Los personajes de Skip Beat no me pertenecen, son propiedad de su creador.


— Diálogo —

"Pensamiento"

*Pensamiento alter ego* (Demonios y hadas mentales de Kyoko / Kuon)


Capitulo 63

Lory, como siempre, había tirado la casa por la ventana, había contratado una especie de circo, con atracciones, animales, puestos de chucherías…, etc. María estaba disfrutando como lo que era, una niña feliz, su fiesta tenía todo lo que se puede esperar de una fiesta de cumpleaños, incluidos los amigos.

Los adultos asistentes, que eran menos que los del año anterior, ya que esta vez no se había invitado a toda la empresa sino a los más cercanos, estaban disfrutando tanto como los niños. Al entrar en la mansión, unos alegres payasos habían obligado a todo el mundo a entrar en una especie de camerino donde, sin poder evitarlo, se habían visto transformados en diferentes personajes circenses.

El "Tío Tigre" y Kuu estaban en esos momentos participando en una exhibición con leones, metiendo sus cabezas como verdaderos héroes entre las fauces de sendos animales. Lory, lucía espectacular como maestro de ceremonias, mientras Jelly Woods con una barba a modo de la mujer barbuda hacía reír a todo el que se le acercaba. Jullie servía en el puesto de chucherías y la embaraza Kanae entregaba tartas a todo aquel que quisiera tirarlas sobre la diana del estanque, donde un empapado Yashiro aguantaba con humor los chapuzones que se daba cada vez que lo hacían. Ren se ocupaba del puesto de los besos, donde todas las amiguitas de María se acercaban cada vez que iban de una atracción a otra, mientras los niños le miraban ceñudos. Kyoko, junto a su hermano Kouki, estaban realizando torpes, pero graciosos, malabares. El resto de invitados, como Sebastian, Amamiya, etc, regalaban globos y peluches a los niños que superaban las pruebas de los distintos puestos.

A las ocho y media de la tarde, tras cantar a coro un divertido cumpleaños feliz, debido a las pintas que llevaban todos, María apagó las velas de su tarta circense y abrió los muchos regalos que la estaban esperando.

El de su padre fue sumamente especial para la niña, tras abrir miles de envoltorios, se encontró con una simple sobre. María lo miró un poco decepcionada, pensando que su padre había olvidado comprarla algo y en su lugar había decidido darla dinero. Pero cuando abrió el sobre y leyó la nota escrita en él su cara se iluminó de alegría y miró a su padre buscando su asentimiento, para asegurarse de que era posible. Cuando Kouki la ofreció sus brazos abiertos mientras la juraba que era verdad, la niña se hundió en ellos con lágrimas de alegría, dejando caer la nota en la que se podía leer:

-Papi vuelve a casa para vivir con María-

Después de ese emotivo regalo, parecía que ninguno iba a poder agradar a María lo suficiente, pero como buena niña que era, siguió abriendo ilusionada el resto.

—María? — Ren, que se había alejado del grupo, volvió con una preciosa cesta igual que la que su día había llevado a la playa para Kyoko. —Esto es para ti pequeña, con todo nuestro cariño— Entregó el presente a la niña y agarró a Kyoko por la cintura.

María abrió la cesta para encontrarse con una preciosa cachorrita que se parecía muchísimo a Corn, pero con el pelo negro como el azabache en vez de rubio y los ojos anaranjados.

—Kiaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! Es preciosisimaaaaaaaaaaaaaaaaa! —Gritó María emocionada mientras la estrujaba contra su pecho. —Muchísimas gracias a los dos! — Con cuidado de no aplastar a la perrita, se abalanzó sobre Kyoko y Ren.

—De nada cielo— Respondieron la pareja al unísono.

—¿Es hermanita de verdad de Corn?—Preguntó seriamente como si hubiera caído en algo importante.

—En realidad, no —Contestó Yashiro. —La señora nos dijo que es hijo de su otra pareja de perros—

—Pero sabes que la sangre no hace a la familia, ¿verdad María?— Esta vez fue Kouki quien intervino, ante la tristeza que veía en los ojos de su hermana.

—¡Anda claro! — Afirmó María como si todos estuvieran locos. —La tía Kyoko no tiene mi sangre y para mi es mi hermana desde el primer día que nos conocimos—

Una exclamación algodonosa se escapó de la boca de todos los presentes, consiguiendo que la niña les mirara aun más convencida de que estaban locos.

—Lo preguntaba para saber si pueden ser novios! — Aclaró María, con la misma expresión que ponía su abuelo cuando veía culebrones. —¡Serán la pareja perfecta! Por eso la voy a llamar Kymi—

—¿Kymi? — Preguntó Kyoko divertida con el parecido de niña y abuelo.

—Sí, "Ky" de Kyoko y "mi" de Mogami, porque será la compañera ideal para Corn— Aseguró la niña, con el convencimiento de que era algo tan lógico que no entendía porque no habían caído todos en ello. —La pareja perfecta, como vosotros dos—

Todos se carcajearon ante la aplastante lógica de la niña, todos menos Ren y Kyoko que agradecidos con sus palabras la abrazaron de nuevo.

A las nueve y media los compañeros de María se despidieron asegurando que había sido la mejor fiesta de cumpleaños del universo y agradeciéndole a la niña por la invitación. Uno a uno, Sebastian los fue acomodando en un minibús y dio al conductor la ruta que debía seguir para dejarles a buen recaudo en sus casas.

Todos los presentes se desprendieron de sus disfraces, luciendo ya sus trajes y vestidos de fiesta volvieron a reunirse en el jardín.

Kyoko se dejó caer en los confortables sofás junto a una de las cientos de estufas de exterior que les habían mantenido calentitos a pesar de encontrarse en pleno diciembre, dispuesta a descansar un poco del ajetreo infantil, pero Lory y María tenía otros planes.

—Bien señores y señoras, es hora de que me acompañen— Ordenó Lory con una sonrisa en los labios.

—¿Acompañarte a donde papá? —Preguntó Kyoko extrañada por la sonrisa que lucían todos los presentes, excepto Ren que lucía extraño.

—Vamos! Que siga la fiesta!— Lory la tendió una mano para que se incorporara, y sin más la arrastró por el jardín, mientras María tiraba de la otra mano.

Rodearon todos los jardines para parar frente a la pista de aterrizaje de la mansión, parecía que todos los presentes sabían algo que Kyoko no, era la única que miraba sorprendida el avión privado de su padre que estaba claramente preparado para despegar.

—¿Qué significa esto? —Peguntó Kyoko a su padre.

—Esto querida es la continuación de la celebración! —Exclamó pletórico.

—¿La continuación?—Preguntó con incredulidad.

—Sí tía, es la segunda parte de mi fiesta de cumpleaños— María sonrió e incluso agitó sus pestañas haciendo su rostro más encantador e inocente que nunca.

—¿Vamos a algún sitio para seguir celebrando tu cumpleaños? — *La leche! …La renacuajo se ha montado una fiesta por todo lo alto, y no ha necesitado tu ayuda para ello!* "Ya lo veo…". El pensamiento de Kyoko fue más de estupefacción que de resentimiento.

—Sí— Afirmó la niña— Pero esta parte es solo para la familia y los amigos más cercanos, por eso mis compañeros no vienen—. Añadió respondiendo así a la siguiente pregunta de Kyoko.

—Ah…— Kyoko seguí en estado de shock y no supo que más decir.

—¡Queridas! — Exclamó Jullie que estaba justo detrás de ellas. —¿Os importa? — Señaló con una mano la puerta del avión. —Aquí a los presentes se nos está empezando a congelar el pompis! —

—Esto…, sí lo siento— Kyoko se hizo a un lado para dejar pasar a todo el mundo. Cuando Kanae llegó a la puerta agarró su brazo y la detuvo. —¿Es recomendable que vueles? —

—Mi médico me ha autorizado y el presidente ha contratado a un medico que irá en la cabina todo el viaje por si fuera necesario—. Aseguró Kanae con una sonrisa. —Tranquila, todavía puedo volar, y lo qué es más importante quiero hacerlo porque quiero estar allí— Dio un cándido beso a su amiga antes de subir con ayuda de Yashiro.

Kyoko observaba a Kanae subir al avión con la incredulidad sembrada en su rostro. "¿Quién es esa persona cariñosa que acaba de subir? ¿Y desde cuando María es tan importante para ella como para querer viajar a su fiesta a toda costa?".

—¿Cariño? —Ren interrumpió los pensamientos de Kyoko. —¿Subimos?—

Kyoko miró alrededor y se percató de que eran los únicos que seguían en tierra, incluso el siempre correcto Sebastian se había adelantado presa del frio. —Sí, perdona—. Aceptó la mano de Ren y le siguió hasta sus asientos.

Fue un viaje relativamente corto, Kyoko seguía tan sorprendida por el giro de los acontecimientos que no prestó atención a nada, ni siquiera se enteró de la voz del capitán a través de la megafonía. Cuando quiso darse cuenta se encontraba en la pista de aterrizaje de una pequeña mansión que no conocía. Como ya les había pasado al subir, también fueron los últimos en bajar. Sin darle ni un segundo para asimilar donde se encontraba, Ren la arrastró al interior de la mansión a través de unas preciosas puertas acristaladas.

Así entro a un gran salón, justo en el momento en el que un hermoso reloj de pared indicaba con sus armoniosas campanadas que eran las 12 de la noche.

—FELIZ COMPLEAÑOS KYOKO! —El fuerte estruendo producido por la voz de varias decenas de personas dejó a Kyoko sorprendida y congelada en el umbral.

—Feliz 18 cumpleaños mi amor— Ren besó la frente de su novia consiguiendo que reaccionara justo a tiempo de ver como todas las personas presentes se abalanzaban sobre ella para felicitarla con inmenso afecto y amor.

Kyoko aceptó emocionada todas las muestras de cariño de sus familiares y amigos reunidos en aquella enorme sala.

—Felicidades tía! —María se lanzó a sus brazos. —Esta vez sí qué te hemos sorprendido, ¿verdad?—

—Ya lo creo cielo, ha sido la mejor de las sorpresas! — Achuchó con cariño a la pequeña. —Con razón no me dejaste participar en los preparativos, eres una listilla y tienes aún más peligro que tu abuelo—

—Jajajajajajajajaja— Se carcajeó María y triunfante se volvió hacia el mencionado —¿Has oído abuelito? Soy incluso mejor que tú! —

Lory sonriente aceptó las palabras de la niña, que por supuesto había oído lo que había querido del comentario de su tía. —Pero debes concederme algo del merito, ¿no? — Preguntó poniendo uno de sus mejores pucheros.

—Valeeeeeee…— Aceptó María con diversión. —El abuelito también ha colaborado, la verdad es que todos lo han hecho de una u otra forma—.

—Felicidades mi niña preciosa! — Lory visiblemente emocionado pero conservando las apariencias abrazó a Kyoko con mucho amor.

—Gracias padre— Kyoko le devolvió el abrazo con más fuerza aún.

—Vamos, vamos…—Kouki sonreía tranquilamente aunque un brillo en sus ojos delataba que él también estaba emocionado. Tras besar a Kyoko en la mejilla susurró algo en su oído. —Feliz cumpleaños imôtosan, gracias por venir a este mundo, por completar esta familia y hacernos inmensamente felices a todos—.

Las lágrimas se apoderaron de los ojos de Kyoko, a pesar de querer mucho a su nuevo hermano, a veces la costaba un poco relacionarse con él, no sabía cómo actuar pues sentía que en cierta forma Kouki se había visto de repente con una hermana impuesta. Por eso, dado lo que esas palabras significaban para ella, se lanzó a su cuello terriblemente emocionada. —¡Gracias oniisan! —

—¡Papiiiiii! —María regaño a su padre con un dedo. —No le digas cosas que la pongan triste! —

—No me ha puesto triste cielo…—Se apresuró a aclarar Kyoko, conocedora del carácter que tenía a veces su sobrina. —Al contrario, me ha hecho muy feliz—.

—¿Entonces por qué lloras? —María la miraba como si no estuviera cuerda. —Los adultos sois muuuuuuuuuuuuuuuyyyyyyyy raaaaaaarooooooosssss! —

Todos los presentes se carcajearon ante la ocurrencia de la niña, todos menos el más lacrimógeno de todos, que no era otro que Kuu.

—Mi pequeñaaaaa! —Gimoteó mientras se colgaba del cuello de Kyoko abatido. —¿Por qué? ¿Por qué te empeñas en hacerte mayor…?— Lloriqueó teatralmente.

Jullie bufó en protesta y apartó a su marido de un empujón. —Felicidades mi vida! — Abrazó a su hija y después se volvió hacia su marido. —Deja de sobreactuar y felicita a nuestra hija como Dios manda—Ordenó tajante.

Kuu, sacó infantilmente la lengua a su mujer y acto seguido volvió a colgarse del cuello de Kyoko. —Felicidades mi niña! Da igual lo que el calendario o ellos digan, para mí siempre serás mi niñita— Afirmó rotundamente desafiando a los demás a que le llevaran la corriente.

—Me parece bien padre— Aceptó Kyoko abrazándole también.

La ronda de felicitaciones llevo bastante tiempo ya que había más invitados esperando en aquella mansión a parta de los que viajaron con ella, como los dueños del Durayama, Reino y su nueva novia, (una chica tan gótica que hacía que él pareciera hasta normal), algunos de los compañeros de reparto de Kyoko de todos sus trabajos con los que había trabado verdaderas amistades…, etc.


Continuará…

Muchas gracias por vuestros comentarios.