¡Muchísimas gracias a Guest decirme mi error! Siempre escribo por móvil y los documentos móviles (.docx) no son soportados por Fanfiction. Cuando subo capítulo, me salen los códigos html (códigos de fuente) de cada párrafo, ¡y es imposible subirlo con tantos códigos! Ya lo he editado y está perfecto ya. ¡Gracias de nuevo!
He decidido acortar un poco el capítulo para que sea más llevadero. Espero que no noteis todos los párrafos que he tenido que borrar. (Mis bebés :'c decapitados sin amor) ¡Feliz lectura!
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Fairy Oak había perdido parte de su luz. Se veía en la cara de algunas personas, ténebres y llenas de miedo. Se rumoreaba sobre la desaparición de Vainilla como si la vida les fuera en ello. Unos decían que la habían raptado, los más negativos afirmaban que la habían asesinado. Otros que simplemente se había ido por su propia cuenta a otro lugar lejano y pocos decían que se había suicidado.
Jim les miraba de reojo. Había perdido el brillo de la esperanza conforme pasaban los días. Echaba de menos a la mujer de su vida, y supo desde el primer día que no iba a dejarla marchar de su corazón. Al menos, no hasta que pasara mucho tiempo. Quizás años. Si ella le había esperado cinco años, él podía esperar el doble si hacía falta.
Vainilla se levantó de un extraño suelo. Había notado un terreno terroso en sus dedos y oía el viento correr. Abrió los ojos. Delante de ella se alzaba un bosque de hojas moradas y noche continua. No se oía nada menos el aire correr entre árboles.
Estaba débil. Sus piernas pesaban y sus ojos querían cerrarse. Algo le decía que andara, pero estaba demasiado débil para hacerlo. Haciendo un duro esfuerzo, andó lentamente, tambaleándose por el camino.
La gente empezó a buscarla el primer día de su desaparición. Jim, Pervinca, Grisam, Flox y Tommy (el pequeño Tommy, siempre dispuesto a ayudar con el corazón en la mano) lideraron la búsqueda. Los adultos llegaron mucho más lejos y buscaron fuera de las barreras de Fairy Oak. La Banda del Capitán buscó dentro y se alejaron un poco también del pueblo. Una noche, Flox se perdió, pero la encontraron la noche siguiente en el pueblo durmiendo con Roble.
El bosque iba cambiando conforme iba caminando. Los árboles se hacían más tenebrosos y grandes, alzándose encima de ella. La brisa cosquilleaba su nuca y movía su pelo al ritmo de una marcha siniestra.
El segundo día fue igual de inefectivo que el anterior. Se mandaron cartas a pueblos cercanos y se buscó en islas lejanas a la costa. Se buscó también a Josseff, pero nada. Ambos habían desaparecido del pueblo y sólo podía esperarse lo peor. Vi y Flox cogieron un barco y recorrieron todo el río hasta su desembocadura. También buscaron en la cascada, pero no tuvo resultados. Todo el mundo volvió con las manos vacías.
La esperanza empezaba a disiparse mientras los días pasaban. Las búsquedas empezaron a separarse en el tiempo y la gente parecía envejecer cada vez más rápido. Las búsquedas se acortaron y se hicieron cada vez más tarde.
Babú no sabía cuánto tiempo llevaba allí. Quizás días, igual meses. Sabía que empezaba a debilitarse. Llevaba demasiado tiempo andando. La idea de dormir le parecía algo brillante, maravilloso. Una cama calentita... a Jim como almohada.
Miró atrás. Oh, cómo echaba de menos al pueblo. Iba debilitándose progresivamente, sintiendo como las fuerzas para luchar la abandonaban.
Pasaban los días, luego las semanas. La esperanza empezaba a irse de todas las personas de pueblo, y Babú iba desapareciendo de los corazones de los habitantes, dejando un vacío de silencio. Su nombre empezó a caer en el olvido, pero su familia no la olvidaba. Sus amigos tampoco.
Notaba un hilo de fuerza que la mantenía despierta. No sabía si al rendirse moriría o simplemente dormiría. En aquel lugar parecía que podía pasar cualquier cosa. Empezaba a tambalearse, sintiéndose perdida. Su vista se nublaba y sus ojos se cerraban. Muy poco a poco.
Llegó un momento en el que tanto Flox como Grisam empezaron a pensar que no había razones para creer en ello. Y de algún modo, Pervinca también contempló, llorosa, como no sólo Tommy perdía la esperanza para encontrarla, si no también ella misma. Era algo inevitable, y empezó a seguir adelante. Pero al ver la cama vacía de Vainilla se derrumbaba.
Aún no se había olvidado del todo.
La Bruja de la Luz cayó a sus rodillas. Su cabeza daba vueltas y su mundo empezaba a caerse de la realidad. Pero... ¿era aquella la realidad? ¿Qué estaba pasando?
¿Qué era aquella luz al fondo del camino?
Llegó el aniversario del primer mes desde la desaparición de Vainilla Periwinkle. Se hizo una pequeña fiesta en conmemoración de la desaparecida. Hubo música suave y momentos de silencio.
Jim alzó la vista al final de la fiesta. Vio la gran pancarta en la fachada del ayuntamiento con una foto de Vainilla con una rosa en la mano. Era una foto preciosa, pero aquella foto transmitió otra cosa. El inventor bajó la vista, y supo que esa sería la última imagen que vería de su novia.
Y con el último suspiro en la esperanza del pueblo, Babú cayó, inconsciente, a medio camino del Bosque Sombrío.
•
Vainilla se despertó en una cama suave de color crema. Estaba acurrucada en un gran almohadón blanco, a medio tapar y en una habitación llena de luces. Enfocó la vista. La habitación era cuadrada y dorada en su totalidad, llena de telas majestuosas y lámparas de luz cenital. Parecía sacada de un cuento de hadas.
Se sentó en la cama y buscó la señal de alguna presencia humana. Desgraciadamente, ni siquiera vio una puerta. Las paredes estaban cubiertas de obras de arte amontonadas, telas que cubrían cuadros, espejos y tocadores. De hecho, pudo verse a sí misma en uno de los espejos de la sala. Estaba despeinada y algo pálida. Sus ojos estaban algo irritados.
Se levantó de la cama y caminó un poco por la sala. Sus piernas estaban descansadas y su mente algo más despejadas, pero seguía sin saber dónde estaba. Por curiosidad, se acercó a un cuadro notablemente grande que estaba apoyado. Quitó la manta que lo cubría y un poco de polvo salió a luz. Babú tosió un par de veces y sacudió la mano en la nube de polvo.
Levantó un poco el cuadro. Era el retrato de una mujer morena, con tez pálida y ojos azules celestes. Tenía un ramo de flores amarillas en la mano y sonreía al pintor con mucha felicidad. Tenía la cabeza algo ladeada, dándole inocencia a su rostro.
La de ojos verdes sonrió con ternura. Aquella chica era la delicadeza en carne hueso. Algo parecido a lo que ella misma fue una vez, hace ya tiempo. Suspiró y dejó la pintura en el suelo, apoyado en la pared. No se molestó en tapar el cuadro y simplemente andó un poco más por la sala. Estaba teñida en riquezas y oro, pero se sentía agusto en aquel lujo. Se sentía... bienvenida.
"¿Babú?"
Dio un respingo y, poco a poco, la llamada se dio la vuelta. Se encontró con una chica igual que ella, solo que sus ojos eran algo más claros y su pelo estaba recogido. Llevaba un vestido verde claro y unas cuerdas de seda en las muñecas. Era una imagen tan mágica como surrealista.
"Ho-Hola." saludó la chica, tímida.
"No seas tímida." la voz de la desconocida sonaba con eco, y la cabeza de Vainilla retumbada con cada nota de su voz. Se agarró la cabeza con ambas manos y vio entre vista borrosa como aquella mujer se acercaba. "¿Estás bien, querida?"
Vainilla se alejó de ella y se cruzó de brazos. "¿Quién eres...?"
La segunda gemela sonrió. "No tengo nombre, pero me llamo a mí misma Alba." sonrió enigmáticamente.
Hubo un pequeño silencio mientras Alba caminaba por el lujo. Sus manos estaban entrelazadas a su espalda mientras observaba el lugar. "¿Te gusta? Es mi casa." se llevó un dedo índice a la mejilla. "Llevo aquí muchos años. Más de los que te imaginas."
"¿Cómo sabes mi nombre?"
Alba pestañeó un par de veces. "Oh." miró a sus lados. Luego soltó unas risitas y agarró las manos de Babú. "Bienvenida a tu corazón, Vainilla."
Intentando procesar la información, agarró también las manos de Alba. Pero ya no había nada que sorprendiera. "Mi... ¿mi corazón?"
Alba la miró con algo de pena. "Soy algo así como... la guardiana de tus sentimientos."
"No entiendo nada."
"Este lugar no existe, Vainilla." explicó la chica. "Es un refugio de tu imaginación, un rincón olvidado de tu mente. Controlo tu mente y... la verdad, has sido un caos desde hace un tiempo." tenía un deje de tristeza. "Hubo unos momentos en loz que esto se cubrió de oscuridad y... perdí el control. He estado mucho tiempo intentando reconstruirte y ahora... has llegado hasta aquí."
Intentando seguir el hilo de la fantasía que estaba viviendo, asintió. "Pero... ¿cómo?"
"No es fácil de explicar." comentó Alba, cruzándose de brazos, pensativa. "Josseff usó la Magia de la Luz para rodear tu corazón de Oscuridad. Sé que eso le acarreará problemas en el futuro, es una sentencia de muerte, pero no sé qué día le llegará la hora..." suspiró. "El caso es que os transformó a ambos en espíritus, y tu espíritu se transformó en emoción. Ahora estás aquí, refugiada. Fuera de este lugar está la oscuridad."
"Josseff anuló su luz con sus intenciones, por eso se ha transformado." teorizó Babú. "Pero eso no lo puede aguantar ningún humano. Y es lo que él es después de todo." añadió. "¿Qué puedo hacer para salir de aquí?"
"Ahí fuera puede haber cualquier cosa, Babú, pero la Oscuridad suele mostrarse como tus peores miedos. Puede ser un monstruo, puede ser una persona, o revivir una experiencia traumática." explicó Alba con pesadez. "El elemento opuesto, si usado negativamente, es todo lo malo que uno puede esperar."
"Eso quiere decir que..." se quedó en blanco unos segundos, no queriendo imaginarse que podía haber ahí fuera. "¿La única manera de salir de aquí es enfrentándome a aquello de lo que tengo miedo?"
"Tienes que salir de tu fase emocional." volvió a agarrar las manos de la bruja. "Y tienes que romper con las cadenas de tu mente para eso. Poco me ha faltado para apagarte y repararte. Estabas al borde de la locura..."
Babú soltó las manos de Alba y miró las cuatro paredes. Estaba lleno de telas que tapaban cosas, bien cuadros o estatuas. Así, se acercó a una de esas paredes. Recorrió las telas con las mano y revisó todos los rincones. Paró en seco al encontrarse con el espejo en el que se miró hace unos minutos. Se puso frente al cristal.
"¿Vainilla?"
Giró la cabeza para mirar a Alba, curiosa.
Alba sonrió. "Buena suerte." y desapareció.
Nada más volver a mirarse en el espejo, se horrorizó con la vista. Su pelo estaba oscurísimo y su piel estaba más blanca que el papel, con ojos negros sádicos. Podía vislumbrar sangre en las comisuras de sus labios. Aquella chica parecía tener alma propia, y pestañeaba con voluntad propia.
De repente, aquel reflejo infiel sonrió y se lanzó a por Vainilla. Babú gritó y se preparó para que aquella figura acabara con ella.
Notó como su álter ego pasaba a través de ella, quemando cada uno de sus órganos con fuego pesado y doliente. Notó como su forma oscura se mezclaba con su corazón. Mientras su interior se caía en cenizas, se dio cuenta de que aquel era el verdadero monstruo que la había matado: era ella misma, su miedo transformado en monstruo. Josseff era aquella chica, era su última arma.
Entonces comprendió que Josseff había muerto. Josseff se había transformado en odio, y el odio era algo tan pasajero como mortal. Josseff no tenía luz en su corazón, por tanto no tenía refugio. Su alma se había refugiado en sus miedos, y aquel ente era todo eso.
Pero sabía que era algo muy efímero. Notó como el aire faltaba en sus pulmones y su mirada lloraba. Sufría. Su corazón estaba en llamas, sus ojos lloraban y su estómago dolía. Aquel ser la estaba atravesando, pero Babú supo algo.
"¡NO!"
Con un grito, hizo todos los esfuerzos posibles para recordar sus motivos para luchar. Su hermana, a la que tanto quería; a Grisam, su gran amigo y soporte de sus amigos; a Flox, una de sus mejores amigas que siempre la había apoyado; Tommy, el que tanto la había querido y tanto la había idolatrado; Jim, el amor de su vida, que tanto la quería y con el que tenía asuntos pendientes; sus padres, que tanto cuidaban de ella; la hadita Felí, aquella que tanto confió en ella.
Todas sus voces se fusionaron y las imágenes de cada uno de ellos brillaron en su mente. Sintiendo un impulso, empujó a la criatura y la mandó de vuelta al espejo. La malvada chilló y cayó al vacío del espejo, desapareciendo en segundos y restaurando el reflejo de Babú.
Pero Vainilla no llegó a aguantar la presión. Su mente se apagó y se desmayó, desapareciendo en un haz de luces de la habitación. Y, estuviera donde estuviera, Alba sonrió.
