Los personajes de Skip Beat no me pertenecen, son propiedad de su creador.


— Diálogo —

"Pensamiento"

*Pensamiento alter ego* (Demonios y hadas mentales de Kyoko / Kuon)


Capitulo 64

Cuando todos comenzaron a comer y beber los deliciosos manjares que unos eficientes camareros les ofrecían, Kyoko tuvo oportunidad de estudiar la estancia. Era un salón muy grande con una larga mesa y un montón de sillas a su alrededor, en esos momentos situadas contra la pared para dejar una zona libre para bailar, que estaba abierto a una zona de estar con inmensos sofás blancos. Al fondo se veía el comienzo de una hermosa escalera y unas puertas dobles con claraboyas que supuso eran la entrada a la cocina. Todo lucía muy moderno y nada recargado para cumplir con los cánones de Lory, por lo que supuso que sería alquilado. Por otro lado, la decoración con motivo de la fiesta también llamó su atención pues era hermosa en su sencillez, nada de artículos exóticos o estrafalarios, como en las anteriores fiestas.

—Ejem, ejem…—Ren carraspeó suavemente junto al oído de Kyoko. —¿Me concede este baile señorita?— Preguntó mientras hacia una profunda reverencia con el brazo doblado sobre su estomago, como el buen galán que era.

—Por su puesto— Aceptó Kyoko sonriente y devolviendo la reverencia femeninamente.

Esta vez, no había una gran orquesta, sino una pequeño banda de músicos jóvenes que tocaba diferente palos melódicos. En ese momento comenzó a sonar una balada interpretada por la dulce voz de la cantante.

Con la maestría de siempre, Ren se deslizó por la sala elegantemente llevando entre sus brazos a su novia. Los invitados, que estaban bailando momentos antes, iban reduciendo sus movimientos paulatinamente a medida que embobados veían como la pareja se movía completamente sincronizados.

Kyoko disfrutaba del baile ajena a todo y todos los que estaban a su alrededor, sólo observaba los ojos de su novio que en esos momentos estaban clavados con un indescriptible brillo. No fue hasta que se apagó el último acorde cuando fue consciente de que ya no se encontraban sobre lo que había sido la pista de baile. Ren la soltó por un segundo que ella dedicó a contemplar el hermoso jardín situado bajo las escaleras de la terraza en la que se encontraban. Antes de poder sentir el frio sobre su piel su novio ya estaba cobijándola bajo el abrigo, que se suponía Sebastian había guardado, y cubriéndose a sí mismo con el suyo.

—Ven, demos un paseo— Dijo Ren.

Algo en la voz de Ren hizo que Kyoko lo mirara fijamente. "¿Qué le pasa?" *¿Eso ha sido una orden o una petición?* "Pues no lo sé, la verdad…".

Ren, intentando que no se notara su impaciencia, agarró a Kyoko de la mano y comenzó a bajar las escaleras. Al notar como ella se agarraba con fuerza la miró algo extrañado hasta que se dio cuenta que lo hacía para no partirse la crisma con los endemoniados tacones que lucía. "Joder con mi madre y su obsesión por los buenos tacones". Por un segundo contempló la posibilidad de regresar dentro y conseguirla algo más apropiado para caminar, pero una vez terminados los escalones Kyoko volvió a andar con la misma desenvoltura que lo hacía desde que él mismo la enseñara a desfilar. —¿Te encuentras bien para pasear?— No pudo evitar preguntar, pues como siempre sus necesidades iban primero.

—Estupendamente— Afirmó Kyoko sonriente.

Devolviendo la sonrisa Ren continuó caminando, pero esta vez en vez de llevarla de la mano, hizo que ella se agarrara de su brazo.

Cuando abandonaron el jardín con sus olorosas flores bien cuidadas entraron en una zona más boscosa y silvestre. Una suave brisa llegó hacia ellos del interior de dicha zona que llamó la atención de Kyoko. —¿Dónde nos encontramos exactamente?— Preguntó mientras aspiraba una vez más aquel olor evocador. —¿A dónde vamos?—.

Ren no contestó, simplemente sonrió y continuó andando unos metros más hasta que se detuvo al llegar a unos setos, bastante altos, que parecían interrumpir el camino. Se separó de ella y dio un par de pasos más hasta tocar el seto, se giró de medio lado y mirando a su novia apartó una gran rama, consiguiendo así una especie de entrada. —Ya hemos llegado…—Susurró con la voz algo entrecortada después de exhalar todo el aire de sus pulmones y con la mano libre la invitó a traspasar el frondoso umbral.

"En serio…, ¿qué le ocurre?". Pensó extrañada por su conducta, aunque hizo lo que él pedía, con unos pasos se puso a su altura y con una par más atravesó la apertura para pasar al otro lado. —Oh… ¡Dios Mío! —Exclamó llevando su mano temblorosa hasta su boca. —No puede ser…, no me lo puedo…— Sin ser consciente de sus actos caminó sobre la salvaje hierba hasta llegar a la orilla de un arroyo que desembocaba en una especie de laguna. —Oh Dios Mío! — Repitió emocionada.

Kyoko movía la cabeza de una lado a otro observando el espacio a su alrededor, salvo por las miles de lucecitas blancas colocadas estratégicamente que hacían que todo se viera aún más mágico, el lugar seguía exactamente igual al de su recuerdos, cómo si el tiempo se hubiera detenido. "Incluso siento que si espero veré aparecer entre los arboles a Corn…". Ese pensamiento hizo que por primera vez se percatara de que su novio no la había seguido, se giró emocionada. —No me puedo creer que me hayáis traído…—

Kyoko no pudo terminar su frase pues se quedó sin aire y su corazón se detuvo momentáneamente. Sonaba una melodía, no sabía de dónde, que identificó inmediatamente como la primera canción que había bailado con Ren. Él, liberado de su peluca y sus lentillas, caminaba lentamente hacia ella con un brillo tal en los ojos que era el causante de su falta de oxígeno, para parar a un paso de ella e hincar la rodilla en el suelo, motivo por el que su corazón dejó de latir.

Ren levanto la cabeza y miró fijamente los ojos de su novia. —Kyoko, en este mismo lugar conocí a una pequeña niña que creyó que yo era un hada, pero lo que no sabía es que en realidad ella era el ser mágico para mí, era ella la que me tenía completamente fascinado, la que consiguió que por primera vez en mi vida fuera feliz porque me quería incondicionalmente y con tanta pureza que consiguió que me sintiera también así, puro y merecedor de ser querido—.Tomó la mano temblorosa que Kyoko tenía alrededor se su propia cintura, la otra seguía tapando su boca —Te tenía a ti, mi pequeño milagro— Besó sus nudillos. —Luego te perdí por lo que me pareció una eternidad, sumiéndome de nuevo en la soledad, salvo que con más intensidad porque antes no podía anhelar algo que no había tenido— Sonrió con un leve toque de amargura recordando aquellos años. —Por algún milagro, del que esteré siempre agradecido, volvimos a encontrarnos. A pesar de mis inmensos errores, has sido capaz de quererme, de volver a hacerme feliz como sólo tú sabes hacerlo—. Sin apartar sus ojos de los de ella extendió su brazo libre con una preciosa caja de terciopelo azul noche abierta, en su interior el más exquisito de los anillos brillaba con el reflejo de miles de luces. —Por eso hoy te he traído a Kioto, a nuestro rincón secreto, para pedirte que sigas a mi lado, para que me sigas haciendo vivir entre hadas y estrellas, para que me dejes hacer aquello para lo que he nacido, amarte más y más cada día, y hacerte feliz cada segundo, de cada minuto, de cada hora de todas las que sigamos en este mundo—. Sus preciosos ojos azul iluminaban todo a su alrededor. —¿Me concederías el inmenso honor de ser mi esposa?—

0Las lágrimas surcaban las mejillas de Kyoko como el arroyo a sus espaldas lo hacía por el caudal. Aún temblando retiró la mano que ocultaba sus labios para dejar al descubierto la más sincera y emocionada de las sonrisas. Sin dudarlo un segundo se dejo caer junto a Ren y lo abrazó con absoluto fervor. —Dios Mío… Sí! ¡Por supuesto que Sí!— Exclamó con la voz cargada de emoción.

Ren con la sonrisa más deslumbrante que nadie hubiera visto jamás se deshizo del abrazo para coger la mano de Kyoko y deslizar delicadamente el anillo en su dedo anular. —Te amo—

—Yo también te amo— Susurró Kyoko justo en el momento en que sus labios se fundían en un bello y tierno beso con los de su prometido.

Tras un largo beso, abrazos y sonrisas, Ren se puso de pies para ofrecerle una mano a Kyoko. —¿Te gustaría bailar con tu futuro marido que está total y absolutamente rendido ante ti?—

—Nada me gustaría más— Aceptó Kyoko aun llorando de felicidad.

Tras quitarle con mucha ternura las lagrimas de los ojos, Ren la levantó del suelo sin apenas esfuerzo, la atrajo hacia su pecho y comenzó a moverse lentamente al ritmo de la música, mientras interiormente tanto él como Kuon disfrutaban de una felicidad y una paz como no lo habían hecho nunca.

Así se mantuvieron, sumergidos en su propia burbuja, desconocedores de que, una vez más, tras los setos ojos tan emocionados como los suyos contemplaban la escena.

Está vez eran bastantes más que tres personas quienes observaban pues no solo estaban Jullie, Kuu y Lory, también estaba María, Kouki, Kanae, Yashiro, Reino y los dueños del Durayama. En silencio se abrazaron unos a otros completamente felices, celebrando el gran momento del que habían sido testigos. Uno a uno, y sin hacer el más mínimo ruido, volvieron a la fiesta antes de que los demás invitados pudieran echarles en falta.

Después de bailar varias canciones Ren cogió de la mano a Kyoko y se adentró unos metros más entre los árboles. Allí, como si formara parte del ese hermoso paisaje natural, había una encantadora cabaña de dos plantas.

—¡Qué lugar tan hermoso! —Exclamó Kyoko. —No la recuerdo de cuando éramos niños, ¿la habrán construido después?—

—Oh ya lo creo, hace unos 5 meses para ser exactos— Sonrió Ren.

—¿Cómo lo sabes?—

Ren rebusco en su chaqueta una vez más y obligó a Kyoko a coger lo que había sacado de ella. —Feliz 18 cumpleaños! — Exclamó eufórico.

—¿Qué…?— Kyoko contempló el presente, era otra cajita muy similar a la que contenía su anillo de compromiso y en su interior había un llavero con forma de hada del que colgaban un par de llaves. —¿Qué es esto?—

—Tu regalo— Sentenció Ren llevándola hasta la puerta. —La llave pequeña abre esta puerta—

—…— Kyoko miraba las llaves y la puerta consecutivamente sin palabras. —No puedes comprarme una cabaña por mi cumpleaños…— Murmuró por fin.

—Ya lo creo que puedo, es más, no la compré, la mandé construir para ti con todo mi cariño— Echó mano de sus pucheros más potentes consiguiendo lo que quería, que ella sonriera.

—Pero me prometiste que no gastarías imprudentemente el dinero, y menos en mí…— Protestó Kyoko con un mohín.

—Lo sé— Aceptó Ren llevándose una mano al mentón como si estuviera considerando el problema que aquello suponía. —¡Pero lo gasté antes de hacer esa promesa! — sonrió como un joven pilluelo. —¿Recuerdas aquella primera mañana, después de confesarnos?—

—¿En la que tu madre te secuestró? —Preguntó haciendo memoria.

—Pues ya sabes lo que estuvimos haciendo—Asintió Ren con la cabeza. —Le conté a mamá todo sobre nuestros encuentros de niños, lo mucho que te quise ya en aquel entonces, lo feliz que me hiciste cuando era tan sumamente infeliz y que me encantaría poder darte algo que te hiciera a ti tan feliz. —No podía dejar de sonreír. —Sé qué eras tan inocente que estoy seguro de que no sabías que este sitio era propiedad privada…—

—¿De verdad? ¡No lo sabía!—Exclamó Kyoko horrorizada.

—Jajajaja, ya…— Se carcajeó Ren. —Yo siempre lo supe, de hecho disfrutaba sabiendo que incumplía la ley cuando me colaba. Bueno hasta que te conocí a ti claro, desde ese momento solo me importaba verte— Sonrió con cariño recordando. —Incluso me presenté al dueño y le pedí permiso para poder estar en sus terrenos, no quería que te riñeran ni nada parecido porque sabía que te sentirías fatal. Era un señor encantador que ya sabía que tú ibas a menudo a llorar allí pero me aseguró que no le importaba que fuéramos cuantas veces quisiéramos, siempre y cuando te cuidara y te hiciera sonreír—

Kyoko comenzó a olvidar su resistencia al regalo a medida que él hablaba de todas esas cosas que ella desconocía.

—No sé si eres consciente, pero el "hotel" de tu padre está a apenas 30 o 40 km de aquí— Explicó Ren. —Así que cuando supe que me amabas, que ibas a ser mi novia…, solo podía pensar en una cosa—

—¿Cuál?—

—Que quería estar contigo para el resto de mi vida y hacerte feliz. Entonces recordé las palabras de aquel hombre y pensé, ¿por qué regalarla un momento allí cuando puedo regalarla todos los que quiera y hacerla feliz? Así que vine hasta aquí con mi madre y lo compré todo—. Señaló con los brazos abiertos todo lo que les rodeaba.

—¿Cómo que todo? — Peguntó Kyoko con una ceja levantada.


Continuará…

Muchas gracias por vuestros de verdad que este capitulo os guste, porque para mí ha sido muy especial escribirlo.