Los personajes de Skip Beat no me pertenecen, son propiedad de su creador.
— Diálogo —
"Pensamiento"
*Pensamiento alter ego* (Demonios y hadas mentales de Kyoko / Kuon)
Capítulo 43
—Bueno Kyoko…, ya está terminado! —Dijo Jelly haciendo girar la silla para que se viera en el espejo.
—Ohhhh!... Estás guapísima onesama, pareces más adulta…— Exclamó María emocionada.
—¿Y eso es bueno? ¿Parecer mayor? — Preguntó Kyoko.
—Jajajaja, no dice que parezcas vieja Kyoko! —Sonrió Lory, quien hacía un rato observaba, junto a su nieta, trabajar a Jelly Woods. —Sólo que pareces más madura, lo cual es perfecto para esta noche, es tu debut y deben ver que ya eres una mujer lista para triunfar, aunque para mí sigues siendo la misma niña inocente—.
—Ah ya…, vale— Aceptó mirándose al espejo. Había decidido mantener su color natural de pelo, en vez de volver al pelirrojo, porque le parecía un buen modo de romper definitivamente con la chica que era al entrar en el mundo del espectáculo, la que lo hacía por Sho, para ser presentada oficialmente como la que era ahora, la que amaba la actuación por sí misma. Tenía que reconocer que se veía guapa aunque también extraña, pues una parte de su mente seguía buscando a aquella chica terriblemente dolida y perdida.
—¿Qué piensas pequeña?— Preguntó Lory con algo de aprensión pues veía dolor en los ojos de su hija.
—Nada…, sólo estaba buscando en mi reflejo a aquella chica, ya sabe la de la primera audición— Confesó con tristeza.
—Cielo…— Se acercó a ella, giro la silla y se arrodillo para quedar a su altura. —No me refería a eso, quería decir que ahora para mí siempre serás mi niña, no busques lo que estás buscando, porque no lo vas a encontrar— Acarició su mejillas tiernamente.
—¿No? —Preguntó ella esperanzada.
—¡Claro que no onesama! —Interrumpió María mirando a su abuelo enfadada por poner triste a su hermanita. —Ahora eres más mayor, y tienes a mucha gente que te quiere, el abuelito, los señores Hizuri, Yashiro-sama, tus amigas, los señores del durayama, yo…, ¡y sobre todo a Ren-sama! — Fue contando con los dedos a medida que decía nombres.
Kyoko sonrió emocionada al ver la verdad en las palabras de la niña. —Tienes razón María, ahora tengo todo lo que no tenía entonces—
—Ah…, esa sonrisa me gusta más— Lory la abrazó fugazmente. —Bueno, os voy a dejar, yo también tengo que ponerme guapo para esta noche— Se encaminó hacia la puerta.
—Espera abuelito…, ¿Qué pasa con la ropa de onesama?— Preguntó María algo indignada por el descuido de su abuelo.
—Ah eso…—Comenzó a explicar Lory, pero fue interrumpido por un suave golpe en la puerta, por lo que abrió. —De eso se encarga la mujer aquí presente— Dijo con cierta acidez mirando a Jullie que ya lucía impecablemente arreglada, a la par que cargada.
—Ya, ya…, no seas enfadica— Jullie le sacó la lengua y entro al cuarto, depositando las cosas sobre la cama.
—No lo soy! — Lory le hizo una mueca infantil a sus espaldas. —Las dejo, ¿chicas? — Tanto María como Kyoko le miraron, así como una tercera persona, a la que giñó un ojo disimuladamente. —Las adoro…, nos vemos más tarde.— Añadió sonriente y se fue.
—Bueno! — Jullie visiblemente excitada reclamó la atención de todas ellas, pues seguían mirando embobadas la puerta. —¡Es hora de vestir a mi hija para su gran momento! — Se frotó las manos, emocionada. —Pero…, ¿cómo es que ustedes no están listas aún? —Preguntó mirando a María y a Jelly. —Deberían ir a preparase, no querrán llegar tarde, ¿verdad? —
Jelly, entendió lo que Jullie quería, quedarse a solas con Kyoko. —Es verdad María…, tengo que ponerte guapísima a ti también, después de todo…,¡es la graduación de tu hermanita! — Cogió a la niña de la mano y la sacó de la habitación hablándola de las cosas que iba a hacerla, para evitar que protestara.
—De acuerdo…, primero que nada…, déjame verte bien—. Jullie se acercó a Kyoko y agarrándola por la barbilla la miró detenidamente. —Estás muy guapa querida…, sí Woods hizo un buen trabajo, quedará a la perfección con lo demás— Asintió satisfecha, la soltó y se acercó de nuevo a la cama.
—¿Con lo demás?—Preguntó Kyoko divertida ante la emoción más que visible de la mujer, así como de la poca sutileza con la que había echado a sus acompañantes.
—¡Claro! — Jullie comenzó a abrir paquetes-—A ver lo primero…, sí esto! — Exclamó girándose ante Kyoko. —Debes ponerte esto— Le tendió una pequeña percha.
—¡¿Que se supone que es eso?! — Preguntó Kyoko mientras extendía su brazo y recogía la prenda.
—Jajajaja, que va a ser…, ¡ropa interior! — Explicó Jullie tranquilamente.
—Ro…, ropa interior…— Murmuró Kyoko mientras lo observaba incrédula. —¿Y dónde está el resto? — Preguntó mientras miraba de nuevo esperando que aquella prenda creciera o se multiplicara.
—Eso es lo único que necesitas para esta noche, créeme— Afirmó Jullie divertida por las caras de Kyoko.
—Pero…—
—Nada, nada, ve al baño y póntelo— Ordenó Jullie, dándole la espalda mientras abría la cremallera de una larga funda.
Kyoko obedeció, entro al baño para cambiarse, cuando salió iba envuelta en una fina bata que su padre había dejado allí para ella, pues esta vez estaba en su habitación y no en el ala que ocupaban los Hizuri.
—¿Ya? ¡Qué rápida! — Se extrañó Jullie, quien se la había imaginado en el baño debatiendo si ponerse lo que le había dado o no. —Sigamos, ahora…, la medias— Le tendió a Kyoko unas finas medias cristalinas.
—¿Por qué no pantys? Nunca he usado algo tan delicado…— Dijo Kyoko pero sentada en la silla, obedeció las órdenes de Jullie.
—No, tienen que ser esas, no puede ser de otro modo, las medias se te notarían con el vestido—
"¡¿Qué clase de vestido hace que se te marquen unos pantys?!" Se preguntó Kyoko temerosa. Por una vez ni sus demonios ni sus hadas supieron que contestar, por lo que se limitaron a levantar los hombros al unísono.
—Toma esto…— Jullie le entregó unos preciosos zapatos cerrados, con un fino, elegante y mortífero tacón.
—Ah…sí— Kyoko los cogió de forma mecánica, no estaba asimilando la mitad de las cosas que pasaban a su alrededor. Cuando por fin se los puso, se levantó algo tambaleante de la silla para comprobar si sería capaz de mantenerse en pie. —No sé yo si sabré andar con…—
—Bobadas! —La interrumpió la mujer, que seguía atareada rebuscando entre las cosas. —Kuon me ha dicho que eres capaz de moverte como toda una modelo—
—Si bueno…, el me enseñó mucho, me dijo que eran lecciones de la mejor modelo…—Se interrumpió con la boca abierta. —Claro! Eras tú, de ti era de quien él lo había aprendido, la parte de modelaje de una mujer quiero decir—
—Jajajaja, y la de hombre también, le enseñe muy bien— La miró divertida y orgullosa. —Y por lo que me ha dicho mi hijo, tú aprendiste rápidamente todo lo que te enseñó, así que estoy segura de que lo harás estupendamente—
—Ah…, bueno…, eso espero— Murmuró Kyoko. "¿Se imaginan que me caigo delante de todo el mundo justo en el momento que me presenten?" *Noooooo, eso no puede ser!* Exclamaron horrorizadas las hadas y los demonios, todos menos uno que claramente la miraba pensando que viniendo de ella…, era muy posible.
—Mira qué hora es! —Jullie consultaba en esos momentos su reloj. —Venga, no hay tiempo que perder, ya es casi la hora! — Rápidamente, sacó el contenido de la funda y mostró a Kyoko su contenido. —Levanta los brazos cariño…—
Kyoko obedeció con los ojos totalmente abiertos, mientras Jullie deslizaba, giraba y ajustaba la tela que rodeó su cuerpo.
—Bien! Ya casi estás lista—Gritó Jullie volviéndose para recoger el único paquete que estaba cerrado.
—Por Dios! — Exclamó Kyoko con voz ahogada mientras se observaba en el espejo. "¿Quién diablos es esaaaaaaaa?" *Nuestra maravillosa amaaaaaaaaaaa* "¿Desde cuándo yo luzco…? ¿De dónde han salido….?"
—Y por ultimó…— Jullie interrumpió sus pensamientos abriendo la caja aterciopelada que llevaba en las manos y poniéndola ante los ojos de Kyoko.
—¿Qué…, qué es eso? — Kyoko miraba maravillada el precioso conjunto que tenia ante sus ojos.
—Esto…—Jullie sacó unos pequeños pendientes y se los colocó rápidamente. A primera vista eran simples, pero era precisamente su sencillez lo que les hacía bellos y elegantes. —Y esto…— Pasó entonces por su cuello una fina gargantilla, con una brillante y exquisita lágrima que colgaba de ella, a juego con los pendientes. —Fue el regalo que me hizo mi madre el día que debuté profesionalmente, ahora yo te lo regalo a ti. Espero que te traiga tantos éxitos como a mí, y que puedas lucirlo durante muchísimos años, si quieres claro—
—Ooooh…, es precioso— Kyoko tocaba delicadamente la brillante gargantilla mientras totalmente emocionada miraba a Jullie. —Muchísimas gracias, por todo… — Señaló todo su cuerpo. —
—De nada cariño, estoy tan orgullosa de ti hija…— Se tapó la boca. —Lo siento no quería…—
Kyoko se abalanzó y la abrazó por la cintura, pues aun con los tacones ella seguí siendo más lata. —Gracias! Eres la mejor madre del mundo— Afirmó terriblemente agradecida.
—Oh mi niña! — Jullie luchó por no llorar. —Y tú mejor hija de lo que ninguna madre podría llegar a soñar— Levantó su cabeza y sonriendo la regañó dulcemente. —No llores o se estropeará tu maquillaje, ¿no querrás parecer un mapache tristón, ¿verdad? — Bromeó soltándola, cogiendo un pañuelo y secando con delicadeza sus ojos, evitando así una tragedia de estilismo.
—Vale— Kyoko asintió agradecida y desbordando amor por su nueva madre, pues definitivamente en eso se había convertido.
—Déjame que te vea al completo— Pidió Jullie dando unos pasos hacia atrás y pidiéndola con un gesto que diera unas vueltas.
Kyoko lucía más bella y elegante que nunca. El color rojo que lucía, realzaba la hermosa tonalidad de su pelo, haciendo que se viera tan negro y brillante como una noche sin luna. El vestido se ajustaba a su cuerpo marcando sus curvas de una forma exquisitamente elegante, así como sensual. El escote ligeramente pronunciado en forma de "v" realzaba su busto, la espalda completamente descubierta hasta su cadera, dejaba al descubierto su hermosa piel nívea. Finalmente la ligera cola que salía de la parte baja del vestido, y los tacones la estilizaban hermosamente.
—Estás…, no has palabras para expresar lo increíble que estás— Jullie la miraba henchida de orgullo. —Una última cosa…— Abrió su propio bolso y sacó brillo de labios rojo, aplicó un poco sobre la boca de Kyoko, consiguiendo un tono más sonrojado, sin llegar a ser rojo del todo. —Ahora sí, ahora estás del todo perfecta—Sonrió y se abanicó conteniendo la emoción. —Voy a buscar a nuestros hombres cariño, nos vemos en el salón en cinco minutos, ¿vale? —
Al abrir la puerta se encontró con el puño de Kanae preparado para golpear la puerta, esta lo bajó inmediatamente y con una ligera inclinación se presentó. —Buenas noches, soy Kotonami Kanae, venía a ver a Mogami-san—
—Eres la amiga de Kyoko! — Dijo Jullie alegremente. —Que chica tan guapa y encantadora! Pasa, mi pequeña está dentro. —Sorprendiendo a la joven la dio un leve abrazo. —Gracias por ser tan buena con ella— Se apartó y salió de la habitación tranquilamente.
Kanae aun sorprendida por las palabras de aquella mujer, que había olvidado presentarse a sí misma, entró y cerrando la puerta llamó a su amiga, mientras avanzaba.
—¡Kanae! Pasa estoy al fondo!— Gritó Kyoko dándose la vuelta y mirándola tan feliz como siempre que se encontraban.
—Guauuuuuu Kyokoooooo! — Exclamó Kanae de corazón. —Estás espectacular!—
—Gracias…, tu también estas preciosa—
—¿De dónde salió todo…?— Kanae la señalaba de arriba abajo con la boca abierta.
—Jullie, quiero decir la mamá de Ren…— Se explicó Kyoko señalando la puerta, indicando que era la mujer que acababa de salir. —Ella fue quien…—
—Vaya…, es toda una madraza, ¿eh? — sonrió Kanae.
—Es la mejor madre que pueda haber, y ella…— Kyoko se sonrojó pero la miró fijamente, negándose a ocultar su cara. —Ella es mi madre, así como su marido es mi padre desde que nos conocimos—.
—Me alegro mucho por ti amiga, no sabes cuánto— La abrazó con cariño. — Te lo mereces… Así que ahora tienes una madre y dos padres, ¿eh? — La preguntó feliz.
—Sí—
—¡Eso es genial! — Sonrió con picardía. —Y, ¿cómo llevan tus padres que tengas novio y que éste se a Tsuruga Ren? —
—Jajajajaja, mamá encantada, creo que no deja de buscar la forma de que estemos solos. —Sonrió con cariño. —Y bueno ellos…, jajajaja ellos son muy graciosos— Ahora se carcajeó divertida recordando sus escenitas paternales.
Después de unos minutos más de conversación, se dirigieron al salón donde todos las esperaban ya.
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Continuará…
Muchas gracias por vuestros comentarios.
