~*~Los Personajes de este fic no me pertenecen, excepto los OCs marcados por la misma historia. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA.

~*~Este fic no está hecho con fines de lucro sólo es por entretenimiento y diversión.

Raya (cambio de escena, con una o varias alteraciones Cronológicas)."Pensamientos"*Asterisco en el intertexto* (notas de la autora, marcadas con N.A al final del texto en el mismo orden correspondiente de la lectura)."Referencias a otras frases",Recuerdos muy efímeros, Los sueños aparecerán en cursiva precedidos y seguidos por dos puntitos.

AVISOS Y COMENTARIOS (si es que los hay), al final del capítulo.


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"Seguiré luchando hasta el día en que pueda ver tu Sonrisa"

Tsubasa Reservoir Chronicles

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*.-Capítulo 56: El Gorrito de Link -.*

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(Segunda parte)

*~.Esa Persona que es Especial para mí.~*

… … … cio .. ..sh .ack***********

"Desde que tengo memoria no recuerdo que en algún punto de mi vida hubiera sido feliz"…

Eso fue lo que pensé aquel día. Porque a pesar de mi corta edad comprendí que desde siempre yo había sido diferente, sin importar en qué lugar me encontrara había algo en mí que parecía molestar al resto del mundo.

"Monstruo", "Demonio" o "Encarnación del mal"

Sin importar en qué lugar estuviera, esas eran las palabras con las que la gente siempre me refería, a pesar de que no conocía completamente su significado, algo dentro de mí me decía que esas no eran cosas buenas.

Durante mi pequeña existencia jamás encontré algún sentimiento de amabilidad y mucho menos de cariño, el único gesto bueno que conocía era la indiferencia, porque cuando alguien me ignoraba para mí era una bendición, no había palabras ni insultos que pudieran herirme, ni tampoco golpes propinados por el simple hecho de existir.

Pero.., ¿Por qué tenía que ser así?, ¿Por qué únicamente yo era diferente?, ¿acaso por qué mi cabello y ojos eran de color claro? O quizás porque mis orejas tenían una peculiar forma puntiaguda, ¿qué era lo que tenía yo para que todo el mundo me odiara?

¿Qué era lo que estaba haciendo en este mundo?...

"No tiene sentido", ese día escape del pueblo, si es que puede llamársele así, porque en realidad no había nadie que tuviera el interés de detenerme, me interne en ese bosque prohibido creyendo que ahí podría encontrar alguna respuesta.

"Nada… no hay nada"

¿Qué estoy haciendo en este mundo?, lo mejor es desaparecer, tal vez de esa manera pueda encontrar algo de lo que la gente llama felicidad.

Ese mismo día me prepare para enfrentar mi destino, y desde lo alto de un pequeño risco oculto entre el espeso bosque, di mi paso decisivo. Jamás creí que esa elección cambiaria toda mi vida.

— ¡Qué estás haciendo!

Me sorprendí al escuchar esa voz desconocida, no tenía idea de cómo o cuando había aparecido, pero ahí estaba, sujetándome fuertemente por la cintura, con sus brazos enroscados alrededor de mu cuerpo, impidiendo que me lanzara al que yo creía que sería un mejor sitio.

— ¿Acaso estás loco! ¡¿O es que quizás quieres morir?!

En ese entonces estaba tan sorprendido que no preste atención a su palabras, el inusual contacto que había hecho con esa persona me sobresalto como nunca en mi vida, en aquel momento tuve un sentimiento extraño, esa persona me obligó a apártame del risco, y mientras seguía hablándome yo no terminaba de comprender ¿cómo era que había aparecido así de repente?

—Si saltas desde esta altura te enredaras en las ramillas que hay ahí debajo, ¡podrías terminar ahorcándote!

—Ese era el punto— susurre librándome de su fuerte agarre.

—¡Qué!, ¡¿Entonces, de verdad estabas planeando suicidarte?!, ¡Por qué quieres hacer eso!

—No hay nadie que me necesite, no entiendo que estoy haciendo en este mundo.

—Oye no digas esas cosas tristes— musitó con una voz dulce, ese era un tono en el que nunca nadie me había hablado, y por primera vez levante mi mirada para encontrarme con el rostro de ella.

Era lo más hermoso que había visto en mi vida. "¿Una chica bonita me ha salvado la vida?", recuerdo que me quede sin palabras al ver aquel hermoso semblante.

—Tú…?— dije con voz extrañada.—Tú eres igual a mí.

Una cálida sonrisa y una expresión de ternura se reflejada en su cristalina mirada, ladeó un poco la cabeza en señal de no haber comprendido mi comentario.

—Tú tienes cabello rubio y ojos azules, y tus orejas también son iguales a las mías. — me explique.

Ella se rio divertidamente al escuchar lo que yo le había dicho, tal vez porque lo dije en un tono incrédulo, como si nunca antes hubiera visto algo similar, lo cual era del todo cierto.

—Es cierto, nosotros nos parecemos. Añadió entre risas— pero tus ojos son más bonitos que los míos.

— ¿Mis ojos son bonitos?— clame casi boquiabierto.

—Por supuesto que sí, ¿acaso nadie te lo ha dicho?

Levante una ceja y negué con la cabeza. Mi mente simplemente se arremolinó en un sinfín de pensamientos extraños, salí de la ensoñación que me había provocado su lindo rostro y rápidamente volví a la realidad.

— ¿Qué estás haciendo tú aquí?— pregunte de la forma más clara posible.

Pero su mirada se volvió un poco temerosa y su voz había menguado hasta volverse un susurró.

—Es que…. Estoy perdida.

— ¿Perdida?

—Pues si… vine con mi padre a estas tierras, porque él está planeando hacer una alianza con su gobernante, se suponía que tenía que quedarme cerca de él, ¿pero sabes una cosa?— musitó haciéndome una invitación con la mano, yo me acerque y luego ella me susurró en el oído— las reuniones de los adultos son muy aburridas, ¡pero no se lo digas a nadie!— parpadee un par de veces, no entendía de lo que me estaba hablando, pero le prometí que no diría nada a nadie.— Me escape para jugar en el patio trasero de aquel castillo, pero me adentre en el bosque y termine perdiéndome.— dijo ella con tristeza.

Yo seguía sin entender nada.

— ¿Qué es un castillo?— pregunte inocentemente.

—Es como una casa enorme, y la gente importante vive dentro de él.

— Hmmm?— musite ladeando la cabeza.

— ¿Sabes una cosa?— volvió a inquirir, acercándose de nuevo— estaba a punto de llorar cuando te vi caminando por el bosque, parecías no tener rumbo y pensé que también estabas perdido. Entonces te seguí.

—¡Tú estabas…..!, ¿…siguiéndome?— rechiste de forma sorprendida, la verdad era que no me había dado cuenta.

—Pues si— volvió a decir con una sonrisa, pero a los pocos segundos esa sonrisa desapareció levemente— ¿de verdad querías matarte?— susurró con verdadera tristeza, no sabía por qué compartía sentimientos ajenos, pero en ese momento sentí un poco de vergüenza, no conteste nada y simplemente baje la mirada.

—Ya te lo había dicho. No tengo a nadie que me necesite— conteste en un susurró

—Entonces yo te necesito.

— ¿Qué?

—Yo te necesito— me dijo tomándome las manos— ayúdame a volver a casa, ¿sí?, si me acompañas seguro dejare de sentir miedo.

"Alguien me dijo que me necesita", "¿de verdad existe una persona así en este mundo?"

Mi corazón se aceleró, ¿Qué era esa sensación tan extraña?, seguramente eso era lo que la gente llamaba felicidad, y por primera vez en mi vida, considere que existir realmente tenía un sentido.


Aunque nos habíamos conocido en extrañas circunstancias, la impresión de nuestro primer encuentro pronto quedo hecha a un lado, ella parecía haber olvidado mis extraños comportamientos suicidas, no preguntó más respecto a ese asunto, y a cambio, se dedicó a platicarme alegremente de cosas que nunca en mi vida había escuchado, cosas sobre palacios y reyes, sobre la buena educación y la elegancia; las cuales eran molestas pero muy indispensables, me dijo que le gustaban las flores y las mariposas pero que le daban miedo los escarabajos ya que según las antiguas leyendas estos podían ser muy peligrosos.

Yo me divertía escuchándola, "escarabajos peligrosos", eso era gracioso. Se suponía que tenía que guiarla al llamado "Castillo", pero era ella quien en realidad me estaba guiando, caminamos por el bosque tomados de las manos cómo si hubiéramos sido amigos durante toda la vida.

—Estoy segura de que yo venía de un lugar como este. — respigó mirando hacia todas partes como si tratara de recordar algo. Después de caminar un rato parecía un poco preocupada, y no era para menos si a donde quiera que miraba había árboles y simplemente árboles. Sin saber por qué, esa fue la primera vez que sentí la necesidad de proteger a alguien, de querer sosegar sus temores y poder volver a erigir una sonrisa en su rostro, fue entonces cuando se me ocurrió una buena idea.

—Lo que estamos buscando es una casa enorme, ¡¿cierto?!

Asintió con la cabeza mientras miraba como yo extendía mis brazos hacia el cielo tratando de imaginarme el tamaño del Castillo.

—Entonces, si me subo a un árbol seguramente que logro verla— clame al tiempo que me engarruñaba a un cedro.

Pero ella rápidamente me sujeto por la espalda aferrando sus manos a mi camisa, fue una sensación tan extraña que no puede evitar mirarla con extrañeza.

— ¡No lo hagas!, si te caes podrías lastimarte— clamó de forma preocupada.

—No te preocupes, yo soy un experto escalando arboles— le dije señalándome orgullosamente.

— ¿En serio?

—Claro que sí, si no lo fuera, sería el desayuno diario de los perros del pueblo. Cuando los perros te persiguen la mejor forma de esquivarlos es trepando un árbol.

—Ah?... que extraño, ¿Por qué los perros hacen eso?

—Quien sabe— le conteste encogiéndome de hombros.

Entonces me soltó con confianza mientras nuestros ojos se despedían momentáneamente, subí al árbol y desde ahí pude ver "El Castillo", que ciertamente era una casa gigante, estaba justo enfrente de nosotros pero se había vuelto invisible entre el espeso bosque. Baje ágilmente y le conté a mi nueva compañera lo que había visto, ella se puso feliz y mi corazón también sintió lo mismo.

Cuando llegamos al castillo me quede pasmado, de cerca la construcción era mucho más impresionante, ella me pidió que la esperara y se adentró entre aquellas enormes murallas, volvió después de un buen rato mencionando que su padre seguía en "la aburrida reunión de los adultos"

Me quede mirándola un rato e intercale miradas entre ella y ese enorme castillo, fue entonces cuando comprendí, que tal vez quizás, ella venia de un mundo completamente diferente al que yo conocía, y posiblemente, también, al de las personas del pueblo en el que había vivido. Ahora que la veía con atención notaba algunas cosas poco comunes en ella, su vestimenta era realmente diferente a la que usaban las chicas del pueblo, tenía un bonito objeto adornando su cabeza acompañado de una larga capa verde hecha de una tela sedosa, y decorada con una insignia dorada en su centro, además, a pesar de que se notaba que era más joven que yo, tenía un vasto conocimiento acerca del mundo, o por lo menos, de "su mundo".

— ¡Juega conmigo un rato!— clamó de forma repentina y sin previo aviso, con una adorable sonrisa.

— ¿Jugar?, pero, yo no sé cómo se hace eso— le conteste encogiéndome de hombros.

—No necesitas saber cómo hacerlo, simplemente lo haces— clamó con tono travieso.

Después de eso me tomó del brazo para llevarme a los patios traseros del castillo en donde jugamos el resto de aquella tarde.

Fue un día extraño, y también, el más maravilloso…

Ahora que lo pienso jamás pregunte su nombre y ella tampoco preguntó el mío, éramos niños y no necesitábamos de complicadas explicaciones para poder entendernos.


Los días que le siguieron a ese fueron realmente divertidos, ella solía escaparse todas las mañanas para encontrarse conmigo en el bosque.

—Dime una cosa.

—Una cosa— clamó de forma boba y divertida

Me reí de forma tonta ante sus juegos.

—Esto va en serio…— musite de forma preocupada— hay algo que me inquieta.

—Entonces dime.

—Tengo una sensación extraña aquí adentro— susurre mientras hacía circulitos en mi pecho ayudándome de una de mis manos— cada vez que cae la noche y nos separamos, de alguna forma siento que mi corazón llora de pena, como si tuviera miedo de no volver a encontrarte… y cuando despierto sólo puedo ver cosas y retazos borrosos en mi memoria, por eso vuelvo temprano cada mañana, para asegurarme de que nada de esto ha sido un sueño.

Se detuvo de golpe al escuchar mis palabras, parecía un poco lívida, y después de un rato simplemente se detuvo de golpe y se viró para mirarme.

— ¿Y cuando estás conmigo?... ¿crees haber visto a otra persona?

—Sólo mientras mi mente se despeja, pero después cuando te miro a los ojos, me doy cuenta de que realmente eres tú… mi lucecita.

— ¿Lucecita?

—Eso eres— clame con alegría— porque sólo contigo siento que puedo ver verdaderamente. Pero dime, ¿crees que me he vuelto loco?

—No, es….

—…

—Es… es ese tonto hechizo, Farore me lo puso antes de que saliéramos de viaje, creyó haber visto peligro en el futuro, así que se asegura de que aquellos que me ven olviden mi rostro y confundan mi esencia, sólo sucede después de que te separas de mi por cierto tiempo. ¡Lo había olvidado por completo!, de hecho…— respingó mientras me inspeccionaba de cabo a rabo— ¿Tienes dones mágicos?

— ¿Mágicos?

—Nunca nadie había podido saltar esta barrera, o bueno, al menos es lo que me han dicho.

—No sé hacer magia— musite con algo de vergüenza, pero ella no apreció enojarse ante aquello.

—Tal vez sólo significa que sea nuestro destino estar unidos. Aun así, sería bueno que no separes demasiado tiempo, podría afectarte de forma permanente, quédate a mi lado.

—Eso me gusta— musite sintiendo verdadera alegría. "Magia" siempre creí que era sólo parte de los cuentos, cuantos que únicamente había escuchado a escondidas mientras me ocultaba de los perros bajo las viejas carrozas de los jugares.

Nuestro paseo prosiguió como si nada, yo era muy feliz y nunca pensé que entre nuestros inocentes juegos nos meteríamos en problemas, esa mañana mientras correteábamos por el bosque le propuse ir a un lugar más alejado, quería que me acompañara a un hermoso claro que había descubierto entre mis aventuradas caminatas, ella dudó unos instantes aunque después aceptó con gusto.

—Seguro que si estoy contigo nada malo me pasa— dijo aferrándose juguetonamente a uno de mis brazos.

Y fue así como nos aventuramos hacia aquel lugar. Era un claro muy pacifico lleno de flores y mariposas, ella se emocionó mucho al descubrir que a pesar del hechizo yo recordaba incluso esos pequeños detalles, pasamos un rato agradable, tal vez demasiado, porque cuando nos dimos cuenta la mayor parte del día ya se había marchado, cuando nos percatamos de lo tarde que era corrimos al castillo, nunca imagine que en el camino nos encontraríamos con semejante peligro. Desde las sombras nos había estado acechando y escuchamos su feroz aullido retumbando como eco en el bosque, era una especie de perro grande y negro, con el pelo erizado, orejas puntiagudas y penetrantes ojos amarillos.

La creatura se abalanzo sobre nosotros e intentó morder a mi compañera.

— ¡Déjala en paz, horrible bestia!— grite mientras me abalanzaba sobre su cabeza, me aferre fuertemente a sus puntiagudas orejas y la creatura comenzó a retorcerse tratando de tirarme— ¡Corre!— le grite a ella— no quería que ese animal la lastimara, vi el terror en su ojos y lamente de sobremanera que aquel bonito día hubiera terminado de esa forma.

Ella salió corriendo perdiéndose en la espesura del bosque, suspire aliviado, de un momento a otro sentí como aquella bestia me botaba contra el suelo y después me lanzaba una feroz mordida, advertí como la tibia sangre escurría por mi frente, el dolor era insoportable y comencé a perder la conciencia.

— ¡Ya suéltalo!— nuevamente había aparecido de la nada.

Escuche su voz familiar, y después, el fuerte sonido de la madera rompiéndose. Y aunque mi visión se había vuelto borrosa alcance a percibir como el trozo de una rama de árbol salía volando después de impactar contra la cabeza de aquel animal, la creatura se alejó chillando despavoridamente, me sentía muy mareado y busque con la mirada a mi salvadora.

—Volviste— susurre, mientras perdía poco a poco lo que me quedaba de sentido, sentí su cálido abrazo al tiempo que mi vista se perdía en una profunda oscuridad.

No recuerdo que fue lo que sucedió después, y de hecho, no recordaba casi nada de lo que había vivido el día pasado, solamente la penumbra y al horrible perro negro, y al mismo tiempo a esa persona que me había salvado nuevamente la vida.

Cuando desperté me encontraba en un lugar extraño, estaba rodeado de paja y cubierto de un techo meramente improvisado, aquel lugar estaba completamente abandonado, recuerdo haber sentido un punzante dolor en la cabeza y me lleve hasta ahí instintivamente la mano, tenía una especie de parche cubriéndome una buena parte de mi cabellera, las imágenes del día anterior comenzaron a volver poco a poco a mi memoria, y fue en ese momento cuando me di cuenta de que aquella fiera bestia me había mordido justamente en la cabeza.

Escuche el sonido de unos pasos y levante la mirada para encontrarme con la de ella, llevaba una especie de tazón en una mano y una pequeña cajita en la otra, se acercó presurosamente y depositó los objetos a un lado de mí, en el piso de aquella extraña construcción, me abrazó fuertemente hasta que involuntariamente solté un quejido.

—Lo siento— la escuche gemir junto a mi oído.

—Yo también lo siento, no pude protegerte como era debido…. Y tú, volviste para sálvame, no debiste hacerlo.

En aquel momento me miró triste y confundida.

—Si yo muriera, nada malo sucedería, pero si algo malo te pasara mi alma sufriría eternamente.

—No digas tonterías… yo… ¡yo no quiero que mueras!— articuló con dificultad y después comenzó a llorar.

—Por favor, no llores— suplique— porque me duele mucho aquí— le dije señalando mi pecho.

—Entonces, no vuelvas a decirlo, no vuelvas a pensarlo— clamó aferrándose a mi cuello.

Nuevamente sentí una cálida sensación.

—Lo prometo— susurre junto a su oído. Y después de un buen rato ella recuperó su sonrisa, me entregó el tazón que anteriormente traía en su mano y comenzó a escudriñar mi cabeza al tiempo que sacaba unos objetos de la cajita que también había traído.

—Comete eso mientras curo tu herida— me ordenó instantáneamente.

Mire el contenido del tazón y no supe distinguir que cosa era lo que contenía, aunque olía realmente delicioso y no recuerdo que en alguna otra ocasión aparte de esa hubiera disfrutado tanto una comida.

—Auch— musite cuando sentí un ardor en mi cabeza, porque mi pequeña compañera había vertido un líquido extraño que realmente dolía.

—Por favor no te muevas. — escuche que me decía mientras reemplazaba el parche de mi cabeza, terminó de forma rápida aunque su semblante seguía sumamente triste— Lo siento— volvió a susurrar.

— ¿Y ahora por qué te disculpas?

—Pues por todo… traerte a este lugar simplemente porque no podría explicarle a mi padre lo que sucedió en el bosque. Después de todo me salí sin su permiso.

—No creo que eso importe mucho— le dije dedicándole una sonrisa— y a propósito de eso, ¿en dónde estamos?

—Este es un establo abandonado, estamos un poco lejos del castillo, no tienes porque preocuparte por aquí no viene nadie.

—Ya veo…

—Y también…— musitó poniendo nuevamente su carita triste— por haberme salvado te ha quedado una gran calva en la cabeza— añadió mirando furtivamente mi cabellera.

No pude evitar soltar un suspiro ahogado al escuchar eso.

—Eso tampoco importa.

—Ojala pudiera hacer algo— dijo enroscando su brazo entre su capa verde, y después de unos instantes su mirada se iluminó como si le hubiera ocurrido una buena idea— ¡tengo una idea!— replicó en tono emocionado— espérame aquí y no te muevas.

Simplemente salió corriendo y me dejo literalmente escondido entre la paja.


—"¿En dónde estás?,….. te extraño" – pensé desde mi solitario escondite de paja, y después mi corazón volvió a latir cuando la vi entrar por la puerta de aquel sitio, traía consigo un curioso objeto café rectangular con la misma insignia que llevaba en su capa y unas tijeras plateadas.

Se quitó su capa y se sentó a mi lado, desplegando el curioso objeto color café.

— ¿Qué es eso?— le pregunte al ver que en el interior del objeto se distinguían muchos hilos de colores.

—Es una Carterilla de costura ¿te gusta?— asentí con la cabeza aunque no sabía exactamente de qué se trataba— mi padre dice que perteneció a mi madre y que por eso debo cuidarla mucho, siempre pensé que era un fastidio cargarla a todos lados, aunque ahora me alegro mucho de haberlo hecho— rechistó con una risita traviesa.

Tomó las tijeras y comenzó a recortar su capa justo por la mitad, atravesando aquel extraño símbolo dorado.

— ¿Qué estás haciendo!?— me había tomado por sorpresa, dado que era extraño ver que alguien desperdiciara una tela fina.

—Ssshh, ya verás— respondió mirando una de las mitades de su capa, su vista se detuvo justo al posarse sobre aquella insignia y sin más remedio simplemente irguió una ceja de forma curiosa— creo que tendré que voltearlo, así nadie se dará cuenta.

Y así, fue como se embarcó en su extraña tarea. Comenzó a tararear una linda melodía mientras hacía de las suyas con la pobre capa. Era una melodía muy bonita, no recuerdo exactamente la tonada pero si el hecho de que me arrulló casi al instante, me dio mucho sueño, aunque después de todo estaba muy cansado, y sin saber en qué momento ocurrió, termine recargado en el hombro de ella mientras seguía escuchando su alegre melodía en lo profundo de mis sueños.

Ese día volví a despertar al atardecer, lo primero que vi al abrir los ojos es una imagen que me ha perseguido por siempre en mi memoria; su rostro sonriente esperando verme despertar. Sentí un poco de pena por haberme quedado dormido, pero ella no le dio importancia.

—Voy a darte un regalo— clamó de forma alegre.

— ¿Un regalo?

—Cierra los ojos.

"Sin hacer trampa", añadió en el momento en el que cerré los ojos lentamente. Sentí sus manos posándose en mi cabeza y después volví a escuchar su voz diciendo "Listo", abrí mis ojos, ella sonreía divertidamente mientras miraba hacia mi cabellera, la curiosidad le ganó a mi razonamiento y estire una mano para tocar aquel objeto que ella me había puesto, se sentía suave y terso.

—Se te ve muy bien, aunque creo que lo deje demasiado grande— añadió posando una mano en su mentón.

— ¿Para qué es esto?— pregunte tratando de descubrir que era lo que tenía en la cabeza.

—Pues para que no se te note la calva— me contestó entre risas— puedes usarlo mientras te crece de nuevo el cabello.

—Gracias… yo .. es decir.— pero en aquel momento no sabía cómo articular mis frases— nunca nadie me había regalado algo— dije finalmente.

— ¿Nunca?

—Nunca…— musite, aun sintiendo una inmensa alegría, ella había sido la primera y la única persona que me había mostrado esos gestos de cariño.

—Entonces prometo que yo te regalare cosas más seguido.

—No tienes por qué hacerlo— dije en tono apenado.

Ella puso una cara de reproche y después me dio un coscorrón.

—Oye, escucha…

— ¿Qué cosa?— pregunte al no escuchar nada, aunque el pequeño silencio simplemente fue roto por su suspiro.

—Mi nana Impa me dijo una vez "Aquellos que menosprecian su existencia, por lo general tienen un destino grandioso, es de sabios abrir bien los ojos", deja de menospreciarte o podrías perderte tu grandioso destino.

Se levantó del lugar en el que se encontraba y se dirigió a la puerta del establo, yo sentí que no había entendido nada, o que si había entendido algo lo había entendido mal, así que me levante y la seguí sin pensar demasiado.

—No sé qué fue lo que te ocurrió en el pasado…— musitó con una voz casi imperceptible al tiempo que me posaba a su lado— pero seguramente fue algo triste.

— ¿Estas molesta?— susurre con el mismo tono, tenía miedo de que se enojara conmigo y me dejara.

—Si…

—Lo siento— masculle bajando la mirada.

—No estoy molesta contigo.

— ¿Entonces…?

—Estoy molesta con tu pasado.

—Pero no hay nada que hacer, eso, no se puede cambiar.

—No, pero si hay algo que quiero hacer.

Finalmente se viró para encontrarme y yo simplemente la mire con cierta duda, mientras observaba como sus facciones cambiaban poco a poco, su semblante duro y desilusionado pronto volvió a mostrarme una sonrisa cálida, la cual hizo que me sintiera nuevamente con vida.

—Tú me gustas y quiero que seas mi amigo siempre.

Y una vez más, experimente esa sensación de saber que de verdad había un motivo para vivir en este mundo. Sus palabras eran tan sinceras que por primera vez en mi vida entendí lo que significaba la palabra confianza.

—Hablare con mi padre, quiero que vengas conmigo a Hyrule.

Después de eso salió corriendo rumbo al castillo sin darme oportunidad alguna de replicar, aunque tampoco hubiera querido hacerlo, la vi alejarse con una mirada decisiva, y en aquel momento pensé "esa chica sí que es valiente", pose mi mano en mi cabeza y me retire el objeto que tenía puesto.

—Este sí que es un bonito gorro, es extraño, pero de verdad me gusta— dije para mí mismo volviendo a colocarlo en mi cabeza, me mire en un pequeño charco de agua y me reí de mi apariencia.

Ella había mencionado que era demasiado grande. ¡Jamás imagine que sería enorme!


"Por aquí no vine nadie", eso era lo que había dicho ella, así que esa noche la pase en aquel establo durmiendo entre la paja.

A la mañana siguiente fui en busca de un regalo, estaba sobre una flor y lo atrape cuidadosamente entre mis manos. Ahora sólo era cuestión de esperar, fui a la parte trasera del castillo y me senté en una gran roca, y al igual que todas las mañanas ella apareció para buscarme, así que me acerque presurosamente y le extendí mis dos manos que permanecían unidas.

— ¿Qué haces?—preguntó en un tono un poco triste, lo cual me extraño de sobremanera, ella no solía ser así y mucho menos por las mañanas en las que estaba llena de energía.

—Te he traído un regalo, — dije tratando de animarla— un regalo para la persona que me dijo que le gusto, "un regalo para la persona que me quiere"

Y levante una mano para liberar el contenido de la otra. La mariposa aleteó unas cuantas veces y después salió volando, se posó sobre el cabello de ella haciendo que liberara su cálida sonrisa.

— ¡Qué bonita!— dijo en el momento en el que la mariposa volvió a emprender vuelo.

Nos quedamos con la vista fija observando cómo se alejaba por el cielo, y después de un rato cuando su sonrisa volvió a desvanecerse finalmente me atreví a preguntar..

— ¿Qué es lo que te pasa?, te ves desanimada.

—Las negociaciones de mi padre con el gobernante de estas tierras no van nada bien— musitó posando su mirada sobre el piso— no ha podido llegar a ningún acuerdo, él me dijo que era un sinsentido y que por eso volveríamos hoy mismo a Hyrule.

Mi corazón casi se detuvo al escuchar esas palabras.

— ¿Te vas?— le pregunte con el alma en vilo.

Ella asintió con la cabeza.

—Le conté a mi padre acerca de ti, pero no quiso creerme… "es imposible que hayas encontrado un chico en el bosque" me replicó, y además se enfadó mucho al saber que había salido sin su permiso. Además el no cree que nadie sea capaz de burlar el hechizo de Farore.

Simplemente siguió con la mirada clavada en el suelo. Esa fue la primera vez en mi vida que de verdad sentí miedo, la única persona que alguna vez me había querido estaba a punto de desaparecer, y lo más probable es que no pudiera hacer nada para impedirlo. No estoy seguro de cómo fue que paso, pero cuando reaccione ya me encontraba aferrado a uno de sus brazos, como si con eso pudiera evitar el infalible destino.

Pero entonces, incluso desde lo profundo de mi inconsciente sentí como ella se sobresaltaba y exclamaba.

— ¡Ya sé!, ¡se me ha ocurrido una buena idea!— la escuche mientras levantaba mi mirada para encontrar a la suya, cálida y brillante, pero por sobre todo, sumamente decidida— mi padre no me cree porque él no te ha visto. Pero si te muestro ante él, no tendrá por qué seguir dudando, ¡Vamos a verlo!— volvió a exclamar mientras me tomaba del brazo y me guiaba hacia el castillo.

— ¡Espera!— sin saber por qué, literalmente me detuve en seco.

— ¿Qué sucede?

—Me da miedo entrar en ese lugar, siento que algo malo puede pasar ahí adentro.

Mire las altas murallas de aquel castillo y una sensación de escalofrió recorrió mi cuerpo, ojala le hubiera hecho caso a mis instintos, pero la dulce sonrisa de ella fue más poderosa que mi razón.

—No te va a pasar nada si estás conmigo— me animó mientras me jalaba nuevamente por el brazo haciendo que perdiera por completo mi resistencia.

Nos adentramos en el castillo de manera furtiva dado se suponía que ella nunca había salido de él, se había escapado sin permiso alguno como todas las mañanas, caminamos por un estrecho pasillo que se ubicaba en el perímetro de la imponente estructura, y mientras subíamos unos cuantos niveles, ella me comentó que el cuarto en donde se encontraba su padre se ubicaba un poco más arriba.

Seguimos ascendiendo pero algo dentro de mi comenzaba a incomodarse, era como si de verdad sintiera que algo malo sucedería, no estaba seguro si se debía a que nunca en mi vida había pisado un sitio como ese, o si simplemente era alguna reminiscencia de los malos tratos que había recibido durante toda la vida.

El inmenso pasillo se erigía de forma casi claustrofóbica entre la pared de la estructura principal y una barda lo suficientemente bajita como para que incluso yo me tropezara con ella, cada vez que ladeaba mi cabeza hacia la derecha podía ver perfectamente el verde borde que se extendía bajo nosotros, de cierta forma era como caminar sobre la cornisa de una casa exageradamente alta.

—No te acerques mucho a esa barda— escuche que me decía— mi papá dijo que se encontraba en mal estado, se supone que no debemos pasar por aquí pero, si rodeamos el perímetro del catillo llegaremos más pronto.

A pesar de sus palabras seguí mirando hacia los bordes, mis nervios crecieron y no pude evitar estrechar aún más mi mano con la de ella.

De repente el silencio de la imponderable naturaleza que crecía a nuestro costado, fue interrumpido de forma abrupta por un sonido chirriante.

Una especie de silbato.

Un sonido tan añejo grabado en mi memoria, que el simple hecho de tenerlo presente me helaba el alma.

— ¡Alto ahí!— demando una voz de forma sonora.

Y de la nada nos vimos rodeados por tres hombres altos vestidos de la misma manera, con armadura metálica y espada.

—Parece que nos han visto los guardias del castillo— susurró mi acompañante en tono nervioso.

— ¡Quien eres tú, y que le estás haciendo a la señorita!— rechistó uno de los hombres al tiempo que me veía mí mismo amenazado por el filo de una de las espadas.

— ¡No, no, no. Esperen!—acusó ella, pero fue interrumpida por uno de los hombres, quien con un rápido movimiento la tomó del brazo apartándola de mi lado.

—Tiene un sombrero puntiagudo y extraño— señaló uno de los guardias.

—Seguramente es uno de los hechiceros que viven el en bosque— añadió el otro hombre— debió de haberse transformado para engañar a la señorita— respingó mientras se acercaba aún más hasta que su espada se hundió un poco sobre mi pecho.

—O aun peor— exclamó el que yacía en la retaguardia— míralo bien… debe ser la reencarnación del demonio de la que hablan los habitantes de Holocausto. Ten cuidado.

Retrocedí instintivamente hasta que mis pies toparon con aquella inestable barda.

— ¡No!, déjalo, él es mi amigo— rechistó ella tratando de zafarse del fuerte agarre del guardia— ¡Me estas lastimando!

—Los otros dos guardias se miraron interrogativamente entre ellos, y después, el que me apuntaba con la espada movió su cabeza en señal de negación.

—Sea como sea. No podemos confiar en él, has visto el bosque en los últimos días, han estado saliendo numerosos monstruos de él.

—Lo mejor será que nos deshagamos del intruso, si alguien descubre que llegó hasta aquí seremos reprendidos.

Y ante aquello, los tres asintieron con la cabeza.

Nuevamente di un paso hacia atrás, pero se me había acabado el camino, pensé que todo había terminado hasta que de pronto escuche un terrible grito que no era precisamente el de mi compañera, sino del guardia que la retenía. Al parecer, ella le había mordido el brazo en un intento de librarse de su agarre, lo siguiente que vi me dejo helado, todo ocurrió tan rápido que no me dio tiempo de reaccionar como era debido. El guardia, molesto, intentó atraparla de nuevo pero se tambaleó en aquel estrecho pasillo, la sujetó por el brazo y dio un traspié cayendo toscamente sobre la inestable barda, la cual inevitablemente cedió ante el descomunal peso de aquel hombre, lo vi caer por la muralla del castillo llevándose consigo a su joven prisionera.

Su grito de terror me dejo paralizado, y también a sus otros compañeros.

— ¡Maldición!— farfulló uno de ellos mientras corría a la parte que se había desgajado de la barda— ¡Archival!, ¡estás bien!, ¡responde!

Nadie respondió a su llamado, pero el guardia no se dio por vencido.

—Creo que cayeron en los arboles— dijo inclinándose un poco sobre la inestable orilla— voy a ir a buscarlos llévate a este intruso al calabozo.

—No por favor, ¡deténganse!— rechiste entre lágrimas mientras aquel hombre me sujetaba bruscamente— ¡Tengo que ir a buscarla!, ¡Tengo que ir a ayudarla!

—Hasta aquí llegó tu viaje bicho raro, de esta sí que no te escapas— escuche su advertencia mientras me llevaba a rastras sin que yo pudiera hacer nada.


.

..

Me propinaron una buena paliza y me encerraron en el calabozo, era un lugar frío y oscuro, un diminuto rayo de luz entraba por un ventanuco custodiado por barrotes, situado justo encima de mi cabeza, un hombre adulto hubiera podido ver perfectamente a través de aquel orificio, pero yo era tan pequeño que tenía que saltar si es que deseaba ver algo. No sabía que había ocurrido con mi amiga y eso me ponía muy mal, tal vez estaba gravemente herida e incluso hasta muerta, el pensamiento atravesaba mi alma como si fuera una daga filosa sedienta de sangre, me dolía… como si de verdad me hubieran arrancado una parte de mi propia existencia.

—"¿Por qué no le hice caso a mis instintos?"— me repetía una y otra vez en mis pensamientos, hasta que simplemente no pude más… la angustia me obligó a caer bruscamente al suelo, recogí mis piernas entre mis brazos para poder ocultar ahí mi cabeza.

No sabía cuánto tiempo era el que había trascurrido, podrían haber sido días o sólo unas horas, tal vez incluso simples y mundanos segundos, la soledad en ese agujero hacia que el tiempo se retorciera de mala manera, hasta que de pronto…

Un sonido…

Un sonido apareció desde la parte externa sacándome de mi letargo, eran voces que sonaban en la cercanía, justo sobre mi cabeza los ruidos se filtraban por el pequeño ventanuco.

—Lo siento mucho majestad— escuche hablar a una de las voces.

— ¡Tienen suerte de que mi hija este viva!, y de que este incidente no haya pasado a mayores— contestó una segunda voz bramando como si fuera una fiera, literalmente con un rugido furioso.

—De verdad lamentamos lo ocurrido. Todo ha sido culpa de ese pequeño demonio.

—He de considerar que este viaje ha sido una pérdida de tiempo, también lamentó que las cosas hayan terminado de esta forma.

Mi cuerpo estaba completamente entumecido a causa de los golpes de los guardias, y hasta hoy en día, sigo sin tener idea de donde saque la energía para poder levantarme, tal vez el hecho de saber que mi lucecita estaba viva me dio las fuerzas suficientes para reanimar a mi pobre corazón.

—Espero que la pequeña se recupere pronto— dijo una voz completamente diferente a las otras que había escuchado antes.

—Así será, aunque perdió algo de sangre y se golpeó fuertemente en la cabeza, tuvo la fortuna de caer entre la parte espesa del follaje.

Mientras la conversación trascurría, mi respiración se aceleró, la simple idea de pensar que ella tal vez se encontraba ahí afuera me impulsó a dar un gran salto hacia aquel orificio, me costó un par de intentos, pero cuando finalmente lo alcance me aferre fuertemente a los barrotes para poder mirar hacia afuera. Ahí había tres hombres, uno muy alto y delgado vestido con una larga capucha oscura que cubría su rostro, y al lado de este se encontraba uno de los guardias, posiblemente el que ese día me había apuntado con la espada. Enfrente de ellos se encontraba el último hombre, también era alto aunque algo rechonchito, de cabellera castaña y elegante traje; con un adorno muy vistoso en su cabeza, pero lo que más me llamó la atención de este hombre fue lo que llevaba cargando en sus brazos, mis ojos se abrieron al ver aquella conocida figura, era mi pequeña salvadora que ahora yacía completamente inconsciente, de verdad estaba viva y mi corazón saltó de júbilo, la pobre llevaba un largo vendaje alrededor de su cabeza y también en su brazo derecho.

El hombre que la cargaba se giró bruscamente y se encaminó hacia un extraño vehículo, lo vi introducirse en el mientras los otros dos se acercaban con cautela.

—Que tengan buen viaje— deseó aquel guardia inclinando la cabeza.

El sonido de la puerta al cerrarse fue estruendoso, y el extraño vehículo se puso en marcha tirado por dos extrañas bestias. Ni siquiera el dolor que me habían producido los golpes de los guardias podía compararse con lo que sentía en aquel instante.

— ¡No te vayas!... por favor, no me dejes— clame estirando mi brazo hacia fuera del calabozo, quería alcanzarla pero eso era imposible, con las ultimas fuerzas que resguardaba mire como se alejaba lentamente, perdiéndose entre el denso bosque, y cuando mis brazos se quedaron sin fuerzas caí inevitablemente al suelo de aquel frío calabozo, perdí la conciencia entre sollozos lamentando mi gran perdida.


Me culparon por los hechos ocurridos aquel día y me condenaron a estar en ese horrible lugar alrededor de una semana.

—Después de todo sólo era un chiquillo— espetó con desdén uno de los guardias el día en que me liberaron.

En cuanto comprobaron que no era ninguna especie de brujo ni que tampoco era un demonio peligroso me echaron a patadas del castillo como si hubiera sido un perro callejero con sarna.

Ese día algo cambio por completo…

Algo se quebró en lo más prístino de mi existencia…

Ese día alcance a comprender las implicaciones de la palabra "odio", después de lo que me habían hecho, y lo que a ella le habían hecho, en mi corazón comenzó a nacer ese sentimiento vengativo. El miedo que había permeado mi existencia fue reemplazado completamente por ese otro sentimiento de supervivencia, un egoísmo mal nacido con el que me apoyaría para a vivir el resto de mis días.

Cuando me aleje del castillo también los mire con desprecio.

Sin siquiera razonarlo busque el camino por donde había visto marcharse a aquel extraño vehículo, pues aún conservaba la esperanza de que hubiera quedado alguna pista de su paradero. Pero ahí no había absolutamente nada, ni siquiera las marcas de las ruedas.

En aquel momento puede haberme derrumbado, pero algo en mi interior me lo impedía, por primera vez sentí que tenía una determinación en mi vida, y mis ojos se posaron sobre el camino que se perdía en el horizonte, seguido del rojo sol naciente del amanecer, me quite el gorro de la cabeza y lo abrace fuertemente contra mi pecho.

—Quiero volver a verte… quiero sobrevivir para volver a verte.

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*************Fin del Flash back****************

— ¡LINK!...oye Link— la voz de Zelda llegó hasta sus oídos como si se tratase de los susurros de sus propios recuerdos, lentamente apartó la vista de aquel objeto decorado con la insignia dorada de Hyrule, hasta que sus ojos se toparon con los de la princesa.

Zelda lo miraba con preocupación dado que su joven mercenario había permanecido sumido en sus pensamientos demasiado tiempo.

— ¿Estas bien?— musitó

—Si… estoy bien— contestó mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro.

.

.

Continuara...

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Cometarios del Capitulo:

Bien...

Como en pocas ocasiones, esta vez me reservare los comentarios específicos, la verdad es que quiero guardármelos para el tercer y ultimo fragmento de esta partecita de la historia, en donde les recordare ciertas escenas que nos servirán para armar toda esa maraña de nexos ocultos que se han estado presentando a lo largo de la narrativa.

xD Finalmente conocemos el origen del dichoso gorrito ^^ Y bueno, para que no se pierdan demasiado voy a revelarles un dato importante, esto ocurrió cerca de once años en el pasado, un año después de que Link conociera por primera vez a su "pequeña guía", es algo que posteriormente se iba a revelar por si solo aunque quizás es mejor si lo saben desde ahora mientras tratan de imaginarlo.

Y no digo más...

En la ultima partecita voy a dejar que Link les explique casi todo, nuestro joven mercenario esta por convertirse en Sherlock xD

Pero para los que han puesto atención... mucha, mucha atención, quizás no sea tan sorpresivo lo que nuestro joven héroe esta por revelarnos. Como dato curioso... creo que sin duda se dieron cuenta que todo lo anterior a esta parte es un Gigantesco Deja-vú en si mismo.

...

Seria extraño que a estas alturas alguien se hubiera quedado perdido respecto a la identidad de "La personita especial" de Link , aunque para ser sincera creí que lo descubrirían desde hace mucho tiempo xD, y solamente ha habido dos personas que me han dicho de forma literalmente directa la identidad de dicho personaje, alguien en un comentario anónimo (Porfa al menos déjenme sus Seudónimos para mandarles saludos ^^), y por supuesto una escritora, con un ojo muy perspicaz... ¡Felicidades Artemiss! creo te has sacado el premio gordo, por haber sabido leer correctamente todos y cada uno de mis pasos. Ya después te daré una galletita con chispas de chocolate jajajaja xD y se acerca Navidad, creo que esa es una buena fecha :)

Zeldangelink espero que ahora comprendas porque no puedo darte permiso de dañar a la "personita especial"... recuerda es muy especial :)

...

Sin más por el momento, desde ahora y para siempre, me resignare a recibir Zapes Tronados, por haber hecho de una narrativa tan simple un enredo casi épico jajaja, aunque en serio siempre creí que todos lo sabrían a la primera, cierto es que mi intención desde siempre fue confundirlos aunque no creí que esas penumbras llegarían hasta esta parte y además tan intactas xD