Disclaimer:
Todos los personajes aquí mencionados pertenecen a la brillante mente del mangaka Masashi Kishimoto. Lo único que corre por mi cuenta es la trama de la historia.
Es de fans para fans, prohibida su reproducción total o parcial. ¡Di no al plagio!
Notas principales:
La historia se lleva a cabo en la ciudad de Comayagua, Honduras (mi país) inspirada en hechos reales; (le paso a la amiga de una amiga). Al implementar ciertos regionalismos, estos se marcan con un asterisco y serán explicados al inicio de cada capítulo.
Esta narrado en tercera persona, enfocándose mayormente en Hinata.
-pensamientos-
-recuerdos-
-dialogo-
Narración.
CAPITULO IIIEse día amaneció lluvioso y opaco; su época favorita había entrado; el invierno hacia su imponente presencia y mandaba cubrir con sus nubes el sol; azotando a quienes no estaban preparados y haciendo que cada quien buscara en lo más recóndito de su armario, desempolvando abrigos, sudaderas, gorros y bufandas. El frio estaba aquí, y con él un golpe tremendo al corazón de aquella joven risueña.
El día iba transcurriendo relativamente normal; con clientes que inundaban de autos y trabajo aquel taller; y el señor de las donas que siempre les visitaba para ofrecer el "nutritivo" conjunto de donas y jugos de maracuyá o la típica horchata*.
Y ahí estaba Hinata; atareada ese día, trabajando junto a su compañero Kiba, y el joven Lee que se les había unido; no al trabajo si no a la charla amena que se tenían. Una que consistía en las constantes preguntas de si alguien ya poseía el corazón de la hermosa peli azul; y al ser la respuesta un no rotundo, le trataban con esmero sacar toda la información posible de cómo debía ser el prospecto digno de adueñarse de tan valioso obsequio; como lo era su amor. Claro está que su lenguaje no gozaba de enriquecidas palabras; pero básicamente en eso se resumía aquella charla mañanera.
Cuando de repente la paz que había en aquel lugar se esfumo por completo, y la voz enfurecida de una mujer hizo que todos se olvidaran de lo que estaban haciendo para dirigir su vista hacia la poseedora de tan potente tímpano. Hinata miro cómo rápidamente Naruto se acercaba a ella, y al parecer trataba; en vano; de calmarla.
— ¿Quién es ella?— pregunto con miedo y confusión; —"¿Será la esposa de Naruto? Es muy hermosa…"— Una mujer de piel blanca y esbelta figura estaba el puerta del taller, con el cabello teñido de un color rosa y corto, llegándole a los hombros. Vestía un pantalón de jeans color azul y una camiseta blanca que se ajustaba al cuerpo. Tenía tomados de las manos a dos pequeños de cabellera rubia y mirada azulada, de aproximadamente 5 años.
—Es Sakura, la mujer de Naruto— contesto su compañero, con simpleza y un poco de pesar en sus palabras; no porque fuera consciente de lo que en el interior de aquella joven se desataba, no porque hubiese podido escuchar el sonido de su alma en pedazos, cayendo. No porque ella hubiese cambiado su expresión, aunque si empañado sus ojos. Él sabía más, sabía cosas que en aquel momento ella ignoraba, pero que estaba a punto de descubrir.
Estaban lejos, a unos dos metros de su posición; justo en la puerta que daba la bienvenida a las personas; pero podía notar sus expresiones. Y pudo contemplarla, pudo ver claramente a la mujer, la que tenía lo que ella más había deseado, la dueña de aquella sonrisa, de aquella mirada marina.
— ¿Están… peleando?
No sabía si había sido correcto preguntar aquello, pero al ver como Kiba bajaba la mirada y trataba de ignorar lo que estaba pasando se dio cuenta que no, no había sido lo mejor.
—Pasa muy seguido.
— ¿Muy seguido?
—Ella es…— el hizo una pausa, como buscando en su diccionario mental una palabra correcta que la describiera —… una bruja.
Hinata desencajo la mandíbula al oír aquellas palabras; y sin esperarlo alguien más ya se había incorporado a aquella nada amena plática.
—Vino a dejar los niños; que disque necesita salir a hacer unos mandados— comento un joven de cuerpo grande, y cabello castaño Akimichi Chouji, quien se encontraba cerca de la pareja gritona hace unos instantes y pudo escuchar un tramo de la conversación.
—No sé cómo Naruto sigue aguantándola— opinó con desprecio Lee.
— ¿Es… tan mala?— dijo Hinata en un susurro casi inaudible.
—Es muy celosa.
—Posesiva.
—Gritona, muy agresiva.
—Desmadrada.
—Conflictiva.
—Bien, no les agrada, ya lo entendí.
—A nadie— indicó su compañero de trabajo.
—Pero debe tener algo —Si, debe poseer algo especial que hizo que el cayera en sus redes, que él optara por hacerla su compañera —Algo especial.
—Sí, tiene un galillo* muy especial que retumba a metros de distancia y puede destruirte el oído— comento Lee.
Todos soltaron una fuerte carcajada.
—Si él está con ella… debe ser por algo.
—Le gusta que lo dominen.
—Le gusta que la mujer lo verguee*— dijo Kiba en tono burlesco.
— ¡No digan eso!
—Pues… entonces deberías preguntarle tú.
—Por supuesto que no, yo no tengo nada que ver…nada— y diciendo esto se encamino a la bodega; ¿a qué? Tal vez a huir un poco de la mirada intrigada de sus compañeros o para intentar ignorar lo que pasaba gusto delante de ella.
Admitía estar de cierta forma atraída por Naruto, pero la vida, como si de un balde de agua fría se trataba, le tiro la realidad encima. –Él ya tiene dueña, él no es para mí— debía aceptarlo, sacarlo de su cabeza, alejarse de él; sería lo más sabio.
Apretó con fuerza el mango de aquella herramienta y sintió como se hacía un nudo en su garganta; un nudo que crecía, y dolía impidiéndole hablar, impidiéndole respirar. Juro escuchar una voz en su cabeza, una que le recriminaba algo, una que lloraba como una niña desolada una que se negaba a soltar aquel sentimiento que se había formado en tan solo un mes y medio.
— ¿Olvidarlo? ¿Estás loca? No voy a soltarlo. No, no puedo aceptarlo ¿Por qué tenía que estar casado? ¿Por qué tenía que estar atado a alguien más? ¿Por qué olvide preguntarle algo tan esencial antes de hacerme ilusiones? ¡Ah! Si, lo olvidaba; porque prefería verlo como una acosadora lunática sin que él lo notara, porque decía conformarme con una sonrisa, porque me deje inundar por su mirada; porque no quería averiguar más de él, no preguntaba nada más, solo lo observaba, solo me hacía ilusiones en la cabeza, solo cree castillos de arena ¡como una tonta! ¡Tonta! ¡Tonta! ¡Tonta! ¡Hinata eres una tonta!—
— ¿Hinata?
Su voz volvió a erizar su piel, a acelerar su corazón; pero también aumento el nudo en su garganta, aumento el dolor, los insultos internos, aumento el caudal que se agolpaba en su triste mirada y que amenazaba con salir en cualquier momento.
—Así que…— respiraba con dificultad y sentía que sus manos estaban frías y temblando y esta vez no culparía al invierno – ella es tu esposa.
No escucho respuesta alguna que saliera de su boca, solo un suspiro y el sonido de su cuerpo cayendo al duro piso; se sentaba como si estuviera cansado, como si cargara un enorme peso y en ese instante, al fin, había podido descansar.
—No estoy casado, pero vivo con ella.
—Es tu mujer, es exactamente lo mismo— eso salía como un fuerte reclamo.
—Si lo ves así pues… creo que tienes razón.
— ¿Crees? Yo diría que la tengo.
Y la fase de dolor paso a una de ira incontenida, quería golpearlo y reclamarle lo que hacía con ella ¿Qué hacía? Pues ser tan amable que la enamoró, ser tan gentil que se creó una ilusión, quería patearlo y exigirle que fuera un responsable, que tomara la parte que le correspondía de aquel dolor que en su pecho sentía. ¿Porque no le dijo que era de otra a tiempo? Sí, justo el día que lo conoció y la envolvió su mirada ¿Por qué la lleno de sonrisas tan hermosas sin advertirle que saldría lastimada? ¿Por qué? ¿Por qué hizo que su corazón latiera desembocado y luego solo…? ¿Porque no le dijo que él era de otra antes que su corazón se ilusionara tanto?
Naruto la vio temblar un instante así que se levantó, se colocó frente a ella y tomo sus manos.
—Hinata ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
Ella se sentía débil, impotente; incapaz de verle a los ojos. Incapaz de cambiarlo todo.
— ¿Cómo te atreves a preguntar si estoy bien? ¡No! no estoy bien, no puedo con esto, no sé qué me pasa, no sé porque duele tanto, no sé porque mi corazón no lo quiere aceptar, no sé porque quiero llorar; ¿Qué pasa conmigo? ¿Cómo puedo amarlo si es ajeno? ¿Qué pasa conmigo?—
Y sin poder controlar más sus emociones, salió de aquel lugar a toda prisa dejando en su carrera no solo su celular y su fiel bolso de mano, también dejo un corazón confundido, aturdido, asustado.
— ¿Acaso ella esa triste por…?— lo negó rápidamente –Seré estúpido, como se va poner mal solo por… claro que no, debo dejar de hacer un castillo de naipes en mi mente—
Ella solo corrió, sin mirar atrás sin pensar que había actuado sospechosa e impulsiva; ¡vamos! Le dolía lo que es desconocido, le dolía algo que no era en su cuerpo, le dolía y mucho.
Tomo un taxi y le dio la dirección al taxista; se sentó en el asiento trasero, conteniendo aun las lágrimas pero no así la ansiedad. Necesitaba liberarse, llorar, decir lo que sentía. Necesitaba de una amiga y eso hizo, bajo del taxi toco la puerta y al verla… su corazón se terminó de romper, se avalando a los brazos de su rubia amiga y lloro, con la libertad que tanto necesitaba, con la necesidad que se lo exigía y la fuerza que el alma le pedía.
Ella le ayudo a entrar y estuvo a su lado en la recamara, sin preguntar más, solo esperando que el llanto acabara y su amiga decidiera sacar de su boca las palabras.
—Sé…—trato de balbucear – que está casado… pero no puedo… no quiero…. No se… no entiendo. Yo… no puedo…
Eran muy poco entendibles y coherentes las palabras que salían de la boca de Hinata, pero las suficientes para que Ino comprendiera. Al fin había admitido lo que tanto temía, había aceptado que se había enamorado; y de qué manera; admitía que su corazón había ignorado las normas sociales, las enseñanzas con las que ella había crecido y se había burlado en su cara enamorándose de un hombre que ya tenía un hogar; que ya tenía una mujer con la que compartía sus noches, sus días, su vida.
—No quiero seguir… sintiendo esto— decía entre llantos.
Ino solo la abrazo y la presiono fuerte a su pecho.
—Me gustaría decirte que eso es posible, que se pueden sacar los sentimientos de un día para otro pero…— hizo una pausa y respiro hondo – Uno no se desenamora de la noche a la mañana Hinata.
A lo que la joven nombrada solo opto por llorar más fuerte y abrazando a su amiga, presionada a su pecho, tratando de desaparecer, de olvidar de sanar aquel espantoso dolor, de olvidar que se había enamorado de un hombre que ya era de otra, que para ella estaba prohibido.
— ¿Me puedo quedar contigo esta noche?
—Por supuesto, ¿Crees que te dejare salir de aquí así?— y halándola a su lado la aferro entre sus brazos, ambas recostadas en aquella cama de sabanas canela, arrullándose mutuamente en un intento de hacer de aquel dolor más llevadero, compartiéndolo, dividiéndolo haciendo que el corazón de Hinata se calmara un poco y pudiera descansar en los brazos de su amiga.
No necesitaban platicar, que iban a decirse y en casos así las palabras se vuelven dagas, se vuelven cuchillas. Mejor un abrazo, un estoy contigo envuelto en el calor de aquellas tazas de chocolate caliente que calmaban el frio y el vacío del alma.
—Neji, ¿Podrías decirle a tu tío que Hinata se quedara conmigo esta noche?
— ¿Qué pasa con Hinata? ¿Está bien? No te escuchas bien ¿Qué sucede?
—Cálmate Neji, ella estará bien, es fuerte.
— ¿Acaso es culpa del idiota ese…?
—Cálmate, ese pobre no ha de tener ni idea.
—Vamos Ino, sabes cómo son los hombres, seguro su intención era enamorarla y…
—Neji, tranquilo, ahorita ella nos necesita estables y sin estar peleando, solo avísale a tu tío.
—Está bien Yamanaka, te la encargo mucho.
—No tienes ni que decirlo.
Y al colgar el teléfono volvió a la cama, a acompañar a su amiga que seguía degustando de la gran taza de chocolate que su madre les había preparado, y comiendo el segundo paquete de galletas chokis de la noche.
—Ya se van a acabar Ino, deberíamos ir por más.
—Creo que es suficiente chocolate para ti esta noche mujer—comentó Ino, soltando una risita.
—No, no me quites mi medicina— dijo en tono infantil.
—Está bien, solo unas más.
—Gracias Ino.
—Vamos, solo son galletas.
—No son solo las galletas… no sé qué haría sin ti.
—No pienso dejar que averigües eso.
—Eso espero amiga.
La noche hizo su aparición y las lluvias nocturnas llenaron el ambiente de su hermosa y relajante música, ofreciéndoles a los habitantes de aquella ciudad la oportunidad de apagar los ventiladores y dormir felices envueltos en sábanas gruesas y acolchonadas. Y así cayeron Ino y Hinata, profundamente dormidas, calentándose mutuamente y dejando que la esperanza de un nuevo día, uno más brillante, las alumbrara pronto.
