~*~Los Personajes de este fic no me pertenecen, excepto los OCs marcados por la misma historia. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA.
~*~Este fic no está hecho con fines de lucro sólo es por entretenimiento y diversión.
Raya (cambio de escena, con una o varias alteraciones Cronológicas)."Pensamientos"*Asterisco en el intertexto* (notas de la autora, marcadas con N.A al final del texto en el mismo orden correspondiente de la lectura)."Referencias a otras frases",Recuerdos muy efímeros, Los sueños aparecerán en cursiva precedidos y seguidos por dos puntitos.
AVISOS Y COMENTARIOS (si es que los hay), al final del capítulo.
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Hola chicos solo para avisarles que esta es una nueva indicación, dado que en el presente capitulo hay varias escenas que se desarrollan de forma paralela las unas de las otras, no hubo más remedio que dar esos extraños brinquitos en el tiempo (Tal y como ocurrió en el Primer Capitulo ), así que he colocado una nueva marca para que no se confundan.
…««« ésta significa "hacia atrás"
hay una que se repite dos veces indicando que ese evento comenzó muchos párrafos más atrás en el pasado.
bueno sin más por el momento los espero allá abajo en los comentarios :D
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"Un recuerdo no sólo es un fragmento de tu memoria,
es un lazo que te une a algo, a alguien, a un destino..."
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*.-Capítulo 55: El Gorrito de Link -.*
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(Primera parte)
*~.El Prado de las Flores de Tompopo.~*
…
Habían pasado unas cuantas semanas desde los sucesos acontecidos en el escondite de los ladrones Dodongo, y desde entonces el pobre Link había estado nervioso cada vez que Zelda se le acercaba, su corazón parecía palpitar más de lo normal, y en ocasiones no podía evitar que la sangre se le fuera a la cabeza, Tomodachi quien parecía estar atento a dichos movimientos no dejaba de molestarlo cada vez que la situación se lo permitía.
El camino sinuoso por el que transitaban nuestros jóvenes viajeros se había quedado atrás, dándole paso a un hermoso prado cubierto por numerosas flores de Tompopo.
—Al fin hemos llegado— clamó Tomodachi revisando el mapa— este es el camino al final de los Dientes del León, pasando este prado llegaremos a la villa que tiene el mismo nombre.
Y justo ahí, el camino de la imponente falla geológica se detenía abruptamente, el nacimiento del valle venía acompañado de esa esplendorosa depresión en la que reposaban esas curiosas florecillas. Zelda y sus acompañantes se habían detenido justo en uno de los bordes del camino, ya que desde esa altura tenían una vista perfecta del panorama.
Un viento arremolinado cruzaba la pradera haciendo que el polen y las semillas volaran por los aires, era un espectáculo maravilloso. Quizás demasiado…
—Tenga cuidado señorita Zelda, los terrenos en las lindes de estas montañas suelen ser un poco resbaladizos y se desmoronan con facilidad. — la llamó Tomodachi simplemente para después volver su vista, seguir revisando su mapa y recalculando con su brújula el nuevo trayecto que tomarían.
—Oye, aléjate del borde, ¿Qué no escuchaste?— Link refunfuñó al ver que la princesa no se movía de su sitio.
Pero la joven hylian seguía completamente distraída, después de todo, seguía siendo una chica, y además una princesa que gustaba de admirar las flores.
—Tsk— Link hizo berrinche al percatarse de que ella no le había prestado ni la más mínima atención. — hay que ver como causas problemas— refunfuño fingiendo enojo mientras se acercaba al lugar en el que estaba ella, la tomó por un brazo y Zelda se giró de forma alegre, cuando vio a su joven mercenario demasiado cerca simplemente sonrió de una forma coqueta y juguetona, durante las últimos días se le había pegado cierta mala maña, y solía hacer eso cada vez que él se "enojaba". Pero incluso entonces, a pesar de haberlo hecho demasiado, logró sorprender a Link, al pobre hylian se le volvió a subir la sangre a la cabeza.
Últimamente cada que ocurría eso perdía el control de sí mismo y comenzaba a marearse, dio un paso hacia atrás con un movimiento brusco y cuando sintió que iba a caerse se aferró a un arbusto que sobresalía de la tierra, pero el peso de Link fue demasiado para el pobre vástago que terminó desenterrándose y dejando una gran fisura a su paso, y en cuanto Zelda se movió, el terreno comenzó a desmoronarse.
Un ruido muy fuerte se escuchó seguido por el grito de ambos jóvenes, Tomodachi quien se encontraba leyendo el mapa perdió abruptamente la concentración, rápidamente dejó a un lado sus tareas y buscó con las vista su acompañantes pero sólo logró encontrar a Epona, la yegua relinchaba inquietamente muy cerca del borde desgajado en donde minutos antes el joven caviidae había visto a la princesa.
—Link, ¡Princesa!— gritó al momento en el que se percató de lo ocurrido— ¡Chicos!—
Rápidamente se acercó a donde estaba Epona, y justo cuando llegó al borde, una fuerte brisa sopló desde la pradera llevándose consigo un objeto color verde.
—"Eso es… ¿El gorro de Link!?"— pero a pesar de su sorpresa, pronto, su atención se desvió del objeto, estaba preocupado y miró hacia abajo tratando de encontrar a su amigos. Ambos chicos estaban tirados en el fondo del valle— ¡Link!, ¡Princesa Zelda!— comenzaba ponerse pálido hasta que de pronto vio que Link se levantaba como si nada.
Los jóvenes se incorporaron lentamente mirándose a sí mismos de forma asombrada. La voz del caviidae les llegó desde alguna parte alta sobre sus cabezas, el pobre Tomodachi gritaba sus nombres desde el borde superior del risco.
— ¡Estamos bien!— respondió Link al llamado— ¡Las flores con como un colchón gigante!— añadió mientras se incorporaba completamente, le tendió su mano a Zelda y la levantó con delicadeza. La princesa se quedó mirándolo hasta que no puedo soportarlo y soltó una curiosa risa.— Mohh!, ¿Y ahora qué te pasa?— gruñó de forma fingida al ver que ella se carcajeaba nada mas de verlo.
— ¡Tienes todo el pelo blanco!— y lo dijo como pudo porque de verdad que era gracioso verlo de esa manera, poco después de que controlara su risa se acercó a su compañero y le quitó un enorme pedazo de polen de su cabellera.
Link simplemente negó con la cabeza.
—Mira quien lo dice— rechistó mientras le señalaba a su propia cabeza que también estaba completamente blanca, pero incluso en ese tono Link creía que su princesa se veía hermosa. Tratando de ocultar su vergüenza se viró intentando no volverse a poner colorado. Pero entonces de pronto se sentía demasiado extraño…
Demasiado viento sobre su cabeza…
Utilizó una mano para explorar su cabellera y descubrió que algo le faltaba.
— ¿¡En donde está mi gorro!?— clamó casi al instante mientras sus ojos se ponían como platos, automáticamente lo buscó con la vista en los alrededores pero no logró encontrarlo.
—Lo siento Link, creo que se sintió Neburi y salió volando— añadió una voz conocida y picara, Tomodachi apareció desde un camino cercano, venia montado sobre Epona, guiándola cuidadosamente con las riendas para que pudiera bajar el terreno peligroso.
— ¡Que!, ¿a qué te refieres con eso?— el pobre Link parecía consternado ante semejante idea.
—Cuando ustedes dos se cayeron el viento se lo llevó volando, creo que cayó en aquel lugar— dijo el caviidae señalando a la distancia.
Sin siquiera pensarlo el joven mercenario salió corriendo, Zelda suspiró de forma un poco triste, pero aun así, entendió que para Link era un objeto importante. Tomo simplemente se resignó sabiendo que inconscientemente Link había lastimado un poco a Zelda.
Las horas pasaron y Link seguía buscando su gorro sin poner atención a su tres acompañantes, Zelda y Tomo hacia buen rato que se habían cansado, no podían seguirle el ritmo por mucho que así lo desearan, así que se resignaron y se sentaron a descansar sobre una roca, Epona paseaba por el prado comiendo una que otra hierba deliciosa.
—Tomo…— la voz de Zelda sonó un poco nostálgica— yo… sé que quizás no debería, pero desde hace tiempo que deseaba preguntarte, sé que lo sabes porque hace años que lo conociste…
— ¿Qué cosa?— sabía perfectamente "¿Qué cosa?" aunque trataba de hacerse el tonto para ver si la conversación giraba en otro sentido.
— ¿Qué es lo que pasa con Link y su gorro?— Y a pesar de que el mismo Link se lo había dicho claramente esa noche. Desde hace tiempo que Zel quería creer lo contrario, deseaba que Tomo le dijera que era un simple prenda cualquiera, más aun así…
—Ah… eso… — el pelaje se le erizó un poco mientras dudaba en responder dicha pregunta, verdaderamente no estaba seguro de si sería buena idea contarle dicha verdad a Zelda, especialmente ahora que Link se había sincerado consigo mismo, no tenía idea de qué pensaría la princesa si ahora le confesaba que ese gorro era el regalo de otra chica, de la persona especial que Link tanto había amado durante años. Aun cuando el joven hylian hubiera dejado su corazón libre Tomodachi sabía que muy en el fondo aún quedaban rezagos y ataduras fuertes que quizás ni con el pasar de los años cederían. — Pues vera, ese gorro… creo que ya se dio cuenta, que para Link es especial, hace mucho tiempo… se lo regaló una persona a la que le debe la vida.
Habló con cuidado y después de eso se quedó en pleno silencio, sabía que decir otra palabra podría traer consecuencias, no podía mentirle a la princesa pero tal vez apaciguaría las cosas si podía contarle una verdad a medias. Sin saber siquiera que mientras él había estado en pico volcánico Link le había dicho abiertamente a Zelda de dónde provenía dicha prenda.
— ¿Qué clase de persona era?— musitó Zelda aun tratando de cambiar la realidad que la rodeaba.
Pero Tomo ya no pudo contestar a esa pregunta, ¿¡Cómo podría contestar a eso!? Si la única respuesta que se le ocurría en ese momento era "una chica bonita, como tú, era una chica que se parecía ti"
Cuando Zelda miró su rostro inexpresivo entendió muy bien que el caviidae no continuaría con la conversación, aunque de cierta forma también se sentía mal por haberla iniciado.
—"¿Qué estoy haciendo?"— musitó de forma triste mientras sus pensamientos trataban de aclararse, ella había aceptado amar a Link de esa manera, ¿Por qué actuaba así ahora?, había perdido un poco la cordura ante los celos sin entender que había arrastrado al pobre Tomodachi hasta esa encrucijada sin sentido, sin siquiera pensarlo miro a Link a la distancia.
Parecía confundido y desorientado, y sintió mucha tristeza, ¿Qué pasaría si alguna vez ella perdiera algo tan importante?, seguramente… seria doloroso.
De cierta forma ese pequeño pensamiento hizo que el dolor en su corazón desapareciera, y ese sentimiento insano fue reemplazado nuevamente por el amor profundo que siempre le había proferido, quería que Link fuera feliz, y de ese modo, dejó de lado sus sentimientos egoístas.
Con esa nueva convicción en mente se levantó de forma lenta para ayudar a su compañero en la búsqueda. Pero no contaba con que cierto caviidae se le adelantaría.
Harto de ver como Link se había vuelto ciego e inconsciente Tomodachi se levantó de un sólo salto, se sentía frutado por no haber podido consolar a la princesa cuando sabía perfectamente que ella necesitaba de esperanzas para mantener su corazón a salvo.
Sin pensarlo siquiera tomó aire y le pegó un buen grito al joven hylian.
— ¡Déjalo ya!, ¡Link!
El gruñido resonó a muchos metros de distancia haciendo que Link, quien permanecía en cuclillas buscando su objeto, se levantara casi de golpe, cuando sus ojos azules se encontraron con los pardos del caviidae, solamente logró encontrar reproche y desaprobación absoluta, y un semblante serio con el que señalaba discretamente a la joven princesa a su lado.
— ¡Déjalo ya!— volvió a insistir con voz firme.
Link volvió a posar sobre él su mirada y después en Zelda, la joven se veía muy cansada, se viró dándoles la espalda y buscó nuevamente con la vista su preciado objeto.
—"No puedo creer que se me haya perdido"— clamó para sus adentros, sintiendo como la firme base que a duras penas había construido comenzaba a desmoronarse ante aquel hecho.
Ciertos pasos se escucharon a sus espaldas, aunque él sabía perfectamente que se traba de su princesa no logró virarse ni tuvo la fuerza necesaria para mirarla a los ojos, porque de forma extraña y sin saber por qué, su corazón nuevamente estaba dividido. No lo entendía ¡Por qué pasaba eso ahora!, se suponía que ya no debería sentir aquello.
Cuando Zelda lo tocó por el hombro y él se viro para encontrarla sintió que un horrible hueco se había abierto en la boca de su estómago, de cierta forma era como echarle fuego ardiente a sus viejas heridas.
Más aun así, Zelda que sintió su dolor como propio le dedicó una tierna sonrisa.
—Vamos a la villa— susurró con voz calmada y dulce— si descansamos y volvemos mañana tal vez lo encontremos.
Link no contestó, simplemente lanzó un silbido y llamó a Epona, la yegua se presentó rápidamente, aunque en un principio a Zelda le costó reconocerla, estaba blanca como la nieve y tenía pegado en todo el cuerpo ese extraño (pero a su gusto, delicioso) polen.
Sin decir más, los viajeros se encaminaron a la villa con uno de sus integrantes realmente abatido.
— ¡Link!— La voz de la princesa resonó entre los terrenos fronterizos de la villa
— ¡Estoy por aquí!— le contestó la voz del joven. Él llevaba un buen rato desparecido así que Zelda había ido a buscarlo, se habían separado al entrar en la villa para buscar un lugar en donde dormir, pero Link no tenía ánimos de eso, así que simplemente decidió esperarlos en aquel sitio, un lugar llamado "el susurro del viento", en donde la brisa soplaba de forma placida y el rio principal de la villa transitaba de forma caprichosa cruzando por completo el terreno de lado a lado.
— ¿Qué estás haciendo?— preguntó de forma curiosa.
—Ahora tengo que limpiar a Epona— gruñó de forma graciosa mientras le lanzaba un cubetazo con agua del rio— ¡Cielos!, ¿Qué clase de polen es este?, es suave, ¡Y extrañamente pegajoso!
La yegua relinchó burlonamente y Link volvió a lanzarle agua juguetonamente tratando de seguirle la travesura, porque de cierta forma estar a su la do en aquellos momentos apaciguaba su alma, era un animal sumamente noble que había aprendido a dale amor y cariño a su jinete cuando más lo necesitaba.
Cuando Link terminó ella se sacudió ávidamente, y después de que la dejaran ir, buscó un lugar en cual aprovechar los cálidos rayos del sol de la tarde.
—Creo que también tendré que tomar un baño— Clamó al tiempo que se sacudía la cabeza, paso su mano sobre ésta una y otra vez, pero simplemente conseguía enojarse consigo mismo por lo que había sucedido. De un momento a otro se rindió y se dejó caer al suelo para sentarse con las piernas entrelazadas.
—Déjame ayudarte un poco— dijo Zelda de forma cariñosa mientras se acercaba a su lado y se sentaba de rodillas justo a sus espaldas, y con una suave caricia comenzó a quitarle el polen del cabello, se sentía sumamente preocupada porque nunca lo había visto así de deprimido. — Sabes cosa— clamo con voz apaciguadora— Tomo encontró una posada barata en el centro de la villa, así que me mando a buscarte.
—Menos mal— musitó, aunque con cierto desánimo.
—No estés triste, te prometo que mañana temprano iremos a buscar tu gorro— musitó de forma alegre tratando de animarlo.
Ante aquellas palabras Link se quedó un poco sorprendido, entendía que Zelda tuviera un alma noble y amable, pero no se imaginaba que lograría llegar a tanto, su corazón latió de forma reconfortante y su opaca mirada adquirió un poquito de brillo, sintió como un brazo protector lo estrechaba a la altura de su pecho y lo recostaba de forma placida, Zelda lo había atraído hacia ella acurrucándolo contra su propio pecho y recargando su cabeza sobre el hombro del joven hylian.
Sintiendo esa sensación acogedora, Link cerró sus ojos, nuevamente se le había olvidado todo, los pesares, los malestares, y ese sentimiento de tristeza…
—"Contigo siempre es así"— pensó mientras se entregaba a las suaves caricias de la princesa quien todavía estaba acicalándole el cabello. Normalmente él odiaba que le tocaran la cabeza porque era algo que lo hacía sentir incomodo, como si perturbaran su espacio personal, sin embargo, cuando se trataba de Zelda era totalmente diferente— "Te adoro tanto mi princesa, solamente contigo puedo ser así de libre"— siguió pensando mientras lentamente perdía la conciencia. Terminó por quedarse completamente dormido y cuando Zelda se percató de ello no perdió la oportunidad de robarle un beso, últimamente lo deseaba tanto y le era casi imposible retenerse, saboreó con delicadeza ese beso puro y casto, simplemente cerca de la comisura sus labios era lo más que se había atrevido, porque sólo cuando Link dormía era capaz de expresarle lo mucho que lo amaba, ¿Qué pensaría él de ella si supiera de sus sentimientos?, se acurrucó junto a él añorando saber más que nunca aquella respuesta. Simplemente deseaba que Link durmiera más a menudo, lo cual sabía que no era posible y menos dada la situación por la que transitaban.
Cundo Tomodachi los encontró Link estaba completamente desmayado sobre el regazo de Zelda y ella tenía recargada la cabeza contra la suya mirando el caudaloso pero apacible rio.
Tomo se acercó lentamente y con una mirada burlona captó la atención de la joven.
—Ejemp!—Carraspeó un poco mientras aclaraba su garganta— ¿Acaso hay algo que debería saber?— preguntó con cierta esperanza.
—Creo que no— contestó ella con voz tranquila.
—Señorita Zelda, a veces me pregunto, ¿Cómo hace para apaciguar a las fieras?, con todo lo que ha ocurrido jamás pensé verlo dormido— añadió señalando al joven mercenario.
—Creo que simplemente está cansado, yo únicamente le he acicalado la cabeza.
Un curioso "Wiiic" se escuchó de repente al mismo tiempo que los ojos de Tomodachi se abrían como platos, ¡Cómo si hubiera descubierto un gran secreto!
— ¡Cielos!, ¡No puede ser…!— clamó mientras Zelda lo miraba de forma extraña— Señorita Zelda, ¿acaso no será que….— entonces su voz y su expresión se pusieron sumamente serias— el punto débil de Link…— masculló
— ¿Qué?— susurró Zelda sin poder entender palabra.
—¡El punto débil de Link es que le acaricien la cabeza!— afirmó con fuego en los ojos mientras señalaba de forma segura, como si hubiera descubierto una gran verdad— ¡No puedo creerlo, lo he buscado durante años para poder defenderme, y ahora que lo he encontrado me doy cuenta de que es un objetivo imposible para mí!, ¡Argggg!, ¡Qué desgracia!, ¡Qué mala suerte!, ¡El jamás dejaría que yo le acicalara su cabello!
— ¡Por supuesto que no!— reclamó una voz de forma furibunda, y en acto seguido una piedra salió volando con objetivo al caviidae.
El pobre Tomo cayó como un animalito de peluche herido por un balinazo en un juego de feria.
—Auch..— Clamó casi medio muerto desde el suelo— ¿Cómo fue que te despertaste?
—Cómo no iba a hacerlo, eres demasiado escandaloso— bufó Link mientras se levantaba. Ofreció su mano a Zelda pero ella se negó a aceptarla, había sentido vergüenza ajena dado el ridículo cometario y necesitaba un poco más de aire antes de que Link accidentalmente hiciera que le dirá taquicardia, como comúnmente ocurría. Link simplemente desvió la mirada— Me iré a caminar, los veo después… en la posada— agregó en tono molesto.
—Espera…..¿Cómo se supone…. que vas a encontrarnos?— preguntó le caviidae semiinconsciente mientras Link lo miraba de reojo.
—Sólo debo preguntar en donde se hospedó una bola peluda color mostaza.
Después de eso Link abandonó rápidamente el lugar con dirección opuesta a la villa, estaba realmente molesto no sólo por el tonto comentario de Tomo, sino también porque el caviidae le había arruinado un momento agradable con Zelda.
Zelda, Epona y Tomo volvieron a cruzar la entrada principal de "El Diente del León" en donde se erigía un gran arco antiguo decorado con caracteres aparentemente hylianos, Tomodachi se esforzó en traducirlos ,pero como en casi nulas ocasiones en su vida, no logró leerlos, en ellos había algo que sencillamente era diferente.
—Esto…— la princesa sonrió un poco al percatarse de un curioso detalle— Bienvenidos a la aldea Dandelion, eso es lo que dice— clamó orgullosa de sí misma mientras hacia una mueca curiosa al ver como el joven arqueólogo se había quebrado la cabeza.
—Ahhh!, pero ¿Cómo es que lo sabe?— rechistó con aire interrogativo. Zelda volvió a soltar una risita
—Seguramente te estas preguntando ¿por qué estos caracteres hylians son diferentes?
—Eso es evidente, Alteza.
—Es una ramificación vieja del dialecto sagrado, como futura sacerdotisa es mi deber conocerlo.
—Oh vaya, por poco y lo había olvidado, es verdad que tiene conocimiento avanzado de estas cosas, ¡será una excelente sacerdotisa, princesa!
—Muchas gracias Tomo— musitó con cariño mientras posaba una de su palmas sobre la estructura, cierto sentimiento de nostalgia se implantó en su alma cómo si desde hace tiempo hubiera vivido algo parecido.
Era un pensamiento extraño, aunque no duró lo suficiente como para cavilarlo, el sonido de unos aplausos escandalosos invadió el ambiente, haciendo que ambos viajeros se viraran.
—Bravo, ¡Bravo!— ahí a sus espaldas, había una joven bajita, de cabello color negro azabache, largo y ondulado, llevaba unas gafas puestas y una vestimenta con el símbolo de la villa bordado en ella, tenía unos ojos de mirada profunda pero al mismo tiempo alegre y eternamente soñadora. —Perdonen por interrumpirlos— clamó acercándose a ellos— es sólo que me parece asombroso, nunca había conocido a alguien que pudiera conocer esas escrituras.
Zelda y Tomo se miraron interrogativamente.
—Mi nombre es Tompopo— se presentó la joven. — soy hija del jefe de esta villa.
—Mucho gusto señorita Tompopo— dijo Zelda estrechando la mano de la joven— yo soy Zelda, este es mi amigo Tomodachi y ella es nuestra yegua Epona.
—Mucho gusto jóvenes viajeros, nuestra villa de El Diente del León siempre esta gustosa de recibir nuevos rostros, espero que estén disfrutando su estadía, si les interesa tenemos una biblioteca cerca de la plaza principal, se nota que ustedes son jóvenes conocedores— añadió con una sonrisa, se notaba que sabía muy bien como promocionar las atracciones de su villa.
—Señorita Tompopo, usted lleva el mismo nombre que esa flores, ¿cierto?— preguntó Tomodachi de forma curiosa.
—Ah, sí, que se le va a hacer— contestó un poco avergonzada llevando una de sus manos a su cabeza— es tradición en mi familia que la primogénita lleve ese nombre, después de todo son esas flores las que representan nuestra villa.
Tomo soltó una risita traviesa y miró furtivamente a Zelda, la princesa se puso un poco colorada ya que se había percatado inmediatamente de los pensamientos de su amigo, seguramente lo que el caviidae pensaba era que ambas chicas habían nacido bajo la misma suerte desde su nacimiento, atadas a una extraña tradición familiar añeja.
—Y hablando de eso, se nota que ustedes llegaron por ese camino— dijo la joven Tompopo señalando el cabellos de Zelda— seguramente les tocó ver la danza del Dios Viento.
— ¿La Danza del dios Viento?— preguntaron ambos viajeros al mismo tiempo.
—Así es como se le llama, aunque en realidad es un fenómeno natural, cuando el viento sopla y se lleva las semillas de las flores de Tompopo, es un espectáculo maravilloso.
—Oh si, lo vimos, es realmente asombroso— presumió Tomo.
— ¡Vedad que sí!, ¡es magnífico!— agregó Tompopo con voz emocionada, casi dando vueltitas sobre su propio eje.
La conversación se había vuelto alegre y amena, pero Zelda simplemente agachó la mirada, de repente se sentía muy deprimida.
—Si…magnifico, tal vez demasiado— dijo la joven hylian con voz apagada.
— ¿Qué sucede señorita Zelda?— musitó el pequeño caviidae al notar el repentino cambio en su acompañante.
—Si no fuera por mi torpeza Link todavía tendría su gorro, fue por mi culpa, porque yo estaba admirando esas flores, y si no me hubiera acercado al borde nada de esto hubiera sucedido.
—Awww, no, no, ¡eso no es así!, nadie sabía que algo como eso sucedería— rechistó él de forma un poco preocupada— por favor no se culpe por eso.
Tompopo observaba como la conversación había dado un giro abruptamente, y se preguntaba si sería bueno interrumpir a sus jóvenes acompañantes. Quizás sí, ya que después de todo, y aunque no lo sabía lo siguiente que tendría que decir cambiaría el destino de muchas personas.
—Link se molestaría mucho si se entera de que está pensando eso, de seguro que lo haría sentir muy mal— esta vez el tono de Tomodachi era de verdadero regaño, aunque no por eso dejaba de ser respetuoso.
—Ah… Disculpen..—interrumpido la joven— ¿Acaso perdieron algo en el prado de Tompopos?
—Eso me temo señorita— contestó el caviidae.
—Díganme, ¿de casualidad era algo de tela o con textura suave?— añadió la joven tocándose con un dedo el mentón en su cara.
—Sí, así es, podría decirse que era una prenda de vestir.
—Tompopo, ¿acaso será que tú lo has visto?— preguntó Zelda un poco sorprendida.
—No precisamente, pero cuando algo así desaparece en ese prado solo significa una cosa— empuño su mano y mióo al cielo— ¡esto es obra de los perritos de la pradera!— terminó su frase asertivamente.
—¿Perritos de….
—…. la pradera?
Habló primero Tomo y luego Zelda.
—¡Así es!, los perritos de la pradera se roban cualquier cosa que tenga una textura suave y después lo guardan en su madriguera, es por eso que cuando alguien pierde algo lo más probable es que no vuelvan a encontrarlo en la superficie.
— ¡Oh, Cielos!, Tompopo por favor dime, ¿En dónde se encuentra esa madriguera?— la princesa habló literalmente en automático con un semblante lleno de esperanza.
—Bueno, no sabría decirte Zelda, porque cada perrito de la pradera tiene su propia casa y están esparcidas por todo el prado. Las reconocerás fácilmente porque son agujeros cavados en la tierra y generalmente tienen una forma regular y circular.
—Hmmm, eso significa que tomara algo de tiempo encontrarlo— añadió Tomodachi cruzándose de brazos.
—Pero si tu pequeño amigo te ayuda podrás revisarlas fácilmente— dijo Tompopo a Zelda ignorando las últimas palabras del caviidae.
— ¡Vamos, Tomo!, todavía es temprano y podemos encontrarlo— proclamó la princesa llena de ánimos, apuntó a Epona e hizo una señal al caviidae— Muchas gracias Tompopo— gritó al tiempo que montaba y hacia correr a la yegua.
La joven Tompopo se quedó un poco confundida, literalmente la princesa había emprendido carrera, sonrió un poco atarantada y después sin olvidarse de lo más importante le pegó un grito.
— ¡Espero que tengan mucha suerte!, la última vez tarde un mes en encontrar mi bufanda.
Zelda sólo alcanzó a escuchar la palabra "Suerte" mientras se alejaban a todo galope.
Habían revisado alrededor de seis madrigueras sin éxito alguno, Tomo comenzaba a inquietarse porque el clima estaba cambiando lentamente.
—Tal vez deberíamos volver, sabe una cosa Señorita Zelda, la razón por la que interrumpí, es decir, por la que fui a buscarla a usted y a Link es porque se nota que va a llover y muy fuerte.
Zelda no entendía a qué se refería, todo el día e incluso en ese preciso instante el cielo había estado bastante despejado, pero a pesar de eso prefirió no jugar con sus advertencias, después de todo, los sentidos del oído y del olfato del caviidae estaban más desarrollados que los de cualquier hylian y humano, exceptuando quizás a los de Link que eran curiosamente especiales, era muy extraño que Tomo se equivocara y por eso fue que en ese instante tomó una decisión rápida.
—Está bien, pero por favor, revisemos una más ¿sí?— suplicó juntando sus manos.
Tomo no pudo negarse a eso, después de todo era la princesa de Hyrule quien se lo pedía, suspiró de forma resignada pero al mismo tiempo le dedicó una curiosa sonrisa, estaba orgulloso de verla luchar por el amor de su hombre a su manera, dejando de lado sus incoherentes celos y esos sentimientos negativos que desde el inicio la habían atormentado.
—"Es verdadero amor"— pensó con cierta alegría, preguntándose si alguna vez él sería capaz de hacer algo semejante, de abandonar su orgullo sólo para ver sonreír a la persona que amaba.
Mientras caminaban la mente de Zelda pensó en muchas cosas, y al final cayó en cuanta de algo curioso.
—Oye Tomo, ¿Y tú sabes cómo son los perritos de la pradera?, porque en las madrigueras que hemos husmeado no hemos visto a ninguno.
—Sí, es verdad, debe ser porque se acerca una tormenta, de seguro ellos lo sintieron y se mudaron temporalmente a un lugar más seguro, recuerde que estamos en un valle y la mayoría de este terreno los ahogaría de inmediato, pero no se preocupe las madrigueras que revise estaban intactas, ahí también había un montón de cosas, ¡Hasta calcetines!, ¡Fuchila!— hizo una mueca chistosa provocando que Zelda se riera— seguramente cuando se mueven no pueden llevarse nada con ellos.
—Ya veo.
—Y bueno, en cuanto a su apariencia, de seguro le será fácil identificarlos, solo tiene que imaginarme a mí pero del tamaño de una de sus manos, con grandes ojos negros y pelaje color marrón, ah y a diferencia de los caviidae ellos tienen una pequeña cola.
Tomo sacó un libro de su alforja mágica, buscó un dibujo y después se lo mostro a la princesa, el pequeño animalito era tal y como él lo había descrito.
—Oh, mira, Tompopo tenía razón, aquí dice que a ellos les gustan las cosas suaves, tal vez sea por eso que viven en este prado, cuando Link y yo nos caímos las flores de Tompopo eran tan suaves y esponjosas que no nos hicimos daño.
—Eso supongo…
…
El cielo claro se nubló de una manera repentina, Tomo había entrado a investigar la última de las madrigueras, ¡Y bingo!, ahí estaba el gorro de su amigo, pero a diferencia de las otras madrigueras ésta estaba ocupada, tal vez porque el terreno en esa zona estaba mucho más elevado y sus habitantes habían considerado que su hogar era lo suficientemente seguro como para no abandonarlo.
El perrito de la pradera estaba dormido justo encima del gorro de Link y a su la do también había tres pequeñines, por lo que Tomo intuyó que se trataba de una madre y sus crías, el caviidae se acercó cuidadosamente e intentó jalar de la tela verde pero justo cuando estaba por recuperarlo escuchó un grito desde afuera.
— ¡Tomo, ¿estás bien?!— clamó Zelda con voz demasiado ruidosa desde el exterior, se preocupaba un poco dado que ya había tardado demasiado.
El perrito de la pradera se despertó inmediatamente y al ver al intruso se le echó encima.
Zelda y Epona escucharon unos extraños ruidos provenientes del interior de aquel hoyo y en acto seguido vieron como Tomodachi salía corriendo son una cosa café sobre la cabeza.
—Ah ! ! !, ¡Quítenmela!, ¡QUITENMELA!— proclamó efusivamente moviendo los brazos de arriba hacia abajo.
El perrito de la pradera lo soltó por unos momentos pero mordió el gorro de Link que el caviidae sujetaba fuertemente entre su brazo, ambos comenzaron a jalar, evidentemente el pequeño no iba a permitir que le robaran lo que había encontrado esa mañana.
—Animal del demonio, ¡suéltalo ya!, ¡te he dicho que nos pertenece!— rugió de forma posesiva.
De repente Tomo jaló con demasiada fuerza y el perrito de la pradera salió volando por los aires, Zelda reaccionó rápidamente y logró atraparlo con un movimiento muy preciso.
—Por favor pequeño te lo cambiare por otro tipo de tela— le dijo la princesa a la pequeña creatura que todavía hacia berrinche entre sus brazos— ten esto. Añadió entregándole uno de sus pañuelos lujosos que por milagro habían sobrevivido a la travesia.
El perrito de la pradera lo inspeccionó, pareció estar conforme y se marchó nuevamente a su casa. La princesa lo miró con cierta pena y después corrió hasta donde se encontraba Tomodachi.
— ¡Lo lograste!— clamó con felicidad desmedida mientras lo levantaba y le daba vueltitas en el aire.
Esperaba ansiosa que compartiera esa felicidad que la embargaba pero cuando lo miró directamente a los ojos simplemente puso ver cierta expresión petrificada, apenas si movía una ceja y levantó nuevamente su brazos mostrándole el gorro a Zelda.
— ¡Cielos!, ¿usted cree que Link lo note?— clamó de forma sumamente nerviosa entregando el objeto por el cual se había peleado.
Cuando Zelda recibió el gorro, tenía la mitad de la costura principal completamente deshilachada, al parecer el viejo hilo que lo mantenía unido se había roto durante forcejeo.
—Creo que si lo va a notar— dijo un poco preocupada.
Un gran trueno los ensordeció de repente, y tan rápido como se había escuchado comenzó a caer una intensa lluvia.
—Después nos ocuparemos de esto. Tenemos que volver— espetó la princesa mientras montaba a Epona.
La yegua cabalgó presurosamente por el prado, tratando de evadir los grandes lodazales que se habían formado en aquel terreno.
Link había encontrado la posada que Tomodachi había reservado para pasar la noche, pero al joven hylian le había extrañado no encontrar ahí a sus compañeros, él llevaba un buen rato dando vueltas por la villa y suponía que cuando encontrara la posada ellos ya estarían instalados en ella.
—"No puedo seguir esperando"— el pensamiento cruzó su mente cargado de una gran incertidumbre, ¡En qué momento se le había ocurrido dejar a Zelda sola!... bueno, casi sola. Era verdad que se sentía deprimido pero eso no lo justificaba. — "Tal vez es un buen momento para poner en orden mis prioridades", mis prioridades…. Zelda— susurró par sí mismo.
Incluso si estaba con Tomo eso no justificaba que la hubiera dejado vagar a sus anchas, ¿qué pasaría si aparecía algún monstruo de repente?, ¡o pero aun!, si por casualidad los ladrones Dodongo andaba rondando cerca, después de todo, a pesar de estar literalmente en el límite, los Dientes del León aun correspondían a las tierras del Oeste. Aunque Tomo era fuerte y muy inteligente, el hecho de ser tan pequeño siempre le traía bastantes desventajas.
—"Tomo por sí solo no puede proteger a MI Zelda"— eso fue lo último que pensó antes de dirigirse a la entrada de la posada para salir a buscarlos.
La lluvia se había vuelto casi una tromba. El joven mercenario abrió la puerta de la posada dispuesto a buscar a sus amigos, pero justo en ese preciso instante, dos sombras entraron como rayo en la estancia de la posada, estaban empapadas y envueltas en una capa de lodo viscoso. Link se sorprendió al percatarse de la identidad de aquellos individuos, eran Zelda y Tomodachi.
La chica corrió inmediatamente a su habitación, dejando solos al caviidae, y al joven hylian sumamente confundido.
— ¿Pero….¡que rayos!?— Link tropezó con sus propias palabras, después miró al caviidae con una muestra de inexpresión en el rostro, se acercó a él y se puso en cuclillas para estar a su altura— ¡¿Qué rayos te paso en la cara?!, ¿acaso te peleaste con un gato!?— farfulló tratando de contener la risa.
Tomo lo miró literalmente con ojos asesinos.
—No me paso nada— rechistó mientras lo miraba de reojo— fue un pequeño accidente, aunque espero que algún día sepas apreciar mis nobles gestos.
— ¿Qué?
—Nada…. No es nada— musitó el caviidae acicalándose y conteniendo las ganas de sacudirse el cuerpo, estaba en la estancia de una posada y eso no hubiera sido correcto, ya que de haberlo hecho hubiera ensuciado todo a su alrededor.
—En fin, eso no me importa, ¿En dónde estaban?, llevo rato esperándolos aquí, me tenían preocupado.
Tomo parpadeó un par de veces al escuchar aquello, el comentario de su compañero simplemente lo había sorprendido dado que normalmente él no solía expresar ese tipo de cosas y mucho menos de manera sonora.
—Espera un momento…te… te ¿teníamos preocupado?, ¿Te refieres….a mí y a Zelda?— dijo señalándose a sí mismo con una carita súper tierna.
—Bueno en realidad…— tragó saliva y desvió la mirada
—Si?
—Me estaba refiriendo sólo a Zelda…— clamó mientras rodaba los ojos. — ella suele ser…, tú sabes,…., algo torpe. Me da un poco de miedo cuando no estoy cerca de ella.
—Eh?— sus ojos estaban hechos platos ante semejante revelación de forma tan despistada.
—Nada— Link se cayó a si mismo cuando se dio cuenta de la barbaridad que acababa de confesar tan abiertamente.
—Eh?— y aun no salía de su asombro.
— ¡Nada!, ¡no dije nada!— rechistó de forma avergonzada.
El joven mercenario salió inmediatamente de la estancia para dirigirse a las habitaciones que anteriormente habían alquilado, mientras caminaba apresuradamente no podía dejar de pensar ¡como rayos era que se le había ocurrido decir eso!, ¿A caso estaba perdiendo la cabeza?, o acaso seria que… inconscientemente estaba cansado de disimular sus sentimientos. Llegó hasta el final de un pasillo que se dividía en dos puertas, como era la costumbre Tomodachi había alquilado dos habitaciones para que la princesa estuviera lo más cómoda posible. Sin poder saber cuál de las habitaciones era la que ya estaba ocupada el pobre Link se recargó con su brazo en la pared más cercana, hasta que escuchó las pisadas de Tomo detrás de él.
El pobre caviidae decidió no decir nada más, pues temía que al seguir hablando le plantaran otro golpe en la cabeza, suficiente ya había tenido con la pedrada de esa tarde y con el ataque del perrito de la pradera, no quería otra marca más en su bello y espojadito rostro. Simplemente se adelantó y le mostró a Link la puerta correcta.
…
Esa noche mientras Link dormitaba, Tomo se preguntó si acaso lo había imaginado o en realidad lo había visto; al joven hylian saliendo de la estancia con la cara totalmente colorada en un rojo que jamás se hubiera imaginado, intentó no soltar una risa después de aquellos pensamientos y después de un rato su mente divagó en otras cosas. "¿Qué estaría haciendo Zelda a esas horas?", "¿Acaso habría podido reparar el gorro de Link?", lo cierto era que no lo sabía, se giró boca abajo, estiró una patita y pronto se quedó dormido, había sido un día excesivamente largo.
…
…«««
Cuando Zelda y Tomodachi llegaron a la posada se encontraron con Link justo delante de la puerta, la muchacha actuó presurosamente escondiendo el gorro entre sus ropas, no se le ocurrió otra cosa y salió corriendo a su habitación, por suerte su amigo Tomo no había perdido las buenas costumbres y de verdad había alquilado dos habitaciones, cruzó el largo pasillo de la posada lo más rápido que pudo y al entrar en su cuarto se encerró bajo llave. Sacó el gorro vede y lo colocó en una mesita cercana, estaba hecho todo un desastre al igual que ella misma, durante la cabalgata sus ropas se había cubierto de lodo, y además todavía tenía el pegajoso polen por toda la cabeza, se sintió hecha un asco y decidió tomar un baño.
Cuando terminó de asearse se sentó junto a la mesa pensando en cómo podría repararlo, y entonces recordó algo importante, en su bolso blanco había un compartimiento oculto que normalmente utilizaba para guardar rupias en dado caso que se diera una emergencia, lo había modificado ella misma desde el incidente ocurrido en las afueras de "El Limite", pero desde que había cambiado su vestido pomposo por unas ropas más cómodas en la villa del norte, ese compartimiento guardaba algo más que solo rupias, la pequeña carterilla que desde siempre había cargado en sus prendas de princesa. Tomó el bolso blanco y sacó el dichoso objeto, hacia bastante tiempo que no la habría, y de pronto, en las últimas semanas no había podido separarse de ella mientras confeccionaba la bonita prenda que a Link le había regalado, la desdobló con cuidado dejando al descubierto su misterioso contenido que no era otra cosa más que un juego de agujas e hilos de colores sumamente especiales, ese tipo de cosas que solamente podía costearse la realeza, recordaba claramente las palabras de su padre "La hilandera que los fabricó ya no permanece en este mundo, úsalos para las cosas que verdaderamente importan, algún día entenderás que son verdaderamente especiales, las personas sienten conexiones especiales a través de ellas", no había entendido nada y desde siempre había usado las madejas en chucherías, solía cargarlos desde que tenía memoria pues desde que era niña le habían inculcado el buen arte de la costura.
—Perfecto— sonrió para sí misma
Revisó el gorro pero la vieja costura no tenía remedio, tomó unas tijeras y lo terminó de descocer con mucho cuidado. Mientras se inmiscuía en sus labores algo extraño paso por su mente, cierta sensación de nostalgia como si algo en sus recuerdos se revolviera, sentimientos olvidados que parecían querer emerger desde las sombras y volver a clamar su voz desde los rincones del olvido. Simplemente se sintió extraña aunque dicho pesar paso desapercibido en cuanto sus ojos se posaron en aquellos detalles, había un par de cosas que nunca había notado, tal vez porque no ponía la suficiente atención o quizás porque Link siempre lo llevaba en su cabeza.
La parte interior del gorro era algo extraña, era suave, demasiado tersa para tratarse de una tela común y corriente, y el viejo hilo; aunque desgastado por los años, también parecía de buena calidad, pero lo más extraño era aquello que se encontraba entre la comisura que antes había deshecho, cuatro curiosas líneas paralelas, cada una más grande que la otra en posición curveada, y debajo de estas una pequeña mancha deforme, no era ningún tipo de bordado, al parecer las marcas habían sido estampadas con alguna clase de técnica especial pero antigua, estaban tan desgastadas que apenas si podían percibirse .
—"Esta especie de símbolo, que extraño… es como si lo hubieran dividido a la mitad"— pensó literalmente en trance mientras seguía inspeccionando la tela en busca de algún daño secundario —Hmmm, que cosa más curiosa, es como si esta tela hubiera sido reutilizada.
No había ningún otro daño extra, pero la tela estaba completamente sucia, así que Zelda concluyó que sería mejor lavarla y secarla durante la noche. Tendría que levantarse temprano para alcanzar a coserlo antes de que Link se diera cuenta.
Preparó su carterilla de costura sobre la mesa cerciorándose de que hubiera hilo verde, pero antes de ensartar el hilo en la aguja se quedó pensativa un rato, la susodicha madeja esmeralda era más delgada que las otras, un hecho que le resultaba extraño considerando que no recordaba haberla utilizado nunca, de hecho estaba casi segura de que era la primera vez que la sacaba de su carterilla, puesto que sus vestimentas reales solían ser blancas, rosas o azules en realidad esa madeja verde nunca le había resultado de gran utilidad.
—"Gracias a las Diosas por no quitarme la costumbre de cargar cosas inútiles"— el pensamiento cruzó rápidamente la mente de la princesa. — "protocolos inútiles", pero como me alegra no haberlos ignorado, de lo contrario ahora mismo estaría en grandes problemas— musitó para sí misma, y después un bostezo interrumpió sus incesantes pensamientos, había sido un día demasiado largo.
Una vez ensartados, abandonó la aguja y el hilo sobre la mesa, le dio una última mirada a la dichosa tela verde recién lavada y tendida, y se alegró de que al final hubiera podido recuperar un objeto que era valioso para la persona a quien amaba, pronto se dejó caer pesadamente sobre su cama esperando a que llegara la mañana. El fuerte ruido de la lluvia le pareció más bien un suave arrullo a medida que iba perdiendo la conciencia para dejarle paso al sueño.
Esa noche se durmió con el curioso pensamiento de que algo en todo aquello le parecía demasiado familiar, como si de cierta forma ya lo hubiera vivido en el pasado…
…
…«««…«««
—Esta vez te pasaste, ¡Bola de Pelos!— una pequeña piedra golpeó fuertemente contra el agua del rio— Qué idiota…— musitó con la voz apagada. El joven mercenario volvió a arrojar otra pequeña piedra, estaba de muy mal humor y se desquitaba contra el indefenso rio— ¿Qué estará pensando Zelda ahora?— y de esa forma había terminado por acurrucar su cabeza entre sus brazos.
Recargado sobre el barandal de uno de los antiguos puentes que cruzaban la villa, en un lugar solitario en el que la brisa soplaba placenteramente llevando consigo el olor de las flores.
—Lo único que he hecho es estar huyendo… y ahora esto. Jamás creí que me afectaría tanto — musitó sabiendo muy bien que no habría podido ser de otra forma, dado que su corazón no estaba preparado para enfrentar semejantes hechos. Miró su propio reflejo en el rio y una pequeña piedra se le resbaló de las manos, el diminuto guijarro chocó contra el agua deformando la figura del joven hylian mientras las ondas se expandían rápidamente, Link creyó ver el reflejo de Zelda en el agua aunque sabía muy bien que sólo era producto de su imaginación y una allegada reminiscencia de sus sentimientos. — Es sólo que ellas se parecen tanto…. Y no me refiero solamente a su apariencia física, su alma pura y amable… aun después de tanto tiempo sigo sin comprender por qué las sigo viendo como si fueran una misma persona, desde que volví del templo de la diosa y elegí recorrer este camino he perdido la cordura y manejo de mis sentimientos. Yo debería saberlo… que eso es algo imposible, ¿Y entonces?, ¿¡Por qué mi corazón sigue dudando!?, ¿Por qué se empeña en creer que Zelda es mi lucecita?...
Sentía que simplemente todo era muy cruel y su voz se apagó llenando de silencio aquel paisaje.
—De ser cierto ella lo reconocería… y a mí también— musitó mientras su mirada abandonaba el rio para perderse en el basto cielo, una pequeña sensación de vacío llenó su alma, más aun así, su corazón pareció levantarse y correr con pasos firmes.— Ya no importa, incluso si me duele, si lo sigo buscando podría lastimarla, no quiero que piense que en mi mente existe otra persona más importante que ella.
Y de esa forma abandono su lugar de reposo y se dirigió al interior de la villa, de un momento a otro el cielo comenzó a lucir extraño como si se acercara una gran tormenta.
—"Seguramente ellos ya se encuentran en la posada"
…
La calle principal de la villa estaba llena de aquellos pequeños recintos, posadas, posadas y más posadas, porque se notaba abiertamente que era un punto de paso y descanso entre regiones. Pero incluso entre tantas edificaciones, había una muy vistosa con un letrero que decía "Ensaladas GRATIS en el desayuno"
—"Aunque Tomo sea muy listo es bastante predecible"— pensó Link la ver la publicidad colorida, entró directamente en esa posada y preguntó si alguien pequeño, peludo y color mostaza había hecho una reservación, el dueño de la posada afirmó con la cabeza, le mostró un libro de registros y confirmó que en él estaba la firma de su amigo.
—Su compañero reservó dos habitaciones, ¿gusta usted que lo guía a alguna?, ambas están al final de nuestro pasillo principal— dijo el posadero con una amable sonrisa.
—No, muchas gracias puedo ir por mi cuenta— respondió Link un poquito desorientado antes semejante cortesía, era extraño que alguien se dirigiera a él de esa forma aunque después de todo las viejas y añejas tierras sureñas ya casi habían quedado en el olvido.
—Espero que sus amigos no demoren mucho, se nota que viene una tormenta, ¡y de las grandes!
— ¡Eh!, ¿Acaso no han vuelto antes de que yo llegara?— el posadero le negó con la cabeza y Link se quedó pensativo por un momento, y a pesar de que cierta angustia se instaló en su estómago decidió esperar pacientemente en la recepción de la posada.
Todo lo que paso después fue muy extraño….
Tomodachi y Zelda habían llegado hechos un desastre, la muchacha se había ido a su habitación sin siquiera dirigirle la palabra, y él había tenido una extraña charla con Tomo, que terminó en una discusión aún más extraña.
El día había terminado más desastroso de lo que había iniciado, y esa noche mientras dormitaba, decidió abandonar el asunto de su gorro de una vez por todas, nuevamente sentía que se estaba traicionando a él mismo, pero no quería arruinar lo poco que "según él" había logrado con Zelda. No sabía si algún día lograría olvidarlo del todo, pero al menos trataría de intentarlo.
La noche fue larga y poco prometedora, no consiguió conciliar el sueño y al día siguiente se levantó mucho más temprano de lo habitual, salió simplemente se su habitación para no tener que estar dando vueltas sobre la cama, y como si fuera una sombra, se unió a los entes taciturnos que moraban y daban vueltas a la luz de los candiles, simplemente polillas que gustaban de hacer compañía a los viajeros. A esa hora Tomodachi dormía a pierna suelta y no se dio cuenta en que momento su compañero lo había abandonado.
Al salir de su habitación el joven hylian se quedó de pie en el pasillo de la posada, con la vista fija en la puerta que tenía justo enfrente, se acercó cautelosamente y con un sutil movimiento posó su mano sobre esta.
—"Seguramente está enojada"— pensó inclinando su cabeza, porque sabía bien lo que había hecho, porque aunque hubiera sido un instinto, el día anterior le había demostrado con sus acciones que aquella prenda de tela era más importante que su cansancio. Se sintió el ser más tonto y egoísta del mundo al haber antepuesto esa cosa frente al ser que ahora más amaba. — "No creo que exista otra razón por la que no haya querido hablarme ayer"—. Alejó su mano de la puerta y se dirigió a la primera salida.
Al llegar a la recepción preguntó al posadero sobre la ubicación de los establos, y después de recibir breves indicaciones se encaminó al susodicho sitio. Los establos estaban justo detrás del edificio y habían sido construidos de dicha forma porque así resultaba más conveniente para los viajeros. Y en ese lugar, Link encontró a Epona, la yegua estaba totalmente despierta y emitió un leve relinchido al reconocer a su jinete, con pasos susurrantes se acercó a ella y le acarició suavemente la cabeza mientras correspondía a su saludo.
Se sentía tan triste que sin pensarlo se abrazó a la yegua dejando que sus frentes se tocaran, Epona lo miró un tanto confundida pero no rechazó su abrazo, a ella le encantaba estar con su jinete y desde que se habían vuelto amigos habían formado un lazo muy especial.
— ¿Qué voy a hacer ahora?— susurró mientras sus dedos se deslizaban de forma cálida entre los largos mechones albinos, pero la caricia se vio interrumpida cuando sus dedos tropezaron con una sensación áspera y dura— ¿Qué es esto?— respingó de forma un poco atolondrada, retiró su mano y al inspeccionarla se dio cuenta de que era lodo seco— ¡Epona ¿Tú también?! Gruñó poniendo una cara de reproche fingido, se retiró un poco y con una breve mirada confirmó que la yegua estaba completamente sucia, no solamente de lodo, sino también de ese extraño polen, aunque en ese preciso momento pareció no darle importancia— ¡estas hecha un desastre! –gruñó, la tomó por las riendas, la sacó del establo y nuevamente emprendieron camino al rio.
Con Epona limpia "nuevamente" Link se encaminó a la posada, hacía poco tiempo que el sol había salido dejando al descubierto un hermoso cielo sin rastro alguno de nubes, el viento soplaba trayendo consigo una sensación de frescura. El joven mercenario se llevó instintivamente una mano a su cabeza, había demasiado viento sobre su cabello, lo cual le acarreaba una sensación muy extraña, mientras se cubría de aquel capricho de la naturaleza sus dedos nuevamente tropezaron con aquella pequeña calva, solamente él podría haberla encontrado así de fácil, porque la verdad es que era tan pequeña que ésta resultaba invisible a los ojos de otras personas.
—Oye Epona— Habló de forma nostálgica— ¿Tú sabes cuál de todas mis tonterías fue la que molesto a Zelda?— preguntó mientras su vista permanecía fija en el azul del cielo.
Epona emitió un suave relinchido moviendo la cabeza de un lado a otro.
—Si…, creo que tienes razón, debieron haber sido todas— añadió el jinete emitiendo un suspiró, tan ahogado y tan pesado que incluso a Epona le bastó con eso para sentir que había suspirado ella misma.
Cuando llegaron a la entrada de la posada Link descubrió a la distancia a Tomodachi platicando con una chica bajita de cabello negro y rizado, decidió acercarse para ver de quien se trataba pero en ese instante escuchó una voz conocida.
— ¡Link!
Inmediatamente buscó el origen del sonido y encontró a la joven princesa llamándolo, Zelda quien yacía parda a l otro lado de la posada sonreía alegremente, moviendo uno de sus brazos en una clara invitación para indicarle que se acercara. Cuando Link la miró se quedó un instante pensativo, sintiendo una felicidad inmensa mientras su corazón nuevamente se desbordaba como loco, y su boca exhalaba un suspiro de alivio.
—"Que alegría, al menos tú has vuelto a la normalidad"— pensó mientras se acercaba a su compañera.
— ¡Date prisa!, ven aquí que te tengo un sorpresa— añadió ella con una socarrona sonrisa.
— ¿Una sorpresa?— preguntó él una vez que estuvo suficientemente cerca.
—Así es— disimuló de mala manera haciendo que Link rodara los ojos, era obvio que traía algo oculto en la espalda, aun así, Link reprimió su risa y le siguió el juego de forma cariñosa.
—Bien, bien, ¿ y ahora que has cogido?
—¡Ta da!— clamó al tiempo que le mostraba el objeto oculto.
Entonces, el pequeño juego se dio por terminado. Los ojos de Link se abrieron al ver aquella sorpresa, ya que lo que Zelda traía en sus manos era su preciado gorro. La princesa se acercó para entregárselo y él lo recibió con mucho gusto, aunque se quedó por demás mudo porque no encontraba palabras de agradecimiento. Miró a Zelda recordándose a sí mismo sus propias promesas y armándose de valor intentó pronunciar algunas palabras.
—Pero…. ¿en dónde?
—En la casa de un perrito de la pradera— contestó sonriendo.
—¿Un que!?— contestó despabilándose un poco.
Y había hecho una cara tan graciosa que Zelda no pudo evitar reírse.
—No importa, espero que no te moleste que lo haya lavado, estaba un poco sucio. Agregó encogiéndose de hombros.
Link negó con la cabeza, por supuesto que no le molestaba. Instintivamente miró dentro de su gorro como si buscara encontrar algo especial, nuevamente se quedó como una piedra al encontrar algo sumamente inesperado, lo que vio, y más aún, lo que sintió, lo sobresalto en todos los sentidos. Sus ojos se abrieron por la sorpresa y sintió como le temblaban las manos.
—Zelda…
— ¿Si?
— ¿De dónde sacaste este hilo?— apenas si logró articular la pregunta con una voz sumamente ahogada.
—Eh!— clamó de forma sonora al percatarse de que él lo había notado.
—El hilo…. ¿de dónde lo sacaste?
—No puede ser, de verdad creí que no lo notarias— musitó en un tono un tanto angustiado, no quería que su Link se enojara, y por unos momentos se sintió fatal de que él se hubiera dado cuenta— incluso me esforcé por darle la misma forma— rechistó para sí misma mientras buscaba a su Link con los ojos.
El joven hylian seguía inmóvil como piedra.
— ¿Link?— lo llamó de forma tenue y se acercó de forma sumisa, pero Link simplemente seguía inmóvil— perdóname creí que era del mismo color.
—Así es…— musitó él, sosteniéndole la mirada mientras ambos azules se pedían en los sentimientos que proyectaba su compañero.
Porque no solamente era del mismo color, sino que estaba seguro de que se trataba del mismo hilo dado que emitía esa leve aura protectora que en antaño solamente había sido vista por dos seres en el mundo, la dragona testaruda y el pequeño mercenario para quien eran esos sentimientos. La única diferencia era que el que ahora estaba en su gorro no tenía signos de desgaste.
La pobre Zelda se confundió un poco hasta que se percató de que a causa de sus temores no había logrado responder la primera pregunta que Link le había hecho. Metió su mano entre su bolso y sacó su carterilla de costura, Link se quedó pasmado al ver aquel objeto, algo en las profundidades de su recuerdos se desencadenó de forma inevitable mientras sus ojos seguían posados en aquel objeto café bordado con la insignia dorada de Hyrule en una de sus caras.
—Lo ves, lo saque de aquí, estoy segura de que es el mismo tipo de verde.
Link no contestó, siguió completamente inmóvil con la mirada perdida y en trance, y lo último que Zelda le escuchó decir fue…
—La insignia de Hyrule….. Por supuesto, "ahora lo entiendo…."
Susurró sintiendo como todo su mundo daba vueltas
—"Ahora lo entiendo todo"….
.
.
Continuara...
.
Comentarios del Capitulo:
El gorrito de Link ^^
OMG no puedo creer que finalmente haya llegado a esta parte, *Emoción Full* xD, supongo que desde el primer momento más o menos se imaginaron hacia donde me dirigía, ya que el titulo habla por si solo x3
Les había comentado que esta era una parte de tres, de las cuales, esta primera definitivamente es la mas larga.
*Quisiera remarcar algunas cosas. Dado que es mi fic y a la escritora le da por hacer lo que se le viene en gana.. jajaja (es broma) he incluido un Oc especial, la pequeña y enérgica Tompopo (cuya única aparición es en esta partecita) esta basada en mi mejor amiga cuya flor favorita siempre ha sido la de la planta del Diente de León, la idea del campo de flores también esta inspirada en estas preciosas plantas medicinales.
**Quizás este sea el lugar ficticio más "alucinante" que encontraran a lo largo de toda la narrativa, con unos habitantes muy curiosos que hacen enojar a Tomodachi y una flora que aunque basada en una de la vida real dista mucho de ser lo que parece, es decir, había tantos dientes de león que Link y Zelda literalmente rebotaron encima de ellos jajaja, en la vida real los pobres se hubieran embarrado en el piso. La otra cosa curiosa, es que según el gusto de Epona el polen que se desprende de las semillas es sabroso y muy dulce.
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Como recordaran, este es uno de esos capítulos transcritos, adaptados y pulidos. Quizás pensé que seria bueno quitar ciertas partes absurdas, pero la verdad era que me carcajeaba tanto de la risa, que al final simple y sencillamente decidí dejarlas. Y Tomodachi si que se la paso haciendo el tonto durante todo el capitulo.
Por otro la, no sé que tan bien vaya el siguiente capitulo, no quiero arruinarles la sorpresa, solamente avisarles que es... Diferente
Diferente en todo el sentido y extensión de la palabra.
