El lugar era incluso más verde que Porto, mucho más quizá mi concepto de verde estaba equivocado… habíamos salido esta mañana de Porto y solo habíamos parado un par de veces en las áreas de descanso, para que yo fuera al baño. El mercedes de Carlisle avanzó por la autopista a una velocidad infernal ¿estaba planeando matarnos?

Por la tarde llegamos a un pequeño pueblo feo y rascuache, albergue la esperanza de que no fuera Aberdeen, pero un letrero desgastado al lado derecho del camino se encargó de arruinar mis ilusiones.

Mire el espejo de retrovisor mi madre me observaba, me sonrío y yo intente hacer lo mismo aunque solo saque una mueca de desagrado. Aun no puedo creer que lo haya perdonado y me haya arrastrado a este lugar, donde por lo visto el sol no existe.

Carlisle siguió conduciendo por la carretera mientras que comenzaba a llover, tomó una desviación y continuó conduciendo un par de kilómetros hasta que una gran casa estuvo a la vista. Mis ojos no eran mejores a los de un humano normal, el agua caía y casi no podía ver, pero podría asegurar que había personas paradas al lado de los enormes ventanales.

El auto se acercó más y pude ver que en las ventanas no había nadie ¿me estaba volviendo loco? La puerta del garaje se abrió automáticamente y Carlisle avanzó con el coche. Afuera llovía a cantaros, esto no podía ser un buen augurio.

Salí del coche para ver el garaje más grande, ordenado y perfecto que he visto en mi vida. Escuche un pequeño ruido que indicaba que la puerta del garaje se estaba cerrando. En el garaje había autos con la misma opulencia que tenía el Mercedes, en el que hemos viajado.

–bien ya estamos aquí –dijo Carlisle abriendo el maletero. Bajo mis dos maletas que… yo no había hecho, mire a mi madre y ella solo me sonrió disculpándose, yo no había traído nada (aparte de mis pertenencias más valiosas en mi mochila) con la esperanza de no pasar tanto tiempo aquí.

–¿vamos? –le preguntó Carlisle a mi mamá dándole una mano, mientras en la otra cargaba todo el equipaje. Suspire enojado, de hecho estaba bastante frustrado.

Los seguí por un pasillo hasta que llegamos a la sala de estar. En la gran estancia había 6 personas con la piel tan pálida, como mi madre y los ojos igual de dorados.

–¡bienvenidos a casa! –dijo una mujer de peinado extraño –¡Esme! ¡Es bueno verte! –dijo abrazando a mi madre.

–¡hola Alice! –le contestó mi madre cariñosamente

–¡Esme…! –dijo un chico alto de cabello cobrizo, mientras la abrazaba con el mismo nivel de afectuosidad

–Bienvenidos –dijo un rubio

–oh… ¡estoy tan feliz de verlos! –dijo mi madre mientras saludaba a todos

–Ha pasado un tiempo –dijo una mujer de cabello castaño

–Él es Ares, mi bebé. –dijo pasándome un brazo por los hombros y obligándome a ponerme a la vista.

–¿Llegamos muy tarde? –dijo una voz aterciopelada detrás de nosotros

–¡Renesme…! –dijo mi madre abrazando a la chica que acababa de llegar, a su lado estaba parado un chico de piel tigreña, su olor fue como un golpe en el estómago, esta persona realmente apestaba. Me cubrí la boca y nariz con mi mano, pero mi estómago ya estaba revuelto.

–Tengo que vomitar –dije antes de huir al garaje

–¿Ares? –escuche a mi madre llamar tras de mí, pero corrí lo más lejos que pude y devolví lo poco que quedaba de comida en mi estómago, en un recipiente que encontré.

–¿Estas bien? –dijo mi madre y me di cuenta de que estaba parada a mi lado

–el chico ese… –murmure intentando controlar las nauseas

–¿Jacob? –me preguntó

–Apesta –dije asintiendo

–Es un licántropo –me dijo mi madre como si eso fuera una buena explicación

–un licántropo ¿Es enserio?

–Si… –dijo seria

–no puedo estar en la misma habitación –dije. No porque quisiera ser descortés, pero realmente su olor era la cosa más repugnante que había olido, y muchas veces había olido comida podrida que olvidaba en mi cuarto y su olor no se asemejaba ni un poco.

–Te acostumbraras Ares –me dijo intentando convencerme, mientras me sobaba la espalda.

–No. realmente apesta. ¿Quieres que te diga mi primera impresión de este lugar? –pregunte y como no me respondía, le dije lo que pensaba –apesta. Realmente apesta.

–Necesitas algo de aire –dijo abriendo la puerta del garaje –salí fuera, la lluvia había amainado y ahora caía una ligera llovizna. Respire hondo mientras intentaba deshacerme de ese horrible olor.

–Te llevare a tu habitación –me dijo mientras me cargaba y trepaba para llevarme al segundo piso de la casa, entramos por una ventana y mi madre me guío a una estancia demasiado perfecta y bien cuidada, lo cual solo me hizo enfadar más. Si enserio me la daban planeaba arruinar esta habitación.

–Ahora vuelvo –me dijo. Antes de volver a la sala. Me senté en el suelo y escuche como comenzaban a hablar sobre mí.

–¿Qué ocurre? –le pregunto un hombre

–lo siento Jacob, nunca había estado cerca de alguien como tú. No está acostumbrado –contestó mi mamá

–Pero no apestas –le contesto la voz aterciopelada que ya había oído antes, si mal no recordaba se llamaba Renesme.

–Lo siento… esto es nuevo para él, pero es un buen niño –dijo mi madre disculpándose por mi comportamiento, supongo –No me dejaras mentir ¿cierto? –dijo y no comprendí

–¿es un escudo? –preguntó una voz masculina que no logre ubicar

–¿Qué? ¿De qué hablas? –preguntó mi madre

–No pude leer su mente –le contestó el hombre

–Yo no los vi venir, supimos que se aproximaban por el ruido del motor, pero… tampoco vi nada –comentó ¿Alice?

–Quizás… –comenzó alguien más, pero dejo la idea inconclusa

–puede ser eso… –dijo mi madre –pero también… él no es exactamente como nosotros

–¿a qué te refieres? –preguntó una voz demasiado… demasiado femenina. Si así la clasificaría

–si vamos a vivir juntos, como una familia supongo que deben estar al tanto. Ares es más humano que vampiro. Nació de la parte que nos hace seguir existiendo, es nuestro resquicio de vida. –dijo mi madre

–¿eso es posible? –preguntó la voz extremadamente femenina con ¿emoción? –quiero decir…

–y eso en que lo hace diferente a nosotros o a Renesme –preguntó la que había dejado antes su idea inconclusa

–creo… que es más vulnerable y débil que Renesme. Ares no es veloz, no tiene mejor visión que un humano, su fuerza es humana, para saciar su sed necesita beber sangre, más seguido que nosotros –dijo mi madre haciendo que me asombrara ¿yo bebía mucha sangre? –aunque también siente hambre de comida. Ama las hamburguesas. –Dijo y por su tono casi pude imaginar perfectamente su sonrisa –Ares duerme un promedio de 9 horas diarias.

–Maravilloso –dijo la voz femenina ¿entusiasmada?

–¿a qué velocidad crece? –pregunto Carlisle

–tiene 17 años y creo que su apariencia es esa. No sé si su crecimiento frenara como paso con Renesme. –respondió mi madre, ahora sonaba preocupada

–lo solucionaremos –aseguró Carlisle

–Su sentido del oído es bastante bueno. –dijo mi madre como si pudiera leerme la mente y saber que estaba al tanto de que acababa de decirles que podría ser un blanco fácil.

Me levante enojado, pensaba revelarme e ir en busca de comida, pero tropecé con una estúpida alfombra y me caí haciendo un gran estruendo.

–Estoy bien –dije pero mi madre ya estaba en la puerta de la habitación.

–Ares ¡ten más cuidado! –me dijo y sisee como respuesta "Ares el cuidadoso" eso no iba a pasar

–¿estas hambriento? –me pregunto y tuve que aceptarlo desde ayer no comía nada. Asentí de mala gana, mientras permanecía tirado.

–que no me ves madre ¡moriré de inanici…! –me detuve cuando vi a Carlisle parado en el marco de la puerta

–olvídalo perdí el apetito –dije levantándome del suelo.

–necesitara una cama ¿Cierto? –le pregunto Carlisle a mi madre, ella asintió

–Me encargare de eso –dijo Carlisle para después desaparecer en una mancha borrosa.

–tengo que ir al supermercado ¿quieres venir conmigo? –me pregunto mi mamá diciéndome con la mirada que solo iríamos nosotros.

–Por favor si lo único que quiero es irme de aquí –le dije quejándome mientras salía apresuradamente. Mamá manejo por la carretera en el Mercedes de Carlisle yo estaba callado en el asiento del copiloto. Era una de esas situaciones donde sabes que el otro no está del todo bien.

–¿cómo te sientes? –me preguntó

–mmm… como si mi progenitor aparece después de 17 años de pedirte que me abortaras, con la intención de "conocerme" y nos arrastra a un horrible lugar con un montón de personas desconocidas ah y apestosas, personas apestosas. –dije algo molesto

Mi madre salió de la carretera y detuvo el auto a un lado del camino. Mire como aferraba el volante con fuerza.

–lo siento no sabía que te sintieras así –dijo buscando mi mirada –pero tienes una idea errónea de Carlisle

Suspire intentando relajarme. Lo que estaba buscando no era pelear con mi mamá, ni decir cosas que la lastimaran, pero esta situación me estaba superando. Realmente desde ayer, estaba esperando que él intentara matarme, para que mi mamá entrara en razón y nos fuéramos de aquí. Pero eso no estaba sucediendo.

–mamá se lo que sientes por él, me doy cuenta y quizás él sienta lo mismo por ti; pero yo soy otra cosa, estoy aquí porque… sin mi tu jamás hubieses venido, no porque le parezca alguien indispensable. Esta es tu familia no la mía.

–No digas eso, porque mi familia también eres tú. –dijo besando mi frente –sé que no te gusta haber tenido que dejar Porto, para venir a un lugar desconocido. Donde todos son extraños. Pero temo por ti si algo me pasara y no hubiera nadie que te alimente…–negó con la cabeza –no podría soportarlo. No quiero pensarlo, pero estar con mi familia como tú los llamas me da tranquilidad y seguridad, para poder seguir manteniéndote a salvo. Y lo siento pero eso es algo que no está a discusión.

Se acomodó en su asiento y arranco el auto de nuevo. Ese día cene pizza en mi habitación, ya que era el único que necesita comer en esta casa, supuse que a nadie le importaría. El chico apestoso y su novia se fueron por la tarde. Eso estaba bien, aunque dejo impregnada su repugnante fragancia por todo el lugar. ¿Que era el único al que le molestaba? Estaba agotado así que me tire en el suelo tenia sueño, pero no lograba dormirme. Quizás se debiera a la falta de cama.

Llamaron a mi puerta, pero no me moví ni un centímetro. La puerta se abrió y torcí la boca al ver quien era.

–Ares… –dijo Carlisle al entrar, traía el armazón de una cama

–Te traemos tu catre –dijo un chico corpulento mientras metía un colchón

No dije nada. Los mire indiferente y se convirtieron en manchas borrosas mientras armaban todo. Escuche unos tacones y gire mi vista a la puerta con la esperanza de que fuera mi madre, pero vi a una mujer alta y rubia.

–¿Rose? –preguntó el chico corpulento

–Traje la ropa de cama –dijo sonriéndome como si viera un nuevo espécimen de mono.

–Hola –dijo sentándose en el piso con una increíble gracilidad. Yo no le conteste y me gire para no verla.

–¿te agrada tu habitación? –me preguntó la mujer de voz excesivamente femenina, sonreí con desprecio y fui sincero.

–No

–Eso podemos arreglarlo –la mire con desdén, pero me sonrió y siguió viéndome como si yo fuese una rata de laboratorio –¿estas hambriento? o quizás sediento…

El hombre corpulento la miro sorprendido –No –conteste de mala gana

–¿ya descansaste? –dijo mi madre haciéndome saltar. No la había sentido entrar

–No… porque al parecer soy una rata de laboratorio, que está en exhibición –dije y mi madre miro a cada persona en la habitación y luego se sentó a mi lado.

–Ares no seas grosero –la mire incrédulo ¿ahora el grosero era yo?, me levante y me encerré en el baño. Di un portazo para que sintiera que estaba enojado. ¡No podía creerlo ahora yo era grosero!

–¿Qué le pasa? –escuche preguntar al chico corpulento. Mi madre suspiro.

–Yo no pretendía… –comenzó la chica rubia

–Está bien Rosalie –dijo mi madre. Me entraron ganas de salir y decirle que no estaba bien. Pero contuve mis ganas, porque estaba enojado y podía arrepentirme de lo que dijera.

–Ya está armada –dijo mi progenitor. Y contuve un gruñido.

–no va a abrir lo conozco –dijo mi madre –lo mejor va a ser dejarlo descansar han sido muchas emociones por hoy. –Escuche sus pasos al salir y alejarse. Me relaje un poco

–En verdad lo siento Esme –dijo la rubia mientras salían del cuarto. Mire el baño detenidamente en busca de alguna imperfección, pero no la había.

–¿todo bien? –escuche preguntar abajo a alguien de quien no logre reconocer su voz.

–Ares no se está tomando bien nada de esto –dijo Carlisle y solté un gruñido

–¿Porque? –pregunto la que creía que se llamaba Alice

–Entiendo –dijo un hombre y Carlisle le pregunto:

–¿no puedes leer nada en su mente Edward? –De que hablaban ¡ellos podían leer la mente! ¡No, no, no eso violaba completamente mi privacidad!

–No. ni un solo pensamiento –le contesto ¿estaba diciendo que yo no pensaba?

Abrí la llave de la tina para ahogar su mal intencionada conversación. ¡Que yo no pensaba! sino pensaba ¿qué estaba haciendo justo ahora? cerré la llave antes de que el agua se derramara. Estaba tan sucio y cansado, entre a la tina y me di un baño. Me envolví en una toalla y salí al cuarto, la cama estaba perfectamente tendida no iba a negarlo se veía cómoda. Al lado de la puerta mire dos maletas, que estaba seguro que mi madre hizo cuando yo dormía. Abrí una y rebusque en ella mi pijama. Me tire e intente dormirme, pero se llegaron las 2 A.M. y seguía dando vueltas en la cama sin conseguirlo.

–¿puedo entrar? –me preguntó mi madre detrás de mi puerta.

–Si –murmuré. La puerta se abrió y mi mamá me miro indecisa, pero luego sonrió.

–¿pero cómo paso esto? –me preguntó mientras señalaba la cama… que ahora que la veía era todo un desastre.

–Ven aquí –dijo sentándose en mi cama y acurrucándome –siento lo de esta tarde. Sé que es difícil para ti. –Dijo acariciando mi cabello –Pero usted tiene que trabajar más en su gentileza.

–Fui todo lo gentil que pude… –dije con sueño, arrastrando las palabras –además ellos osaron a insinuar que no tengo pensamientos...

Comencé a sentir que los ojos se me cerraban y tuve que dejar de quejarme, porque me quede dormido. Cuando abrí los ojos mi mamá estaba saliendo de mi habitación.

–¿a dónde vas? –le pregunte

–a hacer el desayuno de un niño muy berrinchudo

–bueno también me haces algo a mí –le dije cobijándome de nuevo con el cobertor, pero no logre conciliar el sueño nuevamente.

Me levante y baje buscando la cocina. En la sala, estaba la rubia que ayer había llevado la ropa de cama, ya no me miraba tan sonriente de hecho me ignoraba, lo cual era bueno.

Escuche a mi madre reír y seguí el sonido de su voz. Cuando entre supe que la cocina debía de gustarle a mi mamá, era grande y con muchos armarios. Mi mamá estaba cocinando, Carlisle se acercó a ella y gire la mirada justo a tiempo para librar a mis ojos de ver como besaba a mi mamá.

Carraspee y se separaron. Me senté enojado en la mesa de madera ovalada, mi madre me sonrió y me dijo:

–creí que te quedarías otro rato durmiendo

–Buenos días –dijo Carlisle intentando ser amable, pero decidí ignorarlo.

–lo intente, pero no pude evitar sentirme infiel. –le conteste a mi mamá.

–¿tenías novia? –pregunto Carlisle sorprendido y lo mire mal. Pero mi mamá sonrió y me avergonzó diciéndole:

–dice que la cama es su novia.

–Ah… ya veo –dijo Carlisle riéndose de mí. Desayune con los audífonos puestos. Puse una de las bandas más ruidosas que conocía, para no escuchar a mis dos progenitores mientras hablaban de sus recuerdos. Mi madre me quito un audífono y me pregunto:

–¿escuchaste?

–¿Qué?

–mañana iras al instituto, los chicos conducen allí diario así que…

–¡me compraras un auto! –dije sin poder evitar desbordarme de emoción, no era que esperase un gran auto. Pero tener uno sí que molaría.

–No –dijo mi mamá confundida –Ares ni siquiera sabes conducir

–Ah cierto –dije desilusionado

–iras al instituto con tus hermanos

–Yo no tengo hermanos –dije molesto

–Ares –dijo mi madre

–siempre uso el bus escolar. –dije intentando desviar el tema acerca de mis "supuestos hermanos"

–Llamare a la escuela para pedir que vengan por ti en la mañana –dijo Carlisle antes de levantarse de su asiento.

–cámbiate tenemos que ir a comprarte útiles –dijo mi madre sonriendo.

Cuando baje mi mamá me estaba esperando al pie de las escaleras. Fuimos a una de las tres tiendas raquíticas que el pueblo tenia. Cogí una mochila que me gusto, realmente no me sentía nada entusiasmado por empezar en una escuela nueva, pero mi mamá si lo estaba. Me compro cosas como si yo jamás fuera a salir de la escuela y necesitara surtirme solo una vez en mi vida. Cuando volvimos la casa parecía vacía.

–Ve y lávate para que comas –dijo encaminándose a la cocina.

–Aja –dije subiendo las escaleras. Como creí que la casa estaba sola me tome mi tiempo para contemplarla, parecía la casa de un anuncio publicitario, era enorme, parecía antigua pero a la vez moderna tenían que haber hecho un sinfín de remodelaciones para que luciera así. Vi un montón de birretes apilados en la pared

–Tú también acumularas los tuyos –dijo tras de mí el chico de cabello oscuro y corpulento. Me recordó a los jugadores de futbol americano de mi escuela. Torcí el gesto

–sería una pérdida de mi tiempo hacer al tonto tantas veces. –dije caminando hacia mi habitación. Azote la puerta y me tire en la cama estaba hecha un desastre. Las sabanas de satín me hicieron resbalar de la orilla de la cama y caí al piso

–¡auch! –gimotee pero me quede tirado

–¿Estás bien? –me pregunto mi madre desde la cocina

–sep –dije levantándome, escuche risas y supe que la casa realmente no estaba sola, todos ellos estaban y se estaban burlando de mí.

–Lo siento Esme, pero tienes que admitir que es muy torpe –dijo la rubia

Cenar en mi habitación comenzaba a hacerse una tradición. No me gustaba estar cerca de Carlisle y de sus adoptados, querían que los viera como mis hermanos porque eran sus "hijos" adoptivos claro. Lo cierto es que si realmente se veían así su relación daba asco, ya que era obvio que estaban enamorados entre ellos ¿Por qué mi mamá los quería?

Después de cenar me duche y me tire en mi nueva pareja. Escuche música intentando quedarme dormido, pero de nuevo no podía quedarme dormido aunque estaba cansado eso era tan estresante. La puerta de mi cuarto se abrió y mi mamá me miro sorprendida. Llevaba mi nueva mochila en la mano. Quizás ya me la había preparado con los lápices, libretas, carpetas y el montón de útiles escolares que compró.

–¿Aún no te duermes? –Negué y se sentó en mi cama –mañana vas a clases… ¿estás nervioso?

–no… no realmente. Estoy cansado, pero no logro dormir.

–mmm… quizás sea lo mal arropado que estas –dijo mi madre cubriéndome con el cobertor.

–no tengo frio

–Ven aquí, no quiero que te enfermes –dijo riendo. Su risa fue lo último que escuche antes de dormirme.