Pov Elsa
En el instante que levanta la daga trato de gritar, de moverme o por lo menos defenderme con mis poderes… pero es inútil, el hombre me tiene acostada debajo de él, con las muñecas fuertemente atrapadas sobre mi cabeza. El miedo en mis venas crea una tormenta de nieve a nuestro alrededor, se me es imposible ver con claridad. Lagrimas heladas brotan de mis ojos mojando mis mejillas e inicios de mi cuello. –Si tan solo Hans estuviera aquí- Mis pensamientos apenas y son coherentes. –De verdad lo extraño, sé que voy a morir a manos de esté hombre, y lo último que le dije fue que por su culpa me sentía mal, cuando aun sabiendo que la única razón de mi estado y que todos se preocuparán fue culpa mía. Tenía que pedirle perdón.
El metal de la daga en mi cuello me causa frio por primera vez en mi vida. Lentamente puedo sentir como perfora mi piel descubierta. Un chillido agudo escapa del nacimiento de mi estómago y sale de mis labios. Cierro los ojos mientras trato de analizar como poder salir de aquí. La vista se me nubla y observo las grandes gotas de sangre que descienden de mi cuello y se derraman sobre la hierba tierna. La voz me pesa y cada vez es más difícil mantenerme consiente. Ya casi no puedo moverme. A lo lejos escucho una voz conocida para mí llamándome. –Hans…- un último suspiro llamándolo y lo último que veo es oscuridad.
Pov Hans
Al despertar por la mañana en el castillo de Elsa bajé al bosque en busca de algo de comer y me da tiempo de reflexionar. Me siento mal por no estar con Elsa en este momento, sin embargo, aún quiero regresar, si no dejó que ella entienda las cosas y la estimo más, nada en ella cambiará, tengo que hacerla pensar claramente las cosas. Tal vez fue un error haberme casado con ella tan pronto, pero no tenía otras opciones, no quería dejarla sola. Ella se he convertido en una de las pocas cosas por las que me volví más fuerte que antes.
Mientras más errores cometes te haces más fuerte, casi invencible. La vida nos ha dado a ambos tantos golpes que cuando es momento, sabemos cómo reaccionar en esas ocasiones, pero Elsa fue encerrada por 13 años. Sus errores fueron evitados. Tengo que entenderla.
Además de ser la reina como la conocí; fría, lejana y atada a un pasado que aumentaba su miedo en ella a cada minuto, lo que yo creía de una forma simple y misteriosa, solo tenía una dura capa de hielo sobre ella. Y alguien tenía que ayudarla. La fui descubriendo poco a poco. Hasta conocerla de la forma en la que enamore. Si la describiera en una palabra sería "Decidida". Si ella quiere ser la mejor reina lo hará, si quiere ser la escritora de novelas de amor más dulces del mundo también lo logrará. Es tan única que será difícil no pensar en ella en unos años, cuando no recuerde ni mi propio nombre.
Sé que cuando canta levanta e rostro, que cuando está nerviosa voltea a todos lados. Cuando esta triste deja sus cejas sueltas, sin expresión. Sé que cuando está molesta resopla por la nariz. Todo eso la hace única. Sin importar los errores que cometa yo la amo así como es, y nada en el mundo me hará cambiar de parecer.
Tengo que apoyarla y estar con ella. Regreso caminando por Sitrón, pasando por un claro cerca del lago. Me detengo a observar el paisaje que la tierra me regalaba. Los árboles se mecían lentamente. Una brisa trajo un sonido a lo lejos para mí. Una voz conocida. Detengo mi respiración esperando a volver a escucharlo y darme cuenta de que era solo mi imaginación. "¡Aléjate de mí!". Mi mente no me engañaba. Camine hacia el sonido tratando de entender bien lo que pasaba. De nuevo el eco del bosque me transmitió el sonido; "Me encargare de que no lastimes a nadie más".
Una voz masculina captada por mis oídos me causa intriga e ira. ¿Qué demonios hace mi esposa con un hombre sola en el bosque?
Corro hasta poder encontrarlos. A una distancia prudente puedo ver lo que realmente estaba ocurriendo.
Veo la escena por no más de 5 segundos y automáticamente reacciono. Elsa estaba recostada debajo de un hombre grotesco y sucio, en su mano tiene una daga apuntando sobre su cuello y ella llora desconsolada. Yo no puedo permitir que le haga daño, le prometí que la protegería siempre.
-¡Elsa!- grito su nombre con todo el aire que puedo mientras corro en su ayuda. Con horror veo el líquido rojo que brota de una herida en su garganta. Una gran opresión en el pecho me hace frenar al verla cerrar los ojos.
Con toda mi furia golpeo al tipo, estampando ni puño en su rostro. Por dos segundos volteo a verla tendida en el suelo, revisándola con la mirada. No parecía tener otras heridas.
El hombre trata de golpearme, por acto reflejo me muevo rápidamente evitándolo. No se ve que esté muy cuerdo. Más bien, parece estar ebrio. Trata de volver a golpearme. Yo, aún molesto y asustado le regreso los golpes. Lo tiré al suelo y este me mira confundido. Al comprender que no sirve de nada pelear, se levanta y sale corriendo. No puedo permitir que salga impune de su fechoría contra la corona de Arendelle. Corro tras él alarmándolo. La espesura de la flora crece imposibilitándome la vista. Cerca de nosotros veo un tronco de árbol roto por la mitad, seco y con estacas sobresalientes.
-¡Espera!- trato de advertirle pero me ignora, sin poder evitarlo escucho el crujir de los huesos y la piel rompiéndose. Cuidadosamente me acerco de no caer por las ramas. Un mareo inevitable acompañado de escalofríos me llena todo el cuerpo. Sin duda una escena tétrica y dura.
El hombre fue atravesado por las estacas del tronco, perforándole la garganta y el estómago más de una vez. La sangre escurría a torrentes y él inmóvil, con la vista perdida quedó suspendido en el aire.
Aún con miedo regreso corriendo hacia donde dejé a Elsa. Me inclino temeroso a revisarla. La sangre no paraba de salir y sentía yo, cómo poco a poco, su vida se estaba yendo, desvaneciéndose a cada instante. Levante su cuerpo con sumo cuidado abrazándolo contra mi pecho, arrullándola. Y un vacío me acompaña. Las lágrimas no tardan en salir y no las retengo. Un dolor en el pecho me molesta, y siento la herida que no paraba de sangrar. Tengo mucho miedo de haberla perdido.
-Elsa, despierta… por favor- Nada. Su piel se estaba tornando más pálida y su tacto gélido bajaba de manera constante. – Tus eres mi única razón de aguantar todo lo que la vida me tiene preparado, prometimos estar siempre juntos. Por favor, hace días estabas sonriendo, brillante e ilusionada al esperar a nuestra hija. Observando el crepúsculo cada día, en las orillas del Fiordo. Y juntos abrazarnos en la biblioteca frente a la chimenea, sintiendo los tímidos golpes en tu vientre.
Un quejido doloroso se escucha. Y aunque este podría ser el último aliento de mi esposa, al llenarme de tristeza también me transmite esperanza. No sería muy tarde aún.
Rápidamente tomo mi camisa y arranco un trozo de la tela de algodón y cubro la el corte con la venda improvisada. Paso mis brazos debajo de ella y la levanto, acomodando su pequeño cuerpo en mi pecho. Ligera como una pluma y suave como porcelana fría. Me facilita la tarea de llegar más pronto hasta donde deje a Sitrón.
El cuerpo se me comienza a cansar, pero no puedo ni quiero detenerme. Corriendo por la espesura de los árboles, tratando de mantener mi ritmo. Al llegar puedo darme el tiempo para tomar aire y recobrar fuerzas en mis piernas. Con angustia reviso si Elsa no se lastimó en el transcurso, asegurándome de que está bien, me monto al caballo. Con un golpe en sus costados hago que avance corriendo lo más que puede. Contando los segundos para poder llegar a nuestro destino. Al ver por fin la entrada al pueblo me regresa el alma al cuerpo. Mi cabello rojizo se mueve con el aire por lo rápido que me muevo entre los establecimientos, personas y puestos ambulantes.
Bajo rápidamente del caballo y golpeo la puerta del castillo con fuerza. Unos cuantos segundos que me parecieron horas, tardo Kai en abrirme la puerta. Su mirada parece preocupada al ver a su reina en mis brazos y con un pedazo de tela atado al cuello que se tornó rojo por la hemorragia.
-Necesito ayuda, la reina está herida, llama a un médico enseguida y quiero a la princesa Anna ahí también.- Incluyo a Anna porque sé muy bien que cualquier cosa que involucre a su hermana le importa a sobre manera. A pesar de nuestras diferencias hemos tratado de llevarla calmada. Sin embargo, muy en el fondo sé, que no me tiene la confianza suficiente aún. Cómo culparla, les he hecho mucho daño a ambas desdé que vine aquí por primera vez, buscando una oportunidad de demostrarle a las personas que puedo ser alguien en la vida. Probarle a mis hermanos que lo yo que haga vale la pena tenerle un poco de fe en que va a funcionar.
-¿Qué le ha pasado?- Me pregunta algo molesto.
-Por favor, este no es momento de que interrogue, eso será después, por ahora solo haga o que le he pedido- Mi voz firme le da a entender que no estaba dispuesto a aceptar acusaciones. No solo Anna me guarda rencor.
Con un poco de trabajo por el cansancio, logro subir la extenuante escalera de caracol hasta la habitación de mi esposa. Y con cuidado le retiro la venda para revisar la herida. Por lo menos ha parado de sangrar y aunque eso no me asegure su bienestar, por lo menos logra reconfortarme un poco.
A los pocos segundos tocaron la puerta, abrí casi al instante y entraron Anna acompañada del médico. Dejo al hombre hacer su trabajo, mientras tanto me acerco a mi cuñada, que se encuentra entre molesta y asustada.
-Quiero que me expliques exactamente cómo ocurrió esto- Su voz se muestra seria.
-Elsa salió a buscarme por la mañana y un hombre ebrio la atacó, pienso que ella trato de escapar usando hielo pero este la aprisionó de manera que la dejo inmóvil y con una daga le hiso una herida en la garganta.
-¡Se supone que tú la cuidarías, no que la arriesgaras a más peligro! ¡Ahora ella está herida por tú culpa! ¡Sabía que no debía confiar en ti aún! ¡No sé qué es lo que Elsa vio en ti, pero te aseguro que a mí no me engañas!- Su mirada azulosa se encontraba truncada por una punzada de desesperación y rencor. Por ahora nada podía ir de mal en peor.
-Cálmate Anna, no era mi intención que Elsa fuera herida, solamente me molesté porque ella seguía sumida en su propio mundo de dolor, únicamente pensando en ella misma, no comprende que la vida sigue y que, por su obligación cómo reina, le era difícil dejarse llevar por una emoción tan banal como esta- Una bofetada en mi mejilla derecha no era mucha sorpresa para mí, estaba consciente de lo fuerte que es Anna, aunque su pequeña figura mostrara lo contrario.
-¡¿Cómo puedes ser tan insensible?! Mi hermana perdió a su bebé que con tanto cariño esperaba ¡También era tu hija!
-Lo lamento, no debí expresarme de esa manera, pero es la verdad. Ella tiene que entender, pasó 2 meses lamentándose de algo que le pudo haber pasado a cualquiera. No digo que no me haya afectado a mí también, pero la vida tiene que seguir, y no soporto verla tan mal. Elsa no quería salir adelante, no tuve opciones, y no estaba pensando con claridad, me encontraba molesto.
-Esa no es una buena excusa, tú debiste entender sus motivos.
-En primer lugar, y perdona que te lo diga de esta manera, no tienes ningún derecho a juzgarme su en un pasado hiciste casi lo mismo que yo.
-Discúlpame pero yo no soy igual a ti.
-¿A no? ¿Acaso tú no trataste de hacerla salir durante trece años? ¿No revelaste sus poderes sin pensar bien en el porqué de sus acciones? Gracias a eso escapó a la montaña, y por si fuera poco, también trataron de matarla cuando estaba indefensa.
-Y tú les ayúdate después, hasta lo que yo sé, mi hermana ha estado a punto de morir en varias ocasiones a causa tuya. Créeme que hubiera estado mejor sin ti, arruinaste su vida.
Fue un golpe demasiado bajo. La realidad me golpeo abruptamente, por más que me doliera admitirlo, Anna tenía razón. Con molestia me aparto de ella y abro la puerta de la alcoba de mi esposa, donde estaba siendo revisada por el médico. Ya había terminado de vendarla con gasas, y procedía a revisar los signos vitales. Estaba tan concentrado en su trabajo que no notó mi presencia.
¿Y bien?- Hablé para captar su atención- ¿Cómo esta ella?
-Sus signos vitales son favorables, aunque su corazón está algo débil. Su ritmo cardiaco desacelero considerablemente, pero fuera de eso no hay ningún inconveniente. La herida no fue tan grave, pero si lo bastante profunda para necesitar puntos de costura, por lo tanto, tendré que venir a revisarle cada doce horas para revisarla y cambiar los vendajes. Muy probablemente esté algo adolorida y cansada al despertar. Estos pueden ser algo fuertes así que tendré que recetarle un té de pasiflorína.
-¿No hay ningún cuidado en especial?- Me mantengo atento a cualquier palabra que diga.
-Por ahora déjenla descansar, no necesita de mucho, solo no deje que haga movimientos bruscos y también evítenle el estrés. Si la herida comienza a sangrar entonces eso significa que ha estado moviéndose mucho.
-¿Eso sería todo?
-Efectivamente, si persisten las molestias no dude en llamarme
-Se lo agradezco
-No necesita hacerlo, es mi trabajo- Se inclina en movimiento señal de respeto- Con su permiso, me retiro. Toma sus pertenencias y sale rápidamente cerrando la puerta tras de sí.
Con cuidado me acerco a la cama donde duerme mi esposa. Su color de piel aún sigue un poco pálido, pero está mucho mejor que cuando la traía aquí. Su cabello brillaba con el sol que entra por la ventana, iluminando su menudo cuerpo durmiente. Una verdadera escena salida de un cuento de hadas. Acaricie su mejilla en un gesto de cariño y salí de la habitación para dejarla descansar.
Sin duda las palabras de mi nuera me tocaron ello más profundo de mi corazón. Todo en ellas era cierto. Sin embargo no podía ignorar el hambre que sentía.
Eran más o menos las cuatro de la tarde y no había comida nada desde anoche en la cena. Camine con lentitud hacia la cocina, donde podría prepararme un sándwich, de cualquier manera, no estaba de humor para sentarme yo solo en el comedor. Al abrir la puerta me encontré con Anna, sentada sobre la mesa de la cocina y comiendo una pequeña pieza de chocolate. Con algo de molestia me devolví, pero antes de poder salir una voz chillona me detuvo.
-Espera- dijo Anna- Perdona por lo que te dije hace rato, estaba molesta y no debí excederme, lo que pasa es que… desde que tu llegaste a su vida, ya casi no pasamos tiempo juntas solo ella y yo, antes no nos separábamos hasta que era la hora de dormir. Y aún que todavía no tengo una total confianza de ti, solo quiero decirte que… estoy segura de que protegerás a Elsa, porque a pesar de todos los problemas que han pasado tú sigues queriéndola de la misma manera. Y eso es lo mejor que puedo pedirte. Cuida bien a mi hermana, ella es lo más valioso que tengo- Se notaba a legua que tenía pena e inseguridad e su voz. Sin embargo trato de entenderla.
- No te preocupes Anna- Veo que se acerca a mí y me extiende la mano en señal de paz- ¿Amigos?
-Amigos- y con estas palabras envolvió su pequeña palma entre la mía
-¿Quieres comer algo? Creo que deberías estar hambriento por el susto
-Sí, Creo que si
-Entonces ¿Qué te parece si te ayudo a preparar algo mientras me cuentas cómo fueron las cosas?
-Me parece bien- El resto de la tarde la pasé conociendo las pequeñas anécdotas de su infancia mientras comíamos juntos. Así cómo antes parecíamos perro y gato ahora comíamos juntos mientras charlábamos amistosamente.
-¿Y cómo esta ella?- me preguntó con sumo interés.
-Bueno el doctor me dijo que no necesita de mucho cuidados. La herida no está demasiado profunda para ser grave, pero si lo bastante profunda para necesitar puntos, pies que podría quedarle una cicatriz.
-Elsa nunca necesito de eso en su vida, nunca tuvo una cicatriz, ni cuando éramos pequeñas….
Al anochecer nos despedimos y cada uno se fue por su lado a descansar.
Al entrar en mi alcoba me encontré con Elsa en la misma posición que en la tarde. Al verificarme que estaba bien procedí a cambiarme el traje. Estaba por colocarme otra camisa cuando escuche unos quejidos provenientes de mi mujer. Me acerco a ella cautelosamente para no alterarla. Al parecer estaba teniendo una pesadilla. La muevo delicadamente y acuno sus mejillas en mis manos.
-Shhh… tranquila, todo está bien- Le susurro delicadamente al oído. Le veo abrir pesadamente sus parpados y mirarme aliviada al darse cuenta de que solo era un mal sueño.
-¿Hans?- su voz suena patosa y cansada
-Todo está bien Elsa, estamos en Arendelle- Con movimientos torpes trata de levantarse pero el dolor en el cuello se lo impide- Hey calmada, puedes lastimarte, me metiste u buen susto, creí que te había perdido.
-¿Estas bien?- Me parece gracioso como se preocupa por mí en lugar de preguntarse qué paso
-Tranquila, no me paso nada
-Hans… tenia tanto miedo- me punza el corazón al escucharla con la voz quebrada a punto de llorar- Estaba sola y tu llegaste, lo último que recuerdo fue verte corriendo hacia mí.
-¿Puedes calmarte?
-No sabes… cuento lo siento- sin poder hacer nada el llanto se apodera de ella- Todo fue mi culpa… se supone que tenía que ir a buscarte. Tenías razón… yo fui una tonta… y… y exagere las…cosas.
-No tienes por qué disculparte, yo fui el tonto que te arriesgo, debí entenderte, pensar más en ti que en mí. La rodeo con mis brazos buscando brindarle seguridad mientras ella entierra su cara en mi pecho.
Sin necesidad de hablar ambos nos recostamos en la sabana, y con cuidado la cubrí con sumo cuidado. Ella desahogando el miedo con lágrimas y yo aferrarme a ella como si el mundo me la quisiera quitar de mi lado. Con el pasar de los minutos acabados por al cansancio fuimos arrullados por el sonido de las brasas en la chimenea hasta caer en los brazos de Morfeo.
Solo tengo algo que decir: DE VERDAD LO SIENTO¡ D: tuve uno de esos horribles lapsos de bloqueo de escritor y estaba muy desesperada ): Les explicare con lujo de detalles como por que no subo constantemente y no soy como muy cumplidora con las fechas de actualización. Las computadoras me odian :B. Cuando comencé con mi primera historia tenia disponible mi computadora, pero yo, la muy genius de mí, se le ocurrió cambiarle la contraseña y cuando trate de volver a abrirla, no entiendo cómo ni por qué, se bloqueó y ya no pude seguir actualizando. La lleve al técnico y este se tardó mil años :l , durante este episodio de tiempo estaba desesperada, así que comencé a buscar nuevos medios. Usando la computadora de mi abuelo (que es la que uso en este momento), luego ya no la pude usar y otra vez me quede sin computadora. Meses después use la de mi papá pero la muy hija de piiiiiiiiiiiiiiiiiiip, no entiendo que le paso que de plano ya no sirvió y yo no le hice absolutamente nada diferente, solo quiso dejar de servir y punto. Volvimos a no tener nada y ahora que mi abuelo no está por las mañanas puedo usar su computadora, pero quiero avisarles que no será por mucho tiempo, ya que en algún momento dejará el proyecto en el que está trabajando y valdrá madres otra vez. Pero ahora me he dado el lujo de poder darles un capítulo más a esta historia espero les guste.
