~*~Los Personajes de este fic no me pertenecen, excepto los OCs marcados por la misma historia. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA.

~*~Este fic no está hecho con fines de lucro solo es por entretenimiento y diversión.

Raya (cambio de escena, con una o varias alteraciones Cronológicas)."Pensamientos"*Asterisco en el intertexto* (notas de la autora, marcadas con N.A al final del texto en el mismo orden correspondiente de la lectura)."Referencias a otras frases",Recuerdos muy efímeros,Los sueños aparecerán en cursiva precedidos y seguidos por dos puntitos.

AVISOS Y COMENTARIOS (si es que los hay) al final del capítulo.


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Capítulo 36: Corre Epona, ¡Corre!

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Cuando Link y Epona cruzaron la puerta, todo parecía en su sitio, exceptuando el hecho de que las bombas que había soltado Link estaban causando un verdadero desastre, la magia que contenían era altamente flamable y en esos momentos se dio cuenta de que si Tomodachi no hubiera intervenido en los establos de la anciana seguramente él se hubiera llevado una buena quemadura.

Respingó un poco ante la idea y se tapó la nariz a causa del espeso humo que ahora se dispersaba en todas las direcciones.

-Oye, ¡Oye!, no te desmayes, ¡Epona!- le dijo cuando la vio dar tropiezos en el camino- tranquila ya casi salimos.- clamó levantándola un poco por uno de sus costados

Entre las chucherías del rancho encontró una soga y la ató al cuello de la yegua para que no se separara. Dio un gran suspiro al ver que salían intactos pero afuera del rancho había una sorpresita que Link no se esperaba.

-Buenos caballos, eso decía en el halcón mensajero y mira nada más.

-Al mismísimo Zilant es a quien nos encontramos.

Los Dodongo se veían enojados a causa de semejante espectáculo, los sementales ya habían corrido muy lejos y ahora la única montura que quedaba era Epona misma.

-Vaya- susurró Link- "Esto ya se puso feo, ¿¡por qué tenían que estar aquí estos tipos!?"

Sin embargo no dejo que los ladrones vieran su nerviosismo, el semblante de Link se mostraba claramente autoritario como lo había hecho desde siempre.

-¿En dónde dejaste a tu novia?

-No es obvio- clamo él de forma fría- las mujeres sólo sirven para dos cosas para sacarles dinero y para usarlas, es evidente que si ya la use ya no está conmigo.

-Este tío- dijo uno con voz burlona- y parece que ahora también vas contra los legionarios, eres un verdadero monstruo.

-Al infeliz que le robe la capa no me duro mucho, pero ya no la necesito- clamó tirando la capa al fuego.

Se perdió entre las llamas y entonces desapareció para siempre.

-"Muy mal"- pensó.- "de todas formas ya me vieron con ella"

Dio unos cuantos pasos, a su derecha había un pequeño hueco en el camino aunque era poco probable que llegara a él antes de que los Dodongo le cerraran el paso.

-Epona- susurró de manera muy bajita.

La yegua irguió las orejas y entonces Link confirmó que a pesar del volumen ella podía escucharlo.

-Quiero que corras y busques a Zelda, por ese lado hay una abertura- dijo señalándole el hueco con la mirada.

La yegua captó la idea de inmediato.

-Vete- susurró mientras se alejaba un poco de ella, y mientras los ladrones le tenían puesto un ojo encima, Link de manera ágil le dio una palmada en la grupa a Epona.

La yegua relinchó un poco asustada y de manera encabritada salió corriendo por el agujero que antes había visto, la reacción fue más instintiva que racional y cuando menos se lo esperaba ya estaba fuera del alcance de los Dodongo, escuchó como los hombres se le echaban encima a Link y como el mercenario se defendía fieramente. Por unos instantes detuvo su marcha y buscó con la mirada al joven mercenario. A la distancia Link también la vio detenerse.

-Corre, corre Epona, ¡corre!

Irguió las orejas ante la orden y emprendió la corrediza. Sus intentos así se lo reclamaban, "corre", "corre y ponte a salvo", y sin embargo a varios metros de distancia se detuvo, volvió a virarse y en sus ojos sólo se reflejó el rostro de Link jadeante.


No sabía que los Dodongo estarían en el rancho, de un momento a otro intuyó que seguramente tenían un campamento cerca y que debido a eso habían llegado tan rápido al recibir las noticias de susodicho halcón mensajero.

Lamentaba de sobremanera haber corrido como loco tras la diligencia, pues aunque había descansado un poco sus energías no habían vuelto por completo, miró por unos instantes a Ryuuji y pensó en sacar su as bajo la manga, pero los Dodongos se le habían amontonado y no le permitían hacer muchos movimientos.

-¡Maldición!- gruñó casi casi para sus adentros.

Los ladrones habían formado un círculo y ahora lo retenían demasiado, de un momento a otro Link se vio lanzándoles patadas y sablazos, dio una rodada sobre el suelo y de esa forma quedó en posición para poder utilizar mejor la espada.

-¡Kaitengiri!- gruñó, y el viento del movimiento alejó a los ladrones. Los Dodongo bufaron de mala gana y después uno de ellos lanzó una especie de silbido.

Más ladrones aparecieron en la retaguardia de Link sin darle tiempo para que huyera, las cosas se estaban poniendo feas, el viento del kaitengiri también había avivado las llamas y el calor comenzaba a ser insoportable.

Entonces sus oídos captaron un sonido sordo, algo parecido a una bomba pero sin el poder destructivo de esta había explotado justo a sus pies.

Link tosió ante el humo que había desprendido el extraño objeto.

-¿Te gusta?- clamó un hombre a sus a espaldas con tono burlón.- es capaz de dormir a los caballos, no creo que estés de pie por mucho tiempo.

De un momento a otro sintió que veía doble y que las piernas le fallaban. Su mirada se perdió entre el fuego y masculló ciertas maldiciones.

-Ustedes de verdad quieren morir- clamó mientras su mirada se volvía sumamente fría, la imagen de Zelda ahora estaba en su cabeza, le había prometido que nuca más mancharía de sangre la hoja de la espada, pero de un momento a otro se preguntó en ¡que pensaba en ese momento!, él era un mercenario y tarde o temprano tendría que volver defenderse, a matar a costa de su vida.

Suspiró amargamente y terminó abandonándose a la idea de que aquello terminaría en una carnicería, tal y como lo habían hecho todos sus encuentros con otros mercenarios peligrosos.

-Matas o te matan- susurró con una voz sumamente vacía, la promesa había desaparecido y eso era lo que más le dolía, lo que realmente le fastidiaba.

Uno de los Dodongos se acercó imprudentemente creyendo que el mercenario ya estaba acabado y ¡Sorpresa!... el sablazo lo hizo caer como piedra al suelo.

Link estaba muy enojado… sus ojos pocas veces había reflejado un odio tan profundo.

Lo vio retorcerse de dolor como gusano herido, no lo había matado pero seguro que la herida era mortal en aquellos momentos. El resto de los ladrones enfurecieron de forma espontánea y se le abalanzaron encima dejándolo atrapado en un círculo de muerte.

-Ya todo está perdido- susurró Link de forma amarga.

Y de pronto un fuerte relinchido…. Tan fuerte que Link perdió la concentración por unos instantes.

Epona saltó hacia adentro del círculo que habían creado los Dodongo, los miró de forma fiera y después de encabritarse le dio con las patas traseras a más de uno, su mirada llamó a la de Link en un instante y como si sólo eso bastara el joven hylian entendió aquello.

Era la misma mirada que había puesto la yegua el día que el cuervo Demonio había raptado a Zelda.

Nuevamente lo invitó haciendo ciertos movimientos con la crin y la cabeza, y después de eso en la mente de Link desapareció toda duda, dio un ágil salto y Epona lo recibió gustosa sobre su lomo.

Los Dodongo se quedaron pasmados y después profirieron maldiciones cuando vieron saltar a la yegua por encima de sus cabezas.

-¡Corre!, Corre- dijo Link con un tono que denotaba que la adrenalina comenzaba a subírsele.

Miró hacia atrás y vio como la granja en llamas se alejaba poco apoco.

-¿Lo logramos?- clamó de forma incrédula.

Epona relinchó de forma feliz, Link siguió mirando hacia atrás sin poder creerlo.

-¡Cielos!- rugió de mala manera.

De un momento a otro vio como los Dodongos se acercaban con paso rápido, habían cogido sus antiguos corceles y ahora les daban alcance.

Epona miró hacia atrás por unos segundos y después volvió su vista hacia Link, como preguntándole que quería que hiciera.

Link parpadeó un par de veces y después de la forma más extraña irguió una sonrisa.

-Uno, dos,…tres, cuatro… … cinco. Cinco, Epona creo que no vinieron todos, tal vez también se les escaparon los caballos durante el ajetreo. ¿Qué tal si los tumbamos ¡y les damos rienda suelta!?- clamó en tono sarcástico.

Epona profirió un extraño sonido. Como si de un momento a otro no supiera contestar ante las arriesgadas propuestas del joven hylian. Ese espíritu aventurero no era propio de ella pero al ver la sonrisa en la cara de Link algo de emoción y adrenalina se le había contagiado. De un momento a otro aligeró el paso hasta que uno de los Dodongos estuvo a su alcance.

-¡Hasta aquí llegaste Zilant!- clamó de forma triunfante.

-¡Hasta aquí llegaste tú! -dijo dándole una patada se forma repentina, el ladrón abrió los ojos como platos y después profirió un grito cuando se cayó de su montura, el otro caballo relinchó de forma feliz y corrió hasta perderse lejos en las llanuras.

-Hacia los bosques Epona- dijo de forma entusiasmada y la yegua le siguió el entusiasmo.

Cuando los ladrones entraron en el bosque lo último que supieron fue de donde había salido las flechas, Link les había dado en los hombros y en las piernas de tal modo que ante el dolor se habían caído de las monturas.

-Tres- clamó el joven mercenario al ver como otro caballo corría de forma libre.

El penúltimo de los Dodongos inspeccionaba el bosque de forma nerviosa, sus compañeros habían caído de forma repentina y ahora de manera extraña, como pocas veces en su vida, comenzaba a tener miedo, los arbustos parecían moverse destartaladamente como si Zilant se escondiera tras cada uno de ellos.

-Mejor me largo- dijo con voz nerviosa.

Un arbusto se movió y se puso a la defensiva y después escuchó un grito de guerra y algo que se le abalanzaba encima.

Otro ladrón había salido de los arbustos pero al ver que era su compañero se detuvo en seco.

-¡Idiota me espantaste!, ¡Creí que eras Zilant!

-Lo siento, también creí que eras Zilant.

-¿A dónde se habrá metido?

-¡Quien sabe! Mejor vámonos, sólo somos dos y él es un demonio.

-Estás loco, si Hiperión se entera seguro nos mata.

-Digamos que le perdimos la pista nadie tiene porque enterarse.

-Cierto…

Planeaban la retirada cuando de pronto sintieron una sombra al acecho. Ambos se crisparon y se pusieron a la defensiva.

Desde su escondite Link se rio de forma burlona, era fácil dejarlos ir y fingir que no había pasado nada, después de todo lo que el buscaba no era matarlos sino simplemente huir de ellos, pero también recordó que lo habían hecho enojar de sobremanera y aunque sólo fueran dos este era el momento perfecto para vengarse.

Uno de los ladrones tragó saliva y por seguridad decidió desmontar de su caballo.

-Vaya cobarde- gruñó Link- cubriéndose con el pobre animalillo.

Epona también les dedico una mirada de recelo. Y entonces saltó desde los arbustos. Los ladrones gritaron como niñas asustadas y después parpadearon incrédulos un par de rato.

La yegua estaba sola y por unos instantes los miró de forma burlona.

-¡Qué?

-Mira, crees que los otros lo hayan logrado- clamó uno teniendo la esperanza de que alguno de sus compañeros hubiera vuelto a la lucha incluso después de haberse caído.

Epona relinchó y casi casi pareció como si se riera, el ladrón que había desmontado se acercó a ella.

-¡Premio!, esta me la quedo, por algo Zilant entró en el rancho para robársela- dijo mientras se aceraba.

El otro rechistó un momento pero no objetó nada y después escuchó un sonido extraño.

-¡Sorpresa!- clamó Link cayéndole encima, se había balanceado desde un árbol y lo había tirado de una sola patada.

El ladrón no reaccionó a tiempo y cuando menos acordó ya estaba en el piso desmayado y Link le había robado la montura.

El otro se viró espantado, intento correr hacia su caballo pero al tiempo que dio la vuelta Epona ya lo estaba esperando, lo recibió con una buena patada y este salió volando hasta estrellarse con un árbol.

Link cerró los ojos al escuchar el aullido, el alarido de terror y después el tremendo golpe.

-Huy, huy, huy, que mal- dijo burlonamente,- si te hace sentir mejor yo sé lo que se siente- dijo recordando la vez que Epona lo había hecho volar hasta los arbustos, tal vez Tomodachi tenía razón respecto ese aspecto porque el pobre ladrón no volvió a levantarse y quedo ahí en el suelo completamente noqueado.

El corcel que quedaba libre olfateo la cabeza de su dueño y después se dio la media vuelta para dirigirse hacia Epona, Link también azuzó un poco al caballo que ahora montaba para que se acercara a los otros y con la espada de manera ágil corto las correas del que alegremente parloteaba con Epona, al ceder los soportes la silla cayó de su sitio, y después al sentir la ligereza el caballo salió corriendo gustoso.

-Vámonos- dijo Link, espoleó un poco al corcel pero era más que obvio que no tenía idea de cómo utilizarlo, la última vez que había montado había sido en Dragonsterra y con aquel caballo no había tenido que hacer absolutamente nada, pues como bien había dicho Yahab sólo era cuestión de indicarle el destino.

A éste en cambio había que dirigirlo y por simple que pareciera al inicio no fue nada fácil.

Después de algunas horas Link y Epona lograron encontrar una salida, afuera en la semi-llanura Link no reconoció nada, pero de igual forma desmontó y liberó al corcel que había estado utilizando.

Se había adentrado en el bosque y había perdido por completo el camino, Epona relinchó de forma curiosa y alzo las orejas tratando de reconocer el paisaje.

-Es por allá- dijo Link después de haber revisado el mapa hechizado que cargaba en la alforja.

Caminó unos cuantos pasos y la yegua lo siguió aunque con semblante muy dubitativo.

-Espero que Zelda no se preocupe, entre nuestras corredizas hemos llegado a un lugar que está bastante lejos- dijo con tono cansado incluso algo triste.

Miró hacia el horizonte y el sol del amanecer apenas salía, lo cual lo hizo suspirar un poco, "que noche tan pesada" susurró por unos instantes.

Epona lo empujó por la espalda y él hizo un gesto de enojo.

-Estate quieta- dijo sin ánimos de pelear en esos momentos- esto ocurrió por tu culpa, porque tú dejaste a Ruco sin descendencia- dijo de forma seria como tratando de regañarla pero después no pudo evitarlo y le ganó la risa.

Caminaron durante un rato y después Epona se puso a juguetear a su alrededor, una venita apareció en la frente de Link y después la tomó por la cuerda que antes le había puesto.

-¡Quieta!- volvió a bramar- pero no estaba enojado simplemente cansado después de esa larga noche.

Suspiró de manera ávida, también le preocupaba mucho dejar por tanto tiempo a Zelda.

Epona se zafó de su agarre y después volvió a brincotear como loca a su alrededor.

-¿Qué quieres?, ¿Tienes hambre?, no he traído nada, aguanta hasta que lleguemos con Zelda.

Epona relinchó de forma inquieta y después se detuvo justo encima de una lomita, Link la alcanzó momentos después, y con un dejo de cansancio vio salir completamente el sol que también se alzaba en el cielo de forma perezosa.

-Qué cosa más hermosa, y tú ¿Por qué ya no caminas?- dijo empujándola y moviéndola pero la yegua se había plantado firmemente.

Estaba más que obvio que ya no caminaría hasta que Link le hiciera caso.

El joven hylian la miró de forma dubitativa, una vez más la empujó para moverla pero era más que obvio que no podría con Epona, era muy pesada y también en exceso fuerte.

-¿Qué has pensado?, también quieres salir corriendo- dijo Link con algo de tristeza, no sabía porque pero de un momento a otro pensó en liberarla, tal vez Epona ya no quería caminar porque quería irse como los demás caballos.

Al fin y al cabo ya no tenía puesta la montura porque los hombres de Ruco se la habían quitado y dejado abandonada en el establo de la ancianita.

Entonces bufó de forma sonora, le quitó la rienda y caminó dejándola sola.

Epona abrió sus curiosos ojos y vio como el joven hylian se alejaba. Corrió tras él y se le plantó de frente.

-Si quieres irte, vete, no sé cómo consolare a Zelda pero ya encontraré el modo- le dijo rodeándola y emprendiendo nuevamente la marcha.

Se alejó de forma triste sintiendo que en su corazón se abría un gran vacío, un vacío que no sabía cómo leer ni cómo interpretar…


Al caer la tarde Zelda comenzó a preocuparse, de manera misteriosa los sementales de la ancianita habían vuelto a casa, pero de Link y Epona no había ni una pista, el joven hylian se había marchado por la noche y desde entonces ella permanecía en un estado de constante preocupación.

Tomodachi dormía todavía, el desgaste de magia en la noche anterior lo había agotado demasiado. Rouro por su parte había subido a los tejados con la esperanza de ver mejor hacia el horizonte.

-¡No te vayas a caer!- le gritaba Zelda desde el suelo, a pesar de que en los últimos días sus alas habían mejorado la joven princesa todavía sentía preocupación por él.

-Ah, ¡Cielos!, no se ve nada- dijo el joven watarara con un poco de desánimos.

Zelda agachó la mirada y entró en el rancho con paso presuroso, atravesó la estancia principal y después al llegar a la cocina cogió su bolso, Tomodachi quien dormía en el sillón escuchó los ruidos y después de erguir varias veces las orejas se levantó para ver qué pasaba.

-Princesa, ¿A dónde va?

-A buscar a Link, ya no puedo más con la angustia, es muy tarde Tomo, algo malo le debe haber pasado.

Un cuchicheo se escuchó tras la puerta, Zelda salió de la estancia y Tomodachi la siguió sin rechistar ni un poco.

Afuera la anciana del rancho mantenía la plática con uno de sus vecinos.

-Así que ardió en llamas, ¿Cuando?- preguntó curiosa.

-Hoy en la madrugada, todavía no se sabe nada oficialmente de la causa, pero algunas personas dicen que Ruco acusa a un mercenario de nombre Zilant.

Zelda se quedó helada, se tambaleó un poco y después se acercó a la anciana.

-¿Qué ardió en llamas?

- Una de las comarcas vecinas, una propiedad de la que se había adueñado Ruco hace tiempo.

-Ruco, ¿el del rancho Nolnol?

-Ése mismo hija.

Nuevamente el corazón le latió de forma pesada y sin decir una palabra emprendió el camino hacia la salida del rancho.

-Señorita Zelda espere- le decía Tomodachi, se aferró a una de sus piernas pero Zelda no se detuvo.

-Voy a buscar a Link.- clamó de manera firme.

-Él no es cualquier persona, seguro que si tarda es porque algo se le cruzó en el camino, pero de seguro que va estar bien… por favor no vaya.

Rouro desde el tejado suspiró, después se paró de un solo brinco y brincoteo señalando algo, pero Zelda estaba tan ensimismada discutiendo con Tomodachi que no le prestó atención al joven watarara, y después cuando se escuchó ese estruendoso sonido nadie podía creer lo que veían sus ojos.


Nuevamente Epona lo siguió, Link se deshizo de ella y siguió caminando, a esas alturas ya se había cansado de lidiar con ella y después la yegua le mordió la túnica para detenerlo.

Bufó nuevamente de mala manera, pero al virarse tomó mucho aire para no soltar cualquier tontería.

-Epona estoy cansado- dijo el tiempo que se viraba, la yegua no había retrocedido así que su cabeza literalmente choco contra la suya, Link se sobó de manera graciosa y después Epona relinchó cono si se estuviera riendo.

Sus grandes ojos se cruzaron por unos instantes con los del joven hylian y durante esos pocos segundos a Link se le vino una loca idea la cabeza.

-"No es posible"- pensó volviendo a virarse pero Epona nuevamente lo jaló de la túnica.

Le dedicó una nueva mirada y con asombro desmedido vio como la yegua le ofrecía su lomo.

-Es broma ¿cierto…?

Pero la yegua volvió a incitarlo dándole empujoncitos cariñosamente con la cabeza. Por unos momentos Link dudo en aceptar la oferta porque parecía como algo irreal y casi inimaginable, no había razón por la que Epona le ofreciera su lomo, antes lo había hecho para salvarlo a él y por supuesto también a Zelda, pero ahora sin motivo aparente era muy difícil creerlo.

Se acercó con mucha cautela posando sus manos sobre el lomo de la yegua y después con un ágil salto se montó en ella, durante unos segundos por la cabeza le corrió la idea de que ésta se encabritaría y terminaría en el suelo con unos cuantos moretones, pero Epona sólo giró un poco la cabeza y lo miró con ojos tiernos.

Finalmente Link irguió una sonrisa y con el mismo gesto le acarició la crin de forma suave.

-Bueno… anda.

Y Epona trotó suavemente, miró al joven hylian de reojo, parecía disfrutar del paseo y acelero la marcha, pronto estuvo corriendo en la llanura abierta.

-¡Corre!, ¡Corre!- dijo Link con la adrenalina al límite.

Por segunda vez sintió la velocidad y el viento en su cara y volvió a pensar que la yegua era un ser increíble.

Y entonces corrió, corrió como nunca en su vida lo había hecho, con una velocidad asombrosa que incluso sobrepasaba a la que había utilizado durante su huida, y como si fuera inercia Link se aferró contra su cuerpo, era cierto que cabalgar no era una de sus mejores habilidades, pero en ese instante estando junto Epona todo le salía tan natural como si hubieran hecho desde siempre, como si hubieran sido uno solo durante toda su vida.

Y así corrieron durante toda la mañana hasta llegar al rancho en el que habían dejado a sus compañeros.

-Mira ahí esta Rouro- dijo Link al ver al watarara encima del tejado- detente Epona que ya casi llegamos- clamó al ver que la cerca que colindaba el rancho se acercaba de manera presurosa- ¿Epona?... oye, oye , ¿ ¡En que estás pensando!?

La yegua relinchó de forma emocionada, apresuró el paso y al llegar a la cerca saltó con una ligereza increíble.

Pasó corriendo justo enfrente de Zelda pero después ya no pudo detenerse y fueron a estamparse contra un granero lleno de heno y paja. La joven hylian que estaba cerca los miró de forma asombrada y después cuando corrió a ver que les había pasado, no podía encontrarlos entre tanto y tanto heno.

Un curioso relinchido sonó de manera graciosa y después Epona asomó su cabeza entre la paja.

-¡Epona!- gritó Zelda con alegría, la abrazó por la cabeza y le dio un tierno beso.- ¿En dónde está Link?- preguntó preocupada y su respuesta llegó a modo de carcajada, lo buscó con la vista y después lo vio salir de entre el heno.

Link se sacudió un poco, todavía se reía de forma nerviosa a causa de la adrenalina.

-¡Animal del demonio!, ¡casi me matas!- clamó de forma alegre y divertida.

Zelda corrió a su encuentro y después cuando lo abrazó Link se cayó de espaldas y fue a dar nuevamente contra el heno, ambos quedaron en una situación extraña y muy comprometedora. Aun así Zelda no se apartó de su lado y en lugar de dejar que se levantara acurrucó su cabeza contra su cuello.

-Link, ¿Qué hiciste?, escuche que se quemó una comarca y que te están buscando… bueno a Zilant.

-Sí. Susurró él con algo de pena- Lo siento Zelda pero perdí mi capucha- clamó con tristeza- y además debido a un descuido los Dodongo ya saben que estoy aquí, en esta parte de las tierras de oeste.

-¿Y te lastimaste?

-¿Eh?... no, estoy bien…

-Entonces todo está bien- dijo con un suspiro de alivio.

Él también la abrazó de forma tierna y se quedaron ahí recostados un rato mientras se hundían lentamente entre la paja.

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Continuara…

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Comentarios del capítulo:

Hey seguro que se ahogan entre el heno si Zelda no deja que Link se levante jajaja, pero ¡vaya! Es una oportunidad única no creo que la desaproveche xD