DOCE

Dolor

Zoro se queda parado frente a la puerta de la habitación del hotel, no muy seguro de si llamar a la puerta o no. En cuanto escucha un gemido ahogado propio de un llanto, se decide y golpea tres veces. Los segundos pasan hasta que, finalmente, una desmejorada Nami le abre. Tiene el cuerpo envuelto en una manta, los ojos rojos y un pañuelo en las manos. Apenas le mira. Tan solo se da media vuelta y se tira en la cama como un peso muerto antes de empezar a llorar de nuevo.

Zoro jamás ha sabido lidiar con estas cosas pero por Nami está dispuesto a hacer el esfuerzo. Lo que ha sucedido con Usopp y el Going Merry no está siendo sencillo para nadie. Sin embargo, cada uno está buscando su propia forma de llevar el dolor. Chopper y Luffy están ahora en la terraza del hotel haciéndose compañía y el cocinero se ha ido a pasear por la ciudad. Robin sigue desaparecida. Todo parece estar desmoronándose poco a poco.

De pie junto a la cama, observa con mirada indescifrable la figura sollozante de Nami. Entonces se tumba junto a ella. Ambos de lado, ella dándole la espalda. Zoro pasa una mano por su cintura y el llanto de Nami se intensifica. Sin duda, Luffy y Nami son los que peor están llevándolo. Solo que al menos Luffy, como capitán, intenta verse entero. Nami no tiene por qué hacer eso.

Los dos se quedan así durante varios minutos. No dicen nada. No se mueven. Simplemente Nami llora y llora hasta que ya no le quedan lágrimas. Solo entonces se atreve a abrir la boca. Su voz suena temblorosa y rota.

—¿Qué… vamos a hacer sin… sin Usopp? —y tiene que apretar los labios y cerrar los ojos para no derrumbarse de nuevo.

—Seguir adelante —contesta Zoro con toda sinceridad.

Nami se da la vuelta para poder mirarle a la cara.

—¿Podremos? ¿Luffy podrá?

—Luffy es el primero que tiene que poder. Si no, no podremos ninguno.

Nami hace un puchero y apoya la palma de su mano en la mejilla de Zoro. Él cierra los ojos y respira hondo, disfrutando del contacto. Los pensamientos de Nami viajan varios meses atrás. Sonríe amargamente. Toda la situación le está recordando tanto a cuando fue ella la que les dejó que no puede dejar de preguntarse cómo reaccionaron los chicos cuando se enteraron. Por lo menos Usopp ha tenido el valor de decirlo a la cara. No como ella, que se escapó sin dar ni una pista.

—¿Qué hubiera pasado si Luffy nunca hubiera tenido la idea de ir a buscarme? —pregunta sin pensar. Zoro sonríe sin querer. Ya imaginaba que los pensamientos de Nami iban en esa dirección.

—Nami, nunca te hubiéramos dejado allí sola. En el momento en el que Luffy decidió que quería que fueras su navegante aquello se convirtió en un todo o nada.

—Es que —Nami sorbe por la nariz, notando como está a punto de echarse a llorar otra vez— siento que esto es igual, que…

—De eso nada. Esto no es lo mismo —Zoro la corta, tajante. La pelirroja se calla de golpe, intimidada por el sonido de su voz—. Usopp ha dejado la tripulación porque tanto él como Luffy son unos putos gilipollas. Tú te fuiste porque tenías que salvar a tu pueblo. No tienen nada que ver vuestros motivos.

—No quiero que esto acabe nunca. Quiero que estemos todos juntos para siempre. No sé qué voy a hacer algún día sin vosotros. Todo esto me está haciendo pensar demasiado —Nami solloza ligeramente y se arrima al pecho del espadachín.

—Hasta que eso ocurra queda mucho. Trata de disfrutar hasta entonces.

Zoro la deja llorar sobre su pecho un poco más. Ambos se sienten muy a gusto, todo lo a gusto que pueden estar después de todo lo que ha pasado, pero saben que la hora de moverse ya está llegando. Como tantas otras veces les ha pasado, están pensando en lo mismo: Robin sigue sin aparecer y, después de lo de Usopp, no es algo que les tranquilice a ninguno de los dos.

Contra todo pronóstico, Nami acaba siendo la primera en incorporarse. Se levanta y se mete en el baño mientras Zoro se estira y se queda sentado sobre la cama. Cuando Nami sale con la cara limpia y la ropa algo más adecentada, Zoro se pone de pie. Se dan un beso casto, y Nami se queda enganchada en los brazos de Zoro durante un instante antes de separarse del todo.

—Voy a salir a dar una vuelta. Quiero despejarme y a lo mejor veo a Robin —le comenta con voz apagada y algo triste. Zoro asiente con la cabeza y le acaricia el pelo una sola vez para colocarlo detrás de su oreja. Ella le mira con dulzura como agradecimiento.

—Está bien. Ten cuidado. Yo estaré arriba con Luffy y supongo que seguiremos allí cuando vuelvas.

Ahora es Nami la que asiente y los dos salen de la habitación, él tras ella. Tras una última mirada cargada de significado, Nami se queda parada frente a la puerta mientras le ve marchar. Sonríe con ternura. Ahí va el más fiel hombre de la tripulación de los Mugiwara dispuesto a darle a su capitán todo el apoyo moral que necesite. Sin gestos ni palabras. Solo su presencia. Porque Luffy no necesita nada más que a su segundo de a bordo para sentirse un poco mejor, pero solo un poco, porque nada puede aliviar por completo el dolor de perder a un nakama.

Suspira y, tras controlarse a duras penas para no estallar en llanto otra vez, se va en dirección contraria a la que ha tomado el espadachín. Tiene todas sus esperanzas puestas en que Robin aparezca pronto. No está segura de poder soportar otro disgusto ahora mismo.


Nami suspira, agotada. Agudiza el oído. Los gritos de los ciudadanos de Water Seven se dejan escuchar con perfecta claridad. Por algún motivo que desconoce todos piensan que ha sido Nico Robin la que ha atentado contra la vida de Iceburg, el alcalde de la ciudad. Luffy le ha dicho antes que el propio Iceburg se lo ha dicho pero que no está dispuesto a creerlo. Y ella no está muy segura de qué pensar de todo esto.

Cuando dejó el hotel antes para ir a dar una vuelta fue cuando escuchó la noticia sobre Iceburg. Se apresuró a volver corriendo para informar a sus nakamas, así que Luffy y ella se fueron a ver cómo estaba Iceburg mientras Sanji y Chopper iban a buscar a Robin. Zoro se quedó allí sentado, pensando en a saber qué. Cuando Zoro entra en esos estados suyos tan pensativos Nami ni se molesta en intentar adivinar qué es lo que se le pasa por la mente. Aunque claro, una ligera idea sí que puede llegar a hacerse.

Y ahora están Zoro, Luffy y ella escondidos bajo un puente después de haberse encontrado con el primero siendo perseguido por toda esa gente. Luffy se ha estirado para poder agarrarse a cada borde del puente con Zoro y Nami sentados sobre él. Los dos observan de reojo a Luffy, no muy seguros de que pueda aguantar mucho más. Pero de momento los gritos siguen escuchándose arriba, por lo que no pueden salir.

—Nami —la voz de Zoro llamándola suena directa y clara. Ella lo mira interrogante—. ¿Has estado con Luffy todo el tiempo?

Nami se extraña ante la pregunta pero contesta de todas formas.

—Sí. Hemos estado juntos desde que salimos del hotel. Bueno… —añade al recordar una cosa – nos separamos cinco o diez minutos cuando él estuvo hablando con Iceburg, pero me dejó sobre un tejado así que estaba bien.

Zoro asiente lentamente con la cabeza y relaja un poco la expresión de su rostro. Nami tiene que ocultar una sonrisa al comprender entonces qué le pasaba a Zoro. Tan solo estaba preocupado por si todo esto la había pillado sola por ahí en algún momento. Esos detalles tan tontos son una de las cosas que más le gustan de él, sin duda alguna.

Los minutos pasan, Luffy cada vez está más agobiado por su postura y Nami y Zoro empiezan a estar incluso aburridos. Es entonces cuando Luffy deja escapar un grito de sorpresa y se suelta, lo que hace que los tres caigan inevitablemente al agua. Por suerte, el río no es profundo y en cuanto Zoro coge a Luffy no tienen ningún problema en salir. Zoro y Nami descubren entonces que lo que ha asustado a Luffy ha sido Chopper.

Los cuatro se sientan en la terraza de uno de las decenas de edificios que hay para ocultarse de la vista inmediata de la gente.

—Creo que ahora está todo despejado —dice Zoro, observando las calles. Nami le fulmina con la mirada.

—¿Despejado? Todo esto es tu culpa, te estaban persiguiendo a ti e hiciste que nos avistaran a nosotros también —frunce los labios con molestia y se coloca las manos sobre la falda. El viento cada vez es más fuerte.

—¡No pude evitarlo! —Zoro chasquea la lengua—. Es que hay tantos… es imposible permanecer fuera de vista —Nami pone los ojos en blanco cuando la mira y él sonríe imperceptiblemente. Cómo le gusta divertirse a su costa.

—¿Dónde está Sanji? —Luffy recuerda de repente que Chopper se fue con Sanji del hotel.

Entonces Chopper pasa a relatarles el encuentro que el cocinero y él tuvieron antes con Robin y cómo esta les dijo que no iba a volver con ellos nunca más. La furia de Luffy asoma enseguida y se pone a gritar como un loco mientras el pobre Chopper no sabe qué decir. Nami, por otro lado, se ha quedado helada. Después de todo el lío de Usopp, el hecho de que Robin no diera señales de vida no le pareció un presagio nada bueno pero esto… esto es otro nivel. Es mucho peor de lo que se imaginaba.

Aguanta las ganas de echarse a llorar con toda la fuerza que posee mientras Zoro la observa atentamente. No está seguro de que Nami se mantenga entera mucho más. Si ya se ha derrumbado antes de esa manera… prefiere no pensarlo. A él también le afecta todo lo que está sucediendo, pero no hay punto de comparación entre él y Nami. Ella lleva esas cosas mucho peor.

Zoro piensa en Robin, fastidiado por toda la situación. Aceptó que viajara con ellos solo porque Luffy así lo dijo y para él lo que dice Luffy es sagrado. Ha dado la cara y la ha protegido a pesar de que no se ha fiado de ella en ningún momento. Sin embargo, sabe que ya es hora de poner las cartas sobre la mesa. No sabe si confiar en esa mujer pero Nami, Luffy y los demás aún la quieren. Si no, no hay más que ver a esos dos ahora mismo. O a Chopper. O al cocinero estúpido, que se ha ido a buscarla.

—Es hora de despertar —estira su espada y golpea el suelo con ella, ganándose así la atención de todos—. Robin comenzó siendo nuestra enemiga. Luego dejamos que se quedara en nuestro barco. No creo que nos haya dejado por miedo después de todo este tiempo. Antes de que se ponga el sol debemos hacernos a la idea… —su mirada se ensombrece—. ¿Es esa mujer amiga… o enemiga?

Nami no puede evitar pensar cómo puede ser que Zoro siempre sepa qué decir o hacer en cada momento. Igual que piensa que tal vez si no fuera por él y esa maravillosa capacidad de mantener siempre los pies en la tierra hace tiempo que habría perdido toda cordura.

—Dijo que no volveríamos a vernos después de hoy —Zoro repite las palabras que Chopper acaba de decir—. Suena como si estuviera anunciando que va a hacer algo que empeore las cosas para nosotros —por la mente de Nami cruza un único pensamiento: ¿Más aún? ¿Es eso posible? Todos están serios y tensos mientras Zoro continúa hablando—. El atentado contra la vida del alcalde ha causado todo este alboroto. Si alguien quiere que las cosas empeoren aún más solo hay un modo.

Nami se pone blanca como el papel cuando entiende lo que quiere decir.

—Esta vez… el exitoso asesinato del alcalde —termina de hablar por él. Zoro clava sus ojos en ella durante un instante pero pronto pierde la mirada en algún punto frente a él.

—Es normal que pensemos eso. Pero ahora que sabemos que nos está inculpando por el crimen, podría ser solo una trampa para llevarnos a la escena del crimen. Si nos encuentran allí, entonces automáticamente seremos culpables.

Nami no recuerda haber visto a Zoro pensar tanto en las consecuencias de sus actos como en ese momento. Y sabe que tiene razón en parte, pero la idea que está dejando entrever con sus palabras le molesta demasiado como para aceptarlas sin más.

—¡Espera! ¡Suenas como si ya estuvieras pensando en Robin como una enemiga! —chilla ella, nerviosa e incluso algo dolida. Ella aún quiere confíar en la arqueóloga.

—Solo estoy hablando de las posibilidades —contesta despacio, con voz suave. Sabe que Nami ahora mismo está muy sensible—. La verdad es que no estoy en ningún bando.

Ella aparta la mirada porque no tiene el valor necesario para mirarle a los ojos ahora mismo. Se siente avergonzada por como acaba de saltar, pero sobre todo se siente triste y desolada. Maldice el momento en el que decidió salir de la habitación del hotel. Ojalá se hubiera quedado ahí aislada del mundo para siempre.

—Ya sea creer eso o no, si elijo un lado y el verdadero es el opuesto… en el momento en el que me mueva seré frenado —Zoro lleva la mano a sus espadas—. Si algo va a pasar será esta noche. ¿Vamos o no a la escena del crimen?

Todos se vuelven a una hacia su capitán ante la pregunta porque todos saben que solo él puede darles una respuesta.

—Vamos.

—No me importa ir pero tenemos un problema —Nami se apresura a hablar antes de que nadie se mueva. Respira hondo y se calma un poco antes de continuar—. Sanji dijo que vio a Robin caminando con alguien e Iceburg dijo lo mismo: una persona enmascarada. No somos ninguno de nosotros. Tal vez sea esa persona el motivo del repentino cambio de Robin.

—¿Le hizo algo a Robin para controlarla? —pregunta Chopper con preocupación. Nami frunce los labios y piensa lo mismo que él. Pero con Zoro cerca cualquier pensamiento enteramente positivo se desvanece en un instante.

—Esa es la visión optimista. La pesimista es que Robin y ese tío se han hecho socios.

—Pero solo saber de esa persona enmascarada no ayuda mucho —insiste Nami, sin querer dejar de lado la posibilidad de que Robin no se haya ido por voluntad propia. Igual que ella unos meses antes—. ¿Cuál es nuestra meta en esta excursión?

—Alcanzar a Robin —contesta Luffy. Se pone de pie y se sacude los pantalones—. De otro modo nunca sabremos la verdad. Pensar sobre todo esto así es una pérdida de tiempo.

—Pero ella es alguien a quien el gobierno mundial ha intentado capturar durante veinte años —recuerda Zoro, no muy seguro de poder conseguir lo que se proponen ahora mismo. Robin lleva veinte años huyendo así que debe saber cómo mantenerse oculta.

—Sí, pero esta es la única manera que tenemos de descubrir la verdad —le contesta Nami, apoyando a Luffy completamente.

Espadachín y navegante cruzan una mirada tan intensa mientras se ponen de pie que por un momento se olvidan de que no están solos. Hasta que Chopper y Luffy se lo recuerdan.

—¡Daré lo mejor de mí! —dice Chopper con total decisión.

—Entonces… ¡vamos! —ordena finalmente el capitán, haciendo que todos se pongan en rumbo.


Vamos a ver. Una cosa es ir a la casa de Iceburg, aún a riesgo de que les pillen y se líe la de Dios, para encontrarse con Robin y pedirle explicaciones cara a cara sobre todo lo que está pasando. Pero es que otra muy distinta es que el imbécil al que llaman capitán se lance directamente contra la casa y, efectivamente, se líe la de Dios. Así que Zoro, Nami y Chopper bajan del árbol en el que se han estado escondiendo hasta ahora porque saben que ya no tiene ningún sentido y echan a correr en busca de Luffy.

—¿Por qué nunca escucha? —se lamenta Nami sin detenerse en ningún momento.

—No tiene sentido quejarse ahora —Zoro, como primer oficial, es el que más ha aceptado de toda la tripulación los niveles de idiotez que puede llegar a alcanzar Luffy.

—Tal vez Robin esté entre la multitud. ¿Qué debemos hacer? ¿Entramos a escondidas? —pregunta Chopper.

—La verdad es que esto puede ser una ventaja para nosotros —piensa Nami más fríamente—. ¿Creéis que Luffy entrará en el edificio con cautela? —Zoro y Chopper niegan con la cabeza con toda seguridad—. Lo más probable es que esté siendo perseguido por los carpinteros —ahora sus dos nakamas afirman estar de acuerdo con ella—. Cuando el líder de los enemigos aparezca todos irán tras él, así que el frente del edificio debe estar muy poco defendido ahora mismo. ¡Podemos usar esta oportunidad para entrar!

—Ya veo —Zoro comienza a comprender qué quiere decir la pelirroja—. Así que la imprudencia de Luffy puede darnos una oportunidad para entrar —vuelve a decir lo que acaba de explicar Nami. Se sonríen durante un ligero momento y ella siente como ese simple gesto la calma hasta límites insospechados.

—¡Estoy de acuerdo! ¡Podemos llegar y entrar!

—¡Saltad la muralla! – ordena Nami con decisión.

Sus nakamas la obedecen enseguida pero el panorama que se encuentran al otro lado no es el que ellos esperaban encontrar. Toda la entrada principal de la casa está llena de carpinteros y ciudadanos que estaban esperando que apareciera alguno de los Mugiwara de un momento a otro. Y ellos se han entregado en bandeja.

Los tres se quedan paralizados porque en sus cabezas no tiene sentido. Esa gente no debería estar ahí. ¿Qué ha pasado con su capitán entonces? Por supuesto, a Zoro y a Nami les reconocen enseguida. A él por su recompensa, a ella porque se ha dejado ver antes por la ciudad con Luffy. Así que, otra vez, tienen que salir huyendo por patas.

—¿Dónde diablos está Luffy? —pregunta Nami al aire más que a nada, agobiada por la situación.

—¿Cómo coño voy a saber yo eso? —pero Zoro le contesta sin entender eso, recordándole que él ha estado con ella todo el tiempo—. ¡Joder! ¡No tiene sentido seguir corriendo! —se detiene en seco y se da la vuelta para enfrentar a la multitud enfurecida—. De todas formas ya nos han visto saltar la barrera.

—¡Zoro! ¿Qué estás diciendo? —Nami y Chopper también dejan de correr. Ella se imagina lo que pretende hacer el espadachín y no le hace ninguna gracia.

—No tiene sentido seguir corriendo alrededor de la casa —repite las palabras de antes con seriedad y dureza—. ¡Debemos contraatacar! ¡Y encontrar a Robin!

—¡Pero los carpinteros no son nuestros enemigos! —le recuerda Chopper con preocupación, esos pobres hombres solo están protegiendo a su alcalde.

Nami traga saliva. Sabe que Zoro tiene algo de razón. Las oportunidades se están acabando. Pero Chopper también la tiene.

—No os preocupéis. Usaré el reverso de mis espadas —y ataca, aunque la diferencia con un ataque normal tampoco es mucha porque todos acaban heridos y tirados en el suelo de todas formas.

—¡¿Tenías que eliminar a todos?! —le grita Nami furiosa mientras la admiración de Chopper por su fuerza se deja ver una vez más—. Bueno, ¡vámonos!

—¡Zoro, por aquí! —indica Chopper justo detrás de Nami. Pero Zoro camina hacia la dirección contraria, lo que provoca en enfado en sus dos nakamas—. ¡He dicho por aquí!

—¿No sabes por dónde ir? —Nami tiene que respirar hondo varias veces para calmarse y no atizarle.

Y por fin, tras mucho correr y muchas indicaciones para el inútil de Zoro, consiguen entrar en la mansión y encontrarse con Luffy y, aún más importante, con Robin. Pero no solo eso, sino que también descubren que algunos de los carpinteros más queridos e importantes de la ciudad son los que están detrás de todo esto.

—¡Eh, Robin! ¿Qué haces con esta gente? ¡Si quieres dejar la tripulación al menos dime por qué! —Luffy no está ordenándole nada, tan solo pide lo que tanto Nami como Zoro y Chopper también quieren saber.

—¡Cierto! ¡Son agentes del gobierno! ¿Por qué? – pregunta la navegante.

Nami no entiende nada. Mira a Robin sin verla realmente. Sabe que Robin ha sido perseguida por el Gobierno Mundial desde que tenía ocho años, desde que le pusieron su primera recompensa, y ahora les está dejando de lado por ellos. ¿Por qué? ¿Tiene Zoro razón y está haciendo esto porque en el fondo jamás los consideró nakamas? El agujero que comienza a abrirse en el pecho de Nami es algo que no había vuelto a sentir desde la muerte de su madre. Tiene la sensación de que ni todos esos años trabajando para Arlong han sido tan horribles como estos últimos días. Usopp. Robin. ¿Es que todo lo que han vivido no ha servido de nada?

—Parece que no sabéis escuchar. Ya me despedí del cocinero y del doctor. ¿No os lo contaron? —la voz de Robin nunca había sonado tan fría, ni siquiera cuando la conocieron.

—¡Lo hice! —interviene Chopper—. ¡Pero yo tampoco lo entiendo! ¿Por qué, Robin?

—Para cumplir mi sueño. Un objetivo que no podré cumplir si permanezco con vosotros. Para cumplirlo… lo sacrificaré todo —las palabras de la arqueóloga consiguen que los ojos de Nami se llenen de lágrimas. Y Zoro no es capaz de ignorarlo.

—¿Por eso abandonas a tus nakamas y te unes a unos asesinos? —la pelirroja mira con sorpresa al espadachín, preguntándose si se está incluyendo a sí mismo dentro del primer término o si lo dice por todos los demás. Con Zoro nunca se sabe—. ¿Cuál es tu objetivo?

—No tengo por qué contártelo —zanja Robin.

A partir de ese instante todo se vuelve un caos. Un incendio está a punto de desatarse, Robin está a punto de marcharse y Luffy, y por lo tanto Zoro también, no están dispuestos a ello. Luffy no alcanza a coger a Robin por culpa del tipo de la paloma y la morena al final escapa sin más problemas.

—¡Agachaos! —los cuerpos de Chopper y Nami responden solos ante el grito de Zoro.

Los tres comprueban con ojos sorprendidos como la pared tras ellos se parte en dos con asombrosa facilidad gracias al tipo de la nariz larga. Zoro intenta enfrentarse a él sin mucho éxito. Cae al suelo cansado y herido, mirando al hombre con rabia.

Nami y Chopper quedan paralizados de miedo. Nami no puede apartar los ojos del cuerpo de Zoro, que está dándole la espalda y no deja de sangrar. Si Zoro y Luffy están teniendo esos problemas… ¿qué pueden hacer ellos? Absolutamente nada. Y cuando finalmente Rob Lucci decide mostrarles solo un atisbo de su auténtico poder, empiezan a temer seriamente por sus vidas.

—¡Nami, Chopper! ¡Alejaos de la pared! —vuelve a advertirles Zoro con espanto al ver como las piedras están a punto de caer sobre sus nakamas.

Pero Nami no es lo bastante rápida como para alejarse a tiempo. Zoro observa con un nudo en la garganta como un enorme trozo de la pared va a caer sobre ella con la clara idea de que no será capaz de llegar hasta ella y evitar el impacto a tiempo por culpa de sus heridas. Entonces Chopper empuja a la pelirroja con la ayuda de sus cuernos.

Nami cae lejos y a salvo, pero a cambio Chopper ha recibido todo el impacto.

—¡Chopper! —chilla ella horrorizada, llevándose las manos a la boca mientras el cuerpo del pequeño reno yace inconsciente frente a ella.

La furia consume tanto a Zoro en esos momentos que, cuando el cuerpo de Luffy es lanzado por la ventana como si nada, no duda en atacar a ese hombre. Ha intentado matar a sus nakamas y no hay nada más imperdonable para él que eso.

Nami observa con profundo terror como todos comienzan a ser derrotados por Rob Lucci. Primero Chopper, después Luffy. Finalmente Zoro tampoco puede hacer nada contra él y recibe el mismo destino que su capitán. Entonces llega a ella. Y antes de que ella también pierda la consciencia con la incertidumbre de si volverá a despertar, no puede evitar dedicarle sus pensamientos a cada uno de sus nakamas.

En todo lo que Luffy ha hecho por ella.

En todo lo que Sanji la ha cuidado.

En todo lo que Chopper se ha preocupado por su salud.

En todo lo que Usopp y ella han vivido juntos a pesar de cómo han resultado acabar las cosas.

En todo lo que Robin ha significado para ella aunque tampoco hayan tenido un buen final.

Y, sobre todo, en cada pequeño instante que ha pasado con Zoro. Sus peleas, las veces que se han salvado – más él a ella que ella a él, pero después de todo ha habido de las dos –, los escasos besos, las risas, las caricias, las miradas. Todo.

Nami siente el fuerte viento del Aqua Laguna acariciar con violencia su cuerpo justo antes de caer sobre el césped del jardín de la casa de Iceburg y cerrar los ojos.