Los Personajes de este fic no me pertenecen a excepción de uno o dos que saldrán posteriormente en esta historia. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA.
Este fic no está hecho con fines de lucro solo es por entretenimiento y diversión.
Antes que nada vuelvo a recordar lo siguiente: Las escenas están separadas por una rayita_ y puede haber alteraciones cronológicas entre cada una de estas, los pensamientos están entre "comillas", las notas de la Autora, están puestas en N.A. al final del cada capítulo e indicadas con un * en el intertexto. Finalmente las referencias a frases u otras cosas estarán en cursiva
Los sueños aparecerán en cursiva precedidos y seguidos por dos puntitos.
AVISOS Y COMENTARIOS (si es que los hay) al final del capítulo.
oOoOo
Capitulo 15: conflicto en "El Limite"
OoOoO
..
(segunda parte: una furtiva huida)
...
-No podremos detenernos como habíamos planeado- dijo el joven rubio mientras avanzaba rápidamente a través de las callejuelas de la ciudad.
-Eso me temo- contesto la voz femenina que le seguía de cerca.
En el pueblo "el Limite" algo había cambiado, sus habitantes parecían estar un poco más inquietos que cuando los jóvenes hylians habían llegado, el viento surcaba las polvorientas calles dejando un rastro nebuloso, muchos de los bares que antes estaban abiertos comenzaron a cerrar sus puertas y los mercenarios que rondaban en los alrededores comenzaban a retirarse.
-Algo muy extraño está pasando aquí- Dijo Link mientras mantenía la vista al frente, las calles comenzaban a ponerse cada vez más desiertas y eso le daba mala espina.
-Espera.. Link- lo llamo Zelda casi jadeando, el chico la miro inquisitivamente, ese no era el momento para detenerse.- Vas demasiado rápido, no sabemos exactamente como salir del pueblo y terminaremos perdiéndonos.
-No es un lugar tan grande como para que eso pase.- añadió él en tono un poco molesto.
De repente se habían quedado solos, en las calles no había ni un alma, a lo lejos se escucharon unos pasos y entre una de las callejuelas aparecieron numerosas sombras. Link reacciono rápidamente, tomó la mano de Zelda y las riendas de Epona y las obligo a entrar en una de los pocos bares que aún estaban abiertos.
Un viejito de complexión delgada se encontraba trapeando el suelo del establecimiento y se espantó de sobremanera cuando vio entrar a los jóvenes con todo y la yegua.
-¡Óiganme rufianes!, ¡que diantres se han creído!, no pueden entrar así como así y menos con ese animal.
-Lo sentimos- dijo Zelda de forma sincera- justo cuando el viejito se acercaba con su trapeador amenazantemente.
El anciano miro a la joven y se sorprendió de que una chica tan bonita como aquella se encontrara en aquel lugar, bajo su amenazante trapeador pero se acercó a los jóvenes todavía molesto.
-No se preocupe anciano, pagare por los desastres que ocasionamos- esta vez era Link quien había hablado.
El anciano refunfuño, miro su piso hecho un desastre a causa de las herraduras de la yegua y después señalo de forma inquisitiva. Zelda junto sus manos en forma de disculpa mientras Link se asomaba por la ventana.
-Shhhh- chito el joven hylian al tiempo que jalaba a sus compañeras a una de las esquinas del bar.
El anciano miro hacia la ventana y vio como un grupo de Dodongos atravesaba la calle, los hombres miraban en todas direcciones como buscando algo en particular, uno de los ladrones lo miro de reojo a través del cristal haciendo que se sobresaltara, algo en aquella mirada no le gustaba nada, entonces desvió la vista y la poso sobre los intrusos que habían entrado sin permiso en su bar.
Zelda advirtió como el anciano se les acercaba, todavía tenía el trapeador en las manos, la barrio con la mirada de arriba abajo y al no encontrar nada sospechoso siguió con la inspección pero esta vez del joven mercenario, lo miro atentamente, levanto una ceja, sintió que le temblaba un poco la mano y una gota de sudor frío recorrió su nuca.
-Cabello claro- dijo posando la vista en la rubia cabellera de Link- y ojos azules- añadió con voz casi entrecortada- tú.. tú.. tú eres Zilant, ¡tú eres Zilant! ¡Eres a quien esos monstruos están buscando, todo este alboroto está siendo causado por ti!
-Shhhh¡- volvió a chitar el joven mercenario esta vez con enojo.
-Por favor guarde silencio.- añadió Zelda suplicante.
El anciano miro a la jovencita, volvió su mirada hacia la ventana y después se acercó a la puerta, Link estrujo la mano de Zelda, estaba preparado para correr en caso de que fuera necesario, pero contrario a lo que los jóvenes pensaban el anciano no abrió la puerta sino que más bien la atraco con el trapeador. Volvió a donde se encontraban los hylians y le dirigió una mirada inquisitiva a Link.
-No quiero problemas.-añadió con la mirada seria.
-Ni nosotros tampoco- rugió Link por lo bajo.
-Fuera de mi bar… ¡Ahora¡
Link desvió la mirada, la puerta delantera estaba sellada.
-¿Hay alguna otra salida?- dijo Zelda con voz melodiosa.
El anciano ablandó un poco su fría la mirada.
-Por aquí.- se escuchó una nueva voz, era diminuta y cautelosa, los jóvenes se viraron y al otro lado del bar se encontraba una ancianita de estatura bajita, posiblemente la mujer del anciano. La mujer los guío hasta la salida más cercana, Link avanzo con cautela sin soltar a ninguna de sus compañeras, bordeo lo muebles del bar y tuvo cuidado de no arruinar nada más con Epona.
Al llegar a la salida pudieron escuchar cierto ajetreo en las calles, antes de abrir la puerta la mujer se asomó por una ventana.
-Los Dodongo siguen ahí, será mejor que esperen un momento.
-Gracias.- dijo Zelda.
-Todo esto es tu culpa, mercenario.- añadió el anciano con un dejo de desprecio.- Si los descubren aquí, tendremos problemas.
-Silencio.- era la anciana quien hablaba, regaño a su marido y después se acercó a la joven.- dulzura, no sé porque estas con este muchacho pero una cara bonita como esa no puede pertenecer a una persona mala, no te preocupes.
-Gracias.- volvió a decir Zelda nuevamente mientras estrujaba con fuerza la mano de Link.
Los Dodongo dieron varias vueltas alrededor del lugar y al no encontrar nada se marcharon.
-Debemos irnos- dijo Link cortantemente, pero en ese instante un extraño sonido resonó en la instancia.
La atención de todos se perdió por completo, Link parpadeo par de veces y la anciana se puso a reír de forma algo tímida, Zelda enrojeció de vergüenza al ver como todas las miradas se posaban en ella.
-Lo siento.- dijo al percatarse de que todos habían escuchado como su estómago gruñía como una fiera salvaje.
Link suspiro y le dedico una tierna mirada.- No hay nada que hacer al respecto. Después de todo ni siquiera pudimos desayunar correctamente, no creo que ese vaso de agua te haya llenado el estómago.
Zelda bajo la mirada, estaba realmente avergonzada pero a pesar de ello le daba gusto que la tierna mirada de Link hubiera vuelto aunque fuera solo por unos instantes.
La anciana tomó a ambos por los brazos y los dirigió a una nueva estancia mientras su marido la miraba inquisitivamente al tiempo que bufaba.
-Ni se te ocurra mujer.
-¡Vamos Harold no seas refunfuñón!, hace mucho que no teníamos invitados a la comida y además ¿Qué no escuchaste al feroz monstruo que habita en ese estomago?
Zelda enrojeció más de lo normal mientras Link luchaba por contener la risa.
-Esto no es necesario, de veras.- dijo la joven hylian cabizbaja.
Link recobro un poco la respiración que había estado reteniendo con tal de no reírse.
-Cof, cof.- tosió de manera fingida.- ella tiene razón no es momento para esto.
-Si permanecemos en este lugar solo causaremos más problemas.- agrego ella, mientras él asentía con la mirada.
-¡Tonterías!.- dijo la anciana sin soltarlos del brazo mientras su marido hacia berrinche.- Además...No voy a permitir que esos Dodongo gobiernen nuestras vías para siempre, ustedes parecen buenos chicos.
-¡Estás loca mujer!- dijo el anciano a sus espaldas.-¿que no te das cuenta de quién es el chico!?
La mujer frunció el ceño y después contesto.- El chico guapo de los afiches, por supuesto, creí oírte decirlo su nombre es Zilant.
-¿Entonces?
-Sus motivos debió tener en aquel entonces.
-No hay motivos coherentes para asesinar a un Lizalfo y menos si se trata del hermano menor de los jefes de la tribu Dodongo.
-"Asesinar"- las palabras viajaron por la mente de Zelda, Tomodachi nunca había sacado el tema a la luz y Altair solo había hecho mención a eso con la palabra "deshacerse".-"algo así me imaginaba"- pensó con tristeza.- "pero no creí que alguien lo dijera así de frente".
La anciana miro la tristeza reflejada en los ojos de la chica, miro al joven hylian que también se había percatado de ello, él parecía un poco afectado de que su acompañante hubiera escuchado aquellas palabras.
-¡Silencio!- volvió a gruñir la anciana.- Ve a reparar tu piso, rápido.
-¡QUE!, pero… pero, si fueron ellos quienes lo rompieron.
-¡Fuera!, he dicho.- la anciana no dijo nada más, le pidió a Link que atara a Epona en una de las sillas del bar y los condujo hacia la nueva estancia que se encontraba de forma oculta tras una extraña puerta.
-¿Este bar también es una casa?- dijo Zelda curiosa.
-Así es.- contesto la mujer al tiempo que los acercaba a una rustica mesa.- no se muevan traeré comida.
Link estaba realmente pensativo, debió haberse negado a aquella inusual invitación, no conocía a aquella gente y por más inofensiva que se viera aquello bien podía ser una trampa, después de todo la mujer había mencionado el afiche… y ahora que lo pensaba ¿En dónde había quedado el afiche?, ¿Lo había dejado en la mesa del bar?, por alguna extraña razón sabía que así no era. Sacudió la cabeza con un poco de insistencia "50 rupias de plata" las palabras de Altair cruzaban su mente en aquel momento, él tenía razón esa era una cantidad suficiente hasta para pervertir a una noble alma e incitarla a que realizara algún acto de locura. Por otra parte estaba Zelda, la chica lucia realmente cansada, llevaban días viajando con poco descanso y la verdad es que no le sorprendía que su estómago ya le reclamara con cuentas largas, tampoco podía permitir que ella siguiera sufriendo esos tratos y todo por culpa de su pasado.
-Link.- escucho que ella lo llamaba.- ¿Te encuentras bien?.
El joven la miro por unos instantes se suponía que era él quien debía estarle preguntando eso.
-Sí, ¿y tú?
-Estoy bien pero te veo bastante raro.
-¿Raro?
-Ya sé que han pasado unas cuantas cosas degradables desde que llegamos a este pueblo pero…- no pudo continuar porque su acompañante la había silenciado posando uno de sus dedos en sus labios.
-¿Puedo pedirte un favor?- le dijo mirándola a los ojos.
Ella asintió con la cabeza.
-Cuando salgamos de este pueblo hablemos, larga y tendidamente.
-¿Larga y tendidamente?
-Larga y tendidamente- repitió él con una sonrisa juguetona mientras acercaba su rostro al de ella.
Zelda se había puesto realmente nerviosa y no sabía ni porque, la cercanía de Link de repente había hecho que su corazón latiera como loco.
-Qué bonita escena.- dijo una diminuta voz haciendo que los jóvenes se separaran bruscamente.
La anciana se acercó con un par de bandejas tambaleantes sobre las manos, Link camino hacia ella y le ofreció su ayuda, acto que la mujer acepto complaciente. Los jóvenes y la anciana se sentaron a la mesa, la mujer los miraba curiosamente como si todavía no creyera que los tenía enfrente, Zelda miro a Link nuevamente como esperando aprobación alguna, el joven medito unos momentos y después intercalo miradas con la anciana, la comida sobre las bandejas se veía deliciosa pero…
-No creas que esta envenenada ni nada por el estilo- interrumpió una vieja y tosca voz a sus espaldas, era el marido que se acercaba para sentarse al lado de su mujer, Link solo lo miro fijamente, tomó uno de los tazones sobre la bandeja y probo su contenido, la sopa tenía un sabor condimentado pero era sabrosa, bajó el tazón, espero unos instantes y miro atentamente el dorso de su mano como si esperara a que algo interesante pasara, nada ocurrió y después de que se despejaran sus dudas tomó el mismo tazón que había probado y lo intercalo con el de Zelda.
-Todo está bien.- dijo dirigiéndose a su compañera.- Él tiene razón, anda come que debemos partir rápido.
-Mfff.- sonó un bufido de disgusto.- ¡Mercenarios! -gruño aquella voz.- si ya lo comprobaste no había necesidad de cambiar el tazón, ¿cierto?
La anciana le dio un puntapié a su marido bajo la mesa haciendo que este gruñera por debajo.
-Déjalo en paz, después de todo no tiene nada de malo que quiera proteger a su novia.
-¡Novia!- dijo Zelda al tiempo que dejaba caer su cuchara, se había puesto totalmente colorada ante la interpretación que les había dado la anciana.- "¿De verdad será que nosotros dos parecemos novios?".
Link reía por lo bajo al ver la reacción de su compañera, al parecer la anciana la había metido en un apuro.
-Este…yo.. bueno.. no .. nosotros- La pobre princesa se había puesto a balbucear cosas sin sentido, por alguna extraña razón ese pensamiento de "ser novios" la había puesto sumamente nerviosa, miro discretamente a su compañero y lo descubrió burlándose de aquella situación.
Link dejo de reír y decidió ayudar a su acompañante.
-No es mi novia.- aclaro el joven hylian.- ella solo es mi clienta.- dijo al tiempo que tomaba uno de los vasos con agua que les había ofrecido la anciana.
-No lo creo hijo, ese amor y ese cariño que le dedicas no es propio de una relación mercenario-clienta, supongo que por lo menos deben ser amigos ¿cierto?
-Quien sabe…-dijo seriamente mientras su mirada se perdía en el ir y venir del líquido de aquel vaso que ahora sostenía en las manos.- eso depende de ella.- añadió casi como un susurro.
Zelda salió finalmente de sus locas cavilaciones y lo miro directamente, era su imaginación o realmente eso había sonado un poco triste. Sintió una mirada ajena y entonces se dio cuenta de que la anciana la observaba dedicándole una traviesa sonrisa, ¿y ahora que rayos era eso?, volvió a mirar a Link.
-"¿Eso depende de mí?"- pensó clavando la mirada en su compañero y sin saber cómo de repente había tomado una de sus manos, Link sintió aquel contacto y le dedico una mirada furtiva.- Si te quiero Link, te quiero mucho- le dijo sin siquiera pensar en sus palabras y después de eso recargo su frente en el hombro de su compañero- Somos algo mucho más que amigos ¿cierto?- añadió con la mirada un poco vidriosa.- Nosotros somos compañeros de una forma muy especial. ¿Verdad?.
-Verdad…?- repitió él- Es verdad solo si tú así lo deseas.
-Entonces es verdad- añadió ella con una sonrisa.
-Lo vez- dijo la anciana dirigiéndose al joven mercenario- esos son unos bonitos sentimientos, no deberías desperdiciarlos.
Zelda se volvió a sonrojar un poco al tiempo que se separaba del joven.
El viejo desvió la mirada e interrumpió de manera cizañosa –No creo que Zilant tenga sentimientos.
-Eso es cierto,- dijo Link de manera seria.- No los tiene, Zilant es un asesino después de todo, pero…- desvió un poco la mirada- él no se encuentra aquí y si estuviera aquí ¿sabe usted lo que diría exactamente?
El anciano lo miro un poco contrariado, eso último había sonado un tanto amenazante. Link prosiguió sin que siquiera el anciano respondiera a su pregunta.
-Mi vida vale más que la ese Lizalfo, porque yo… tengo un objetivo que cumplir, mientras siga con vida yo seguiré luchando. ¿Sabe usted como sé eso?, si.. por supuesto que lo sabe, porque Zilant y yo en el fondo somos una misma persona, no debería olvidarlo, a veces hasta las fieras más entrenadas pueden dar sorpresas, si a Zilant lo ató una joven hylian no significa que no pueda desatarse por sí mismo, un dragón asesino no puede perder su voluntad tan fácilmente.
Había hablado casi como en trance y entonces sintió como Zelda le daba un golpecito en la frente con uno de sus dedos.
-Ya basta..- dijo la princesa con autoridad- No seas grosero.
-Si alteza- dijo él bajando la mirada pero con tono divertido, de tal manera que los ancianos creyeron que el calificativo solo había sido un juego. –Debemos irnos.- dijo finalmente levantándose de la mesa.
Los jóvenes volvieron al bar, tomaron a Epona y antes de salir inspeccionaron por la ventana, no había rastro de los Dodongo.
-Esto es para ustedes.- dijo Zelda a modo de despedida mientras entregaba a la anciana un pequeño Zurrón con rupias sellado con un extraño broche con figura un tanto aguileña, si algún día tienen problemas solo muestren este broche de seguro alguien en el mundo lo reconoce, el dinero es por lo de su bar y la comida, muchas gracias.- añadió haciendo una pequeña reverencia al tiempo que seguía a su compañero.
Los ancianos vieron como los jóvenes hylians se marchaban junto con su extraño animal.
-¿Por qué los ayudaste?- pregunto la anciana
-La chica me dio pena. ¿Y tú?
-Siempre es un honor servir a la realeza de Hyrule.
-¿Qué?
La anciana no contesto directamente sino que cambio un poco el tema.
-Los ojos de ese chico, son fuertes pero muestran una gran tristeza, una tristeza que solamente esa chica puede sanar.- añadió al tiempo que se viraba para volver a su cocina.- y Harold, deberías de poner más atención a los accesorios de las damas.
-¿Eh..?
La anciana rio burlonamente mientras desaparecía en la otra estancia.
Link hizo que Zelda montara a Epona tan pronto como abandonaron aquel bar, su mal presentimiento todavía no se había marchado, el pueblo seguía igual de desierto, avanzaron presurosamente por la empolvadas calles, a lo lejos ya podían ver uno de los arcos que señalaban las entradas y salidas de aquel lugar, una ráfaga de viento soplo fuertemente haciendo que la joven se cubriera los ojos a causa del polvo que ahora volaba en el aire.
Todo parecía ir bien pero justo cuando menos lo esperaban su presurosa marcha fue detenida de manera inesperada, el sonido de una extraña corneta se escuchó a todo lo largo y ancho del lugar y en acto seguido un grupo de hombres de tez morena bloquearon la salida del pueblo. Link se quedó helado.
-¡Demonios!- maldijo de manera cortante- Era una emboscada.
Trato de virase pero las calles que se encontraban a sus espaldas ya habían sido cubiertas por otro grupo incluso más numeroso que el que tenían al frente, los hombres rieron de manera maliciosa como el buen cazador que acaba de acorralar a su presa, uno de ellos salió de la formación y se acercó lentamente a el hylian.
-Valla, valla.- dijo de manera sarcástica- ¿Acaso Zilant creyó que podía pasar desapercibido en nuestro nuevo territorio?
Link frunció el ceño y sujeto fuertemente la rienda de Epona, retrocedió unos cuantos pasos y analizo la situación, solo con el arco no podría vencerlos a todos, la cosa se había puesto realmente fea.
-¡Atrápenlos!- gruño el ladrón que se había puesto al frente.- el asesino de Cronos-Sama debe pagar por sus fechorías, es una lástima que el señor Hiperión se haya marchado antes de que nos dieran el aviso de que estabas en este pueblo.- dijo en tono molesto.
-No hay nada que se pueda hacer- agrego una voz tosca que de cierta forma a Link le pareció familiar.
Detrás de aquel ladrón había aparecido otra figura, los hylians la reconocieron, era el tipo gordo que había estado hostigando a Zelda, Link frunció el ceño y lo maldijo con la mirada.
-Lo ven- dijo el tipo de voz gruesa.- les dije que era él, si hubieran repartido sus afiches más rápido les hubiera informado desde el mismo momento en el que me topé con él en el pueblo.
El ladrón se viro para observar a su informante y rio de manera maliciosa.
-Bien ¿que hay de mi dinero?- dijo tipo el gordo.
-dénselo- bufo el ladrón.
El tipo gordo recibió un zurrón pequeño e hizo cara de mal gusto era obvio que esperaba más que eso pero no dijo nada solo se retiró. Un ladrón salió de la formación y se acercó al que ya estaba enfrente.
-Síganlo y quítenle el dinero, ¿acaso creía que era tan fácil?- ambos rieron de manera malvada.
-Ustedes sí que me dan asco- dijo Link desde las cercanías, los ladrones volvieron a reír ante su comentario.
El círculo de atacantes se fue cerrando poco a poco, no había lugar por el cual huir, el joven hylian saco la única arma que llevaba encima y los ladrones se mofaron al ver sus raídos intentos de defensa.
Link comenzaba a ponerse de veras nervioso pero en ese instante detecto un curioso movimiento en los tejados de las casas circundantes, una sombra conocida se movía rápida y sigilosamente sobre aquel polvoriento pueblo. El joven guerrero sonrió de manera sarcástica haciendo que los ladrones se enfurecieran, ¿Qué era lo que le parecía tan gracioso? Estaba a punto de ser capturado y no tenía forma de escapar, y de repente…
Pumm
Bumm
Puff
Booom
Un grupo de explosiones azoto el lugar, el grupo de ladrones que había enfrente de ellos quedo totalmente noqueado.
-¿Qué fue eso?- dijo Zelda cubriéndose el rostro mientras trozos de rocas pequeñas volaban por el lugar.
-Una flecha
-¿Una flecha!?
-Con una flor bomba atada en la punta, ¿Qué brillante no?, dos simples armas convertidas en un arsenal de destrucción.
La sombra decenio rápidamente desde las alturas y bajo la capucha él y el joven hylian intercambiaron una fugaz mirada.
-¡Ahora!- Grito Link tirando de las riendas de la yegua al tiempo que corría hacia el frente, el encapuchado también corrió solo que hacia la dirección contraria y cuando estuvieron lo suficientemente cerca ambos jóvenes se saludaron con burlona sonrisa. No todos los días se veía algo como eso, dos jóvenes burlándose de los tipos más peligrosos de las Tierras del Oeste.
-¡Altair?- dijo Zelda al ver pasar al joven corriendo a su lado, el chico de ojos violeta se dirigía justamente hacia los ladrones que habían quedado tras de ellos.
-No te preocupes- Escucho que Link le hablaba.- Él se encargara de esto, o por lo menos de la mayoría de esos. "Buena suerte Atemu", odio admitirlo pero le voy a deber algo más que dos simples capuchas- esa última parte había sonado en voz baja.
Salieron corriendo a toda prisa por la parte trasera del pueblo, el terreno de aquella zona era muy diferente al que habían atravesado antes de llegar a "El Limite", la tierra era árida y el paisaje se extendía formando grandes cañones producto de la erosión de la tierra.
-Esto se ve mal- dijo Link mientras volteaba hacia el pueblo que quedaba a sus espaldas, un grupo de Dodongos venía a lo lejos siguiéndoles el paso- No hay mucho lugar en donde escondernos y parece a que a Altaír no le sirvió de mucho su arco.
El joven examino el terreno, a sus costados no había más que una rustica estepa y al frente descendía un cañón por el que pasaba un río caudaloso.
-Tenemos que cruzar- dijo casi cuando los Dodongos ya los había alcanzado.- Lo siento Epona- dijo dando un salto al lomo del animal de manera que quedo sentado detrás de Zelda, la yegua relincho ávidamente y se paró en dos patas, Link tomó las riendas y la forzó a avanzar.- ¡corre!- ordeno, Epona lo miro fijamente ¿Quién sabe qué cosas extrañas pasarían por su mente?, pero de un momento a otro obedeció y se puso al galope- ¡Corre!- volvió a decir Link mientas la yegua aceleraba el paso.- ¡Tenemos que saltar ese cañón! .
Zelda lo miro furtivamente ¿acaso era una broma?. Salió de sus pensamientos justo cuando vio volar decenas de flechas con fuego en la dirección en la que avanzaban. Epona no se detuvo, barrio el suelo dejando detrás de sí una gran nube de polvo, Link miro hacia atrás y rio descaradamente.
-Parece que al destino le agradamos- dijo al ver como el polvo nublaba la vista de los arqueros.
-¡Link!- Dijo Zelda estrujando una de sus manos- Ese precipicio se acerca muy rápido.
Epona vio venir el abismo pero no se intimido y justo cuando llego al borde dio un salto de fe increíble como si el peso de los dos jóvenes que llevaba en su lomo no significara nada.
- ¡SI!- dijo Zelda cuando sintió que la yegua llegaba a la otra orilla.
-¡OH!... ¡NO!- dijo Link cuando Epona poso la totalidad de su peso en aquella superficie erosionada, al parecer al terreno a diferencia de la yegua no le era indiferente aquel sorpresivo peso, se desmorono y cedió bajo los pies del équido.
Los ladrones que presenciaron aquel acto, solo escucharon un fuerte relinchido seguido por el estruendo que hacia el agua del río que pasaba por debajo del cañón. Llegaron hasta la orilla de aquel precipicio pero ya no había señales de las presas a las que perseguían.
-Deben de estar muertos- dijo uno de ellos asomándose cautelosamente por el borde.
-Es Zilant de quien hablamos, no se confíen. Bajen y registren los bordes.- añadió otro de ellos.
Los ladrones asintieron con la cabeza y bajaron cuidadosamente hasta el río, la tarde caía rápidamente y la noche los alcanzo antes de que pudieran concretar su búsqueda.
No había rastro de los Hylians por ninguna parte…
.
.
Continuara…
