CATORCE
Animales
Basado en la canción Animals de Maroon 5
Zoro deja escapar una carcajada suave y ronca cuando los labios de Nami rozan su oreja con una delicadeza envidiable. La joven, sentada a horcajadas sobre él, le muerde el lóbulo, esta vez sin contemplaciones, y se separa de él lo suficiente para poder mirarle a la cara.
—Eso me ha dolido —se queja él, sobándose la oreja izquierda.
—Es mi pequeña venganza por reírte en esta situación. Intento concentrarme, ¿sabes?
Ante las palabras de Nami, Zoro no puede evitar volver a reír. La navegante, que ha decidido que quiere hacérselo pasar un poquito mal, da un ligerísimo golpe de cadera que en otra situación no hubiera sido nada pero que en su postura actual roza las partes más íntimas de Zoro. A pesar de llevar la ropa puesta, es capaz de remover al espadachín y despertar sus instintos más primarios. En ese instante Zoro se alegra mucho de haber podido encontrar un rato que pasar a solas con Nami.
Ambos miran hacia abajo al notar como un bulto empieza a interponerse entre ambos. Cuando alzan la vista de nuevo, Nami sonríe triunfante y Zoro traga saliva, esta vez sí, completamente serio.
—¿Llevas una pistola o es que te alegras de verme? —bromea Nami. Ahora es ella la que se ríe pero poco le dura.
Zoro no tarda ni un segundo en cubrir sus labios con los propios. Gira sobre sí mismo sin soltar a Nami, de modo que ambos quedan tumbados, él sobre ella y entre sus piernas. Sin ningún tipo de pudor arranca la parte de arriba del bikini azul que ha llevado puesto durante el día. Está a punto de lanzarse sobre ella otra vez, pero ella le detiene poniendo sus manos sobre su pecho. Frunce el ceño.
—Te has cargado mi bikini. Te voy a subir la deuda.
Zoro chasquea la lengua, fastidiado. ¿De verdad le ha saltado con esa tontería en semejante situación? Pero la molestia se le pasa cuando los dedos de Nami tiran de su camiseta hacia arriba y es ella misma quién vuelve a unir sus bocas. Se separan solo para que él pueda terminar con el trabajo que ella ha comenzado. Sentir sus pieles desnudas en pleno contacto solo consigue que se vuelvan aún más locos de lo que ya estaban.
Zoro se aleja de sus labios para dirigirse a una zona algo más baja. Cuando muerde con suavidad uno de sus pechos, a Nami se le escapa un gemido que acelera a Zoro. La ropa le está agobiando a pesar de llevar tan solo un pantalón puesto. No puede soportarlo ni un segundo más.
—Zoro.
Nami pronuncia su nombre en un susurro, pero con una contundencia abrumadora. Sabe lo que quiere. Exactamente lo mismo que él. Se aparta para quitarle a Nami los pantalones, pero es un trabajo que hace ella misma así que él se concentra en quitarse los suyos.
Ahora sí. Tiene a Nami completamente desnuda bajo su cuerpo. Es sin duda una de las imágenes más bonitas que ha visto jamás. Ella agarra sus brazos con fuerza, clavándole las uñas, suplicándole con la mirada que no la haga esperar más. Y él tampoco quiere hacerlo.
Nami...
—Puto espadachín de mierda. Que es la hora de comer, marimo estúpido. Espabila.
Zoro abre los ojos, sobresaltado. Sanji está de pie frente a él con cara de asco. Mira a su alrededor, confuso. Está en la cubierta prácticamente solo si exceptúa a Sanji y a Robin, quién se acaba de levantar de la tumbona en la que estaba recostada para ir a la cocina.
Oh. Ha sido un sueño. Ese momento tan maravilloso con la navegante era solo un sueño. Su puta madre. Y encima es al cocinero mierdoso al primero que tiene que ver al despertar. Su puta madre por mil. Se pone de pie, más que visiblemente molesto. Rechina los dientes. ¿Por qué la vida es tan cruel?
—La próxima vez que tardes tanto en despertar te dejo ahí y no comes en todo el día.
Zoro no dice nada mientras se encaminan a la cocina. ¡Joder! Está realmente enfadado. Hace mucho tiempo que Nami y él no hacen nada y ha empezado a afectarle. Y de qué manera. ¡Coño!
Para colmo de males, ve a Nami acercándose hacia ellos con Franky, con quién va charlando muy animadamente. Se encuentran los cuatro en la puerta y todos saludan, excepto Zoro. Sanji y Franky entran pero Nami enseguida se da cuenta de que algo le pasa al espadachín y le detiene.
—¿Por qué llevas hoy más cara de perro de lo habitual? —le pregunta, poniendo con toda inocencia su mano sobre el brazo de Zoro—. Y también estás muy sudado. ¿Has entrenado demasiado?
Zoro dibuja una media sonrisa. Ni siquiera ha cogido una pesa en lo que llevan de día.
—Nami... —dice con voz ronca—, por favor te lo pido, no me toques mucho hoy o vamos a tener un problema— y entra a la cocina, dejando a Nami perpleja y sin entender qué demonios le pasa a ese imbécil esa mañana.
La tripulación de los Mugiwara acaba de llegar a una isla. Las luces y el ruido se han hecho presentes mucho antes de anclar el barco, así que saben que la fiesta está asegurada y han decidido vestirse para la ocasión. Especialmente las chicas. A ellos con tal de no parecer unos vagabundos les sobra y les basta.
Todos los chicos ya están en la cubierta cuando navegante y arqueóloga hacen su aparición. Zoro tensa su postura cuando ve salir a Nami con un diminuto vestido blanco que realza su figura de la mejor manera posible. Robin lleva otro vestido muy parecido de color negro y sin embargo no es a ella a quién decide dedicarle toda su atención. Cuando Sanji empieza a deshacerse en halagos hacia ambas jóvenes, Zoro siente la necesidad de reventarle la nariz de un puñetazo. Como se ponga muy pesado se lo va a llevar.
Nami le pilla observándola y le dedica una dulce sonrisa que Zoro se ve incapaz de corresponder. Carraspea y desvía su único ojo hacia el suelo, controlando las ganas horribles que tiene de llevarla de nuevo a la habitación y arrancarle el vestido con los dientes si hace falta. Ella se da cuenta del gesto y su semblante cambia también a uno algo más triste, malinterpretándolo totalmente. No entiende qué le pasa hoy, pero se ha pasado todo el día evitándola. Recuerda las palabras que le dijo justo antes de comer. No me toques mucho hoy o vamos a tener un problema. ¿Se habrá enfadado con ella por algo que ha hecho? Intenta hacer memoria pero no se le ocurre ningún motivo para que esté así.
En fin. Decide dejarlo pasar y disfrutar de la larga noche de fiesta que tiene por delante.
—¡Hacía mucho tiempo que no salíamos todos juntos! —exclama Nami feliz, lo bastante alto para hacerse oír por encima de la música que suena en ese establecimiento.
Zoro se dio cuenta en el mismo instante en el que pusieron el primer pie dentro que Robin y ella se habían hecho dueñas y señoras del lugar. Y sabe que van a tener que tener especial cuidado con posibles gilipollas que intenten pasarse de listos.
Se pasa la noche viéndola reír, bailar con Robin y con los chicos, sacudir su pelo con una sensualidad que en realidad no pretende mostrar. Ahora mismo solo está siendo ella. Tan solo una chica pasándoselo bien. No hay facetas. No hay nadie más que Nami.
Baby, I'm preying on you tonight.
Hunt you down, eat you alive
just like animals, animals,
like animals.
Zoro se pone alerta al escuchar la letra de la canción que acaba de comenzar a sonar. Se bebe el sake que le han servido de un solo trago y sacude la cabeza. No, por favor. ¿Acaso el mundo ha decidido ponerse en su contra hoy? No puede dejarse llevar. Están todos sus nakamas delante. Se apresura a pedir algo más de sake y una buena jarra de cerveza. Las va a necesitar.
Maybe you think that you can hide.
I can smell your scent for miles
just like animals, animals,
like animals.
Se vuelve de nuevo hacia sus nakamas cuando ya solo le queda la cerveza y puede ver a Nami hablando con un chico. Aprieta la mandíbula y les observa atentamente. No es una persona en absoluto celosa pero teniendo en cuenta el humor asqueroso que ha tenido todo el día lo último que le apetece es ver a subnormales intentando ligar con una chica que no los miraría dos veces. Está convencido de que Nami está muy por encima de cualquiera que haya por allí. Incluido él.
So what you're trying to do to me.
It's like we can't stop, we're enemies
but we get along when I'm inside you.
La sonrisa que el chico llevaba pintada en el rostro va desapareciendo conforme se va dando cuenta de que Nami está intentando decirle de forma sutil que no quiere nada con él. Se pregunta durante un instante como es que Sanji no le ha espantado ya y entonces le ve un poco más lejos con un grupito de chicas, completamente extasiado. Es feliz con poca cosa, el hombre.
Vuelve a mirar a Nami, ahora completamente relajado.
You're like a drug that's killing me.
I cut you out entirely
but I get so high when I'm inside you.
Pero al parecer el chico no quiere recibir un no por respuesta y sigue insistiendo. La pelirroja frunce el ceño y aprieta los labios. Suspira, agotada. Zoro sabe que está intentando ser amable dentro de su rechazo, pero como él no cesa en su empeño de ligársela está empezando a ponerse realmente nerviosa. Zoro se lleva la jarra de cerveza a los labios. Pues a lo mejor al final saca algo divertido del asunto y todo.
Yeah you can start over, you can run free,
you can find other fish in the sea.
You can pretend it's meant to be
but you can't stay away from me.
Ve a Nami poner los ojos en blanco y suelta una carcajada. El chico intenta acortar demasiado las distancias con ella, así que le empuja con suavidad. Se acaba la cerveza y cuando ve que el chico vuelve a intentarlo, decide intervenir. Sabe que no tiene por qué hacerlo, que Nami es muy capaz ella solita de quitarse a ese pesado de encima, pero le apetece. A lo mejor son los efectos secundarios del alcohol.
I can still hear you making that sound,
taking me down, rolling on the ground.
You can pretend that it was me
but no.
El chico va cambiando su rostro hacia el pánico en cuanto ve a Zoro caminar hacia donde están él y esa pelirroja tan guapa, pero cuando ve como posa con total naturalidad la mano en su hombro y ella le mira y le sonríe, huye despavorido. Madre mía. Ese tío es demasiado grande. Si resulta ser el novio de la joven no tiene ninguna oportunidad contra él.
Baby, I'm preying on you tonight.
Hunt you down, eat you alive
just like animals, animals,
like animals.
—No necesitaba tu ayuda —le dice Nami con cierto reproche.
—Ya lo sé, pero me estaba poniendo muy nervioso. Menudo plasta.
Nami se ríe pero no puede escucharla con la música. Él sonríe de medio lado.
—No te pega eso de ser caballeroso.
—No sé qué significa eso.
Otra vez, Nami se echa a reír.
Maybe you think that you can hide.
I can smell your scent for miles
just like animals, animals,
like animals.
—Eres el único que no ha bailado nada de nada. Eres un soso.
Nami coge la mano de Zoro y la alza para dar ella la vuelta justo debajo. Cuando vuelve a quedar frente a él se arrima y pasa un brazo por su cuello.
—Yo no bailo.
—Siempre tiene que haber una primera vez para todo.
So if I run it's not enough.
You're still in my head forever stuck
so you can do what you wanna do.
—¿Se te ha pasado ya la mala leche?
—Más o menos.
—¿Me vas a contar qué te pasaba?
—Te vas a reír.
Nami entrecierra los ojos, más intrigada aún que antes. Zoro pasa ambos brazos por su cintura y Nami lleva su segundo brazo a su cuello. Se les ha olvidado por completo que sus nakamas siguen ahí, junto a ellos. Tampoco se enteran de que se han convertido en el centro de sus miradas.
I love your lies, I'll eat 'em up
but don't deny the animal
that comes alive when I'm inside you.
—He tenido un sueño erótico contigo —Nami abre los ojos a más no poder y estalla en una carcajada que en cualquier otro lugar hubiera hecho que todo el mundo se girara a mirarla— pero el puto cocinero me ha despertado antes de terminar. Aunque bueno… apenas habíamos empezado.
—No sabía que estabas tan desesperado —se burla ella.
—Yo tampoco. Créeme —pero él habla bastante en serio.
—¿Por eso me habías pedido que no te tocara? —pregunta Nami al recordar sus palabras una vez más. Zoro asiente con la cabeza—. Y yo preocupada pensando que estabas enfadado conmigo… que tortazo te daba.
You can start over, you can run free,
you can find other fish in the sea.
You can pretend it's meant to be
but you can't stay away from me.
Todos sus nakamas excepto Sanji, que sigue con el grupo de chicas, y Robin, que es la única que sabe de la verdadera relación que hay entre espadachín y navegante, están perplejos. No pueden apartar los ojos de la pareja, a la espera de que hagan algo que confirme lo que están pensando todos y que ya parece más que obvio. Incluso Luffy sabe que algo raro está pasando.
I can still hear you making that sound,
taking me down, rolling on the ground.
You can pretend that it was me
but no.
—¿Sabes qué? Dudo muchísimo que después de lo que te acabo de contar sea un tortazo lo que quieras darme —sube sus manos por la espalda de Nami en una suave caricia y se aprieta un poquito más contra ella.
—¿Ah, sí? —le sonríe ella con picardía—. Pues tienes razón.
Y Zoro ya no puede resistirse ni un segundo más.
Baby, I'm preying on you tonight.
Hunt you down, eat you alive
just like animals, animals,
like animals.
La tripulación de los Mugiwara comienza a aplaudir y a silbar cuando Zoro se lanza sobre los labios de Nami, pero ellos siguen sin darse cuenta del espectáculo que les están ofreciendo. Robin comienza a reír al ver que el cocinero decide volver con ellos justo en el peor momento posible. Su cara es todo un poema.
Maybe you think that you can hide.
I can smell your scent for miles
just like animals, animals,
like animals.
Nami no era consciente hasta ese momento de lo mucho que había echado de menos el contacto con Zoro. Durante las últimas semanas entre unas cosas y otras no habían tenido tiempo de nada, ni siquiera de buscar cinco minutos a solas para compartir algún que otro beso, y eso les había pasado factura. Especialmente a Zoro.
Don't tell no lie.
You can't deny
the beast inside.
Zoro se está dejando llevar de tal manera que Nami tiene que doblarse hacia atrás. Se agarra con fuerza al cuello de su nakama para evitar caerse y le devuelve el beso de la misma manera. Le encanta cuando Zoro se pone así. Se separan tras cinco minutos porque necesitan tomar el aire. Se miran a los ojos mientras sus respiraciones se normalizan y, ahora que sus hormonas se han calmado un poco, vuelven a recordar el mundo exterior, se vuelven conscientes de dónde están. Y sobre todo, con quiénes.
Ambos se miran, haciendo saber al otro que han pensado lo mismo, y se vuelven con lentitud hacia sus nakamas. A los dos les recorre un profundo escalofrío cuando ven las sonrisas que les dedican. Tan solo Sanji ha reaccionado de otra forma. Está llorando en una esquina, con un aura que de ninguna manera podría ser más deprimente. Ha espantado a todo el mundo al menos cinco metros de él.
—Sois los peores nakamas que existen sobre la faz de la tierra —Usopp es el primero en hablar y les mira exageradamente dolido—. ¿Cuánto tiempo lleváis ocultándonos esto?
—¿Y qué sabes si llevamos juntos más tiempo? ¿Quién te dice que este no ha sido nuestro primer beso? —Nami se cruza de brazos a la defensiva, pero Usopp no se deja amedrentar.
—No soy ningún estúpido, Nami. Nadie le deja las babas a de esa forma a nadie en un primer beso. Y mucho menos el más seco del barco.
—¡Oye! —Zoro contesta al comentario de Usopp, pero la verdad es que en realidad no tiene nada que decir. Algo de razón sí que tiene.
—Vale, marisabidillo —Nami retoma la palabra y suspira—. Llevamos más tiempo.
—No has contestado a la pregunta. ¿Cuánto tiempo? —Franky mete cizaña porque está que se muere de curiosidad. A su lado, Brook y Chopper le animan. Nami pone los ojos en blanco.
—Desde Arabasta.
—¡¿QUÉ?! —Usopp grita tan fuerte que llama la atención de la gente que más cerca está de ellos. Sanji sigue llorando y a Luffy le ha dado la risa floja. Robin está tan calmada como siempre y Brook se da cuenta. Y ata hilos en su mente.
—¡Tú lo sabías! —la acusa. Ella se encoge de hombros y sonríe.
—Desde Skypiea.
—¡Acababas de unirte! ¿Cómo pudiste darte cuenta antes que nosotros? —pregunta Chopper, inocente de él. Robin se limita a estirar un brazo y hacer florecer varios ojos. No necesita más explicación.
—¡Nami! ¡¿Cómo has podido hacerme esto?! —Sanji se engancha a una de las piernas de Nami como si le fuera la vida en ello, llorando a más no poder—. ¡Hubiera preferido a cualquiera de estos imbéciles antes que al marimo!
Zoro rechina los dientes. Puto cocinero.
—¡Qué bien! ¡Mis dos primeros nakamas! ¡Genial! —Luffy se ha emocionado de más y se ha colocado entre Zoro y Nami, pasando un brazo por el cuello de cada uno y acercándolos a él. Se pone a gritar de la emoción y a sacudirles como si fueran muñecos. Sanji no puede con la pasión de su capitán y se separa de Nami solo para ir a abrazar otra pierna, esta vez la de Robin.
—¡Luffy! ¡No aprietes! —se queja Nami, aplastada contra el pecho de su capitán.
—¡¿Para cuándo la boda?! —ríe como si nada y les sujeta con más fuerza hasta que Zoro decide apartarle de un puñetazo.
—¡Idiota! —respira agitado, recuperando el aire que Luffy le ha hecho perder tanto por el agarre como por la pregunta. Boda. Ugh.
—No estamos teniendo esta conversación.
Nami intenta auto convencerse de que todo lo que está pasando ahora mismo no es real. Se encamina a la salida del local y Zoro la sigue, él tampoco quiere seguir hablando de esto. Pero sus nakamas no están por la labor de dejarlo ahí. Salen tras ellos. Franky ha tenido que coger a Sanji para que la pobre Robin pudiese caminar.
—¡Esperad un momento! ¿A dónde vais? —les pregunta Usopp.
—No sé. Lejos de vosotros. A terminar lo que hemos empezado —Nami toma la mano de Zoro y empieza a caminar hacia ninguna dirección concreta. El espadachín se gira para mirar a sus nakamas con una sonrisa altiva antes de doblar la esquina y desaparecer de sus vistas.
Los Mugiwara se quedan ahí parados, pasmados.
—Zoro y Nami… ¿quién nos lo iba a decir? —Franky dibuja una media sonrisa y se cruza de brazos. Sanji sigue llorando en el suelo.
—La verdad es que hacen buena pareja. No me lo imaginaba pero… —comenta Chopper, riendo feliz. Está muy contento por sus nakamas.
—¿Quiénes serán los siguientes? —la voz de Brook suena pícara.
Todos se giran a mirar a Robin, que se limita a encogerse de hombros y a sonreír.
