Me removí en mi cama varias veces intentando silenciar los llamados –Ares –dijo mi progenitor –Ares –volvió a llamarme divertido

–10 minutos más –murmure adormilado, mi progenitor soltó una sonora risa

–9 minutos –contrapropuso Carlisle, bufe y me removí en la cama ignorándolo, sentí un leve roce en mi cabeza, sabía lo que hacía, pero decidí ignorar su estúpida muestra de afecto y me fingí dormido.

Segundos después reaccione y me levante pensando en que el bus no me dejara, me apresure a cambiarme y baje a medio desayunar, mi mamá me sonrió.

–El bus acaba de irse, pero tu papá puede llevarte o puedes irte después con tus hermanos –sugirió, negué con la cabeza y suspiró cansada. –Le diré a Carlisle que te espere –me anunció mientras salía de la cocina.

Me senté en el asiento del copiloto, esperanzado a que no hablara, pero comenzó a sondearme inmediatamente. –¿desayunaste bien? –pregunto mientras el auto comenzaba a moverse

–Si… –conteste escuetamente, comencé a rebuscar mis audífonos en mi mochila para no tener que hablar con mi progenitor, pero no los tenía.

–no es adecuado que te lo diga, pero te aviso que Sigmund llevara una férula hoy –me dijo llamando mi atención, le mire y me sonrió fingiendo magistralmente afecto.

–ayer se cayó de su litera por la tarde, no es nada de cuidado solo es un esguince, pero lo más adecuado es que tenga el pie inmovilizado –me explico y asentí

–¿cómo se cayó?

–Pues… –murmuro sopesándolo –Sigmund menciono que veían lucha libre en la televisión y quisieron usar la litera como plataforma para lanzarse al igual que lo hacen los luchadores.

–mmm… –musite incrédulo, de Sig lo imaginaba pero Gen… probablemente Sig se lanzaba sobre Gen.

–Quizás no le atino a Gen –afirme

–¿a… gen? –pregunto Carlisle arqueando una ceja sin comprender, sonreí pagadamente y no le aclare de que hablaba.

Carlisle llego bastante temprano al instituto, mire el estacionamiento semivacío, mire el reloj en el auto y bufe enojado ¡me habían engañado!

–Apenas son las 7:38 –me queje sabiendo que cuando partimos el bus aún no había pasado por mí

–Conduzco rápido –se excusó mi progenitor, sisee enojado ¡vaya progenitores que me tocaban! Se habían aliado en mi contra

–Hagamos un trato –me propuso de repente al ver mi enojo. "¡Aja!" pensé estaba seguro que me propondría que fingiera que nos llevábamos bien, para que mi madre estuviera a gusto o que descubriría sus verdaderas intenciones homicidas… eso no me agradaba, pero también era una posibilidad.

–Los martes y jueves yo te traigo –me dijo descolocándome

–¿mmph?

–Quizás los viernes también puedo pasar a recogerte –murmuro, de pronto reaccione eso sonaba… a que… a que… de momento no era capaz de imaginar una teoría conspirativa satisfactoria al respecto, pero seguro sus intenciones no eran buenas.

–¿Por qué? –demande saber sus oscuras intenciones

–Conozco un muy buen restaurante de comida rápida –comentó sin contestarme mi pregunta

–ni si quiera comes –le recordé y él sonrió

–pero tu si

–¿y?

–Quiero pasar más tiempo contigo Ares –contesto afectivamente –sé que tú no lo crees –dijo rápidamente al percatarse de mi incredulidad –pero realmente eres importante para mí, eres mi hijo y te quiero, me preocupo por ti, deseo poder guiarte y ayudarte a crecer.

–mm… –musite incomodo por su palabrería, quería decirle "no te creo" pero era innecesario y tonto –llego tarde –dije saliendo del auto, eso no era cierto y era más que obvio puesto que la escuela parecía seguir vacía, pero no quería quedarme con Carlisle hablando sobre "lo que me quería"

–Ten un buen día –me dijo pacientemente mientras yo me alejaba de su auto, entre a la escuela, no estaba vacía, pero los pasillos estaban más despejados que de costumbre, eso era bueno.

Subí al segundo piso para buscar mi libro de algebra en mi locker, el pasillo de arriba lucia más vacío que el de abajo, solo tres personas… mi corazón se aceleró y sonreí cuando vi que una de ellas era Sophia, sentada en el piso al otro extremo del pasillo, rodeándola estaba su mochila y un montón de libros… ella no cambiaba, sin darme cuenta suspire.

Camine y cuando estaba a un par de pasos de ella, Sophia levantó su vista, me vio unos segundos, medio sonrió y se reconcentro en su libro –¿Qué haces? –le pregunte

–Estudiando… ayer no tuve tiempo –dijo nerviosa, mientras ojeaba apuntes de literatura, me senté a su lado en el piso

–¿tenemos examen? –pregunte extrañado, asintió sin hacerme mucho caso, pero de pronto me miro evaluándome.

–¿no has estudiado? –me pregunto alterada, negué con la cabeza. Los ojos de Sophia se abrieron a sobremanera.

–Luces preocupada –me burle mientras jugaba con un colguije de su mochila

–Los exámenes con el señor Mower suelen ser difíciles –me dijo frunciendo el entrecejo, me miro y suspiro evaluándome –te ira mal –musito, una sensación cálida se expandió por mi pecho ¿se preocupaba por mí? Negué con la cabeza y sonreí

–¿Qué es tan divertido? –Me pregunto enojada y clavo la vista en su libreta –¡debí haber estudiado! –se reprochó, la mire por un par de segundos tan absorta en sus apuntes. –¡Si al menos supiera lo que va a preguntar! –se quejo

–sabes la odio, pero esta vez por ti puedo hacer una excepción. Alice puede decirnos que viene en el examen. –dije animadamente, Sophia levanto la vista de su libreta y me miro.

–Ares ella no toma esta clase –me dijo frunciendo el ceño

–lo sé, pero ya sabes… puede usar sus poderes de gitana –dije encogiéndome de hombros.

–¿ah? –me dijo sin entender

–Espérame voy a conseguir las respuestas –le dije levantándome, pero Sophia me detuvo

–no, no, no –dijo sujetándome un pie, perdí el equilibrio y caí –Lo siento –dijo avergonzada, negué con la cabeza y me senté de nuevo a su lado.

–Bueno –dije resignado. Se acercó a mí y puso sus apuntes a mi vista. Su fragancia me embriago y me tense al instante, nunca había estado tan cerca de ella, bueno una vez, pero esa ocasión, no había una rendija de calefacción a nuestro lado molestándome. El aire caliente empujaba su aroma contra mí.

–ven vamos a estudiar juntos… –dijo ocultando una sonrisa y acercándose más si era posible.

–O podríamos pedirle las respuestas a Alice… –insistí cuando sentía que el ardor en mi garganta se volvía insoportable.

–¿Por qué confías tanto en ella? mis notas son muy buenas –me dijo algo dolida

–No es eso –me negué intentando no respirar su aroma, pero no podía –es solo que ella con sus poderes de vidente podría conocer las respuestas –dije con la voz cortada por la falta de aire, pude observar que seguía enojada, pero su entrecejo se suavizo.

–¿tu hermana es médium? –me pregunto casi alarmada, pero de hecho parecía más estar fascinada.

–No, ese es solo su poder… de ya sabes… lo que te dije antes sobre mi familia –dije en un susurro

–Ah… sigues con lo de Drácula –dijo rodando los ojos

–tienes que creerme hablo en serio… –dije dudoso, me permití tomar una bocanada de aire que me quemo toda la garganta, sentí como el dolor me abrumaba –puedo darte pruebas –ofrecí adolorido. Me miro con el ceño fruncido.

–No estas bromeando –afirmo atónita, negué con la cabeza incapaz de seguir hablando –Ares –dijo con un tono dulce. Coloco su mano en mi mejilla haciéndome enrojecer y a la vez pensar que esto era algo descabellado, estar apenas así de cerca de ella comenzaba a hacerse insoportable ¿Cómo podía aspirar a algo más?

–no te das cuenta que no tienes que inventar nada –me sonrió –no es necesario –añadió acariciando mi mejilla, nuestras miradas se encontraron ella sonriente y sonrojada por la cercanía, yo adolorido y con la mente perturbada por la fragancia. ¡Nunca, nunca me iba a volver a sentar en un rincón cuando hubiera humanos cerca y la calefacción estuviera encendida, nunca!

El timbre anuncio el inicio de clases y el alivio en mi fue absoluto, pude levantarme sin que ella lo malinterpretara.

–¡no estudie! –murmuro incrédula y enfadada con ella misma. Sin embargo me sonrió

–hablamos luego, me interesa lo de tu hermana adivina –asentí y ella se acercó a mí para darme un beso en la mejilla, me quede inmóvil y sin respirar, pero se alejó rápidamente. Se apresuró a ir a su clase y yo hice lo mismo. Intente con todas mis fuerzas poner atención a la clase para así distraer mi mente y olvidarme un poco de la sed que tenía.

Sophia tenía razón, teníamos examen de literatura. Mire al techo como si las respuestas fuesen a aparecer allí, el señor Mower se pasaba ¡al menos pudo haber puesto opción múltiple! Oh claro se suponía que yo era un genio. Releí las preguntas aunque ya me había dado cuenta que no sabía ninguna, quizás había aprendido algo en una o dos clases que puse atención, pero el señor Mower no me preguntaba nada al respecto.

Suspire resignado. Lo único que había escrito en la hoja era mi nombre. Me arrojaron un papel hecho bola, cayó sobre mi hoja sin contestar, mire alrededor buscando al culpable, pensé que era Edward pero él ni siquiera me miraba, me volví y desarrugue la hoja con cierto arrebato.

Con delicada y pequeña caligrafía estaban enumeradas todas las respuestas, me volví de nuevo intentando saber si Edward me había dado las respuestas erróneas para boicotearme, pero la mirada azul de Sophia me intercepto.

–¡Apúrate! –me regaño gesticulando y volviéndose enseguida para remarcar lo que ya había escrito en su examen. Abrí los ojos como platos y me apresure a esconder la hoja en mi mano para que el señor Mower no la viera. ¿Me había dado las respuestas? ¿Tan poco confiaba en mí? Bueno lo cierto es que no lo estaba haciendo muy bien, pero…

–Son correctas –musitó Edward, ¡como si yo pudiera desconfiar de eso! rodé los ojos fastidiado, Edward dejo salir un suspiro divertido –se ha molestado en cambiar las respuestas lo suficiente para que Mower no se dé cuenta.

Me sentía humillado ¿tan estúpido me veía? La mire y note que me observaba de reojo, suspire y apreté la hoja en mi mano. Copiarle las respuestas probablemente iba contra todo código moral, nunca había sido un genio y mi madre no estaría decepcionada por una F, al final me recuperaría y salvaría la materia, siempre lo hacía. Sophia bufo y la mire nuevamente.

–Anticuado… –murmuro casi imperceptiblemente, pero en su voz abundaba un tono dulzón, giro su rostro hacia mí y sus labios se curvaron en una sonrisa mientras negaba con la cabeza. Se levantó y entregó su examen al señor Mower.

Cuando el timbre sonó, el señor Mower se puso de pie y recogió los pocos exámenes que aún no habían sido entregados, Sophia me miró ceñuda cuando entregue mi examen en blanco. Le sonreí mientras me llevaba mi mochila al hombro, extendí mi mano pidiéndole su mochila. Por un momento me pareció que los ojos se le saldrían, un leve rubor se apodero de sus mejillas y me la dio.

–Vas a sacar una F –me dijo apesadumbrada acomodándome dos gruesos libros en mis manos. Nos encaminamos hacia la puerta y salimos, el pasillo estaba lleno de gente sacando libros de sus casilleros, gente que nos dedicaba miradas de asombro… poco discretas.

–Me recuperare al final –dije y Sophia frunció la boca molesta

–¡debiste haberlo contestado! medio salón hizo trampa, te lo aseguro. –dijo un tanto frustrada

–¿tu hiciste trampa? –pregunte sabiendo de antemano la respuesta

–No –contesto incomoda

–eso es bueno, ¡creí que te habías pasado al lado oscuro, junto a los que hacen trampa! –dije fingiendo que eso sería una catástrofe

–Eres raro –dijo riéndose con ganas –muy raro

–¿raro bien o… raro das miedo? –cuestione, Sophia me miro evaluándome, se tomó su tiempo, me sentí cohibido por su mirada tan fija en mí, así que me concentre en mi pies y en el suelo.

–huum… del tipo raro propicio –dijo al fin

–¿ah? –dije sin entender ¿raro propicio? ¡Esa no era una opción!

–Te veo luego –dijo quitándome sus libros de las manos. Asentí y me descolgué su mochila, Sophia la tomo y me regalo una de esas sonrisas que hacían que se me olvidara como respirar.

Durante el camino a la cafetería alcance a ver a Sig y a Gen, lo que Carlisle me dijo era cierto Sig llevaba muletas, los seguí sin intentar alcanzarlos porque estarían a unos 8 metros y no tenía ganas de caerme mientras corría.

–¿Te duele? –le preguntó Gen a Sig por enésima vez.

–No –negó Sig cansado

–enserio lo siento –musitó Gen avergonzado mientras lo ayudaba a sentarse en nuestra mesa.

–Nah pudo ser peor –dijo Sig restándole importancia. Me senté en la mesa viendo la férula de Sig.

–Me caí Ares –dijo divertido –y gracias a eso me he convertido en un chico muy popular

–¿si?

–toda la gente me pregunta "¿Qué te paso?" –dijo riendo, Gen bufo malhumorado

–Carlisle lo menciono… –dije meditabundo –pero en realidad ¿qué te paso?

–¿quieres la versión oficial o la que pone de mal humor a Gen?

–Se cayó de su cama –espeto Gen haciendo que Sig se carcajeara asintió dándole la razón a Gen, aunque comencé a intuir que habían engañado a Carlisle.

–bueno hablando de otra cosa ¿Sabes lo que dicen en la escuela? –me pregunto Sig mientras yo destapaba mi refresco

–mm… ¿qué te caíste de la cama? –dije mordiendo mi hamburguesa

–No –negó divertido –dicen que Sophia Jenkins tiene novio –dijo descolocándome ¿novio? ¡Tenia novio!

–¿Quién es…? –dije con el alma en el suelo

–El chico tonto que le carga la mochila –contesto Gen

–¡te dije que no era cierto Ares nos habría dicho! –le dijo Sig y respire tranquilo hablaban de mí. De mí con Sophia… sentí la sangre en mis mejillas, así que decidí cambiar de tema

–bueno ¿me contaras como te caíste? –le pregunte a Sig

–¡cuando se lo vas a pedir! –me interrumpió Gen ansioso, pero me di cuenta que no era porque le causara emoción que me hiciera novio de Sophia, más bien no quería que Sig me dijera como se había lastimado. Me reí de Gen y negué.

–Piensa en eso –sugirió de mala gana, lo mire con la ceja arqueada, Gen miro con atención sobre mi hombro –viene hacia acá –musito, Sig ahogo un grito e intento levantarse

–Gen vámonos –le dijo, Gen rodo los ojos enojado y permaneció en la mesa sin moverse un milímetro.

–Hola –musito Sophia, Gen y Sig intercambiaron una mirada indescifrable. –Sigmund ¿Qué te…?

–Se cayó de la cama –contesto Gen escuetamente Sophia asintió

–¿se cayó o lo tiraste? –pregunto acusadora, Gen la miro enojado y chasqueo la lengua

–Vámonos Freud –dijo poniéndose de pie y encaminándose a la puerta. Sophia se sentó a mi lado y sonrió triunfante.

–¿buscas dejarme sin amigos? –pregunte jugando con mi servilleta, ella arqueo una ceja y negó con la cabeza, me observo seria.

–Ares… ¿tú en Porto ibas a una escuela normal? –me pregunto con la vista perdida en la paredes de la cafetería

–pues si… era una escuela con una población estudiantil mucho más grande pero creo que cumplía con los estándares –le dije observándola, su mandíbula se tensó y me miro con suspicacia

–Hay veces… –comenzó y se mordió el labio inferior con nerviosismo –cuando haces las bromas esas sobre tu familia… –dijo perturbada negó con la cabeza y continuo –hay veces que me da la impresión de que tú realmente te lo crees. –se volvió hacia mí y me miro como si deseara meterse en mi cabeza. –y me he dado cuenta de que te vigilan –dijo lanzando una fugaz mirada a la mesa de mis hermanos –siempre –recalco

–Ares… –me llamo la voz de Edward acto reflejo me volví hacia su mesa –Dile que bromeabas –ordeno, rodé los ojos enfadado –duda de tu salud mental –musito sin verme. Oh, eso era nuevo ¡ahora creía que estaba loco! –¡no seas estúpido nos estas poniendo en peligro! –murmuro Rosalie mordazmente, suspire hastiado y decidí hacerles caso. Me volví hacia Sophia y comencé:

–Son así porque soy el menor –negué con la cabeza no quería mentirle, no a ella, Sophia me miro sin decir nada mientras se rascaba las uñas haciendo que el esmalte se desprendiera –sobre mi salud mental, estoy tan cuerdo como cualquier otro chico de 17 años –los ojos de Sophia se abrieron por la sorpresa y entonces analice que ella no me había mencionado sus dudas sobre mi salud mental –ya sabes el lóbulo frontal aún no está del todo desarrollado y eso–le dije encogiéndome de hombros esperando que lo dejara pasar

–no yo... ¡yo no quise insinuar eso! –dijo avergonzada cuando hable de mi cordura.

–Está bien –dije colocando mi mano sobre la suya impidiéndole que siguiera raspándose las uñas –supongo que no es muy común que la gente te diga que es un ser mitológico

–Muy poco común –convino, sus labios se curvaron en una sonrisa sutil, deslizo su mano y entrelazo sus dedos con los míos. Su sonrisa se ensancho y desvió la mirada. La observe mientras escuchaba a Rosalie murmurar insultos apenas audibles hacia mí.

–Así que cuando dijiste raro propicio te referías a el raro que da miedo –comente intentando ignorar el agitado palpitar de nuestros corazones.

–¡No! –Negó indignada y luego un tanto avergonzada murmuro –lo siento –me dijo culpable y apretando el agarre de nuestras manos.

–entonces ¿a qué te referías? –pregunte

–Propicio, oportuno, adecuado, correcto… son sinónimos –enlisto encogiéndose de hombros, "estúpido, patán, idiota, torpe, Ares ¡son sinónimos!" farfullo Rosalie, rodé los ojos molesto al menos podían disimular que no me espiaban.

–¿Qué? –me pregunto seria, negué con la cabeza

El timbre sonó, espere a que ella deshiciera el agarre pero no lo hizo, se puso de pie aun con nuestras manos enlazadas y yo la imite, me sonrió con aprobación y yo hice malabares para tomar mi mochila y llevármela al hombro sin parecer muy torpe. Mire rápidamente su mano libre, pero Sophia solo llevaba su móvil.

Nos encaminamos hacia la salida siendo no solo el mayor punto de interés de "mis hermanos" sino de todos los que aún seguían en la cafetería.

–¿te molestan las miradas? –me pregunto de pronto

–Algo –admití mientras salíamos de la cafetería.

–oh… –musito apenada, su mano se abrió para liberar la mía, pero yo me negué a deshacer el agarre, no me molestaba lo que murmuraban a nuestras espaldas y mucho menos que me vieran con ella, pero Rosalie conseguía exasperarme.

Me miro sin comprender porque no la soltaba, le sonreí –¿qué haces? –pregunte llevando nuestras manos a la altura de sus ojos, Sophia frunció el entrecejo y miro nuestras manos que solo yo mantenía unidas, pude ver la sorpresa en su rostro. –Ahora ya no podrás liberarte de mí –dije sonriendo, sus latidos se dispararon casi desquiciadamente, lo sopeso unos segundos que me parecieron eternos debido a mi nerviosismo, Sophia afianzo su agarre y sonrió ampliamente.

–No planeo, ni quiero hacerlo –dijo concienzudamente mirándome de soslayo. Trague saliva estaba nervioso, de pronto mi estómago se sentía completamente revuelto, pero yo me sentía absolutamente feliz. Nuestros corazones acelerados era lo único que lograba oír, incluso las voces humanas de pronto sonaban distantes.

–Eso me agrada –confesé bajando nuestras manos, Sophia me dirigió una mirada cómplice apretando nuestro agarre y balanceando un poco nuestras manos. Nuestra marcha era lenta, pero esta vez no se preocupó por recordarme que llegaríamos tarde.

–Más te valía –dijo burlonamente, me reí y ella hizo lo mismo.

–Tu piel es muy suave –observo, ladeo la cabeza mientras movía su pulgar acariciando mi mano con la yema de su dedo –y fría –musito arrugando el entrecejo

–¿cómo va lo de ser presidenta estudiantil? –pregunte desviando el tema, me miro extrañada pero luego sonrió y me contesto animada.

–Bueno… creo que es complicado –dijo objetivamente –casi no me queda tiempo para nada

–Eso es malo –dije decepcionado, ella sin tiempo para nada yo sin saber conducir ¿Cómo iba a verla? Nos detuvimos frente a la puerta del aula de él señor Rose

–Tampoco pienses que te vas a librar de mi –dijo divertida –tengo algunas horas libres por la tarde. –se mordió el labio inferior con nerviosismo y se acercó a mí, intente contener la respiración para no oler su fragancia pero lo pensé demasiado tarde, Sophia ya estaba bastante cerca, me dio un beso en la mejilla.

El dolor en mi garganta sintió que el beso fue increíblemente largo, pero mis aspiraciones lo sintieron corto. Haciendo acopio de todas mis fuerzas le di un beso rápido en su mejilla. Ella me sonrió y rodeo mi cintura con sus pequeños brazos ¿en qué me había metido? Le devolví el abrazo con la garganta quemándome.

–Llegas tarde –le recordé intentando infundir en mi voz un tono cálido, se separó un poco de mí y sonrió, pude verle el rostro sonrojado… sus mejillas llenas de sangre comencé a salivar.

–te veo en gimnasia –me dijo

–Si, seré el que este en el piso –bromee dando un paso hacia atrás para alejarme de ella, Sophia sonrió y entro al aula. Me encamine a mi siguiente clase, Arte. La mamá de Gen se aseguró de recordarme varias veces que ya tenía dos retrasos con ella, Rosalie se regodeo lanzándome insultos durante toda la clase y mi pintura expresando la teoría del color había quedado demasiado uniforme y fea, pero para lo rápido que la acabe considere que estaba bien.

La clase de historia fue totalmente aburrida hasta que escuche a Edward hablar solo: –No lo sé –musito algo enojado –tal vez –continuo diciendo entre siseos casi indescifrables, me volví Emmett lo miraba con atención y Edward tenía la mirada fija en su pupitre.

–Alice va a estar muy contenta si ya son novios –musito Emmett tan rápido que apenas pude descifrarlo, luego me miro y me sonrió luchando por contener la risa. Me volví avergonzado.

–Estas rojo –me dijo burlonamente – ¿ya la besaste Ares?

–Emmett –mascullo Edward con tono de reprimenda, Emmett se burló.

Me hubiese gustado que el entrenador escogiera otro juego pero decidió que lo mejor para un jueves por la ultima clase era básquetbol. ¡Claro a él no le importaba lo mal que yo pudiera quedar! Camine detrás de Sigmund sin ser partícipe del juego hasta que la pelota paso sobre mi cabeza y un chico enorme me tacleo.

–¡es básquetbol no fútbol americano! –le espetó Bella hecha una furia

–¿estás bien? –dijo Sophia a mi lado preocupada. ¡No, no porque!... ¡mi día había ido tan bien hasta ahora!

–Si estoy bien, estoy… –dije levantándome, estaba algo mareado pero intente parecer intacto.

–¡estas sangrando! –dijo colocando tres dedos con fuerza en mi ceja izquierda –ven vamos a la enfermería –dijo jalándome sin dejar de presionarme la cabeza

–en serio estoy bien… Gen me curara –dije negándome a ir a la enfermería, Sophia me miró con desaprobación y siguió jalándome

–de ninguna manera. –dijo. La enfermería estaba sola, Sophia bufó disgustada –¡todo el día aquí y cuando se le necesita no está! –masculló enojada, sonreí pensando que se rendiría pero no lo hizo, me llevó a la oficina principal.

–Michelle, ¿sabes dónde está la enfermera? Ares se lastimó en clase de gimnasia –le preguntó a la secretaria mientras me acercaba una silla para que me sentara.

–¡Oh! dijo que iba a comer, pero déjame ver –se levantó y me examinó la herida con el cejo fruncido –no creo que sea muy grave las heridas en la cabeza siempre sangran demasiado –dijo la secretaria después de examinarme

–¿verdad? –dije dándole la razón, la secretaria asintió, Sophia me miro enojada –Igual van a curarte –me advirtió

–Has presión aquí –me dijo la secretaria colocando mi mano en mi ceja –iré a buscar a Christi, quizás este en la sala de maestros

–¡Estoy bien! –dije intentando detenerla, pero ya se había ido

–¿no vas a dejar de quejarte? –me preguntó Sophia cruzándose de brazos

–¡me arrastraste aquí y estoy en perfectas condiciones! –le reproche dejando de apretarme la ceja.

–Tienes la ceja rota –replicó enojada

–Ya escuchaste lo que dijo, estas pequeñas heridas sangran demasiado –dije con desdén

–No te rindes nunca verdad –resopló acercándose a mí, suspiró tranquilizándose y comenzó a intentar limpiarme la sangre con pañuelos desechables, sus dedos al rozar mi piel se sentían cálidos pero no llegaban a transmitirme un calor doloroso, aunque se sentía un poco extraño ella hizo caso omiso a mi temperatura.

Su mano se comenzó a mover con lentitud y sin fuerzas hasta que se detuvo por completo. Me miró fijamente. –¿Qué? –pregunte cuando me fue imposible descifrar su expresión. Sus dedos abandonaron mi sien y se deslizaron hasta llegar a mi cuello provocando un caminillo de electricidad –Eres hermoso –dijo en un murmullo, fue entonces cuando me di cuenta que su rostro denotaba una infinita fascinación.

Sentí calor en mis mejillas y sus labios se curvaron, su mirada lucho por encontrar la mía cuando lo consiguió dejo salir una sonrisa llena de satisfacción. –me estas gobernando –manifesté

–De hecho siento que es al revés –dijo acariciando mi mejilla, me levante de la silla y la atraje hacia mi rodeando su cintura con mis brazos. Aun sabiendo que me iba a doler como si todos los demonios me torturasen la garganta, no me importo. Me incline y uní nuestros labios en apenas un roce, Sophia enrosco sus brazos en mi cuello y enredo sus dedos en mi cabello, me acercó a ella evitando que el beso se quedara en eso. Doloroso, torpe y un tanto desesperado, pero aun así fue un beso legendario.

Nos separamos en busca de aire, pero seguimos abrazados, Sophia sonrió y apretó sus brazos alrededor de mi cintura –niño tonto –musitó cariñosamente viéndome a los ojos.

–Perfección andante –le conteste haciendo que soltara una carcajada, negó con la cabeza y se abalanzó sobre mí, sus perfectos labios colisionaron con los míos.

–¡Señor Cullen! –me llamó alterada la secretaria. Nos separamos abruptamente, me lleve la mano a hacer presión en mi herida como me lo había indicado, aunque era bastante obvio que nos había visto.

–Si… em… ya estoy bien –balbucee, los hombros de Sophia temblaron en la lucha por contener la risa.

–Nos vemos luego Michelle –dijo divertida y jalándome hacia fuera.

–Claro… –musitó la atónita secretaria.

–Creo que se le descoloco la quijada –comenté mientras caminábamos tomados de la mano hacia el gimnasio.

–¿a Michelle? –me preguntó divertida, asentí y Sophia se rio –¿te duele? –preguntó deteniéndose y acercándose a mi rostro.

–No, casi no me mordiste –bromeé y Sophia se sonrojo

–Yo hablaba de tu ceja –dijo abochornada

–¡Ah!... –fingí sorpresa –Pues no y ya no sangra –le contesté encogiéndome de hombros

–Espérame aquí –me pidió y se echó a correr, me dejó allí parado en el vestíbulo de la entrada lleno de trofeos. Me recargue en la pared mientras el timbre sonaba anunciando el final de las clases Sophia regresó al poco tiempo apurada con mi mochila en las manos y con la suya en la espalda.

–oye tampoco exageres –dije avergonzado –yo podría haber ido por ella

–Ni siquiera pesa –se quejó mientras le quitaba ambas mochilas

–Viajo ligero –le dije mientras nos tomábamos de la mano –¿vas a darme ride? –pregunte divertido cuando vi que me arrastraba hacia el estacionamiento de estudiantes

–Si –contestó entusiasmada. El día no podía haber estado más feo, por el viento y la llovizna que caía, pero yo estaba tan feliz caminando con Sophia a mi lado que ni un huracán me habría desanimado. Escuche los bufidos de Rosalie diciendo lo torpe que yo era. Me encogí de hombros como respuesta y la ignore. Entramos al auto y Sophia me sonrió mientras lo encendía.

–¿seguro que no te duele? –me preguntó

–No –conteste divertido, ella no sabía lo que me dolía que me besara comparándolo, mi ceja rota no era nada.

–Bueno –dijo tranquila mientras se formaba detrás de la fila de autos para salir del estacionamiento.

–¿no tienes frio? –me preguntó encendiendo la calefacción. Ladee la cabeza negando

–¿te gustan los Bee Gees? –me preguntó

–No los he oído –le respondí escaneando mentalmente mi pobre repertorio musical

–Tienes que estar bromeando –dijo encendiendo su estéreo y reproduciendo la música de su celular. Cuando los puso, pude identificar a la perfección Stayin Alive

–lo siento, pero no en realidad –dije riéndome

–¿Te gusta esta? –me preguntó mientras cambiaba la canción por una de Linkin Park

–Si esta suena bien –admití, Sophia sonrió

–tú ¿en qué parte del pueblo vives? –pregunte

–vivo al lado opuesto de donde tú vives

–Oh –dije cuando me di cuenta que la estaba haciendo desviarse mucho

–¿Qué? –me preguntó

–Tengo que aprender a manejar –musite y Sophia se rio

–¿no sabes? –preguntó incrédula, negué con la cabeza

–¡oye soy un alma ocupada! –dije con indignación falsa, Sophia dejo salir una risotada

–bueno señor Drácula con alma ocupada ¿qué es lo que hace por las tardes? –me preguntó

–pues… veras… –lo pensé realmente no estaba seguro si le parecería sorpréndete que mis planes fueran comer, molestar a Emmett y a Alice, y por ultimo hacer drama para que mi mamá me llevara a cazar –¿cómo de qué? –pregunte inseguro

–mmm… por ejemplo, yo hoy llegare a casa y voy a cocinar –hizo una mueca de desagrado –después voy a hacer un ensayo para economía, y veré televisión antes de dormirme

–Bueno –dije aliviado de que no esperara grandes hazañas –probablemente Carlisle va a arreglarme esto –dije señalando mi ceja y proseguí –comeré lo que sea que haya hecho mi mamá, si mis hermanos están en casa probablemente nos peleemos un rato. –Sophia se burló cuando escuchó eso.

–¿porque no estarían en casa? –me preguntó interesada

–Pues… les gusta ir a cazar –musite inseguro

–oh… eso es nuevo –dijo divertida

–¿que?

–La caza en Aberdeen, creo que solo hay ardillas para eso ¿se comen las ardillas de Aberdeen? –dijo dirigiéndome una mirada divertida.

–En lo profundo del bosque hay alces –musité sin comentar que no cazábamos cerca de Aberdeen

–oh ya… ¿tú también cazas? –me preguntó, haciéndome sentir incómodo.

–bueno no, yo solo los acompaño y me como lo que ellos cazan –dije y Sophia se burló –No comemos ardillas –recalque sin entender que era tan divertido.

–Entiendo –dijo intentando mantenerse seria –¿qué harás después de pelear con tus hermanos?

–Pues cenar y dormir –dije meditabundo y omitiendo que esperaba que fuéramos de cacería en vez de cenar comida.

–Parece que tienes una agenda estricta –comentó

–¿Por qué siento que te estas burlando de mis importantes actividades? –le pregunte con sarcasmo

–No es de tus actividades –me aseguró, la mire con el ceño fruncido y me explicó –es que me lo dices como si me revelaras un secreto de estado.

–no puede ser, te diste cuenta… ¡no llames al FBI! –dije bromeando

–Tengo que pensarlo, hay muchas cosas en juego –dijo siguiéndome el juego.

–Te advierto que tu agenda también luce sospechosa –la amenace, Sophia se rio

–¿porque es sospechosa? –me preguntó

–¿quién hace tarea un viernes? –Pregunté como si eso fuera altamente sospechoso –acaso ¿tienes una coartada para explicar, porque no la harás el domingo por la noche como se acostumbra? –Sophia asintió

–Mañana tengo que hacer la colada y mi hermana tiene un recital de ballet por la tarde, eso deja muy poco tiempo para los deberes –se encogió de hombros –y soy floja y me quiero dormir el domingo. –admitió un poco avergonzada. Domingo… eso significaba que la vería hasta el lunes.

–woh –murmuré insatisfecho, ¡tenía que darme prisa a aprender a conducir!

–¿Qué?

–Te veré hasta el lunes –musité, Sophia asintió y lo sopesó un segundo

–Supongo que no quieres ir al recital de unas niñas de 8 años –aseguró mordiéndose el labio inferior con nerviosismo y sin desviar la mirada del camino.

–Encantado –respondí rápidamente, Sophia abrió los ojos sorprendida y se giró a verme antes de concentrarse de nuevo en el camino

–No son muy buenas –confesó

–Probablemente tienen más equilibrio que yo –insistí, Sophia sonrió con ternura

–Tal vez –admitió deteniendo el auto, habíamos llegado y ni siquiera me había dado cuenta.

–Es a las 6 p.m. –musitó viéndome atentamente, asentí acercándome para besarla, apenas rocé nuestros labios previniendo el dolor que eso ocasionaría, pero Sophia me impidió alejarme y me beso efusivamente. El beso dolió pero diría que me había insensibilizado a su apetitoso olor, nos separamos en busca de aire.

–¿en dónde? –pregunté agitado

–atrás del supermercado, te darás cuenta fácilmente es el único estudio de ballet que tenemos –dijo burlándose de la poca variedad del pueblo, asentí y uní nuevamente nuestros labios.

–Te veo mañana –dije. Sophia asintió y se aclaró la garganta

–Suerte con las ardillas –me deseó, negué con la cabeza divertido y me bajé de su auto, Sophia sonrió y agitó su mano despidiéndose.

Cuando entré a casa, me fue obvio que el chismoso de Edward ya les había dicho que Sophia ahora era mi novia, sin embargo intentaron mostrarse impasibles. Alice no lo logró, aguantó hasta que yo termine de comer, dejó salir un gruñido de alivio y comenzó a dar pequeños saltos a mí alrededor

–¡Ares, yo te llevo mañana, anda prometo ser discreta!

–No –me negué inmediatamente

–¡le voy a caer bien! ¡Lo prometo! –me rogó

–Eres abominable –le espeté