J.A.R.V.I.S.

Autora: Clumsykitty

Fandom: Marvel AU.

Parejas: Stony principalmente.

Derechos: A soñar y vivir.

Advertencias: Universo alterno sin poderes, una historia inspirada en los cuentos del maestro Bradbury como en las ideas que asaltan a la autora en las noches de desvelo y perdición. Dedicado con mucho cariño a Kasu Tailer por sus acosos y mensajes amenazadores llenos de amor.

Gracias por leerme.


Girl, you gotta love your man
Girl, you gotta love your man
Take him by the hand
Make him understand
The world on you depends
Our life will never end
Gotta love your man, yeah

Riders on the storm
Riders on the storm
Into this house we're born
Into this world we're thrown
Like a dog without a bone
An actor out on loan.
Riders on the storm.

Riders on the storm, The Doors.


Tormenta


Natasha Romanoff torció una sonrisa al ver entrar muy dueño del piso por donde caminaba a James Barnes con un ramo de flores blancas que solían crecer en el invernadero. Seguramente había hecho un intercambio con Janet Van Dyne por ellas, la encargada de aquel invernadero donde también criaban insectos polinizadores. Se mentiría a sí misma si dijera que no hubo un latigazo de celos al pensar en las posibilidades del intercambio, pero Bucky ya sabía muy bien cómo era ella. No por nada desde que se conocieron en ese baile de otoño marciano, él no tuvo más ojos que para la pelirroja encargada de las telecomunicaciones e informes de Industrias Stark. Fingió que no se había dado cuenta por el reflejo de su monitor pese a la sonrisa traicionera que adornó su rostro, tecleando muy apurada mientras James acercó el ramo por detrás, murmurando en su oído.

-¿Muy ocupada, Agente Romanoff?

-Bastante, Sargento Barnes.

-¿Tanto como para no darme un beso?

La pelirroja torció su sonrisa, girándose hacia él con una mano arrebatándole las flores que olfateó sin dejar de mirarle.

-Todo depende de lo que hayas hecho para conseguir estas flores.

-Ah, nada malo si es lo que piensas. Le dije solamente a qué horas usualmente termina el Doctor Pym en su laboratorio.

-¿Ahora eres un alcahuete? Creí que ser el perrito del comandante absorbería todas tus energías.

-No soy su perro faldero. Steve hace un buen trabajo, solo necesita uno que otro empujoncito.

-Que le cambies los pañales, dirás.

-Natasha… -Bucky gruñó frunciendo su ceño.

-Oh, mi dulce soldado -bromeó, rodeando su cuello con sus brazos y dándole un beso al soltarle tan rápido como le abrazó, volviendo a su pantalla- Estoy realmente ocupada, James.

-¿Haciendo qué? -bufó aquél.

-Recolectando todos los datos que los drones enviaron, parece que tendremos que ampliar la mina si las lecturas son ciertas. Mira -le mostró un plano de las tierras que rodeaban la mina donde se visualizaron en un color azul brillante ramificaciones del manto acuífero original- JARVIS encontró que hay ríos subterráneos conectados a nuestro manto.

-Tendremos que revisar.

-¿Irás? -Natasha giró su rostro, preocupada.

Las expediciones fuera de la colonia tenían la mitad de probabilidad de convertirse en un desastre, con los cambios que Marte estaba experimentando en su clima al entrar en acción los mecanismos artificiales de las colonias, solían presentarse tornados súbitos o tormentas eléctricas capaces de freír a toda una nave de batalla. Ahí se hallaba con mucho el único peligro que se cernía sobre la paz en las colonias y la vida marciana, la geografía traicionera del planeta a la que de vez en cuando se unían las tormentas solares. Bucky tomó las manos de la pelirroja al verla enojada por su propuesta, acariciando ambos dorsos con sus pulgares.

-Sabes que debo ir.

-¿Por qué no van los nuevos?

-De hecho, irían. Steve quiere entrenamiento en campo abierto.

-¿Los maizales no representan un desafío para él, eh?

-Nat, vamos, no te pongas así.

-Iré con ustedes.

-Por supuesto que no.

-Por supuesto que sí.

-Le diré a Tony que su mejor comunicadora espacial quiere meterse en una exploración desconocida cerca de la mina.

-Te odio.

-Yo te amo.

-Siempre dices eso cuando quieres ganar, James. No es justo.

-Estás enojada por Steve y te comprendo. Pero él no tuvo la culpa de lo que me sucedió.

-¡Claro que sí! ¿Quién lleva a un mocoso a una batalla en el espacio?

-Todos en la Tierra peleaban.

-Ahora me dirás que por haber nacido aquí, no sé de las guerras allá.

-Nat…

Ella suspiró, desviando su mirada y endureciendo su expresión que mostró a Bucky, apretando sus labios en una sonrisa poco amigable.

-Bien. Pero estaremos en comunicación constante.

-Ésa es mi chica.

Natasha no se equivocó respecto a la expedición que para la tarde armó el Comandante Rogers, con su equipo nuevo de soldados que habían llegado con él y otros miembros como James, aunque sospechaba que éste se había ofrecido voluntariamente a la misión. Siendo una nativa marciana, había vivido con las experiencias de cómo resultaban las salidas al exterior. Era como tirar una monea al aire, pero no se quedó de brazos cruzados a esperar que el porcentaje de mala suerte cayera sobre el escuadrón de reconocimiento. Una vez que terminó con sus deberes, después de que Steve y los suyos se marcharan a revisar aquellas nuevas fuentes de agua, corrió hasta el hangar donde estaba JARVIS descargando los nuevos datos sobre la granja y las actividades del día. Todos en Marte, al menos los que llevaban tanto de vida como la pelirroja, habían crecido con la asombrosa historia del dron que sobrevivió al Látigo de Fuego y fue encontrado funcionando de milagro, tratando de sacar adelante el hogar destruido.

Y en toda su vida también tenía una vasta recopilación de las acciones gentiles de JARVIS hacia todos los habitantes, nunca se había reportado un mal funcionamiento de su parte, ni una sola insinuación de agresión. Por eso algunos colonos le llamaban el Caballero Inglés -aunque Natasha no entendía la referencia, pero sí la intención-, pues ese viejo robot era mil veces más humano que cualquiera de los nuevos habitantes que le encontraron, le mantuvieron a salvo hasta que Tony Stark pudo darle el debido mantenimiento y actualización. Era su esperanza para asegurar el regreso de Bucky, al cuerno lo que opinara el bendito comandante con sus fobias irracionales hacia los drones, ellos no habían iniciado la guerra ni tampoco enviado a muchachitos a pelear en un combate que estaba destinado a ser un desastre. JARVIS estaba tranquilamente conectado a una de las terminales que enviaban a la base de datos central que ella manejaba, completamente plegado, lo que le daba un aspecto muy similar a un balón.

-Jar, necesito tu ayuda -susurró, ocultándose tras su ancho cuerpo metálico, posando una mano en una de sus pinzas.

-"Madeimoselle Romanoff, ¿qué sucede?"

-¿Sabes de la expedición, cierto?

-"Se me fue informado, sí."

-Necesito -la pelirroja miró a todos lados, acercándose para susurrarle con voz angustiada- Por favor, ¿puedes ir tras ellos? Tengo miedo de que algo les suceda.

-"El Comandante Rogers dio órdenes…"

-¡Lo sé! Pero él no sabe como tú y yo lo que son las tormentas en este planeta.

-"Eso es un hecho comprobable."

-Por favor, Jar -Natasha le miró- ¿Puedes hacerlo por mí?

JARVIS se irguió, tomando su forma insectoide y desconectándose de la terminal. Su ojo reactor se posó en la pelirroja como si le observara.

-"No es de caballeros el hacerse de oídos sordos a la súplica de una dama. Mucho menos cuando ésta se encuentra a punto de pedirle matrimonio a cierto sargento."

-Jar…

-"Lo traeré de vuelta, Madeimoselle."

-Gracias.

-"Ahora le pido que vaya a descansar, debo partir cuanto antes, ellos ya tienen una amplia ventaja de terreno."

-Vuela, Jar.

La pelirroja salió tan sigilosamente como había entrado mientras JARVIS tomaba otra dirección, caminando frente a los laboratorios. Se detuvo al ver salir al Doctor Banner, quien lucía absorto en una lectura de una pantalla, pero al notar al enorme dron se detuvo, quitándose sus lentes con una sonrisa cordial para saludarle, notando que ya era tarde y JARVIS aún seguía merodeando las instalaciones cuando regularmente ya se encontraba en el hangar para mantenimiento.

-¿Sucede algo, JARVIS?

-"Nada, Doctor Banner, solamente iré a verificar un salto en la lectura del sistema de riego en los plantíos del oeste."

-¿Es grave?

-"En lo absoluto pero quiero asegurarme. ¿Necesita algo en que pueda ayudarle cuando vuelva?"

-No, nada. Iré a descansar. Si notas que Tony se vuelve a quedar dormido sobre la mesa de trabajo, por favor me despiertas.

-"Tiene mi palabra, doctor."

-Mucho cuidado, JARVIS.

-"Lo tendré."

Igual que con Natasha, el dron esperó a que Bruce se perdiera en los edificios opuestos para desplegar sus alas y tomar esa forma de manta raya, elevándose en lo alto lo suficiente para hacer un correcto pronóstico meteorológico. Las condiciones de la atmósfera marcaban una acumulación de gas metano lejos de la mina, sin embargo, las corrientes de aire estaban inestables. Si la humedad junto con la arena fina que se elevaba por los fugaces tornados se combinaba con este gas, podría desencadenar una tormenta. JARVIS tenía en mente ese proverbio de los colonos que decía "podrá fallar una brújula, pero nunca el olfato de un marciano para detectar una tormenta". La pelirroja tenía razón respecto al peligro. Terminando de recolectar estos datos para mostrárselos al Comandante Rogers, el robot voló a toda prisa hacia el punto de expedición.

El primero en divisarlo fue el Mayor Donald Blake, un soldado alto y fornido de largos cabellos rubios con ojos azules y barba crecida. Pese a su intimidante aspecto, era de carácter amable siempre y cuando no se tratara de competencias porque entonces se transformaba en un aguerrido rival, motivo por el cual los demás ya le habían apodado El Trueno. El Mayor era el único en la superficie, cuidando la entrada de descenso del resto, con una pesada arma automática y otros armamentos colgando de su ancho cinturón. Con un equipo cubriéndole y un casco de protección, bastaba con su sola presencia para cuidar al escuadrón examinando aquellas nuevas lecturas. Blake bajó aquella arma al notar que era JARVIS, el cual aterrizó frente a él con un remolino de tierra cobriza y seca.

-¿Sucede algo? -preguntó el soldado, extrañado ante su presencia.

-"El escuadrón necesita volver ahora mismo, hay peligro de tormenta. Tengo las lecturas para el Comandante Rogers. No hay tiempo que perder, Mayor. Activaré la nave si me lo permite para ahorrar tiempo."

-… adelante.

-"Gracias, por favor, que se den prisa."

El Mayor Blake frunció su ceño porque a la vista no parecía suceder nada, más ya estaban advertidos de los repentinos cambios y activó el comunicador para informarle a Steve sobre la situación mientras JARVIS se enlazaba con los sistemas de la nave a metros de ellos, encendiendo los motores. Donald hizo un gesto de dolor al casi quedarse sordo por la sarta de maldiciones que su comandante lanzó al enterarse, pero ordenando el retiro del escuadrón más para hacer frente común al entrometido dron que otra cosa. Las pisadas rítmicas de los soldados advirtieron al Mayor de su ascenso justo cuando escuchó lo que parecía ser un relámpago en medio de un cielo anaranjado y despejado.

-¡¿QUÉ ESTÁ HACIENDO ESA COSA AQUÍ?! -Bramó Rogers, quitándose su casco, con un jadeo por la carrera de ascenso.

-"Comandante…" -empezó el robot.

-¡DI UNA ORDEN CLARA! ¿O ES QUE NO SABES OBEDECER?

-"Señor…"

-JARVIS dice que se aproxima una tormenta.

Bucky miró asustado al Mayor, girando su rostro alrededor. El viento comenzaba a cambiar de dirección. Se acercó aprisa hacia su amigo, tirando discretamente de su brazo. JARVIS no se había movido de su sitio, pero la nave ya estaba junto a ellos con la plataforma desplegada para que fueran subiendo.

-Steve… tiene razón.

-"Tengo las lecturas…"

-¡AQUÍ NO ESTÁ PASANDO NADA! ¡EL CIELO ESTÁ DESPEJADO!

-Steve…

-¡Hey! -Sam Wilson apuntó hacia el este lejano- ¿Qué es eso?

Todo el escuadrón se giró para ver una larga cadena montañosa cobrar vida. Una muralla color vino que tocaba un cielo de nubes oscuras que rugieron con más relámpagos acercándose a una velocidad peligrosa. JARVIS se irguió en toda su estatura, haciendo respingar algunos soldados que le apuntaron al malinterpretar su gesto para analizar aquella tormenta. No solo traía arena pesada sino trozos de mineral que electrificaba ese turbulento aire. Todo sistema electrónico iba a freírse en un parpadeo si llegaban a ser tocados por esa arena furiosa. Steve también iba a apuntarle con su arma, pero Bucky le detuvo, muy asustado pues ya conocía el poder destructivo de aquel fenómeno. No ayudó a menguar la rabia del comandante, menos cuando una de las pinzas del dron le tomó por un hombro para dejarlo cual muñeco frente a la plataforma que señaló al resto.

-¡Todos adentro, ahora! -fue Donald quien lo ordenó, sacando de su estupor y confusión al resto.

La tierra comenzó a cimbrarse por la potencia de aquella súper tormenta eléctrica, la nave tuvo problemas para ascender, los sistemas ya estaban comenzando a ser afectados. JARVIS miró hacia la tormenta y luego a la nave. En un solo movimiento que demostró su increíble velocidad, saltó al techo sólido del vehículo, clavando sus pinzas en el metal. Sus propulsores se encendieron a todo su poder, empujando la nave lo más rápido posible fuera del alcance de la corriente turbulenta de la tormenta cuyos relámpagos castigaron el suelo a su paso, levantando más arena que se unía al mega tornado persiguiendo a todos ellos. Tentáculos de arena electrificada atacaron la coraza del robot, desbalanceando su vuelo y el de la nave con todo el escuadrón tratando de comunicarse con la colonia. Algunos gritaban al escuchar los rugidos de la tormenta contra la nave, solo unos cuantos de aquellos soldados habían ya visto algo así.

Steve casi rompió el tablero de comunicaciones, nadie respondía por la estática producida. La nave se giró bruscamente, haciendo que todos rodaran. Algunos soldados terminaron noqueados y las luces comenzaron a fallar. JARVIS apretó su agarre, recobrando el equilibrio y dando más poder a sus propulsores con ayuda de aquel ojo reactor que estaba resistiendo el castigo de los relámpagos y la arena cual guijarros contra su estructura. Aprovechando un hueco entre aquellos látigos, el dron se impulsó, alejando en definitiva a la nave de aquel peligro. La comunicación se reestableció, siendo Natasha la primera en enterarse de la situación, alertando al resto que salió a recibirlos en la pista de aterrizaje. Había motivos para temer, luego de ver el estado del vehículo cuya carcaza prácticamente había sido arrancada, dejando ver su estructura interna.

-¡JAMES! -gritó la pelirroja, corriendo junto a los médicos.

Éste salió por la puerta de emergencia como el resto. Tenía un hilo de sangre en la frente como uno que otro moretón más nada que lamentar. Solamente aquellos noqueados necesitaron revisión, sin embargo, no fue de condición crítica. Estaban vivos gracias a JARVIS, quien cayó pesadamente a un lado de la nave. La fuerte coraza que siempre le protegía humeaba, con las marcas negruscas de los látigos de arena que le atacaron. Fue Tony el que corrió primero a verle, llamando a su equipo para transportar al dron a su área de laboratorios, no sin antes dedicarle una mirada furiosa al Comandante Rogers, quien era vendado de un brazo por uno de los médicos, con su vista fija en sus soldados inconscientes.

-Aguanta, J, te tengo. Te tengo. Háblame, campeón.

-"… señor…"

-Te escucho, no me dejes, J.

-"… jamás…"

Bucky también giró su rostro al ver la grúa robot llevarse a JARVIS, rodeado por los brazos de Natasha quien le dio las gracias en silencio, aunque sus ojos estaban llenos de reproche hacia Rogers. Esos segundos de pelea hubieran hecho la diferencia para traerlos a todos sin un rasguño, más el comandante había sacado su lado intolerante al ver al mayordomo de Manhattan desobedeciendo una orden por salvarle la vida, igual que la de su pareja. Las cosas no iban a quedarse así. Cuando toda la conmoción hubiera pasado, Steve convocó a una reunión junto con Tony para hablar sobre JARVIS, quien ya estaba en reposo, recalibrando sus sistemas mientras brazos robóticos le daban mantenimiento a su armadura protectora.

-Comandante, esperaba que usted me impresionara, pero no de esta manera -comenzó Stark cruzado de brazos con los pies en la mesa redonda donde estaban todos sentados, incluyendo a Natasha y James- Ha hecho gala de un nivel de desconfianza peligroso para la colonia.

-Ése es precisamente el tema del que quiero hablar. Ese robot…

-Les ha salvado la vida -protestó Hank, sin pedir permiso para hablar- Arriesgó su vida para traerlos de regreso.

-No tiene vida, Doctor Pym.

-¡¿Cómo se atreve?! -fue el turno de Natasha al no poderse contener- JARVIS es un ser vivo.

-Para mí no lo es. Ningún robot lo es.

-Cuidado con sus palabras, comandante -advirtió Tony, bajando sus pies y mirándole con severidad- Porque es el grueso de estos drones los que están salvando a los seres humanos de su autodestrucción. Y JARVIS acaba de demostrarle hasta donde es capaz de hacerlo. Lo menos que puede hacer es ser menos ignorante y bárbaro.

-¿Me ha dicho intolerante, Doctor Stark?

-Steve… todos saben aquí… -Bucky trató de hablar.

-Ya sé que todos tienen a ese trasto en un altar, pero ha demostrado que puede desobedecer una orden y eso nos pone en peligro real a todos aquí en Marte.

-JARVIS no desobedeció -gruñó Romanoff- Yo le pedí que les rescatara porque no estaba dispuesta a perder a James por su orgullo. Ya le hizo daño una vez, comandante. ¿Quiere repetir la historia?

-Nat…

-Doctor Stark -Steve tensó su cuello- ¿Usted sabía eso?

-Claro, JARVIS mismo me lo comunicó en caso de alguna tragedia.

-¿Y no va a castigar a su personal por…?

-Creo que no estamos siendo claros, señor -interrumpió Bruce- La confianza entre colonos es sumamente importante en un ambiente hostil como el suelo marciano. Quizá no lo tenga muy presente, pero hay personal aquí que nació en este planeta, como la señorita Romanoff. Han pasado toda su vida sobreviviendo y evadiendo los peligros de una tormenta como de la que ustedes se salvaron. Si consideró necesario retar sus órdenes, Comandante Rogers, fue por su experiencia que, discúlpeme, no se compara a la suya en cuestiones de vida en la colonia. JARVIS tiene una inteligencia artificial avanzada que le permite tomar decisiones basado en juicios. Si él hubiera obedecido ciegamente sus instrucciones, a estas horas estuviéramos haciendo funerales en su nombre porque jamás hubiéramos encontrado sus cuerpos.

Hubo un silencio pesado e incómodo en la sala. Bucky miró suplicante a su amigo, con un vendaje en la cabeza. Steve le observó con la mirada asesina de la pelirroja sobre él. Tony suspiró, mirando a todos y poniéndose de pie, alzando sus manos en son de paz para calmar aquella creciente tensión.

-Creo que hemos resuelto el conflicto principal. Sea como fuere, JARVIS los trajo a casa, vivos. Las familias y amigos duermen hoy tranquilos porque les tienen una noche más a su lado. No hay necesidad de rendirle homenaje a J, ni tampoco que alguien le felicite. Para él, basta con vernos una mañana más comiendo un estúpido pan de elote hidratado en el comedor. Si desobedeció o no, si es una amenaza para todos o no, lo hablaremos más tarde. Ya todos estamos cansados, es hora de dormir, ¿quién me apoya?

Hank, Bruce, James y Natasha fueron de los primeros en ponerse de pie. Uno a uno, el resto les imitó prácticamente en silencio. Steve se quedó solo, con el ceño fruncido y un puño tamborileando sobre la mesa. Sí, le dolía que fuese un maldito robot quien hubiera hecho la diferencia entre terminar sus días o seguir ahí en Manhattan. Azotó su puño una vez, levantándose casi al instante para salir también de ahí. Notó a su paso que, en una de las sillas vacías, estaba una tarjeta con algo escrito apuradamente. Le extrañó, más su curiosidad fue mayor, tomando el papel entre sus manos para leer aquella nota que había sido dejada para él.

"Yo también desconfío de ese robot. Si lo piensas bien, sabrás dónde buscarme."

Steve corrió al pasillo, al exterior, esperando encontrar a quién hubiera escrito aquello. No estaba seguro de quien había ocupado aquella silla, y en todo caso, tampoco estaba seguro de si era la misma persona que había escrito en la tarjeta. Estaba solo, la colonia ya dormía. Solamente estaban las luces encendidas del taller de Tony Stark. El suave murmullo del campo de protección acompañó sus pisadas de vuelta a su dormitorio, guardando la tarjeta en uno de sus bolsillos del uniforme con el corazón latiéndole aprisa, entre la incertidumbre y ese miedo que no le abandonaba.