Capítulo algo más cortito que los dos últimos, pero weeee

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"Será una broma, ¿no?"

Por muchas veces que Jim lo explicó, no pudo hacerles calmarse lo más mínimo. Daba vueltas a la habitación de las gemelas buscando respuestas que, en realidad, ni tenían pregunta que responder. Necesitaba pensar, buscarle la lógica. ¿Cómo podían haberla raptado estando ella en la misma cama que él? No tenía explicación alguna. O él era muy estúpido o Josseff muy listo. Tiraba más a lo segundo pero nada tachaba lo primero.

"No es una broma." dijo el inventor planamente. "No bromeo con estas cosas. Con mi novia nadie bromea. Y parece que es de lo que Josseff vive ahora: ¡de andar tocando las narices!"

Grisam arqueó las cejas. "De hecho, Vainilla parece ser que se fue por sí misma la primera vez-"

"¡CÁLLATE! ¡Me es igual!" exclamó Jim, perdiendo los papeles. Le daba igual la manera en la que hubiera pasado todo, pero había parecido que Josseff buscaba venganza. "No voy a permitir que se la lleven, ¡no otra vez!"

"¡Jim, basta!" gritó Flox, cansada de ver al chico tan posesivo y tan exasperado con cualquiera que le dijera algo. "¡Deja de preocuparte ya! ¡Babú va a estar bien, siempre lo ha estado!"

Pero parecía decir eso para convencerse a sí misma. La chica de pelo largo se cubrió la boca al darse cuenta de la dolorosa verdad: Babú tenía posibilidades de vivir, pero muchas menos que la última vez. La última vez tenía poderes para defenderse en caso de ataque, pero ahora... ahora tenía menos de la mitad de sus poderes y estaba en mal estar emocional. Flox derramó una lágrima y fue la única señal de peligro que necesitó Jim para temer por la precaria situación.

"Jim... siento decírtelo, pero..." Vi emitió un gimoteo y Grisam la abrazó, sintiendo las próximas palabras de su novia no en sus oídos, si no en su corazón. "esta vez... no hay nada que podamos hacer. No hay pistas, no hay posibilidades, ni rastros ni nada."

"¡No digas eso!" gritó Jim, queriendo de todas las formas posibles que retiraran sus palabras. "¡No es cierto! ¡Deja de ser tan negativa!"

El hijo de pasteleros notó a su novia llorar, pero soltó una risa triste. "Lleva en el ADN el ser negativa, pero..." suspiró. "Tiene razón. Cuando Vi se fugó no dejó rastros y nunca pudimos encontrarla hasta que volvió."

Jim les miró uno por uno, pasmado con lo que veía. Se estaban rindiendo – poco a poco, perdían la esperanza de ver a Babú con vida. Perdían las ansias por luchar por una de las personas que había salvado sus vidas. "Entonces, ¿se acabó?" preguntó, incrédulo. "¿Sólo podemos esperar?"

"Eso me temo." respondió Flox saliendo por la puerta. "Tengo que irme y... reflexionar. Y quizás ya llorar a Babú en privado." y se fue de la habitación.

Notando que la pareja estaba muy arrimada, Jim puso los pies en polvorosa y salió pitando poco después de que se fuera la otra. Bajó las escaleras y empezó a frustrarse de camino a casa. Irónicamente, hacía sol. Y los momentos más íntimos con Vainilla los había compartido mientras llovía. La ironía le jugaba una mala pasada. Sobre todo porque sentía que la había dejado de lado mientras ella era más vulnerable.

Flox, en cambio, sentía una gran angustia en su corazón. Había sido muy positiva a lo largo del cautiverio de su amiga, y se juró que siempre lo sería por ella, pero esta vez... era distinta. Su cerebro le dijera que dejara de buscar respuestas y que esperara a que fueran a ella. La Bruja de la Oscuridad apagó las luces de su habitación y se tiró a la cama, poniéndose boca arriba poco después.

"Babú, si estás bien... mantente viva, por favor." inconscientemente, lanzó una mano al aire encima de ella, como si en los cielos fuera a alcanzarla. Dos lágrimas cayeron de sus ojos. "Por favor, vuelve con nosotros."

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Unas horas antes...

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Babú estaba despierta. Era una de esas noches en las que tenía sueño pero en la que su cuerpo no quería cooperar. No quería cerrar los ojos, porque igual se perdía algo ahí fuera. Pero sabía muy bien porqué estaba despierta. Oh, lo sabía demasiado bien.

Miró a Jim, quien dormía a su lado como un tronco aun estando abrazado a ella como un koala. Babú no podía estar más enamorada de Jim de lo que lo estuvo en ese momento. Esa sonrisa que tenía todos los días, su voz lisa y profunda, lo sensible que era, su pelo tan enredable y azabache... era demasiado perfecto para ella. Y esas comparaciones siempre la hacían flaquear, y más de lo necesario.

Y supo en ese momento que esa era la cara con la que quería que dormiera todos los días. Tranquilo, quieto, en silencio, con los ojos cerrados y en calma absoluta. Pero ella no encajaba en ese cuadro. Había visto las ojeras en sus ojos y la preocupación subrayando su mirada. Dolía demasiado verle sufrir, al igual que a su hermana, a Grisam, a Flox, a Shirley... Todos estaban demasiado preocupados. No quería eso. No podría cargar con esa culpa. No teniendo la solución en su propia casa.

La Bruja de la Luz se desató del abrazo de Jim y le tumbó boca arriba en la cama. Le miró unos instantes y una lágrima cayó. "Adiós, Jim." y le besó suavemente en los labios, deseándole dulces sueños y yéndose, alejándose de él. Cada paso que daba dolía más que el anterior.

Se cambió de ropa con tranquilidad y bajó las escaleras con calma. Después, cerró la puerta de casa de Jim y se dirigió a la suya propia. No llovía aquella noche. Era una velada relativamente tranquila y vacía, pero sabía que sólo era un espejismo. La tormenta se la había tragado ella y se la iba a echar a Josseff en la cara y le iba a matar con ella.

Abrió la puerta de su casa suavemente y subió las escaleras hasta la habitación de invitados. Al lado de la habitación de las gemelas estaba la sala en la que dormía Josseff. La puerta estaba entre abierta. La abrió entera y vio a Josseff en la cama, durmiendo. Nada más verle notó como la ira se iba abriendo paso por sus venas de magia vacías. Esos vacíos se habían llenado de ira y ansiedad. Y el culpable era él.

Se arrodilló en la cama encima de él y le agarró de la camiseta. "Eh." le dijo en voz alta, lo suficientemente baja como para no despertar a nadie pero alta para despertarle.

"Así que has vuelto." dijo él, totalmente despierto y con ese tono tan sádico que hacían de él su peor enemigo. "Volvemos a las andadas. Me haces todo el trabajo sucio, bruja."

Le tiró al colchón de nuevo con fuerza y le agarró de los brazos. Amnésico las narices – lo que Josseff es es un buen actor. Rugió con tientes apretados, sintiendo la ira equivalente a sus quince años de perpetua felicidad. "Tú y yo tenemos que hablar."

Arqueó una ceja, pero después sonrió con ese ademán de superioridad. "Pensaba que había sido duro contigo. Pero ya veo que aún quieres más."

"Quiero verte enterrado, me es igual si no estás muerto si al final acaba matándote." dijo ella, vibrante y sádica. "Así que tú y yo vamos a tener una charla ahora mismo."

Josseff se incorporó y cogió la muñeca de Vainilla. La guió silenciosamente por la casa hasta la salida y la llevó a través del pueblo. La noche era confusa y Babú perdió pronto la noción del tiempo. Tenía tanta determinación por acabar con Josseff que le importaba poco el lugar donde rematarle. Quería sus poderes o bien dejar de preocupar a sus seres queridos. Fuese cual fuese el precio.

No tardaron mucho en llegar a los acantilados fuera de la villa. Estaba todo oscuro y sólo la luna iluminaba el prado. No había brisa aquella noche, ni una sola anomalía en el ambiente que la hiciese pensar que era un sueño. Los pasos y sus ganas de justicia eran demasiado fuertes como para ser una ilusión. Notaba como su pulso aumentaba y una especia de sed sádica la alimentaba.

Con cada paso con el que se acercaba al acantilado, se iba convirtiendo en una copia antimateria de ella misma. Su felicidad había sido reemplazada por ganas de sangre y su inocencia, en pura conciencia. La Luz ya no latía tan fuertemente en ella y en su lugar había ira y rabia. Ahora podría vengarse y acabar con esto.

Josseff se acercó al borde del acantilado. La luna creó sombra detrás de él y le hizo brillar. Parecía una diana puesta en bandeja para ella. Ella rugió de nuevo. "Terminemos con esto."

"Ven y acabemos con esto, bruja."

Y ella lo hizo. Simplemente gritó y, activando su modo agresivo y algo suicida, dejó que su ira tomara el control. No pensó. Vainilla se abalanzó sobre Josseff y cayó con él en picado desde el acantilado de Fairy Oak. Quiso decir tantas cosas, pero no pudo. En el poco tiempo que estuvo en el aire, le dio tiempo a mirar a la luna, despedirse de todos mentalmente y oír a Josseff susurrarle algo.

"Se acabó, Vainilla."

Y ambos desaparecieron en el aire del valle del Roble Encantando antes de tocar mar.

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*huyo*