TRECE

Esperanza

Zoro se siente terriblemente humillado y asquerosamente preocupado. No puede dejar de pensar en la facilidad con la que esos carpinteros se han deshecho de él pero, si hay algo aún más horrible en lo que puede pensar, es en que Nami se ha quedado sola a merced de esa gente. Luffy está tan perdido por ahí como él y Chopper sí estaba con ella, pero inconsciente, así que él es el último que la vio. ¿Cómo ha podido permitir esto?

Se revuelve, gruñendo entre dientes. No había sitios en toda la ciudad con lo grande que es para caer y tenía que hacerlo justo en una chimenea. Por primera vez maldice su cuerpo porque es precisamente el volumen que ha adquirido tras años de entrenamiento lo que le ha dejado atascado ahí y tiene tan poco margen de movimiento que no puede hacer fuerzas para intentar salir.

Nami, joder. Necesita llegar hasta Nami. Necesita saber si está bien. No va a tener reparo alguno en cargarse a esos imbéciles como le hayan puesto un dedo encima. Bastante molesto está ya después de lo que ha pasado en los últimos días. Eso sería el culmen de todo.

Aprieta los dientes y vuelve a sacudirse sin ningún resultado.

Menuda puta mierda.


Cuando Nami abre los ojos se encuentra rodeada de la gente que tan solo unas horas atrás la estaba persiguiendo. Respira hondo e intenta enfocar la vista en algún punto concreto para poder calmarse. Pero le sale el tiro por la culata en cuanto se acuerda de que lo último que vio antes de perder la consciencia fue el cuerpo de Zoro atravesando la ventana. Su respiración se agita. ¿Dónde demonios habrá caído Zoro? Oh, Dios mío. ¿Y Luffy? Oh, por Dios. ¿Dónde está Chopper? ¿Y Sanji? Al rubio hace un buen rato que no le ven.

Se relaja un poco cuando ve el cuerpo de Chopper cerca de ella, desmayado. Puede apreciar que su pecho sube y baja, lo que significa que está vivo. Menos mal, piensa aliviada. Pero aun así no tiene ganas de sonreír. No hasta que sepa dónde están los demás.

—¿Podéis dejarnos un momento? Quiero hablar con ella a solas —las palabras que Iceburg, que por suerte está vivo también, se dirigen a los ciudadanos y Nami enseguida se percata de que se refiere a ella.

Y no sabe por qué, pero tiene la sensación de que lo que Iceburg está a punto de decirle va a cambiarlo todo. Solo que no está segura de si para bien o para mal.


Robin se ha entregado al gobierno a cambio de mantener viva al resto de la tripulación contando a Usopp. Robin se ha ofrecido al gobierno por ellos. No les ha traicionado, solo les está protegiendo. Nami siente que aún hay esperanza. Nadie se va a quedar de brazos cruzados para simplemente verla marchar. Ella misma sabe de primera mano que si no hay un motivo racional y voluntario por el que se quiera dejar la tripulación no hay forma alguna de salir. Lo que tienen entre ellos ya es para siempre.

Tanto Nami como Chopper y casi todos los carpinteros de la GalleyLa están subidos en esos extraños botes llamados agara buscando a Zoro, a Luffy y a Sanji. Algunos incluso han ido a pie. El caso es que todo el mundo está realmente concienciado con ayudarles ahora que saben que no han sido ellos quienes han intentado matar a Iceburg, sino todo lo contrario. Aunque Nami, por muchas ganas que tenga de saber dónde cojones están sus estúpidos nakamas, especialmente cierto espadachín con el sentido de la orientación a nivel menos treinta, tiene como prioridad llegar hasta la estación en la que estará Robin a punto de marcharse. Ha de evitar que deje la ciudad a toda costa o las cosas van a ponerse muy, pero que muy difíciles.

Para su mala suerte, llega a tiempo solo para ver como el tren se aleja de la estación. Pero no va a llorar, eso se ha acabado ya. Ahora es diferente. Así que, furiosa, asegura que va a ir detrás de su nakama aunque primero tenga que patearse la puta ciudad para encontrar a Luffy y a Zoro. Por lo menos ya sabe gracias a la carta que Sanji les ha dejado allí que él, el tal Franky e incluso Usopp están subidos en el tren. Menos es nada.

Deja la estación a la carrera. Chopper, ella y los carpinteros se separan para buscar a los desaparecidos después de ordenarles a unos cuantos hombres que busquen toda la carne y el sake que les sea posible. Está segura de que lo van a necesitar.


Efectivamente, la idea de Nami acaba siendo de mucha utilidad. Tras encontrar a sus nakamas atascados en distintas partes de la ciudad y una casi pelea contra los carpinteros por no querer dejarles un barco para ir a por Robin, la anciana Kokoro les da una solución mucho mejor: utilizar el prototipo fallido del Umi Reesha. Sigue siendo una idea muy peligrosa teniendo en cuenta el tiempo horrible que hace pero es mucho mejor que ir a por un barco.

Nami deja a sus nakamas ir con Kokoro mientras ella va a recoger lo que pidió a algunos hombres antes: comida y bebida. Cuando se reúne con ellos al cabo de unos minutos y ve sus miradas de felicidad se alegra mucho de haber tenido esa idea. Incluso Zoro quita su cara de amargado habitual para sonreírle. Ay, que mono. Ella, que tanto quiere y conoce el carácter de Zoro, ha aprendido a apreciar esas sonrisas tan sinceras y agradecidas que tan poco dedica.

Apenas tardan unos minutos más en zarpar. Durante los primeros instantes del viaje, Zoro y Nami se descubren solos en el vagón principal de la máquina y el único que hay. Chopper y Kokoro son los que han puesto el tren en marcha, así que ellos dos están en la sala de control, y todos los demás están fuera.

«¡Mensaje urgente de la cabina del control! Una vez conectemos el tren con las vías la velocidad irá en aumento. ¡Agarraos fuerte para tener el mínimo de heridos posible!»

—O sea que habrá heridos de todas formas… —murmura Nami al escuchar la voz de la mujer por el altavoz. Mira a Zoro, sentado en el sofá frente a ella y dándole un largo trago a una de las cinco botellas de sake que tiene ahora mismo con él.

—¿Cómo estás? —le pregunta el espadachín cuando despega sus labios de la botella. No se le olvida lo destrozada que estaba la navegante no hace mucho, ni cree que se le vaya a olvidar jamás.

Ella le mira un poco desubicada al principio, pero finalmente sonríe y se sienta junto a él. Se mira la falda y juega a enredar sus dedos en la tela.

—Estoy triste porque Usopp y Robin nos han dejado y estoy enfadada porque Usopp y Robin nos han dejado —alza la cabeza y dirige sus ojos hacia él—. ¿Cómo creías que iba a estar?

La carcajada de Zoro inunda el vagón. Nami le mira con una ligera sonrisa pero no se ríe. No tiene ganas.

—Esperaba que algo más animada ahora que sabes que Robin se ha ido para salvarnos a todos y no porque no nos quiera.

—Eso es lo que más me fastidia de todo —el disgusto y el malestar se aprecian enseguida en el rostro de la pelirroja—. La muy idiota prefiere sacrificarse antes que vernos morir a nosotros. Por Luffy o por mí es comprensible pero… ¿por ti? ¿Después de lo imbécil que has sido con ella? —Zoro se queda pasmado al ver como ella le fulmina con la mirada. Lo peor de todo es que estará hablando en serio.

—¿Cómo puedes decirme eso? – le pregunta, perplejo.

—¡Mi pobre Robin! —Zoro pone los ojos en blanco. Ya está viendo venir a la Nami melodramática—. Sufriendo en manos de unos hombres malvados del gobierno por tu culpa.

—¿¡Cómo cojones has llegado a esa conclusión?! —el rostro de Zoro se ha descompuesto al escuchar eso último y ahora se siente indignado.

—¡Es broma! —la sombra desaparece de sus ojos y se echa a reír como si nada, pero Zoro puede apreciar cierta histeria en lo más profundo. Nami tan solo está intentando calmar las cosas. O calmarse a sí misma, más bien.

Duda ligeramente, pero al final Nami se acerca despacio hasta Zoro y se sienta en su regazo. Él ni quiere ni puede rechazar ese contacto. Menos aún el beso que seguidamente la pelirroja deja sobre sus labios. Quiere decirle algo pero no sabe qué exactamente. ¿Cuáles son las palabras más indicadas en una situación como esta?

—Todo va a salir bien —pero no hace falta que diga nada porque acaba siendo la propia Nami la que se da ánimos solita—. A nuestra manera todo va a acabar saliendo bien, como siempre. Estoy segura.

Se muerde el labio y mira a Zoro con toda la dulzura del mundo. Él sonríe de medio lado y envuelve sus brazos alrededor de ella para hacer que sus cuerpos queden más pegados aún. Nami lo acepta de buena gana y, casi como si fuera una niña pequeña, se acomoda en el pecho de Zoro con una encantada sonrisa. El tren da bandazos sin apenas control, pero en esos brazos Nami se siente tan segura como si se hubiera encerrado en un búnker bajo tierra.

Cuando empiezan a notar que el tren parece estabilizarse, ella se separa un poco de él aunque sin levantarse y estira el cuello para intentar ver algo por la ventana.

—Creo que los chicos van a entrar —dice, apresurándose enseguida a ponerse de pie para que nadie les vea en semejante postura reveladora. Zoro hace lo mismo.

Se miran a los ojos durante un bonito instante en el que se prometen sin palabras que pase lo que pase a partir de ese momento van a darlo todo por protegerse mutuamente y proteger a sus nakamas. Por salvar a Robin. Y entonces el vagón comienza a llenarse de gente y el instante queda atrás, pero la promesa no.


Tras una conversación con Sanji para ponerse todos al día con las nuevas informaciones que han conseguido, Nami decide que es el momento de cambiarse de ropa y prepararse para la lucha que está por venir. ¡Cómo se alegra de haber cogido una muda! Por supuesto, ella tiene que estar mona hasta para pelear y teniendo en cuenta que solo hay un vagón y es peligroso salir fuera para llegar hasta la sala de control, solo le queda una opción: cambiarse delante de todo el mundo. Y como ella es de vergüenza escasa, es justo lo que hace.

En cuanto Zoro la ve llevarse las manos a la falda, abre los ojos a más no poder y se da la vuelta de forma tan brusca y veloz para no mirarla que llama la atención de los demás. Se hace un silencio sepulcral que dura el minuto exacto que tarda Nami en vestirse. Después se empieza a escuchar las protestas de Pauley gritando que si es una desvergonzada, que si va muy destapada… que se acaban extendiendo a las gemelas de la Franky Family. Hasta que no oye como la pelirroja le grita a Luffy enfadada por hacer el cafre, Zoro no se atreve a volver a mirar en su dirección.

Joder, ¿es que no puede pensar un poco en él cuando hace esas cosas? Si llega a verla desnuda podrían haber pasado por un momento muy, muy incómodo delante de tanta gente… ya me entendéis.

—Nami, ¿es esa tu nueva arma? —pregunta para poder desviar el tema al darse cuenta de que el Clima Tact no luce como en Skypiea.

La navegante le mira a él primero, luego al arma y a él de nuevo. Sonríe y, con todo el descaro del mundo, le guiña un ojo. Zoro se queda helado y vuelve a abrir los ojos más de la cuenta. Es un milagro que nadie se haya dado cuenta y es tan solo porque, excepto Luffy, nadie les está prestando atención. Zoro agradece mil veces que su capitán sea tan imbécil como para no entender ese gesto e intenta recuperar su expresión de siempre. Nami tiene que aguantar la risa con todas sus fuerzas, así que decide distraerse contestando.

—No, es la misma, pero mejorada con unos diales de Skypiea que les puso Usopp. ¡Perfect Clima Tact! —exclama con orgullo.

—Ya veo, es el…

—Sí, el último invento de Usopp —y de un momento a otro, capitán y navegante entran en una espiral de depresión a la que Zoro responde casi con enfado. No es el momento para eso.

Después de diversos problemas como encontrarse a Sanji y a Us… digo, Sogeking, en un vagón en medio del océano y de montar un plan para el rescate de Robin, llegan a Enies Lobby. Luffy se encarga de pasarse lo que le han dicho que tenía que hacer por el Arco del Triunfo y se adentra a la isla él solo cuando se supone que la tripulación tenía que esperar a que los carpinteros y la Franky Family despejaran el camino de marines. Al final el grupo de los Mugiwara formado por Zoro, Nami, Chopper, Sanji y Us… digo, Sogeking, se quedan en el tren con la anciana a la espera de poder entrar y acompañar a su capitán en la lucha.

Zoro está sentado fuera en el morro del tren, al que han dejado a cargo de la valla que rodea Enies Lobby, pensando en la inminente batalla que les espera. Quedan menos de cinco minutos para la llegada. Piensa en Nami, que está en el interior del vagón justo a sus espaldas. Por primera vez desde que la conoce, no cree que necesite a nadie que la salve. Ya les ha demostrado a todos que es perfectamente capaz de cuidarse sola y no tiene porqué ser a base de fuerza bruta. Sonríe. Nami no va a morir aquí. Ninguno de ellos va a hacerlo.

Pero su sonrisa se borra de un plumazo cuando por fin puede ver el camino hasta Enies Lobby y maldice entre dientes. Joder. No solo la valla está cerrada, sino también la puerta principal, y ni siquiera él puede cortarla. Mira a la enorme rana que ha decidido acompañarles sentada a su lado y decide poner en práctica el único plan que se le ocurre: ordenar a la rana tumbar la valla lo suficiente como para que les sirva de rampa y puedan elevarse en el aire para cruzar la puerta por arriba.

Dentro del vagón empieza a cundir el pánico cuando todos empiezan a chocarse con todo lo que hay. Nami empieza a recitar en voz baja una retahíla de insultos dedicados al espadachín, considerando el hecho de matarle si es que sobreviven a esto. Consigue agarrarse a la ventana y asomarse para poder hablar con el muy imbécil.

—Has tenido en cuenta el aterrizaje, ¿no, Zoro?

—No te preocupes —le contesta con tranquilidad—. Déjaselo todo a la suerte.

—¡¿A la suerte?! —le grita furiosa.

Lo va a matar. Ya puede estar Luffy buscándose otro segundo al mando.

Por suerte para Zoro, se salva de recibir una paliza por parte de la navegante al ver la que hay montada solo en la entrada a la isla judicial. Le van a necesitar entero para poder tener más oportunidades de salir con vida. Eso sí, Nami finalmente se toma una pequeña venganza —aunque sin querer— cuando, al atacar a algunos enemigos con los potentes rayos que ha provocado con su arma, alcanza a Zoro y a Sanji también.

—¡Nami! ¿Por qué has hecho eso? —le chilla el espadachín, enfadado. Pero ella no está dispuesta a aceptar la responsabilidad, así que le echa las culpas a Us… digo, Sogeking.

Ambos deciden dejar la discusión porque no hay más tiempo que perder. Tienen que encontrar a Luffy y después ir inmediatamente a por Robin. Pauley les ofrece uno de los enormes agara que han llevado con ellos para llegar más rápidos y directos a su destino: el edificio principal en el que con toda seguridad se encuentra su nakama perdida.

Durante un instante, todos entran en pánico al darse cuenta de que Us… digo, Sogeking, no está con ellos. No saben cómo, pero en algún momento ha debido caerse porque al principio había subido con ellos. La preocupación embarga enseguida a Nami, que echa un vistazo a su espalda por si le ve y después se gira hacia Zoro.

—¡La isla está llena de soldados! ¡No es Luffy, no puede sobrevivir solo!

—Siempre que entramos en una isla nueva, sin darnos cuenta crece nuestro poder. Y en cada isla él escapa de la muerte, como todos nosotros. Nadie de nuestra tripulación muere por una cosa así – sus palabras suenan tan seguras y reales para Nami que su preocupación desaparece casi por completo.

Sonríe para sí misma. Es increíble como cualquier palabra que sale de los labios de Zoro cobra para ella más importancia que cualquier otra.

Una llamada de la anciana Kokoro la saca de su ensimismamiento. La mujer les informa de que no existe un camino directo entre el palacio de justicia hasta la torre en la que se encuentra Robin, Franky y el CP9, sino que deben bajar un puente levadizo para poder pasar. Además, su nieta les comenta que Luffy ya está en el palacio luchando contra alguien. Y tras muchos problemas, más de lo que les hubiera gustado, llegan hasta las puertas del palacio.

Zoro se encarga de abrir paso cortando la puerta y Nami y Chopper van tras él. El espadachín no tiene mucha idea de por dónde debería tirar, así que sigue fielmente las instrucciones que Nami le da y corren hasta las escaleras que deberían llevarles hasta su capitán.

—¡Esperad, esperad, esperad! —el fuerte grito de Sanji se hace oír tras ellos—. ¡Esperad, reno y espadachín retrasado! ¡Con todos los enemigos que nos rodean, el único camino seguro para Nami-san será en que limpie yo! ¡Moveos!

Zoro apenas tiene tiempo de darse la vuelta cuando se ve obligado a parar con sus espadas una de sus patadas. Chopper, a su lado, tiene que saltar hacia atrás.

—¡Joder, cuidado! ¡¿Qué coño te pasa?!

Nami pone los ojos en blanco. Para Sanji nunca es mal momento para hacerse el héroe. El caso es que como no hay tiempo para estar haciendo el idiota, dejan que Sanji tome la delantera porque saben que le hace ilusión mientras Nami le recuerda que están ahí por Robin. El cocinero, golpeado de nuevo por la realidad, aumenta la velocidad. Así la dejará un rato tranquila.

—¡Oh, no! ¡Mirad lo que pasa cuando no nos preocupamos de Zoro! ¡Zoro, no es por ahí!

Nami se detiene al borde de las escaleras al escuchar la voz de Chopper y ve lo que le señala. Un más que perdido Zoro está corriendo en dirección opuesta al camino que deben seguir. Nami casi se cae escaleras abajo. ¿Se puede ser más idiota?

—¡Te dije que tomábamos las escaleras! ¿Cómo puedes equivocarte? ¿Qué eres, algún tipo de fantasista? —Nami se niega a creer que de verdad estén viviendo esa situación tan absurda.

—¡Cállate! ¡Es que no te explicas bien!

—¿Cómo puedes echarme la culpa a mí?

—¡Te haré una medicina, Zoro! ¡Para la estupidez! —Chopper intenta aportar su granito de arena. A lo mejor sí que podría existir una cura para los idiotas sin esperanza…

A Nami no le parece tan mala idea cuando, habiendo dejado atrás la primera planta, se da cuenta de que Zoro no está con ellos. Se ha quedado sola con Chopper porque Sanji desapareció en el momento en el que se despistaron cuando Zoro se equivocó la primera vez. Suspira. Que cruz de hombre. De verdad.

Cuando un hombre enorme aparece de la nada y les corta el paso en el pasillo, Nami obliga a Chopper a lanzarse a luchar por ella. Prefiere reservar fuerzas. Pero antes de que el reno tenga tiempo de quejarse, una especie de ciclón se abre paso desde el suelo derrotando a su enemigo de un solo golpe.

Ambos están sorprendidos, pero Nami deduce enseguida quién lo ha provocado. Es el mismo ataque que Zoro ha estado utilizando desde que entraron en Enies Lobby. Al menos el ataque sirve para impulsarles hacia arriba y, en cuestión de segundos, Chopper y ella llegan hasta la azotea.

Nami aterriza en el suelo con una elegancia felina envidiable, mientras que Chopper tiene suerte de no partirse en cuello.

—Esto es lo que tenía que haber hecho para subir desde el principio…

La inconfundible voz del espadachín suena tras ellos y Nami se vuelve hacia él, enfadada.

—¡Zoro! ¡Sabía que habías sido tú! ¡Estamos vivos porque no nos ha dado directamente!

Zoro mira a Nami sin entender nada. Ni siquiera ha terminado de escalar el agujero que él mismo ha hecho y ya está la navegante gritándole como una loca.

—¿Eh? ¿Te pasa algo? —le pregunta, de verdad sin tener ni idea de lo que podría haber pasado.

Nami está a punto de responderle, pero la ruidosa llegada de Sanji se lo impide porque enseguida Zoro y él comienzan a discutir. Bufa y decide guardarse para sí el hecho de que Zoro podría haberlos matado por ir por ahí lanzando sus ataques a diestro y siniestro. El caso es que no ha pasado nada, aparte de un chichón en la cabeza de Chopper.

¿Cosa del destino, quizá?