Seré sincera, iba a abandonar éste fic. No llegaba la inspiración y pues me desvié en el camino empezando otros. Pero ahora terminaré éstos o no me dejo de llamar… jejej ;)

Gracias a todos a quienes dejaron Reviews, de no haber sido por ustedes no estaría de vuelta aquí.

Capítulo

3

La lluvia repiqueteaba en los cristales de la pequeña sala de Bobby. Jody escuchaba una vieja canción mientras empezaba a cocinar pasta y el viejo cazador revisaba un libro rezando porque esa pasta fuera mejor que la anterior. Casi los había enviado al hospital pero él y los muchachos fingieron que había sido el platillo más delicioso de la vida y que había valido la pena por completo casi morir con dolor estomacal.

Pero suponía que Castiel se había excedido con la pantomima al comer dos platos lo cual le tenía algo delicado hasta ese entonces.

Ese último mes había sido mucho más simple que los anteriores. Castiel tenía ya una idea general de todo lo que era ser humano, y parecía mucho más cómodo con la idea. Ya no había días malos, e incluso acompañaba a Sam a algunos casos o ayudaba a Bobby con las investigaciones. Sólo con esto último estaba de acuerdo Dean, ya que cuando descubría que Cas estaba inmiscuido en algún caso que implicaba riesgo daba el grito en el cielo.

-¡Oh, claro, cuidado le hagan un rasguño a tu precioso Cas! –decía Bobby, cuando Dean exageraba.

Para evitar que los acompañase en cacerías peligrosas y evitar que se sienta un inútil el cazador pasó un par de semanas enseñándole a Cas a armar y desarmar un auto. A reparar un motor y todo lo demás.

Fue de esa forma que el depósito de autos y el taller ya cerrado de Bobby cobró un poco de vida. Incluso había dos sujetos de la zona que iban constantemente a hacer algún reparo en sus camionetas o a comprar una que otra pieza.

Las cosas marchaban bien. Bobby lucía feliz junto a Jody, y Dean parecía revitalizado al lado de Castiel. El único que parecía algo afectado en realidad era Sam; no lo quería aceptar, ni siquiera lo había considerado pero incluso su hermano se había dado cuenta que eso venía siendo desde que Gabriel se marchó.

-No puedo estar aquí demasiado tiempo. Mi poder es como un faro en medio de la neblina, pueden encontrarme. Encontrar a Castiel y matarnos a todos –dijo Gabriel una tarde, les guiñó un ojo y desapareció con una piruleta en la mano y un-: vendré a visitarlos –en los labios.

Desde entonces Sam tomaba todos los casos que aparecían. Ni siquiera descansaba a menos que Dean y Jody se pusieran firmes al respecto. Y siempre que le preguntaban respondía que todo estaba bien.

-Bien mis pelotas –soltaba Bobby y Castiel contenía una sonrisa ya que había aprendido a reírse con las expresiones del viejo cazador.

Esa tarde mientras Jody intentaba adivinar como se hacían albóndigas Sam había desaparecido desde muy temprano en la mañana. Dean por su parte, se había vuelto más hogareño. En ese mismo momento Bobby escuchó un acelerar chirriante y una palabrota seguida de un portazo. Observó por la ventana.

-Más hogareño pero igual de cascarrabias –comentó Jody prácticamente leyéndole la mente.

Ninguno de los dos creía que fuera buena idea que Dean con su paciencia y su mal genio le enseñase a Cas a conducir, conociendo que el ojiazul tampoco resultaba ser muy tranquilo a decir verdad.

Sin embargo en uno de sus besuqueos a mitad de la noche en la mesa de la cocina Cas le había dicho al cazador que quería aprender y éste le prometió enseñarle. Allí estaban en su primera lección y Dean acababa de salir del auto dando un portazo completamente enfurecido.

-¡Pon atención en lo que te estoy diciendo! –gritó cuando un Cas igual de rígido lo imitó y se plantó cerca de él reclamándole que no explicaba bien las cosas.

-¡Por lo menos deja de gritarme! –dijo el castaño con un tono agresivo.

-Mira quién lo dice, señor pacífico. ¿Acaso es tan difícil acelerar antes de quitar el pie del embrague? –vociferó Dean alzando las manos por todas partes.

-Nunca antes lo había hecho –le reprochó el moreno, apretando sus dientes y desviando la mirada en un gesto dolido. Eso pareció llegarle al corazón a Dean quién dejó caer los hombros y puso su mano en el de Cas-. No me toques… -éste se sacudió de su tacto.

-Cas, lo siento tanto… es sólo que… lo lamento –admitió buscando con sus ojos esmeraldas los de Castiel, éste lo miró por un largo rato antes de acercarse y besarlo rodeándolo por los hombros con ambos brazos.

…..

Bobby dejó su libró sobre el diván y se marchó a la cocina a buscar una cerveza.

-Ese par de tórtolos, ya parecen una mala comedia romántica –comentó el cazador.

-Déjales tener su momento bajo la lluvia –rió Jody, entusiasmada con sus albóndigas que parecían ir bien. Había tenido un día largo atrapando a un ladrón y lo menos que podía esperar era que su platillo saliera bien.

El cazador le sonrió y sacudió la cabeza antes de volver al diván por el libro. No era su intención ver como Dean prácticamente se comía a Castiel bajo la lluvia pero debía terminar esa investigación para darle información a Sam sobre el caso en el que estaba trabajando.

Entonces se dio cuenta que el par de tórtolos ya no estaban allí. Dean caminaba preocupado detrás de un Cas que entró disparado a la casa corriendo al baño del piso superior. Jody cruzó una mirada con Bobby una vez Dean fue escaleras arriba y se escucharon ruidos de arcadas.

-¿Qué le ocurre? ¿Tan mal les sentó mi pasta a ustedes? –preguntó ella, con el entrecejo fruncido.

-No. Debe ser… otra cosa –trató de restarle importancia Bobby.

….

Cas había estado tan absorto en los labios de Dean que tardó en entender lo que le ocurría a su propio cuerpo. Empujó al rubio tomándolo por desprevenido y corrió dentro de la casa; supo que él iba detrás suyo.

-¿Cas? ¿Qué ocurre? ¿Ángel? –lo escuchó preguntar una y otra vez pero él apenas si tuvo tiempo para trepar por las escaleras y entrar en el baño.

Intentó cerrar la puerta pero ésta no se enganchó y sentía que no tenía más tiempo. Una arcada le sobrevino y apenas si tuvo oportunidad de asomarse al inodoro. La fuerza de las náuseas lo envió de rodillas al suelo; lo tuvo vomitando hasta que se sintió débil y tembloroso.

Dean entró despacio en el baño y le puso una mano en el hombro hasta que Cas terminó de vaciar su estómago. Lo observó con mucha preocupación, entonces se arrodilló junto a él. No era la primera vez que tenía esos episodios. Cada mañana se despertaba con deseos de vomitar, y a veces le venían también por las tardes.

-¿Cas, como te sientes? –le acarició la espalda.

-Asqueroso –respondió el ángel mirándolo bastante cansado.

El rubio se rascó la nuca y suspiró.

-No te va a gustar que diga esto pero necesitar ir donde un médico. Tampoco me gustan los hospitales, pero necesitas que…

-Pero han sido sólo náuseas, Dean –replicó el moreno poniéndose de pie para tratar de lucir bien. Tiró de la cadena del inodoro y se tabaleó, el rubio tuvo que sujetarlo del abdomen. Lo tenía demasiado duro.

-Cas, son éstas nauseas, pasas muy cansado últimamente y comes como si no existiera un mañana. Puede ser algo serio –le ayudó a volver a la habitación donde Cas se tumbó en la cama refunfuñando sobre no confiar en los médicos tanto como no confiaba en las computadoras.

El cazador se acomodó a su lado empujándolo un poco con el costado antes de poner una de sus piernas sobre las de Cas y rodearlo por los hombros con un brazo. El castaño buscó su pecho y lo utilizó como almohada.

-Descansaré mejor y me repondré, Dean –afirmó con seguridad. El cazador sacudió la cabeza pero decidió que no quería discutir más esa noche.

Se habían quedado dormidos un buen tiempo hasta que el aroma de la pasta de Jody subió al segundo piso. Eso los despertó y para su sorpresa esa cena fue deliciosa. Las albóndigas estaban perfectas y la pasta en su punto.

-¿Dónde está Sam? –preguntó el cazador al notar que, ya todos en la mesa, no había rastro de su hermano menor.

-El caso lo llevó más lejos hoy. Al parecer está teniendo la ayuda de otro cazador o algo así, pero el punto es que no volverá quizá hasta dentro de unos días –informó Jody mientras cenaban, a excepción de Cas que por mucho que la pasta sabía deliciosa para todos e intentaba halagar a la sheriff no pudo evitar captar un aroma insoportable proveniente de la pasta.

-Lo siento. Creo que… que no comeré hoy –se puso de pie-. Lo siento, Jody –y se retiró de la mesa.

Ella no lo tomó a mal pero eso sirvió para preocupar aun más al cazador. Esa noche subió a hablar con Cas y a discutir si era necesario para ir donde el médico; ahora era humano y una enfermedad podía mandarlo a la tumba.

Sin embargo y de alguna forma esa conversación terminó en un griterío imposible y todo eso en Cas encima de Dean moviendo las caderas en círculos, auto penetrándose de una manera tan deliciosa que el cazador gimió toda la noche. El interior de Castiel era tan apretado y sus manos ásperas presionadas sobre el pecho del cazador, tan firmes, que éste no pudo hacer más que el moreno satisficiera sus deseos corriéndose en el pecho ajeno, antes de correrse con un grito dentro de esa estreches.

….

Transcurrieron los días y Cas seguía insistiendo en que todo estaba bien, que quizá como humano solo estaba teniendo alguna alergia o quizá era nada más que su cuerpo adaptándose a vivir sin gracia.

Las lecciones de conducción continuaron y un par de semanas después Castiel iba y venía en un auto viejo que Bobby le ayudó a reparar. Era una camioneta blanquecina con marrón, cuyo motor traqueteaba al encenderse.

Esa mañana hacía algo de calor después de toda la temporada lluviosa que había estado azotando el estado. El cielo estaba despejado y la luz matinal ingresó a raudales por la ventana iluminando el rostro de Dean Winchester. Bostezo estiró sus brazos para desperezarse. Había dormido siete horas seguidas y eso era bastante para un cazador. Giró su mirada al castaño que, enredado en las sábanas, dormía a su lado.

-Cas –tocó su hombro muy despacio para despertarlo. Esa mañana saldrían por un caso de un ángel a unas horas de allí y debían haber partido ya. Además, el moreno se había dormido mucho antes que Dean la noche anterior-. Nene, despierta.

-No –respondió con un gruñido el otro, tomó el cobertor y se cubrió hasta la cabeza.

-Cas, eres humano, no un perezoso –espetó el cazador antes de ponerse de pie. Se tomó su tiempo para prepararse revisar las identificaciones falsas del FBI, suya y de Cas, y empacar un par de trajes por si acaso. Incluso se tomó un momento para admirar con una sonrisa la ropa de Cas que ahora prácticamente se había convertido en jeans y camisas de franela, aunque tenía un par o dos formales.

Pero cuando volvió a la habitación el castaño seguía dormido. El rubio rodeó la cama y tomó las cobijas por debajo. Les dio un tirón arrebatándoselas a Cas y éste forcejeó.

-NO. Dean. Déjame dormir un poco más –se quejó y el cazador estaba loco o parecía a punto de llorar.

Soltó las sabanas rendido al ver que el labio inferior del ángel temblaba.

-Tranquilo, sólo necesito que te des prisa, pero no hay por qué ponerse tan sensible –alzó ambas manos en gesto de rendición.

Castiel abrió la boca pero antes de que dijera cualquier palabra saltó de la cama y salió disparado al baño. Al poco tiempo Dean lo siguió descubriéndolo arrodillado vomitando su estómago vacío en el inodoro. Entró despacio y cuando Cas hubo terminado le pasó un trozo de papel higiénico para que se limpiara; lo tomó despacio por el brazo ayudándolo a ponerse de pie. Estaba pálido y bastante delgado.

-Cas…

-No –atajó el moreno-. Dean, no vamos a discutir esto otra vez ¿o si? No voy a ir donde un médico. No tengo nada –se soltó de él y fue a la habitación. Se preparó para salir; y empacó en la maleta su espada angelical.

-¡Pareces estarte muriendo! –gruñó el cazador entrando a sus espaldas.

Alguien golpeó a la puerta de la habitación en ese momento.

-¿Dean? ¿Castiel? ¿Puedo pasar? –preguntó Jody. Dean respondió que sí y ella empujó la puerta despacio. Llevaba ya su uniforme de sheriff y parecía haber estado por salir al trabajo ya que traía el arma en su cinturón-. Hola, muchachos… al parecer el ángel que estuvo causando problemas y al que iban a investigar hoy ustedes, Sam ya le ha dado caza.

-¿Qué? –el rubio entornó los ojos.

-Sam y ese… -Jody dudó un poco-… cazador con el que estuvo trabajando al parecer notaron que el problema de demonios que ellos tenían estaba relacionado con ese ángel y en el camino… lo solucionaron.

-Bueno. Entonces empacamos por nada –dijo un muy molesto Cas fulminando a Dean con la mirada y entrando al baño con un portazo.

Jody se quedó confundida, y Dean algo exasperado. Había estado por llorar hace un instante y ahora parecía con ánimos de cortarle las pelotas a alguien. El cazador suspiró dedicándole una mirada de disculpa a Jody y encogiéndose de hombros.

-No te preocupes. Quizá tuvo un mal día.

-Unos malos dos meses –comentó Dean. Pero en parte lo entendía. Ser una criatura divina y luego transformarse en un apestoso y frágil humano no debía resultar en absoluto fácil.

-Dean, por cierto –añadió Jody, tanteando terreno-. Sam volvió… está en la sala con Bobby.

-Ire a verlo y a patearle el trasero por desaparecer todas estas semanas y ni siquiera tener la decencia de llamarme para resolver el jodido caso –dijo el cazador pero no parecía dolido hasta que…

-El cazador que lo ayudó… está también aquí –informó la sheriff y enserio parecía estar cortando una bomba por lo tensa que se veía al anunciar aquello.

Dean no tuvo idea de porque el comportamiento de Jody; le molestaba que Sam hubiese resuelto un caso sin siquiera dignarse a avisarle, pero comprendía que su hermano al parecer trataba de darle espacio para que pasara con Cas. Sin embargo esa tranquilidad lo abandonó cuando, una vez que Castiel salió del baño con mejor humor y bajaron juntos a la sala, Sam los saludó y también el otro "cazador".

-¡¿Gabriel?! –exclamaron ambos. Castiel parecía sorprendido. Dean estaba horrorizado.

-Dean –lo saludó Sam, que había estado hablando con Bobby en el escritorio de éste.

-Veo que el cazador que ahora te acompaña tiene un par de extremidades extras –se quejó Dean simulando unas alas con sus manos.

-Era un caso de demonios y ángeles. Gabriel era la mejor opción –respondió Sam, sonriendo ante lo dolido que parecía su hermano.

-Incluso mejor que tu hermano ¿eh, Sammy?

-No me llames Sammy.

-¡Ey, señoritas! –exclamó Bobby cansado-. Sam fue con otro cazador a resolver un caso, ya supéralo nenita –le dijo a Dean.

-Sólo quisiera saber por que –recalcó el rubio, fulminando con la mirada a un absolutamente distraído Gabriel.

-Por que tu estabas ocupado follando con Castiel ¿quizá? No quería separar a los tortolitos –respondió Sam, cruzándose de brazos.

-Al menos no quiero con un arcángel –se burló Dean.

-Yo no quiero con… -Sam apretó los labios, y entornó los ojos pero después notó que Castiel se había esfumado-. ¿A dónde ha ido Cas?

El moreno no tardó en aparecer, con un tarro de jalea en la mano, un vaso de leche en la otra y un paquete de galletas de chocolate en la boca. Gruñó algo que sonó como un "fui a la cocina" pero las galletas no lo dejaron hablar. Se sentó con todo eso ganándose las miradas asombradas de cada presente.

-Aun no hemos desayunado. Tenía hambre –se justificó el ángel empezando a comer en el escritorio de Bobby-. Por cierto, hola, Gabriel.

Gabriel apenas si alzó la mirada del libro que estaba hojeando con despreocupación, repantigado en el diván, mientras todos se mataban a su alrededor; hasta que vio a Castiel.

-Hola, hermano –le dedicó una sonrisa radiante-. Veo que tienes buen apetito como humano… -movió ambas cejas-. Por cierto, felicidades –observó a Dean un largo rato-… a ti también Dean-o

Sam se tensó al instante, clavando sus ojos bien abiertos en Gabriel en un gesto claro que pretendía mandarlo a callar. El arcángel vocalizó un "lo siento" mientras Castiel y Dean cruzaban miradas confundidas.

-¿Felicidades por qué? –Castiel ladeó la cabeza al preguntar.

-Por… -musitó Gabriel, pensando en una buena mentira.

-¡Por que ya llevan cerca de dos meses juntos! –exclamó Sam, apenas dándose cuenta que lo había gritado.

Dean sacudió la cabeza y puso los ojos en blanco antes de marcharse a la cocina.

-¿Cas? ¿Vienes? –se asomó para decir. El castaño sonrió y asintió como un niño emocionado a quién ofrecen un dulce. Tomó galletas, jalea y leche y se fue por donde había venido.

Una vez los escucharon en la cocina conversando y encendiendo la estufa Bobby fulminó con la mirada a Sam y a Gabriel.

-Serán idiotas –les golpeó la nuca a ambos. Le importaba un demonio si Gabriel era un arcángel; se había comportado como un tonto.

Ambos se frotaron la nuca pero sabían que el viejo cazador tenía razón.

Las primeras semanas desde que Cas y Dean estaban juntos las cosas marchaban bien. Incluso para Sam y Gabriel que se reunían para ir por unas cervezas o a buscar diversión en algún bar. Pero una tarde Gabriel sencillamente no volvió. Todos en la casa, hasta Castiel, supusieron que simplemente estaba ocupado; pero con Sam fue diferente. Se habían hecho buenos amigos, por lo que se sintió traicionado. Después de unas semanas entró en pánico creyendo que podían haberlo matado, sin embargo obtuvo información de un demonio y supo que estaba vivo en un metido en un asunto concerniente al cielo.

El menor de los Winchester trató de convencerse que Gabriel no podía dejar de lado el cielo por ir por unas cervezas, y así fue como empezó a tomar casos cada vez más complicados y más lejanos. Hasta que una madrugada, mientras todos dormían, la luz del depósito de autos cerca de la habitación de Sam titiló y estalló. El cazador, por instinto, tomó el rifle y bajó a inspeccionar por si había algo allí afuera.

Un sujeto con una piruleta entre los dientes lo estaba esperando. Era Gabriel. Le explicó con algo de simpleza que había estado durante todo ese tiempo tratando de cubrir el rastro de un Nephilim, pero que no lo logró. Por ello tanto ángeles y demonios, llamados por el extraño poder que estaba creciendo, estaban llegando a cada pueblo cercano a la zona. Entonces el arcángel le pidió su ayuda. Sam comprendió que quería salvar al Nephilim y creyó entender que era hijo de Gabriel con alguna humana.

Pasaron semanas ahuyentando y matando tanto ángeles como seres del infierno que habían ido a por el niño, tanto para matarlo, como para sacarle provecho. Iban de motel en motel, cazando, bebiendo y Sam se divirtió mucho a pesar de que su vida nunca había estado en riesgo de esa forma desde que detuvieron el Apocalipsis.

Pero una noche, ya casi cuando habían terminado con esa larga cacería, Gabriel supo que debía decírselo.

Sam aun recordaba sus palabras y el gesto de preocupación que tenía en el rostro el arcángel cuando dijo:

-Escucha, el nephilim no… no es mi hijo. Es… más complicado que eso. Hace casi dos meses un ángel y un humano lo concibieron. Para que nazca un nephilim se necesita mucho poder. Pero lo de éste en particular es más especial, porque para que suceda era necesario un vínculo muy profundo entre el alma de ese humano y la gracia de ese ángel –había explicado. Entonces Sam lo había visto con gesto de no entender-. Porque ambos padres son… hombres y ese ángel, a éstas alturas, ya perdió su gracia… –añadió, y todas las piezas quedaron claras para Sam.

Esa mañana habían llegado muy temprano. Sabían que Cas y Dean ahora estaban a salvo, pero se lo contaron a Bobby. El viejo casi sufre un ataque de risa y luego uno de pánico. Tras procesarlo, había dicho que lo mejor sería decírselos con calma.

Observaron a Cas y a Dean desayunando en la cocina. Ninguno de los tres tenía la menor idea de cómo darles la noticia.

Continuará…

Les juro que ahora actualizaré más rápido.

;)

Díganme sus opiniones en los Reviews. ¿Qué les parecio? Me siento un poco oxidada con éste fic pero mejoraré, se los prometo