-¡Papa! ¡Dile a Býleist que no toque mis cosas! –Gritó Helblindi desde el piso superior.

-¡Yo no agarre nada! –Se defendió el menor –lo que pasa es que eres una desordenada.

Laufey cerró los ojos y se masajeo en entrecejo, adoraba a sus hijos, pero había veces en que deseaba que no llegara el fin de semana para no tener que escucharlos pelear. Estaba mal que pensara así, lo sabía, pero era un paquete demasiado grande para él, y él sabía de cosas bárbaras. A veces se sorprendía ofreciéndose a cubrir turnos con tal de obtener un poco de dinero extra y no tener que regresar a la casa, tres adolescentes eran demasiado para él.

-¿Y cómo viste a Loki? –preguntó a Skadi, su hermana menor quien solía visitarlos con regularidad.

Era más chica que él por casi diez años lo que, aunado a sus estudios de psicología, la hacía entenderse mejor con sus hijos. Pero Laufey jamás la podría ver como toda una profesional y no era porque fuera solamente su hermanita, sino a toda esa facha de hippie que siempre se cargaba, sus faldas largas, sus ropas desgastadas, su cabello negro alborotado como un esponjoso arbusto. Y sin embargo siempre había estado cuando más la necesitó. Lo había ayudado en su rehabilitación cuando fue herido en la pierna por una bala, estuvo ahí cuando perdió el trabajo y entró en depresión, cuando Farbauti se fue y cuando cayó en el alcohol. Siempre tenía un consejo para él, aunque no se lo pidiera.

-Pues… es Loki… -contestó sin más - ¿Cómo habría de estar?

Laufey negó en silencio observándola atentamente mientras le ayudaba doblar la ropa que salía de la secadora, no era esa la respuesta que deseaba escuchar.

En medio de lo posible, Laufey se esforzaba por ser un padre "normal", "moderno", "comprensivo" y en verdad que le costaba un montón. ¿Qué padre puede soportar que su primogénito, su niño perfecto, su orgullo, se le plante en frente un día y le suelte un "papá, soy gay"? Y por supuesto él no fue uno de ellos.

Lo habían educado de una manera diferente, recia, ruda y si bien siempre supo que su hijo no correspondía a ninguna de las descripciones anteriores, siempre se repetía que se debía a que se trataba de un caballero y no de un homosexual.

En un principio se preguntó si él no tenía un poco de culpa por descuidarlo de alguna manera, de no ser una figura paterna constante para él. Por no enseñarlo a golpear a los chicos que se burlaban de él, por no llevarlo de campamento o a pescar como cualquier padre normal debía hacer; pero Loki no sabía nadar y odiaba las actividades al aire libre porque le irritaban la piel. Las veces que lo habían intentado habían gastado más en medicamentos para alergias que en el equipo que habrían de llevar. Siempre fue un suplicio para él así que mejor lo dejo que siguiera con sus libros, soñando con lugares a los que él no lo podía llevar y que en definitiva no lo harían enfermar.

Después se preguntó si se trataba de algún castigo divino por algún acto mal intencionado que hubiera realizado sin querer. Incluso pensó que se trataba de una broma de Loki para fastidiarlos y llamar su atención, cuando lo sorprendió besando a ese chico rubio definitivamente lo descarto. Buscó ayuda, orientación, incluso maneras de volverlo a la "normalidad"; con el tiempo comprendió que su homosexualidad era inherente a él, como lo era su cabello negro o su gusto por dibujar, simplemente era una pequeña parte de él. Sin embargo eso no significaba que sus preocupaciones fueran menos, porque si bien jamás embarazaría una muchacha, estaba todo lo demás.

Y ahí era donde radicaba el problema, el conocía a grandes rasgos el comportamiento de los chicos de su edad, lo único que había en sus cabezas era sexo, chicas y la forma de hacer a estos dos conceptos coincidir. ¿Cómo se suponía que era el comportamiento normal de un gay? Lo que Laufey sabía al respecto es que eran afeminados, promiscuos, coquetos, coloridos, con un gusto exquisito por la moda y un sinfín de clichés mas, pero Loki no se comportaba así ¿Acaso no era un gay normal?

En todos esos años jamás supo de algún chico que le llamara la atención, porque si bien no le gustaba la idea de que sus hijos perdieran el tiempo con noviecillos, no quitaba que no estuvieran pensando en esa posibilidad. Sabía el nombre de un par de niñas que le gustaban a Býleist y al menos una docena que pretendían a Helblindi; incluso él, a sus años, aun le emocionaba cuando la dependiente del minisúper le rozaba la mano sutilmente al entregarle el cambio, ¡¿Pero Loki?!

Laufey pensaba que tal vez todo era consecuencia a esa mala experiencia por la que atravesó y en verdad le preocupaba que sus hijos fueran, en gran medida, felices. Pero Loki se amargaba cada día un poco más.

-Te hace falta la presencia de una dama –dijo su hermana dando por concluida la labor y depositándola en tres canastos, dos para sus sobrinos menores y uno para su hermano mayor. Loki solía lavarse el mismo y algunas veces ayudaba a Býleist.

-Para eso te tengo a ti. –En verdad agradecía las veces que se daba la oportunidad de ayudarlo a poner en orden su casa. Entre él y Loki se las arreglaban para mantener la casa limpia, pero era hasta que llegaba Skadi que se hacia el verdadero quehacer.

-No era a esto a lo que me refería –bufó tomando una nueva carga de ropa que salía de la lavadora y metiéndola a la secadora. -¿No piensas volver a salir con alguien?

-Te recuerdo que aún estoy casado –farfulló irritado por la cuestión, ya sabía a donde se dirigiría todo eso.

-¡¿Aun no inicias los tramites del divorcio?! –Se volvió su hermana, tan impresionada como si le hubiera dicho que habían nombrado un papa gay -¿No estarás pensando que lo reconsiderará, verdad? Es decir, creo que tres años son mucho tiempo para pensarlo ¿No crees? ¿En que habíamos quedado la última vez?

-En que no te meterías en mis asuntos, creo –le espetó.

-Soy tu única hermana, es mi deber. No puedes seguir fingiendo que tienes una relación cuando no la hay. Y no pongas de pretexto a Býleist, creo que está lo suficientemente grande para entender.

-¿Ya vamos a empezar? –Arrojó la ropa terriblemente irritado y se retiró lo más rápido que su cojera se lo permitía, pero aun así su hermana lo siguió.

-Pues sí. Y te entiendo, en verdad, teniendo a Farbauti aun en tu vida nunca tienes que tratar, pero el hecho de volver a intentarlo no significa necesariamente que obtengas el mismo final.

-¿Sabes? Eso es lo que odio de tus visitas.

-¿Qué tengo razón?

Tan pronto llegaron hasta la cocina, Laufey trató de concentrarse en algo más. Tomó un vaso y lo llenó de agua para beber, necesitaba calmarse porque una vez que su hermana empezaba con ese tema no lo soltaría hasta hacerle desquiciar y por el carácter de él, no le costaría demasiado.

-Crees tener la razón. –Le aclaró, pues para él, evidentemente no la tenía. -El hecho de que seas psicóloga no te da ningún derecho a analizarme ¿No puedes simplemente venir a visitarme y no criticar?

-¡No te estoy criticando! Te estoy haciendo ver la realidad.

-Muy sutil –soltó sarcástico, tomando de un solo trago el contenido del vaso.

-Si quieres que tus hijos salgan de su caparazón, tú debes poner primero el ejemplo. Mientras no superes tus miedos no los dejaras tener una vida normal.

-Vida normal, tú dices embriagándose y drogándose, contrayendo alguna inflexión de carácter sexual.

-¡Por favor! No seas tan exagerado.

-¡¿Yo soy exagerado?! –No lo podía creer ¿Es que acaso esa mujer no leía las noticas? No había día en que el periódico no relatara algún tipo de comportamiento desenfrenado por parte de algún menor, ya ni hablar de suicidios, violaciones y asesinatos.

-Estamos hablando de salir a pasear, ir a fiestas, tener novios. Deja de pensar que todo el que se les acerca a tus hijos es un depredador sexual en potencia. Son adolescentes y sus compañeros igual.

-Eso no los disculpa de actuar de forma irresponsable.

-Lo dices por lo que le paso a Loki.

-¡Por supuesto que sí! –Arrojo el vaso a la tarja donde se estrelló. Aquello era algo que jamás podría olvidar.

-Era un chiquillo desorientado ¿Por qué lo culpas?

-No lo hago, pero si culpo a todos los demás. –dijo apretando fuertemente los dientes. Recordarlo le causaba un gran dolor que se negaba a demostrar. -A todos esos desgraciados que se regodearon en su desgracia, como si exponerlo de la manera más vil fuera una insignificancia, -borró rápidamente una lágrima rebelde que escapó de sus ojos sin querer, -sin entender todo lo que su "bromita" pudo ocasionarle a Loki. Me niego a exponer a mis hijos a algo así.

-La vida es cruel y las personas más, no lo puedes evitar. –Se acercó para reconfortarlo pero Laufey retrocedió.- Encerrarlos no es la solución, enséñales mejor a volverse a levantar.

Laufey respiraba agitado estaba a punto de debatirle cuando el timbre sonó y enhorabuena o aquello iba a terminar realmente mal.

-Si me disculpas –dijo con un tonillo de burla –tengo que ir a abrir.

Loki se encontraba en su cuarto, en pijama a pesar de ser más de mediodía y con la cama sin tender. Regularmente era de los que tenían el cuarto perfectamente ordenado pero era sábado y ese día solía darse permiso de flojear. Tenía los audífonos puestos para escuchar música al mismo tiempo en que leía, por eso no escucho el revuelo de sus hermanos o el llamado de la puerta. Salió de su ensimismamiento únicamente cuando su padre entro en su habitación.

-No sé cómo puedes oír música y leer al mismo tiempo –le dijo.

Loki se sacó uno de los audífonos y entrecerró el libro.

-Es como el soundtrack de una película, ayuda a sentir mejor la historia.

-Interesante, tal vez lo intente alguna vez.

Laufey curioseó sus cosas distraídamente, observando sus dibujos sobre su escritorio y ojeando los libros que no encontró en su lugar. Luego se recargó en el librero y lo observó. Loki supo entonces que había otra razón por la que estaba ahí. Acomodó un separador entre las páginas del libro y lo cerró, también apagó su reproductor y se sentó.

-¿Hay algo que me quieras decir? –preguntó y su padre sonrió.

-Curioso, es lo mismo que yo te iba a preguntar ¿Hay algo que deba yo saber?

Loki enmudeció. ¿Aquello era alguna especie de pregunta capciosa? ¿Es que de alguna forma se había enterado de lo suyo con Stark? Porque si era así estaba frito. Pero si algo había aprendido en sus años de mortificar a Fury era en no revelar algo de más, así que simplemente se encogió de hombros y negó.

-No. –inocente hasta que se le comprobara lo contrario, pensó.

-¿Seguro? –insistió su padre y él se mantuvo en sus diez. –Bien, entonces si no es mucha molestia, me gustaría que me explicaras que hace un chico en nuestra sala preguntando por ti.

-¿U… un chico? – preguntó nervioso, su padre asintió. Ok. Debía admitir que aquello no se lo esperaba, y si era Stark con alguno de sus cursis regalos lo iba a matar. –No lo sé –dijo inocentemente, pero el solo hecho de pensar que el imbécil de Tony estaba ahí lo hizo sonreír contra su voluntad.

-Pues es mejor que vayas a ver ¿No crees?

Laufey no era tonto, hacía años que no veía a Loki sonreír así, con los ojos brillando como estrellas y un ligero sonrojado en sus mejillas. De un brinco se levantó y se comenzó a cambiar. De pronto sintió que frente a él tenía aquel niño que el sufrimiento y la amargura se llevaron, no pudo evitar sonreír también. Cierto, no brincaría de gusto porque un tipejo había ido a ver a su niño, pero a una parte de él le alegraba verlo así. Por supuesto tendría con él un par de palabras respecto a las visitas de ese tipo, pero por el momento lo dejaría pasar, principalmente porque le causaba gracia ese comportamiento coqueto que desplegaba frente al espejo y que solo había visto en Helblindi antes de salir.

Cuando Loki por fin estuvo aparentemente a gusto con su aspecto salió de la habitación, pero cuando estaba por bajar las escaleras su hermana gritó y subió como una tromba hasta él.

-¡Oh por Dios! ¡No lo puedo creer! –Exclamó sin aliento -Adivina quién está sentado en nuestro sillón. Juro que no dejare que nadie vuelva a sentarse en él.

-Cálmate Blindi –expresó sonriente su hijo y Laufey juraría que, aunque contenida, estaba experimentando una emoción similar. –No es para tanto, –dijo, como siempre, muy propio.

-¿Qué no es para tanto? ¿Qué demonios tienes en la cabeza? –Preguntó indignada – ¡Thor Odinson está en nuestro sillón! –exclamó y Loki palideció, Laufey intuyó que no era la persona que esperaba, aunque al parecer su hija sí. –Y yo en estas fachas ¡Qué horror! Hazme un favor y entretenlo en lo que me cambio ¿Si? –y dando un gritito y un pequeño salto corrió rumbo a su habitación.

-¿Odinson? –Preguntó Laufey sin podérselo creer ¿Qué hacia un Odinson ahí? evidentemente había preguntado su nombre cuando abriera la puerta, pero había pasado su apellido por alto.

-Eso parece –contestó su hijo. Todo rastro de la dicha pasada se había evaporado sin más. Su gesto se ensombreció y su mirada se hizo dura y gélida como un bloque de hielo. Sus labios se apretaban en una mueca de disgusto.

-¿Y qué es lo que quiere aquí? Contigo principalmente.

Loki resoplo y no le quedó más remedio que contarle a grandes rasgos la consigna de su director.

-Pero esta demente si cree que accederé –sentenció tajante y camino de regreso a su habitación.

-¡Un momento! –Lo frenó -¿Cómo está eso de que no piensas cooperar? ¿En que habíamos quedado tú y yo?

-En que me mantendría a una distancia prudente de él y eso es lo que pienso hacer.

-No, quedamos en que tomarías tu futuro más enserio.

-¡Y lo estoy tomando enserio! Es un grave error tratar de ponernos en la misma habitación ¿Acaso nadie se da cuenta que nos odiamos?

-Sí, y siempre me he preguntado porque. Algunas veces pienso en si no heredaron los rencores de sus padres, lo que me hace cuestionarme si hice bien en contarte de mí conflicto con Odín.

-No hay secretos entre nosotros ¿Recuerdas? –era un pacto entre ambos.

-Si. Lo que me recuerda ¿Quién es Anthony Stark?

-¿S…Stark? –Loki se atragantó. –Es… una larga historia, –dijo con una tímida risilla, recuperando el ruborizado de sus mejillas y el brillo anterior en su mirada.

-Una interesante al parecer. –Ahora Laufey sabía a quién se debía tanta emoción.

-¡Oh, sí! –sonrió.

-Bien, pero tendrá que ser para otra ocasión. Ahora baja y arregla esta situación. Ya sea que aceptes apoyar o no al hijo de Odín no lo quiero aquí, no lo quiero en mi sala y definitivamente no lo quiero en mi sillón.

Thor se encontraba solo en aquel extraño y desconocido lugar. Era una casa pequeña en comparación a donde vivía él, aunque con una calidez mayor. La pared de la escalera que bajaba justo frente a la puerta, estaba cubierta con fotografías de toda una historia familiar. A su izquierda se abría un arco que daba a una cómoda y modesta sala donde ahora se encontraba él.

-¿Eres un gigante? –escuchó una voz tras él. Cuando se giró se encontró con un niño de aproximadamente doce años, de tez clara, cabello castaño oscuro y grandes ojos verde miel. Sus rasgos afilados le recordaban mucho a Loki, pero era a la vez muy diferente. Llevaba el cabello despeinado, unos lentes chuecos y portaba una pala como si se tratara de un báculo mágico.

-No –le contestó.

-Es una lástima –dijo con una voz demasiado pausada y aterciopelada para un niño de su edad, –hubiera sido muy útil.

-¿Para qué? –la forma como caminaba alrededor de él, analizándolo, le daba la sensación de ser un espécimen raro en aquel lugar.

-Para mis estudios. –Concluyó con la inspección.

-¿Y de que tratan esos estudios exactamente?...si se puede saber.

-Como crear a un ser superior. –Thor arrugó el entrecejo, ¿acaso había escuchado bien?

-¿Eres una especie de pequeño nazi o algo así?

-No –contestó el pequeño con elegante formalidad.

-¿Y para qué quieres la pala? –preguntó entonces, lo ponía nervioso en la forma intensa en que lo miraba como una serpiente a punto de atacar, definitivamente le recordaba a Loki.

-Hay una madriguera de comadrejas en el patio. –Dijo solamente como si fuera todo lo que Thor necesitara saber.

-¿Has pensado en llamar al control de plagas?

-No es algo propio de nosotros –le sonrió como si le estuviera hablando a un crio –los Laufeyson nos encargamos de nuestros asuntos personalmente. –Aquel comentario le causo un escalofrió. –Esas criaturas no saben con quién se han venido a meter. –Y pasó de largo dejándolo solo en el lugar.

Thor se dejó caer en un sillón próximo, preguntándose si todos los Laufeyson eran tan extraños, cuando una chica en piyama y pantuflas de conejito lo miraba como si fuera una aparición.

-Hola –saludó cortésmente pero la chica solo gritó y salió corriendo escaleras arriba.

Bien, definitivamente eso contestaba su pregunta.

Minutos después bajo Loki, tan pulcramente arreglado que Thor se preguntó si incluso cuando dormía lucia así.

-¿Qué haces aquí? –le espetó fríamente llegando hasta él.

-De donde vengo solemos saludar antes. –Lo miro hacia arriba desde su posición.

-Y de donde yo vengo no solemos visitar a alguien sin invitación ¿Quién carajos te dio mi dirección?

-Fury –mintió, lo había averiguado Hogun pero no lo iba a decir. –Quería asegurarse que serias mi tutor.

-Creí haber dejado perfectamente claro mi punto de vista al respecto.

-Si. Prefieres repetir el año antes que ayudarme, lo entiendo, pero ¿sabes qué? Aunque no lo creas esto no es más agradable para mí y eso es porque eres una de las personas más difíciles de tratar que he conocido, –declaró, mientras el otro lo observaba con los brazos cruzados y una mueca de fastidio. -Tengo una vida, un plan el cual echaste a perder con tu estúpida bromita y si tengo que aguantarte por tres semanas para salir del problema, lo hare. Porque a mi si me importan las expectativas que tengan mis padres. Así que no me iré hasta tener tu palabra de que me ayudaras.

-Pues entonces ponte cómodo, porque definitivamente no lo hare, -fue su última palabra y se fue.

Thor sabía que estar ahí no era una buena idea, pero aun así había decidido arriesgarse, porque aunque él podía bien afrontar las consecuencias de sus imprudentes actos, no podía arriesgar a los demás; eran un equipo en las buenas y en las malas, incluso si los resultados los afectaban o no. Un ejemplo había sido el mérito de Sif, quien aparentemente había cambiado de opinión y ahora los alentaba a seguir.

-Creo que el pretexto para hablarle ya lo tienes –le había dicho a la salida del día anterior. Como todos los viernes solían ir al trabajo de Volstagg a comer. –Así no se le hará sospechoso que de buenas a primeras te le quieras acercar.

-Dijo que prefiere repetir el año antes que acercarse a mí, -le debatió- así de grande es su rencor por mí ¿A mérito de que voy a empezarlo a enamorar? -Porque por más que le diera vueltas al asunto y tratara de verlo como un simple juego o un negocio, nada más no se podía convencer.

-Bueno dicen que del odio al amor… -comento Volstagg colocando un plato frente a cada uno de sus amigos, sin descuidar su labor.

-Es por eso que lo primero que tienes que hacer es lograr que confié en ti. –Insistió Sif – Si consigues ganarte su confianza y que olvide su rencor, ya estás del otro lado.

-¿Y eso como rayos lo voy a hacer? A mí me parece que él no confía ni en su sombra.

-Eso, querido amigo, es el objetivo de tu misión –agregó Fandral con la boca llena –habrá que hacer uso de todos tus encantos.

-¿Y luego qué? No es como si fuese una aventura de una noche o dos. Estamos hablando de enamorar a una persona, de tener un… si siquiera puedo pronunciarlo, ¿un romance con Laufeyson? Es como manosear una granada y esperar que no te explote, además mi novia está a punto de regresar.

-¡Como si Laufeyson fuera la única persona con la que has engañado a Jane! –Se quejó Sif, nunca había estado a favor de su desfachatada infidelidad -Además no veo el problema con mantener un romance con Loki, Jane no va a sospechar que de pronto te hayas vuelto gay ¿o sí?

-Supongo que no, pero Jane es mi novia y jamás le he hecho algo así. –Es decir, solía tener aventurillas nada más, pero nada que durara más de un fin de semana, en ese sentido le daba su lugar.

-¡Por favor! te he escuchado hablar con más pasión de una hamburguesa que de esa chica ¿De cuándo acá tanta consideración? No tuviste los mismos escrúpulos cuando anduviste con la tarada Lorelei. –Y Fandral no pudo dejar pasar un ligero toquecillo de celos en su voz.

-Bueno es que hay una gran diferencia. –Le aclaró- Lorelei podría ser antipática, chismosa, presumida, ¡pero hay que ver los pechos que tiene esa mujer! -sus amigos asintieron concediéndole razón. -¡El trasero tan espectacular, lo buenota que esta! Ahora ¿cómo hago yo para ver a Loki así? Y es que dejando de lado la enemistad entre ambos y lo antipático que es, a mí no me nace nada con él.

-Tranquilo hermano –lo palmeó Fandral -vamos a lograrlo, vamos a trabajar un método de sugestión, de hipnosis si es necesario para que lo logres.

-Yo digo que la clave es la insensibilidad –dijo Volstagg, llevando ahora unas bebidas, pero ninguno pareció entender. –Es como cuando empezamos a entrenar ¿lo recuerdan? El primer día nos dolía hasta los dientes y teníamos moretones por doquier. Con el entrenamiento eso se fue reduciendo y ahora los golpes hasta nos hacen reír. A lo mejor el primer beso te va a costar, pero ya el segundo o el tercero…

-¡Paren ya! Yo no lo voy a besar. –Aseguró completamente horrorizado ante semejante posibilidad.

-¿Y cómo se supone que lo vas a enamorar? –preguntó divertida Sif, parecía disfrutar con su turbación.

-No sé, ¿Acaso no existen los amores platónicos? –dejó caer su cabeza golpeando su frente contra la mesa. ¿En qué momento se había metido en algo así?

-Creo nos estamos adelantando demasiado –habló tranquilamente Hogun. –Primero consigue que acepte darte clases y luego ya verás. Es inútil estresarse por algo que no ha ocurrido aun, trata de enfocarte en avanzar un paso cada vez.

Thor levantó la cabeza ante aquellas reveladoras palabras. ¡Tenía razón! Ni siquiera sabía si podía gustarle a Loki, si podría llevarse bien con él y ya estaba angustiando por lo que vendría después. Debía ir, como decía Hogun, un paso a la vez.