivo y tonto lo que hice.
-No vas a retractarte –contestó.
-Dime que quieres que lo haga y lo haré –la sujetó de las muñecas y la acercó a él –voy a hacer lo que quieras que haga para que estemos juntos, Ginny.
-Ya es tarde para eso –se burló.
-Claro que no lo es, aun puedo…
-No vas a hacerle eso a Hermione, ella no lo merece.
-Siempre deteniéndonos por los demás ¿y qué de nosotros? Me amas, te amo, esto ya ha ido demasiado lejos como para que cada uno siga su propio camino, Ginny y lo sabes, si no estamos juntos vamos a perdernos, y no sabremos cómo encontrarnos de nuevo.
-Te lo digo en serio.
-Ginny por favor, tú me amas, lo sé, puedo sentirlo –la besó furtivamente pero fue perdiendo intensidad hasta convertirse en un suave beso, en uno cálido.
Las manos del pelirrojo descendieron de las mejillas de ella hasta dibujar su cintura y sus caderas, de igual manera sus labios habían descendido, buscando la curva entre el cuello y el hombro de Ginevra.
-Te pedí que huyeras conmigo –musitó ella con los ojos cerrados –esa noche te pedí que huyeras conmigo y no lo hiciste.
Los labios de Ron se quedaron pegados a la piel del cuello de su hermana.
-No quisiste huir conmigo –lloró.
-Estaba ebrio –se justificó.
-No lo hagas, no justifiques las cosas –Hermione me lo dijo, me lo confirmó, estás enamorado de ella ¿no lo ves? Te ha pedido que la dejes y sigues con ella…
-¿Te dijo que lloriquea cada que comienzo a hacer mis maletas? –La observó serio –eso no te lo dijo ¿cierto?
-Ya no me importa nada, Ron, sólo te quiero fuera de mi vida, déjame sola. Eso es lo que quiero.
-No hay nada que puedas hacer para que deje de amarte, Ginevra, quiero que lo sepas, nada –volvió a cunar el rostro de ella entre sus manos y volvió a besarla.
Rodeo el cuello de Ron después de unos minutos, cuando no dejó de besarla, la pegó más a él.
Correspondió cada uno de los besos que Ron le había dado, cada una de las caricias y cada una de las miradas de amor que él le otorgó mientras la hacía suya, porque eso era, era de él, y aunque quería serlo para siempre, no lo sería, había tomado una decisión. Y no había vuelta hacia atrás.
-Aun así quiero que te vayas –murmuró cuando él le besó delicadamente el cuello.
-Creí que…
-Lo lamento, me juré que no volvería a caer en tus palabras de amor, pero en algo tenías razón, Ron. Esto nos destruyó, sólo quedan ruinas de lo que alguna vez fui, pero… no voy a quedarme aquí y dejarme derrumbar, y tú deberías hacer lo mismo.
Comenzó a vestirse, lo observó, se había quedado sentado sobre la mesa, con la vista perdida y esos hermosos ojos azules cubiertos de lágrimas. Por fin lo había entendido. Iban a seguir su propio camino sin importar más.
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Ron se alejó bruscamente cuando Hermione intentó abrazarlo, la chica lo observó confundida, había estado huraño, pero jamás a un grado así.
-Me dirás lo que te ocurre –murmuró ella.
-No me ocurre nada, es sólo que no puedo creer que ella no quiera verme.
-Comprendo a Ginny –se burló.
-Además aceptó ese trabajo, para irse y no verme.
-No seas dramático, no lo hizo por ti. Ronald, además, Ginny renunció hace una semana.
-Eso quiere decir que no se irá de Londres –sonrió.
-No, sí se irá, pero no por trabajo.
-Se mudará lejos, para no verme ¿Por qué me dices que renunció entonces?
-Por qué lo hizo, aun así, va a mudarse con Draco, me alegra que por fin se decidiera a darle así –le sonrió a Ron –vamos, no me digas que no lo sospechabas, esos dos tenían enredándose desde hace tiempo ¿cómo no lo notaste? –rió.
-Porque cuando te lo pregunté me dijiste que no, y no dude de ella cuando me dijo que no.
-Bueno, pues te lo digo.
-¿Desde cuándo? –observó a la castaña.
-No lo sé, desde navidad sino antes ¿a quién le importa? Ya están juntos.
-A mí me importa ¿dónde están? –la castaña hizo un gesto enfadado.
-Ron, no soy la niñera de tu hermana –le recordó.
-Pero si su mejor amiga –soltó molesto.
-Se van en unas horas, fueron a despedirse de tus padres y después irían a ver el bote que Charlie le consiguió a Draco.
Ron salió enfurecido de la casa, condujo el auto de Hermione hasta la de sus padres, todos estaban alegres, había una botella de champagne sobre la mesa, un par de copas vacías.
-¿Dónde está Ginny? –interrogó enfadado.
-¿Ahora que te dijo Luna? –frunció el ceño George.
-Esto no tiene nada que ver con Luna, sino con Malfoy.
-Claro ¿ahora qué le inventarás a Malfoy? –reprochó Fred.
-A él, no, a ella, no puedo creer que todo este tiempo estuviese viéndonos la cara de idiotas a los dos –caminó de un lado a otro enfurecido.
-¿Estás bien, Ron? –interrogó su madre al verlo bien, se veía demacrado, las bolsas en sus ojos se veían moradas y el cabello enmarañado no le daba buena pinta.
-¿Cómo puedo estar bien, mamá? –Chilló –todo este tiempo ha estado con ambos al mismo tiempo, nos hizo amigos ¡Sabía que ambos la amamos y aun así nos hizo amigos! –chilló enfurecido.
-¿De qué estás hablando, Ronald? –preguntó Charlie, que había llegado de Rumanía por asuntos de trabajo.
-¿Qué? ¿Nunca lo notaron? –Se burló –todos son unos idiotas –se frotó la nariz con la mano izquierda con desesperación –me acostaba con ella, sí, estoy hablando de su adorada Ginny y no, mamá, no, no es una depravación, no lo hicimos sólo para saber cómo se sentía el sexo, lo hice porque en realidad la amo, mierda que si la amo, no me importó que me arrojara contra un autobús cuando casi le hago el amor por primera vez, pero no puedo creer que jugara conmigo de esa manera, no, y menos ese bastardo de Malfoy, él tendría que saberlo, pero si no lo sabe, voy a dejarle claro que ella sólo es mía. Y que arda en el infierno por ello entonces.
Ninguno reaccionó rápido cuando Ron desapareció de la cocina y fue hasta el auto de Hermione, condujo hasta donde Hermione le había dicho que estarían, y sí, ahí estaban, tomados de la mano, él sonreía divertido y ella tenía una sonrisa tensa.
-Ginevra –la llamó molesto.
-Te dije que…
-Te pregunté si te acostabas con él y me lo negaste ¿Por qué intentaste hacernos amigos si sabías lo que pasaba? Sólo te faltó invitarlo a la cama con nosotros.
-Eres un imbécil –soltó Draco.
-Tú cállate, quiero que me lo digas, ¿Qué fue lo que pasó con nosotros hace una semana? Sólo una despedida ¿no?
-Ron –suplicó y detuvo a Draco con la mano, para indicarle que ella se encargaría de la situación.
-Dímelo –la sujetó de las mejillas –dímelo por favor ¿me amas?
-Sí, lo hago –admitió.
-Entonces vámonos, por favor –suplicó pero ella negó.
-No voy a hacerlo, Ron, te lo dije, lo que pasó entre nosotros terminó.
-¿Lo amas? –observó a Draco.
-Lo hago –admitió.
-¿Lo sabe? ¿Sabe que nos amamos nosotros?
-Sí, lo sé –admitió Draco.
-Y sigues con ella –se burló –mierda –observó a otro lado.
Ron besó los labios de Ginny y la soltó, le otorgó una sonrisa a Draco y se acercó a él, alejándolo un poco para que ella no los escuchara, la plática no duró más de un minuto.
-Ron –lo nombró cuando pasó frente a ella -¡Ron! –chilló cuando no se detuvo.
-Ginny –la sujetó Draco de la mano.
-No, no está bien, no puedo dejarlo ir así, Draco –le sonrió –no voy a dejarte, no caeré en sus chantajes de nuevo, pero no puedo dejarle así.
-Ginny.
Ginny corrió para alcanzarlo, lo sujetó de los brazos para que no avanzara.
-Por favor –le suplicó –no te vayas así, déjame hablarle a Hermione o a alguien que venga por ti.
-Ya lo saben –la observó –se lo dije a todos, lo siento –se encogió de hombros.
-Vamos a solucionarlo, todo terminó, diremos que bromeabas que…
-Prométeme que en otra vida haremos todo lo que en esta nos faltó hacer juntos.
-¿De qué demonios estás hablando? –chilló y las lágrimas cayeron por sus mejillas.
-Te estoy diciendo que te amo, Ginevra, y que si quieres que sigamos cada quien por su lado necesito decírtelo, sé que Malfoy te merece más de lo que yo lo hago, es un gran tipo, sigue a tu lado a pesar de todo ¿no? –Limpió sus lágrimas –se feliz con él, Gin-Gin –sonrió, esa sonrisa cálida.
-Me estás dando tu aprobación –sollozó.
-Sí, te estoy dando mi aprobación, y una cosa más –besó sus labios de nuevo –si existe una vida después de ésta, déjame encontrarte en ella –sonrió.
-Tenlo por seguro –sonrió.
-Ve con él.
Ginny pasó junto a Ron, pero se giró para abrazarlo de nuevo.
-¡Ginny! –gritó Draco al escuchar la detonación de un arma.
¡Hola! Bueno, como todos ya saben, éste es el capítulo final, muchas gracias por su apoyo, por sus reviews: Im Unloveable, R0llercoster, Lynette P. Broderick, This is Chewbacca, Funeralcolor y Dellaween, gracias por agregar la historia a sus favorites y a sus follow, muchas gracias por ello. Ya tenía escrito el capítulo desde hacía unos días, pero como hoy es el cumpleaños de mi amiga y autora (como ella dijo de mí) Muffliat0, decidí subirlo éste día en su honor. Gracias por todo.
