Suspire cansado, tenía más de media hora que me había rendido y había dejado de pelear. Estaba parado como maniquí con los brazos extendidos dejando que Alice me cambiara la chaqueta una y otra vez, porque según ella "era muy importante que me viera bien"
–este tampoco –dijo con desdén arrojando un suéter gris
–¡podrías decidirte de una buena vez! –dije enfurruñado, en el piso de abajo escuche varias risas de Emmett y de Edward burlándose de mí.
–No te quejes, necesito unos segundos más –me reprochó
– ¡esta es perfecta! –dijo Alice poniéndome una de las primeras cazadoras que me había probado, rodé los ojos y la mire enfadado. Edward soltó una carcajada. Bufé enojado y Alice se encogió de hombros indiferente – ¡ahora tu peinado! –dijo entusiasta
– ¡oye mi peinado está bien! –me quejé mientras huía de ella.
Respiré aliviado cuando Alice por fin detuvo el auto, ella sin duda alguna tenía la peor conducción de la historia, no chocamos ni estuvimos cerca, pero ¡jamás miro el camino! y un par de veces soltó el volante por completo.
Ahogué un suspiro. Afuera del estudio estaba Sophia recargada en un auto color plata. Tuve que agradecer que Alice no me permitiera venir en mis fachas. Ella estaba preciosa. Llevaba puesto un elegante abrigo negro lucia casual, pero a la vez se veía tan sofisticada.
– ¡oh! me gusta su estilo –dijo Alice emocionada y trayéndome a la realidad –tienes que presentármela pronto –me rogó, rodé los ojos y Alice suspiró resignada pero recobró rápidamente su actitud latosa.
–Está bien, ¡no lo hagas! vete y déjame sufrir –dijo llorona, la miré ceñudo, Alice estaba loca pero era de lo mejorcito que teníamos.
–El lunes –prometí saliendo del auto
– ¡Ok! –Dijo animada –me mandas un texto si necesitas que venga por ti –me dijo cómplice. Alice se marchó conduciendo su auto como loca. Caminé hacia Sophia con una sonrisa de idiota en el rostro –Señor Drácula –me saludó burlona
–Hola –dije a la vez que me preparaba mentalmente para el dolor y me acercaba a ella. Nos besamos despacio, no dolió como lo recordaba, pero bueno ayer estaba muy sediento. –Estás hermosa –le dije cuando nos separamos. Un leve tono rosado inundó sus mejillas.
–tú también –susurró tomando mi mano.
El auditorio del pequeño estudio de ballet consistía en un escenario de piso y paredes negros, frente al cual estaban algunas filas de butacas en su mayoría vacías. Sophia suspiró y me miró con nerviosismo.
–¿Qué sucede?
–Es que… –se aclaró la garganta para hablar con claridad –creí que mi papá no vendría pero está allí –dijo haciendo un ademán con la cabeza hacia las primeras filas. –¿quieres que nos sentemos atrás? –me propuso señalando los últimos lugares.
–¿él no sabe de nosotros? –indagué
–Pues… –murmuró incomoda –está más que enterado –me miró de soslayo nerviosa –de hecho ya todo el personal administrativo de la escuela está al tanto… creen que eres muy valiente por salir con la hija del verdugo de todos los estudiantes. –dijo avergonzada, tanto que me reí de ella.
–Seria descortés si no me presento –dije convencido de ello mientras comenzaba a caminar hacia él, escuche a Sophia ahogar un gritillo.
–no lo vayas a tutear aunque él te lo pida, si lo haces pensara que eres… irrespetuoso y no le gusta la moda punk –me advirtió atropelladamente
–Bien –dije divertido por su expresión. El director Jenkins era un hombre a lo sumo de unos 40 años, castaño y de grandes ojos cafés ocultos detrás de sus gafas elegantes. Iba vestido formal como cualquier día de instituto, pero ese día lucia mucho más rígido que siempre, probablemente era yo y los repentinos nervios que sentía.
–Papá –lo llamó nerviosa, el señor Jenkins se giró y nos observó serio
–¿si? –contestó enfocando toda su atención en mi
–te presentare a alguien –le dijo Sophia. Él se levantó y dio un par de pasos para estar frente a nosotros
–Él es mi papá –musitó Sophia dirigiéndose a mi
–Ares Cullen, es un placer conocerlo señor –dije con voz respetuosa tendiéndole mi mano
–Jared Jenkins –me contestó serio, mientras estrechaba mi mano, Sophia dejo salir una bocanada de aire casi imperceptiblemente
–Encantado, señor –recalqué sonriendo
–Así que…tú estás saliendo con mi princesa –me sondeó mientras me observaba escrupulosamente, Sophia bufó incomoda y murmuró un apenas audible –¡papá!
–Así es señor –dije intentando parecer respetuoso, el director Jenkins asintió y dijo resignado
–Bueno será mejor que se sienten, está por empezar –dijo decepcionado al no hallar de momento nada que criticar. Suspiré internamente aliviado, no había sido muy fácil pero al menos parecía haber salido bien.
No diría que el ballet era lo más divertido en el mundo, pero fue lo último en lo que me concentre durante el evento. En cuanto las presentaciones comenzaron el señor Jenkins nos perdió de vista y se concentró en el recital filmando un video.
–¿estuvo bien? –susurré
–más que bien –admitió Sophia dándome la mano
–¿ella es tu hermana? –dije viendo a la niña que el director Jenkins luchaba por enfocar con su cámara, Sophia asintió
–No te dejes engañar por su angelical rostro, es un pequeño demonio –me susurró divertida, sonreí
–¿Por qué es un pequeño demonio? –le pregunté y Sophia ahogó una risa
–Huummm… –murmuró pensativa –es demasiado enana, así que siempre pierdo cuando me acusa –me dijo confidencialmente
–¡pero que malvada! –dije apoyándola, Sophia dejo salir una pequeña risa. Se aseguró de que su padre no la viera y se volvió para plantarme un beso rápido. Sonreí mientras ella se reacomodaba en su butaca.
–hablando de hermanas, tu hermana te trajo –recordó de pronto
–voy a admitirlo es la más latosa, pero es la que más soporto… –confesé –y le simpatizas –agregué.
–¿enserio? –me preguntó incrédula, asentí antes de que una señora detrás de nosotros nos callara. Cuando el recital acabo todas las señoras lloronas comenzaron a acercarse para felicitar a sus hijas, el único que no lloraba ni amenazaba con hacerlo era el director Jenkins, pero su rostro denotaba un orgullo infinito. Fue entonces cuando me di cuenta que Sophia nunca había mencionado a su mamá.
–papá ya te dije ¡no tengo frio! –se quejó la hermana de Sophia mientras ella y el director Jenkins caminaban hacia nosotros, de pronto se detuvo abruptamente y enfocó sus ojos marrones en mi con sumo interés, sus ojos se pasearon repetidas veces de mi a Sophia con burla.
–Ella es Athena –me dijo Sophia, luego con una mirada un tanto extraña le dijo a su hermana –él es Ares
–Hola –me saludó
–Hola –le conteste –tu rutina fue muy artística –le comenté aunque realmente no había visto mucho. Athena me sonrió ampliamente y se colgó del brazo del director Jenkins sonrojada
–Bueno creo que nosotros nos iremos a casa –dijo el señor Jenkins viendo a Sophia –no regreses tarde ¿vale? –Sophia asintió. Lo pensé un segundo intentando recordar todas las normas de cortesía que mi mamá había intentado enseñarme, pero lo único que se me ocurría era seguir irradiando educación.
–Señor fue un gusto conocerlo –dije volviendo a estrechar su mano, asintió distraído mientras apretaba mi mano. Tomó la mano de Athena y comenzaron a caminar hacia la salida.
–¿es su novio? –Preguntó Athena mientras se marchaban, el director suspiró y le susurró –si se comporta quizás de mi autorización, pero quizás –recalcó
–A mi si me agrada ¡autorízalo!… –demandó antes de que fuera incapaz de seguir escuchando sus voces por la lejanía
–Parece que he sobrevivido –murmuré
–Eres un adulador –me dijo Sophia dando un brinquillo y besando mi mejilla, me giré y la vi analizando su expresión, lucia feliz así que deduje que realmente la presentación con su familia había ido bien.
Nos tomamos de la mano y salimos del pequeño estudio. Sabía que el recital se había acabado pero no quería separarme de ella. Resultaba extraño, era como si estar a su lado fuera una necesidad tan importante como comer o respirar.
El auto de Sophia estaba aparcado en un extremo del estacionamiento. Caminamos bajo las disimuladas pero atentas miradas de la gente en el estacionamiento del lugar. Cuando llegamos a su auto se volvió y se recargó en la puerta del copiloto –no quiero que los veas, son así porque tu familia no acostumbra relacionarse mucho –musitó Sophia tomando con firmeza mi mano preocupada por mí. Sonreí anonadado de que alguien como ella pudiera interesarse en mí.
Su expresión cambio de preocupada a extrañada –¿siempre estas frio? –preguntó con el ceño fruncido, lo sopesé un segundo, no estaba a una temperatura gélida pero mis 15˚ de temperatura corporal no podían compararse a los 36˚ de ella.
–Eso creo –musité incomodo rompiendo nuestro agarre amablemente.
Sophia me sujetó de la mano rápidamente y me miró dubitativa con sus profundos ojos azules como si luchara por comprender algo, sonrió y negó con la cabeza. Colocó ambas manos en mis mejillas frías y se acercó a mí con decisión, comenzó lento pero al poco tiempo se transformó en un beso demandante. Su aliento me embriago y su olor comenzó a quemarme la garganta. El más maravilloso de todos los infiernos y el único que estaba dispuesto a soportar.
Mi estómago gruñó haciendo ruidos vergonzosos y Sophia cortó el beso –¿Tienes hambre? –preguntó intentando no reírse. Sentí mi cuello y mis mejillas arder.
–algo… –dije con la garganta matándome. Sophia asintió desviando la mirada para no reírse de mí en mi cara.
–Bueno, en ese caso solo tenemos una opción –dijo rodeando el auto y subiéndose –¿no vienes? –me preguntó estirándose dentro del auto y abriendo a puerta del copiloto. Reaccioné y entré en el auto algo avergonzado.
–¿A dónde vamos? –pregunté mientras Sophia conducía a través de las calles del pueblo que yo nunca había visto
–A la única cafetería que tiene Aberdeen –me contestó con una risilla –a menos que ya quieras irte a casa
–¡no! –dije demasiado alarmado para mi gusto, Sophia sonrió aprobatoriamente y asintió. Suspiré y me relajé a estas alturas era imposible que ella no notara mi locura por ella.
–¿tu naciste aquí? –le pregunté viendo las calles del pueblo escuálido.
–Si. Soy de la tercera generación viviendo en Aberdeen –contestó mirándome de reojo estudiando mis reacciones, intente permanecer impasible yo no iba a ofender su pueblo, porque por su tono de voz al mencionarlo estaba seguro que a ella si le gustaba y después de todo no era un lugar malo si ella estaba en el –es un pueblo aburrido ¿no? –comentó cuando no dije nada
–No. Todo lo que se relaciona contigo me resulta interesante –dije sinceramente, Sophia me miró intentando descubrir alguna mentira en mi rostro. Sonrió feliz cuando no pudo hacerlo –dime más –la insté interesado
–¿más de qué? –me preguntó sin entender
–De ti –respondí mientras la observaba conducir
–¡oh! Si claro –dijo espabilándose –pues… no sé qué decirte –confesó avergonzada –mamá y papá se conocieron en el instituto, se casaron y luego nací yo, luego recogimos a Athena de la basura –bromeó nerviosa
–se parece a tu papá ¿estas segura que vino de la basura?
–pues… –dijo sonriendo nerviosa –en realidad no.
–¿tu mamá? –me animé a preguntar, Sophia suspiró y soltó los hombros rendida como si eso era lo que había estado tratando de evitar.
–eclampsia y complicaciones en el parto, después ella… –respondió con un tono triste, aferró con fuerza la palanca de cambios y negó con la cabeza. No necesitaba ser un genio para saber que le era difícil hablar de ello. Coloque mi mano sobre la suya –lo lamento –dije reprendiéndome mentalmente por lo estúpido que era.
–Está bien –dijo negando con la cabeza –es aquí –me anunció deteniendo el auto, en cuanto lo hizo me acerqué a ella y la rodee con mis brazos –de veras lo siento
–Ares –dijo sorprendida, pero segundos después se aferró a nuestro abrazo con fuerza. Nos separamos y se giró para salir del auto
–¡espera! –dije deteniéndola –no te muevas –me miró asustada y asintió, salí del auto y me apresuré a rodearlo ¡esta vez no me iba a ganar! abrí la puerta del conductor y pude ver como ponía los ojos en blanco cuando entendió porque no la había dejado salir.
–Mi Drácula adulador –murmuró con una sonrisa mientras salía de su auto. Haló de mi brazo arrastrándome a la cafetería con el nombre más original del mundo "Cafetería Aberdeen"
El establecimiento era un lugar pequeño, con las paredes color verde, mesas rectangulares de madera, asientos dobles y acolchonados. Extraño, pero resultaba un lugar acogedor.
–¡bienvenidos! –nos saludó con una sonrisa la mujer tras la barra. Sophia le devolvió la sonrisa y me señaló una mesa en la esquina del lugar. El lugar estaba medio lleno, no a rebosar de gente pero tampoco completamente apagado.
Nos sentamos compartiendo el asiento, inmediatamente llegó a nuestra mesa una chica de unos 15 años o menos –¡hola! Soy Ellie… –dijo con la mirada clavada en mí –Ellie Adams ¿qué puedo ofrecerte? –Me preguntó, agitó la cabeza y se corrigió reparando en Sophia –Ofrecerles
–No nos has traído el menú –le dijo Sophia malhumorada, la chica examinó la mesa y se llevó las manos a la cara avergonzada
–cierto, lo siento ¡en seguida vuelvo! –dijo sin dejar de sonreír
–¡precoz! –espetó Sophia enojada una vez que la chica no podía oírla. De pronto parecía estar de muy mal humor. La única vez que la había visto así fue cuando le pedí ayuda para que Sig entrara al eco club. Estiré mi mano para tomar la suya.
–¿Otra vez estas muy estresada? –le pregunté
–¿Qué? –me preguntó aun crispada, supe que estaba equivocado en la causa de su enojo cuando comprendió a lo que me refería y soltó una carcajada –¡no! – dijo riéndose y negando con la cabeza.
–¿entonces? –pregunté y arqué una ceja, pero ella se limitó a negar con la cabeza negándose a aclararme el asunto.
La chica volvió con dos cartas, en vez de irse esperó parada junto a nuestra mesa a que nos decidiéramos y nos tomó la orden. Cuando la chica trajo nuestra orden y tuvo que marcharse Sophia pareció disfrutarlo a sobre manera.
–El lugar es bueno –comenté viendo la fluencia de la gente
–Única cafetería –me recordó sonriendo y yo me reí, mordí un trozo de la jugosa hamburguesa, sabia bastante bien.
–¿te gustan las hamburguesas? –me preguntó analizando mis gestos
–Soy como un catador de hamburguesas profesional –admití y Sophia asintió sonriendo –¿Cuál es tu comida favorita? –pregunté
–Am… –dijo dudosa –creo que no tengo –dijo sopesándolo –quizás… no se… me gusta la comida casera
–¿Cómo cuál?
–las sopas, los caldos todo eso
–¿hasta la sopa de verduras? –pregunté incrédulo y Sophia asintió divertida –a ti no ¿verdad? –afirmó
–digamos que… no mucho –confesé y ella rio, divertida.
–¿Qué?
–Me parece sorprendente todo lo que dices –meneó la cabeza sin que la media sonrisa se borrara de sus labios –lo que piensas, lo que haces. Eres muy interesante. –determinó, me removí evitando verla, estaba seguro que estaba exageradamente rojo.
–mentirosa
–¿porque?
–Ya te lo he dicho antes –tome aire –tú eres demasiado, incluso para cualquier otro ser en la tierra, es decir, no se te ocurra buscar a nadie más. Lo que quiero decir es que no tiene sentido que alguien tan perfecta como tú se fije en… mi
–Siempre dices que soy perfecta y no lo soy –apuntó, la miré incrédulo ella sonrió y continuó –soy enojona, orgullosa, la cocina me odia –enlistó sus pequeños defectos
–Exacto eres estupenda –dije, Sophia se burló y recargó su cabeza en mi hombro
–Creo que no te das cuenta de lo maravilloso que eres –dijo entrelazando sus dedos con los míos. Comenzamos a preguntarnos cosas comunes y unas un tanto extrañas, el tiempo voló y de alguna manera llegamos a hablar de sus ranas diseccionadas y de mi extraño gusto por dormir, el cual al parecer ella no admitía como hobbie
–qué hay de los videojuegos ¿te gustan los videojuegos? –me preguntó en busca de mi pasatiempo oculto
–Intente jugar de pequeño –admití
–¿y qué paso? –me preguntó mientras le daba un sorbo a su soda
–sucede que los controles no resisten mis excesos de adrenalina
–¿Cómo? –me preguntó sin entender
–yo… solía descomponerlos... así que lo deje –dije recordando lo imposible que se hacía jugar cuando apenas me emocionaba y se me rompía el cable, se me atoraban los dedos o se desprendían los botones.
–hummm… debe haber algo –dijo dubitativa mientras pensaba algún otro hobbie
–en mi tiempo libre hago maldades ¿eso no cuenta?
–¿qué maldades? –me preguntó con sumo interés
–Hablemos de otra cosa –dije repentinamente avergonzado por las niñerías que solía hacer. Ella diseccionaba ranas en nombre de la ciencia mientras que yo donaba la ropa de Alice a la caridad, no precisamente por interés social.
–¡no cuéntame! –suplicó divertida
–No –negué divertido, Sophia se acercó a mí
–Cuéntame –me dijo dándome un beso en la mejilla, negué con la cabeza y me beso nuevamente –anda –suplicó dándome otro beso
–¿Por qué? –pregunté
–quiero saber…
–Eres curiosa –observé y ella asintió de acuerdo –¡dime! –me imploró llenándome la mejilla de besos, respiré intentando hacerme el duro.
–No hablare aunque me tortures –dije negándome a hablar
–¡Ares! –me dijo comenzando a reírse. Negué con la cabeza y pareció resignarse. Suspiró sin ganas
–No quiero irme, pero mi papá considera tarde las 10 p.m. –dijo descontenta, asentí
–¿nos das la cuenta? –Pidió Sophia a la mesera que estaba en la mesa de al lado, metió la mano en sus bolsillos y saco su cartera –¡no! –dije y con una mano sujete ambas manos de Sophia indignado deteniéndola, ella se rio y negó con la cabeza.
–¡oh! claro –murmuró rindiéndose, pagué la cuenta y salimos del pequeño establecimiento. El camino a mi casa fue bueno, no hablamos mucho pero era un silencio bueno y cómodo. Sophia detuvo su auto frente a mi casa y me sonrió.
Se quitó el cinturón de seguridad para poder acercarse a mí con facilidad. Se acercó despacio y colocó sus cálidas manos a mi rostro frio –Te quiero –musitó deslumbrándome con su sonrisa. Mi corazón estaba completamente perdido en un loco palpitar, pero el de ella se unió al mío.
–¿aunque sea un ser raro sin hobbies? –pregunté
–Aunque seas raro –afirmó divertida, antes de aproximarse un par de centímetros más y romper nuestra lejanía.
–Te veo el lunes –dije desilusionado pero resignado, sabía que era imposible quedármela por todas las horas sin que el director Jenkins me acusara de secuestro.
Edward
Alice particularmente estaba inmensamente feliz, no había tenido nuevas visiones respecto al clan que quería atacarnos, pero se mantenía con la mente ocupada pensando en la relación inexistente de Ares y Sophia. Pero para felicidad de mi hermana. En tan solo dos semanas las cosas habían cambiado de una manera estrepitosa. De alguna extraña e improbable manera, Sophia estaba enamorada de Ares.
Al principio dudó porque por un pequeño plazo de tiempo creyó que Ares decía la verdad acerca de nuestra naturaleza o que toda la familia padecía una histeria colectiva, comenzó a leer libros de psicología y… la novela de Drácula intentando documentarse, pero los exámenes coincidieron con su investigación y lo dejó al sentirse abrumada con sus obligaciones escolares y totalmente absurda de creer algo… "imposible".
Aun así comenzó a vigilarnos y a observar a Ares en busca de comportamientos extraños que no encontró. Los había ¡claro que los había! pero ella nunca sabia donde ver. Si hubiese sido más observadora se habría dado cuenta que a Ares le costaba enormemente acercarse a los humanos más de la cuenta, se habría dado cuenta de las muecas de dolor que hacia cuando alguna brisa soplaba cerca de él. Quizás también habría podido observar que la sangre de Ares era más oscura de lo normal, y que llegaba a tener el aspecto de sangre muerta. O tal vez que las heridas que se hacía diario se curaban a una velocidad sorprendente.
La mente humana es capaz de auto engañarse innumerables veces con el simple fin de creer lo que se quiere creer. Incluso cuando se dio cuenta que la temperatura de Ares no era normal buscó justificaciones inexistentes, como que quizás tenía un mal funcionamiento del hipotálamo y por eso la regulación de su temperatura era mala. Si hubiese querido saber la verdad, su audaz mente la habría hecho darse cuenta que era imposible que una persona con esa temperatura lograra estar viva.
Después el enamoramiento la atrapó como suele suceder, rápidamente y sin aviso alguno. En ese momento no fue capaz de aceptarlo por orgullo, pero Ares le pareció apuesto desde la primera vez que lo vio haciéndole propaganda a Sigmund, después se enamoró de la inusual caballerosidad de Ares para un chico de su época, sus gestos al hablar, sus titubeos, logró observar cualidades en el cómo nobleza y lealtad. Sin embargo no se cegó también vio sus defectos como la torpeza y poca inteligencia.
Cuando Ares comentó que iría a ver un recital de ballet con Sophia, mi madre se puso nostálgica preguntándose cuando su niño había crecido tanto como para tener citas. Rosalie se puso furiosa tanto que Emmett tuvo que olvidarse de molestar a Ares porque se fue intentando tranquilizar a Rosalie. Jasper se debatía en si esto solo comprobaba que él era pésimo con su autocontrol, porque incluso después de tantos años no podía imaginarse el inmenso esfuerzo y control que implicaba besar a una humana y Ares incluso tenía amigos humanos.
Las cosas se pusieron interesantes cuando Alice volvió de dejar a Ares en la escuela de danza del pueblo y quiso adueñarse un suéter que le había gustado del guardarropa de Ares. En cuanto se lo probó deje de escuchar sus pensamientos, fue extraño pero no me alarme.
–¿qué opinan? –dijo de pronto a mi lado mostrándonos el suéter, me volví a verla incrédulo porque era incapaz de oír nada de la mente parlanchina de Alice
–Creo que es grande para ti –comentó Bella
–Eso se puede arreglar Bella –dijo encogiéndose de hombros y examinando el suéter. El suéter. Fui arriba y tome el cesto de la ropa sucia de Ares, baje con él y le di una playera a Emmett
–¿puedes ponerte esto? –le dije rebuscando en el cesto "¿para qué?" pensó extrañado
–¿nos estamos vengando por lo que le hizo a Alice? –preguntó Jasper acercándose a ver el cesto "¡claro! eso tiene sentido" pensó Emmett cambiándose la playera. Me concentré en escuchar sus pensamientos pero lo único que conseguí fue escuchar su voz en murmullos ininteligibles
–¿qué día uso esta playera? –pregunté
–La semana pasada –murmuró Esme desconcertada por mi actitud
–El suéter que trae Alice lo uso antier –me dijo Bella acercándose a mí con el ceño fruncido
–No puedo oír sus pensamientos –dije atónito.
–¿Cómo es que…? –comenzó Carlisle "¿cómo funciona?"
–Creo que es la esencia –compartí mi teoría –entre más fuerte menos puedo escuchar
Carlisle asintió dubitativo, llamó a Renesmee y a Jacob, en cuanto llegaron comenzamos a probar usando la ropa a distancia, con la visión de Alice, con el control de las emociones de Jasper y con la habilidad de Renesmee para mostrar recuerdos. Ninguno fue capaz de lograr que su don surtiera algún efecto.
–¿es como una especie de camuflaje? –dijo mi Bella pensativa –creí que era un escudo, pero esto funciona diferente –Alice se encogió de hombros y se rindió dedicándose a modificar el suéter de Ares
No fuimos consientes del tiempo que nos llevaron nuestras pruebas hasta que Ares entró a casa mirándonos con el entrecejo totalmente fruncido.
–¿qué haces vestido como chorizo? –le preguntó a Emmett "soy el conejillo de indias" pensó Emmett
–¡Ares! ¿Te gusta mi nuevo suéter? –Le dijo Alice mostrándole su suéter recién confeccionado, la boca de Ares se abrió con incredulidad y murmuró –ese era mi suéter más calientito –antes de comenzar a intentar perseguir a Alice. Aunque con la cantidad de tela que Alice había eliminado para ajustarlo a su medida, Ares ya no pudo recuperar su prenda.
Ares
Había pasado una semana desde que Sophia decidió abandonar su mesa atestada de gente y comer en mi mesa con Sig y Gen. El día que lo hizo la mayoría de la gente no lo había notado incluso Sigmund no intuyó nada aunque comió con nosotros, hasta que nos levantamos y notó que nos tomábamos de la mano mientras caminábamos hacia la salida, fue entonces cuando gritó a todo pulmón –¿USTEDES SON NOVIOS!? –No se necesitó más, solo eso. Para que todas las miradas obvias se posaran en nosotros.
–Si –le contestó Sophia a Sigmund intentando sonreír, Gen por otro lado parecía disfrutar de nuestra desgracia lo cual no era nuevo en él.
Con el paso de los días las cosas comenzaron a normalizarse. Sophia y yo nos veíamos entre clase y clase, comíamos juntos y por la tarde teníamos video llamadas un poco largas, supongo. Pero aun así no era suficiente nunca lo era, resultaba un tanto vergonzoso necesitarla como si de oxigeno se tratara, pero ella aseguraba que era igual para ella.
Me bajé del bus escolar y corrí a la casa con la intención de ir a encender mi laptop. Pero no pude hacerlo –¿No vas a comer? ¡Ares! –me llamó mi mamá, me detuve y bajé los dos peldaños de la escalera que había subido.
–¿sopa de verduras? –pregunté desconfiadamente y mi madre se cruzó de brazos mientras negaba con la cabeza. Me encogí de hombros después de todo tenía que comer. Me senté en la mesa y mi mamá me sirvió una porción de estofado. La devoré bastante gustoso y mi mamá me observó con suma atención.
–¿Qué ocurre? –indagué
–¿Cuándo creciste? –dijo nostálgica con una sonrisa orgullosa en la cara. Arquee una ceja sin entender de qué iba la cosa.
–Antes venias corriendo a buscarme cuando oías truenos fuertes –dijo perdida en sus pensamientos. No pude evitar sonrojarme, tampoco tenía porque recordarlo. Emmett provocó una brisa al entrar a la cocina y sentarse en la encimera a la espera de que mi madre siguiera hablando y revelando sus "maravillosas" anécdotas acerca de mí. Emmett me miró dedicándome una sonrisa burlona.
–¡mamá! sabes que le estas dando material mortal a Emmett –dije quejándome. Mi mamá sonrió y se puso detrás de mí abrazándome y besando mis mejillas
–¡oh qué bien! –espeté avergonzado. Mi mamá se rio mirando a Emmett, después me soltó un segundo
–A él también puedo abrazarlo –dijo jalándolo con una brusquedad poco usual en ella, lo acercó a nosotros y nos abrazó a ambos
–Bueno eso no es necesario –dije colocando una mano en el hombro de Emmett en un inútil intento de alejarlo de mi mamá. Bufé enojado y me aguanté hasta que logré escaparme.
–No olvides hacer los deberes –me recordó mientras yo me dirigía a mi habitación
–si mamá –contesté subiendo las escaleras, suspiré. Ares el estudioso haciendo tareas en equipo con Wikipedia en 3, 2, 1. Encendí la laptop y me senté en la silla que hace tres días le había robado a Carlisle. No tarde mucho, tampoco hice los mejores trabajos del año pero estaban pasables.
Para cuando estaba terminando, en la pantalla del portátil emergió una solicitud de video chat, sonreí y la acepté.
–Hola –me dijo mi preciosa rubia. Miré el reloj en la computadora
–tardaste dos horas… ¿te abdujeron los extraterrestres? –le pregunté y Sophia se rio
–Acabo de llegar, tuve que ir al supermercado –dijo descartando los ataques de extraterrestres en Aberdeen
–¿qué vas a cocinar? –pregunté arqueando una ceja, siempre que hablábamos de comida terminaba rehuyéndome el tema, se ponía un poco nerviosa y eso me gustaba, me gustaba hacerla enojar.
–Pues… –se aclaró la garganta incomoda –no digas… pero compré comida preparada –dijo un poco avergonzada. Se me escapó una carcajada y Sophia rodó lo ojos.
–Lo bueno es que me quieres –dijo sarcásticamente
–Y demasiado –comenté, Sophia sonrió de mejor humor
–yo también –musitó haciendo que en el piso de abajo Emmett comenzara a burlarse de nuestra "miel"
–¿que? –me preguntó Sophia incapaz de oír a Emmett, negué con la cabeza
–entonces ¿qué comiste? –le pregunté molestándola.
–¡Ares! –me dijo irritada, me acerqué a la cámara intentando parecer lo más encantador que podía, no paso mucho tiempo hasta que me di cuenta que era algo inútil probablemente solo me veía increíblemente ridículo, sonreí rindiéndome –pizza –murmuró aun enojada, sonreí incrédulo y Sophia se encogió de hombros
–¿ya hiciste tu ensayo de literatura? –preguntó tomando su venganza
–¿teníamos un ensayo de literatura? –le pregunté repentinamente alarmado, porque no lo había hecho, asintió mirándome con atención y con un dejo de diversión.
–Ares el estudioso lo olvido –musité sin darme cuenta que exteriorizaba mis pensamientos, Sophia soltó una carcajada –¿estudioso? –me preguntó con burla
–Tengo mis ratos –dije fingiendo indignación.
–¡pero que virtuoso eres! –dijo fingiendo admiración
–esto… ¿sí? –dije avergonzado –¿sobre qué era? –pregunté mientras tomaba mi celular y me disponía a buscar uno que pudiera modificar en internet.
–¡oh vamos! ¿vas a copiarlo de internet? –bufó incrédula
–No… –mentí pesimamente, Sophia negó con la cabeza
–hagámoslo juntos –se levantó y se alejó de la cámara perdiéndose de mi vista, solo me quedo ver el respaldo de su silla y una estantería repleta de libros. Sophia volvió y se sentó feliz –¿tienes tu libro allí? –me preguntó
–Si –contesté agachándome para rebuscarlo en mi mochila. Nunca disfrutaba hacer mi tarea y leer, pero con ella todo me resultaba excesivamente alucinante. Hice el trabajo más complicado de literatura de toda mi vida y fue imposible aburrirme.
Desperté como todas las mañanas intentando acallar el sonido que emitía mi teléfono celular, me levanté y me metí al baño. Tenía pinta de un zombie adormilado, mi cabello me recordaba a los dibujos animados con los pelos parados. Intenté acomodarlo pero parecía ser que dormirse con el cabello húmedo era el secreto para convertirse en super saiyayin.
Cuando me rendí rebusqué en el armario un gorro eso debía bastar para no ir por allí revelando que la mitad de mi cabello tenía sangre de saiyayin mientras la otra mitad prefería comportarse. Bajé y desayuné despacio probando la paciencia de Carlisle, tenía curiosidad de que haría si me tardaba demasiado como para que él llegara tarde al trabajo por llevarme. Él no hizo nada mi madre fue la que me apuró y me quitó lo que quedaba de mi desayuno, claro no sin antes llenarme la mochila de comida como si iba a darme una descompensación por no acabarme medio vaso de jugo.
Carlisle se burló de mí y esperó a que terminara de pelearme con mamá intentando sacar algo de lo que metía a mi mochila. Cuando me rendí y cargué hasta con un recipiente lleno de lo que había quedado de la cena de ayer Carlisle me llevó al instituto.
Él que llegó tarde fui yo, el señor Saterfield solía llegar diez o quince minutos tarde por la mañana bueno yo llegué después de él.
En el receso encontré a Sophia sentada en la mesa vacía esperándonos. Me senté a su lado y ella me observó atentamente –Me gusta tu gorro –dijo quitándomelo de la cabeza, su vista se fijó en mi cabello.
–Lo sé el cabello más sexy que has visto –dije haciendo un intento de acomodarlo, Sophia sonrió y se acercó para hacerlo ella, colocó sus manos en mi desordenado cabello.
–El más rebelde –admitió después de unos segundos de intentarlo –Ya está –dijo contenta
–ven yo también se peinar –dije acercándola a mí, sonreí cuando vi su cara de susto, sin embargo no huyó, me acerqué a ella colocando mis manos en su cabello, despacio presioné mis labios con los suyos, sentí como sonreía.
–Sospecho que no estas peinándome –dijo contra mis labios
–ya estas demasiado perfecta como para mejorarte –dije separándome un poco de ella. Sophia sonrió de lado y se acercó. Presiono sus labios suaves y cálidos contra los míos. Primero despacio y luego con frenesí. Mis labios se abrieron e inhale su exquisito aliento. Mis músculos se tensaron.
–¡buaj! ¿Quieren no hacer eso? –dijo Gen mientras se sentaba en la mesa. Nos separamos y Sophia se burló de la cara de asco que tenía Gen.
–¿no almorzaras? –me preguntó Sig observando que no había comprado nada, suspiré antes de abrir mi mochila
–Estofado frio y patatas horneadas –dije sacando los trastes que mi mamá había metido en mi mochila.
–¿trajiste tu almuerzo de casa? –preguntó Sig extrañado
–Pues… por cada cosa que sacaba mi mamá metía dos, así que –me encogí de hombros –me rendí
–¿comes tanto? –me preguntó Sig atónito
–No –dije estremeciéndome, no porque no me gustara comer pero ¿cómo iba a comerme dos kilos de comida yo solo? Sophia sonrió y se puso mi gorro gris, se levantó de la mesa y tomó los dos tuppers –voy a calentarlo –dijo señalando hacia las cocinas.
–funciona igual con los humanos –dijo la voz de Edward desde su mesa
–¿no escuchas nada? –le preguntó Bella
–No y solo es un gorro –cuchicheó viendo hacia nosotros. Rodé los ojos desde que descubrieron lo que hacía mi esencia con sus estúpidos dones no dejaban de plantear teorías al respecto. "Ares el camuflaje" "Ares el atonta-dones" Sophia regresó casi enseguida, con los trastes en las manos.
–Nos hubieras dicho que traerías la comida –dijo Sig mientras abríamos todo y nos servíamos. Gen no cogió nada hasta que los tres le miramos esperándolo. Se encogió de hombros y dejó su pizza a un lado.
–Solo porque no quiero ser cómplice de su obesidad –dijo Gen
Edward
Era viernes después del instituto, el viento soplaba fresco debido a la reciente lluvia que apenas unos minutos atrás había amainado. Una tarde fría y lluviosa un escenario bastante común para una cacería de fin de semana. Emmett quería ir al norte en busca de osos, en cuanto dijo eso Jasper decidió unirse.
Corrimos y nos adentramos en el espeso bosque en busca de presas difíciles, no lo conseguimos Jasper y yo perseguimos una manada de ciervos. Emmett por otro lado estuvo tan decepcionado al no encontrar ningún oso que prefirió no cazar. Primer error.
Cerca de las siete de la noche cuando la luz del sol comenzaba a ser poca, pero aun podía vislumbrarse el entorno decidimos volver, estaba decidido pero nos desviamos al oeste en un último intento de que Emmett encontrara su presa. Segundo error.
Debimos haber estado a unos dos kilómetros del pueblo cuando se dio por vencido. La suerte le sonrió un pequeño oso perdido en el bosque se cruzó en su camino, ya que no había cazado nada Emmett decidió complacerse. Tercer error.
Se entregó a sus sentidos bestiales y se abalanzó sobre el oso, el cual lo recibió asustado y a la defensiva. Emmett luchó con el disfrutándolo enormemente, rompió varios árboles en su lucha y en su goce personal de hacerlo más difícil.
Cuando por fin lo sometió y se dedicó a beber la sangre del animal, el viento sopló trayendo a nosotros una muy tenue fragancia humana. Me volví inmediatamente hacia Jasper preocupado pero él no se movió, estaba pasmado e inmóvil, en su mente pude ver el rostro de la persona dueña de la fragancia, por la poca fuerza del olor y la mente silenciosa creí que estaba mínimo a diez kilómetros no a veinte metros de distancia… Sophia Jenkins.
Estaba pasmada, en shock sería la palabra más adecuada. En la bolsa que resbalo de sus manos tenía un par de ranas muertas. Su mirada estaba clavada en Emmett, cuando este levantó la cabeza la vista de ella se enfocó en la boca de mi hermano chorreando hilillos de sangre. No estaba seguro de si con la poca luz que había o si a la distancia que estaba podía distinguir con claridad, no podía leer ningún pensamiento proveniente de ella, pero de algo si estaba seguro su mente podía comprender a la perfección lo que ocurría.
"ay… no" pensó Emmett poniéndose de pie intentando limpiarse la sangre. Ella retrocedió un paso tropezando con una piedra y cayéndose sobre su trasero. –¡no te muevas... esta aterrada! –Advirtió Jasper en un siseo –creo que lo vio todo –exteriorizó basándose en las emociones que podía leerle en el rostro y en el pánico que hubiéramos podido distinguir a kilómetros de distancia.
–Esto no… no debía pasar –dijo Emmett –¡estábamos demasiado cerca! –farfulló girándose en todas direcciones haciendo caso omiso a la orden de Jasper de quedarse quieto.
–¡Emmett! –dije intentando que se calmara
Fue entonces cuando Sophia reaccionó. Su instinto humano le hizo saber que estaba frente a un monstruo mítico. Se puso de pie de un salto y se volvió echándose a correr alejándose lo más rápido que sus humanas piernas le permitían. Intentando poner de por medio la máxima distancia posible.
"no podemos dejarla ir, no tenemos idea de lo que hará…" –pensó Jasper
–No le haremos nada –enfaticé
–entonces tendremos que irnos del pueblo –dijo enojado. "¡carajo!" pensó Emmett antes de apresurarse y correr hacia donde había desaparecido Sophia.
En un par de segundos pudimos alcanzarla, seguía corriendo con dirección al pueblo. Podía escuchar a la perfección su agitado corazón y su respiración acelerada
–Emmett ¿detente que harás?
–¡no lo sé! –me contestó enojado consigo mismo. Respire hondo y analicé la situación
–Yo la vigilare… –ladee la cabeza –les mantendré informados –dije mirando la silueta de Sophia seguir corriendo.
"esto nos pone en un enorme riesgo" pensó Jasper irritado –Edward, no puedes leerle la mente –me recordó, asentí malhumorado
–en algún momento se quitara el gorro. – "una espera demasiado arriesgada" pensó pero accedió
–Les diremos a los demás –dijo halando a Emmett. Se alejaron rápidamente y yo me volví. Diecinueve minutos fue lo que le tomó a Sophia lograr volver a su casa. Salió del bosque, sucia y mojada con las rodillas y manos raspadas debido al par de veces que tropezó a causa de su nerviosismo. No me miró pero jamás se volvió con intenciones de hacerlo.
Entró agitada a su casa vacía. Escuché sus pisadas mientras subía la escalera, cerró la puerta con fuerza y escuché cuando puso el seguro. Un muro muy poco resistente, pero en medio de su histeria no debía de estar pensando con inteligencia como solía hacerlo.
No encendió ninguna luz, pero caminó con nerviosismo por el piso de madera de la pequeña habitación que daba al patio trasero. Pronto oscureció y la casa se quedó completamente a oscuras, escuché el sonido del grifo y el agua correr durante un pequeño instante. El tiempo pasaba pero ella no dejaba de respirar con dificultad ni de tener el pulso acelerado. Se sentó en la cama y su menté estuvo a mi alcance en ese instante.
Pude ver sus recuerdos, los cuales bullían a la superficie como si de agua hirviendo se tratase. Todos ellos mostrándole indicios de lo que éramos –mi familia no es normal– recuerdos estrujados en lo más recóndito de su mente –vampiros– Todos esos recuerdos se aglomeraron y encontraron la manera de emerger –poder de vidente– –¿siempre estas frio?– –les gusta ir de caza– –te amo Sophia–
Apretó los ojos frustrada, no tenía miedo lo que sentía era pavor. "Albert Einstein tenía razón con la teoría de la relatividad, incluso los… vampiros son reales ¿Qué más falta? Ha hablado de los extraterrestres ¿son extraterrestres?" "Darwin tiene que estar revolcándose en su tumba, ¡se le escaparon las especies más importantes!" "demasiado perfecto, demasiado bello ¿Cómo no intuí que no era normal?" "¡esto rompe paradigmas y toda lógica existente!" "¿y Newton? No se supone que la fuerza es proporcional a la masa de un objeto, su fuerza… su fuerza inhumana rompe esa ley"
–Esto es una pesadilla, no es cierto. No puede serlo. – "Ares no, no, no"
Se hizo un ovillo en su cama y comenzó a llorar, en una mezcla de rabia, impotencia y miedo. Reconoció el sonido del motor del auto acercándose y se puso alerta. Era el auto del director Jenkins. "es papá" pensó su agitada mente.
–¡tengo que decirle! –dijo levantándose de la cama, cuando giró la perilla y no pudo abrir la puerta a causa del seguro se detuvo y analizó su situación "no, no me creerá… esto es totalmente ilógico, si lo digo… la gente pensara que estoy loca"
Del auto descendió Athena Jenkins corriendo hacia la puerta en una especie de carrera contra el director Jenkins –¡ya te tengo! –dijo él riéndose y elevándola del suelo para cargarla como si llevara un costal de papas. Athena se quejó y él la bajo –¿tienes hambre? –le preguntó a la niña mientras entraban y encendía las luces de las casa. "Parece que Sophia no está" pensó preocupándose al ver la casa en completa obscuridad
–Si –le contestó la niña obviándolo –¿no has visto todo el ejercicio que hemos hecho hoy en la clase?
–¿cómo pude ser tan ingenuo? –dijo dándole la razón mientras caminaba hacia el garaje para revisar si el auto de su hija estaba. Una pequeña oleada de incertidumbre se apodero de él cuando vio el coche en la casa.
–¿Sophia? –la llamó mientras subía las escaleras. Todos los músculos de Sophia se tensaron al oír la voz de su padre. "No puedes decirle" se recordó, soltó la perilla y se alejó de la puerta. Suspiró conteniendo los sollozos.
–¿si? –contestó en un susurro.
–¿estás bien? –"no, no lo estoy. Tengo miedo papá. Mi novio es un vampiro, su hermano tiró cuatro árboles y apenas y los tocó"
–Si… –mintió fingiéndose adormilada. Suspiró aliviado "solo se quedó dormida" –¿tienes hambre?
–Ya cene –mintió de nuevo de una manera casi perfecta para estar tan alterada mentalmente.
–Oh bien, te dejare descansar –dijo su padre y se dirigió a las escaleras.
La chica así como estaba sucia y mojada se metió a la cama. Se cubrió con la gruesa colcha y dejo salir el llanto desahogando así de alguna manera la frustración que sentía. Sabía lo que había visto, pero aunque lo dijera nadie le creería.
Se debatió por un par de horas en lo que debía hacer, pero no encontraba una solución satisfactoria. Quería a Ares más de lo que le gustaba aceptar y a la vez le aterraba lo que había descubierto y el estar con él le parecía algo imposible. "¿y si no acepta que lo deje y me mata?" pensó aturdida, sus ojos se cerraron pero su teléfono vibró en su bolsillo despertándola.
Apretó los ojos nerviosa mientras abría el mensaje "buenas noches niña, puedes soñar conmigo y no me enojo. Te quiero mucho." El celular resbalo de sus manos y su respiración quieta de descompaso "cálmate Sophia cálmate" pensó de nueva cuenta entrando en estado de ansiedad.
La noche fue larga más para ella que para mí. Llamé a Jasper, no tarde mucho en darme cuenta que no le habían dicho nada a Ares. Tuve que esperar a que se alejara lo suficiente de la casa para poder hablar con él.
–ahora si dime –me dijo
–La chica está nerviosa, no está pensando con claridad, pero sabe que no puede decir nada, porque la juzgarían demente.
–Bien –comentó Jasper en susurros –¿qué va hacer? –indagó calmado
–Quiere dejarlo –afirmé
–¿lo hará? –preguntó sorprendido e incrédulo
–no lo sé. –Contesté sin humor –Creo que debieron decírselo a Ares
–Si –convino –pero Esme no quiso
–¿lo saben todos? –pregunté
–si
–Menos Ares –dije cansinamente, Jasper suspiró y contestó escuetamente.
–si
–No va a estar feliz cuando se entere –dije cortando la comunicación. Estaba a punto de amanecer y Sophia seguía despierta pensando en sus posibilidades. Entonces tuvo su mayor momento de lucidez desde ayer por la tarde.
"Él no es malo, si es cierto que me quiere no me hará daño. Eso no evita que esto sea una locura sumamente peligrosa. ¿Si un día solo tiene hambre y me mata? ¿Y si mi familia está cerca? Eso es un riesgo innecesario" admití que tenía razón.
"sus padres son demasiado jóvenes para tener un hijo de su edad, lo que narra Stoker en su novela debe ser cierto, rejuvenecen cada que lo desean. Si me quedo con él y no me mata cuando tenga hambre, yo envejeceré ¡pero él podrá rejuvenecer! Realmente… aunque lo intentara no estaríamos juntos. No por siempre." De nuevo se basaba en esa novela poco apegada a lo que éramos.
Tomó su decisión influenciada por el miedo en cierto modo, pero a la vez apegándose a toda lógica y razón existente. No pude evitar pensar ¿qué hubiera hecho yo si Bella hubiese sido igual de analítica e inteligente como Sophia? me habría destrozado, pero probablemente no habría insisto, ella no estaría a mi lado.
Cogí el móvil "no dirá nada, pero lo dejara el lunes" avisé en un texto.
Ares
Era ese momento de la mañana donde yo rezongaba de todo y… por todo. Después pensaba en que vería a Sophia y mi humor automáticamente mejoraba. Me levanté de la cama y entré al baño. Este fin de semana había sido el más eterno de mi vida. No sabía que le había pasado al celular de Sophia pero no importaba probablemente se habría descompuesto.
Bajé a desayunar contento, quizás exageradamente feliz. Me senté en el comedor y esperé los comentarios burlones de Emmett pero no llegaron. Tuve que volverme para comprobar que estaba allí en el salón sentado en un sillón.
–¡Ares estas despierto! –Me dijo mi progenitor sorprendido como si realmente fuera una maravilla.
–Si –contesté apresurándome a desayunar, para irme pronto. Carlisle entró y me observó como si nunca me hubiera visto comer.
–Estuve pensando… –dijo sentándose en el comedor, arquee una ceja –es tiempo de que aprendas a conducir… –así que Carlisle ya no quería llevarme. Hice a un lado mi desayudo malhumorado. A mi mamá se le desorbitaron los ojos, se estaba dando cuenta que Carlisle no me quería. Edward bufó en señal de desacuerdo, ¿tan malos eran los pensamientos de Carlisle hacia mí que hasta Edward se oponía? Me crucé de brazos enojado.
–¿ya te hartaste de jugar al chofer? –le pregunté, mi progenitor negó con la cabeza inmediatamente.
–No, pero creí que habías dicho que querías un auto –dijo esparciendo en la mesa un montón de folletos de distintas agencias de autos. Esta vez fue a mí al que se le desorbitaron los ojos, alcancé a leer BMW… Ferrari y me perdí completamente.
–¡Carlisle! –dijo mi madre casi enojada retirando los folletos de la mesa antes de que yo pudiera tomarlos. –¡No sabe conducir! –le dijo indignada de que olvidara algo tan importante
–Le enseñare, comenzare hoy –prometió Carlisle tranquilo, intentando recuperar los folletos que mi madre se negaba a darle –solo quiero que elija el auto que quiere para cuando aprenda. –le dijo viéndola a los ojos, el gesto de mi madre se relajó y sus manos dejaron de aferrarse a los folletos.
Ella estaba cediendo muy fácilmente, esta tenía que ser alguna artimaña de Carlisle disfrazada de gloria. ¡Aja!
–¿quién lo va a pagar? –pregunté creyendo que lo tenía, su entrecejo se arrugó a más no poder por la sorpresa de ser pillado.
–yo obviamente –dijo realmente sorprendido de que yo pensara que tenía que pagar el auto. Entonces me compraría el auto pero… ¡claro!
–¿tú pagaras la gasolina también? –indagué con desconfianza
–Ares no te ofrecería algo para no dejarte usarlo –me dijo como si lo estuviera ofendiendo. Era demasiado bueno para que fuera real y mis teorías conspirativas se estaban acabando. Lo único que me quedaba...
–No sé nada de autos –advertí –¿y… si se descompone?
–Lo arreglaremos –afirmó sin dar su brazo a torcer. –¿qué tal un mercedes? –sugirió
–No lo sé –dije sobrecogido, sus acciones no tenían sentido. Me levanté de la mesa apresuradamente y me encaminé hacia mi habitación. Bajé con la mochila cargada en mi hombro, abrí la puerta con intenciones de salir y esperar el bus.
–Ares… –me llamó mi mamá deteniéndome –hoy no iras a la escuela
–¿eh? –pregunté sin entender, mire a mi mamá incrédulo pero se encogió de hombros y sonrió como si estaba bien que hiciera eso aunque mis notas eran pésimas. –¿por?
–Tengo el día libre y Alice ha predicho que quizá habrá buen clima –dijo Carlisle al tiempo que un trueno retumbaba.
–Espero que no la contraten para pronosticar el clima –murmuré burlándome de que tuviera la esperanza que el sol lograra colarse entre las espesas y oscuras nubes de Aberdeen.
–en todo caso no nos arriesgaremos. –dijo sonriéndome con tristeza. –Dedicaremos el día para que comiences a conducir.
La idea no me gustaba no había visto ni hablado con Sophia durante el fin de semana, la extrañaba. Pero al mismo tiempo me daba la impresión de que no iba a haber forma de que cambiaran de opinión. ¡Alice y su charlatanería de visiones!
–Bien –bufé resignado mientras arrojaba mi mochila al suelo.
–Despacio, despacio ¡Más despacio! –mi progenitor no podía sudar pero yo parecía estarlo llevando a un nivel de estrés traumático. Clavé mi pie en el freno deteniendo el auto por completo.
–¡dijiste que sería fácil! –me quejé. ¿Cuánto llevaba conduciendo? Bastante. Tenía horas conduciendo… o haciendo el intento. Conducía el mismo tramo recto de la carretera poco transitada de ida y vuelta. Ida y vuelta.
–Pensé eso porque el auto es automático… –murmuró y observó el camino –una vez más… –dijo recuperando su paciencia –relájate. Suelta el freno despacio… despacio –recalcó
–¡ya me canse y tengo hambre! –dije de mal humor. Carlisle revisó la hora en su equipo de sonido, las 12:34, asintió.
–tienes razón deberíamos volver.
–¿hacia dónde queda el pueblo? –pregunté mentalizándome para esta vez arrancar con menos violencia.
–ejem… –dijo nervioso, al parecer ya no iba a manejar por hoy, puse los ojos en blanco Carlisle era imposible, suspiré.
–¿quieres calmarte? –Pregunté aferrándome al volante –antes de que pudiera destruir este auto, tú seguramente conseguirías detenerlo. –Carlisle negó con la cabeza un tanto afligido.
–no es el auto lo que me preocupa Ares. Sé que podría evitar que algo malo te pasara, pero mi mente no lo razona con la suficiente rapidez. –hice un mohín de disgusto ¡Carlisle y su supuesto amor! No importaba cuanto le recordara que mamá no nos veía y que no era necesario que "me amara". No se frenaba en su lugar parecía ir tomando confianza para expresarme su cariño.
Carlisle suspiró –Hacia allá –dijo señalando hacia atrás. Eso no estaba en mis planes tendría que dar la vuelta, exhalé aire. Intenté hacerlo como si fuera algo natural aunque iba a admitirlo no calculaba el espacio muy bien que digamos.
Conduje de regreso a Aberdeen con Carlisle recordándome que debía disminuir la velocidad constantemente y… de ser posible sin hacerlo abruptamente.
–¡Lo tengo! –dije frenando de golpe diez metros lejos de la casa, me aclaré la garganta avergonzado, avancé un pequeño tramo antes de frenar de nuevo. Me detuve 3 veces antes de rendirme y dejar el auto absolutamente mal estacionado y aún lejos de la casa.
–creo que aquí está mejor… si llueve se lavara solo –dije como justificación por dejarlo allí.
–Tienes razón –me apoyó con cortesía. Descendí del auto y me estiré mientras caminaba a la casa. Entré y reconocí el olor de la carne para hamburguesa, mi estómago se removió de una manera ruidosa, igual corrí y tropecé con mi mochila tirada en el suelo. Me levanté intentando pasar desapercibido pero Carlisle lo arruinó
–¿te encuentras bien?
–ash –bufé enojado por su indiscreción ¡nadie me había visto y él lo arruino! Mi mamá prácticamente apareció frente a nosotros.
–¿has comprendido porque no tiene un auto? –le dijo a mi progenitor cansinamente
–pues… –dijo Carlisle algo renuente, bufé incrédulo ¿tan mala era mi conducción? –¿has oído acerca de los coches tanque? –preguntó mi progenitor con desconfianza, en realidad, no sabía nada de esos autos, pero solo logré imaginarme un enorme monstruo de guerra. Mi mamá pareció estar de acuerdo con Carlisle de que era una buena idea.
Negué con la cabeza. –Tiene que ser una broma –dije seguro de que me tomaban el pelo. Podía imaginarme aparcando esa cosa en el estacionamiento del instituto y no era nada épico. Gen y Sig iban a burlarse de mí.
–Hay diferentes modelos… –comentó Carlisle
–¡oh claro! camuflaje gris o verde ¿no? –dije enojado, mi progenitor lo sopesó antes de soltar una carcajada –No –dijo intentando controlarse –no te compraré un tanque –murmuró divertido, lo miré mal por reírse de mí y me crucé de brazos.
–Da igual –dije enfadado intentando irme a mi habitación
–¡espera! –dijo impidiéndome subir –te los mostrare –explicó yéndose a su estudio. Regresó con su portátil en un brazo. Se sentó en el sofá y me hizo señas para que hiciera lo mismo. Rodé los ojos y me senté lo más apartado que el sofá me lo permitía. Tardó varios minutos en mostrarme una página de autos en internet.
–¿Cuál te gusta? –me preguntó interesado como si estuviera dispuesto a darme lo que se me antojara, aunque le pidiese el coche más costoso del planeta. Yo no era un experto, pero no era necesario tanta exageración. Con mi conducción actual quizás… podía aspirar a tener una bicicleta.
