Sé que estoy demorándome en actualizar pero lo haré más seguido, se los prometo.

Gracias por los Reviews.

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Capítulo

4

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Habían pasado ya casi tres meses desde que Dean dejó de dar vueltas al asunto y dio "ese" paso con Cas. Dos meses desde que Castiel era totalmente humano.

Esa noche de sábado había estado inusitadamente ajetreada. Bobby ayudó a un par de cazadores que estaban teniendo problemas con sus identificaciones falsas del FBI en Carolina del Sur; Jody atrapó al grupo de muchachos que habían estado inmiscuidos en todo un asunto de compra de explosivos en el pueblo; y Sam y Dean resolvieron un caso de fantasmas, en las afueras, como en los viejos tiempos.

Aunque Dean estaba seguro que, a pesar de estar a gusto con su presencia, Sam parecía preferir la del otro "cazador". Porque sí, Gabriel ahora revoloteaba día y noche por la casa de Bobby, y Jody pronto le había dicho que parecía otro cazador. El arcángel se lo tomó muy enserio; ahora llevaba incluso camisas de franela.

-¿Qué? ¡Es el uniforme! –había dicho cuando Dean lo miró extraño.

-¿Es una camisa de Sam? –preguntó y el arcángel rió, a diferencia del más alto que había reído nerviosamente explicando durante media hora la razón completamente inocente de porque Gabriel tenía su camisa.

Eso era ahora lo cotidiano. Y esa tarde de sábado Dean entró junto con Sam y cuatro cajas de pizza, a la casa de Bobby. Gabriel estaba por allí husmeando entre los libros; Bobby se había quedado dormido en el sofá y Jody tecleaba un par de cosas en su portátil. Al verlos entrar ella les sonrió.

Sam fue a la cocina con las pizzas y Gabriel al instante lo siguió. Dean prefirió no detenerse a pensar el porqué de aquello.

Eran una especie de familia extraña, y finalmente después de tres días en ese caso de fantasmas, estaba de vuelta en casa. Todavía no terminaba de hacerse una idea de cómo lidiar con eso de tener una vida algo más tranquila, pero se sentía más que agradecido.

-¿Dónde está Cas? –preguntó al no verlo por allí.

-Se la pasó todo el día ayudando a Bobby con las llamadas y una investigación sobre una sirena –respondió Jody.

-Y también todo el día atacando el refrigerador –gruñó Bobby que había estado dormitando en realidad-. Ahora está en su habitación supongo. Durmiendo, quizá.

Dean asintió y tras un breve cruce de palabras corrió escaleras arriba. Un humano promedio no dormía tanto como Cas lo estaba haciendo pero suponía que estaba habituándose a todo eso de ser humano. Después de todo no debía ser tan fácil para un ángel. Eso debía también explicar sus estados de humanos bastante cambiantes, el apetito terrible que tenía, y el hecho de que todo parecía caerle mal porque no había mañana en la que no estuviera vomitando en el baño.

Al entrar en la habitación Dean se quedó mirando a Cas. Estaba dormido de lado en la cama, se veía tan en paz que le dolió acercarse a él y tener que despertarlo. Traía una de sus camisetas viejas, y unos pantalones de pijama grises que le iban demasiado grandes. Al parecer se había duchado porque aun traía el cabello algo húmedo.

El cazador se sentó a su lado y lo contempló un momento; no era diferente a cualquier humano. Y el hecho de tener a un hombre en su cama y sentir como si algo le revoloteara en el pecho le hubiese resultado muy confuso. Pero era Castiel, y le resultaba simplemente imposible no sentirse así de maravillado, atraído y completo con él cerca.

Rozó levemente su hombro tratando de no despertarlo con brusquedad.

-¿Cas?

-¿Mmh…Dean? –Entreabrió los ojos y al notar que el rubio había vuelto dibujó una amplia sonrisa-. ¿Cómo les ha ido a Sam y a ti? –se estiró y desperezó rodando boca arriba en la cama.

-Sólo fueron dos fantasmas, nada tan complicado. Más nos demoramos en dar con la causa de que siguieran rondando esa casa –comentó el cazador mirando como el castaño se ponía de pie y se ponía un suéter por encima de todo, para bajar a cenar-. Espera… -le tomó por la muñeca antes de que saliera de la habitación, lo atrajo hacia él y se puso de pie. Depositó un beso suave que pronto creció convirtiéndose en una caricia lenta pero profunda en la que parecían reencontrarse después de un largo tiempo de separación.

El rubio se apartó un poco cuando sintió a Cas jadear en su boda.

-Compramos pizza con Sam –comentó y los ojos azules frente a él se abrieron como platos, casi pudo sentir como se le hacía agua la boca a Castiel.

-¡Bajemos, tengo tanta hambre! –respondió el castaño con ese entusiasmo inocente que a veces lo acompañaba.

Cuando se dio vuelta el rubio lo notó. El suéter le quedaba algo estrecho; se lo había comprado hace apenas un mes y ahora Cas parecía tener una barriga sobresaliendo en su delgada figura. Eso hizo sonreír al cazador. Lo siguió alcanzándolo en las escaleras y tomándole la mano.

-No creo que debas comer tanto –le dijo con todo divertido.

-¿Por qué? –Cas ladeó la cabeza deteniéndose en el primer escalón.

-Por esto, mi gordo amigo –le palmeó la barriga sintiendo que era demasiado dura para ser gracias a las hamburguesas, pizzas y demás chatarra que Cas adoraba andar comiendo.

-No estoy gordo. Y no como demasiado –gruñó el castaño, de pronto su humor fue de cero a mil; sus ojos chisporrotearon enfurecidos-. Soy humano. E igual que tú como hamburguesas como si me fuera la vida en ello, Dean –prácticamente le acusó antes de soltarle la mano con brusquedad y dirigirse a la sala.

Allí Sam ya había llevado las pizzas, y todos estaban comiendo frente al viejo televisor de Bobby, viendo una película que no atendían mucho debido a las escandalosas risas de Jody debido a las bromas de Gabriel. Cas llegó hecho una furia pero cuando Gabriel le ofreció un trozo de pizza pareció calmarse.

-¿Estás bien, hijo? –le preguntó Bobby, que no se preocupaba muy seguido por el estado de ánimo de los demás.

-Lo esto, Bobby –respondió Castiel amablemente, sentándose junto a Sam en el sofá, y probando la pizza. Estaba deliciosa-. ¿Hay soda? –le preguntó al más alto.

-Sí. Te la traigo –dijo éste enseguida. Se puso de pie como resorte para ir por eso.

Cuando Dean finalmente entró las cosas estaban más calmadas. La película estuvo buena aunque el rubio la entendió solo en parte. Era una de esas comedias románticas con final feliz; Bobby se había dormido a la mitad, y ni siquiera Jody parecía muy interesada en la televisión, exepto por Cas, quién parecía al borde de las lágrimas.

-Cas, no es para tanto –comentó el cazador y cuando la mano del castaño fue hacia la caja de pizza donde quedaba la última rebanada, Dean se la ganó-. Lo siento, nene. También tengo hambre. –lo dijo como broma, pero eso pareció desatar un huracán.

Gabriel rodó los ojos murmurando algo que sonó como "rubio idiota". Jody lo fulminó con la mirada y Sam le cedió a Cas su trozo de pizza, e incluso Bobby pareció despertar exclusivamente para decir:

-¿Por qué mejor no te comes la mesa, Dean?

-¿Qué? –preguntó el cazador, descolocado-. ¿No se supone que yo lo consentía y ustedes me recriminaban por eso? –dijo entornando los ojos.

Nadie respondió y fingieron que los créditos de la película eran de lo más interesantes. Dean rodó los ojos y dejó la pizza de vuelta en la caja. No entendía que sucedía allí, y ni siquiera lo hubiese sospechado. Desde que Gabriel había dado la noticia de que Cas estaba encinta, todos, incluyendo Bobby, lo consentían. El castaño lo tomaba como un gesto algo exagerado de cariño, pero Dean se sentía fuera de lugar.

¿Desde cuándo Sam le pasaba la soda a Cas, y Gabriel le aparecía los dulces que se le antojaban, cuando se le antojaban?

El cazador decidió ignorarlos y por suerte pasaron una película más interesante después de aquella comedia y tuvo algo con lo que entretenerse. Jody se retiró temprano a dormir, y Bobby la siguió unos minutos después. Sam terminó desparramado en el diván, profundamente dormido; y Gabriel estaba comiendo pastelillos de crema cuando el cazador se puso de pie.

Era media noche y estaban dando una película vieja. Al día siguiente no tenían nada importante que hacer; así que sirvió un vaso de whisky y se lo bebió de un trago. Cas lo miró.

-¿Puedo probar un poco? –pidió. Jamás había bebido como humano, así que el rubio le sirvió una cantidad pequeña.

Estaba por entregarle el vaso sin darse cuenta que Gabriel había despertado a Sam de un codazo y ambos los veían como si Dean estuviese por darle veneno a Castiel. En una reacción absurda y desesperada, porque Cas ya había tomado el vaso y lo tenía en sus labios, Gabriel agitó una mano haciendo que el objeto con el whisky volara impactándose contra la chimenea donde se quebró en miles de pedazos.

Cas se quedó de piedra parpadeando un par de veces sin saber con exactitud que acababa de ocurrir. Por otro lado Dean entornó los ojos clavándolos en el truquero que le devolvió una sonrisa inesperadamente nerviosa para venir de él, Gabriel, que jamás en su larga existencia se cohibía por algo.

-¿Qué demonios ha sido eso? –preguntó el cazador, su voz sonó tensa como una cuerda que amenazaba con romperse. Estaba haciendo todo lo posible por no soltar una palabrota e iniciar una discusión con el insoportable ese.

-Este… no creo que Cas deba beber –contestó Sam en su lugar.

-Recién es humano no vas a iniciarlo en tus vicios ¿o sí? –le acusó Gabriel y al parecer eso fue suficiente para que el rubio rodara los ojos y cerrara la botella.

-No hacía falta arrojar por mitad de la sala el vaso para demostrar su punto –intervino Castiel con tono neutral-. Dean, quiero probar ese ron…

-Es whisky, nene –le corrigió el rubio, dudando sobre si darle o no. Pero ante la mirada insistente del moreno volvió a tomar otro vaso.

Ni siquiera llegó a servir éste cuando Sam y Gabriel se pusieron de pie. El uno le arrebató la botella y el otro el vaso.

-¡¿Qué demonios ocurre con ustedes dos?! –exclamó Dean, perdiendo la paciencia.

-Por qué no solo pueden no beber –dijo Sam, trabándose con sus propias palabras-. No veo la razón para hacerlo.

-¿Sabes qué, Sammy? ¡Jodete! ¡Jódanse los dos! –gruñó el rubio y fue a la cocina. Castiel miró al arcángel y a Sam, titubeó un instante y siguió a Dean.

Sam y Gabriel soltaron un respiro profundo. Devolvieron la botella de whisky a su lugar, y volvieron su atención a la película. Sentían que habían ganado esa batalla sin tener que decir demasiado. No era la primera vez. Habían convencido a Dean de no llevar al médico a Cas, ya que se darían cuenta que no estaba precisamente enfermo sino que tenía un pequeño nephilim creciendo en su cuerpo y de seguro lo tomarían como a un ratón de laboratorio. Se habían deshecho de todas las cervezas de la casa; y protegido todo el perímetro con sellos enochiano para evitar que otras criaturas detectaran la presencia de un nephilim allí.

Pero no encontraban la forma de darle la noticia a Dean y a Cas. ¿Qué tal si uno de ellos la tomaba a mal? ¿Qué tal si Cas entraba en pánico? ¿O si aquello provocaba que ambos se separasen? Parecía tan complicado, y sin embargo no podían callarse demasiado tiempo, porque en cualquier momento la silueta de Castiel haría demasiado obvio que las hamburguesas y pizzas no eran las responsables de su barriga.

Gabriel y Sam estaban tan sumidos en sus pensamientos, hablando a veces en voz muy baja, que no tomaron en cuenta la conversación que Dean y Castiel mantenían en la cocina.

Cas había seguido al cazador al verlo molesto. Dean estaba que refunfuñaba dando vueltas alrededor de la mesa como león enjaulado, cuando Cas le sujetó por la muñeca clavando sus ojos azules en los ajenos suplicándole con su expresión que se calmara.

-No entiendo de qué va toda esa actitud de enfermeras que tienen ambos –gruñó el rubio, dejando caer sus hombros.

-Gabriel es un poco… impredecible y Sam… creo que solo están tratando de hacer lo mejor. A su manera –dijo Cas, con esa calma tan característica de él que a veces exasperaba a Dean.

-Son unas malditas enfermeras –refunfuñó Dean.

-Lo son. Creo que Bobby se equivocó al decir que eras tú quien me estaba sobreprotegiendo cuando me volví humano.

-Es lo menos que puedo hacer –murmuró el rubio, con la mirada clavada en otro sitio.

-Dean –dijo Cas en tono de reclamo, pasó sus brazos alrededor del cuello del cazador buscando su mirada-. No te sientas culpable por que haya perdido mis alas. Fue mi elección. Eres mi elección. Éste lugar es ahora mi hogar y no me arrepiento de ello –le besó despacio en los labios sintiéndolo reacio al principio hasta que soltó un suspiro y se dejó llevar.

Terminaron besándose por un largo rato en la cocina. Dean lo apretó por la cintura para pegar sus cuerpos y Cas sonrió en medio del beso, profundizándolo. Cuando los labios del cazador bajaron por el cuello del castaño éste suspiró.

-¿Podemos ir a la habitación, Dean? –musitó con su voz más áspera de lo normal.

El cazador se apartó levemente de su cuello, observándolo con ojos muy abiertos. Siempre era él quién iniciaba las situaciones, quién se insinuaba a Cas; pero esa noche, por primera vez, notó que estaba realmente distinto.

-¿Qué tienes? –pregunto cómo en una especie de juego. Quería escucharlo.

Cas lo atrajo a otro beso, y le mordió el lóbulo de la oreja con el aliento algo agitado.

-No sé qué me ocurre, Dean. Pero estoy tan… tan… -se ruborizó sin saber cómo llamar a la sensación que le recorría.

-Maldición –jadeó el rubio, sin poder evitar sentir un tirón en su propia entrepierna al escucharlo así-. Estás caliente ¿no es así?

Cas se limitó a asentir. Subieron entre besos y mordidas a la habitación que ambos compartían; agradeciendo que Sam y Gabriel estuviesen ocupados con la película y Jody y Bobby se hallaran seguramente dormidos.

Dean estampó a Cas en la pared del corredor, colándose entre sus piernas las cuales rodearon sus caderas. Los besos subieron de nivel, y para cuando lograron llegar a la habitación y cerrar la puerta. La ropa casi fue arrancada de sus cuerpos. El cazador empujó a Cas en la cama, deslizándose sobre sus piernas abiertas.

Tomó algo de lubricante de la mesita de noche y empezó a prepararlo. Al sentir que la entrada del castaño estaba relajada, retiró sus dedos alineando su ya despierto y duro miembro entre las nalgas de Cas.

-¿Estas bien? –le preguntó al ver que respiraba agitado.

-Métemela ya, Dean. Te necesito, por favor –suplicó el moreno.

El rubio jamás había visto a Cas tan necesitado, pero no iba a quejarse por eso. Le mordió el cuello penetrándolo con tortuosa lenititud. Una vez estuvo completamente en el interior se salió y entró con más fuerza. Cas levantó un poco las caderas y esa estocada fue a dar directo en su próstata.

Arqueó la espalda, con los labios separados en un grito ronco que con seguridad se escuchó por toda la casa. Sus tobillos se clavaron en la espalda baja de Dean, quién soltó un gemido ahogado y continuó penetrándolo.

-Ah… Dean, sí. Justo allí, esta tan…ahh, Dean…sigue… no te detengas.

-Cas. Mmm, ahhh Cas….

Sus cuerpos se movían haciendo rechinar la cama, y el chocar de las caderas del cazador con el trasero de Cas era casi tan obsceno como los gestos que el moreno hacía cuando la punta del miembro ajeno daba de lleno con su próstata. No supieron cuánto tiempo había pasado, pero de alguna forma Cas terminó a horcajadas sobre Dean, y de espaldas a éste. Las manos del rubio le abrían las nalgas, viendo con morbo la forma en la que las caderas de Cas se movían engullendo su polla.

El orgasmo fue intenso y casi parejo. Cas gruñó algo inentendible apretando a Dean tanto que éste se derramó en su interior con un resuello sonoro sujetando a Cas por el pecho ya que sabía cómo solía desplomarse tras llegar al clímax.

Una vez el placer hubo mermado, el castaño se movió dándose la vuelta sobre Dean. Se tumbó encima de él, su vientre abultado era ya evidente, y el rubio frunció el ceño al reparar en ese detalle.

-Cas, de verdad, estas comiendo demasiado.

-Eso no es cierto –replicó Castiel estirándose sobre el cuerpo de Dean, y ocultando su rostro en el cuello de éste.

Durmieron así durante toda la madrugada y despertaron al medio día. Al cazador se le había ocurrido una idea y cuando se la dio a Cas éste estuvo por completo de acuerdo. Irían los dos, juntos, a resolver unos cuantos casos lejos de allí; para despejar la mente y tener un poco de tiempo a solas.

Cas empacó algo de ropa, Dean tomó las armas y de un momento a otro estaban guardando las maletas en la parte trasera del Impala. Hubiesen partido sin despertar a nadie; ni siquiera a Gabriel que se había quedado dormido en el sofá con una piruleta roja en la boca; de no ser porque a Castiel le dio por ir a la cocina en búsqueda del helado que había quedado del día anterior.

-Pareces embarazada con antojos –bromeó Dean.

Terminaron por compartir el helado. Así los encontró Jody quién acababa de despertar y bajó a la cocina envuelta en su bata. Los saludó con una sonrisa y encendió la cafetera. Bobby no tardó en aparecer, y pronto Sam también estuvo por allí preparándose unas tostadas. Debido al ruido Gabriel se despertó; de un instante a otro todos estaban yendo y viniendo por la cocina.

-Ire a ayudar a Ruffus en un caso que surgió en Dakota del Sur. Quizá esté aquí para el martes –comentó Bobby mientras se preparaba un sándwich.

-No te olvides de llamar o enviar algún mensaje para saber que estás bien –pidió Jody, algo preocupada.

-Tranquila. De quién debes preocuparte es del arcángel que tenemos fingiendo dormir en el sofá ¿No es cierto Sam? –preguntó el viejo cazador.

-Pero si Gabriel ha dormido allí de verdad –se justificó el más alto.

-Por supuesto –se burló Jody y todos echaron a reír, incluso Gabriel.

-Por cierto –dijo de pronto Dean, con toda naturalidad, ya que el helado se había acabado y debían salir-. Cas y yo saldremos por un tiempo.

-¡¿Para qué?! -preguntó Jody, casi escandalizada.

-Sólo a pasar tiempo juntos… tomar un par de casos, cazar algo –anunció Dean levantando ambas manos.

-¡Cas no puede! –dijo de pronto Jody-. Es demasiado peligroso

-¿Por qué? –Preguntó el castaño ladeando la cabeza-. Quiero ir con Dean y un par de rasguños o golpes no van a matarme –argumentó al ver la mirada preocupada de Gabriel.

-Precisamente. Además, lo protegeré. –afirmó el rubio.

-Castiel, no deberías… -musitó Sam.

-¡Iré! –el moreno se puso intransigente.

-¡No, no en tu estado! –gritó de pronto Gabriel, y todas las miradas recayeron en él.

-¿Su estado? –preguntó Dean completamente confundido.

-Creo que es momento de decírselos –suspiró Gabriel.

-Deberían sentarse –añadió Jody. Cas le hizo caso pero Dean ignoró su sugerencia.

-Es necesario que sepan algo. Es un asunto complicado pero –Sam pensó como debía decírselos-. Gabriel nos explicó que a veces cuando la gracia de un ángel está extinguiéndose provoca…situaciones peculiares, y si en ese momento pues…

-Ustedes par de idiotas, van a ser padres. Dean, felicidades, Cas está embarazado –dijo Bobby tras rodar los ojos.

La expresión de Dean fue histórica.

Continuará…