Abrí los ojos y escuche el sonido del tocino friéndose. Sonreí y me levante de la cama. Baje y fui a la cocina.

–Ares es temprano aun –dijo mi madre viendo la hora en el reloj del horno.

–ya no tengo sueño. –dije cogiendo un pan tostado con mermelada

–bien desayuna. El camión debe estar aquí para las 7:30 –dijo sirviéndome huevos con tocino. Termine el desayuno, subí a cambiarme y a lavarme los dientes. Tome mi celular y mis audífonos antes de que mi mamá gritara:

–¡Ares el camión está aquí! –cogí la mochila y baje

–no lo veo –dije asomándome por la ventana.

–Ven –dijo acomodándome el gorro de mi suéter e intentando peinarme –estará aquí en dos minutos te esperara allí junto ese pino ¿lo ves? –dijo señalándome el árbol por la ventana. Asentí y me puse el gorro del suéter porque afuera lloviznaba.

–ponte el impermeable

–Pero… –dije dubitativo

–vamos el bus llegara pronto –dijo apurándome

–¡tienes razón debo irme! –dije intentando huir no quería ser el chico que usa impermeable cuando apenas llovizna. Y… no lo conseguí. Camine humillado con el impermeable puesto, escuchando como Emmett se reía de mí. Me detuve en el pino justo a tiempo para cuando el bus estaba llegando, las puertas se abrieron y la anciana conductora me sonrió. Entre dentro y suspire aliviado cuando me di cuenta de que el autobús estaba casi vacío, bueno excepto por algunos niños pequeños. Me senté y me quite el impermeable. Abrí la mochila para sacar mi celular. Sonreí cuando me di cuenta que incluso hasta una billetera nueva tenia, mi mamá podría pasarse cuando la dejabas ir de compras.

Llegamos a la escuela justo antes de las 8 me hubiese gustado llegar un poco más temprano, pero que le iba a hacer.

Me baje del bus y seguí a los chicos que no parecían muy menores. Lo último que quería era terminar en el prescolar de la escuela. Cuando vi el letrero de Preparatoria Aberdeen, supe que iba por buen camino. Gracias al cielo el letrero de la oficina estaba bastante visible

–ejem… hola –dije

–¿sí? –dijo la secretaria con la vista clavada en su escritorio

–Hola, soy nuevo –dije, levanto la vista y me prestó atención

–Ah si el nuevo chico Cullen ¿cierto? –dijo mirándome fijamente

–si... –dije algo incomodo

–Te pareces a tu padre –comento sorprendida

–¿enserio? –pregunte antes de darme cuenta. Yo no me había fijado solo esto me faltaba ¡parecerme a Carlisle!

–Si sus mandíbulas son iguales –dijo aún más sorprendida.

–ah… –dije meditabundo

–¡bienvenido a Aberdeen! –Dijo sonriendo una vez más –aquí tengo tu horario listo, ya anote tu casillero y su combinación. ¡Ah! y aquí tienes un plano de la escuela. Si necesitas algo más puedes venir a preguntarme.

–ah… si, gracias

–Tu primer clase es aquí –dijo señalándome un edificio en el plano –¿necesitas que le pida a alguien que te lleve?

–no estoy bien, gracias. –dije viendo lo que me había dado. La campana sonó, mi primera clase era algebra. Así me mudara al otro lado del país ¡yo no me libraba de las matemáticas! Me encamine escaleras arriba que era donde el mapa decía que estaba el aula 23, pero de alguna manera llegue al aula 10 ¡No podía perderme hoy! Intente ubicarme nuevamente y el timbre sonó anunciando la entrada. Pensé en bajar y pasar un rato bochornoso diciéndole a la secretaria que estaba perdido, pero mientras caminaba al fin el salón con el número 23. Entre y el aula estaba bastante llena, pero el profesor aún no estaba allí eso era bueno. Me senté en la única silla vacía… que estaba al frente del salón, un lugar que no hubiera elegido nunca.

–¡hola! –Me dijo un chico golpeándome la espalda, me volví algo incómodo, era un chico corpulento –eres el hijo del doctor Cullen ¿no?

Pensé en contestarle algo como obviamente no. Pero recordé que la secretaria había dicho que me parecía a él.

–eh si… –dije incomodo, de pronto todos en el aula me miraban de la manera más directa que podían haberlo hecho.

–¿Cómo es Inglaterra?

–¿Inglaterra? –pregunte sobrecogido

–Buenos días –dijo una voz grave y vi al que debía ser el profesor entrando al aula. Todos se acomodaron en sus asientos

–Pero que veo… –dijo quitándose los lentes y mirándome fijamente ¿Qué nunca había alumnos nuevos en esta escuela? –eres nuevo ¿el hijo de Carlisle Cullen? –Asentí incómodo.

–¿Tu nombre es?

–Ares Cullen

–¡Ares! Como el dios de la guerra –dijo sonriendo

–ejem si… o como el software ya sabe –dije y algunos en el aula se rieron

–espero tenerte en mi clase de historia –dijo sonriendo después se dedicó a escribir números y signos en la pizarra que solo me confundieron. Cuando viera mi primera prueba, se arrepentiría de quererme en sus clases.

Cuando sonó el timbre me apresure a salir, porque no quería tener que dialogar con los demás. Camine por los pasillos buscando mi casillero mi mochila tenía como 10 libretas y yo solo tenía 7 clases. En todo el día no lo hallé… y eso que recorrí todos los pasillos en fin. Para la hora del almuerzo me esforcé de nuevo por leer el plano casi término en el gimnasio pero me salve, porque seguí a los chicos que hablaban del almuerzo. Hice fila para comprar mi almuerzo e imite a los demás.

Cuando salí de la fila vi a todos "mis hermanos" sentados en una mesa, Bella levantó una mano para que los viera y fuera, pero estaban con el licántropo. Yo no iba a poder comer si él estaba allí. Busque la mesa más lejana y me fui a sentar. "creo que está ciego" dijo Emment divertido.

Comencé a comer con todo el ruido del comedor alrededor. Era incomodo este era el defecto de tener un buen sentido del oído. Hasta había logrado escuchar a las chicas que hablaban preocupadas, porque una no había tenido aun el periodo. Decidí concentrarme en mi comida, pero con media escuela pronunciando mi nombre, era inevitable escuchar algunas voces.

–¿Ya viste?

–¿Que veo?

–El nuevo se sentó en nuestra mesa –supe que hablaban de mí. Pero esta vez no era lo mismo que decían todos, así que me concentre en la conversación.

–ay no… ¿Y ahora?

–pues al menos que quieras sentarte en la mesa que está al lado de las cocinas y sudar como cerdo. –sugirió uno. Levante la mirada, pero la cafetería estaba a rebosar y no pude identificar de dónde venían las voces.

–creo que es la única opción.

–bien pues ve y come solo, porque yo no me sentare en ese sauna.

–ja ja que gracioso –contesto sarcásticamente

–anda ya… camina, quizás tenemos suerte y cuando ve tu cara, se asusta y se va.

–mi cara es igual a la tuya –contesto indignado –¡espérame!

–cállate y pon mala cara para que se valla de nuestra mesa

–Bien –pasaron dos segundos cuando el par de chicos, que querían correrme de la mesa, estuvieron a mi vista. Ambos iban vestidos con pantalones negros ajustados, uno llevaba puesto una sudadera de deportes azul y el otro un delgado suéter morado. El cabello de uno era rojo y del otro negro, muy a lo Jack Frost, pero más largo y medio cubriéndoles un ojo. Pensé que me dirían algo, pero ambos se sentaron desanimados al otro extremo de la mesa.

–te dije que nos sentáramos en el sauna –dijo el de pelo negro apenas emitiendo sonido. Probablemente si fuera humano no le hubiese escuchado.

–Cállate –contesto el pelirrojo igual de bajo, golpeando el brazo del chico de sudadera morada. –en cuando vea a sus hermanos se ira. Quizás solo se perdió.

–¡pobres ilusos! Ares decididamente se cayó de pequeño… –afirmo la voz de Emment. Él comenzaba a desagradarme bastante.

–de hecho aún lo hace –dijo Rosalie. Chasquee la lengua enojado. Los chicos a mi lado se miraron nerviosos. Pero yo continúe comiendo hasta que termine. Me levante cuando sonó el timbre y me encamine hacia la salida de la cafetería.

Para mi última clase fui al gimnasio, pero llegue algo tarde. Cuando entre al gimnasio ya había un montón de chicos haciendo ejercicios de calentamiento. Localice al entrenador, un hombre alto, joven de unos veinte y algo, de color; tenía una tabla donde parecía estar realizando apuntes negativos, para los estudiantes.

–yo… hola –dije llamando su atención

–eres Ares ¿cierto? –dijo serio. En todo el día era la primera persona, que no me decía ¡eres el hijo de Carlisle Cullen!

–si

–la clase ya ha comenzado. ¿Te perdiste?

–pues… no tanto. –dije y una sonrisa se le dibujo en la cara

–no tanto… bueno. Yo soy el entrenador McCombs. Solo hay una regla para esta clase. Debes traer ropa y calzado adecuado. Mi ayudante te llevara a los vestidores para que elijas tu locker. –dijo señalándome al chico de cabello negro, que se había sentado en la misma mesa que yo, en el almuerzo. –Después puedes volver y quedarte a ver el resto de la clase.

El chico se levantó de su asiento y me dijo con desgane –ven –lo seguí hacia los vestidores. Abrió la puerta y entramos.

–puedes elegir el que sea, de los que no tienen candado. Si practicas algún deporte querrás tener uno de los largos, si los deportes no te interesan uno pequeño te bastara.

–Este está bien –dije abriendo y cerrando uno pequeño. Para comprobar que sirviera.

–Vamos a la oficina para que te den un candado –dijo saliendo de los vestidores. El chico se encargó de todo. Después de unos minutos me entrego un candado y mi combinación en un papel. Lo seguí de vuelta al gimnasio.

–¿Tu practicas algún deporte? –le pregunte intentando hacer más ameno el camino.

–¿tengo aspecto de practicar deportes? –me pregunto sarcástico, mientras entrabamos al gimnasio

–No –dije viéndole y reprimiéndome mentalmente por no pensarlo antes.

–ahí tienes tu respuesta. –me dijo antes de irse a recoger los balones de básquet que los demás habían dejado tirados.

–¿listo? –me pregunto el entrenador sin dejar de observar a la gente corriendo y botando pelotas por todo el Gimnasio.

–si gracias. –dije sentándome en las gradas

–¿Te interesa algún deporte en particular? –me pregunto después de un rato

–humm… no en realidad

–puedes checar en la pizarra las actividades deportivas que tenemos, quizás alguna te interese. –dijo amablemente. Cuando el entrenador me viera correr iba a rogar, porque no me interesara nada.

–Si lo revisare –dije fingiendo interés. Cuando el timbre sonó me encamine feliz a la salida. Estaba cansado de ser el mayor tema de interés en la escuela. Entre a mi bus escolar y tuve dificultades para encontrar un asiento vacío. En cuanto lo hice me senté deprisa en el.

Me baje del bus y camine cansado a la casa. Cuando entre mi mamá me abrazo y beso como si me hubiera ido a la guerra.

–¿Cómo te fue? –dijo mi madre

–bien. –dije avergonzado

–te prepare el pollo agridulce, que te gusta –dijo mi mamá jalándome a la cocina –¿tienes mucha tarea?

–No, solo de matemáticas –dije sentándome cansado en el comedor. Mi madre me miro y me observo cuidadosamente

–te llevare a cazar en la noche. –dijo y asentí. Pero después recordé lo que le había dicho a Carlisle

–yo… ¿tomo demasiada sangre?

–no Ares, no me mal entiendas. Consumes lo que necesitas para estar sano –dijo sonriéndome amorosamente

–madre tampoco te esponjes. Solo estoy preocupado, porque no quiero ser perseguido por Greenpeace –dije comenzando a comer y mi mamá sonrió.

Cuando desperté, mi mamá estaba leyendo un libro sentada en el sillón que había en mi habitación.

–Buenos días –dijo sonriéndome y cerrando el libro

–Hola –dije aflojerado.

–¿tienes hambre? –me pregunto levantándose del sillón

–si algo… –admití

–Eso creí –me dijo sonriendo antes de salir de mi habitación. Me levante y fui al baño. Me mire en el espejo hoy hasta guapo me veía. Lo que hace un poco de sangre. Me reí de mí y entre a la ducha. Baje y me senté en la mesa contento mientras untaba un pan con mermelada.

–Carlisle hoy se va temprano al hospital y él puede llevarte hoy –dijo mi mamá "casualmente" mientras me servía jugo. Me miro nerviosa y continuo –a la escuela.

–no madre, seria descortés dejar esperando a la conductora… ella es tan amable –dije fingiendo educación.

–yo puedo decirle que hoy tu papá te lleva –dijo mi mamá

–no mami afuera llueve, es innecesario que tú te mojes. –dije siendo un hijo considerado.

–Entonces te preparare el impermeable –dijo resignada

–¿no podría irme sin impermeable? –pregunte. Sin saber que mi mamá solo me estaba dando la vuelta para lograr meterme en el auto de Carlisle.

Resople enojado dentro del carro de Carlisle, cuando vi que "mis hermanos" se subían a sus autos y se iban. ¡Mi mamá me había visto la cara! Mire enojado como mi mamá le daba su estúpido maletín y se despedían. Carlisle entro a su auto y me miro unos segundos.

–buenos días ¿dormiste bien? –dijo cortés. Suspire enojado y no conteste. Carlisle encendió el motor y se dirigió a mi escuela.

–En la tarde te revisare la herida –dijo viéndome de reojo, mientras conducía.

–La herida está bien, no hace falta –dije cortante

–¿Seguro? podrías quedarte sin mano si no te atiendes –me dijo serio

–¿que? –dije mirándolo asustado. Me miro con tristeza. ¿Lo que decía era cierto? comencé a temer y me quite apresuradamente las vendas de la mano.

–¿qué haces? –dijo sorprendido

–¡veo si mi mano está bien! –dije apurado. Carlisle salió del camino y detuvo el auto.

–espera… a ver préstamela, ¡Ares dame tu mano! Ares ¡no creo que te vayas a quedar sin mano! –dijo sujetando mi mano. La observo por unos segundos, que me parecieron eternos. Su cara no era muy alentadora.

–¿que? Yo la veo bien ¿qué tiene? –dije ansioso al ver su cara de estupefacción.

–tengo que quitarte los puntos. Está completamente sanada. –dijo jalando su maletín, del asiento trasero.

–¿eso es bueno o malo? –pregunte demandante

–Va a dolerte, porque los puntos están encarnados –me advirtió antes de comenzar a retirar las suturas rápidamente. Me dolió pero no era como que iba a ponerme a llorar por eso.

–Ya está –dijo un par de minutos después devolviéndome mi mano. Observe mi mano que parecía no estar en buen estado.

–Me dejaste agujeros –murmure enfadado. Carlisle soltó una pequeña risa, que hizo que yo rodara los ojos.

–lo siento, pero sanaran pronto. Creo que debemos darnos prisa o llegaras tarde. –dijo comenzando a conducir de nuevo. Mire el reloj en el equipo de sonido del auto. Las 7:56 sonreí un poco, si llegaba tarde mi mamá no volvería a dejarme ir con él.

Los planes de Carlisle obviamente diferían de los míos. Cuando baje del auto faltaba un minuto para las 8. Me encamine hacia la puerta enojado con mi mochila en el hombro, al menos no había tenido que traer el estúpido impermeable.

Fui a algebra, ni siquiera había llegado el profesor. Suspire resignado no podría acusar a Carlisle con mi mamá. Me senté en mi lugar haciendo como si escuchaba durante toda la clase. Cuando sonó el timbre, me apresure a salir. Camine a mi siguiente clase viendo los números de los casilleros en busca del mío y… por fin ¡allí estaba! todo el tiempo frente a mis ojos, escondido en una esquina. Llegue contento y comencé a buscar en mi mochila el papel donde estaba anotada la combinación.

–hola eres… Ares ¿cierto? –dijo una chica a mi lado, con uniforme de porrista. Me sonrió ampliamente, mientras jaloneaba mi brazo.

–Si –dije incómodo.

–ayer te vi comiendo solo, si quieres puedes venir con nosotros. –dijo señalándome un grupo de chicos grandes y con cabellos de comercial para shampoo. Los atletas de la escuela supuse. Ella realmente estaba equivocada. ¡O era que…! ¿Tan hueco me veía?

–Realmente no estaba solo –dije intentando no ser muy odioso al rechazar su ofrecimiento, pero prefería seguir sentándome con los chicos que deseaban correrme de la mesa y que eran anti deportes como yo.

–si bueno los Millett en realidad no cuentan. Ya sabes ellos no son gente de verdad –me dijo sonriendo nuevamente. ¿Gente de verdad? Contuve la risa yo era todo menos gente de verdad

–¡Louis! ¡Ven aquí! –llamaron a la chica. Me sonrió por última vez y me dijo:

–te veo en el almuerzo. –bueno me vería, solo que desde otra mesa, ya que al parecer ella solo aceptaba "gente de verdad" abrí el casillero y arroje mi mochila entera en él. Pero recordé que mi siguiente clase era Anatomía y fisiología, así que saque el libro antes de cerrar el casillero y que el timbre sonara.

Llegue al aula cuando ya casi no había nadie en los pasillos, la señora Ingersoll estaba conectando el proyector para que hiciéramos notas. –Señor Cullen, llega tarde –me dijo para luego continuar peleándose con el proyector

–sí, lo siento. –dije avergonzado.

–Siéntese –dijo proyectando al fin el montón de notas que habría que copiar. Comenzó su aburrida clase hablando de tejidos y más cosas aburridas.

–¿Algún voluntario? –varios levantaron la mano, pero la profesora les ignoro –¿señor Cullen?

–¿sí? –dije incrédulo, pero aunque revise rápidamente yo era el único Cullen aquí.

–¿puede identificar el tipo de tejido? –dijo mirando la proyección

–es tejido… ¿sano? –dije adivinando, las carcajadas estallaron en el salón haciéndome saber que había dicho algo muy equivocado

–es tejido adiposo señor Cullen –dijo la profesora algo enfadada. –como tarea harán un resumen del tema que veremos en la siguiente clase. De la página 40 a la 48 en su libro de texto.

El resto de mis clases estuvieron bien, o al menos mis profesores no me preguntaron nada. Eso era suficiente para mí. En el receso me encamine a la cafetería con desgane. Me forme al final de la fila y compre mi almuerzo. Al salir de la fila vi a los dos chicos de ayer corriendo hacia la mesa con sus bandejas de comida.

–lo hicimos ¡le ganamos! –dijo el pelirrojo animado

–¡sí! –contesto el de cabello negro sentándose en la mesa. Sonreí y me encamine a la mesa.

–¡ay no! –dijo el de cabello negro –no me hagas mucho caso pero viene hacia aquí

–¿hacia aquí… aquí? –le susurro el pelirrojo apuntando la mesa con su dedo índice. El otro asintió. Me senté y comencé a comer ante la mirada atónita de los dos chicos en la mesa.

–¿otra vez se perdió? –le pregunto gesticulando el de cabello negro, el otro se encogió de hombros. Me apresure a comer, tampoco quería asustar a los chicos de la mesa pero ya me habían dicho que la última mesa vacía era un sauna y no tenía ganas de ir a comer con una persona que me hacía devolver el estómago. Cuando salí de la cafetería Alice me intercepto y camino con disimulo a mi lado. Como si ella fuera mi más querida hermana y caminar juntos fuese lo más normal del mundo.

–Debes comer con nosotros… de ese modo –comenzó

–no puedo comer con ustedes, porque el… Jacob apesta. Además no quiero hacerlo –dije intentando dejarla atrás, pero obviamente no pude.

–Ares… -dijo con voz cantarina

–Tengo clase, déjame pasar –dije tajante y Alice puso los ojos en blanco

–el timbre aun no suena, pero me parece bien que te intereses en tus clases. –dijo alejándose de mí. Fui enojado a mi clase de arte y llegue tempano la profesora estaba colocando libros rojos en los pupitres.

–Hola –me dijo sonriendo

–Hola… –dije incomodo

–¿cómo te está yendo en la escuela?

–Bien –dije concisamente

–Siempre es un gusto tener estudiantes tan dedicados –dijo entusiasta mirando el reloj

–Si… –dije sin poder evitar sonar desanimado

–debe ser difícil para ti el adaptarte a una escuela como esta, después de venir de un colegio de alta excelencia en Inglaterra

–¿qué? –dije confundido

–tu padre lo comento con mi esposo, este es un pueblo pequeño y ya sabes toda la gente se conoce aquí. Pero no te preocupes te buscare actividades de acorde al nivel que debes manejar, para tu edad. Tantos años en ese colegio, ¡no deben ignorarse ni desperdiciarse! –dijo soñadoramente, asentí incómodo. ¿Eso había dicho mi "inteligente" progenitor? ¿Yo en un instituto de excelencia? ¡Y en Inglaterra! ¡Ni si quiera tenia acento inglés! ¡Y para colmo sonaba a que la profesora me pondría a hacer cosas más difíciles, porque yo al parecer sin enterarme había estado en una súper escuela! Como lo odiaba, como lo odiaba.

–¿has utilizado con anterioridad la técnica del puntillismo? –me preguntó

–eh… –dije comenzando a sudar, ¿Por qué me hacía esto? Suspire y decidí improvisar. –No ¡justo estaba a punto de ver eso!

–Entonces te interesara la clase de hoy –dijo feliz –toma asiento tengo unas cosas que preparar –dijo antes de entrar a un pequeño cuarto, en el cual supuse que guardaba sus cosas de arte. Me senté enfadado. Al menos pudieron avisarme. El timbre sonó y el aula comenzó a llenarse de gente.

La clase fue sencilla una breve explicación y luego nos puso a dibujar puntitos. Al final de la clase yo sentía que había hecho una… especie de obra muy, pero muuy abstracta. Me levante y camine hacia el escritorio para entregar mi trabajo, solo para darme cuenta que comparado con los demás, mi obra de arte parecía haber sido hecha por un niño de prescolar. Así que entregue mi hoja avergonzado y hui del aula.

Cuando llego mi clase "favorita" (nótese el sarcasmo) estaba en los vestidores cambiándome sin ganas. No me gustaba tener que hacer ejercicio, no había remedio, pero entre más rápido tomara la clase y adquiriera el crédito, más rápido me libraría de esto. Salí y camine hacia el gimnasio, rodé los ojos cuando vi a Bella con ropa deportiva y parada al lado de la puerta ¿ayer estaba aquí? No lo creo. La ignore y seguí mi camino.

–vamos chicos dense prisa. –dijo el entrenador haciéndonos señas para que nos reuniéramos. –hoy vamos a jugar chicos. Tomen un balón y únanse a un equipo.

Mire a todo mundo, me apresure para que Bella no me viera y hui al equipo más apartado de donde estaba ella.

–hola… ¿puedo unirme? –dije agitado sin dirigirme a nadie en particular.

–Claro –me contesto una chica de piel morena sonriendo –¿necesitas un balón? –dijo ofreciéndome el suyo

–ah em… gracias. ¿Qué haremos? –dije tomando el balón

–Quemados –dijo Bella a mi lado, me gire y la vi incrédulo ¿me estaba siguiendo? Probablemente Emmentt le dijo que me molestara.

–Yo no juego quemados –murmure viendo la pelota. Mire frustrado alrededor y vi a mis compañeros de mesa de cafetería al otro extremo de la cancha. Sonreí y me dirigí a la chica que me había dado la pelota –lo siento ya tengo equipo, pero te la dejo a ella. –dije señalando a Bella

–Ah… bueno –dijo la chica viendo a Bella, que me miraba con la miraba más asesina que tenía.

–Hola ¡voy a ser con ustedes! –dije poniéndome al lado del pelirrojo, ambos me miraron incrédulos. Se miraron indecisos posiblemente también querían correrme de su equipo.

–en realidad… –comenzó el pelinegro

–Mi hermana postiza me sigue y me molesta –dije entregando mi último recurso, el pelirrojo me miro evaluándome. Luego miro hacia Bella.

–está bien. Pero te advierto que el cupo está lleno, ya no puedes traer a nadie más. –me dijo serio

–Eso me sirve –dije contento antes de que el entrenador hiciera sonar su silbato y los balones comenzaran a masacrarnos. Yo no tenía una gran visión que digamos, pero no fue difícil percibir que toda la clase nos lanzaba los balones a nosotros.

–Yo ni siquiera juego –se quejó el pelinegro, mientras huía diciendo algo como –¡yo soy el asistente!

–Eres más desastroso que yo siendo humana –comentó Bella viéndome desaprobatoriamente cuando termino la clase –¡tenías que unirte a los que por lógica iban a ser atacados!

La mire enojado y entre a los vestidores de chicos, ¿a ver como hacía para seguirme aquí? La mayoría ya se estaban marchando. Pero en una esquina estaba mi pequeño equipo.

–¡Quédate quieto! –dijo el pelinegro mientras le ponía una bandita en la cabeza del pelirrojo.

–mal hermano ¡me abandonaste como cobarde! –le reclamo el pelirrojo haciéndose el digno

–Si eso hice –admitió secamente el de cabello negro

–¿ustedes son hermanos? –les pregunte mientras comenzaba a cambiarme

–eso es lo que les dijeron en el hospital a mis papis, pero yo soy descendiente de alíens –dijo el pelirrojo, el otro rodo los ojos

–¿enserio? –dije preguntándome si los alíens realmente existirían, aunque si yo existía creo que era altamente probable. Ellos se miraron por un segundo y luego se carcajearon. Fue tonto pero yo también me reí.

–Si se parecen –afirme mientras guardaba la ropa en mi mochila

–Si eso es algo que no niego mi hermano es bastante guapo, casi tanto como yo –dijo el pelirrojo besando la mejilla de su hermano, mire la hora en mi celular.

–¡el bus me va a dejar! –dije antes de salir corriendo hacia donde los buses aparcaban. Llegue a tiempo, pero digamos que por poco me dejan. De ahora en adelante tenía que caminar más rápido, me la había pasado llegando tarde a todas partes.

Cuando llegue la casa olía a comida, lance mi mochila al suelo, porque los sillones estaban llenos de… hermanos postizos y corrí a la cocina. Me senté contento y mi mamá lo arruino diciéndome que me lavara las manos.

–Ya voy –dije corriendo al fregadero, me senté nuevamente y mi mamá me sirvió ¿sopa de verduras?

–Ah…–dije desilusionado –olía tan bien

–Entonces debe saber bien –dijo intentando convencerme, la mire con los ojos achinados. Pero como no funcionaba decidí cambiar de estrategia

–Pero mami –le chille

–Si te lo acabas mañana te hago hamburguesas –me propuso

–Me parece justo –dije comenzando a comer. Me di cuenta de que mi mamá me observaba comer pensativa.

–¿Qué ocurre? –pregunte mientras comía. Mi mamá sonrió y suspiro.

–¿Cómo te ha ido hoy con Carlisle? –pregunto cuidadosamente. Pensé en decirle que me había quitado los puntos de la mano ¡pero eso iba a hacer que él se ganara más a mi mamá! Así que decidí omitirlo.

–Pues llegue muy tarde –dije

–es que das pasos chiquitos, ¡corazón! –dijo sonriendo pretendía enojarme, pero lo dijo tan enternecida, que no pude. Así que seguí comiéndome la fea sopa, intentando no hacer muecas de desagrado. Mi mamá comenzó a acomodar los armarios. El sonido de un motor se escuchó y segundos después la puerta de la entrada se abrió.

–Salí temprano –dijo mi progenitor intente apurarme a terminar la sopa antes de que llegara a la cocina, pero él ya estaba parado en la entrada del comedor.

–Hola –dijo mirándonos a mi madre y a mí quizás preguntándose si debería irse. Me metí la última zanahoria a la boca y me levante aprovechando que mi mamá estaba demasiado concentrada en su cocina.

–¡ya acabe! –dije huyendo antes de que mi mamá viera que había dejado todos los brócolis

–No se comió el brócoli ¿verdad?

–No –dijo Carlisle con un tono de voz divertido

–Siempre me hace lo mismo –dijo mi mamá, mientras yo levantaba mi mochila del piso y subía a la habitación. Me puse los audífonos y subí todo el volumen de mi celular, hice mi mejor intento por hacer mis deberes, pero me quede dormido en el proceso.