Ha pasado casi un año. Y por eso, me disculpo.

Pasaron muchas cosas a lo largo de este tiempo. Escribí dos series de fics (con los que he aprendido mucho, la verdad), dibujé y estudié mucho. Leí muchos libros y aprendí montón de ellos. Releí este fic en particular y oye, ¡me encanta la manera en la que lo escribí!

No espero seguir teniendo comentarios, pero voy a seguir los consejos de una sabia reviewer. ¡Gracias y, haré lo que pueda! De todas formas, este fic lo cree con intención de concentrarme en Vainilla, y es así como lo mantendré. Siempre sentí que Babú era tremendamente menospreciada y siento que la doy aprecio así. (Aunque no haga más que maltratarla) PERO BUENO.

Intentaré seguir escribiendo esto con asiudad de nuevo. ¡Feliz lectura~!


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Pervinca sintió frío. No era un tipo de frío climático, tampoco un tipo de frío sentimental – de esos que sientes cuando tu pareja te deja, o un familiar abandona el hogar. Era un frío duro, un frío líquido a la vez que podría ser agradable en cualquier momento menos ese. Se le pegaba a la piel por debajo del pijama.

No quiso abrir los ojos. Hasta aquel momento se había mantenido fiel al sueño tan placentero y ligero, siguiendo su modelo habitual. Un sueño que aun sin romper la frialdad de su carácter le daba pequeñas razones para levantarse. Se acurrucó más en sus sábanas blancas y agarró el edredón rojo de manera inconsciente.

Pero sabía que el daño ya estaba hecho. Preparada para transformar al causante en cucaracha nada más abrir los ojos, no pudo evitar ablandarse al ver a Vainilla con un hielo en la mano, esperando a que se despertara. Pero su cara decía más de lo que ellañ estaría dispuesta a decir. Por primera vez, parecía físicamente desesperada para hablar con alguien. Y Vi no iba a negarle la ayuda.

"¿Babú?" dijo con voz algo ronca, incorporándose en la cama. La Bruja de la Luz se colocó en la cama cuidadosamente, sentada en el borde y con chocolate a la taza en mano. Su cara parecía haber procesado ahora mismo que había despertado a su hermana. "¿Ha pasado algo?"

La gemela se mordió el labio. "Pervinca, necesito hablar."

La sola petición de ayuda y el uso de su verdadero nombre alertó a su hermana. Con lo secretiva que se había vuelto últimamente (principalmente para no preocupar a los demás al ver cómo perdieron las cabezas cuando se fue) le alarmó que ahora sí pidiera ayuda. Y eso era porque no debía poder con la situación. Y eso era raro, la verdad.

"Ven aquí." se inclinó sobre sus cojines, haciéndose a un lado para que se sentara. Babú se sentó en la cama al lado de su hermana. Le ofreció chocolate, y Ví tomó un pequeño sorbo para despertarse. Le dio la taza. "Babú, ¿es la pesadilla otra vez?"

La pequeña y asustada bruja de 15 años negó con la cabeza. "Es peor que eso, Vi." el uso de su apodo señaló que empezaba a calmarse. El hecho de que su hermana estuviera ahí tenía efecto relajante. "El sueño que he tenido ahora es nuevo. Es nuevo y peor. Mil veces peor."

"¿A qué-?"

"¿Vi?" interrumpió en voz baja, bajando la mirada, entristecida. "No sé qué me pasa... Estoy... perdida y... no sé qué hacer." y bajo la presión, Babú rompió a llorar. Pervinca soltó un respiro hundido. Abrazó a su hermana profundamente y con fuerza, de una manera más propia de Jim que de la fría y supuestamente descorazonada Pervinca Periwinkle.

"Siento tener que decirte esto, Babú, pero..." tembló antes de continuar. "tienes que decirme qué te pasa para poderte ayudar. No tengas miedo, ¿vale? Tómate tu tiempo."

La voz de Babú tembló durante todo el relato.


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Vainilla sólo sabía que estaba asustada. Con paso ligero y las manos en sus brazos, protegiéndose del viento, andaba hasta un acantilado. Extrañamente, notaba una mano en su brazo. Y también notaba el saberse el camino. No reconocía el lugar dónde estaba: una llanura grande, con hierba crecida y alguna flor silvestre por el camino sin marchar. Nubes que manchaban el cielo azul, gaviotas y brisa marítima.

En el acantilado había alguien aparte de la persona que la acompañaba. No sabía quién era, pero tampoco pareció importarle lo más mínimo. Algo en una esquina de su mente la impulsaba a continuar. Lo que no sabía era porqué. Daba pasos dubitativos sobre la hierba. Extrañamente, en este sueño podía sentir cada palmo de vida. Parecía real. Y aunque su mente era algo consciente de ello, una gran parte de ella no se daba cuenta.

Entonces se acercó a la persona del acantilado. Nada más dar un paso más cerca, su mundo tembló y su vista se nubló. Babú cayó al suelo de rodillas, mareada, mientras la persona delante de ella cambiaba con cada terremoto mental. Pero quedó estática un par de segundo después, y cuando estaba en sus pies, notó que sus manos se habían dormido. Pero esas manos ya no estaban. Al igual que el día anterior, parpadeaban, pero esta vez estaban destinadas a desaparecer. Y la bruja lo sabía.

Levantó la vista. "¡Jim!" una sonrisa aliviada hizo su camino a su cara, aun sin saber porqué. ¿Qué hacía su novio ahí? ¿Era una sorpresa? ¿Acaso no había visto sus manos desapareciendo?

Pero cuando Jim se giró, la mirada nublada que tenía, sin vida, hipnotizada, hizo a Vainilla retroceder. Entonces, notó la misma sensación en sus pies que en sus manos, creciendo hasta su cintura. Sabía que estaba desapareciendo, lo notaba. Le costaba moverse, como si fuera un maniquí destinado a una eterna parálisis.

Entonces, sin palabras dichas, Jim se dejó caer. Como una hoja en otoño, sin una despedida ni una lágrima. Cual muñeca sin vida, el inventor se dejó caer por el precipicio. Alarmada y notando su corazón caer con él, gritó. "¡JIM!"

Hizo lo que pudo por moverse, pero su mundo iba a cámara lenta. Se mareaba al acercarse, sus piernas no respondían apenas. Y sabía que podría salvarle, volar con él. Pero no respondía. Se sentía como una Sinmagia sin piernas. Sin verlo venir, la persona que la acompañó la empujó, precipitándola hacia el mar embravecido debajo de ella. Vainilla no se preocupó por quién la empujó. En vez de eso, se puso en posición perpendicular, todo a cámara lenta, y gritó su nombre de nuevo.

Se notaba desaparecer. Sabía que estaba desapareciendo. Suplicaba a los cielos un minuto más para salvarle, pero en el fondo sabía la tragedia que estaba por venir. Lo notaba en su cuerpo ya sin vida. ¿Por qué la dejaban con la mente, parte de sufrimiento? No lo sabía.

Pero cuando iba a tocar el brazo de Jim, la persona que era Vainilla desapareció de la faz de la Tierra y sólo pudo notar gotas de agua en su cara antes de irse.


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"No... No lo entiendo." se las arregló para decir la agitada bruja. "No es el mismo tipo de confusión que tenla con la otra pesadilla. Pero el hecho de que Jim apareciera en él..."

"Babú..." susurró Vi, conteniéndose una lágrima al ver a su hermana tan agitada. La abrazó más fuerte. "¿Sabe Jim algo de esto?"

La chiquilla sollozó un poco. "No sabe que sigo teniendo pesadillas." dijo, con voz entrecortada. "Le conté el sueño habitual pero... no sabe que estoy mal. Así de mal."

Viendo venir lo que iba a decir Vi, Babú se apresuró a defenderse. "No puedo decírselo, Pervinca. Se ha preocupado demasiado por mí. No puedo permitir que siga así."

A la Bruja de la Oscuridad le partía el alma ver a su querida hermana así. Vainilla era una persona hecha de felicidad, dispuesta a escuchar y hablar, siempre riendo. Y ahora se había marchitado. Josseff había traumatizado a Babú. Ahora era una concha vacía, llena de tristeza, algo que antes era ella en su totalidad. Quedaba algo, pero no sabía si ese algo era suficiente. Vi sabía que Jim se volvería loco si se enterara de esto, y entendía a Babú, pero no podía mantenerse esto callado para ella sola. Si ya le había guardado alguna que otra cosa, ¿qué otras cosas no le había contado? Le estaba volviendo loca.

"¿Crees que estarás bien?" preguntó Pervinca. "Quiero decir, ¿estás segura de que podrás sacarte de esta?"

Babú tuvo que pensarse las palabras para decir lo que en realidad pensaba. Pero tampoco había mucho que decir. "Antes no lo dudaba, Vi, pero ahora... temo que vuelva a por mí."

"¿Qué quieres decir, Babú?"

Suspiró hondamente, acurrucándose en Vi y quitándose lágrimas con su manga derecha. "No quiero perder mi luz, Vi. Josseff se quedó con gran parte de ella y... día a día noto algo muriendo dentro de mí. Es como si se desvaneciera y... la noto irse sin que pueda hacer nada."

Pervinca abrió mucho los ojos, aprentando aún más (si posible) a su hermana. Guardó silencio. "Vainilla... encontraremos la manera de curar... lo que sea que tengas ahí, ¿vale? No voy a dejar que te lleven abajo así. Ni yo ni nadie."

Ambas suspiraron al unísono, no queriendo moverse del sitio por si perdían el calor de la otra. Considerando que se habían dicho todo, ambas se agarraron fuertemente toda la noche, empezando a dormirse lentamente. Una vocecilla susurraba en la mente de Vainilla mientras esta dormía.

"Lo lograrás, Babú. Siempre lo has hecho."


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Pervinca se levantó la segunda aquella mañana. Inconscientemente, buscó en su cama algún rastro de Babú en su cama. No sabía qué sentir al no notarla en el colchón. Abrió los ojos despacio, parpadeando un par de veces, viendo la lluvia caer entre los cristales. Había dormido extrañamente bien aquella noche a pesar de los problemas de su hermana – quizás porque la propia presencia de su hermana la había tranquilizado.

No lo sabía, pero tampoco pensó más en el tema. Vio la taza de chocolate de ayer en su mesilla, la cogió y bajó las escaleras. Se encontró a Babú cogiendo su bufanda, con una sonrisa en su cara, por primera vez genuina en algunas semanas. "Buenos días, Babú. ¿A dónde vas?"

La chica levantó su sonrisa aún más. Vi se esperaba una cita con Jim, pero no era eso lo que había animado un poco a la chica. "Voy a ir a dar un paseo."

"¿Con Jim?"

La Bruja de la Luz se puso la bufanda color camel, dejándola floja sobre sus hombros. Vestía un jersey blanco fino de mangas francesa, vaqueros color crema y botas marrones de ante con cordones claros y algo de tacón. Se aclaró la garganta. "Em, sí. No tardaré mucho en venir. Esperadme para comer, ¿vale?"

Antes de que Vi pudiera hacer algún comentario sobre Jim o advertirla de que estaba lloviendo, Babú salió escopetada de la puerta. Pervinca alzó una ceja bajo la mirada de Dalía, quien era muy inocente en cuanto a los asuntos de Babú, Jim, y sus pesadillas. La mujer tenía bastante con sus asuntos y prefería dejarle espacio a las gemelas. Pero esta vez, intervino.

"¿Algún problema, cariño?" preguntó Dalía.

"Tengo que salir." añadió Pervinca mirando a la puerta. Se acercó a la encimera de la cocina, en la que Dalía amasaba pan al lado de un cacao caliente para Vi, y sustituyó la taza de la noche anterior por el cacao recién hecho. Lo cogió, lo bebió de un trago, se limpió los restos con la mano y subió las escaleras.

Abrió la puerta de su habitación rápidamente. Se acercó al armario y dos pasos después sacó ropa para ponerse. Un jersey, unos vaqueros y unos zapatos. Parecido a Vainilla pero en otros tonos que daban igual ahora. Lo que importaba era que Vi conocía a su hermana.

Y algo no encajaba. Mientras se cambiaba rápida y torpemente, pensó. Estaba lloviendo, y Babú no paseaba en la lluvia. No era su tipo de clima y solía o ir a casa de alguien o se quedaba en casa propia. Se refugiaba de la lluvia, no andaba en ella. Además, su respuesta fue muy cortante. Cuando mencionaba a Jim, solía sonrojarse y tocar alguna parte de su cuerpo – sus manos, su cuello, algo que Jim hubiera tocado recientemente. Era muy vergonzosa en cuanto a todo que se refiera a Jim, y aunque hubiera aprendido a controlarlo con el tiempo, seguía ahí. Si de verdad hubiera quedado con Jim, se habría puesto nerviosa. Así que iba a pasear en la lluvia ¿sola? no encajaba.

Bajó las escaleras de dos en dos y fue directamente a la puerta. "Wow, ¿a qué vienen tantas-?" antes de que Cícero terminara de hablar, Pervinca ya estaba fuera de alcance.

La Bruja de la Oscuridad corrió como nunca lo había hecho. Tomó cuidado con los charcos en su camino. Al llegar a casa de Burium, no tocó a la puerta. Dio golpes de gorila con mucha energía.

Segundos después, un Jim asustado abrió la puerta. "¡Pervinca! Por el amor de Dios, ¿qué te dije sobre-?"

"Me dan igual tus modales en las puertas de los demás. Me importa lo menos que me puede importar algo." dijo torpemente. Intentó calmarse pero acabó agarrando el brazo de Jim, pareciendo más urgente. "¿Está Babú contigo?"

La alerta interna de Jim se activó. Era así como había empezado todo, así fue cuando ella desapareció. Notó angustia subiendo desde su corazón. "¿No sabes dónde está? ¡No empecemos otra vez!"

"No es eso." le soltó el brazo al verle temblar un poco. "Me dijo que ibais a dar un paseo y sabía, simplemente sabía que era una trola."

Jim se revolvió el pelo. Cogió una chaqueta del perchero de caoba que tenía al lado de la puerta y se la puso con más prisa de la que parecía. "Creo que sé dónde está." se limitó a decir. "Vete a casa, Pervinca. Va a haber una tormenta muy fuerte pronto y no quiero broncas por parte de Grisam."

"¿Estás seguro de saber dónde está?" preguntó Vi por última vez, viéndole irse.

No le respondió. Se limitó a correr en la lluvia mientras la preocupada chica le veía marcharse, depositando sus esperanzas en Jim. Unos momentos después, al darse cuenta de lo que estaba lloviendo, corrió, pero no a su casa.

Tocó a la puerta de la casa, frotándose los brazos con frío y agua filtrándose entre las lanas de su jersey verde. La puerta se abrió no mucho después.

"¡Vi!" dijo Grisam, asombrado y mirándola de arriba a abajo. "¡Estás calada!"

Pervinca torció el gesto. "Anda, no me digas." suspiró, sarcástica. "Déjame entrar, tenemos que hablar, urgentemente."


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Jim corría. No sabía exactamente hacia qué lugar iba, pero aun sin ser consciente de ello, sus pies y su cerebro sabían a dónde ir. Apartaba hojas y piedras de su camino, notando la lluvia aún más fuerte ya en sus huesos. No le preocupaba mucho el que se estuviera mojando, pero pensar en que Babú, su Babú, estaba fuera en lluvia, sin abrigo seguramente... Dios. No quería pensar en ver a Vainilla con gripe. Mucho peor: en no poder verla porque estuviera enferma. Aunque siendo él estaría con ella aun estando enferma.

Paró un segundo para respirar, pero entonces oyó agua y la voz frustrada de alguien muy familiar. Y el tono agónico de esa persona pellizcaba su corazón con agresividad. Se dio un impulso desesperado por seguir y llegó al claro.

Y allí estaba, claro como la luna en el cielo de noche del Pueblo del Roble Encantado. Su dulce Babú estaba bajo la lluvia, y temblaba, pero no parecía importarle el frío. Se agachó a coger una de las muchas piedras que ahora formaban parte del suelo del claro, y la tiró a la cueva casera de Josseff. Al ser una cueva casera, no era tan resistente como cabía esperar. Vainilla había tirado tantas piedras que había hecho grietas en las paredes externas. Incluso bajo la dura lluvia eran perceptibles. Y Babú no era consciente de la presencia de su novio, y seguía descargando una ira hasta ahora desconocida para él. En vez de pararla, observó, perplejo.

La Bruja de la Luz tiraba piedras sin parar a la cueva, gritando palabras incomprensibles, liberando el dolor por el que pasó mientras Josseff la había tenido cautiva. Dolor. Soledad. Ansias de andar con sus pies. Luz en su organismo. Ventilaba las pesadillas por las que había pasado por su culpa. Intentaba echar a los demonios de Josseff de su consciente. Necesitaba que se fuera. Pero en el fondo sabía que allí, bajo la incesante lluvia de Fairy Oak, no iba a conseguir nada. Y también sabía que no era el día, el momento, ni el lugar.

Y al darse cuenta de ello completamente sus piernas no pudieron con el peso de la noticia. Cayó al suelo de piedras y aunque se hizo daño en las rodillas, no le importó. Estuvo ahí unos segundos, llorando a voz en grito, sabiendo que bajo la lluvia tan dura que caía ahora, nadie se daría cuenta de su dolor. Nadie menos una persona. Y esa persona corrió en su rescate.

Babú notó los brazos de alguien a su alrededor, y aun sin girarse, supo quién era. Reconocía su olor a lavanda y un toque a naranja. Ese olor con el que se iba a dormir demasiado a dormir. Y se hundió en su abrazo, sin importarle que Jim no debía saber qué pasaba. No le importó en aquel momento. Bajo aquella tormenta que empezaba, Jim estrechó a su enamorada en sus brazos, anotando lo bien que encajaba en sus brazos y que, a pesar de que la situación no pudiera ser peor, lo correcto que parecía su contacto. Estrujó su pelo húmedo por la lluvia con cariño y besó su cabeza.

"Babú... estoy aquí." no estaba seguro de si le oía, porque la lluvia estaba empezando a empeorar y la chica lloraba. Lloraba demasiado y Jim se odiaba ppr haberla dejado llorar. "No te preocupes... no me voy a ir, tranquila. Suéltalo todo."

Jim sabía que algo pasaba, siempre lo supo. Pero nunca quiso poner la mano en el fuego por si se quemaba. Y ahora temía que el fuego le hubiera alcanzado sin ni siquiera preguntar. Quería preguntar, pero sabía que no debía. Al menos, no aún. Notó a Babú calmarse un poco y arrimarse más a él, relajándose en su abrazo. Y el notarle vivo, material, real, sentía como la mejor cura a sus agonías. Siempre lo sería después de la horrible pesadilla.

El inventor se quitó la chaqueta y se la puso a Vainilla por los hombros. Ya notaba su camisa extremadamente húmeda, pero ahora no era momento de preocuparse por eso. La bruja de 15 años alzó la vista, y Jim sonrió con cariño. "Vamos a casa, Vainilla. Necesitas descansar y se aproxima una tormenta."

La cogió por los brazos y andó con ella, nunca soltándola mientras ella respiraba más tranquila. Por suerte, se calmó por completo y dejó de llorar cuando llegaron a casa de Jim. Burium no creía que la chica quisiera meterse en su propia casa, sobre todo sabiendo la charla que le caería en caso de que Vi estuviera allí. En vez de eso, Jim decidió que él se encargaría de que ella se animara.

Cerró la puerta detrás de él. Le sorprendió ver que Vainilla no se quitaba la chaqueta. Entonces cayó en la cuenta de que debía estar helada. Debía haber estado en esa tormenta unos tres cuartos de hora, llorando a grito pelado sin abrigo, exceptuando su pobre bufanda. La guió hasta su sofá y la sentó, dándo un beso en la frente a la agitada bruja. "Espera un segundo. Voy a cambiarme y buscaré algo para que te pongas."

Mientras Jim se cambiaba de ropa, Vainilla aspiró sus alrededores en silencio, reclinándose en el sofá de Jim con comodidad mientras se calentaba con la chaqueta de Jim. Detrás de ella y el sofá beige había una ventana con un diván justo delante, y justo al lado estaban las escaleras. Delante de ella había otro sofá y, entre ellos, una mesa de madera de pino con un florero y un libro. Al fondo de la sala estaba la cocina, abierta como las ventanas en primavera. Vio en el borde de su mirada un espejo de cuerpo entero de suelo, y al recordar todo lo que tenía que ver con él, retiró la mirada y suspiró.

Esperaba con toda su alma que no estuviera molestando a Jim. Era lo único que quería. Bueno, y que no le preguntara qué pasaba, porque no había manera de evitar el tema. Agarró la chaqueta de su novio y sonrió. Tenía demasiado suerte de tenerle en su vida. Quizás si no hubiera estado ahí ya no podría ver el sol todas las mañanas. Oyó a Jim en las escaleras, con camiseta y pantalones totalmente secos.

Sacó una camiseta larga y se la puso en la mano. "Ponte esto. Te prometo que estarás más cómoda."

Vainilla se acercó al perchero y dejó la chaqueta de Jim, dirigiéndose al baño que estaba al lado de las escaleras después. Al igual que su novia, el chico también se sumergió en pensamiento, sentado en la esquina de su sofá. La preocupación adornaba la armónica expresión del inventor. Sus ojos como la miel estaban algo ensombrecidos por el estado mental de su novia. Quería preguntar, pero sabía que simplemente no podía. Pero algo muy serio debía ser si estaba así. Y daban escalofríos de pensar en el amplio abanico de posibilidades.

Babú salió del baño un rato después, dejando la ropa envuelta dentro de su gran bufanda en la mesita al lado del perchero. Entonces se acercó a Jim, que no pudo evitar pero fijarse en lo maravillosa que estaba en su ropa. Intentaría dejarle ropa más a menudo, y de momento iba a quedarse esa camiseta, sin reproche disponible. Aunque no se la fuera a poner, quizás aliviaba sus días grises. Esperaba que no tuviera que ponérsela muy a menudo.

"Ven aquí." cogió la mano de su novia y la acercó aún más. Tumbados en el sofá con la chica en su pecho, Jim se aseguró de que Babú se sentía segura y cálida en su abrazo. Y lo estaba consiguiendo. Ambos abrazados, la notaba calmarse poco a poco.

Vainilla levantó la vista y miró a Jim, sonriendo dulcemente a su novio mientras notaba su pelo húmedo calar la camiseta del cielo personificado que la abrazaba con la mirada perdida en sus ojos. Babú se inclinó y le besó suavemente, notándole responder casi inmediatemente al contacto abrazándola y agarrando su mejilla húmeda. El beso era frío, ambas sus pieles frías por la lluvia de hace no mucho, y se acordaron de la tormenta viva y enfadada que tenían fuera.

Pero había una tormenta aún más apasionada dentro de la casa. Casi inconscientemente, Jim profundizó el beso, y en nada ambos estaban en una guerra de conquista de territorios, las manos de él en su pelo y mejillas y las de ella en su pecho, agarrando la tela con pasión y sumergiéndose en la batalla. Jim cambió posiciones y ahora estaba ella debajo, sucumbiendoba sus ataques.

Pararon para respirar un segundo, pero Jim siguió cubriendo sus labios de relajantes y dulces besos, viéndola sonreir. "Te he echado de menos." dijo entre respiraciones, besando su mejilla izquierda con besos mientras ella reía levemente.

Babú estaba notablemente relajada, y aun dudando que el cariño de Jim fuera a tener un efecto relajante a un largo plazo, ahora sentía que importaba poco. Rio por las cosquillas de los besos de Jim en su oreja y mejillas. "Entonces tómatelo como un..." y se le fue la respiración al verle bajar a su cuello. "una compensación..."

Y unos besos después, Jim se tumbó de nuevo bajo ella. Estrujó el pelo de Vainilla en puro amor y la notó que se iba yendo de su mundo lentamente para ir al del sueño. Soltó una leve risa al verla, menos de un minuto después, completamente dormida. "Esta chica es una caja de sorpresas."

Y no mucho después, como si el sueño fuera contagioso, se notó empezando a dormirse también con el sonido de lluvia y truenos de fondo.


[Notita:]

Quizás no tenía que haber hecho esto. En plan se nota mucho que he madurado en lo que a escritura se refiere. He madurado un poco a los personajes en este capítulo. Una Pervinca comprensiva, una Vainilla algo más... ¿expresiva? (Estaba algo fuera de personaje, pero si a tí te raptan, te amenazan con matar a tus seres queridos, te matan, revives y te roban la escencia de tu vida, ¿qué harías? Yo tendría mi momento.)

Noto la escritura algo más seria ahora. Comparado con los demás, la manera de escribir era mucho más ligera en ese aspecto. Igual es porque este capítulo era MUY largo.

Actualizaré cuando pueda (a quien lo lea)

~ Nora Kropotke