Buenos días a todos, os dejo con la cita que Rick le a preparado a Kate. Espero que os guste y como siempre daros las gracias por estar ahí y leer.
Gracias también a mi compi por su trabajo y todo el tiempo que echa para investigar sobre la enfermedad sin ella estaría perdida. Y por supuesto gracias por tu apoyo constante.
Los personajes no me pertenecen…
Idea de Lizcecilia6CECIFILLION
Capítulo 28
POV RICK
En cuanto llegamos me metí enseguida en la cocina, iba a lucirme, para nuestra cita de esa noche, quería que fuera especial, sacar lo mejor de mí, para ella. Mientras, Kate tomaba un poco de sol en una de las hamacas de la piscina mientras, seguía leyendo mi libro, mi libro para ella… Nunca imagine que ese libro fuera a ser leído por su musa, así que en cierto modo estaba cumpliendo, sin saberlo una más de mis metas.
Cuando acabe la cena, escuche como Kate entraba. Levante los ojos y la vi acercarse con paso tranquilo y sonriendo, desde que estábamos de "vacaciones" se la notaba relajada, como si le gustara estar conmigo allí. Se la veía radiante, contenta… era tan rematadamente sexy con ese andar despreocupado y esa sonrisa constante.
- Hola, ¿Qué haces? - dijo acercándose donde estaba yo.
- Es una sorpresa, así que fuera de aquí - dije impidiéndole el paso - ¿Qué te pareció lo que estuviste leyendo?
- Venga… un adelanto… - dijo acariciando mi cuello y bajando hacia mi pecho con un dedo, intentando seducirme, lo triste para mi voluntad, es que lo estaba consiguiendo – Si no me dices que cocinas, no te digo si me gusto lo que leí…
- Kate… - dije soltando un suspiro.
- Vamos, solo algo… -dijo posando sus labios sobre mi cuello y yo cerré los ojos al sentir el contacto sobre mi pulso.
- Kate… – proteste - no seas mala.
- Bueno… voy a vestirme - dijo con voz enfadada, dando la vuelta y tomando dirección a su habitación. A medio camino, se giró dedicándome una sonrisa.
Suspiré, ¿Qué más podía hacer? porque esa noche iba a cumplir otro de "mis sueños", solo esperaba estar a la altura, darle todo lo que esperaba de mí, hacerle disfrutar como nunca antes lo había hecho en su vida. Suplicaba al cielo, o a mi enfermedad, que me permitiera estar a la altura de la situación. El hacer el amor con Kate, ya no sería un sueño, sería una realidad.
La quimio me dejo inactivo durante unos días, mato mis ganas, mi ilusión, hoy quería presentarle guerra y dejar el pabellón alto frente a la mujer de mi vida. La leucemia me quitaría la vida, pero esperaba me diera cancha para disfrutar esa velada.
Estuve haciendo unas llamadas mientras el horno terminaba su faena. Había encargado unas flores, el postre y encontré dentro de la despensa un vino perfecto para mi cena especial. Perfume el comedor con unas velas, deje la mesa a punto y cuando el horno me dio su señal, casi había terminado con los preparativos. Solo quedaba adecentarme yo, una ducha, y estaría listo.
Cuando acabe de la ducha me vestí con pulcritud, me hubiera gustado ir mucho más arreglado, pero la gorra no combinaba con la corbata. Ropa cómoda y fresca, esperaba hubiera otra ocasión para demostrarle que también podía vestir como un galán. Me calce mi inseparable compañera en la cabeza y salí nervioso de mi habitación. Llamaron a la puerta, eran todos mis encargos, pague y los dispuse en su lugar.
Quise ir a recogerla en su habitación, en parte para no destapar la sorpresa, y en parte para demostrarle que podía ser un caballero. Esperaba le gustara… cumplir mi promesa, darle la mejor cita, algo que pudiera recordar toda su vida, aunque yo no estuviera, formar parte de su memoria… de los buenos recuerdos de la vida.
Cuando llegue a su puerta, la de la habitación que ella había elegido el primer día, pero en la cual, dicho sea de paso, no había vuelto a dormir, estaba muy nervioso, me sudaban las manos y un ligero temblor las sacudía, era como llegar a la meta después de una larga carrera. Golpeé un par de veces y espere hasta que vi cómo aparecía tras esa puerta la imagen más bonita que nunca pude soñar. No tenía esa luz especial del día de nuestra boda, amañada, pero boda al fin y al cabo, pero su sonrisa estaba ahí presente. Cuando levanté la mirada desde sus pies hasta sus maravillosos ojos, me quede boquiabierto, era una imagen soberbia de una mujer, rebosaba feminidad por los cuatro costados. Dios debió inspirarse en ella para crear la mujer. Desde sus pies subidos a esos tacones altísimos que tanto le gustaban a ella, hasta ese vestido de vuelo rojo, que se ceñía a su cintura para subir ajustado hasta sus pechos y allí sujetarse tras el cuello, el mismo que le había besado tantísimas veces esa tarde. Su melena suelta y un ligero toque de rubor en sus mejillas acompañando al brillo especial de sus ojos.
- Castle… cierra la boca - dijo riéndose.
- Es difícil hacerlo ante tanta belleza Kate - dije besándola suavemente en la mejilla y ofreciéndole mi brazo para acompañarla hasta el comedor donde esperaba todo lo dispuesto.
- No seas cursi… - me respondió ruborizada.
La acompañe por el pasillo, tenía la mano puesta sobre mi brazo y con la otra se daba vueltas entre los dedos a un mechón de pelo. Ella también estaba nerviosa y le gustaba ese juego de seducción, la conocía y eso me hizo sentir seguro.
-Cierra los ojos – le dije al llegar a la puerta del comedor que estaba cerrada.
- ¿Qué? Venga… Rick – se quejó.
- Por favor… hazlo por mí – le suplique.
- Bueno, pero porque me lo pides por favor - dijo sonriéndome y cerrando los ojos.
- No hagas trampas Kate.
- Richard Castle, ¿por quién me tomas? - dijo riéndose.
Abrí la puerta y todo estaba cual lo había dejado hacia menos de diez minutos, la deje que se apoyara en mi brazo como lo hizo momentos antes y avanzamos hasta llegar junto a la mesa.
- Tranquila Kate, te prometí que te gustaría - dije riendo justo en su oído y vi cómo se estremecía ante un roce intencionado de mis labios. La ansiedad y el nerviosismo, así como la falta de visión hacían que sus sentidos estuvieran agudizados y en alerta. Me puse a su espalda y deje que se apoyara en mi pecho.
- Ábrelos Kate – le dije suavemente mientras atraía su cintura a la mía con mis manos y besaba el hueco de su cuello estilizado y perfumado para la ocasión.
Cuando lo hizo, pudo contemplar como la mesa estaba dispuesta para la cena. La fuente con la comida estaba aun tapada para que se mantuviera caliente, pero los cubiertos, las copas, el vino, los platos, estaba todo preparado para ser usado. La mesa estaba presidida por un centro de rosas rojas.
- ¿Te gusta? – le pregunte ante su silencio.
- Me encanta, gracias. Pero no tendrías que haberte molestado tanto, solo es una cena -dijo riéndose-me encantan las rosas, lo sabes ¿verdad?
- Es una forma como cualquier otra de darte las gracias por todo lo que estas haciendo, por cada día que llevamos casados, por hacerme el hombre más feliz de la tierra - dije mirándola. Se dio la vuelta y suavemente me beso en los labios, solo una leve caricia, una señal de cariño, una muestra de afecto.
Aparté su silla para facilitarle el asiento e hice lo mismo a su lado. Le serví en la copa que me ofrecía y bebimos mientras no dejábamos de hablar con nuestros ojos.
- Creo que será mejor que cenemos - dijo Kate sin borrar la sonrisa de sus labios.
- ¿Estás ansiosa? – le pregunte para darle algo del intriga al tema.
- Creo que tu no lo estas menos – dijo bajando la voz de forma seductora. Podría acostumbrarme fácilmente a esta complicidad que estábamos teniendo en ese momento, a ese juego de palabras, a esa seducción, en una palabra, a la vida a su lado. A ese lado, al de la mujer, al de la persona, del que me fui enamorando durante todos los años estuve como compañero y casi ni conocía.
Me levanté para recoger la comida y de forma triunfante, la deje en el centro de la mesa.
- ¿Lasaña? – pregunto expectante.
- Es mi especialidad… entre otras - respondí con una sonrisa y un pícaro movimiento de cejas.
- Eso ya lo veremos - dijo dándome su plato vacío.
La serví con una generosa ración, añadí un poco de ensalada para acompañar y se lo entregue. Hice lo mismo con mi plato, pero con menos cantidad, me senté a su lado y sin quitar mis ojos de sus expresiones, espere, ahora la expectación era mía por conocer su reacción ante "mi especialidad". Siempre pensé ser un buen cocinero pero su opinión me importaba demasiado.
Cuando vio mi expectación, quiso jugar conmigo, alargando el momento, pero ella misma tenía también curiosidad por saber cómo sabría esa comida.
- Esto… es…. – tenía los ojos cerrados, degustaba, saboreaba, estaba paladeando ese rico manjar como soñé que lo haría.
- ¿Qué…? - dije impaciente.
- Esto esta increíble - dijo sonriendo y entonces pude expulsar el aire que había estado reteniendo, le gustaba...
- Ya te lo dije, soy el mejor - dije ya tranquilo después, cerrando los ojos en un gesto triunfante.
- Si, ya, casualidad… venga, come payaso -dijo con una sonrisa.
No tenía mucho apetito, pero haría el esfuerzo, iba a ser una noche complicada. No sabía si mi enfermedad me daría la tregua suficiente para aguantar, quería dar la talla, estar a altura y que ella sintiera que no se equivocaba conmigo, quería hacerla disfrutar y si era posible hacerlo yo, aunque a mí me bastara tenerla, allí, a mi lado, mirándome con esa sonrisa seductora que me hacía volar.
Cuando acabamos con la lasaña, le retire el plato y apareció mi segunda especialidad, una mousse de chocolate. Ataco la copa y la vi disfrutar de ese dulce manjar casi con los ojos cerrados. Disfrutando de cada cucharada… Solo paro para ofrecerme la copa, al verme abrir una botella de cava que saque con el postre.
Cuando acabamos de comer, recogí un poco todo y cogí una rosa entregándosela. Ella se la llevo a su nariz llenándose del aroma.
- Que bien huelen… ¿Cómo sabias…?
- ¿Que te gustaban las rosas? Se muchas cosas de ti Kate.
- ¿Ah sí? – pregunto curiosa. Había sido una cena tranquila, en la que nuestros ojos hablaron más que nuestras bocas – Me parece Sr. Castle que cree conocerme usted demasiado, quizá pueda sorprenderle aun hoy.
- Estoy casi seguro de que si, conozco tus gustos porque durante todos estos años a tu lado, he aprendido mucho de tus gestos, de tus gustos. Todo ha ido guardándose aquí – dije señalando mi mente - Ahora haremos algo que no puedes hacer en la ciudad.
- ¿Ah no? Dígame Sr. Castle – me pregunto mientras se levantaba de su silla al momento que yo le ofrecí mi brazo para acompañarla.
- Ven, te lo enseñaré – dije cogiendo una manta preparada para la ocasión. La guie hasta el exterior hasta llegar a la barrera que nos separaba de la arena de la playa – creo que será mejor que te descalces.
Kate, obedientemente, se apoyó en mí, desato sus zapatos y se descalzo. Y así, juntos, cogidos del brazo, nos acercamos a la orilla, tendí la manta en el suelo, y le ofrecí mi mano para que sentara.
- Ven, hazme caso, túmbate, tenemos entradas para el mejor espectáculo del siglo.
- ¿Qué? – pregunto inquieta, mientras cumplía mis órdenes.
- Te voy a mostrar las estrellas - dije sonriéndole coquetamente.
- ¿Seguro? – pregunto algo escéptica.
Me tumbe y ella hizo lo mismo. Allí estaba, con la mujer de mi vida, y no sabía ni por dónde empezar.
- Ves, aquella es la osa mayor y esa de ahí es la osa menor - dije muy serio a pesar de no tener ni idea del tema, como si fuera un auténtico astrologo. De repente, Kate empezó a reírse a carcajadas - ¿Qué? ¿Qué es tan gracioso?
- Rick, de verdad, ¿esto lo usas con todas?
- No… normalmente no traigo a nadie aquí, quizá en alguna fiesta de algún vecino, he intentado alguna vez pero... ¿por qué?
- Pues déjame decirte que sales con gente que no tiene dos dedos de frente - dijo incorporándose por el ataque de risa.
- Oye… - eso me hizo sentir algo infantil, la verdad, que pensé impresionarla, pero claro, era Kate Beckett, a ella no se la impresionaba enseñándole estrellas. Además de policía, no solo era lista, sino que acabo en la universidad con matricula "Cum Laude"…
- ¡Ays! Disculpa… - dijo aun entre risas - Castle no has dado ni una.
- ¿Seguro? – pregunte vanidoso… intentaba deslumbrarla con mi verborrea y mis conocimientos y se estaba riendo a carcajadas de mí. A eso se le llamaba triunfar… vaya fiasco el mío.
- Esa es la constelación de Orión, ¿ves la forma…? y esa, si es la osa mayor.
- Claro y lo tuyo tiene que estar bien y lo mío mal ¿no? – le dije herido en mi ego masculino.
- Vamos no te enfades… - dijo parando ya de reír – si en el fondo hacía tiempo que no reía tan a gusto. Eres un payaso, si lo sabía… otra cosa no sé, pero la risa estaba asegurada contigo.
- No vale, eres mejor que yo en todo… ¿habrá algo en lo que pueda yo ganarte? – dije triste, intento impresionarla y lo único que consigo es que se de unas risas a mi costa.
- Desde luego, venga no te enfades, mira, sin duda, cocinas mejor que yo… - paro y se tumbó de nuevo a mi lado apoyándose en el codo para mirarme a los ojos, ahora ya de forma seria – y quizá, y digo quizá, aun puedas demostrarme que también sobresales en otros campos – y con un guiño se acercó sus labios a los míos.
- Pues veras… - iba a darle algún tipo de explicación, pero sus labios invadieron los míos.
Saboree sus labios, su lengua y encontré en su boca el sabor del cava mezclado con el chocolate, una mezcla perfecta pues estaba en la boca de la mujer que quería con todo mi ser. Deguste ese beso como si del mejor manjar se tratara y deje que nuestras lenguas jugaran picaras. Estaba disfrutando ese instante cuando vino a mi mente una imagen. Ella estaba allí, a mi lado, pero no me quería.
-Kate, de verdad, no tienes que hacerlo… y menos aquí - dije señalando el lugar donde nos encontrábamos.
- Shs… - dijo colocando su dedo sobre mi boca haciéndome callar – no rompas el momento, además, así puedo darte alguna lección más sobre astrología – dijo soltando una risita antes de atacar de nuevo mis labios.
CONTINUARÁ…
El miércoles por fin habrá llegado el momento…jaja. Siento haberos echo esperar pero os prometo que el momento llegará el miércoles. Espero que hayas disfrutado de la cita y que tengáis una buena semana.
Espero como siempre vuestros comentarios XXOO
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