Hola.
Primero que nada quiero dar las gracias a las cuatro personas que se dieron su tiempo para comentar, la verdad es que al ver que no había interés estaba por abandonar la historia, pero realmente me levantaron la moral, por eso de regalo hice doble actualización. Espero que les guste.
-La situación es la siguiente –había dicho Fury en aquella ocasión –sus hijos no pueden estar en el mismo lugar sin estarse agrediendo. Están causando un caos y a menos que se resuelva esto los voy a tener que expulsar a ambos.
Loki ignoraba lo que le dijo su padre a Thor, pero recordaba perfectamente cada palabra que había dicho Laufey.
-Tengo grandes expectativas sobre ti –Lo miraba con aquellos ojos recios y penetrantes que tanto lo intimidaban. Su voz sonaba más grave de normal y más firme y Loki podía jurar que hasta crecía en estatura porque parecía un gigante ante él. – ¿Sabes cuánto trabajo me costó para que entraras aquí? Es un lugar exclusivo al que solo personas importantes logran ingresar. Genios, gente con dinero, con poder. Cuando te gradúes ninguna universidad te cerrara la puerta y tú lo estas echando todo a perder ¿Por qué? ¿Por una disputa infantil con el hijo de Odín?
-¿De nada sirve alegar que él empezó?
-¡Me importa una mierda quien lo empezó! –exclamó muy enfadado, Loki pocas veces lo había visto así. -¿Es que acaso no lo entiendes? Para él es fácil hacerlo porque tiene la vida resuelta ¡Pero tú no! No te puedes dar el lujo de que te expulsen otra vez, no de aquí.
-¿Y qué quieres? –Debatió indignado – ¿Qué deje que cualquier imbécil pase sobre mí? ¿Qué agache la cabeza como tú? –sus lágrimas comenzaban a surgir, le dolía que su padre no estuviera de su lado. El quien había perdido todo por culpa de Odín. ¿Acaso no lo podía entender? Ya había padecido suficiente por tipos como Thor y se había jurado que no lo volvería a permitir.
-¡Precisamente porque no quiero que tengas el mismo destino que yo! –Laufey se acercó cojeando y tomo el rostro de su hijo entre sus manos, limpio sus lágrimas con los pulgares y le sonrió. Sabía perfectamente lo que sentía, sabía que había una herida que aún no terminaba por cerrar pero también sabía que eso se tenía que hacer. –Loki –dijo con un nudo en su voz, –tú eres una persona muy especial. Muy dentro sabes que no perteneces aquí. Pero si quieres volar, hijo, primero debes aprender a caminar y levantarte al caer. Tú más que nadie sabe las consecuencias que una mala decisión puede traer.
Y como si esas fuesen palabras mágicas Loki se quebró. Sus lágrimas comenzaron a derramarse como un torrencial y avergonzado enterró el rostro en el pecho de su padre quien lo abrazo. No le gustaba que lo vieran así, no quería ser débil, no quería llorar y mucho menos recordar. Pero era cierto, los actos impulsivos e imprudentes no hacían más que causar tragedias y aunque la venganza era buena, el mal no se podía deshacer.
-Lo siento –sollozó. Aun lo martirizaba aquel error, la causa de su expulsión. Había defraudado a su padre, se había defraudado a él –lo siento.
-Lo sé. Tranquilo, todo estará bien.
-No puedes asegurarlo.
-¡Oye! eres un Laufeyson, por supuesto que lo sé.
Y ese día había prometido a su padre ya no volver a meterse con Thor. Fury obtuvo la palabra de ambos de llevar las cosas en paz y aunque eso no les impedía odiarse, lo cierto es que funcionó y habían tenido dos años de tregua. Por eso es que no entendía porque Fury ahora pretendía volverlos a juntar. ¿Con que fin? ¿Acaso era tan imbécil para no darse cuenta que ahí correría sangre?
-¿Y qué piensas hacer? –le preguntó Amora sacándolo de su ensimismamiento.
Tan pronto como abandonó el colegio se había dirigido a casa de su amiga en busca de aclarar un poco su mente. Era su día libre y mientras se alistaba para salir de fiesta, escuchaba atentamente lo que el moreno le contaba; aunque no era demasiado, él siempre se había caracterizado por ser de pocas palabras y más si estas tenían que ver con su intimidad.
Lo observaba atreves del espejo de cuerpo completo en el cual juzgaba su look. Loki se encontraba sentado con las piernas entrecruzadas sobre la cama, su negro atuendo contrastando con el rojo pasión del edredón. Sus brazos descansaban sobre sus rodillas, entre sus manos el reproductor y su rostro agachado cubierto por una cortina de negro cabello se balanceaba al ritmo de alguna canción, tan fuerte que hasta ella podía escuchar. Eso era lo que Loki solía hacer cuando se quería aislar del mundo a su alrededor.
Había contado a grandes rasgos la situación que se le presento, un drama innecesario a su parecer, ¡que le diera las malditas tutorías y ya! No se iba a acabar el mundo por eso ¿O sí? Pero el moreno no se lo estaba tomando nada bien, lo que significaba que había algo más, algo que no tenía que ver con los conflictos entre Laufey y Odín, ni siquiera con su rivalidad con Thor.
Se acercó a él y le desprendió los audífonos de un tirón.
-¡Oye! –exclamó indignado.
-¿Par que jodidos vienes si no me vas a prestar atención? –Le reclamó llevándose el aparato para colocarlo en el tocador -¿Vas a decirme de una vez a que le tienes miedo o qué?
-¿Miedo? –rio echándose el cabello hacia atrás, gesto que hacía para tener tiempo de pensar en una astuta respuesta que desviara la conversación.
-Te conozco demasiado Loki. Sé que eres igual que un gato, entre más se intenta uno acercar, más feroces son los rasguños. –Se detuvo frente a él modelándole su atuendo -¿Qué tal se me ve esta combinación? –Loki arrugo la nariz y negó. Amora se desprendió de la blusa y la falda quedando solo en ropa interior, regreso al armario en busca de algo sensual. –Además no le encuentro lógica a tanto resentimiento contra ese tal Thor.
-Él y yo nunca nos llevamos bien –le contestó el moreno dejándose caer de espaldas entre los almohadones. –Llámalo desprecio a primera vista, –coloco sus manos tras su nuca y fijo su mirada en las falsas constelaciones que decoraban el techo.
-Has tenido más conflictos con el perro de mi vecino y no odias a ninguno de los dos. Al menos no a tal magnitud. ¿O no será que quizás…? -de repente una idea le vino a la cabeza, se asomó por la puerta del armario entrecerrando los ojos y preguntó -¿No será que te gusta Thor?
Loki casi se atragantó con su saliva y tuvo que reincorporarse entre toces para tomar aire, lo cual le tomó cerca de un minuto.
-¡¿Hablas en serio?!–Rio nervioso, sentía un extraño calor subiendo hasta sus orejas -Eso… eso es… es estúpido –de pronto la lengua pareció trabársele –es absurdo, es… -ni siquiera lo podía pronunciar.
Amora simplemente lo observó, sonriendo maravillada por lo que acababa de descubrir.
-¡Oh por Dios! No lo puedo creer ¡te gusta Thor! –exclamó.
-¡Qué tontería!
-¿Tú crees? –preguntó pícaramente mientras salía con un vestido entallado que no dejaba nada a la imaginación. -¿Qué tal este?
-No –fue su apreciación y Amora regresó a buscar algo más. -¿Es que acaso no estas escuchando lo que digo? –Se había puesto de pie siguiéndola al armario para buscar dentro de su caos –te estoy diciendo que nunca nos hemos llevado bien ¿Eso a que te suena? –Tomó una blusa rosa con escote en la espalda, unos jeans desgastados y se los entregó.
-A mí me suena a coqueteo, –se encogió de hombros y se comenzó a cambiar. –Como cuando eres niño y le jalas el cabello a la chica que te gusta.
-No sé, eso nunca me pasó, tal vez era demasiado tímido, –contestó distraídamente buscando algo más.
-O demasiado gay.
-O demasiado gay, sí. –le entrego unas botas hasta las rodillas y una chaqueta a juego.
-Bueno, pero entiendes el punto ¿no? –se plantó frente a él con los brazos extendidos para que admirara su obra.
-Lo entiendo bien, pero no creo que sea el caso. –Loki hizo una seña con su dedo para que girara, ella obedeció.
-¿Entonces cuál es? Porque sé que solo hay una cosa a la que le tienes miedo y es a la proximidad. –Amora clavó sus ojos en su amigo sabiendo que tenía razón, la manera tan apremiante en que este le esquivaba la mirada le daba la razón. -¿Loki? –presionó.
-¡Bien! –Estalló, no tenía ganas de discutir –le tengo miedo a Balder ¿Si?
-¿A Balder? –Preguntó desconcertada - ¿Qué tiene que ver él aquí?
Loki resopló fastidiado y se aventó nuevamente a la cama, odiaba todo lo que tenía que ver con él y para su desgracia mucho de su vida tenía que ver con él.
-Thor me lo recuerda ¿Si? Alto, rubio, con ese aire de autosuficiencia y esa sonrisa estúpida que no lo abandona jamás, simplemente no puedo soportarla.
-Y por eso lo haces enfadar, entiendo.
-¿Qué? –preguntó incorporándose sobre sus codos. Realmente no había pensado que su comportamiento respondiera a algo así, a él simplemente le caía mal Thor, tan sencillo como eso.
Amora seguía enfrascada en su arreglo personal, se había hecho una coleta alta para que sus risos cayeran como una cascada de oro por su espalda desnuda y ahora se colocaba un par de pendientes.
-¿Cómo puedes seguir enamorado de ese patán? ¿Qué no lo habías superado ya?
-¿Cómo se supone que superas algo así?
-Pues guardándole fidelidad no es una buena opción.
-¡Yo no le soy fiel! –alzo la voz. El simple hecho de que lo insinuara le causaba repulsión.
-Estos dos años te he visto despreciar a cada pretendiente que ha intentado acercarse a ti.
-¡Eso no es verdad!
-¿No? -Amora se volvió con los brazos en jarra -¿Qué hay de Svadilfari? ¿De Sigyn, de Angrboda? –Enumero.
Tal vez tenía razón, pensó, si se ponía a pensarlo seriamente tal vez y solo tal vez… podría tener razón. Era aterradora la idea de volver a caer en el amor, de perder la cabeza estúpidamente por alguien que no valdría la pena, que mentiría, que te haría perder hasta la dignidad ¿Para qué? ¿A cambio de qué? ¿De unos cuantos besos, de placer sexual? Era un desperdicio de tiempo, una mala inversión.
-No todos son Balder, Loki
–Lo sé –contestó con un nudo en la garganta, un nudo formado por esas palabras que pesaban al contener la verdad; pero en su, cabeza todos eran como él: falsos, manipuladores, egoístas, traicioneros e hipócritas. ¿Quién podría ser lo suficientemente honesto para darle una mínima oportunidad?
-¿Qué hay de ese chico castaño del deportivo? –Le recordó su amiga -¿También lo botaras sin intentarlo siquiera?
Loki se levantó rápidamente y busco sus cosas enterradas entre todas las prendas que su amiga había ido dejando por doquier.
- ¡Maldición! –exclamó. De pronto había tomado su mochila y su patineta y había salido a toda prisa de ahí.
-¡Hey! ¿A dónde vas?
- ¡Tengo que irme! –le gritó desde la puerta. Con todo ese fastidioso asunto de Thor me había olvidado por completo de Stark.
Aquella mañana Tony había asistido al colegio con renovados bríos, por primera vez en mucho tiempo todo pintaba para irle bien. Luego de su cita con el pelinegro pensó que las cosas irían a mejor, pero cuando lo había encontrado en los pasillos del colegio, ni siquiera se dignó a dirigirle la mirada. Había pasado enfurecido a su lado, como nunca antes lo había visto, simplemente lo ignoró.
Luego a la salida lo intento abordar para llevarlo a su casa, pero se limitó a evadirlo con un "ahora no Stark, no estoy de humor" y lo había vuelto a dejar ahí, aunque había prometido llamar más tarde para concertar una reunión. Sin embargo, habían pasado las horas y no había llamado, eso lo estaba comenzando a desesperar.
Estaba en su mansión, trabajando en el motor de un Shelby cobra azul de reciente adquisición. Uno de sus pasatiempos era adquirir carros clásicos y restaurarlos personalmente y en ese momento realmente necesitaba pasar el tiempo o enloquecería.
Y entonces el celular sonó…
Tony botó lo que tenía a la mano y corrió hacia una de las mesas de trabajo intentando desesperadamente dar con el maldito aparato. Había herramientas y planos que le dificultaban tal maniobra, pero por fin, luego de arrojar casi la mayoría de las cosas al suelo, dio con él.
-¿Hola? –preguntó agitado por el esfuerzo y la emoción.
-¡Wow! Nunca me habías contestado tan efusivamente –se oyó del otro lado de la línea, una voz que lo desalentó.
-Eres tu –masculló decepcionado. -¿Qué hay Rhodey?
-¿Qué hay Rhodey? –exclamó su amigo con teatral indignación. -¿Solo así?
-Lo siento, no te estaba esperando a ti, –trato de aclarar, pero su amigo inmediatamente se echó a reír al entender.
-¿El gran Tony Stark está colgado del celular? ¡No me lo puedo creer! Tengo que conocer a quien haya conseguido semejante logro ¿No se trata otra vez de Steve o sí?
-¿Qué? ¡No! Por supuesto que no, –se apresuró a decir. Lo cierto es que a últimas fechas ni se acordaba de Steve.
-Qué bueno, porque te juro que sería capaz de escaparme de aquí solo para irte a golpear.
Tony sonrió, no se imaginaba a su amigo intentando escapar de un colegio militar y menos por esa estupidez.
Se habían conocido en un internado cuando eran pequeños para después separarse en la adolescencia y cada quien tomar su camino. Rhodey se preparaba para iniciar su carrera militar y él para tomar el control de Industrias Stark. Pero la amistad había continuado aun a pesar de la distancia y dado que era el único amigo y confidente que tenía, le había contado los pormenores de sus andanzas con Loki.
-Dijo que me llamaría –contestó abatido dejándose caer en un banco próximo –y no me ha llamado.
-Bien, tú también me prometes lo mismo y tengo que llamarte siempre yo.
-Pero es diferente, -le debatió impulsándose juguetonamente para hacer girar el banco en el que estaba.
-¿Por qué nadie te lo había hecho a ti?
-¡Exacto!
-¡Claro! Como te crees lo máximo, crees que no mereces ser tratado así, pero tú sí que lo puedes hacer. Estoy seguro que más de una chica ha muerto al lado del teléfono esperando a que te dignes a cumplir tu palabra. Y ahora entenderás lo horrible que se siente.
-¿De qué lado estas? –la angustia en su voz le dictaba que Tony la estaba pasando realmente mal, por lo que las cosas debían ser diferentes esta vez.
-Bien, ¿Por qué no me cuentas que fue lo que paso ayer?
Tony suspiro ¿Por dónde empezar? Tal vez desde el momento en el que Loki tomó las llaves de su Galpin ya que ese fue el momento de su perdición.
Debía reconocer que conducía excepcionalmente bien; aun así, Tony se sentía ansioso, el sudor comenzaba a perlarle la frente y le palpitaba acelerado el corazón, pero no podría identificar si era por la proximidad del moreno, tan cerca que podía apreciar el sutil aroma de su loción o por dejar su valioso carro a su merced.
Por su parte Loki iba fascinado con el juguete de Stark, el pelinegro adoraba la velocidad, la adrenalina, el peligro, la sensación del viento golpeando su rostro dejaba salir la parte intrépida que anidaba en él. Sin embargo la ciudad no era un lugar para correr un auto así, por lo que después de unas cuantas vueltas por fin le preguntó qué dirección debía tomar.
-¿A dónde quieres ir? –preguntó Tony. Había planeado deslumbrarlo llevándolo a un lujoso lugar a comer, pero luego de encontrarlo en el pequeño café, dio por descartado ese plan.
-No sé. Tú me invitaste a salir así que tú eres el que me tiene que impresionar. –Le contestó sonriendo sin despegar apenas su mirada del camino.
-¿Impresionar? ¿Quieres decir que no lo he conseguido aun?
¿Es que acaso de nada había valido todo lo anterior? –Pensó Stark.
-La verdad es que no. Todo ese despliegue de galantería y excentricidad tal vez te resulte con la chicas pero no es para mí. –Dijo tajante. –En lo personal, creo que es un desperdicio de presupuesto. Una familia entera hubiera podido vivir cómodamente por un mes con lo que gastaste tan solo ayer.
-Para mí no fue nada, –espetó contrariado, nadie le había cuestionado nunca su forma de gastar.
-Lo sé. Y no fue un cumplido. Debería ser ilegal que exista gente como tú.
-¿Gente como yo? –ahora sí que se comenzaba a ofender.
-Con más dinero del que pueden gastar. Eso es algo casi obsceno, no entiendo como puedes dormir,
-Tengo un programa especial que simula los arrullos del mar –dijo cínicamente para hacerlo rabiar.
-¡Oh, cállate!
Bajaron la velocidad hasta detenerse en una luz roja, fue ahí cuando Indries Moonji apareció.
Era una mujer arrebatadoramente hermosa, de tez morena y ojos de un azul cristalino, su largo cabello negro ondulaba por su espalda. Su auto se les emparejo y Tony no pudo dejar de babear por su presencia. Siempre había estado prendado de esa mujer, mano derecha del director se su compañía Obadiah Stane y el suponía que también su amante. Sus formas voluptuosas siempre lo habían calentado desde que dejo su niñez.
Loki se percató hacia quien se dirigía en ese momento la atención de Stark y resoplo de indignación ¿Cómo es que alguien que se atrevía a seducirlo lo ignoraba para ver a alguien más?
¡Hombre tenía que ser! –pensó Loki apretando fuertemente el volante y la palanca de velocidad.
En el momento en el que escucho rugir el motor de su auto Tony se dio cuenta de su estupidez. Tan pronto cambio la luz a verde el pelinegro piso a fondo el acelerador.
Fue como ser perseguidos en una película de acción. Loki rebasaba sin señalar, derrapaba al dar las vueltas, sonaba el claxon a la menor oportunidad e insultaba a todo aquel que se atravesaba en su camino, esquivó puestos, postes y hasta se subió sobre una banqueta. Por suerte abandonaron pronto la ciudad y se adentraron en una carretera donde se dio el lujo de acelerar un poco más.
Tony se aferraba hasta con las uñas mientras Loki no hacía más que reír. Fue cuando intentó rebasar un tráiler que perdió el control.
-¡Cuidado! –gritó el castaño.
En sentido contrario venia una camioneta a alta velocidad por lo que Loki tuvo que girar de último momento para esquivarla haciéndolos salir del camino hacia la polvorosa terracería. Tony pensó en ese momento que iba a morir, pero el moreno logró controlar bien el carro antes de chocar contra un gigantesco árbol, en su lugar destrozo una cerca y se internaron en lo que parecían unos sembradíos. En un segundo pasaron de vientos despejados a altos maizales que les impedían ver, les arañaban el rostro y les golpeaban la cabeza.
-¡Pero que demon…! –ni siquiera termino a articular, el auto piso una enorme roca que lo hizo salir volando hasta caer de forma explosiva en una pantanosa laguna, donde por fin frenó.
Por un momento ambos enmudecieron del susto y de la suerte con la que habían corrido. Stark sintió cada uno de sus huesos temblar y su corazón latiendo tan fuerte que parecía querer abandonar su pecho y salir corriendo de ahí. Loki por su parte se echó a reír, mientras agitaba su cabello ahora completamente empapado.
-¡¿Estas demente o qué?! –le gritó Stark fuera de sí. -¡Pudiste morir!
-Pero no fue así –contestó con desvergonzado desinterés.
El agua ya comenzaba a llegarles a la cintura, Loki se quitó el cinturón y luego de tomar sus cosas empezó a salir cuanto antes de ahí, Tony gruñó fuera de quicio y lo imitó.
-¡Oops! –Dijo Loki escurriendo su ropa cuando llegaron a la orilla –creo que tendremos que ir a pie desde aquí.
-¿Oops? –lloriqueó el castaño viendo su precioso auto, recién entregado de agencia hundiéndose frente a él. -¡Mi seguro no cubre arranques psicóticos!
-Diles que te desmayaste.
-¿Qué me…? Tu… ¿pero cómo…? –ni siquiera podía formular su enorme frustración. -¡Ahhhhh!
-O mejor aún, diles que se te atravesó una hermosa chica, seguro te creerán más.
Tony enmudeció, comprendió de pronto de donde había nacido aquel arranque homicida.
-¡Espera un momento! ¿Estuviste a punto de matarnos por un arranque de celos? –preguntó sin podérselo creer ¿Pero qué demonios tenía en la cabeza para hacer algo así?
-¿Celos yo? ¿De ti? No me hagas reír –le espetó sarcástico, aunque le costaba admitir que una extraña espinita se le había incrustado cuando descubrió a Stark viendo a aquella hermosa mujer, pero primero muerto que darle la razón.
-¡No puedo creer que hayas arruinado un carro de millones de dólares solo porque vi por un segundo a una mujer! –no sabía si sentirse indignado o alagado, nadie se había comportado así con él.
-En primera fue completamente un accidente y nada tuvo que ver la mujer –su sonrisa sarcástica desapareció –en segunda: sí, estoy bien, gracias por preguntar, absolutamente nada me paso, no puedo creer que te preocupe más tu miserable carro que tu propia salud o la de los demás y en tercera: no es para tanto, solo… se mejo… un poquito. Seguro tendrás dinero suficiente para comprarte otro juguetito como ese o hasta más.
-Mira Loki, ya…
Pero el sonido de un arma cortando cartucho lo cayó, lentamente los dos chicos se giraron a la vez. Frente a ellos un hombre mayor los observaba con infinito rencor, mientras apuntaba una escopeta en su dirección.
