Disclaimer:

Todos los personajes aquí mencionados pertenecen a la brillante mente del mangaka Masashi Kishimoto. Lo único que corre por mi cuenta es la trama de la historia.

Es de fans para fans, prohibida su reproducción total o parcial. ¡Di no al plagio!

Notas principales:

La historia se lleva a cabo en la ciudad de Comayagua, Honduras (mi país) inspirada en hechos reales; (le paso a la amiga de una amiga). Al implementar ciertos regionalismos, estos se marcan con un asterisco y serán explicados al inicio de cada capítulo.

Esta narrado en tercera persona, enfocándose mayormente en Hinata.

-pensamientos-

-recuerdos-

-dialogo-

Narración.

CAPITULO IV

No quería asistir al trabajo, llamó al taller reportando una gripe y pues aunque le doliera decir mentiras debía buscar algo que fuera creíble y no un "pues fíjese que me di cuenta que me enamore de su empleado, Naruto Uzumaki, y pues como ya sabrán él está casado, así que ya imaginara como me siento; ¿podría darme un par de días para sentirme mejor y digerir todo esto?" vamos, eso no era posible. Así que el invierno, la lluvia y las enfermedades respiratorias era lo más lógico y razonable.

Espero te mejores pronto Hinata—comentó el hombre por el teléfono.

—Muchas gracias maistro, yo también lo espero— y me siento miserable por mentirle, discúlpeme—

Y así colgó el celular y volvió a su estado de oruga en proceso de transición, envuelta en cobijas y masacrando sus sentidos con música de Reik, Camila, Calimba, Ricardo Arjona, hasta que su hermano cansado de tanta melancolía y música depresiva entro a la habitación y apago aquel reproductor.

— ¿Por qué hacen esto?

— ¿A qué te refieres, hermano?

— ¿Acaso cuando te cortas, vienes y le hechas limón a la herida? O ¿Cuándo hay un incendio tiras un bote de gasolina? ¿Qué pretendes escuchando esta música? así no lograras mejoría.

—No lo sé, tal vez es un instinto masoquista del ser humano.

—Vamos, levántate, no más lamento, se de algo que hará que te sientas mejor.

—No quiero.

—Vamos hermana, sacude esa depresión de tu cuerpo.

—No me quiero mover, no.

—Es comida.

— ¿Comida?

—Y no cualquier comida.

— ¿No cualquier comida?

—Son súper baleadas, de la princesita*

—Está bien, eso convence a cualquiera.

Y siendo convencida por su gran amor; la comida; emprendió su caminata hacia el negocio de baleadas que quedaba a tres cuadras de su casa.

Entraron, pidieron su orden; el mismo tipo para ambos; ya se conocían los gustos.

—Nos trae 4 baleadas sencillas con chorizo y encurtido por favor, ¡Mmm! Y dos te lipton de limón.

— ¿Para comer aquí?

—Si.

—Tenga su tiquet, en un momento serviremos su orden.

—Muchas gracias.

Se sentaron en unas bancas que quedaban cerca de la gran ventana de vidrio donde podían ver a los automóviles y a las personas que pasaban por ahí; eso les parecía cómodo.

Ese lugar era para ellos donde podían hablar desde., "como amaneció el clima hoy", hasta "por qué si no cambiamos de vida nos iremos al infierno" y tantas otras cosas más.

—Yo guardare el tiquet o tú puedes romperlo con esa extraña manía que tienes— comento Neji.

—Está bien, toma— y diciendo esto paso el tiquet de la comida a su primo

— ¿Llamaste a tu maestro como te sugerí?

—Sí, pero ya no puedo cambiar mi lugar de práctica, no a estos extremos.

Neji suspiro profundo, y coloco su mano sobre la de su querida prima.

— ¿Regresarás al taller?

—Mañana volveré.

—Ya sabes lo que debes hacer, ¿verdad?

—Tratare de ignorarlo lo más que pueda; y mantenerme alejada de él, solo faltan cuatro meses más ¡Joder!

—Hinata, ¿que son esas expresiones?

—Lo siento, es la… como se llame.

Neji solo opto por sonreír, la verdad su prima estaba pasando por una prueba un tanto difícil, ella no se había enamorado nunca, así que no sabía cómo reaccionaría ella ante un verdadero enamoramiento; y eso le asustaba, porque aquel hombre podía aprovecharse de ella y eso no podía permitirlo; esa mujer era un tesoro valioso para Neji, y la protegería, sea como sea. Pero…¿Cómo proteger a alguien de sí mismo? Esperaba no tener que hacerlo, confiaba en la cordura de su prima; su hermana; confiaba que pondría sus principios ante todo, como siempre solía hacerlo, como se les había enseñado desde pequeños.

—Aquí tiene su orden, que lo disfruten.

—Muchas gracias— contestaron ambos.

Y tras un par de miradas entre ellos y a sus enormes platos sonrieron, como dando ánimos y corroborando en aquel ritual alimenticio que pasara lo que pasara; siempre se tendrían el uno al otro.

—Sabes, si cada vez que mi corazón se rompa me invitas a baleadas, valdrá la pena.

Neji soltó una carcajada.

—No digas tonterías Hinata.

—La comida lo vale todo, y lo sana todo.

—Bendita comida.

—Amen hermano.

.

.

.

Tomó aire antes de poder salir de aquel taxi que se había aparcado en el interior del taller; después de contar mentalmente hasta diez pudo abrir aquella puerta y salir al fin al exterior.

— ¡Hinata!— escucho la voz eufórica de su compañero de trabajo. — ¡Al fin regresas; ya no quería trabajar con estos pelotudos buenos para nada!

Ella solo sonrió viendo el pequeño drama que aquel moreno le hacía. Algunos de sus compañeros lo voltearon a mirar, diciendo en sus expresiones faciales «Estamos aquí».

—Eres un pendejo Kiba, ya no voy a ayudarte más— Bufo indignado Lee.

—Ven acá mi perra, solo bromeaba, no puedo estar sin ti.

Hinata se dejó embargar por las risas y las bromas que los jóvenes empleados de aquel taller hacían a su alrededor.

—Bueno, bueno, ya es suficiente despejen el área que Hinata y yo vamos a trabajar.

—Solo tú te la quedas; ella debería trabajar con todos nosotros.

—Pues como la ven que no; ahora sape, sape* buitres.

— ¿Ni yo que quería trabajar con ustedes?

—Tranquilo Lee; un día podremos hacer un trabajo, juntos.

— ¡Para que veas perro sarnoso!

—Lo hace por lastima, pero ya largo de aquí que apestas.

Eran las siete y 30 minutos y después de platicar un poco sobre cómo habían estado los cuatros días en los que ella se ausento; pasaron por fin a realizar el trabajo de ese dia, que consistía en cambiar los engranajes de una caja de cambios.

—Trae las herramientas de la bodega.

—Como ordene jefe —dijo Hinata riendo.

— ¡Ya me hacía falta oír eso!— grito emocionado.

Ella se alejó sonriendo, y llenando sus energías de la que emanaba de aquellos alegres muchachos; se reprendió a si misma por haber dejado que algo como "un corazón roto" le hiciera perder días en aquel lugar al que apreciaba mucho; amaba lo que hacía, amaba el olor a gasolina que se percibía en todo el lugar; el olor a aceite que parecía impregnarse en toda su ropa y hacía imposible el no llevar con ella ese olor hasta su actual casa.

—A ver… ¿Qué es lo que necesitamos?... esto sí, esto también… y esto

No quería que nada le perturbara la actual paz en la que estaba, disfrutando plenamente de su regreso al taller y la alegre bienvenida que le habían hecho.

—Me alegra tanto que hayas vuelto.

Y al oír aquellas palabras, las herramientas que tenía en su mano se resbalaron impactando con el cemento del suelo.

—Na…Naruto…

El mencionado se apresuró a recoger todas las herramientas que Hinata, al ser sorprendida por él había dejado caer.

— ¿Segura que ya te sientes mejor Hinata?— comento colocando en brazos de la joven aquellos instrumentos de trabajo.

—Yo…yo… lo siento, solo me sorprendiste— dijo cabizbaja en un intento de esconder el sonrojo que aparecía en sus mejillas.

—Disculpa, no fue mi intención.

—No, no te preocupes— y diciendo esto se dispuso a salir rápidamente de aquel lugar; sin contar con que la mano poderosa del rubio le sostendría el brazo y detendría su fuga.

—Hinata yo…

Este parecía algo nervioso; no podía explicar por qué la había detenido, con qué intención, porque motivo.

—No te preocupes, yo estoy bien.

Y diciendo esto consiguió que Naruto soltara su brazo y la dejara marcharse de aquel lugar.

Se apresuró por el pasillo tratando de liberar el aire que se agolpaba en su boca y calmar los latidos de su corazón; por Dios, ¿Cómo un hombre era capaz de trastornarla así? Eso no era normal, eso no podía ser normal; los libros nunca mencionaron esto; y siempre había creído que sabiendo que algo era malo su mente lo entendería y se alejaría de ese peligro... Entonces… ¿qué le hacía falta? ¿Orar más? ¿Ayuno? ¿Sacrificio? ¿Qué más debía hacer para que eso que estaba en su pecho dejara de arder cada vez que lo miraba?

Sin darse cuenta estaba de nuevo en el vehículo en el que se encontraba Kiba; ella se notaba algo agitada y pálida, como si hubiera sido sorprendida por un espectro; así que el joven al verla se preocupó y se acercó a ella.

—Hinata ¿Qué tienes? ¿Segura que ya te sientes mejor?

Le costó reaccionar un poco a la interrogante de su compañero; pero debía ser fuerte y seguir ahí, no podía dejar que el corazón y la carne le vencieran en esa batalla, no podía, no debía permitirlo.

—Yo… no te preocupes— suspiro profundamente calmando su agitado corazón y su desenfrenado respirar—… Yo estoy bien y estoy con muchos deseos de reincorporarme.

Kiba la miro un poco inconforme; juraría que algo no estaba bien en aquella joven pero si ella no quería aceptarlo él no era quien para obligarla a marcharse a descansar.

—Está bien, pero prométeme que si no te sientes bien en algún momento me lo dirás; me informaras de cualquier malestar que sientas, entendido

—Como usted ordene jefecito.

—Bien, así me gusta; vamos a revivir este muertito; empecemos desarmando esto para bajar el motor

—Ok.

.

.

.

Los días pasaban haciéndose más pesados y difíciles; más cuando se cruzaban sus pasos con los de Naruto; era tan incómodo verlo… pero lo que más le incomodaba es que el parecía estar huyendo de ella, como si supiera por lo que estaba pasando; como si quisiera ayudarle a distanciarse. Después del encuentro en la bodega y ya pasados un par de días, la indiferencia y la muralla invisible que ambos estaban creando crecía más.

Esa noche llego rendida, apenas le dio chance de hacerse un vaso de leche con canela y tomar una ducha tibia; se colocó su pijama de Mario Bross y se lanzó a la cama; quedando profundamente dormida casi al instante.

"—…No me gusta sentirte tan distante, creo que eso si duele más que el impacto de la transmisión en mi hombro…

no me gusta sentirte tan distante…

Duele…

—…no me gusta sentirte tan distante…

Hinata…

.Hinata…—"

— ¡Hinata despierta, te quedaste dormida!

—Hermano… ¿eres tú?

—Por supuesto ¿Quién más se tomaría la molestia de venir a levantarte?

—"Era solo un sueño… un estúpido y masoquista sueño"—

—Hinata ¿estás bien?

—Si… solo… tenía una pesadilla.

— ¿Qué clase de pesadilla?

—Una que no quiero recordar.

—Está bien hermana, levántate y alístate; preparare algo para que desayunes.

—Gracias hermano.

Se ducho rápidamente y desayuno en silencio; un silencio que para su hermano era de lo más inusual e incómodo; como hubiera deseado leer los pensamientos y saber que pasaba por la cabeza de su querida prima; pero es un humano y los humanos no tienen ese tipo de poderes así que debía confiar y esperar a que ella decidiera compartir con él, como siempre hacia, lo que pasaba por su mente.

—Muchas gracias por la comida hermano, estaba deliciosa.

— ¿Está todo bien Hinata? ¿Pasa algo? — ¡Vamos! Pero se estaba tardando demasiado en hablar y eso era frustrante hasta para alguien tan paciente como él.

—No, nada en particular— Comentó sin inmutarse.

—Bien…— acaso crees que puedes engañarme Hinata, te conozco demasiado bien para tu mala suerte y en estos momentos también para la mía— Cuídate mucho, hermana.

—Nos vemos en la noche.

Ella lo sabía, sabía que su hermano notaba que no estaba bien pero en estos momentos nadie podía ayudarla, debía luchar sola; solo faltaban 4 meses y ya nunca más volvería a ver a Naruto, debía soportarlo, debía ignorarlo así como lo habían logrado hacer… —Pero, ¿Por qué cojones duele tanto sentir esta distancia? ¿Por qué me duele tanto? es demasiado para mí, ya no puedo más—

.

.

.

Que has hecho valiente caballero

Que ante mi aposento te presentas

Como un carcelero, como guerrillero

Haciendo frente, contra mi corazón atentas.

Con que permiso reclamas mi alma

Como has logrado mi reino vencer

La guerra has proclamado, has roto la calma

Una batalla siniestra en mi interior vi nacer

Razón enfadada, violenta, renegada

Contra mi corazón el combate empezó

Ambos reinos luchando por tu llegada.

Revolución causaste, la paz cesó.

Quien ganara tan cruel batalla

Quien al final podrá vencer

Si en este conflicto mi mente estalla

Y mi corazón tuyo quiere ser.

Gran caballero acaba esta guerra,

Ponle final a este frio encuentro

Con tu gobierno la furia encierra

Y a ambos reinos calma el lamento

Con tu mandato, Oh! Rey tan grato

De este mi cuento, se tú mi Amor.

— ¿Qué estas escribiendo Hinata?

—Ki…Ki…Kiba, no veas, no…no es nada.

Y con la velocidad que le daban sus manos cerró aquel pequeño libro en el que desahogaba sus lamentos, en el cual podía dejar que la pluma gritara todo lo que sus labios no le permitían pronunciar. Amaba escribir, no se consideraba muy buena y básicamente no lo hacía para que el mundo lo viera o lo conociera; lo hacía como una necesidad del alma; para alguien como ella que se restringía a decir muchas veces lo que deseaba decir, aquellas páginas se volvían en su muro de desahogo, en un lugar en el que liberaba un poco las palabras que le pesaban en el andar.

— ¿Acaso tienes tareas?

—¿Tare..? ¡Ah! ¡Sí! Tenía unas tareas.

—Qué horror, yo por eso no seguí estudiando.

— ¿Hasta qué curso llegaste Kiba?

—primero de ciclo común, y la mayoría de acá ahí quedamos, bueno… A excepción del burro de Naruto que no entro a ciclo.

—Es verdad…— comento cabizbaja —… algo así me comento.

—Por cierto Hinata…

— ¿Qué pasa?

— ¿Paso algo entre Naruto y tú?

—¿Q..Qué? ¿Po…porque dices eso?— comento sin poder ocultar el sonrojo de su rostro.

—Ambos parecen muy distantes; lo que me resulta raro pues ya era costumbre verlos almorzar juntos.

—No… No pasa nada, solo no se ha dado la oportunidad— lo malo de aquellas palabras era que carecían de veracidad y convicción; por lo que el moreno solo opto por suspirar.

— ¿Sabes? Él no es mala gente— se acomodó al lado de la joven que yacía sentada en el suelo de aquella bodega recostando su espalda en la pared y presionando aquella pequeña libreta entre su pecho.— Solo tuvo muy mala suerte… lo conozco desde hace nueve años exactamente, él ya trabajaba en este taller cuando yo llegue; era un chamaco muy habilidoso con los vehículos y con muchas ganas de aprender; pasaba detrás del maistro como su ayudante y de él es que aprendió todo lo que sabe— relajo el cuello moviéndolo de un lado al otro – pasaban los años y nunca se le conoció una sola conquista; llegamos a pensar que era gay— soltó una gran carcajada— a él lo perseguían las mujeres y el amablemente las rechazaba; estaba demasiado enfocado en ayudarle a su madre y sus dos hermanos que no se preocupaba en absoluto por su vida romántica o cosas como novias o mujeres; tal vez si tenía una que otra aventura o desahogo pero nunca nada serio.

— ¿Cómo fue entonces que…?— se atrevió a mencionar la joven

—Fue una sorpresa hasta para nosotros. Varios conocíamos a Sakura y era una chava muy suelta, pasabas en bares y fiestas y tenía un mes de andar tras Naruto obteniendo los mismos resultados que las demás…— Kiba enfoco su vista al cielo de aquella bodega –… Pero no sabemos cómo consiguió tentarlo lo suficiente; una noche estuvo con ella y fue capaz de amarrarlo; pues una noche fue suficiente para que ella quedara embarazada.

— ¿Y por el embarazo Naruto decidió estar con ella?

—Fue la única razón; créeme que nunca la ha amado, la vida de Naruto se volvió un infierno desde que se juntó con esa mujer; ella es capaz de percibir el desprecio de él, pero no quiere soltarlo y Naruto es incapaz de abandonar a esos niños.

—Pero ha de ser una pesadilla hasta para los niños…

—Pero él no lo entiende, dice que no se perdonaría que sus hijos sufrieran lo que el sufrió con el abandono de su padre.

—Pobre Naruto, el peso que lleva es…

—Es un idiota.

— ¡Kiba!

—Está sacrificando su vida y deja que esta trascurra sin ningún sabor agradable, por más que sonría aquí… se nota que odia tener que llegar a esa casa y encontrarse con Sakura, no se da cuenta que su terquedad no ayuda a los niños como el cree, solo los afecta.

— ¿Le tienes aprecio?

—Es mi compañero, mi amigo… y no me gusta ver como su vida trascurre así.

Hinata agacho la cabeza, sentía como en su pecho algo dolía fuertemente y un deseo nuevo crecía.

Desearía ser yo quien te muestre, Naruto, que tienes derecho a ser feliz, que puedes y mereces ser feliz. —

—Kiba… ¿Por qué me cuentas todo esto?

El joven Inuzuka se levantó y encamino sus pasos en dirección a la puerta; pero antes de salir pronuncio con una sonrisa un tanto melancólica.

—Porque cuando Naruto compartía esos momentos contigo su sonrisa se volvía verdadera y sus ojos parecían menos oscuros; como si dentro de él algo comenzara a brillar con tanta fuerza que espantaba todas las tinieblas que lo consumían.

Y diciendo esto se marchó; dejando a Hinata sorprendida, anonadada y con un mar de interrogantes en su mente.

¿Y si realmente esto no es pecado? ¿Y si llegue aquí para salvarlo del abismo en el que caía día con día? ¿Y si estoy aquí para demostrarle que se puede ser feliz… que merece que alguien lo ame con todas las fuerzas de su corazón? …. Naruto; y si no debería alejarme, si más bien debo acercarme más y más; hasta que pueda ver como tu sonrisa brilla eternamente y la oscuridad de tus ojos se esfuma. Si tan solo pudiera recibir una tan sola señal de qué es lo correcto… ¿Qué debo hacer? ¿Dios mío que debo hacer?—