Disclaimer:

Todos los personajes aquí mencionados pertenecen a la brillante mente del mangaka Masashi Kishimoto. Lo único que corre por mi cuenta es la trama de la historia.

Es de fans para fans, prohibida su reproducción total o parcial. ¡Di no al plagio!

Notas principales:

La historia se lleva a cabo en la ciudad de Comayagua, Honduras (mi país) inspirada en hechos reales; (le paso a la amiga de una amiga). Al implementar ciertos regionalismos, estos se marcan con un asterisco y serán explicados al inicio de cada capítulo.

Está narrado en tercera persona, enfocándose mayormente en Hinata.

-pensamientos-

-recuerdos-

-dialogo-

Narración.

Beta Reader: MariaTheCharmix

-0-0-0 Regionalismos marcados:

Güirrita: muchachita, niñita.

— ¿Qué te pasa Hinata? No has tocado tu granizado de café; se va poner todo aguado y no lo vas a querer tomar.

—Lo siento Ino; es que no puedo sacarme de la cabeza la estupidez que hice; ¡joder!... – Exclamó, y golpeando suavemente la mesa con su puño cerrado, continuo— … no sé cómo podré ver a la cara a Naruto este lunes.

Era un sábado a las diez de la mañana; había decidido ir a buscar a su amiga para contarle en persona lo que había sucedido y esperaba un consejo maduro de su parte.

—Hazte la pendeja que no recuerda lo que paso.

—Estas de broma, ¿verdad?

— ¿Tienes una mejor idea? — preguntó con seriedad la joven rubia.

Hinata no supo que contestar; ciertamente no había nada inteligente en su mente que le ayudara a salir del embrollo al que ella sola se había metido.

—Seguramente me pregunte porque lo hice— Suspiro resignada—… y si eso pasa no sé qué vaya a contestarle.

— ¿Por qué lo hiciste?

—Es obvio Ino, porque me trae echando las babas por él— decía con resignación, mientras hacia circulos en la bebida usando la pajilla— porque acabo de vender mi alma por ese sujeto.

—No seas tan dramática, no puedes decirle eso. — Dijo con burla.

— ¡No se lo diría a él! ¡No estoy tan loca!

Ino sonreía al ver a su amiga tan descontrolada; era una nueva faceta de Hinata, una que nunca había visto antes y que ciertamente era muy enternecedora y divertida; como estar con un bebe que pregunta el porqué de todo y va dando paso a paso mientras los demás están listos por si cae, poder socorrerlo; pero ahí va, caminando poco a poco aprendiendo cosas que antes no había experimentado y dándose cuenta que en esta vida no se nace para ser un robot perfecto; no, que aburrido seria; Hinata estaba por primera vez aprendiendo a vivir en un mundo fuera de su burbuja, fuera de sus dominios donde el viento soplaba como quería, donde ella desconocía donde iba a parar.

— ¿Y te arrepientes de haberlo hecho?... Hinata.

A lo que la mencionada solo bajo su rostro claramente sonrojado hasta las orejas, y trato de evitar la mirada de su amiga; y obviamente alego demencia y no contesto aquella pregunta… ¿se arrepentía? Por supuesto que no, lo volvería a hacer de tener oportunidad, quería sentirlos, pero no tan leve, quería sentir la profundidad de aquella boca, quería sentir la ferocidad de aquellos dulces labios.

—Con eso respondes a mi pregunta— rio burlona Ino.

—Me iré al infierno, me iré al infierno por pecadora, me calcinaré, ¡carne mía te reprendo!

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Los lunes se han tachado de espeluznantes, de terribles; pues claro, quien quiere despedirse de lo hermoso que es despertar tarde el fin de semana, dejar desactivada la alarma, enemiga de las nuevas generaciones. Y ahí estaba ella, peleando con su responsabilidad ese lunes, sin deseos de mover un musculo; y no porque ella aprecie pasar horas durmiendo, aunque sí, también es motivo; pero el principal se llama NARUTO UZUMAKI, no quería ver su rostro después de lo acontecido la noche del viernes, no quería que le pidiera explicaciones, y que le temblara la voz cuando tuviera que fingir que fue un "error" de cálculo, y que al querer despedirlo con un amistoso beso en la mejilla, sus cálculos fallaron y por esta causa, sus bocas se encontraron esa noche, en lo que se puede denominar un casi beso, un frustrado deseo de los labios por encontrarse frente a frente.

—Hinata ¿estás bien?— Pregunto su primo Neji, quien al notar que ella no se había levantado, acudió a su habitación algo preocupado. —… ¿Estas enferma? ¿No iras al taller hoy?

Ella sintió deseos enormes de contar a su hermano lo acontecido, pero sabía que él no lo tomaría en bien, que lo más probable es que se decepcionaría grandemente de ella y eso no podría soportarlo.

—Si iré, solo… tengo algo de pereza y no me quiero levantar— contesto cubriéndose totalmente con las sabanas, evitando el contacto visual con Neji.

—Bien…— contesto un poco descontento—… ya es tarde, no te atrases mucho.

—Huh-hum— susurro –No te preocupes, en un momento estaré lista.

Y luego de escuchar el sonido de la puerta al cerrarse ella se animó a salir de las sabanas y hacerse responsable de sus actos. ¡No era una cobarde! … ¿o sí?

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No te eches para atrás.

Respira hondo, esto no es nada.

Finge demencia.

¡Trágame Tierra!

Tomo valor y bajo del taxi que amablemente la dejo en el interior del taller.

—Me llama media hora antes joven.

—Sí, muchas gracias y que pase feliz día.

—Igualmente señorita Hinata.

Vio salir el vehículo y luego dio un vistazo general al taller, todo estaba tranquilo; había ya un par de clientes que platicaban con los respectivos mecánicos oficiales, los ayudantes ya buscaban las herramientas para empezar su labor… y en la oficina del maistro, justamente hablando con este, se encontraba Naruto.

Hinata suspiro profundo, no pensaba tocar el tema si Naruto no lo hacía primero; optaría por la recomendación de Ino, fingir demencia. Encamino sus pasos hasta donde se encontraba su jefe inmediato, Kiba, quien degustaba plácidamente de una bolsa de golosinas.

—Kiba, buen día.

— ¡Ey! Hinata ¿Qué tal? ¿Lista para comenzar a trabajar?

— ¿Ya tenemos asignado el trabajo de hoy?— Pregunto mientras se acomodaba en aquella mesa, sentándose a la par de su compañero.

—Sí, debemos cambiar unas fricciones y líquido de frenos al vehículo blanco que está cerca de la entrada.

— ¡Oh!... ya veo, entonces dime cuando y empezamos.

—Tranquila, ¡je!, ¡je!, ¡je!... empezaremos a las ocho, ya sabes… hay que llevarla suave.

— ¡Ja!, ¡Ja!, ¡Ja! Si… como digas.

Justo en ese momento Naruto se acercó a ellos sin que la joven lo percibiera.

—Hinata, a ti te quería ver.

La mencionada se sobresaltó al escucharle tras de ella y más, al imaginar las razones del por qué la quería ver precisamente a ella.

—Na…Na…Naruto— Le llamo sin poder evitar el tartamudeo.

Este solo sonrió al verla tan ruborizada y nerviosa.

—El maistro— indico el joven rubio –me ha pedido ir a revisar un vehículo fuera del taller, y me dijo que podía llevarte conmigo.

— ¿A…mí?— pregunto extrañada.

— ¿Por qué no? ¿No te apetece ir?

—No, no es eso— comento rápidamente – Solo me sorprende, nunca me han mandado fuera del taller.

—Bueno… hoy será el día— Dijo Naruto, con una sonrisa en el rostro

Ella solo sonrió, para luego enfocar su mirada en la de su compañero de trabajo.

— ¿No hay problema que vaya?— pregunto a Kiba.

Este suspiro profundamente y luego sonriendo tranquilamente le contesto:

–Claro que no, ve, haz tu mejor esfuerzo vaquera.

—Prepara una caja completa de herramientas— Le indico Naruto a la joven.

— ¡Ok!— y diciendo esto se bajó de un salto de la mesa en la que se encontraba sentada y se encamino hacia la bodega.

Al verla lo suficientemente lejos, Kiba cambio la tranquilidad de sus facciones por una seriedad más profunda.

—Ten mucho cuidado de lo que haces Naruto, no vayas a lastimar a alguien.

Naruto sin apartar la vista de la dirección que había recorrido Hinata le respondió:

—Hago lo que está en mis manos por mantenerla a salvo… es solo que…

Kiba suspiro profundamente

–No eres tu quien me preocupa, es…

—No tienes ni que nombrarla— Le interrumpió Naruto.

— ¿Piensas acaso estar con las dos? Naruto, puede que Hinata se esté ilusionando en vano.

—Desde hace mucho he pensado separarme de Sakura…— contesto enfocando su mirada en la del joven Inuzuka —… pero sabes que no he podido, mis hijos son lo más importante en mi vida, y no soportaría perderlos…— agacho el rostro que de un momento a otro se había ensombrecido— … con respecto a Hinata, hice lo que pude para alejarla de mi… pero es tan…

— ¿Terca?...— Pregunto burlón.

—Inocente diría yo, creo que sabe lo que siento y se está arriesgando… no sé qué tenga en su mente.

—Entonces… ¿Por qué mejor no te alejas, la evitas?

—Eso no funciono…— pronuncio con una melancólica sonrisa —…Ya lo intente… créeme.

— ¿Piensas dejar que se ilusione más?

—Es que me atrae demasiado hacia ella, no quiero dañarla, pero ya no me siento con deseos de seguir alejándola de mi lado…

Kiba elevo su vista, enfocándola en el cielo de metal que los cubría y dejo que sus labios emitieran un suspiro, para luego continuar…

—Espero que sepas lo que haces Naruto.

—Yo también Kiba, créeme que yo también.

—No la vayas a herir.

—Nunca me perdonaría eso.

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—Dices que no te pregunto nada— Comento con sorpresa su amiga, tras el auricular del celular.

—Y estuvimos juntos todo el día…

—Es extraño.

— ¿Será que no fue importante o significativo al menos?— Dejo escapar un suspiro.

—No digas eso Hinata, quizás…— Dijo esperanzadora—… seguro que está esperando que tu des el primer paso.

— ¿No fue ese beso el primer paso?

—Quizás piensa que fue un error de cálculo…

La charla telefónica entre las dos amigas fue interrumpida por el sonido de la puerta de madera que se abría lentamente; mostrando medio cuerpo de Neji, que aguardaba aun sin adentrarse totalmente a la habitación.

— ¿Sucede algo hermano?— Pregunto Hinata.

—Solo te estoy esperando para preparar la cena…

— ¡Oh!— dijo sorprendida –Lo había olvidado, dame un par de minutos.

—Estaré picando el tomate, recuerda que es huevo entomatado…

—Me engordaras con tus comidas deliciosas— Dijo entre risillas la joven.

—No te preocupes, cuando sea medico trataremos tu problema de obesidad.

— ¡Ja!, ¡Ja!, ¡Ja!, eso espero hermano.

— ¡No te tardes!— Exclamo con un tono más fuerte, desde la sala principal.

Hinata se despidió de su amiga, quien refunfuñando accedió a continuar la conversación vía mensaje, una vez que Hinata hubiera acabado la cena.

—Por eso me cae mal Neji…

—Vamos Ino, ¡Je!, ¡Je!, ¡Je! Ustedes se llevan muy bien, solo son diferencias… un poco abismales.

— ¿Solo un poco?— Pregunto sarcástica.

—Como sea… debo ir a preparar la cena.

—Bien, hablen de comida frente a los hambrientos.

— ¡Ja!, ¡Ja!, ¡Ja! Si eres dramática.

—Te amo mi Güirrita* loca— Dijo con dulzura.

—Y yo a ti Ino…

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Los días pasaban rápidamente, como pasa una ráfaga de viento en otoño levantando las hojas caídas de los árboles y haciéndolas revolotear de acuerdo a sus deseos. Así se encontraba Hinata, a la deriva, simplemente siendo llevada por el viento del destino que, a veces puede hacernos quedar atascados en algún ramal, o llevarnos libremente por prados verdes y hermosos.

Ella no se quejaba, pese a que Naruto no había tocado el tema del "beso" que había acontecido la semana anterior, justamente siete días a la fecha, las miradas risueñas, las sonrisa compartidas y uno que otro juego de coquetería les había acompañado toda esa semana. Sin tocar temas relacionados a los sentimientos mutuos, se reunían, sin un previo acuerdo, cada día a la hora del almuerzo en la bodega del taller, apreciando esos momentos como los más valiosos del día y los más esperados para ambos.

—La semana pasa muy rápido, ¿no crees, Hinata?

—Sí, demasiado…— contesto risueña.

—¿Qué tienes planeado este fin de semana?— comento, tomando con su mano derecha la última tortilla con quesillo que le quedaba en el plato.

—Pues…— indico pensativa —… ¡Oh es verdad!... tengo reunión en el colegio.

Y después de degustar un poco de aquella pieza de pollo, le pregunto.

— ¿Tu saldrás?

—No, solo iré a jugar con los muchachos el domingo…

— ¿Los del taller?

—Si… — y tras unos segundos de silencio prosiguió— ¿te gustaría acompañarnos?

Hinata enfoco la vista hacia el rostro de Naruto, que en un intento de evitar la mirada de la joven había bajado, observando solamente el plato vacío.

Ella sonrió cálidamente, esos ataques de vergüenza que rara vez podía contemplar en el rubio, le resultaban en demasía encantadores, ¡Como negarse!

—Sería un gusto… pero solo seré la animadora, ¡je!, ¡Je!, ¡Je!... jugar no se me da muy bien.

—No te preocupes— Contesto más animado – Pasare por ti a las diez.

—Muy bien, te estaré esperando.

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El partido había culminado, y Naruto y Hinata se encaminaron al vehículo del rubio, quien amablemente abrió la puerta del copiloto para que la joven ingresara.

Ambos permanecieron un rato dentro del vehículo, sin salir de aquel lugar, como tratando de detener el tiempo y poder permanecer más en compañía del otro, compañía tan placentera, pero a la vez peligrosa.

—Casi te duermes— Dijo Naruto a la joven.

—Lo lamento— Comento risueña –Admito que el futbol me aburre.

— ¡Ja!, ¡Ja!, ¡Ja! Pues debiste decirme, te hubiera llevado a otro lugar que te aburriera menos.

—Vamos Naruto, era tu juego, no podías cancelarlo.

—Por ti lo hubiera hecho— Dijo sin premeditación.

— ¿De verdad?— Pregunto Hinata con la emoción reflejada en su mirada.

—Por supuesto, no lo dudes. — Comento Naruto mirándola fijamente con un brillo cautivador que provoco un leve sonrojo en las mejillas de Hinata, y que la hicieron bajar su rostro, rehuyendo aquellos ojos profundos como el océano.

Naruto respiro, trato de calmar sus impulsos y enfoco su vista al frente, encendió el vehículo y sin decir más palabras emprendió la marcha.

Pasaron veloces por el pavimento, ambos con el corazón agitado y contraído por un dolor que había surgido en el instante que se dieron cuenta que se habían dejado llevar por sus emociones; y que para ellos no estaba permitido aquel desliz. Por eso no decían más palabras, por temor que su corazón imprudente les hiciera decir lo que ambos sentían.

El vehículo se detuvo frente a la puerta de la casa de Hinata. Ella salió, y antes de adentrarse en su hogar se dio media vuelta y con una melancólica sonrisa se dirigió a Naruto.

—Aunque el futbol sea aburrido para mí— Respiro profundo, y busco su mirada – Hoy ha sido un gran día. Gracias.

Naruto sonrió, igual de triste que la que ella le había regalado.

— Para mi tan bien ha sido un gran día.

—Nos vemos mañana, Naruto.

—Hasta mañana, Hinata.

Y así entro a su casa, con la respiración sofocada, y aquella voz interior peleando con sus sentimientos, recriminándole, condenándola.

¿Debería irme? Estaría haciendo lo correcto aunque perdiera mi práctica, al menos no perdería mi cordura, no perdería mis principios… porque no sé cuánto más pueda contenerme. Nunca pensé que… que amar doliera tanto.

Y con unas lágrimas que retenía en sus ojos se apresuró a encerrarse en su cuarto, y caer en la cama, boca abajo, dejando en su almohada el rastro de unas pequeñas gotas que salían de sus ojos sin poder contenerlas.

— ¿Es el amor una bendición o una maldición? ¿Cómo puede arrastrarnos, algo tan puro...?— murmuró—¿Cómo puede arrastrarnos al pecado?

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—Maldición— Murmuraba Hinata, que se encontraba bajo un vehículo, intentando con todas sus fuerzas que cediera un tornillo que le impedía culminar su misión y partir a almorzar.

—Maldición…. ¡Aflójate!— y cedieron primero las herramientas que presurosas cayeron a su lado, estando a punto de impactar en su rostro.

— ¿Es una broma? ¡Ah!— Y suspiro… cerró los ojos y comenzó a buscar su lugar de paz mental.

Hasta que una voz muy conocida para ella, la hizo sobresaltarse.

—Al parecer te están venciendo.

Hinata se sonrió, y como si de defender su honor se tratara respondió.

—Y dime, ¿tú lo harías mejor?

Naruto no respondió, solo se sonrió y de un solo se colocó debajo del vehículo, por la parte frontal, quedando contrario a la posición de Hinata. Con sus cabezas colocadas a la par, un poco cerca.

Hinata sintió su corazón acelerarse, no tenía planeado que él se metiera bajo el carro, y mucho menos tan cerca de ella, tan cerca que al voltear a verse, pudieron sentir un poco la respiración un poco acelerada de ambos.

—Me prestas las herramientas…— susurró Naruto.

Hinata no podía contestar, estaba totalmente absorta viendo sus ojos, bajando a sus labios, parecían tan apetecibles en ese momento, y estaban a pocos centímetros, solo un movimiento, solo un impulso, y podría probarlos nuevamente.

Naruto la observaba de la misma manera, sus labios temblaban un poco presa de la necesidad que en ese momento sentían.

—Hinata— dijo tan quedamente, que si la mencionada no hubiera estado viendo sus labios, probablemente no le hubiera escuchado.

—No debiste…— Pronuncio con dificultad.

—Lo siento…— fue lo único que pudo decir en su defensa, pues él tampoco había calculado el grado de dificultad en el que iba a encontrarse.

Naruto acerco un poco más el rostro a Hinata, unos milímetros nada más… Hinata no se movía, la ansiedad aumentaba con cada segundo con cada latido. Y por un impulso, la joven mojo levemente sus labios con la punta de la lengua, cosa que no pasó desapercibida para Naruto que no podía despegar sus ojos de aquellos rosados y carnosos labios.

—Hinata…— Pronuncio agitado, para luego de un solo impulso, buscar presuroso los labios de aquella joven que tenía frente a él.

Hinata respondió con la misma necesidad y ansiedad que la de Naruto, como no hacerlo, si hasta había soñado con aquel momento. Sus labios fundidos en un dulce y húmedo beso, ignorando el contorno, ignorando el mundo entero y las prohibiciones que en sus mentes taladraban; todo había desaparecido a su alrededor, solo eran ellos dos, su amor y aquel deseo que terminó por rebasar todos las prohibiciones que estaban incrustadas en su alma.

Y ¿quién los culparía de sucumbir a ese amor que había nacido en sus corazones? Acaso ustedes, lectores, se atreverían a ser los fiscales de la pulcritud y las normas sociales y condenar a estos pobres corazones que siendo impulsados por una fuerza mayor a la de la moralidad, han decidido mandar al olvido aquella siniestra voz de su conciencia y dedicarse únicamente a una cosa: Amar. Y si a los enamorados se les condenase por amar tan ferozmente, pues, creo que hubieran saltado al precipicio tomados de la mano, pero juntos, felices.