Los personajes de Skip Beat no me pertenecen, son propiedad de su creador.
— Diálogo —
"Pensamiento"
*Pensamiento alter ego* (Demonios y hadas mentales de Kyoko / Kuon)
Capitulo 57
Kyoko dejó caer el teléfono sobre la cama, mientras una sonrisa se apoderaba de sus labios. "¡Qué facilón eres padre…! Jajajajaja".
Ren levantó la mirada desde el cobijo de su pecho. —¿Te quedas? —Preguntó aliviado, pues sabía la respuesta.
Kyoko le obligó a incorporarse y le beso con ternura. —Me quedo—
Volvieron a perderse entre besos y caricias, como si nunca hubieran sido interrumpidos.
—¿Qué quieres hacer hoy? — Preguntó Ren entre beso y beso. —¿Quieres salir por ahí? ¿Ir a algún sitio? —
—Prefiero quedarme aquí y seguir con lo que estamos haciendo— Contestó Kyoko recobrando el contacto entre sus labios.
—Mummmmmm, entonces te tengo para mí hasta que el deber nos llame mañana…, suena interesante— Ronroneó Ren mientras besaba su cuello.
—Sí…— Suspiró Kyoko. —Hablando de eso, necesitaré que me prestes tu lavadora, tendré que usar el vestido que traía puesto para ir a trabajar mañana—
—Ah…, bueno…— Ren se separó levemente de ella y la miró a los ojos. — Eso no será realmente necesario—
—Bueno Ren…, yo diría que sí, ahora mismo está tirado en el suelo de tu baño completamente empapado— Contesto Kyoko con humor. —No creo que esté en condiciones para lucir presentable mi primer día oficial como actriz—
—Ya, no me refería a eso— Ren retiró su mirada distraídamente.
—¿A qué te referías entonces? — Preguntó Kyoko recelosa ante su evasiva actitud.
Ren soltó el aire de sus pulmones, se levantó y la ofreció una mano para ayudarla a incorporarse, después salió de su habitación con ella detrás para entrar en la de invitados, o como él la llamaba mentalmente el cuarto de Kyoko.
—¿Qué pasa? — Pregunto ella al entrar en la habitación. —¿Qué hacemos aquí?—
Ren paró al llegar a la puerta del vestidor. —Pues enseñarte por qué no es necesario que pongas la lavadora— Abrió la puerta y se apartó para dejar a la vista el amplio vestidor.
—¿Pero qué…?— Preguntó Kyoko con voz estrangulada mientras caminaba de forma autómata por el interior de la estancia. —¿Qué es todo esto? — Miraba a su alrededor con la boca ligeramente abierta y los ojos visiblemente alarmados.
—Es tu vestidor, naturalmente— Contestó Ren con toda la tranquilidad del mundo. *Preparados para ignición, en 3, 2, 1…*.
—¿Mi vestidor? — Kyoko formuló cada silaba por separado como si intentara buscar un significado oculto. —¿De dónde salió…?—Se interrumpió al fijarse detenidamente en algunas de las prendas, las recordaba perfectamente. Su cara comenzó a transformarse, de la incredulidad pasó a la seriedad, y de ésta al enfado. —Lo compraste todo, ¿verdad? — Siseó ciertamente indignada.
*0…, Despegue!* —Sí— Reconoció Ren sin inmutarse por el tono de voz de su novia, a la vez que sonreía mentalmente ante las ideas de Kuon, que acababa de asemejarla con un cohete espacial.
—¿Por qué? No puedes… — Susurró Kyoko, que abandonaba la indignación, para dar paso a la congoja, agachando su cara mientras negaba en silencio.
—Eh…— Ren podía enfrentarse a una Kyoko enfadada, pero no a una apenada.—¿Por qué te pones triste? Es sólo ropa pequeña—
—¿Sólo ropa?— Kyoko recuperó parte de su indignación inicial. —¡Es un maldito vestidor entero! —
—No…, mira ahí queda mucho espacio libre— Bromeó Ren.
—Muy gracioso…— Siseo ella. —Hablo enserio, no puedes comprar todas estas cosas y esperar que las acepte tan tranquilamente—
—¿Y por qué no? — Preguntó Ren poniéndose serio por fin. —¿Me estás diciendo que no puedo hacerle un regalo a la mujer que amo? Mujer que por cierto resulta que es mi novia, claro que a lo mejor estoy equivocado—
—No digas eso, claro que soy tu novia, pero eso no quiere decir…— Añadió Kyoko enseguida. —Además, ¿cuándo compraste todo esto? —Añadió con suspicacia.
—El mismo día que te lo probaste— Confesó Ren sin remordimiento alguno.
—Por lo tanto no lo compraste como un regalo para tu novia! — Exclamó Kyoko.
—Cierto, en esos momentos no lo compre para mi novia, lo compre porque la mujer de la que estaba secretamente enamorado, estaba tan preciosa con todas las cosas que hay aquí que simplemente tuve que hacerlo—
—Pero no puedes regalarme…— Susurró Kyoko.
—Claro que puedo cariño— Sentenció Ren sin dar lugar a más replicas. —Pero lo que es más importante, quiero hacerlo— Agarró su mentón y la obligó a mirarlo. —¿No puedes por una vez aceptar un regalo de tu novio, que te ama con locura, sin más? —
—Supongo que sí, pero…— Los ojos de Kyoko intentaron desviarse mientas se sonrojaba— Es que yo nunca te he regalado nada y tú no haces más que darme cosas y…— Confesó con tristeza.
—Oh tú me has dado mucho más pequeña, amor, esperanza, me has dado vida— Aseguró él mirándola con adoración. — Y son cosas mucho más valiosas que nada que yo pueda regalarte con algo tan banal como el dinero—
—El dinero no es trivial Ren, cuesta mucho ganarlo y no se debe desperdiciar en tonterías— Le riño ella.
—Estoy totalmente de acuerdo, por eso no lo vamos a desperdiciar— Aseguró Ren. —Estoy seguro que usarás y aprovecharás hasta el límite todo lo que hay aquí dentro, ¿Verdad? — Ren sonrió, la había atrapado con sus propias palabras.
—También podemos devolverlo y utilizar el dinero para otra cosa— Contestó Kyoko inmediatamente con una sonrisa equivalente.
—Eres una listilla, ¿lo sabías? — Se enfurruñó Ren al no salirse con la suya, lo que hizo que su amada sonriera aún más abiertamente. —Hagamos un trato, tu aceptas este regalo y yo prometo no malgastar dinero pongamos durante…, un mes—
Kyoko meditó las palabras de su novio durante un instante y después sonrió suspicaz. —Seis meses— Contraatacó.
—¿Y lo aceptarás sin rechistar? — Preguntó él. *Menos mal que ya lo tenemos, ¿no?* "Yo no creo que eso se pueda considerar un despilfarro" *Ja, para ella seguramente sí* "Probablemente…"
—Y lo usaré más contenta que unas castañuelas— Añadió Kyoko asintiendo.
—Trato hecho— Ren extendió su mano para cerrar el trato, pero cuando ella le dio la suya la atrajo hacia sí y la dio un corto pero intenso beso. —Eres una listilla, pero aún así te amo— Susurró contra sus labios.
—Y tu un despilfarrador, pero yo también te amo— Esta vez fue ella quien atacó sus labios.
El beso no duró mucho rato pues el rugido de unas tripas les hizo separarse entre risas. Por primera vez era Ren quien se moría de hambre y cuyo cuerpo había protestado.
—Prepararé algo, antes de que el león que tienes ahí dentro salga y nos devore— Bromeó Kyoko separándose levemente de él.
Ren sonrió y, tan ágil como siempre, se abalanzó sobre ella hasta tumbarla de espaldas, en la cama del cuarto de invitados y situarse encima. —Ummmmm…, creo que tu serías un plato exquisito la verdad….— Susurró contra la piel de su cuello, después la dio un cariñosos lametón. —Sí, definitivamente una delicatessen—
—Jajajaja…— Se carcajeó Kyoko por sus ideas y por el escalofrió que recorrió su cuerpo ante el contacto de su lengua. —Ya, pero yo no me puedo comer a mí misma, ¿no? — Preguntó divertida.
—Una pena, te pierdes un gran manjar—Siguió con su tarea.
—Ren…—
—¿Sí? —Preguntó distraído, concentrado solo en su nievo cuello.
—¿Acaso quieres mojar todas la camas de tu departamento? — Preguntó divertida.
—Bueno…— Aceptó haciendo un mohín. —Creo haber oído que tengo que cocinar para resarcirme, ¿no? — Preguntó divertido, y poniéndose en pie.
—Eh…, no hace falta— Aseguró Kyoko incorporándose y reuniéndose con él. —No lo dije enserio…— Susurró con cara rara, recordando la única vez que había probado algo preparado por su novio.
—Jajajajaja, mira que carita! — Se carcajeo divertido Ren. —Tranquila, esta vez te enseñaré mis otras dotes culinarias—
—¿Ah sí?— Preguntó intrigada. —Pero antes…, deberíamos cambiarnos, ¿no?—.
—Muuuummmmmm— La miró mientras se mordía intencionadamente el labio. —Si es necesario…, jajajajaja— Se carcajeó al ver como ella no podía evitar ponerse colorada. —Vale, iré a cambiarme, tú…— Señaló el vestidor. —Ya sabes a usarlo más contenta que unas castañuelas— Sonriendo salió de la habitación para darla intimidad.
Una vez vestidos, con ropa cómoda, salieron de sendas habitaciones rumbo a la cocina, Ren retiró uno de los taburetes de su barra americana y se lo ofreció a Kyoko para que tomara asiento. A continuación sacó un delantal y se colocó en posición profesional ante los fogones, sonrió ante la cara de asombro de su novia y con un gesto serio agarró el teléfono fijo que estaba sobre la encimera y marcó un número en marcación rápida.
—Buenas días soy Ren— Saludó a la persona del otro lado de la línea. —Sí, pero para dos— Asintió a las palabras que oía. —¿10 minutos? Oh eso sería genial, muchas gracias eres el mejor, adiós— Una vez que se colgó la llamada sonrió con autosuficiencia. —Tachan! Así se cocina!—
—Jajajajajaja, tus dotes culinarias, ¿eh? —Se carcajeó Kyoko. —Ya lo veo, eres todo un artista de los fogones—
Ren sonriendo completamente feliz por el buen humor de su novia se acercó a ella, hizo girar su taburete y se acercó hasta quedar situado entre sus piernas. —No creas, que es complicado, hay que marcar bien el número, hacer el encargo adecuado…— Se defendió bromeando.
—Pero si tenías el número en marcación rápida, y ni siquiera elegiste, seguramente te preguntó si querías lo mismo de siempre—Kyoko risueña le siguió el juego.
—Oh sí, desde luego— Ren flexionó las rodillas para quedar a su altura. —Pero para eso he tenido que probar variedad de productos hasta dar con el mejor—Hizo un gesto con la mano como si se quitara el sudor de la frente y después besó a su novia que lo miraba divertida.
Entre los dos pusieron todo lo necesario para comer en la mesita del salón, frente al televisor. Ren estaba eligiendo una botella de vino cuando llamaron a la puerta y sonrió al ver a Kyoko acercarse a ella dando ligeros saltitos. *Dios…, como adoro tenerla aquí!* "Sí, convierte la casa en un auténtico hogar, ¿verdad?" *Completamente cierto*. Dejó a un lado sus pensamientos para acercarse a la puerta donde su novia recibía a un hombre de edad más bien avanzada que la miraba fascinado. —Bueno días Hayate — Hizo una ligera inclinación de cabeza y después agarró a Kyoko por la cintura. —
—Buenas Ren— El anciano sonrió al ver como sujetaba a la muchacha. —¿No me presentas a esta encantadora mujercita? —
Ren sonrió con cariño, adoraba a aquel anciano. —Esta es mi preciosa novia Kyoko, cariño él es el dueño del restaurante mas encantador de todo Japón, está justo a la vuelta del edificio—
—Encantada— Kyoko se inclinó respetuosamente.
—Igualmente querida, es un placer conocerte al fin— Recalcó el anciano, después cogió su mano y la besó con galantería, dejando a Kyoko alucinada.
—Y también el mayor seductor que puedas conocer— Añadió Ren divertido y acercándose más a Kyoko.
—Jajajajajajaja, ¿celoso chico? — Se mofó el anciano.
—Más quisieras viejo—
Kyoko miraba fascinada como los dos hombres bromeaban entre sí, no estaba acostumbrada a ver a Ren interactuar con tanta confianza con nadie que no fuera de su entorno más cerrado y ni con ellos era así.
—Bueno os dejo para que disfrutéis de la comida, espero que os guste— Se dio la vuelta, pero antes de desaparecer se giró giñando un ojo. —Me alegro mucho por ti chico, tenías razón es una joya preciosa, así que cuídala mucho—
Disfrutaron de los deliciosos platos que el anciano les había traído, acompañado por un suave y refrescante vino blanco.
—¿Hace mucho que le conoces? — Preguntó Kyoko intrigada.
—Desde el primer día que llegué a Japón— La mirada de Ren se perdió en los recuerdos. —El presidente me tenía frito con sus sermones así que decidí salir a dar una vuelta para conocer un poco la ciudad—
Kyoko, en silencio, le miraba fascinada olvidándose del plato y de la copa que tenía delante.
—Paré frente al edificio y me acuerdo que pensé que parecía un lugar estupendo para vivir. —Continuó Ren, mientras movía distraído la comida de su plato. —Me dije a mi mismo que si algún día llegaba a ganarme la vida con la actuación intentaría vivir en un sitio parecido. Después al girar encontré el pequeño Restaurante de Hayate, estuve dudando si entrar o no, pues no sabía cómo me recibirían, estaba tan acostumbrado a que me trataran diferente en ., por ser mestizo que una parte de mi temía que aquí me pasara lo mismo— confesó con cierta pena, pero al oír la ahogada exclamación de su novia recuperó el hilo de la historia y sonrió. —Al final entré porque la verdad es que me moría de hambre y resultó ser la mejor decisión que podía haber tomado. El viejo me trató mejor que bien, me preparó su mejor plato y estuvimos conversando durante horas, me contó muchas de sus batallitas de Don Juan, recuerdo que no paré de reírme, no lo había hecho tan sinceramente desde que me separe de ti en Kyoto. Prometió contarme más se volvía alguna vez, así que volví siempre que pude, y al final acabó convirtiéndose en una persona muy especial para mí. Después de esa cena supe que no quería vivir en un sitio como ese, quería vivir aquí mismo—
—Y lo conseguiste— Sonrió Kyoko por el final de su historia. —Entiendo que le tengas tanto apego a tu apartamento.
—Sí, lo conseguí— Sonrió orgulloso. —Pero no es apego por el apartamento, si algún día tengo que mudarme, lo que sentiría es alejarme de él…— Sonrió y volvió a meterse en la boca otro bocado. —Y de su deliciosa comida—
—Está muy rica…— Kyoko reanudo la tarea de comer, pero antes de llenar su boca volvió a mirar a Ren. —¿Por qué ibas a tener que mudarte? —
—Oh ya sabes si a mi mujer no le gusta el apartamento o algo así— Sonrió achicando cerrando ligeramente los ojos.
—Ah…— Susurró Kyoko, pensando en la que algún día podría ser la mujer de Ren.
*¡No pilla unaaaaaa, ¡eh?* "Jajajajajaja, ya lo veo". —Dime, ¿Qué piensas tú? — Pregunto Ren divertido.
—¿De qué? —Kyoko le miraba desconcertada.
*¡Del aborto de la gallina! Por el amor de Dios!* — Del apartamento, claro—
—Ah…, pues es bonito pienso yo, ¿por qué? — Preguntó con inocencia.
Ren divertido, a la par que resignado, negó con la cabeza sonriendo. —Por nada…, por nada— Levantó la tapadera de otro plato y se lo ofreció. —¿Te apetece postre? —
…
Pasaron una agradable tarde de tele, sofá y carantoñas. Tras una estupenda cena, preparada por Kyoko, decidieron acostarse temprano pues debían madrugar a la mañana siguiente. Después de un rato, sumergidos entre tiernos besos y caricias, se durmieron plácidamente abrazados, en la enorme cama de Ren.
Continuará…
Muchas gracias por vuestros comentarios. El fin de mi historia se acerca y reconozco que cada día me cuesta más escribir. No porque me aburra, sino porque me paso el día delante del ordenador buscando la forma de evitar el final, pero no me llega la inspiración, creo que tenía tan clara la historia en mi cabeza que me es imposible hacerla de otra forma.
