Los personajes de Skip Beat no me pertenecen, son propiedad de su creador.


— Diálogo —

"Pensamiento"

*Pensamiento alter ego* (Demonios y hadas mentales de Kyoko / Kuon)


Capitulo 62

—Buenos Días Tsuruga-san, muchas gracias por acceder a este encuentro en tu periodo de vacaciones— El director Konoe saludó a Ren con una profunda reverencia de agradecimiento.

—Buenos días director, es un placer— Ren sonrió afable. —Disculpe la usencia de mi manager, se encuentra fuera de la ciudad por razones personales—.

—Sí, sí lo sé, no te preocupes, él ya se disculpó más de lo necesario— Konoe invitó a Ren a que tomara asiento.

Una eficiente señorita entro tras llamar a la puerta y les sirvió el desayuno para desparecer discretamente después.

—Bueno Tsuruga-san, ¿has pensado acerca de mi propuesta?— Preguntó Konoe mientras untaba unas tostadas con una deliciosa mermelada de arándanos. —¿Lo has hablado con Mogami-san?

—Eh…, sí lo he estado meditando— Ren estaba distraído observando la cantidad de comida que el hombre se había servido, naturalmente él solo había aceptado un café y una tostada, por compromiso más que por apetito. —Y también lo he hablado con ella—.

—¿Y bien? — Insistió el director antes de lanzarse al ataque con las tostadas.

—No creo que ella esté preparada aún para ese tipo de papel— Reconoció Ren.

—¿Por qué no? ¡Es una brillante actriz ahora, ya no es una principiante! — Exclamó Konoe efusivo. —He visto sus últimos trabajos y son verdaderas obras de arte, con papeles mucho más difíciles para ella de lo que debería ser Setsuka—.

—Lo sé— Afirmó Ren henchido de orgullo— Ella es magnífica, es la mejor. Pero hay ciertas cosas que no se siente capaz de llevar a cabo de este papel—

—¿Te refieres a las escenas ligeramente intimas?—Preguntó Konoe con total ingenuidad.

*¡Ligeramente dice! Y se queda tan tranquilo…* "Jajajajaja, no me digas que te escandalizan esas escenas" *No te lo digo…, estoy pensando en mi muñequita idiota* "Jajajajaja, no te sulfures…".

—Bueno…, entre usted y yo, son un poco más que ligeramente intimas, ¿no? — Ren levantó una ceja divertido, mientras reconocía las palabras de Kuon.

—Jijijiji, bueno un poco— Konoe sonrió de manera muy pilluela. —¿Y no hay forma de convencerla entonces? ¿Sólo podré tener al Cain original? —

—Lo primero de todo, debe saber que ninguno de los dos realizará el trabajo sin el otro— Ren se puso serio.

—¡Ninguno! ¿Ni Setsuka ni Cain? —Preguntó el director atragantándose de la sorpresa.

—No, ninguno, eso lo tenemos muy claro los dos— Se ratificó Ren, pero al ver la cara de tristeza y decepción del director sonrió ligeramente. —Pero no le estoy diciendo definitivamente que no lo vayamos a hacer—.

—¿No? — Konoe abrió mucho los ojos y se le iluminaron sus rechonchos mofletes— ¿Crees que podrás convencerla para que lo haga?— Levantó una ceja y sonrió con picardía.

—Bueno yo no usaría el termino convencer porque no pienso influir de ese modo en sus decisiones— Aseguró Ren consiguiendo que al director se le borrara la sonrisa levemente. —Pero ella, al igual que yo con Cain, tiene un sentimiento de pertenencia con respecto a Setsuka—

—Algo lógico, en mi opinión, teniendo en cuenta que ustedes los crearon— Aceptó Konoe.

—Bueno, pues eso mismo es lo que puede llegar a conseguir que realice este trabajo, démosla este tiempo de vacaciones para que lo medite— Sentenció Ren, a continuación sonrió al recordar algo. —Claro que también tengo que decirle que lo primero que ella quiso hacer fue convencerle para que elimine ciertas partes del guión, y le aviso de que no suele ser olvidadiza con según qué cosas y estoy seguro se lo dirá el día que se vean—

—Ya…— Konoe hizo un leve puchero. —Seguro que lo hará…, ¿pero sabes una cosa? —Preguntó sonriendo.

—¿Qué? —Ren frunció el ceño ante la sonrisa del director, que además iba acompañada de un brillo de ojos inusual.

—Eso es culpa vuestra, vosotros hicisteis que la película sea así— Reconoció Konoe firmemente aunque muy acalorado.

—Ya…— Ren sólo soltó una pequeña sonrisa antes de comenzar a desayunar.

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Al otro lado de la ciudad, Jullie llevaba media mañana llevando a Kyoko de un lado para otro. Primero desayunaron en un pequeño y coqueto café donde hablaron sobre lo que habían hecho estos días en los que no se habían visto. Después comenzó lo que Jullie había denominado "la caza del vestido perfecto", para ello habían visitado tantas tiendas que perdieron la cuenta. Para cuando consiguieron encontrar uno que su madre considerara que cumplía con todos y cada uno de los requisitos, Kyoko apenas sentía los pies de tanto caminar. Afortunadamente encontrar los zapatos no fue tan complicado porque la dependienta, muy astuta, se encargó de enseñarle los que el diseñador había usado para la modelo de pasarela que lució ese vestido, y claro Jullie se lanzó a por ellos sin pensárselo.

Ahora se encontraban en un centro de belleza donde llevaban ya un par de horas mimándolas como princesas, masajes, peluquería, maquillaje, manicura, pedicura…

—¡Están ustedes preciosas! — Gritó extasiado el recepcionista del centro mientras las servía unas mimosas.

—Muchas gracias— Jullie aceptó la copa con cuidado de no estropear sus uñas que aun seguían húmedas.

—Eh…, gracias— Kyoko se sentía menos cómoda que su madre ante tanta efusividad y por lo tanto se sonrojó mientras aceptaba la copa.

—No he visto dos mujeres más bellas en toda mi vida— Las elogió de nuevo. —No debería ser legal que tanta belleza se concentre en la misma familia, sois la pareja madre-hija más perfecta que hay en el mundo—

—Gracias, pero sin duda mi niña mejora la raza, ¿no cree?— Jullie sonreía encantada.

—Desde luego, se nota claramente que usted sentó la base y luego la naturaleza lo ha mejorado—

Kyoko levantó una ceja con escepticismo. *Vaya pedazo de pelota, babosooooooo*. Su demonio insolente hacía gestos de pegarse un tiro. *No comparten genes pedazo de alcornoque lame cul…* "Esa boquita!" . Kyoko le riñó mentalmente. "Aunque tengo que reconocer que me pone los pelos de punta, creo que tanto alago sobra si se tiene buen decoro, ¿cómo puede ser así de descarado con una mujer?"

—Huy pues deberías ver a mi hijo, él es otra belleza como mi niña— Jullie no podía dejar de presumir de sus hijos.

—Grrrrrrr, ¿un hijo? —Los ojos del dependiente brillaron como neones.

*Anda!Ahí tienes la respuesta…*. Pero Kyoko no prestaba atención, una vez más sus celos se apoderaron de su boca. —Bueno exagera bastante, mi hermanito es más bien feo, ¿sabe usted?, pero claro mama lo mira con buenos ojos—.

—Ah…— El hombre vio algo en los ojos de Kyoko que le hizo recular inmediatamente.

—Jajajajajajajajaja— Se carcajeó Jullie mientras observaba como el recepcionista desaparecía. — Así que mi niño es feo, ¿eh?—

Kyoko se hizo la loca mientras soplaba sus uñas distraídamente como si no oyera nada de lo que su madre decía.

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Ren llegó a casa y se la encontró bacía, cosa que sabía antes de entrar porque su madre le había mandado un mensaje diciéndole que salían en esos momentos hacia allí. No quería que Kyoko cocinara por lo que llamó a su restaurante favorito y encargó la comida, como siempre Hayate le trajo la comida antes de que tuviera tiempo de terminar de poner la mesa.

—Buenos días chico! — El anciano le saludó cariñosamente. —¿Cómo lo llevas?—.

—Buenos días viejo, bien lo llevo bien— Afirmó Ren sin mucho convencimiento.

—Que mal mientes chaval, ¿nervioso? — Hayate sonrió guasón.

—Psssss, no mucho—

—Lo dicho…, ¡mientes fatal! — El anciano se carcajeó. —Tranquilo chico, lo harás bien, seguro…— Sirvió la comida en los platos y los decoró con maestría. —¡Listo!—

Ren le acompañó hasta la puerta. —Muchas gracias viejo, ¿nos vemos esta noche verdad?—

—Por supuesto, no me lo perdería por nada del mundo, incluso voy a coger mi primera noche libre en años solo para estar presente—

—Muchas gracias— Ren abrazó al anciano antes de cerrar la puerta, después fue hasta la nevera para sacar una botella de vino blanco y sirvió dos copas, sabedor de que su novia estaba a punto de llegar.

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—Bueno cielo, nos vemos esta noche, ¿vale? — Jullie había acompañado a Kyoko hasta la puerta del edificio de Ren.

—Eh…, vale— Kyoko se sorprendió al ver que su madre se despedía sin subir a ver a su hijo. —¿No quieres subir y comer con nosotros? —Preguntó con incredulidad.

—Oh no cariño, tengo algunas cosas que hacer, de trabajo ya sabes— Aclaró con tranquilidad. —Además tu padre me necesita, últimamente anda medio cabizbajo por ahí—

—¿Se encuentra mal? — Preguntó Kyoko preocupada.

—Para nada cielo, más bien está con una de sus rabietas, ya le conoces— Jullie quitó importancia al asunto con un movimiento de mano.

—Pero…, ¿no hay nada que podamos hacer para que se anime? —Preguntó Kyoko con inocencia.

—Oh cielo…, no! — Exclamó Jullie pensando en lo que tendría que pasar para que se le pasara a su marido el berrinche de este mes. —Entonces me enfadaría yo y él terminaría mucho peor que enrabietado créeme! — Jullie lució de pronto una mirada feroz.

—Eh? — Kyoko no entendía ni una palabra de lo que decía su madre.

—Nada, nada…, bueno pues lo dicho, nos vemos esta noche cariño— Tras besar a su hija se marchó en dirección a su casa.

Kyoko estaba contemplando la esquina por la que acababa de desaparecer su madre cuando un suave toque en su hombro atrajo su atención.

—Buenos días niña— Hayate la sonreía con cariño.

—Buenos días! — Kyoko cariñosamente lo abrazó, costumbre que había adquirido de su novio. —¿Qué tal se encuentra?—

—Estupendamente preciosa, trabajando mucho como siempre—El anciano la devolvió el abrazo.

—¿Le ha llamado Ren? — Ante el asentimiento del anciano Kyoko sonrió. —Bien, me muero de hambre y no hay mayor placer en este mundo que su comida—

—Gracias cielo, eres un encanto—El anciano se despidió un apretón en su mano. —Disfruta de la comida—

—Adiós— Con una gran sonrisa en los labios Kyoko accedió al interior del edificio, el portero la esperaba con parte de las cosas que había comprado, las que ella ya no podía cargar, tras coger el ascensor entro en casa. —Holaaaaaaa! ¿Puedes ayudarme?—Gritó desde la entrada.

Ren acudió enseguida y liberó al cargado portero que se despidió con una inclinación y desapareció. —¿Todo esto es para esta noche? —Preguntó escandalizado, mientras ambos accedían al salón.

—Ir con mamá de compras es horrible…— Suspiró Kyoko que continuó andando hasta el que se supone era su cuarto, pero que usaba más como vestidor que como otra cosa porque siempre dormía en la habitación de Ren. —La próxima vez no me dejes sola, no hay forma de detenerla, creo que traigo ropa para un año— Dejó los bultos que llevaba sobre la cama y le indicó a Ren que dejara los suyos al lado.

—Jajajajaja, bueno por lo menos no he tenido que llamar a la policía, ¿no?— Ren se acercó a ella y la atrajo hacía sí, con cuidado de no estropear su aspecto la dio un dulce beso. —Hola…, te he echado de menos—

—Hola….—Suspiró Kyoko sobre sus labios, justo en el momento que su estomago protestó de hambre.

—Jajajajaja, vayamos a comer antes de que ese león salga de tu estomago y nos devore a ambos— Ren utilizó las mismas palabras que ella uso en su día y divertido cogió su mano para llevarla de vuelta a la sala donde la mesa les esperaba con los deliciosos mangares preparados por su amigo.

—¡Que aproveche! — Exclamó Kyoko antes de lanzarse a por la comida.

Después de comer y recoger, estuvieron un rato remoloneando en el sofá, viendo la televisión distraídamente.

—Deberíamos comenzar a arreglarnos—Indicó Ren cuando al consultar su reloj vio que eran las cuatro de la tarde.

—¿Tan pronto? — Preguntó Kyoko, que en esos momentos estaba sentada en el suelo jugando con Corn. —¿La fiesta no es por la noche?—

—No…— Ren la miraba con incredulidad. —¿No leíste la invitación? —

—Esto…—Kyoko se sonrojó avergonzada.

—Jajajajajajajajajaja, estabas tan enrabietada porque no te dejaran participar en los preparativos que ni prestaste atención, ¿a que si? — Ren se carcajeó ante el puchero de su novia, que simplemente guardaba silencio. —Este año la fiesta de María empezará un poco más pronto, van a asistir sus compañeros de la escuela y no pueden estar toda la noche de juerga—

—Ah claro…, sus compañeros…— Kyoko no pudo evitar sonreír ante el recuerdo del día que María había llegado del colegio pletórica de felicidad porque sus compañeritos habían prometido asistir a su fiesta. "Mi pequeñina por fin se relaciona con gente de su edad, vive en un mundo de adultos y ella tiene que ser niña por muchos años aún".

—Vamos…— Ren la ofreció una mano para ayudarla a levantarse.

A las cinco de la tarde, Kyoko , Ren y Corn, este último por exigencia de María, fueron recogidos por Sebastian que los llevó hasta la mansión Takarada.


Continuará…

Muchas gracias por vuestros comentarios.