~*~Los Personajes de este fic no me pertenecen, excepto los OCs marcados por la misma historia. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA.
~*~Este fic no está hecho con fines de lucro solo es por entretenimiento y diversión.
Raya (cambio de escena, con una o varias alteraciones Cronológicas)."Pensamientos"*Asterisco en el intertexto* (notas de la autora, marcadas con N.A al final del texto en el mismo orden correspondiente de la lectura)."Referencias a otras frases",Recuerdos muy efímeros,Los sueños aparecerán en cursiva precedidos y seguidos por dos puntitos.
AVISOS Y COMENTARIOS (si es que los hay) al final del capítulo.
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Capítulo 38: Hasta pronto Rouro.
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-Vamos!- gritó enérgicamente al tiempo que se quitaba las vendas.
Zelda lo observaba también con entusiasmo mientras le ayudaba a que no se enredara nuevamente. El joven Watarara extendió los brazos y después de concentrarse un rato comenzó a dar saltitos para tratar de desplegar las alas. La joven princesa lo seguía atentamente con la mirada poniendo atención a cada uno de sus altibajos.
A lo lejos Link parecía estar poniendo al tanto de todo a Tomodachi, finalmente después de varios calentamientos Rouro saltó realmente alto y desplegó las alas de sus brazos para poder alzar el vuelo, revoloteó de manera torpe por unos instantes y desde las alturas pudo ver como Zelda le sonreía de forma gustosa.
La poción había funcionado, le había costado su orgullo de príncipe pero una vez que estuvo nuevamente en el cielo ese pequeño detalle dejo de importarle, por unos instantes se le subió la adrenalina y se aventuró a subir muy muy alto casi hasta tocar las nubes.
Había pasado tanto tiempo en el suelo que ya casi no recordaba lo que era respirar el verdadero aire, se quedó sumido en su propia alegría y después cuando decidió planear para volver al suelo vio desde las alturas como lo miraban atentamente sus compañeros, su mirada se posó sobre el joven hylian, y a pesar de que no quería admitirlo, al final terminó por convencerse de que había sido una suerte estar en esos momentos a su lado.
El viento se arremolino sobre su emplumada cabeza y por instantes se imaginó que hubiera pasado si nunca más hubiera podido sentirlo, ese pequeño pensamiento lo lleno de miedo absoluto y por primera vez comprendió que sin importar ciertas cosas, en el mundo realmente existían prioridades.
-Bravo Rouro- clamó Zelda mientras estiraba sus brazos para recibirlo con cariño.
El watarara terminó por descender junto ella para acurrucarse entre sus brazos.
-¡Viste!, ¡he volado muy alto!
-Sí, si lo he visto.
-¡Vaya!, joven Rouro, eso fue impresionante- clamó Tomodachi mientras se acercaba.
Link solo rodó los ojos y al pasar junto a ellos tomó a Rouro del cuello para separarlo de Zelda y depositarlo a unos cuantos metros de distancia.
-¡Hey!- gruñó el pequeño príncipe, pero sus ojos también mostraban cierta alegría.
-Bien- clamó Link con cierto toque pícaro- ¿qué viste en el cielo?
-Eh?
-A vaya, no viste nada ¿verdad?
-No, lo siento, permíteme volver a intentarlo, ¿Qué es lo que quieres?
-las nubes.
-¿Las nubes?
-El mar de nubes.
-Ahhhhhhh, ¡eso!
Desplego las alas y voló muy alto, a lo lejos logró vislumbrar el gran mar de nubes, era tan imponente que de verdad pensó que había estado ciego de alegría para no haberlo visto en su primer intento.
-Es por allá- le dijo a Link mientras volvía al suelo.
-Entonces mejor nos movemos.
Llamó a Zelda y a Epona, y después tomó a la princesa por la cintura para ayudarla a montar de forma rápida, la yegua relinchó de manera queda y mientras caminaban le pegó a Link el hocico en el cuello.
-Ya basta quítate- gruñía Link un poquito fastidiado.
Pero Epona seguía dándole golpecitos con el hocico.
-Zelda tu yegua ha estado extraña últimamente.
-Tal vez quiere decirte algo y no le haces caso Link- clamó ella de forma graciosa.
-Oh, si, si. Genial, ahora la yegua me habla.
Epona relinchó de forma graciosa mientras que el resto de sus acompañantes también se reían.
-¿Por qué no intentas subir aquí arriba Link?
-¿Arriba?- preguntó mientras se viraba, se topó con los grandes ojos de Epona y parpadeó un par de veces para salir de ese pequeño trance, todavía recordaba aquel extraño sentimiento que había sentido en esos primeros días, ese pensamiento de querer saber si todos los caballos eran iguales a ella, pero en poco tiempo había terminado por montar a varios de esos animales y para ese entonces estaba fervientemente convencido de que realmente no había ninguno como Epona.
Zelda le estiró los brazos y sin siquiera pensarlo Link también le estiró los suyos para ayudarla a bajar de la montura.
-Ahora sube- dijo ella un tanto entusiasmada.
-¿Qué?- balbuceó él mientras terminaba de desperezarse de aquellos extraños pensamientos.
-Sube Link.
-Querrás que salga volando.
-Se nota que se muere por que vuelvas a montarla.
-No lo creo Zel.
-Claro que sí, mira nada más esos ojos.
Link alzó una ceja y después volvió a mirar a Epona, la yegua nuevamente le acercó el hocico y él cerró los ojos por inercia creyendo que en cualquier instante le darían un lengüetazo, pero ella solamente le dio una suave caricia con el hocico.
Suspiró durante algunos instantes, le recordaba lo que había sucedido después de haber salido de ese extraño boque.
-¿Qué te pasa?, ¿Sientes miedo?- clamó Rouro de forma burlona mientras movía las alas para elevarse del suelo, con cierta maestría se posó sobre la montura y Link refunfuñó un poco al ver la facilidad con la que él la había montado.
Bufó de manera casi sorda y sin pensarlo demasiado estiró un brazo para espantar al watarara, Rouro alzó nuevamente el vuelo, y Link posó con firmeza un pie sobre el estribo para hacerse con la montura.
-¡Por qué crees que tengo miedo!, qué más da si me tira- refunfuñó.
Epona se movió un poco y Link se aferró a las riendas, no era miedo lo que sentía, pero tenía que admitir que se había encariñado con la yegua, cierto pensamiento se había pegado a su memoria y lo había hecho concluir que le dolería, si, le dolería, pero no el hecho de que lo tirara, sino más bien que lo rechaza después de todo lo que habían pasado juntos. Era una sensación parecida a la que sentía cuando de vez en cuando Zelda se enojaba con él de una u otra forma aunque solo fuera por muy pequeños lapsos.
-Bien Link- asintió Tomodachi al ver que seguía erguido en la montura.
-Muy bien- clamó Zelda mientras le abrazaba la cabeza a Epona.
La yegua parecía feliz con la decisión del Hylian y sus grandes ojos azules también invitaron a Zelda para que se subiera.
Link exhaló de manera discreta y después de un rato a pesar de que estaba feliz decidió que ya era tiempo de volver al suelo, debían seguir avanzando y no quería que Zelda caminara un tramo tan largo, pero…
-Dame la mano- le dijo Zelda desde el suelo de forma graciosa y él la miró con los ojos un poco perdidos.
Aun así, sin decir nada obedeció lealmente y la ayudó a montarse delante de él.
-Bien ahora sí, vámonos Epona- clamó ella con felicidad desmedida porque le encantaba la idea de tener ahí a Link a su lado.
Epona relinchó y se pusó en marcha, durante cierto tiempo Link se sintió un poco extraño pero poco a poco se acostumbró a esta extraña y nueva forma de viaje, el cálido viento que provenía desde su destino lo animó a pensar en que ya se encontraban muy cerca, pronto llegarían al lugar en el que el cinturón de fuego se topaba con las nubes, lo cual les indicaría que estaban a la mitad de su camino.
Las Tierras del Oeste parecían haber perdido su toque dramático y a pesar de que no traía consigo su capucha se sintió tranquilo al tener tan cerca de Zelda.
Tomodachi se echó la alforja a su espalda y después de un rato abandonó su posición bípeda para poder seguirles el ritmo, ahora que Rouro había recuperado sus alas él comenzaba a extrañar fervientemente a las suyas, su mente viajó a unos cuantos kilómetros hasta ciudad Ropy, a las planicies del pico volcánico, al pequeño rancho en donde había dejado a su águila arpía. Los curiosos ojos de Beast ocuparon su mente por un buen rato a tal grado que por un momento imaginó escuchar su chillido.
Suspiró de manera queda mientras el viento también chocaba contra sus bigotes, alzó la vista y vio a la princesa acomodarse de forma placida sobre el pecho de su amigo, Link parecía un poco ausente y Tomo repensó todo lo que había pasado desde el día en el que se habían conocido, el joven hylian seguía manteniendo esa mirada y había notado muchas veces cómo de vez en cuando se perdía en el crepúsculo, sabía que su corazón se había apaciguado con la llegada de la princesa, pero aun así, estaba convencido de que la fidelidad que le guardaba a esa otra persona seguía más que intacta, de pronto durante las noches al cambiar de guardia lo seguía viendo con esos ojos tristes, como si Link buscara desesperadamente encontrar alguna respuesta en las estrellas, algo por pequeño que fuera que le diera una pista, una esperanza para continuar con su arduo viaje. No podía imaginar cómo sería una vida parecida y siempre que pensaba en Yahab venían a su mente aquellas palabras "Tú. ¡No sabes nada!, que puedes saber si siempre has tenido a esa persona a tu lado. ¡No te metas en mis planes!" se las había dicho con tanta rabia pero al mismo tiempo sabía que desde lo más profundo de su corazón lloraba en silencio, lloraba como lo había hecho siempre, como lo había hecho durante años al sentir que se había vuelto a quedar solo.
Nuevamente el chillido de Beast invadió su cabeza, pero estaba tan sumido en sus pensamientos que simplemente se sacudió para sacarse las ideas extrañas.
-¡Tomodachi cuidado!- la voz de Rouro lo hizo alzar la cabeza, ¿desde cuándo se había quedado tan lejos de sus compañeros?
No había notado que llevaba un paso demasiado lento, aunque eso dejo de importarle cuando sintió que lo tomaban de la espalda para levantarlo hacia las alturas.
-¡Cielos!- Clamó de forma graciosa antes de virarse y encontrarse con esos grandes y profundos ojos azules.
Link y Zelda voltearon de inmediato, aunque tuvieron que cubrirse un poco porque el sol les daba directamente en la cara.
-¡Demonios Link usa el arco!- gruñó Rouro al ver que el joven hylian se había quedado sin hacer nada.
-¿Arco?- pronunció Link con pereza.
-¡Vas a dejar que se lo coman!-clamó mientras alzaba el vuelo.
-¡Rouro espera!- Zelda lo llamó pero ya iba muy lejos.
Y la voz de la princesa le pareció lejana e inteligible cuando llegó hasta donde se erguía aquella otra enorme ave.
-Ya verás- susurró con ojos decididos mientras se le iba en picada.
La otra ave aleteó de forma ágil y lo esquivó sin el menor de los problemas.
-"Demonios, esa cosa es muy rápida"- pensó el príncipe de los watarara mientras volvía a dar la vuelta para tratar de "salvar a Tomodachi"
Fueron intentos fallidos y después de cierto tiempo algo extraño cruzó por su mente.
-"Que extraño, ¿Por qué no me ataca?, las águilas arpías suelen ser realmente feroces…"
-Rouro detente.
-¿Qué?
-Detente- clamó Tomodachi.
-¡Estoy intentado salvarte!- le gritó para que pudiera escucharlo.
-No, no, desciende.
-¡Que!
-No bajara hasta que te vea en el suelo, es su instinto.
-¡Si, instinto!, ¡Te va a comer!
-Confía en mí, ¡Baja!
Lo miró con ojos preocupados, aquellos otros ojos azulinos lo miraban de forma fiera, pero Tomodachi parecía relajado y al virarse hacia el suelo Link también parecía tomar las cosas como si nada, la princesa Zelda le hacía señas como diciéndole "vuelve" y solamente de esa forma se arriesgó a descender y dejar a su amigo.
-Zelda- susurró al llegar a su lado.
-Rouro te dije que esperaras, mira- dijo señalando al cielo.
El águila arpía descendió de forma lenta y al llegar al piso depósitó al caviidae de forma cuidadosa, Tomodachi se sacudió un poco para desesponjarse el pelaje y después miró de forma traviesa a la gran ave blanca.
-¿Qué habrá pasado?- preguntó Zelda curiosa.
-Debe ser por Rouro, seguro que Beast creyó que se comerían a su amo, tal vez pensó que Tomodachi no lo había visto y que caminaba hacia una muerte segura, eso le pasa al caviidae por andar de distraído.
-Tal vez debimos subirlo a la montura con nosotros- dijo Zelda de forma un poco apenada.
-¡Que!, yo no como caviidaes.
-Si pero Beast no sabe eso- clamó Zelda en tono gracioso.
A lo lejos vieron como Tomodachi regañaba un poco al águila arpía, aunque lo hacía de forma muy suave como si solamente le estuviera aclarando las cosas. Después de un rato Rouro parpadeó de forma incrédula al percatarse de la montura que llevaba el águila, Tomodachi se había inclinado sobre ella y de una de las alforjas sacó un pequeño lazo, el cual echó sin problema alguno al cuello de la enorme ave blanca.
-Lo siento joven príncipe, creo que se ha espantado por culpa de mi amiga.
Rouro y Beast se miraron con un poco de nervios.
-Quieta- susurró Tomodachi jalando un poco la cuerda- creo que empezamos de un mal modo.
-Si- masculló Link- creo que Rouro empieza mal con todos.
-Oye- gruñó mientras se le esponjaban las plumas-No es mi culpa que tú seas un mercenario y que ella sea el depredador más peligroso en las tierras sureñas.
-Cierto- clamó Tomodachi sintiéndose orgulloso de su montura- si lo es, y por eso, es tan genial tenerla de mi lado.
-Vaya, ¡Por las diosas!, ¡Zelda! No podrías haber conseguido una caravana más exótica que te llevara a Hyrule.
La princesa se rio de modo tierno, Tomo también irguió cierta sonrisa y después de que Beast confirmó que Rouro no era un ave depredadora cambio de humor completamente y Tomodachi le quitó la cuerda para poder montarse en ella.
-Ahora si- clamó el caviidae sintiéndose más cómodo- que grato es tenerte de vuelta compañera.
Profirió un chillido y alzó el vuelo de modo rápido, Rouro también vatio las alas y de esa forma el viaje fue un poco más rápido.
-Parece que hay un pequeño lago más adelante- dijo Tomodachi después de inspeccionar el paisaje.
-Bien!- clamó Link. Le pasó las manos por la cintura a Zelda y se aferró a las riendas de Epona- El que llegue al final hace la guardia del campamento.
Epona se echó a correr a todo galope, la princesa profirió un pequeño gritito y sin pensarlo demasiado le paso los brazos por el cuello al joven hylian.
-¿Qué!?- clamó Rouro al ver que Tomodachi le seguía el juego.-No es justo, condenado mercenario.
. . .
Y de esa forma no pudo evitar llegar en último sitio, Link se reía de su infortunio y el pobre watarara tuvo que conformarse con hacer un montón de mohines.
-¡Link!- gruñó Zelda- la próxima vez avisa.
-Ajá- dijo el de forma divertida- ¿Y perder la ventaja?, de ninguna forma alteza.
-Bien, no importa- gruñó Rouro mientras se sentaba en el piso.
La princesa se sentó a su lado y le despeino las plumas, Link y Tomodachi terminaron de armar el campamento y cuando se oscureció los cuatro se sentaron juntos alrededor de la fogata. Había sido un día demasiado largo aunque algunas cosas buenas habían salido de este, varias cosas habían sido recuperadas y Link parecía satisfecho con no tener que caminar largas y largas distancias nuevamente.
-Zelda- la llamó mientras se retiraba de la fogata para sentarse cerca del lago
- Si Rouro.- respondió ella siguiéndolo hasta ese sitio.
-He estado pensando…- se detuvo por unos instantes y viró la vista hacia el joven hylian, Link había embrochetado unos cuantos peces, había recolectado agua, fruta y otras chucherías en un corto lapso de tiempo.
-¿Qué piensas?
-Pienso en… que estarás bien a su lado, sin hambre ni frio. Es sumamente fuerte y también piensa con bastante lógica, no es…- suspiró porque se le atragantaban un poco las palabras- no es cualquier mercenario bruto.
-Rouro- le susurró ella con bastante alegría- ¿Y a qué viene eso ahora?
-Ah, bueno, es que… tu tenías razón, acerca de conocer el camino, será más rápido si me voy volando solo.
-¿Quieres irte?
-Si.
Por unos instantes se formó un intenso silencio, el crepitar de las llamas de la hoguera se volvió bastante audible y después de un rato cuando Link notó la atmosfera incomoda, se dio cuenta de que algo no estaba bien del todo.
-Bien- susurró ella en un tono un poco triste.- supongo que estas preocupado por la parvada, por Sora y…
-Si lo estoy- la interrumpió de golpe- pero no es eso.
-¿No?
-Es por ti Zelda. Dime ¿Por qué vas hacia Colmillo de Guerra?
-Para poder contactar con Hyrule.
-Exacto. Pero creo que yo podría llegar antes, ahora que puedo volar debería ir a Hyrule e informar le de la situación a Impa.
-Entiendo pero…
-Ellos también estarán bien sin mí, recuerda, mi segunda al mando esta con ellos y también Lord Gufo, además mi madre todavía puede guiar a la parvada si ese fuera el caso.
Nuevamente el silencio se volvió incómodo.
-De todas formas, está bien si continúas con esta ruta, entre más pronto salgas de las Tierras del Oeste mejor serán las cosas, Colmillo de Guerra también es un buen lugar para que esperes.
-¿Esperar?
-A que Impa y la guardia Real vayan a recogerte.
-Entiendo. Gracias Rouro, eres como un ángel caído del cielo. Literalmente- dijo haciendo que la última palabra sonara graciosa.
La mirada de Link se volvió un poco oscura.
-¿A, si?- profirió con un tono un poco amenazante, si perdía a Zelda a mitad del camino tal vez después ya no podría entrar a Hyrule y se le iría la oportunidad de poder encontrar lo que buscaba. Y además perderla en manos de la guardia Real, eso lo irritaba de sobremanera.
-Si- susurró el Watarara- ¿Qué pasa contigo? no te ves contento.
-Nunca lo estoy cuando me roban el trabajo.
-Pero Link- clamó Zelda en un tono tranquilo-si voy a pagarte, no pongas esa cara. Además si tú quieres puedes acompañarme todo lo que quieras- le dijo con la esperanza de que él aceptara.
Pero sólo viró la mirada y se retiró del sitio sin hacer ningún comentario, al parecer no le gustaba en nada la idea.
-¿Por qué te enamoraste de un tipo tan idiota?- susurró Rouro de forma divertida sabiendo que Link estaba tan lejos que no lo escucharía.
-¡Rouro!- clamó ella tapándole el pico- ¿Qué es lo que estás diciendo?
-Lo siento Zelda, pero es que se nota a kilómetros.- dijo mientras se desasía cuidadosamente de las manos de la princesa.
Ella desvió la mirada de forma avergonzada.
-¿Qué te pasa?
-Nada.
-Tienes esa cara sumamente triste, ¿Es porque te enamoraste de un imposible?- le dijo él manteniendo su tono divertido- sabes que cualquier cosa que le pidas a tu padre él te complacerá con gusto, además estoy seguro que hasta le va a hacer festival a Link por haberle quitado los traumas a su hija y… … … ¿Zelda?
-Su corazón es de otra persona- dijo de un modo verdaderamente dolido- él no nació para poder quedarse a mi lado.
-¿Qué, pero él….?, no, no es cierto, es decir, he visto la forma en cómo te trata.
-Sólo es demasiado lindo. Es… un alma noble atrapada en ese destino de mercenario, eso es todo.
De alguna forma nunca imaginó que le dolería escuchar aquello, hace algún tiempo hubiera saltado de gusto, pero no ahora, no sabiendo que el corazón de Zelda sufría de esa forma.
-¿Entonces?
-No sé… mis sentimientos no van a desaparecer así como si nada.
-Pero los de él pueden cambiar señorita Zelda- la nueva voz hizo que la princesa se sobresaltara, había olvidado por completo que Tomodachi seguía ahí a su lado.
-¡Tomo!, Ay, no, que vergüenza- clamó llevándose las manos al rostro, había luchado por guardar sus sentimientos hasta de ella misma, y ahora así como si nada, tres cuartas partes del grupo estaban enteradas y hasta con detalles.
-Ay, cielos- susurró el caviidae al ver que había metido un poco la pata.
Nuevamente Zelda suspiró tratando de que también su cara recobrara las tonalidades.
-Está bien- susurró Tomo- sé qué hace algún tiempo me dijo lo contrario, pero tal vez era porque ni usted misma se había dado cuenta, eso es normal en las personas, no siempre se puede saber con certeza las cosas incluso si son importantes. Además ese no es punto.
-¿No lo es?- musitó Rouro- ¿es esa otra persona?
Tomo asintió con la cabeza.
-El corazón de Link se pegó a ella porque no conocía otra forma de amor en nadie, pero eso ha cambiado señorita Zelda, poco a poco ese terco mercenario está aceptando que si se puede encontrar cariño en otros lugares, en otras personas e incluso en otros seres. Solamente es cuestión de tener paciencia. Además…
-¿Además?- repitió Rouro
-No estoy seguro de que algún día vuelva a encontrarla, también es mejor para él si se olvida de ese asunto.
-Pero Tomo, él la ha amado durante años y años.-Clamó Zelda.
-Y eso que, ¿Acaso no es una forma de mantener fuerza y esperanza?, también es psicológico princesa, es una protección natural contra la soledad y el exilio. ¿Contra quién iba a cargar todos esos sentimientos si no había nadie más a su lado? ¡Nadie!
-Nadie- musitó ella.
-Pero ahora estas tú-Le dijo el Watarara- Tomodachi está en lo cierto, no te rindas sin siquiera haberlo intentado, ¿Alguien sabe que paso con esa otra persona?
-No- clamó el caviidae- podría estar incluso muerta ¿y que va a pasar cuando Link se entere?, ¿se quedara nuevamente triste y solo?
-Piénsalo- susurró su emplumado amigo.
Ambos se retiraron de ese sitio y Zelda se quedó pensando sola, mirando las estrellas y tanteando posibilidades, aunque de un momento a otro llegaba a la conclusión que cualquier intento tal vez terminaría en fracaso y eso le daba miedo, porque Link era el único hombre al que había amado ¿Y si las cosas terminaban mal? ¿Y si metía la pata y también lo perdía como amigo?
La idea se había vuelto insoportable, mejor era dejar las cosas como estaban…
-¿Qué te pasa?, creí que estabas contenta de que Rouro fuera tu mensajero- la voz de Link la sacó de sus ensoñaciones.
Cuando menos acordó el joven mercenario se había sentado a su lado y con cierta ternura le pasó una mano por el rostro, las lágrimas de Zelda se pegaron en su palma y le dedicó una bonita sonrisa tratando de que ella también sonriera.
-No llores, él va estar bien, deberías confiar más en tu amigo.
-Si- musitó ella- …Link..
-Si?
-¿Te quedaras a mi lado?
-Me quedare hasta que me pagues- clamó él de forma graciosa.
Zelda lo abrazó de forma amorosa y se acurrucó entre sus brazos.
-Entonces no voy a pagarte nunca.
-Eh!?, ¿Qué significa eso?, te arriesgas a que vaya y saqueé a Hyrule.
-No importa- susurró ella con la voz adormecida- te necesito.
-Eso significa que soy mejor que los guardias de tu reino, ¿No?
-Si… por mucho. ¿De verdad no quieres ser siempre mi guardaespaldas?
-Sabes que no puedo Zelda, ¿Te arriesgaras a vivir siempre con miedo?
-¿Qué?
-Mi pasado no va a dejarme nunca no importa que tan lejos vaya.
-¿Tienes miedo?
-…., claro que no, yo elegí mi propio camino.
-Sabes que si lo tienes siempre puedo cuidarte, igual que en aquella ocasión.
-¿Vas a salvarme de los Dodongo?
-Si
-¿Y vas a petarle el trasero a otros mercenarios?
-Si…
-Zelda…
-Si?- musitó de forma bastante ida.
-Estás hablando dormida.
-Si… no, …
-Si- susurró él con cierta ternura.
Llamó a Epona y de las alforjas sacó una manta.
Los rayos del sol se reflejaron de forma firme sobre el lago, Rouro desplegó sus alas y antes de alzar el vuelo le dio un abrazo a Zelda.
-Que las diosas bendigan tu camino.
-Lo mismo te deseo My Lady.
-Buena suerte Rouro- clamó Tomodachi.
-Gracias- susurró el joven Watarara, se viró hacia Link y lo miró todavía con se gestó de enfado- vaya, se nota que no te gusta en nada la idea. ¿Es por qué van a reducirte tu paga?
-No- gruñó de forma berrinchuda.
-¿Entonces?
-Es que odio a los guardias. Con toda mi alma, los odio.-Rugió mientras cruzaba los brazos y se daba una media vuelta.
Ambos príncipes parpadearon de forma estupefacta.
-¿Qué?-Profirió Rouro un poco fuera de su sitio.
-Cielos!- clamó Tomodachi dándose un pequeño tope en la cabeza.
-¿Es porque es un mercenario?- preguntó Zelda de forma graciosa
-No. Que importa lo que sea. De verdad los odia.- dijo Tomodachi
-¿Y a qué viene eso?- clamó el Watarara.
-Dijiste que le ibas a enviar la guardia Real a Zelda.- refunfuñó todavía en ese tono molesto
-Ooohhh- clamó por largos instantes y después se echó a reír de forma graciosa- bueno, ya veremos eso, hablare primero con Impa y que ella sea la que decida. Tampoco sabemos si por allá tienen noticias del Rey Gaepora.
-Bien- musitó Zelda.
Se despidieron con una sonrisa y la princesa se quedó moviendo las manos hasta que Rouro desapareció en el cielo.
-Se fue- musitó nuevamente sin poder evitar sentirse triste.
-Si- también musitó Tomodachi- pero creo que Link ahora estará más contento,¿ verdad?, ¿Link?
-¿Link?- Zelda también lo llamó pero no logró encontrarlo.
Lo buscaron un poco confundidos y al final lo encontraron a la distancia refunfuñando a modo de berrinche, se había montado sobre Epona y solamente le jalaba una rienda haciendo que la yegua diera vueltas y vueltas muchas veces en círculo.
-¿Qué haces?- dijo Zelda casi riéndose.
-Quiero ver si se marea.
-¡Claro que no!, dame eso- dijo quitándole la rienda desde el suelo, Epona se detuvo y movió la cabeza mareada- deja de desquitarte con la yegua.
Link bufó de forma graciosa y Epona emitió un leve relinchido, Zelda se montó junto él aunque esta vez lo hizo a sus espaldas.
Retomaron el camino con algo de paciencia porque el terreno se había cubierto de minúsculas piedras volcánicas.
-¿Qué te ocurre Link?, de verdad estás enojado ¿Cierto?... ¿Es por mi culpa?
-¿Qué?- clamó de forma atolondrada- No, no es por tu culpa.
-Entonces, ¿de verdad son los guardias?
-Si- gruñó por la bajo.
-¿Por qué?
-Ya te dije que los odio.
-Si pero debe de haber una razón detrás de ese sentimiento.
-Si- susurró- ellos me quitaron lo que más amaba en esta vida.
-¿Qué?
-No fueron los monstruos, ni los mercenarios, ninguna clase de alimaña… fueron ellos, fueron los guardias.
-Ay Link lo siento- susurró abrazándolo por la espalda, ya no quería seguirle preguntando porque la voz de Link sonaba sumamente dolida.- perdóname.
-Si- volvió a susurrar, aunque después de un rato terminó sacándose los recuerdos, sabía que era insano tenerlos presentes y además no quería que Zelda se sintiera mal por algo que casi sin querer había dicho.- ¿Me dejas correr a Epona?
-¿Qué?
-Quiero que corra- clamó de forma entusiasmada- me gusta sentir el viento.
-Bien- le respondió ella nuevamente con voz alegre.- pero solo un ratito porque luego se cansa.
-Claro que no, no vez que ni siquiera se ha mareado.
-Claro que se mareo Link.
-No, ¡de veras!, creo que es indestructible- dijo con voz divertida.
Epona irguió de forma curiosa las orejas, no entendía completamente que era lo que discutían sobre su lomo aunque se sentía verdaderamente feliz de tenerlos ambos juntos a su lado.
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Continuara…
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Comentarios del Capitulo:
Bueno pues también le vamos a decir adiós por un tiempo, pero seguro que en algún momento ese Watarara vuelve xD.
Epona es indestructible, pues la verdad si, por eso me gusta correr sobre ella apachurrando Tektites jajaja xD
