~*~Los Personajes de este fic no me pertenecen, excepto los OCs marcados por la misma historia. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA.

~*~Este fic no está hecho con fines de lucro solo es por entretenimiento y diversión.

Raya (cambio de escena, con una o varias alteraciones Cronológicas)."Pensamientos"*Asterisco en el intertexto* (notas de la autora, marcadas con N.A al final del texto en el mismo orden correspondiente de la lectura)."Referencias a otras frases",Recuerdos muy efímeros,Los sueños aparecerán en cursiva precedidos y seguidos por dos puntitos.

AVISOS Y COMENTARIOS (si es que los hay) al final del capítulo.


...

Las palabras viven... en ocasiones, crean ataduras en la vida misma.
No sólo lo atan a uno mismo, también a los demás.

Yuuko Ichihara. XxXHolic

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Capítulo 40: Palabras hirientes.

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Se había levantado realmente temprano, y lo primero que había hecho era ir a ver a Zelda, la joven hylian aún estaba dormida y sin darse cuenta termino poniendo una cara de cachorro decepcionado.

Tomodachi se rio de forma bajita al verlo y él le dedicó un mirada severa e inquisitiva, aun así el joven caviidae estaba seguro de que pronto Link terminaría por darse cuenta de sus sentimientos, solamente esperaba que fuera rápido porque Zelda parecía demasiado triste en los últimos días.

Sin pensarlo demasiado salió a tomar aire fresco y Link de forma curiosa lo siguió como si fuera una sombra, estaba bastante aburrido así que ambos acordaron que darían unas cuantas vueltas mientras esperaban a que la joven despertara.

-Te estas volviendo rubio- Clamó el caviidae un poco nervioso.

Link rodó la mirada hacia arriba y después refunfuñó al tocarse uno de sus mechones.

-Parece que el efecto tiene tiempo indefinido.

-Sí, pero el Shampoo parece haber funcionado contigo mejor que de lo que funcionó con la señorita Zelda.

-No puedo volver así a la posada Tomodachi, todo el mundo se dará cuanta.

El caviidae asintió y con cierta destreza volvió para entrar a solas a la posada, sacó de su equipaje la botella y movió los bigotes con fastidio al descubrir que solamente quedaba ración para un uso. Nuevamente salió de forma discreta y en los pasillos se topó con la joven hylian.

-Buenos días Tomo, ¿Y Link?- preguntó tratando de ocultar sus sentimientos, no quería admitirlo pero aun guardaba ciertos rezagos de la última noche.

-Está por ahí afuera.

-¿A dónde llevas la botella?

-A dársela, ¿no lo ve señorita Zelda?- clamó de forma graciosa- El muy ingrato dice que se le está cayendo lo sexi.

-¿Qué!?- profirió sin poder ocultar su enojo y sin siquiera darse cuenta de que Tomodachi estaba bromeando.

Era lo último que le faltaba, el día anterior había refunfuñado por tener que cargar con ese aspecto y ahora ¿Quería quedarse así más tiempo?, por un momento Zelda olvido que realmente lo estaba usando como camuflaje.

-"De seguro que ya le gusto eso de la coqueteadera…¡No puedo creerlo!"

Tomodachi retrocedió unos cuantos pasos al ver el semblante furioso de la princesa.

-Señorita Zelda…¿Se,….Se siente bien?

-Claro- gruñó con severo enfado, caminó por el pasillo hacia la salida y azotó la puerta sin decir cualquier otra palabra.

Tomodachi la siguió de cerca, pero la mañana había dado paso al despertar del pequeño pueblo, de pronto las calles se habían llenado de vida y al igual que en muchos otros lugares de paso, los mercaderes invadieron los caminos con mercancías y otro tipo de objetos.

El bullicio ocasionó que Tomodachi se perdiera por un momento y entonces de verdad ya no supo a donde había ido a parar Zelda. Preocupado por el hecho de que la princesa se reencontrara con sus temores, el joven caviidae dejó de perder el tiempo en buscarla y en lugar de eso fue a buscar a Link para comunicarle lo ocurrido…

-Rayos…- musitó de forma triste cuando se dio cuenta de que se había dejado llevar por sus sentimientos, no quería sentirse de esa manera,- ¿Por qué me enamore de Link?- clamó con dolor al tiempo que se sentaba en una banquita en las lindes del pequeño pueblo.

Le dolía tanto que él se comportara de esa manera, lloró durante un rato en silencio y su mente se perdió entre pensamientos muy confusos. ¿Y si las cosas no volvían a ser iguales?, ¿Y si sus sentimientos de verdad se convertían en una barrera?

Después de todo él era un mercenario, un alma libre que vagaba a donde le diera la gana, decir que quería a alguien era casi casi un cumplido, pero eso no significaba que sus sentimientos ahora le pertenecieran.

Por largo rato la joven princesa se quedó pegada a ese pensamiento, como si por fin comprendiera como era que "Las personas como Link" veían el mundo.

-Lo había estado negando de forma ingenua…- Clamó con coraje para sí misma y se limpió las lágrimas.- ya basta… ya no puedo seguir de esta manera, mis sentimientos no son algo que a él le importe, pero es mi culpa porque sabía perfectamente que él solo veía esto como un trabajo.

Se levantó de forma un poco más calmada, tenía que ir a disculparse con Tomodachi por haberlo dejado de esa forma tan grosera.

-¡Cielos!, ¿Pero… en donde he terminado?

Caminó haciendo círculos de forma graciosa y al final terminó por agachar la mirada al entender que de verdad había vuelto a perderse.

-¡Que desastre!- gruñó de forma decepcionada.

-Señorita, ¿Puedo ayudarla en algo?- la voz extraña la hizo virarse con algo de miedo, evidentemente era masculina y eso le causo cierto escalofrió, a pesar de que había practicado mucho en los últimos tiempos sus miedos no habían logrado desaparecer del todo.

Cerró los ojos y se viró de forma lenta.

-Si está perdida con gusto puedo guiarla- habló nuevamente la voz melodiosa.

Entonces Zelda abrió los ojos confundida, unos curiosos ojos carmesí la saludaron con cierto gusto.

-¡Vaya!- musitó completamente perpleja al sentir el aura de aquel chico, era un joven no muy alto, casi de su altura, cabello completamente azabache que le cubría un lado de la cara. Llevaba puesta una capa negra, lo cual hacia que de un momento a otro pareciera una curiosa sombra.

Zelda se acercó un poco y después volvió a erguir una ceja, era esa sensación extraña que había sentido no hace mucho tiempo, y después recordó porque aquella esencia le parecía tan familiar, era exactamente igual que la esencia del Legionario, era esa misma sensación que había sentido cuando conoció a Altaír en El Limite.

-Un Legionario- musitó sin tomar en cuenta sus propias palabras.

El otro joven se echó a reír de forma tierna.

-Si- musitó con una sonrisa- creo que también vos sois uno- clamó de forma traviesa señalando la capa que llevaba la princesa.

Ella se ruborizó un poco por la vergüenza. Pero después abrió los ojos como platos al darse cuenta de que no se equivocaba, la capucha negra de verdad llevaba grabado el símbolo de la legión en uno de sus costados.

-Que descortesía, señorita permítame presentarme, yo, Soy Lancelot Dulac, legionario de Aincrad, Dulac simplemente para mis amigos. ¿Y vos?- preguntó con ternura.

-Ah.. bueno.. yo… en realidad, en realidad no soy legionaria- clamó completamente ruborizada, era mejor que dijera la verdad a que la descubrieran de forma penosa.

-Lo sé- dijo él con picardía.- esa es la capa que le di a Altair hace algún tiempo, pero bueno, eso no importa, yo solo he preguntado su nombre. Aunque… también está en derecho de no decírmelo. De cualquier forma si el segundo al mando le dio una protección como esa, estoy en deber de ponerme a sus servicios.

-Gra..Gracias- musitó todavía de forma atarantada.- Soy Zelda- se presentó de forma simple evadiendo su título de princesa.

-Zelda…- murmuró y parpadeo de forma curiosa.- bien, ¿Necesita ayuda señorita Zelda?

-Es una vergüenza pero, sí. Me separe de uno de mis amigos, tal vez lo has visto, es inconfundible, bajito y peludo, es un caviidae.

-¿Color mostaza?- clamó de forma boba

-¡Sí!

-Lo vi corriendo como loco por aquel sitio- dijo al tiempo que señalaba cierta dirección.- ¿La llevo?

-Claro- clamó ella sin evitar corresponder a su sonrisa, todavía tenía un poco de nervios, pero su aura pura le dio la confianza suficiente como para permitirse acompañarlo.


Le había dicho "Te espero cerca de las termas", y por primera vez odió que Link fuera tan eficiente. Le tomó bastante tiempo recorrer todo ese trecho y cuando por fin alcanzo aquel sitio estaba sumamente jadeante.

-¡Torpes patas cortas!- se gruño de forma enojada. No sabía si había sido mejor tomar aquella dirección pero para cuando se dio cuenta ya estaba mucho más cerca de Link que de la posada, ahora de nada le hubiera valido llamar a su águila arpía aunque de seguro aquello hubiera sido una mejor idea.

-Tomodachi, ¿Era necesario que corrieras?- clamó Link mientras le quitaba la botellita.

-L..Li..Link, yo… La princesa.- trató de hablar mientras recuperaba el aliento

-¿Ya despertó?- preguntó él de forma gustosa, hacia buen rato que se había mojado la cabeza, no tenía ganas de volver a bañarse con agua hirviente, así que simplemente se había mojado el cabello, de forma curiosa se aplicó el Shampoo de manera aligerada casi casi con pereza y cuando volvió a enjuagarse su cabello instantáneamente cambio de colores.

-¡Link!

-¡Que!- gruñó con fastidio mientras se sacudía como perrito lanudo.

-¡Perdí a la princesa Zelda!

-¡QUE!, ¡Como que la perdiste!

-Se fue enojada, pero no sé porque, algo hice o dije y ahora anda por ahí sola, vagabundeando por el pueblo, bien sabes que si se le vuelcan los miedos va a ponerse mal.

De un momento a otro y sin saber porque sintió miedo, ¿Qué tal si Zelda se lastimaba por accidente? O si por mala suerte se topaba con algún aprovechado, en cierta forma él siempre había tenido razón al decir que la princesa parecía atraer a los hombres peligrosos.

-Demonios- gruñó cuando se dio cuenta de que hubiera deseado tener a Epona cerca.

-Tenemos que….

El pobre caviidae ni siquiera completó la frase antes de que el hylian saliera corriendo como loco.


-¿Entonces?, señorita Zelda, ¿Qué cosa hace que una bella dama llore de esa manera?

Nuevamente ella parpadeó de forma incrédula.

-Se ha dado cuanta señor Dulac.

-Dulac, si- corrigió para quietar el formalismo- me he dado cuenta, eso se ve de inmediato.

-Es que… es algo triste, aunque supongo que no tiene importancia.

-Si duele es porque de verdad importa, las cosas que de verdad no importan no tienen por qué hacerte derramar lágrimas.

-Cierto.

-Pero no llore, está bien si no desea decirme.

-Gracias Dulac.

Desde el otro lado del pueblo Link había corrido sin descanso, frenó en seco cuando vio pasar a Zelda junto con un chico desconocido.

Al inicio había tenido el instinto de ir y apartarlo de su lado pero Tomodachi lo jaló de una pierna para evitar que hiciera una locura.

-Mira- dijo con cara perpleja al ver que Zelda no temblaba de miedo.

La cara de Link se crispó un poco al darse cuenta.

Dulac le había ofrecido amablemente su brazo a Zelda, para atravesar las partes escarpadas de las termas, Zelda por instinto lo había tomado, en cierta forma le recordaba a caminar junto con su "otro guardaespaldas", porque en Hyrule Impa la llevaba a todos lados y también solía ofrecerle su brazo de esa manera.

Era extraño pero a la vez cómodo y de un momento a otro algo hizo click en su cabeza. Era como un recuerdo añejo de una sensación perdida en el tiempo y en su memoria.

-Dulac, ¿A caso alguna vez fue Sir?

-¿Sir?, pues… no, quizás en alguna otra vida.

-Vaya, es que estaba pensando, en que se parece a un caballero.

-En serio, bueno siempre he sido legionario.

La alegre conversación prosiguió de esa manera, Zelda soltó una pequeña risita y entonces fue cuando Link salió de los arbustos de la nada, había visto la pequeña escena desde lo lejos y no entendía porque pero le hervía la sangre del coraje, el hecho de que Zelda se comportara de esa forma con otro era algo que no le gustaba.

-¡Link!- se sorprendió un poco al verlo llegar de esa manera.

Después cuando Tomodachi salió de entre los arbustos comprendió que posiblemente su comportamiento impredecible había alertado a su amigo.

El joven mercenario se acercó con pasos fieros, la tomo de la mano y la apartó del sujeto desconocido.

Dulac hecho dos brincos hacia atrás cuando Link le clavó la mirada con ojos asesinos, el pobre legionario sacó instintivamente la espada, había visto en muchas ocasiones ojos como aquellos, llenos de sed de sangre, ansiosos por entrar en batalla.

-¡Oye que te pasa!- gruñó Zelda, tratando de zafarse del fuerte agarre.

Link agacho la mirada de forma dolida.

-Estaba preocupado… y tú, ¡Campante con otro!

-¡Que!

-Así que, mucho miedo, ¿no, Zelda?, ya sabía yo que de seguro jugabas conmigo.

-No me hables de esa manera- gruñó ella al ver el plan en el que se había puesto- además, ¡Que te importa Link!, eres un mercenario, tu trabajo es cuidar mercancía y no meterte en los asuntos ajenos.

-¡Zelda!, ¿Qué te pasa?, sabes que para mí tú…

-No soy más que una clienta, ¡cierto!

Se habían hecho de palabras sin siquiera pensarlo.

-Por eso es que te encanta ir por ahí coqueteando chicas, ¿no?. Qué bien te queda tu tono de pelo- gruñó señalándole uno de sus mechones.

-¡Sabes que! lo hice para que ¡no durmieras en el piso!- Le gritó de forma dolida.

-Ajá, por eso tenías esa sonrisa de oreja a oreja, no me creas tonta Link.

Cerró los ojos con enojo, nunca en su vida le había dado tanto coraje, todo lo que había hecho era para cuidarla y ella ahora le gritaba de esa manera.

Cuando las palabras llegaron a tonos más altos, volvió a poner su mirada fría y fiera, esa que había tenido desde siempre y que Zelda solo había logrado ver en unas cuantas ocasiones.

-Sabes que… tienes razón ¡Que me importa!, y tienes razón, yo soy un mercenario, pero no me avergüenzo de serlo, fue un error tratar de dejar de lado mi naturaleza. No me gusta que me trates como se te da la gana, ¡No soy, ni nunca seré, el perro faldero de nadie! Y si no te gusta como trabajo puedes irte por donde quieras, ¡SOLA!

-Oye tranquilo- Dijo Dulac tratando de amenizar las cosas.

-Tú no te metas- gruñó con tono fiero al tiempo que desenfundaba a Ryuuji.

El joven legionario vio a través de su mirada, le dedicó una sonrisa triste a Zelda y después sin más remedio se marchó de aquel sitio.

-¿Qué te pasa Link!- gruñó con la voz quebrada- solo me estaba ayudando y tú te comportas como un bruto.

Nuevamente le dolían sus palabras, llevaba años fingiendo no escuchar las conversaciones de las personas, los insultos, los desprecios. Hacía mucho tiempo que ya no le importaba y de pronto cuando ella le hablaba así y además para defender a otro realmente le dolía.

Tomodachi agachó la mirada, ¿Cómo era que las cosas se habían puesto tan feas?, nunca en su vida imaginó que los vería pelear de esa forma.

-Así que.. soy un bruto ¿no?

-Lo eres…- sus propias palabras le habían dolido.

-A lo mejor tienes razón, tal vez no estoy a la altura de "su Alteza"

-No me hables de esa forma.- le dijo de forma triste mientras su mirada se perdía por el camino por el cual Dulac se había marchado.

-Yo hablo como me da la gana, ya déjate de tonterías y vámonos- clamó él tomándola de un brazo tratando de que ella volviera a su lado.

Pero no fue así, Zelda no se movió como hubiera esperado y al final terminó por darle un jalón involuntario.

-Déjame, ¡Me lastimas!, eres un tonto Link- gruñó entre lágrimas- sabes que odio que los hombres me traten de esa forma, me da miedo.

Link nuevamente gruñó y de forma pesada, de cierta forma ese sonido de verdad le había dado miedo a Zelda, y cuando vio que él no cedía en su agarre retrocedió de forma atolondrada.

-¿A dónde vas?

-¡Me voy!, ¡Suéltame!

-Zelda yo… -Le había alzado la voz

-¡Te dijo que me sueltes!- y eso fue todo, el instinto en su cuerpo reaccionó antes que su raciocinio, la cachetada se escuchó de forma estridente y Link finalmente la soltó.

Entonces ella retrocedió con un poco de pánico.

-Link yo…- la voz le temblaba, lo había golpeado de una forma colérica y después cuando se viró para enfrentarlo, vio en sus ojos algo que no había visto nunca.

-¡Lárgate!

-¿Qué?

-¡Que te largues!, No me oíste.

-Link…

-¡Vete!, ¡Vete con quien se te dé la gana!, no quiero tenerte cerca

Nuevamente sintió que se le partia el alma.

-Soy una tonta…. Tú también Link, ¡Eres un tonto!, ¡Tonto!, ¡Te ODIO!- clamó de forma herida y después se echó a correr sin tumbo alguno.

-¿Link que haces?- Tomodachi se había quedado sin palabras, estaba a punto de cargar su ira contra el mercenario por haberle hablado así a la princesa, pero entonces…

Vio como Link lloraba en silencio, se dio la vuelta y con zancadas largas también se alejó del sitio.

El caviidae se quedó completamente solo, anonadado y sin saber que hacer al respecto. Después de un rato decidió seguir a Zelda, tenía que decirle como habían ocurrido realmente las cosas, era obvio que su pequeño juego había tenido consecuencias que ni él ni Link se imaginaban.

-¿Por qué no me di cuenta antes?- clamó de forma triste mientras corría buscando el rastro de la princesa.

A lo lejos en la copa de los arboles Dulac frunció un poco el ceño, silbó de una mera curiosa y un halcón fue a posarse sobre su hombro.

-Vete, vuela y dile a Altaír que necesito consejo, las cosas se pusieron feas.

El halcón voló muy lejos mientras sus ojos escarlata se despedían de la princesa, bajó de la copa del árbol y se embarcó en una nueva búsqueda…


-¡Señorita Zelda!

La voz de Tomo llegó de forma distante, estaba tan absorta que no le había puesto atención hasta que estuvo sumamente cerca y aun así le pareció que le hablaba desde la distancia.

-Tomodachi- susurró su nombre de forma triste, se dejó caer el piso y lo abrazó con mucha vehemencia.

-Por favor no llore princesa- le dijo sintiendo como a ella se le escapaban las lágrimas para después ir a parar a su pelaje.

-Soy una tonta, ¿Por qué me enamore de alguien que no me quiere?- clamó sollozando.

-No diga eso, claro que la quiere y por eso fue que paso todo esto, no tiene idea señorita Zelda, de lo triste que se fue Link después de esa cachetada.

-Pero me lastimo.. y me dijo que me largara…

-Si… lo sé, pero fue porque se sintió herido, después de todo, no está acostumbrado a que usted le grite y él solamente conoce como reaccionar ante el desprecio de las personas, es normal que se hubiera confundido, que su cabeza hubiera reaccionado de esa manera. Ese bobo comportamiento no fue otra cosa más que un mero instinto…

-¿Y también fue instinto ir a coquetearle a esa chica?

-fue un juego…

-¿juego?

-Si- murmuró muy avergonzado- porque los mercenarios hacen ese tipo de cosas cuando regatean. Yo los vi … allá en las tierras del Suroeste..

-Pero no me gusta que sea así.

-Bueno, no hay que exagerar las cosas, si se lo dice seguro que nunca más vuelve a hacerlo.

-De todas formas ya fue suficiente, mi corazón llora cada vez que él la llama en sueños, es seguro que va a amarla con toda su alma, toda su vida.

-Si… pero es porque se siente solo… y si no regresamos seguro que de verdad se va a ir y nos va a dejar para siempre.

-Para siempre- musitó ella limpiándose las lágrimas.

-Creo que nunca lo había entendido… - susurró recordando la expresión de Link al marcharse-pero su corazón no es de piedra como pensaba, creo que es de algo mucho más frágil y quebradizo, por eso es que siempre ha puesto barreras ante las personas.

-Entonces, tal vez es mejor si ya no me quedo a su lado.

-¿Qué?

-Si ambos nos lastimamos es mejor que ya no estemos juntos- dijo al tiempo en que se levantaba, con cuidado metió una mano a su bolsa y sacó la ocarina que formaba parte de los tesoros reales, con cierta dificultad tocó la canción de los caballos.

La melodía fluyó de forma sumamente triste… Epona no pareció como esperaba..

-"¿Por qué?"- se preguntó mientras volvía a tocar la melodía con un poco más de fuerza.

Después de un rato se escuchó un leve trote y la yagua apareció casi de la nada, irguió las orejas de forma confundida, como si dudara que aquella fuera la canción que Link siempre le tocaba. Sus grandes ojos parecieron retomar el brilló cuando vio que de verdad era Zelda quien había tocado la ocarina.

-Bonita- musitó abrazando su cabeza.

Epona emitió un sonido triste al escuchar la voz de la princesa. Sin decir nada la tomó de las riendas y emprendió camino, Epona se viró un par de veces y de pronto se plantó de manera firme en el piso.

-Link no viene- susurró ella al darse cuenta de que la yegua lo buscaba con los ojos.

-Ya basta- dijo Tomodachi- Señorita Zelda, no puede hacer esto.

-Claro que puedo- clamó tratando de mover a Epona, pero después de cinco tirones se dio por vencida al ver que la yegua no avanzaba, entonces de verdad que se sintió dolida, soltó las riendas y se echó a correr sin dirección alguna.

-Diablos- gruñó antes de echarse a correr detrás de ella, habían alcanzado los senderos a las afueras del pueblo y a Tomodachi le preocupaba que de verdad se perdiera.

Epona parpadeó nuevamente sin entender nada pero de igual forma los siguió con a trote ligero.

Ensordecida en sus sentimientos cerró los ojos y siguió corriendo sin detenerse, sentía que se había quedado sola a pesar de que eso no era del todo cierto, la rabia en los ojos de Link nuevamente apareció en su memoria, y los llamados de Tomodachi no llegaron a sus oídos hasta que ya todo fue muy tarde, de pronto se estampó con algo que había aparecido en el camino.

Era sumamente duro, tan áspero y tan frío que cuando su piel rozó con aquello sintió que la sangre se le helaba, sin poder evitarlo terminó rebotando en la dirección contraria y aulló de dolor cuando su trasero fue a parar al suelo.

Un rugido molesto invadió el escenario y entonces ella abrió los ojos ante semejante sorpresa. Se quedó petrificada y temblando del miedo cuando esos grandes ojos ambarinos se clavaron sobre ella. Y después cuando el rostro de la enorme bestia se irguió hacia ella de forma amenazante.

-Señorita Zelda- Tomodachi se puso delante de ella y con mirada seria se plantó delante del enorme Lizalfo.

El gran reptil bufó de forma enojada.

Fue entonces cuando Zelda se dio cuenta de que había terminado por chocar contra uno de los ladrones Dodongo, otros dos Lizalfos permanecían a un lado del camino junto a una curiosa carreta y a su alrededor había varios hombres que también pertenecían al grupo de los ladrones.

Una simple mirada le basto a Tomodachi para saber que estaban en verdaderos apuros, los tres reptiles no eran tan enormes como Hiperion o Ceo, pero aun así se veían lo suficientemente aterradores para ponerle los pelos de punta.

-Bicho asqueroso- bramó con voz ronca mientras la legua bífida asomaba de forma oscilante- ¿Cómo te atreves a mírame de esa forma?, ¡Me estas retando!

-No, no es un reto, es una advertencia- clamó con voz firme a pesar de que sentía que en cualquier instante se desmayaría- hágame el favor de alejarse.

-Una rata no va a darme órdenes- gruñó.

El sonido del castañeo se hizo tangible ante aquella amenaza, y de un momento a otro se volvió tan audible que le resto de los ladrones también logró escucharlo.

Un coro de carcajadas se escuchó desde la distancia y el Lizalfo bufó de forma colérica al ver que aquello lo había dejado ser la burla de sus acompañantes.

-Cuidado, no vaya a ser que el caviidae te muerda- soltó uno mientras se sostenía el estómago y se le escapaba un lagrimita.

No era normal que una creatura tan pequeña se enfrentara a un Lizalfo y mucho menos que lo amenazara durante demasiado tiempo.

El bufido de enojo desapareció lentamente cuando sus ojos amarillos inspeccionaron aquella escena, estaba planeando en donde darle la primera mordida al pequeño peludo que tenía enfrente, cuando de pronto su mirada se quedó fija en Zelda.

-"Hylian… cabello rubio, largo… ojos azules"- su mente pareció quedarse en trance y su nariz olfateó el aire con curiosidad adquirida- "ese olor… es el mismo"

Las carcajadas a sus espaldas se detuvieron y uno de los ladrones se acercó para ver qué era lo que había ocurrido.

-¿Qué?, ¿Qué te pasa?- clamó un poco perplejo al ver que todavía no se había zampado al caviidae.

Sólo con la mirada el Lizalfo hizo un gesto y el ladrón escudriñó de forma curiosa aunque no logro entender nada, de manera molesta lanzó un fuerte rugido seguido de una candente llamarada.

Tomo profirió cierto sonido y Zelda cerró los ojos por el miedo, la incandescente llamarada se sintió de forma casi tangible.

- ¡Vas Grood!

La barrera mágica hizo que la llamarada rebotara y el Lizalfo saltó como gato para evitar el golpe, pero el resto de los ladrones pusieron los ojos como platos y corrieron como hormiguitas atarantadas tratando de librarse de la lluvia de fuego.

Ahora era él el que se reía y su extraño comportamiento desequilibro un poco al caviidae. Lo vio dar un salto sobre sus cabezas y entonces recitó un nuevo hechizo para tratar de alejarlo.

-Gark Ruhaad- el fuerte vendaval se extendió a su alrededor y el de Zelda. El Lizalfo volvió a dar un brinco, Tomdoachi estaba seguro de que tal vez con eso se retiraría, no estaba acostumbrado a utilizar sus hechizos de ataque y de pronto se sintió un poco mareado.

La sonrisa en la cara del reptil lo volvió a dejar perplejo.

-¡Tomodachi!- la voz de Zelda lo hizo virarse y entonces lo único que vio fue esa enorme pantalla verde, los otros dos Lizalfos se había escabullido por su retaguardia y uno de ellos dio un giro cerrado para poder atinarle con la cola.

El pobre caviidae salió volando como pelota de béisbol y Zelda miró horrorizada como su amigo caía muy lejos a muchos metros de distancia.

Sin siquiera pensarlo se levantó de forma atolondrada y salió de ahí huyendo, pero entonces algo se le enredo entra las piernas y sin saber cómo fue parar de bruces contra el piso, el tercer Lizalfo le había puesto la cola para que se tropezara, el bolso de los tesoros reales fue a parar a sus espaldas y a pesar de que sabía que debía protegerlo su instinto de supervivencia pudo más que su raciocinio.

Nuevamente emprendió carrera pero los ladrones terminaron por rodearla.

-Mira nada más…. Qué bonito bolso- Clamó el Lizalfo con una voz siseante, su legua bífida se asomó nuevamente y de forma posesiva mordió el bolso para levantarlo, uno de los ladrones se acercó e irguió una ceja, todavía no entendía a que se debía tanto interés de repente.

Entonces otro lagarto se acercó y lo olfateó curiosamente.

-La insignia real de Hyrule- clamó de forma picara antes de soltar una carcajada silenciosa- una mina de oro, seguro que esta pertenece a la clase noble.

Los ojos de Zelda se llenaron de miedo, y las palabras de Altaír cobraron vida en su memoria "su bolso es muy vistoso, pocos conocen la insignia real de Hyrule, pero quienes saben de ella de seguro van a tratar de aprovecharse"

-Seguro que a Ceo le gusta- clamó uno de los hombres.

-¡Epona!- gritó de forma aterrada sin saber a quién más pedir auxilio.

La yegua que había permanecido un poco lejos a causa del hechizo de Tomodachi corrió hacia los ladrones y se encabrito para tratar de alejarlos.

Los hombres y los Lizalfos retrocedieron, pero entonces algo sonó como tronido, una nube blanca se expandió frente a Epona y a Zelda y de la nada la pobre equina puso los ojos completamente en blanco, cayó destartalada al suelo como si hubiera aspirado el mismísimo aire de la muerte, Zelda se cubrió el rostro con un brazo y después sintió como todo el cuerpo se le paralizaba.

-Hay no… "¡Que es este gas extraño?'"- también terminó por irse de bruces y sus ojos se cerraron mientras su corazón temblaba de miedo, la última visión que tuvo fue la del gran reptil hincándole los dientes…

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Continuara…

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Cometarios del Capitulo:

Vaya Zelda, de todas las cosas con las que pudiste haber chocado tenías que escoger a ese horrible Lizalfo y además no cualquier Lizalfo si no uno de los ladrones Dodongo xD

Jeje ¡Que cosas!, bueno la verdad es que me doy por servida después de este capítulo, no les miento pero, fue esta parte de la historia la que me atoro muchísimo, si le digo que fue un mes lo que tarde pensando en cómo desarrollar este capítulo yo creo que hasta es poco, al final me gusto bastante como quedo aunque no sé si de verdad vaya a causar esa sorpresa, ese sentimiento, la sensación de contrarieriadad que deseo.

*En fin por aquí tenemos a un viejo conocido, seguro que algunos si lo reconocieron, de mi fic "Amor Silente", nuevamente retomando las andadas, esta vez en su papel de legionario, antes había sido el discípulo de Link "El primer caballero", pero para este fic va a tomar un papel más importante. Y bueno ¿Y porque Dulac? Jajaja simplemente porque es perfecto para esta tarea, además es un personaje que quiero casi como si fuera mío, si no es que de verdad lo es porque su personalidad es algo que me he apropiado. A decir verdad creo que muy poco queda de la inspiración que fue de Wolfgang Hohlbein, así que básicamente se ha convertido en OC con nombre prestado xD, sin contar que le he hecho algunos cambios de apariencia, básicamente porque creo que así se ve más lindo y también porque es así como siempre me lo he imaginado.

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P.D: a los que les de la curiosidad los hechizos de Tomodachi han sido tomados prestados de las series de Slayers, aunque seguro ya se lo imaginaban, ya saben, por aquello de la magia Astral ;)