–¿Qué dices? –pregunté, Sig puso los ojos en blanco era la tercera vez que le preguntaba de que iba la conversación. Negó con la cabeza y me miró evaluándome.

–Comienzas a preocuparme –me dijo serio. –el eco club necesita fondos. Candace sugirió que jugáramos a los scouts y vendiéramos limonada –dijo con sorna –pero yo creo que deberíamos hacer otra cosa –determinó con una sonrisa retorcida –si quieres. –añadió al ver mi poco entusiasmo.

–¿naranjada? –musité sin interés

Gen suspiró –Esto te interesa menos que a mí –aseguró mientras revolvía su comida con el tenedor. Me esforcé por mejorar mi expresión. Tener de amigo a un muerto no debía de resultar gratificante.

–Lo siento –dije enfocando la mirada en mi comida ¿había comprado ensalada? ¿Tan mal estaba que compraba ensalada? Suspiré en realidad daba igual, no tenía hambre. Levanté la mirada y noté que Sig miraba a Gen con escrúpulo.

–¿qué? –le preguntó Gen.

Sig sonrió de una manera casi desquiciada –Ya sé que vamos a vender… –murmuró, juraría que Gen trago saliva y se puso pálido. Por un instante recordé como se sentía reír, porque se me salió una risilla. Entonces Sig me miró de la misma manera.

–¡No yo no… vende a Gen! –sugerí antes de pensar que Gen me odiaría. Bueno quizás exagero, solo me miró como si quisiera matarme.

–subastemos una cita con Ares Cullen –dijo Sig mirándome escrupulosamente –es por el eco club –me recordó. Gen ahogó una risa. –¡Voy a decirle a Candace que subastaremos un par de citas con ustedes! –dijo Sig levantándose y comenzando a correr. La sonrisa de Gen se borró.

–¿Qué dijo? –me preguntó atónito

–Que nos venderá y usará las ganancias para su eco club –dije viendo como Sigmund se sentaba en esa mesa… donde ella ya no sentaba más. Recorrí la mesa con la mirada, pero aparté la vista incómodo. Desde que había vuelto al instituto jamás la veía era como si solo hubiese sido un espejismo. Suspiré y decidí intentar tener una conversación. No tenía muchos temas de conversación, así que preferí seguir hablando del eco club –¿Por qué no se vende él?

–enserio no te enteras de nada ¿verdad? –me dijo Gen mirándome resignado, tomo un sorbo de su refresco, negué con la cabeza cuando no supe de que hablaba. Su dedo índice me señalo hacia Sig que hablaba con todos menos con Candace.

–La chica de cara chistosa, la de lentes… –me dijo cansinamente –están saliendo –me aclaró cuando notó que yo era incapaz de seguirlo

–¡Qué! –dije sorprendido. Comía ensalada, Sig tenía novia y ni siquiera me daba cuenta. ¿Qué más podía haber pasado mientras yo hacía al llorón? Gen ladeó la cabeza y miró a su hermano.

–Bueno no creo que regrese, deberíamos irnos o llegaremos tarde –me dijo llevándose su mochila al hombro. Asentí y me levante.

Caminamos en silencio por los pasillos llenos de estudiantes, comenzaba a sentirme extraño sin la cacatúa de Sig rompiendo el silencio. ¡Esa bruja de lentes nos lo había robado! Comencé a emitir sonidos de disgusto. Gen no tardó nada en darse cuenta –¿qué? –indagó

–siento como si algo nos falta –murmure apartando la mirada. Para mi sorpresa Gen se carcajeó y negó con la cabeza. –Lárgate a tu clase –me dijo divertido

Estaba en mi clase favorita, gimnasia. Si, era mi clase favorita en cuanto me lesionaba y me mandaban a las gradas a observar. Evitaba conscientemente verla, pero a veces era casi imposible. Todos gritando su nombre, todos susurrando falsos rumores acerca de nuestra ruptura. Suspire revisando la movilidad de mi pie. Hice una mueca, dolía pero no como cuando pateaba a Emmett, así que supuse que sobreviviría.

Alce la vista siendo masoquista, para verla saltando el caballete como gimnasta profesional… y sin torcerse tobillos, como yo. Ella faltaba con frecuencia a esta clase pero al parecer al terminar los preparativos para el próximo baile de invierno ya no tenía justificación, así que de momento asistía todos los días a la clase… y yo podía verla todos los días. Ella miro hacia mi dirección y agache la cabeza. Al parecer eso sería todo por hoy.

Me hubiera deprimido si no hubiese escuchado la voz de Gen acercándose mientras se quejaba, de que sus dedos se congelaban. Alce la vista y me gire para verlo pasándose de una mano a otra la bolsa de gel frio –Ten –me dijo arrojándome la bolsa y golpeándome en la cabeza –ah… –murmuró yo diría que algo divertido –pensé que la atraparías –se excusó conteniendo la risa, mientras recogía la bolsa de gel del piso y me la acercaba

–eso hice ¿no viste mi fabuloso cabezazo? –dije malhumorado. Gen no pudo aguantarse y soltó una risa

–¡ya me disculpe! –me dijo, sin preocuparse porque me diera cuenta que se sentía muy poco culpable y yo asentí pegando la bolsa de gel a mi tobillo. Gen se sentó a mi lado y bostezo cansado.

–¿seguro que no quieres ir a la enfermería? –dijo viendo mi tobillo hinchado, negué con la cabeza y él asintió.

Paso poco rato hasta que vimos entrar a Sig en el gimnasio acompañado de su novia y otros dos chicos de los cuales no recordaba el nombre, pero que estaba seguro que eran miembros del Eco Club. Últimamente Sig no estaba mucho tiempo con nosotros, su novia nos lo había robado y hoy por ejemplo no había venido a clase, porque ella le había pedido ayuda en no sé qué…

–El suéter que trae… –me susurró Gen con malicia –se lo regalo su novia, Rosa. Mi madre se ha burlado de él toda la tarde de ayer, pero no se lo quita. –me dijo divertido

Me volví a ver a Sig realmente no me había fijado en su suéter, pero ahora que lo veía no parecía algo con lo que él se vestiría. Era un suéter café de lana tejido a mano, bastante grande para él… y bueno bastante feo, parecía haber sido tejido por alguien muy inexperto. Conociendo lo artística que era la señora Miller podía imaginar porque el suéter mal tejido le causaba gracia.

–pueden influir las pequeñas arañas ¿no? –dije observando las bolas con patas blancas que el suéter tenía por todos lados.

–Él dice que son osos –dijo Gen conteniendo la risa.

–pero… ¿cómo? –dije incrédulo intentando vislumbrar con más claridad los deformes osos con pinta de arañas, pero si acaso no eran arañas… tenían forma de saltamontes. Entonces Gen y yo nos carcajeamos bastante fuerte. Tanto que llamamos la atención de todo el gimnasio. Gen formó una bocina con sus manos y le gritó –¡nos gusta tu suéter! –Sig enrojeció hasta las orejas mientras nosotros nos reíamos.

–¡Maldito Gen!... –susurró un Sig muy sonrojado, al otro extremo del gimnasio –pero me las van a pagar

–¿Qué tienen? –le preguntó su novia observándonos como dos bichos raros, Sig negó con la cabeza. Se dio media vuelta y se acercó a la pizarra de anuncios, para pegar una de las cartulinas que llevaban. Luego se volvió y nos sonrió burlonamente antes de irse del gimnasio.

–¿qué pegó? –le pregunte aun divertido y Gen se encogió de hombros. Algunos chicos se acercaron a leer el anuncio que había pegado Sig y se alejaron burlándose. Gen frunció el gesto.

–no veo desde aquí. Voy a leerlo –dijo poniéndose de pie, pero antes de que diera un paso el timbre sonó y todos comenzaron a salir apresurados del gimnasio. Gen suspiró y se fue, pero a recoger el material de la clase.

Bella se acercó a mí con la mirada clavada en mi tobillo y me preguntó –¿quieres que te ayude a llegar al bus? –Me negué y aun sin preguntarle a Gen afirme –Gen me llevara –Bella lo sopesó un segundo y miró a Gen, asintió y se fue del Gimnasio.

Me levante y me acerque cojeando a la pared, para leer el anuncio de Sig. Para cuando por fin llegue Gen ya había terminado de guardar la utilería deportiva, que se había usado en la clase y estaba parado a mi lado, así que aproveche y le cargue parte de mi peso porque el pie comenzaba a dolerme de verdad y solo parecía inflamarse más.

Con la intención de recaudar fondos y crear contenedores para fomentar el reciclaje, el Eco-Club ha organizado una subasta humana, para vender a algunos de sus miembros.

Dicha subasta se llevara a cabo el día lunes después de clases, en el gimnasio.

¿Qué puedes ganar?

Una cita para el baile de invierno y ayudar al Eco-Club.

Advertencia: no puedes esclavizarlo, ni quedártelo de por vida (aunque hayas pagado por él)

¡Te esperamos! (no se aceptan cheques sin fondos, ni tarjetas de crédito)

–Maldito –Bufe con disgusto

–Seh… –me apoyó Gen malhumorado

–por cierto me tienes que llevar a mi casa, porque estoy seguro que el bus ya me dejo –le informe

–mientras no te emborraches –me advirtió mientras caminábamos hacia los vestidores.

Ese mismo día por la tarde Carlisle se puso a curarme como si mi vida corriera riesgo por una torcedura. Y mi fin de semana básicamente consistió en ver televisión todo el día para evitar que Emmett tomara el control remoto, ir de cacería el sábado con mi madre y soportar que mi progenitor me revisara el pie a cada rato, incluso cuando ya estaba completamente sanado.

El lunes volví a utilizar el bus escolar, estaba bien que me sintiera desanimado, pero no por eso iba a dejar que Carlisle siguiera haciéndose el buen padre.

El bus llego a la escuela temprano eran las siete treinta y nueve, me baje al final y camine por la nieve que todos habían pisado mientras esta crujía con cada pisada. El día estaba extremadamente nublado y probablemente amenazando a Aberdeen con otra nevada. Camine hacia el edificio y bufe cuando un anuncio me recordó que mi amigo quería pararme frente a una bola de personas y poner a las chicas a ofrecer dinero por una cita conmigo para el baile. Respire y me tranquilice, al menos no solo sería yo.

La escuela aún estaba muy vacía, así que sin ánimos de ir al estacionamiento para estudiantes y tener que regresar si Gen aún no estaba en allí. Me senté en el suelo y recargue mi espalda en los lockers desgastados, pensé en intentar estudiar pero lo que en realidad hice fue sacar mi celular y comenzar a escribir un texto.

"¿ya llegaste?" le pregunte a Gen, quizás debí haber dicho "¿ya llegaron?" pero ya había mandado el texto. Espere la respuesta pero Gen me contestó hasta que yo ya estaba en mi segunda clase un "si, a las ocho xD"

Rodé los ojos malhumorado y le conteste un":[ mmm…"

"no tenía pila" se excusó

–Señor Cullen entrégueme su teléfono celular, por favor –me dijo la señora Ingersoll malhumorada, levante la vista y la vi parada a mi lado

–ah… si –dije avergonzado con todas las miradas clavadas en mí. La señora Ingersoll tomó mi celular enojada y lo guardó en un cajón de su escritorio –cuando su madre venga a hablar conmigo se lo regresare –determinó y yo bufe silenciosamente.

Mi siguiente clase era literatura, Sophia estaría allí y ahora ya no tenía celular para fingir que tenía algo que hacer, que mi vida era normal y que no era tan miserable como me sentía. Camine de mal humor y casi tiro a Johanna Collins al entrar al aula del señor Mower, me disculpe no muy cortésmente, pero aun así la chica fue bastante amable.

Camine a mi asiento con la vista clavada en mis pies, evitando ver a Sophia, pero de reojo pude ver un atisbo de su cabello dorado antes de sentarme. La aburrida clase de literatura del señor Mower comenzó aburriéndome más de lo necesario. Para cuando llegue a mi taller de música ya estaba bastante ido, pero "mi buen oído" que el profesor siempre elogiaba me salvó.

Cuando llegó el receso mi estómago gruño, así que me obligue a espabilarme mientras caminaba a la cafetería. Compre tres trozos de pizza y un batido, un almuerzo bastante exagerado, pero me moría de hambre. En nuestra mesa habitual solo estaba Gen viendo su celular. Sig estaba con su suéter feo, sentado en la mesa donde estaban todos los chicos del Eco Club, pero deduje que Gen no tenía ganas de unírseles, lo cual era bueno. Me senté con Gen y él me miró con aburrimiento

–¿Qué? –le pregunte

–Nada –me dijo encogiéndose de hombros y comenzando a comer. La mayor parte del almuerzo fue silencioso, porque yo no tenía ganas de hablar y Gen parecía estarse muriendo de cansancio.

De pronto mi curiosidad perdida apareció, recordé como por más que había insistido no había querido contarme como Sig se había lastimado el pie hace ya un tiempo… me los imagine teniendo un combate de Jiu-jitsu clandestino entre ellos o no sé pintando el techo de su casa. Tenía que ser algo muy vergonzoso, para que pensaran que la historia donde Sig se caía de la litera era mejor.

–¿acaso por las noches no duermes? –le pregunte esperando hacerme una mejor idea de lo que era la tarde de un chico como yo, pero humano.

Él apenas y lo pensó un segundo –Freud habla mucho en la noche –me dijo como respuesta –todo lo que no habla aquí, para ser exactos –me dijo robándome mi último pedazo de pizza. Lo mire enojado, pero él no pareció notarlo.

–mmm… –murmure decepcionado cuando no descubrí nada y además perdí mi pizza. Gen miró la mesa donde estaba Sig y fui incapaz de descifrar su mirada –¿te cae mal? –le pregunte

–¿Rosa? –Me preguntó casi riendo, asentí con la cabeza y Gen se negó –No. Ella lo quiere, así que está bien –determinó divertido por mi conclusión.

Estábamos a punto de salir de la cafetería cuando Sig nos llegó por atrás y abrazo a cada uno con un brazo –¡ustedes dos! –dijo feliz –después de gimnasia tú te cambias rápido –me dijo viéndome y luego miro a Gen –y tú… bueno mejor los veo en el baño –dijo cambiando de opinión. Gen bufó con disgusto, pero Sig lo ignoró.

Caminamos hacia el edificio con Sig murmurando lo que iban a hacer con el dinero de la subasta, al parecer el plan era financiar contenedores para separar los desechos y poderlos reciclar. Sinceramente yo pensé que no sacaríamos ni para un bote de basura normal, pero decidí no mencionarlo.

Cuando la clase de gimnasia terminó ayude a Gen a guardar los balones y fuimos al baño como Sig nos había pedido. Las ideas de Sig obviamente no eran buenas o bueno no eran de nuestro agrado. Nos estaba esperando con una plancha para el cabello encendida y la bolsa de cosméticos de su novia (de la cual no sabíamos utilizar nada), así que en cuanto Russel llegó los tres huimos de Sig al gimnasio.

Cuando entramos al gimnasio, me quede mudo. Las cosas no eran como me las imagine, creí que irían muy pocas personas, pero el gimnasio prácticamente se llenó de gente. Mire con nerviosismo las gradas llenas de alumnos. Christopher y Malcolm estaban conectando el sonido, Rosa cargaba el micrófono en una mano con entusiasmo, en cuanto nos vio agitó su mano libre saludándonos.

–em… necesito hacer algo. –le susurre a Gen, él asintió con desdén y se acercó a los demás miembros del Eco-Club. Mire nuevamente las gradas llenas de estudiantes, allí estaban. ¡Claro! mis hermanos no se iban a perder la oportunidad de verme humillado. Bueno de todas maneras eso me servía.

Me acerque a ellos mientras sacaba la billetera, del bolsillo trasero de mis pantalones, los mire pensando mis opciones pero antes de que hablara Alice se puso de pie y se acercó a mí –¿sí? –me preguntó

–si… bueno, cuando esto comience necesito que me compres –le dije sacando todo mi dinero, que consistía en un billete de diez, cinco y dos dorares.

Alice se quedó viendo el dinero en la palma de su mano como si le hubiera dado unos míseros centavos. –¿con diecisiete dólares? –me preguntó incrédula

–sep… –dije alejándome de ella, antes de que pudiera negarse.

–está bien ¡yo me encargo! –me gritó entusiasta. Me encamine hacia el equipo de sonido y me pare al lado de Gen. Sig estaba haciéndose el digno y de momento no nos hablaba. Pero si Gen no se preocupaba supuse que yo tampoco tenía que hacerlo.

La subasta empezó bien, ofertaron por Russel y lo vendieron en 30 dólares. Lo que me sorprendió fue en cuanto vendieron a Gen, 289 dólares y lo compró una chica bajita y robusta. Suspiré cuando llegó mi turno y tuve que pararme al lado de Rosa.

Rosa se aclaró la garganta y me hizo dar un paso al frente. Estaba bastante avergonzado con el asunto, pero ya no podía echarme atrás. Escuche como Gen se reía de mí entre dientes y me resigne. –¿y cuánto ofrecen por Ares Cullen? –preguntó Rosa entusiasmada

–Doy veinte –gritó una chica, sobrepasando mi fondo para auto comprarme de inmediato.

–¡ash! –Murmure desilusionado a Alice no le iba a alcanzar ahora, Gen dejo salir una risa.

–tenemos veinte ¿quién da más? –dijo Rosa con una sonrisa de oreja a oreja, de poco a poco la suma subió hasta los 310 dólares y seguía subiendo.

Mire a Alice, todos mis hermanos postizos estaban sentados apartados de los demás, en la parte más alta de las gradas… burlándose de mi desgracia. –Veremos si cooperándonos nos alcanza para salvarte Ares –dijo Emmett entre risas

–cierto, cierto aquí está mi cooperación –dijo Jacob sacando una moneda de diez centavos –el día del baile yo pido un brazo –mis "queridos" hermanos soltaron más carcajadas "no podía sentirme más salvado" pensé sarcásticamente, mientras Rosa seguía consiguiendo que la suma se incrementara.

Con lo que habían sacado de Gen y Russel tendríamos suficiente dinero como para llenar la escuela de contenedores. ¡Pero ahora podíamos llenar el pueblo! o bueno sin exagerar algunas cuadras. Gen y yo podíamos declararnos grandes benefactores del reciclaje, aunque Russel no mucho.

–¡cuatrocientos ochenta! –Narró Rosa con sumo entusiasmo –¿Quién da más? –las manos siguieron levantándose aunque más esporádicamente. Pensé que la cantidad se quedaría en cuatrocientos ochenta, y que tendría algo así como una cita cuádruple con las niñas de primer grado que habían juntado su dinero cuando sus ofertas se vieron rebasadas con facilidad. Pero estaba equivocado.

–¡quinientos! –gritó Candace dando un saltito con la intención de aumentar la suma; pero sinceramente ya era algo descabellado pedir tanto, las chicas solo querían tener a alguien para ir al baile y yo ni siquiera bailaba. Rosa la miró incrédula como casi todo el eco club.

Candace asintió –Enserio –le dijo a Rosa asegurándole que quería comprar la cita conmigo, rodó los ojos al ver la incredulidad de todos –aquí lo tengo –dijo sacando un fajo de billetes que probablemente era su mesada de no sé cuantos meses.

Yo esperaba que alguien tuviera quinientos uno dólares en el bolsillo, porque aunque Candace fuera la presidenta del Eco-Club dudaba que estuviera dispuesta a donarnos ese dinero. Las manos permanecieron abajo, quizás no tendríamos todos los contenedores que imagine… Mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando comencé a escuchar los cuchicheos acerca de Sophia, Candace y de mí. Formulando teorías, como que la ruptura con Sophia se debía a una infidelidad. Antes de que pudiera concentrarme en ellos Rosa prosiguió.

–eh… bien… quinientos dólares a la una, quinientos dólares a las dos… –dijo Rosa intentando mantener el orden. Mientras miraba a los estudiantes en busca de más ofertas, pero con la oferta de nuestra organizadora principal parecíamos haber rebasado su presupuesto.

Candace sonrió feliz ¿Qué demonios le pasaba? Si seguía fingiendo que quería ir al baile conmigo iba a perder sus quinientos dólares.

Alice se puso de pie y su gritó se abrió paso sobre el murmullo de los adolescentes –quinientos cincuenta –dijo y comencé a sudar. Yo solo esperaba que no quisiera que yo le pagara esa cantidad, porque ya le había dado todos mis ahorros.

–seiscientos –ofertó Candace calmada.

Alice abrió la boca a punto de contra ofertar, pero Edward la frenó –tendrás que dejarlo, la chica no va rendirse. –le dijo con una mirada llena de repulsión hacia Candace –ha decidido utilizar su fondo universitario si es necesario y puede seguir subiendo hasta los tres mil –le susurró a Alice hablando tan rápido que tarde un momento en poder interpretar lo que dijo, ella lo miró boquiabierta quizás un poco enfadada, no sé con Alice nunca se sabe.

–No es correcto que toda la escuela nos vea gastando esa suma de dinero en una subasta, solo para que Ares no se junte con los humanos –añadió Edward –lo verán mal

–Edward tiene razón, no llames la atención –le espetó Barbie-Rosalie a Alice

–Pero es… –comenzó Alice contrariada, Edward asintió y terminó su frase –la mejor amiga de Sophia Jenkins. –Alice se sentó en su asiento molesta y decidió que no lo haría –lo siento –me susurró triste

Rosa siguió haciendo como que no pasaba nada o quizás fuera que no escuchaba todo lo que yo podía –¿no? Seiscientos a la una, seiscientos a las dos… y seiscientos a las tres. Vendido a Candace Wilson. Mire a Candace sonreírme con tanto entusiasmo, que el estómago se me revolvió. ¿Enserio quería ir al baile conmigo?

–oh… –dijo Gen a mi lado –ahora tiene sentido

Me gire a verlo sin entender ¿que todo tenía sentido? Las cosas no podían estar más descabelladas –¿qué tiene sentido? –le pregunté

–porque no solo acepto a Freud en el Eco-Club y nos obligó a entrar a ti y a mí –me recordó como si nada, mientras Rosa y Sig le recibían el dinero a Candace y lo contaban aun con incredulidad. Russel tomó el micrófono nervioso, me lanzó una mirada confundida y comenzó a concluir el show –bueno eso es todo, gracias por su tiempo... esto… esperamos que se hayan divertido.

Edward

Nos mantuvimos alerta a la espera de que algo no planeado ocurriera y los Taruella se aparecieran por Aberdeen. Alice se alejaba diario una o dos horas, lo suficiente para que sus visiones no se nublaran por la esencia de Ares. Todos cazamos más seguido de lo normal asegurándonos de estar fuertes, para cuando el momento llegara.

Ares… apartado en todo lo que ocurría en casa, parecía ir mejorando y dejando su estado depresivo. No estaba del todo bien, pero mis padres ya no estaban inquietos con su comportamiento.

Sophia Jenkins no lo llevaba bien, por dentro llevaba cargando una agonía inmensa. Le dolía verlo triste, apagado y ausente, le dolía tanto como si fuera ella misma. Pero sobre todo lo extrañaba, las cosas que extrañaba de Ares eran tan simples como innumerables.

El lunes cuando finalizaron las clases Alice nos arrastró a todos al gimnasio, sus razones eran "quiero ver quien compra a Ares" Los rumores de que el chico Cullen, ahora soltero. Estaría en la subasta que organizaba el Eco-Club se habían esparcido durante el fin de semana como una epidemia. La mayoría de las chicas pensaba que esta sería su oportunidad de por fin congeniar con Ares.

Mi familia y yo nos sentamos en la parte de las gradas que siempre se quedaba vacía. Para los humanos no era un buen lugar para observar el espectáculo de cerca, pero para nosotros era... bastante bueno.

Ares entro al gimnasio acompañado por Gregory Millett, últimamente parecían haber creado una amistad bastante estrecha y eso le servía a Ares, estaba menos deprimido. Más travieso y malicioso. Pero eso estaba bien.

Cuando nos notó su rostro se crispo, pero luego una sonrisa esperanzada apareció en su rostro. Se acercó a nosotros y Alice se apresuró a acercarse a él cuando vio que la llamaría.

–¿si? –le preguntó amablemente. Ares se quedó atónito por la antelación de Alice. En cuanto se recuperó saco el dinero que le había sobrado después de comprar su almuerzo y se lo entrego a Alice. Le ordenó que lo comprara en la subasta con sus 17 dólares. Alice se debatió pensando en si realmente quería que lo comprara en la subasta con ese dinero o si solo se lo encargaba.

–¿con diecisiete dólares? –le pregunto incrédula. Ares asintió mientras comenzaba a alejarse. "Está pidiendo mi ayuda, no puedo fallarle. Quizás después de esto… se olvide de utilizar mi ropa como trapeador… y ¡me deje comprarle un buen par de zapatos!" –está bien ¡yo me encargo! – le gritó

"que inteligente" pensó sarcásticamente Gregory Millett. Una mirada rápida a la situación lo había hecho deducir algo bastante cercano a lo que acababa de pedirle Ares a su hermana "predilecta". Contuve una risa ¿Alice era la hermana preferida de Ares? Si era así con ella, no tenía deseos de saber cómo era con los hermanos "no predilectos"

Normalmente no suelen divertirnos las actividades estudiantiles, que planean los humanos. No hay mucho que no hayamos visto con anterioridad, pero si se trata de tu hermano el mal portado y consentido. Resulta bastante entretenido. Incluso Rosalie estaba de buen humor –parece un tomate –susurró

–Uno pasado de maduro –la apoyó Bella. Alice por otro lado estaba planeando como se levantaría y salvaría a Ares en el último momento, se convertiría en su heroína y después se desharía de esas feas zapatillas deportivas que él no se quitaba.

La primera oferta sobrepaso inmediatamente el dinero que Alice sostenía en sus manos. Los ojos de Ares casi se salían de sus cuencas por la incredulidad. "No importa, no importa tendré que comprarlo yo, ¡pero conseguiré que tenga estilo! ¡Se verá genial!" pensó Alice –igual lo compraras ¿verdad? –le preguntó Jasper a Alice, aunque sonó más a una afirmación, Alice asintió y se dedicó a estar pendiente de la subasta.

Las ofertas aparecían tan aprisa que la chica que realizaba la subasta, tuvo problemas para mantener el orden. Todas las estudiantes parecían enemigas a muerte de… todas. No importaba que mente escuchara, estaban tan envueltas en el furor de la subasta, que incluso las que no eran admiradoras de Ares habían decidido participar.

–¡300! –Anunció la mediadora entusiasmada –¿Quién da más?

Entonces una voz bastante familiar resonó en mi mente por encima de las demás. "¡Malditas!" "esa no, esa no… aja ¡te rebasaron! No, no, no esa menos." La busque, pero Sophia Jenkins no parecía estar en el lugar, sin embargo no dejaba de oír su voz.

"Ella tiene el cabello demasiado largo. Ese demasiado mediano. Demasiado corto… Esa tampoco. Ella se ve muy… ahhh ella es guapa ¡que sea pobre, por favor que sea pobre!"

Mire una vez más las gradas intentando ver de dónde provenía su voz y entonces vi como Gregory miraba divertido hacia el desván del gimnasio. La puerta estaba abierta apenas una rendija, pero podía ver como Sophia se asomaba intentando ocultar su rostro con la capucha de un suéter… que de hecho, era de Ares. "¿Es que nadie pudo venir en sus fachas?" pensó exasperada.

Las ofertas por Ares siguieron subiendo, incluso cuando las chicas ya no tenían más dinero. Un grupo de niñas de primero hizo una negociación para unirse y comprar a Ares. Si lo lograban el día del baile cada una lo tendría una hora y tendría "su oportunidad".

–¡damos cuatrocientos ochenta! –grito la líder del pequeño grupo. El gimnasio estallo en carcajadas. Y Sophia ya bastante alterada comenzó a pensar con poca claridad. "¡niñas tontas! Eso es… es… abuso. ¡Esto no era lo que estaba pactado desde el comienzo en la subasta! Él… él es mío." "Tengo… que pensar una manera de salvarlo… a él ni siquiera le gusta la gente, bueno supongo que los incluye en su dieta, pero le incomodan"

–¡quinientos! –ofertó Candace Wilson logrando que un revuelo se alzara en todo el gimnasio "¿Qué estás haciendo? ¿Intentas comprar a Ares?... pero él es mío y tú eres mi amiga" pensó contrariada Sophia Jenkins. El murmullo de voces mentales resultó realmente abrumador. Los pensamientos en tono de cotilleo hacia Ares y Sophia, se hicieron presentes.

Me esforcé por ignorarlos, pero la voz mental de Candace llego a mí con un tono eufórico, "¡lo conseguí!" pensó regodeándose de su triunfo. La cara de Ares era de confusión pura, Alice vio a la chica ganar y decidió que era el momento. –quinientos cincuenta –ofertó

Candace miró de soslayo a mi hermana "¡Maldita entrometida! Ahora que la estúpida de Sophia por fin se hizo a un lado. No puedo dejar que tú te metas, además… él es tu hermano y tú, ya tienes novio" pensó.

–seiscientos –ofertó luchando por mantenerse impasible. No le agradaba haber tenido que subir tanto, pero codiciaba tanto estar con Ares que si Alice insistía, ella haría uso del poco dinero que tenía ahorrado para la universidad y seguiría ofertando.

–tendrás que dejarlo, la chica no va rendirse. Ha decidido utilizar su fondo universitario si es necesario y puede seguir subiendo hasta los tres mil –le informe a mi hermana, ella me miró molesta "yo tengo mucho más dinero" me dijo mentalmente –No es correcto que toda la escuela nos vea gastando esa suma de dinero en una subasta, solo para que Ares no se junte con los humanos. Lo verán mal –insistí. Un poco de presión extra por parte de Rosalie fue suficiente para que Alice, aunque de mala gana se rindiera.

La gente comenzó a salir del gimnasio llena de intriga y otros tantos de diversión. Era sorprendente lo fácil que era captar su atención si había morbo de por medio. "Sus ojos y labios son míos, sus dientes son míos, y antes de que muerda a alguien más… ¡también sus mordidas! Si, sus mordidas también son mías" pensó Sophia desvariando. "estoy perdida, sino hago algo lo perderé y no quiero más bien no puedo."

–¿Edward…? –me llamó Bella, su entrecejo se frunció con preocupación –¿Qué ocurre? –cuestionó

–Nada –le dije mientras entrelazaba nuestros dedos y caminábamos hacia el estacionamiento.