Los personajes de Skip Beat no me pertenecen, son propiedad de su creador.


— Diálogo —

"Pensamiento"

*Pensamiento alter ego* (Demonios y hadas mentales de Kyoko / Kuon)


Capítulo 37

—Jajajaja, mira que serio se puso para contarlo querido! —Jullie se carcajeaba alegremente.

—Eso ya lo sabemos Kuon— Kuu sonreía pero seguía mirándole con un poco de desconfianza. —Aunque todavía no se si te la mereces, eh? —

—Papá…—Se quejó Ren.

—No te pongas celoso querido— Jullie no dejaba de sonreír encantada con esa estampa familiar. — ¿Quién va a ser mejor para ella que nuestro encantador Kuon? — Preguntó mientras se acercaba a su marido y le hacía pucheritos.

—Bueno…, es que ella es muy joven…—Se excusó. —Además nadie ha dicho que sea obligatorio lo de tener novio— Volvió al ataque Kuu.

—Ja! Claro…, y de paso…¡también podría meterse a monja! —Se mofó Jullie.

"Pues no sería tan mala idea", pensó Kuu con una gran sonrisa iluminando su rostros ante la imagen de su pequeña con un gran habito cubriendo todo su cuerpo.

—Perdón pero…—Interrumpió Kyoko avergonzada. — Yo no creo que haya nadie mejor en el mundo para mí que él— Miró a Ren con verdadero amor.

—Gracias cariño— Ren la besó en la frente— Lo mismo digo.—

—Kyaaaaaaaaaaa! ¡Son adorables! — Jullie estaba en el limbo de la felicidad ante aquellas palabras y muestras de afecto. —Venga gruñón Hizuri reconoce que te hace tan feliz verles así como a mí! —Le dio un golpecito en la cadera con la suya. —Deja de hacerte el durito—.

—Bueno…siiiiiiiiiiiiii! Yo también creo que son adorables — Grito Kuu con ojos chispeantes, sorprendiendo a los muchachos. —Pero es que tengo que hacer el papel que me corresponde, no voy a dejar a mi pequeña desprotegida—

—Tranquilo amor, nuestro hijo la protege ahora— Jullie abrazó a su blandito marido. —No tienes que preocuparte ya por los hombres—.

—Ya…, ¿y quién la protege de él? — Preguntó rendido.

—Oh papá…, por eso no te preocupes, ella sabe protegerse solita, te lo aseguro— Sonrió Ren. "No hay nadie en este mundo capaz de controlarme que ella, solo ella" *Completamente cierto*

—¿Qué quieres decir? ¿Acaso ya tuvo que protegerse de ti? — Kuu volvía a ser el padre dispuesto a cortar cabezas por el honor de su niña.

—Claro que no! ¿Qué clase de hijo piensas que criaste? — Ren se hizo el ofendido, aunque en realidad le encantaba ver como su padre protegía a Kyoko. — Papá, yo la amo, por esa razón ella tiene todo el poder sobre mí, eso es lo que quería decir—.

—Oooooooooooo— Kuu les miraba encantado ahora. —Te entiendo perfectamente hijo, bien hecho! — Le guiñó un ojo. —Tu madre…—

—Bueno… ¿podemos ahora comenzar la fiesta de pijamas?— Preguntó Jullie con impaciencia. — Ven hija dejemos a los hombre hablando de sus cosas— La obligó a separarse de Ren y seguirla por la sala.

—Valeeeee….— Contestó algo nerviosa ante la perspectiva de estar con ella sin Ren cerca, pero al volver la vista hacia atrás, vio que él estaba en esos momentos desternillándose de la risa con algún comentario que le estaba haciendo su padre, por lo que siguió a Jullie en silencio.

Avanzaron por un pasillo con varias puertas tan grandes como la de acceso al ala sur, donde se encontraban.

—Este es nuestro dormitorio— Señaló la primera puerta. — Este es el de Kuon— Señaló la ultima puerta del lateral izquierdo y después señaló la que quedaba justo enfrente. —Y esta es para ti— Abrió y la cedió el paso. — La verdad es que yo pensaba que compartiríais cuarto, pero esos dos padres tuyos se pusieron hechos unos basiliscos cuando lo sugerí. No entiendo vuestras costumbres, pero sé que eres una buena chica japonesa y que vosotras sois muy formales con estas cosas.— La miró sorprendida por la cara que inconscientemente había puesto la muchacha. "Buenoooooo…, o tal vez no. Jajajajaja, ¿qué te parece? Creo que entre estos dos pasó más de lo que esos dos papis piensan"

—Gracias— Kyoko entro en la habitación e inspeccionó rápidamente el cuarto. Una bonita bolsa colocada encima de la cama llamó su atención y se acercó a ella. —¿Qué es esto? — Preguntó.

—Es una cosita que te traje de EEUU para nuestra fiesta de pijamas! —Contesto Jullie encantada.

—Ah…, muchas gracias— Se sonrojó Kyoko. —No hacía falta que me trajera nada, no debió molestarse por mi—. "¿Qué le pasa a esta familia con los regalos?"

—¿Molestarme? —Preguntó incrédula. —Si me lo pasé genial eligiéndolo para ti. Yo siempre quise tener una niña para poder hacer cosas de chicas con ella ¿sabes? Así que ahora estoy encantada, créeme — Sonrió. — Y creí que habíamos quedado en que nada de usted…. Pero venga! Ábrelo! — Estaba sobreexcitada esperando a que abriera su regalo.

Kyoko abrió la bolsa y tras apartar el delicado papel de seda, sacó su contenido sobre la cama. —Ooooh, que bonito…—Susurro mientras pasaba la mano sobre el suave tejido.

—¿Te gusta? — Preguntó feliz.

—Mucho, es precioso, nunca he tenido nada así, es tan suave… Muchas gracias Jullie.— Kyoko estaba realmente agradecida con su regalo.

—De nada cielo, muchas gracias a ti por darme una alegría al aceptarlo— La miró con cariño. —Ven te ayudaré a quitarte el vestido— Dio un par de tirones suaves a los cordones del corpiño, pero sin ninguna intención de soltarlos. Como Kyoko estaba de espaldas no pudo ver su sonrisa traviesa. —Vaya cielo…, esto está muy fuerte para mis frágiles manos, no te muevas iré a pedir ayuda—

Salió disparada de la habitación antes de que Kyoko tuviera tiempo de asimilar sus palabras, solo pudo verla desparecer a través del espejo que tenía delante.

—Pedir ayuda, ¿a quién? — Preguntó al aire, pero tuvo la contestación inmediata al ver en el reflejo quien se acercaba a la puerta.

—¿Qué pasa cariño? Mamá dice que necesitas ayuda— Ren entro en el cuarto mirando su reflejo.

—Ah…, pues no se qué ha pasado— Dijo entrecortada. —Ella se ofreció para ayudarme a quitar el vestido y de repente ha salido corriendo diciendo algo sobre que sus manos eran muy frágiles…—Le miró preocupada. —¿Está enferma? ¿Por eso es tan frágil? —

—Jajaja, tranquila mi amor—Se acercó a ella para acariciar su ceño fruncido por la preocupación, consiguiendo que lo relajara enseguida. — No está enferma, ella es así cuando quiere algo—

—¿Cuándo quiere algo? —Preguntó sin entender a que se refería.

—Claramente esa mujer manipuladora, a la que adoro, lo que quería era torturar a su hijo haciéndole desabrochar ese precioso corpiño de su todavía más preciosa novia— Dio la vuelta a su alrededor para quedar a su espalda y comenzar a desabrochar los cordones.

—¿Y por qué iba a ser eso una tortura? —Preguntó ingenuamente.

—Jajaja Kyoko…, eres tan inocente! —Dejó los cordones para abrazarla por la espalda y se gacho para apoyar su mentón sobre el hombro de ella, mirándose ambos en el espejo. —¿De verdad piensas que estar así de cerca contigo o hacer este tipo de cosas no me afecta en absoluto?—

—Eh…, bueno supongo que debe ser un poco molesto el tener que ayudarme con estas cosas, a lo mejor debiste elegir otro vestido, porque con este ya te has visto obligado a ayudarme tres veces— Contesto apenada.

—¡Ni de broma! Este vestido es perfecto, no me hubiera perdido verte con él por nada del mundo. —Exclamó sonriendo dulcemente. —Además cariño, la primera vez te recuerdo que fui yo quien te pidió que me dejaras ayudarte—

—Ya… bueno, pero luego has sido obligado por la señorita Woods y por tu mamá— Le miró con ojos de disculpa.

—Jajajaja, no es una obligación en el sentido que tú piensas, estoy encantado con ayudarte, disfruto haciéndolo, solo que…—Dejó las palabras en el aire.

—¿Solo que qué?—

—Pues que…, soy un hombre, ¿sabes Kyoko? — Vio como ella asentía a su pregunta pero sin entender a donde quería ir a parar. —Pues que como tal, tener a la mujer que amo tan cerca y en determinadas situaciones, puede suponer un gran ejercicio de autocontrol para mí— Beso su hombro desnudo y suspiro sobre su piel antes de levantar la cabeza.

—Tú…, ¿tienes que controlarte conmigo? — Preguntó totalmente desconfiada. "Eso es imposible, si soy solo una chica del montón".

—Oh…, ya lo creo— Vio claramente en sus ojos que ella no le creía pues, como siempre, no era capaz de ver lo hermosa y provocativa que era sin ni siquiera proponérselo. —Desde hace mucho la verdad. — Volvió a besar su cuello incapaz de contenerse. —A veces necesito usar toda mi fuerza de autocontrol—.

—¿De verdad?— Temblaba ligeramente al preguntar.

—Eh…, tranquila, no tienes de que preocuparte cariño, no quiero decir que…— "Bueno sí, pero yo nunca…¡Que difícil" — Solo quiero que sepas que para mí no es ninguna obligación ayudarte, es solo que me gusta demasiado hacerlo, nada más. Pero te juro que yo jamás me propasaría…—

—Eso ya lo sé— Le interrumpió Kyoko, mirando a sus ojos a través del espejo, con cara de aceptación.

—Pero porque te quiero y sé que no debo Kyoko, no porque no lo desee— *Así me gusta, hay que tratarla bien, pero no vamos a hacerla creer que no la deseamos* —Se que para ti será difícil de entender—

—Ah…, eso es lo que siento yo a veces que no debo pero quiero— Susurró entre dientes haciéndolo prácticamente inaudible.

—¿Qué has dicho? —Preguntó Ren. *Te juro que yo oído que ella quiere pero no debe…!* "Eso es imposible, Kyoko jamás…"

—Na…, nada, no he dicho nada— Se sonrojó ante su desliz, había sido un pensamiento que se había escapado de sus labios.

—Ya…, claro— Ren la miraba divertido— ¿Bueno que te parece si te ayudo con el vestido antes de que mi padre entre para llevarnos a rastras de vuelta al salón? —

—Sí, vale—

—¿Quieres que vuelva a cerrar los ojos? —Preguntó aunque en su cara se veía que no era lo que más deseaba. —Me giraré en cuanto lo haya soltado te lo prometo.

—Supongo que ahora que somos novios…, no es necesario— Kyoko volvió a sonrojarse.

Ren procedió delicadamente a soltar todos los cordones mientras ella sujetaba la parte delantera con sus brazos para que no se bajara.

—Ya está cariño…, oh por dios….— Susurró con voz estrangulada, pues ahora tenía una vista de la parte trasera de la espalda de Kyoko que estaba cubierta no por la tira de un sujetador sino por una especie de camiseta color marfil con preciosos bordados. *Oooooh, no creo que sea una camiseta yo creo que es un …* "No lo digas…".

Kyoko levantó la vista ante el sonido de su voz y al ver la mirada que tenía, sintió un vuelco en el estomago y una sensación que recorría su cuerpo que no supo interpretar. —¿Qué ocurre? — Preguntó también con voz estrangulada sin apartar la vista de la lengua que Ren estaba pasando por sus labios.

TOC, TOC, TOC

—Kuon cariño toma tu pijama, póntelo antes de volver al salón— Jullie había entrado luciendo un pijama muy similar al de Kyoko pero en color azul y sin bata. Sonreía pícaramente por el sonrojo de los dos, puso el pijama junto al de Kyoko, sin más se dio la vuelta y salió.

—Esto…, cámbiate aquí si quieres…—Kyoko estaba muerta de la vergüenza. —Yo lo haré en el baño— Dicho esto agarró su pijama y entró corriendo al baño dejando a Ren aun observando el espacio donde momentos antes estaba la cara de Kyoko.

Ren se cambió de forma autómata, sin darse cuenta de lo que realmente hacía. Estaba terminando de ponerse la ajustada camiseta cuando Kyoko salió del baño.

—Ya…, ya estoy lista— Susurró mientras acariciaba maravillada la suave tela de la bata, la llevaba abierta, y estaba intentando atársela sin mucho éxito.

—Ven…—Ren se acercó y retiro su mano de la bata— Deja que te ayude, estas batas se llevan cruzadas— Con destreza colocó los cintos en la posición adecuada y la abrochó debidamente. —Estás tan preciosa como antes cariño—

—Gracias, tu mamá me lo regaló, es tan suave…— Dijo Kyoko mientras se observaba en el espejo.

—Sí lo es— Ren acarició su mejilla y después la atrajo hacia sí para darla un profundo beso.— Casi tanto como tú— Susurró sobre sus labios.

—¡CHICOSSSSSS, LES ESTAMOS ESPERANDO! — La voz de Kuu sonaba a cada palabra más fuerte, dejando evidente que se acercaba a la habitación.

Ren la dio un último beso y cogiéndola de la mano la sacó de la habitación para encontrarse con la mirada inquisitiva de su padre.

— ¿Por qué tardan tanto? — Preguntó Kuu con la vista clavada en las mejillas sonrojadas de Kyoko.

Ella soltó su mano de la de Ren y se apresuro por el pasillo para ir con Jullie, mientras él se acercaba a su padre y le susurraba al oído.

—Porque no sabía ponerme el pijama papa, jamás uso, ni siquiera actuando ¿sabes? — Bromeó mientras se desternillaba de la risa por la cara de su padre. Echó a andar por el pasillo, pero apenas había dado unos pasos cuando la zapatilla de su progenitor le golpeo en la espalda sin mucha fuerza.

—¡Eso no ha tenido gracia! Casi me lo creo…— Pero no pudo evitar unirse a la alegría de su hijo y corriendo hacia él, le sujetó por el cuello como si pelearan y después le despeinó con cariño, entrando así en el comedor junto a las mujeres.


Continuará…

Muchas gracias por vuestros comentarios.