Los personajes de Skip Beat no me pertenecen, son propiedad de su creador.
— Diálogo —
"Pensamiento"
*Pensamiento alter ego* (Demonios y hadas mentales de Kyoko / Kuon)
Capitulo 65
—¿Cómo que todo? — Peguntó Kyoko con una ceja levantada.
—Oh…, la segunda llave de ahí…— Señaló el llavero. —Es la de la puerta principal de la casa donde se está celebrando la fiesta— Aclaró como si estuviera hablando de algo tan trivial como el tiempo que hacía.
—¡Te has vuelto loco!¡No puedes regalarme todo esto por mi cumpleaños! — Kyoko no sabía si adorarle o matarle.
—Y no lo hago— Afirmo sin perder la sonrisa. —La cabaña la mandé construir para tu cumpleaños porque este siempre fue nuestro rincón secreto y así quiero que continúe—
A pesar de su enojo Kyoko no pudo evitar sonreír, pues aquel lugar siempre había sido su secreto y le encantaba que siguiera siéndolo. —¿Y la casa?—
—Oh eso…— La Sonrisa de Ren enmarcaba toda su cara. —Ese es mi regalo de compromiso—
—…—Kyoko no pudo protestar porque Ren la obligo a callar con un beso.
—No te enfades…— Pidió Ren cual perrito lastimero. —No es solo para ti, también es para mí. Sé que no siempre fuiste feliz aquí en Kioto aunque yo sí, por eso me encantaría que lo seas, que este lugar se convierta en un sitio donde crear más maravillosos recuerdos como los de hace años—
—De acuerdo…— Kyoko negó con la cabeza pero sonriendo. —Estas completamente loco pero te quiero— Se lanzó a los labios de su prometido.
—Yo más— Aseguró Ren levantando a Koyko y dando vueltas con ella entre sus brazos extasiado de felicidad.
—Bueno pues…— Comentó Kyoko divertida después de tantas vueltas, ¿puedo ver mi cabaña?—
—Sí— Ren sonrió—Pero no ahora—.
—¿Por qué? —Kyoko hizo un mohín. "No se supone que es mía".
—Jajajajajaja…Porque tenemos un montón de invitados deseando estar con la cumpleañera. Porque todos me matarían si no pueden darte sus regalos…—
—Cuantos motivos, ¿no?…— Se burló Kyoko.
—Y el más importante…— Ren levantó los brazos eufórico. —Porque me muero por contarles a todos que vas a ser mi mujer!—
—Jajajajajaja. Vale volvamos— Aceptó ella a regañadientes.
—Espera, tengo que coger algo—Ren se dirigió al garaje de la cabaña.
—No será otro regalo para mi, ¿verdad?— Le recriminó Kyoko siguiéndole.
—Oh no, esta vez no es para nada un regalo para ti— Ren la quitó las llaves de la mano, abrió la puerta, encendió la luz y sonrió ilusionado mirando su nuevo juguetito. —Tachan! Es para mí! —
Esta vez Kyoko se desternilló de la risa al ver la conducta infantil de su novio cuando se monto en su nuevo quad y le abrazó teatralmente.
—Desde que estuvimos en el complejo quería uno! — Ren daba pequeños saltitos de excitación sentado en el asiento, una conducta que no dejaría que nadie más viera salvo ella. —¡Vamos pequeña!—La animó a subirse y cuando lo hizo la pasó un casco antes de ponerse el suyo. Arrancó el motor y al salir por la puerta pulsó un botón de la pared que hizo que la puerta del garaje se cerrara sola.
Cuando llegaron a la casa grande Ren volvió a ponerse la peluca y las lentillas, atravesaron las mismas puertas del jardín por las que habían salido y entraron al comedor donde un ruido ensordecedor les recibió.
Ren y Kyoko se quedaron paralizados mientras un montón de bombas de confeti explotaban sobre sus cuerpos.
—¡ENHORABUENAAAAAAAAAAAAAAA! — Gritaron todos los presentes a voz en grito.
Estaba claro que ya no era necesario dar la noticia, la pareja supo inmediatamente quienes eran los causantes de la filtración, salvo que se sorprendieron cuando al buscar a sus padres encontraron que el grupo de sonrientes culpables era más grande de lo que hubieran podido imaginar. Decidieron hacer de tripas corazón y pasarles la indiscreción, después de todo ellos mismos lo iban a contar, además de que era tanta la felicidad que sentían que lo demás ya no importaba.
Si las felicitaciones por el cumpleaños de Kyoko fueron largas, es de imaginar como lo fueron las del compromiso. Además Kyoko tuvo que abrir un montón de regalos de todos los presentes. Sus familiares decidieron dejarlos para cuando el resto de invitados se hubiera ido porque la fiesta se estaba alargando demasiado y los aviones esperaban para llevarlos de regreso.
Ya en los grandes sofás de su nueva casa, Kyoko abrió los regalos. Kanae y Yashiro la regalaron un precioso juego de maletas.
—Ya sabes…¡para la Luna de Miel! — Exclamó Yashiro en modo moe total.
—¿Todos sabias que me lo iba a pedir?— Preguntó Kyoko ofendida por no haberse dado cuenta de lo que se cocía.
—¡Estás de broma!— Se mofó Reino. —Este hombre lleva semanas como un flan, estaba más claro que el agua—. Mantenía entre sus manos su guitarra pues acababa de darle a Kyoko su regalo, su próxima canción, ese era su regalo, una preciosa balada en la que hablaba de lo hermosos que era conocer a alguien que transformara tu vida y te hiciera sentir que por fin tenías una familia. Todos los presentes, hasta el más duro, se habían emocionado escuchándola.
—No le hagas caso cariño—Ren sacó la lengua a Reino antes de besar la cabeza de su novia.
—Bueno un poco raro sí que estabas…— Se mofó Kyoko. —Pensé que te encontrabas mal—.
Todos se desternillaron de la risa con la cara de póker que puso Ren. —No sé de lo que hablas— Aseguró.
Los dueños del Durayama regalaron a Kyoko un juego de preciosos cuchillos profesionales deseándola que siempre fuera feliz en su nueva vida y que siguiera cocinando a pesar de ser una gran estrella porque tenía un don que no debía perder.
María y Kouki la dieron un sobre que contenía las llaves de un coche que la esperaba en la mansión Takarada.
—Pero si no tengo ni carnet de con…— No pudo terminar pues su hermano se lo impidió.
—Sabía que dirías eso, toma— Puso frente a su cara otro sobre en el que aparecía su curso para conseguir el permiso de conducir. —Y no acepto quejas imôtosan—
Kyoko solo sonrió y aceptó, su hermano sabía perfectamente el efecto que tenía esa palabra en ella y la usaba a conciencia.
—¡Me toca! ¡Me toca! — Lory excitado le entregó a Kyoko otro sobre, este más grande de tamaño folio y bastante pesado.
Kyoko aceptó el sobre, temerosa de que se le habría ocurrido a su padre, Lory se caracterizaba por querer superar a todo el mundo con los regalos. Pero cuando sacó un montón de documentos y leyó por encima, sonrió con lágrimas en los ojos.
—Sé que ha tardado más de lo que esperábamos, infierno de burocracia…, y que son solo unos simples papeles pero… ¡Por fin puedo decir que eres y serás para siempre mi hija, una Takarada— Lory también tenía lágrimas nublándole la vista. —Felicidades mi niña! —
—Gracia papá!—Kyoko se puso en pie para abrazar a su padre. —No hay mejor regalo que puedas darme que esos papeles te lo aseguro. ¿Ves? A veces algo tan simple como un papel puede ser mejor que todo el dinero del mundo.
—Jajajajajajajaja— Lory se carcajeó junto a todos los demás.
—¿Qué? —Preguntó Kyoko que no pillaba la gracia, mientras se dejaba caer de nuevo en el sofá mirando a todo el mundo.
—Lee el último punto del documento— Sugirió Kouki entre risas.
—Eh…, vale…—Kyoko obedeció y leyó en voz baja quedando con la boca abierta.
"Por la presente se convierte en un miembro de la Familia Takarada de plenos derechos absolutos, sociales, civiles, económicos…, etc."
—Y yo tampoco acepto quejas sobre esto hija —Aseguró Lory cruzándose de brazos y cuadrando los hombros justo cuando Kyoko iba a protestar
—Ni nosotros! — Dijeron María y su padre al unísono.
—Ahora nosotros! —Interrumpió Jullie, sabedora de que Kyoko pensaba seguir debatiendo el asunto. —Toma cielo—La entregó una caja alargada.
Kyoko abrió la caja y sacó una preciosa tiara de piedras preciosas. —Oh que bonito…— Exclamó mientras la acariciaba.
—Me alegra que te guste cariño— Kuu dio una suaves palmadas. —Pertenece a mi familia desde hace siglos, mi madre me la dio para que mi mujer la luciera en nuestra boda— Recordó aquel momento con una sonrisa. —Me hizo prometer que algún día sería de su nieta, y yo cumplo mis promesas—
—Muchas gracias…— Susurró Kyoko.
—Espero que os de suerte y tengáis un matrimonio aun mejor que el nuestro— Jullie se limpiaba unas lagrimitas de los ojos con un fino pañuelo. —Y que algún día se la entreguéis a vuestra hija—
Kyoko dio un respingo y miró a su madre en estado de shock, dejando evidente que ella no había pensado para nada en niños.*Relájate! Que no ha dicho que los tengas mañana*.
—¿Kuon? — Añadió Jullie llamando la atención de su hijo. —Esto es para ti por todos los cumpleaños que cierto mal hijo nos ha hecho perdernos y por vuestro compromiso—.
—Mamá… ¿cuántas veces tengo que pedirte perdón? — Preguntó aceptando lo que su madre le entregaba. —¿Es el día de los sobres?— Se mofó.
Jullie levantó una ceja y le dio una pequeña colleja. —Por lo menos una más listillo— Añadió en referencia a las veces que su hijo debía disculparse. —Ábrelo y calla—.
El sobre contenía las escrituras de la casa que ocupaban sus padres en Tokio, estaba a nombre de Ren y Kyoko.
—Es un lugar perfecto para comenzar una familia— Aseguró Jullie ante la cara de asombro de la pareja. —Y no tardéis mucho que quiero ser abuela! —Susurro muy bajito al oído de su hijo.
—Bueno familia! — Lory bostezó abiertamente. —Creo que es hora de irse a la cama— Consultó su reloj.
—Ya y también es hora de que llames a la señorita Woods, para ver si ha llegado ¿verdad? —Añadió María con una infantil mordacidad.
—Eso también— Aceptó Lory ante las carcajadas de todos los presentes, luego se levantó. —Vamos a buscarnos un hueco donde dormir—
—¿Cabremos todos?— Preguntó Kyoko preocupada por los invitados.
—Jajajajaja, tranquila no hay problema— Aseguró Ren despidiéndolos con la manos mientras iban abandonando el salón.
—¿Tan grande es la casa? —Preguntó Kyoko mientras negaba con la cabeza pensando en los locos regalos de Ren.
—Mañana lo verás, vamos— La ofreció una mano para levantarse, pues él estaba sobre el reposabrazos del sofá.
—¡Pero bueno! — Exclamó Kyoko. —¿Es que no piensas dejarme ver ninguno de tus regalos? —
—Por supuesto, a eso vamos, a ver esa preciosa cabaña— Sonrió Ren tirando de ella hasta levantarla y rodearla con sus brazos. —A nuestro lugar secreto— Susurró contra sus labios.
—¿Ahora? — Kyoko se mostraba muy extrañada. —¿No vamos a dormir aquí?—
—No— Ren agarró sus dos manos y se agacho para quedar frente a frente. —Es el día más feliz de mi vida, has aceptado ser mi mujer— Hizo un gesto con la cabeza señalando escañeras arriba. —Hemos vuelto por respeto, porque es tu cumpleaños y todos querían estar contigo, pero en lo único que puedo pensar y lo único que deseo ahora mismo es en estar solos los dos—
—Vale— Kyoko no fue capaz de decir nada más.
—¿Cariño?—Ren llevaba a Kyoko cogida de la mano mientras cruzaban la casa para ir al jardín donde el quad les esperaba.—Tengo algo que consultar contigo—Dijo en tono serio.
Kyoko se paró alarmada por el repentino cambio de tono en su voz. —¿Qué pasa?—
—Jajajaja, tranquila no pasa nada, sólo es que quiero hacer algo y necesito tu opinión— Aseguró el sonriente.
—Dime— Pidió Kyoko mirándole totalmente concentrada.
—Quiero hacer pública mi identidad— Ren, como siempre, habló claramente y sin rodeos.
—Ah…— Kyoko no entendía muy bien que era lo que quería consultarla. —Me parece bien supongo… La verdad es que pensé que lo harías hace tiempo, ya sabes después de que tus padres vinieran— Reconoció.
—No quería ningún escándalo que pudiera estropear tu debut—Ren sonrió de medio lado.
—No debiste retrasarlo por mí! —Exclamó Kyoko mortificada.
—No fue solo por eso, la verdad es que tampoco me sentía preparado para hacerlo— Reconoció sin ninguna vergüenza. — Pero ahora si me gustaría hacerlo, mis padres lo están deseando y creo que ya han estado demasiado tiempo sin poder ser mis padres libremente— La agarró la cara. —Pero sobretodo quiero casarme contigo siendo yo de nuevo, que todo el mundo sepa que eres la mujer de Kuon Hizuri.
—Sí, ellos se merecen poder quererte sin restricciones, aunque reconozco que será un caos total cuando la prensa se entere— De pronto Kyoko sonrió. —Y yo tendré que aprender a tener muuuuuucha paciencia—
—¿Y eso? — Preguntó Ren sin comprender.
—Porque hasta ahora por lo menos nos librábamos de todas aquellas mujeres que los prefieren morenos, pero cuando te vean…, ¡será un infierno! — Dramatizó Kyoko simulando los desmayos que tendrían lugar.
—Jajajajaja, lo dudo— Se carcajeó Ren, pero luego se volvió a poner serio. —La única mujer que me va a preocupar lo que sienta eres tú—
—¿Qué quieres decir con eso?— Kyoko acarició su cara.
—A que no sé cómo te vas a sentir cuando deje de ser Ren Tsuruga y pase a ser Kuon Hizuri en el día a día— No pudo disimular la preocupación en su mirada.
—Eh…— Kyoko se puso de puntillas para mirarle a los ojos directamente. —Para mí no existe diferencia, pensé que lo sabías. Por mi como si vienes ahora y sales con que en realidad eres Pepito Grillo, para mí eres el amor de mi vida y punto—
—Jajajajajaja— Ren no pudo evitar reírse imaginándose transformado en un grillo gigante. —Anda vamos Pinocho…— Ya habían llegado al jardín, la ayudó a montar y partieron hacia su lugar secreto.
Continuará…
Muchas gracias por vuestros comentarios.
