Los días pasaban en un curioso ciclo interminable entre la apertura del sol y el cierre de la luna. Las estrellas cubrirían la bóveda celeste y los magos de la Oscuridad aprovecharían para volar mientras podían, porque las noches eran cortas en verano. Jim a veces veía con malos ojos que los magos de la Luz tenían mucho más tiempo para volar, ya que los días pasaban más lentos que las noches, pero a veces atribuía aquel fenómeno a que la vida era terrible últimamente. No tenía ganas de hacer nada que no fuera morirse en la cama.
A veces daba paseos por la costa y, a veces, Babú le acompañaba. No físicamente, pero a veces sentía un calorcillo especial en sus manos, y se sentía acompañado durante sus caminatas. Otras veces, las olas susurraban su nombre y, otras, las nubes dibujaban su sonrisa. El inventor nunca pensó que su mundo, cerrado y complejo, fuera a parecer tan vacío como lo era ahora. Quizás fuera porque Vainilla había atado cabos sueltos en su vida y el que ahora ella hubiera desaparecido dejaba un gran vacío, o igual era porque la echaba tanto de menos que todo recordaba a ella: la panadería de la familia Burdock, Ví en sí, Grisam por ser el novio de su hermana, el sol, el mar... todo llevaba su nombre
Y Jim se sentía mal por ello, porque nunca se sintió tan dependiente de alguien hasta que la conoció y la perdió. Todo por no haberla abrazado lo suficientemente fuerte aquella noche.
El pueblo había recuperado su ritmo bullicioso y alegre, la gente sonreía de nuevo y... parecían haberla... olvidado. El aire místico y templado de Fairy Oak había vuelto a ser el que era, el mundo seguía su curso. Inalterado, como un camino sin rocas, algo incorruptible. Sinceramente, Jim se lo esperaba - al igual que se lo había esperado cuando Vainilla se enfrentó al Terrible 21, de nuevo cuando Josseff casi la mató, y ahora otra vez que Josseff parecía haber ganado. La respuesta es, ¿a qué coste? Josseff no había vuelto, ni siquiera a regodearse de su victoria. Nadie le echó de menos, pero simplemente se había esfumado, como si hubiera ido a por lo que buscaba y ya no quisera más que eso.
Pero en ocasiones, Jim veía a algunas personas como entes transparentes. Le pasaba muy a menudo con Flox Polimón, la colorida bruja de la Oscuridad que, aun llevando colores alegres, se percibían atisbos de negro en algunas partes de su su vestimenta, como si la desaparición de la pequeña Periwinkle la hubiera manchado. A veces caminaba cabizbaja, mirando a las rocas. Otras, miraba al sol con una amplia sonrisa que no duraba mucho.
Cuando ella y Jim se encontraban, podían ver el sufrimiento del otro. A Burium le sorprendió que Polimón estuviera tan afligida por el percance, ya que esperaba que encajaría el golpe con más endereza y que sabría enmascararlo bien tras sus risas y arcoíris. Pero iba cayendo en la cuenta de que Flox era más que ropa creativa, si no que era normal y corriente, y que su felicidad estaba basado en, aparte de confianza, en sus amigos. Y perder a uno de sus pilares debe ser muy traumático. Recuerda vívidamente que una vez fue a su casa a verle, y que ambos se vieron los ojos y se abrazaron, imaginando que Vainilla era a quien abrazaban y que la lluvia que caía eran sus pasos y saltos en su brillante mundo.
Era uno de esos días en los que, aunque no quisieras vivir, había pequeñas cosas que te empujaban. El subconsciente del chico siempre le decía que se levantara, y, aunque a regañadientes, se levantaba. Seguía adelante, tal y como Babú lo habría querido.
Salió de casa aquel día con la idea de un paseo por el bosque y una visita al viejo faro del muelle. Era una bonita tarde de verano, con el sol poniéndose como escenario. Supo que seguramente habría parejas dándose amor en la playa, pero decidió que lo mejor sería pasar de ellos como había hecho en los últimos dos meses. Caminaba con la cabeza alta y la mente en las nubes por la plaza cuando giró la cabeza un segundo hacia Roble. Delante de Roble había unos puntos amarillos en el aire, justo delante de él, y decidió acercarse.
Delante de las lucecillas había una niña que debía tener 8 años, de pelo rubio ceniza y vestido verde. Estaba agachada mirando a las luces con detenimiento, como si las contara. Con un suave ladeo de su cabeza, Jim reconoció a la chica. Era una de las pequeñas del pueblo, y según Ví, era una ávida seguidora de la luz de Vainilla, que había cuidado de ella en contadas ocasiones.
"¿Florina?" la chiquilla se giró, aún agachada. "¿Qué haces ahí?"
Ella se levantó con la gracia de una joven niña y miró al chico con mordaz actitud. "Estaba mirando las luciérnagas." la luz ladeada del sol poniéndose, anaranjada acentuaba la luz en los ojos verdes de Florina, ardientes con interés. "Esta tarde han empezado a venir. Primero vino una, luego había más..."
"¿En serio?" inquirió Jim, arrodillándose al nivel de la niña. "¿Sabes la razón?"
"No." dijo ella, simple como un folio. "Pero son bonitas, ¿no?"
Jim se levantó, viendo las luciérnagas en el aire. Al parecer, los bichitos no se movían, simplemente levitaban en el aire, mirando a Roble como si fueran a atacarle. No sabía mucho sobre la fauna de Fairy Oak, pero si ese corro delante del roble era una tradición, debía ser la costumbre más extraña que había visto en su vida. Se reincorporó, incómodo, y dio un par de palmaditas a la cabeza de Florina, caminando hacia el puerto poco después.
Pero algo simplemente no encajaba mientras paseaba.
La noche se cerró en dos horas, dos horas que Jim usó sabiamente para reflexionar sobre sus asuntos propios, e intentar dejar de pensar en Vainilla y en las luciérnagas que, por alguna no paraban de invadir su mente. Anduvo con las manos metidas en sus bolsillos, mirando sus alrededores como si fuera una última vez. Después, volvió al pueblo con la cabeza igual de liada que cuando se fue, solo que ahora estaba más relajado. Cuando llegó a la plaza, era de noche, y algunas farolas ya estaban encendidas.
Pasó por algunas calles y saludó a algunos vendedores, pero se percató de la falta de gente en el barrio. Iba mirando al suelo cuando oyó ruido proveniente de la plaza donde Roble echaba raíces. Nada más tener la plaza delante, vio un gran número de gente aglomerada delante de Roble, y no pudo evitar ser curioso. Jim se acercó al árbol a paso lente, fingiendo desinterés pero muriéndose de la curiosidad.
Rodeó el coro de personas y buscó a alguna persona conocida. Se alegró de ver a Grisam y a Pervinca (en lo que seguro que era una cita) en ropas para el frío que se cernía a estas horas en el Valle del Roble Encantado. Ambos miraban, asombrados por alguna razón, entre las personas que obstaculizaban la vista. "¡Chicos!" los dos se giraron al reconocer la voz de Jim por encima de la de la gente. "¿Qué ha pasado?"
Pervinca se acercó con su novio mientras el inventor también avanzaba hacia ellos. "No tengo la más mínima idea." dijo ella. "Pero creo que si nos acercamos un poco lo veremos."
"Busquemos un hueco, seguro que podemos ir hasta la fila de alante." afirmó Grisam agarrando la muñeca (porque a Vi no le gustaba que la agarraran de la mano) de su novia y guiándola entre la multitud, con Jim siguiéndoles por detrás. La gente susurraba sobre algo extraño delante de ellos, y eso aumentaba la curiosidad de Jim.
Y nada más llegar, ahí estaba: la congregación más grande de luciérnagas que cualquiera vería en su vida. Había mil de bichitos delante de Roble, dejando un margen entre el árbol y ellos, como si esperaran algo de la nada. Levitaban en el aire como antes del paseo de Jim, solo que ahora eran muchas más. Era un escenario precioso, y a Babú le habría gustado verlo. Sólo con pesar en ella su corazón se comprimió agresivamente en su pecho.
Pasaron los minutos sin que nada pasara, y algunas personas ya se habían ido a casa. La multitud era, aun así, generosa en número y expectación, que murmuraban sobre la naturaleza paranormal de los bichos luminosos. La luna brillaba sobre ellos sin utilidad alguna, porque aquellas criaturas ya iluminaban a Roble de por sí. Las estrellas también brillaban, como de costumbre, sólo que aquella noche ya era distinta de por sí. Ninguna noche normal había juntado a tanta gente en un mismo sitio en tan poco tiempo.
Pero, entonces, pasó algo. El corro de luciérnagas alrededor de la nada se rompió cuando un par de ellas salió del grupo y empezó a revolotear por los alrededores de la gente, pasando entre el pelo de algunas chicas y los dedos de algunos chicos, iluminando la escena con inocentes vuelos de luciérnagas. La gente miraba, maravillada, como las criaturillas se paseaban antes de volver al grupillo, juntándose con las demás que, por cierto, ahora empezaban a excitarse por algo. Daban saltitos y vibraban por algo que iba a pasar. Algo especial que llevaban esperando.
Y, de repente, se empezaron a ver destellos. Justo delante de Roble, había destellos color crema, una luz suave, una luz que no era destructiva sino sanadora. Los tres héroes se inclinaron un poco más a mirar la escena mientras la luciérnagas empezaban a subir, poco a poco, al nivel del fenómeno, dejando que la gente viera el milagro.
Las lucecillas empezaban a ajustarse a la física, dejando ver un rastro de rojo y rosa, que después fue verde por el medio y beige por arriba. Poco a poco, se distinguía una imagen que levitaba en el suelo, de pie, con los brazos algo abiertos. Se empezaba a ver un rostro dormido, flores en el pelo del color de la canela, un vestido verde, zapatos verdes, piel sonrosada... Era una cara serena, en paz, que se daba una bienvenida a la que le gente no daba crédito. Conocían esa cara. Todos la conocían.
Jim sudaba, Vi se llevaba las manos a la boca y Grisam simplemente no se lo creía. Oía a niñas gritar su nombre y a padres murmurarlo, y él lo repetía en su mente como una ruleta sin fin. Empezaba a ver como aquella chica empezaba a ser estable en el tiempo, como sus órganos se recomponían, como su piel empezaba a ser más rosada... las partículas de luz flotaban hacia ella, y las luciérnagas bautizaban un milagroso regreso.
Entonces, el proceso paró súbitamente, y Babú cayó, de pie, en el asfalto de la plaza, pero aún tenía los ojos cerrados cuando estaba en tierra. La gente contuvo la respiración, expectantes porque ella respirara. Jim, mientras tanto, se aguantaba la cabeza y los ojos en su sitio. La chica se quedó unos segundos (demasiados) quieta, hasta que pareció salir del trance y abrió los ojos al mundo.
Se abrazó unos instantes, algo temblorosa y confusa, metida en sus dudas y pensando si aquel era un mundo real o una broma cruel de su mente. Pero, al ver a las niñas en la fila del frente pestañear, expectantes, no pudo evitar aterrizar. La gente también la miraba, aterrorizada pero más bien maravillada por el milagro que acababa de ocurrir. "Estoy en casa." pensó Vainilla, llorosa. "Realmente, he vuelto..."
Suspiró hondamente, feliz y sonriente, emocionada por lo que iba a decir ahora mismo. "H-he vuelto..."
La gente empezó a gritar, feliz, y aplausos se oyeron en toda la plaza. Hasta las luciérnagas y Roble parecieron emocionarse por la noticia. Pervinca lloraba de felicidad en los brazos de Grisam, que también contenía el llanto, y, antes de que Jim pudiera ir a donde su novia, las niñas del pueblo se adelantaron. Aquellas pacientes criaturas corrieron a donde la bruja de la Luz y la abrazaron grupalmente, haciendo que la recién llegada se estremeciera de emoción y felicidad. Ella intentó abrazarlas a todas a la vez, pero al darse cuenta de que no podía al ser ellas muy bajitas y muy numerosas, se conformó con acariciar sus cabellos con dulces palabras.
Pero había alguien que necesitaba asegurarse de que su mitad estaba segura, a salvo, y esa no era otra que la siempre dura Pervinca Periwinkle. Así, la chica corrió desde los brazos de su novio a los de su hermana, que la recibió con la misma emoción que su hermana. Ambas se fundieron en un abrazo que, sin palabras, expresaba lo mucho que se habían echado de menos aquellas dolorosas ocho semanas de ausencia. Aquellas dolorosas horas de sueño en las que creía tener que acostumbrarse a la ausencia de su hermana. Vainilla estrechó fuertemente a la llorosa de su hermana, y sonrió suavemente al ver que tanto Jim como Grisam también se emocionaban con la escena. Pudo vislumbrar a la pareja formada por Acantos y Flox, abrazados, riendo de alivio y simple felicidad.
Vi se separó de su hermana poco después, quitándose lágrimas de los ojos y diciendo algo de que aquello iba a derruir su reputación. Se alejó un par de pasos para dejar paso a la bestia emocionada que era Jim, que cargaba a toda velocidad hacia Babú hasta que estaba en sus brazos, sana y salva, en la calidez de su pecho. Vainilla también le abrazó, sintiendo al chico agitarse un poco por el llanto y el alivio que sentía.
"Creía..." intentó decir en vano. "Creía que no volverías, B-Babú..."
Ella alzó la mirada con una tierna sonrisa que derrumbaba castillos a pares. "No te vas a librar de mí tan fácilmente, Jim..."
Y, sin palabras, volvió a abrazarla con fuerza, queriendo asegurarse de que aquello no era un sueño y que ya había acabado todo. Sonrió profundamente y rio.
"Se acabó. Al fin, se acabó."
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Ya era habitual el hacer fiestas por todo lo alto cuando Babú regresaba a casa. Era la segunda vez que pasaba, pero se sentía como la primera: el ánimo levantado de los habitantes de Fairy Oak, que reían y bailaban los unos con los otros. Había mucha música y bebida, muchas risas y conversaciones animadas. Aquel ambiente traía un ambiente de familiaridad a Vainilla: era todo tan bonito y normal que le encantaba, y una sonrisa boba se dibujó en sus labios.
Pero, al mismo tiempo, estaba fuera de la gente, mirando desde delante de una casa sin que nadie la viera, bebiendo zumo de melocotón fresco con leves sorbos. Tenía una mano en uno de los bolsillos de su chaqueta verde y otra sujetando el vaso, que a veces temblaba bajo su soporte. Le encantaría sentirse parte de la fiesta, pero llevaba un par de meses fuera y le costaría acostumbrarse al ambiente de nuevo. Era todo tan bonito, pero al mismo tiempo sentía que ella había creado una herida en mucha gente que cicatrizaría con el tiempo. Todavía no era su hora de regresar en mente al pueblo.
Bajó la mirada y suspiró, bebiendo de su vaso de zumo. "Odio este sentimiento. ¿Es así como se sintió Vi? Tan marginada, que no encajo en ninguna parte... y algo sola ahora mismo. Al menos yo elegí dicha soledad, y al menos sólo será por hoy."
Entonces vio una sombra delante de ella, quieta a pocos pasos de la chica. Babú alzó la vista para ver a Jim con un vaso medio lleno en la mano y la otra mano en el bolsillo de sus pantalones, justo como ella. Le dio una sonrisa y se acercó a ella, viendo la escena desde su ángulo con una mirada algo distante. Simplemente tendía a hacer eso cuando ella estaba cerca, como si desenfocara el mundo y enfocara su figura. De verdad, no lo podía evitar.
Del mismo modo, no pudo evitar ver un deje lejano en los irises de la chica, que miraba la escena con melancolía. Trorció el gesto al verla desanimada y no pudo evitar preguntar. Pero cuando iba a hacerlo, simplemente entendió qué le pasaba. ¿A quién no podía pasarle? Había estado desaparecida unos meses que parecieron años. Y él esperaba que para ella no se sintiera como más que eso. "Entiendo qué te pasa."
La bruja de la Luz le miró, confusa por su telepatía, y él suspiró tomando un trago. "Se te ve en la cara que no encajas mucho ahora mismo." dijo Jim. "No has bailado nada, ni te he visto hablar con nadie esta noche."
Ella sonrió un poquito, al igual que lo había hecho tantas veces en el pasado. "Es que..." suspiró de nuevo. "todo ha cambiado, ¿sabes? pero, al mismo tiempo, todo sigue el mismo curso que antes. Me estresa demasiado pensar que, al fin al cabo, no vaya a poder volver para quedarme."
Jim se giró para mirarla y cogió su hombro. "No voy a dejarte ir." afirmó, seguro de lo que decía. "Sé que he dicho esto más veces en el pasado, pero esta vez no voy a incumplir mi promesa."
Ella sonrió de nuevo, acercándose a abrazar a su novio. Hundió su cara en su pecho y suspiró, feliz. "Sé que no me fallarás, Jim." le notó abrazarla también y acurrucarse en su pelo. "Tengo fe en ti. Eres mi héroe después de todo..."
Se separaron un poco y se contemplaron un par de segundos antes de reír un poco, pareciendo tan inocente y juvenil de nuevo que Jim no pudo ser más feliz que en ese momento. Besó su frente y acarició su cabeza, suspirando de alivio. "No soy un héroe, Babú." dijo, sincero. "Pero haré lo que pueda para serlo."
Babú rio sonoramente, temblando de felicidad y queriendo cubrirle de besos, pero no estaban en el escenario adecuado. Respiró hondo y le notó acercarse un poco a ella, y pensó que iba a besarla, pero pareció perder la respiración y cayó en su hombro. Quizás fuera a besarla pero se arrepintiera al final de camino. Ella le dio unas palmaditas en el hombro cuando notó que la apretaba fuertemente.
"Hey, Babú." se separó de ella y se rascó la nuca. Oh, oh, estaba nervioso. "Había pensado que igual te apetecía venir... a mi casa dormir." Vainilla se sonrojó profundamente.
"Oh." miró a un lado, sonriente pero algo frustrada con su repentino comportamiento. "La verdad es que tenía ganas de pasar la noche con Ví." dijo. "Dice que me ha echado mucho de menos, y quiero aprovecharme de esa faceta tan rara que me está enseñando."
Jim se alborotó algo el pelo, sonrojado por haber sido rechazado pero entendió a su novia. "Lo entiendo..."
De repente, los ojos de Vainilla recuperaron su chispa. "Pero... puedo ir mañana, ¿te parece?" dijo, sonriente, pero su voz decía que había truco en sus palabras. Jim ni se inmutó y la besó fuertemente, no queriendo dejarla ir ni un segundo de su vida, pensando que si la dejaba ir, perdería a uno de los mayores tesoros de su vida.
Se apartó de ella, sonriente como ella, y agarró su mano con suavidad. "Vamos, anda." dio un paso hacia adelante. "La noche acaba de empezar."
Y después de unirse a la fiesta, Vainilla recuperó su lugar en Fairy Oak y bailó mucho con Jim y sus amigos, todos volviendo a caer en el corazón de Vainilla como plumas en el desierto.
Aquella noche acabó tarde, y por ello, Jim no durmió mucho. Con un sentimiento de familiaridad, se levantó de la cama y, sonriendo, salió de casa con un abrigo. No había nadie en la calle, caminaba en total soledad hacia un destino que conocía de sobra.
De nuevo y como se esperaba, Vainilla estaba ahí sentada, en el mismísimo sitio en el que se sentó la noche antes de la pesadilla. Cuando se acercó a ella, Vainilla alzó la vista y sonrió.
Entonces Jim se dio cuenta de algo: todas las sombras en los ojos y rostro de Bbaú se habían ido y, por fin, las sombras habían desaparecido de su vida.
Vainilla sonrió. Y, con eso, el mundo empezó de nuevo.
FIN.
¡Gracias a todos aquellos soles que me han apoyado durante esta travesía! Prometo que escribiré más Fairy Oak en el futuro cuando termine otros proyectos. ¡Hasta la vista!
-Nora
