~*~Los Personajes de este fic no me pertenecen, excepto los OCs marcados por la misma historia. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA.
~*~Este fic no está hecho con fines de lucro sólo es por entretenimiento y diversión.
Raya (cambio de escena, con una o varias alteraciones Cronológicas)."Pensamientos"*Asterisco en el intertexto* (notas de la autora, marcadas con N.A al final del texto en el mismo orden correspondiente de la lectura)."Referencias a otras frases",Recuerdos muy efímeros, Los sueños aparecerán en cursiva precedidos y seguidos por dos puntitos.
AVISOS Y COMENTARIOS (si es que los hay), al final del capítulo.
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»».}Capítulo 58: La Bruja, El Brujo y El Lizalfo{.««
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***Las Lindes del Cinturón de Fuego…. Varias semanas antes***
El tronido se expandió como una señal de triunfo, la nube blanca terminó por dejar a la yegua inconsciente, y después, cuando ella cayó al piso, el Lizalfo se acercó de manera cuidadosa, la joven le mostró una última mirada aterrada antes de perder el conocimiento por completo.
Fue entonces cuando le hincó los dientes en la vestimenta y la levantó como si fuera un trozo de carne.
— ¡No te la comas, tarado!— gruñó un ladrón a forma de burla.
El Lizalfo solamente se rio con una voz desarticulada parecida a la que emiten las personas cuando hablan con la boca llena.
Los otros dos Lizalfos se sacudieron el aturdimiento y volvieron sigilosamente a la carreta.
—¿Qué hacemos con la yegua?
—Es muy pesada para cargarla en la carreta, y además, se nota que es bronca, no creo que nos sirva.
—Entonces, ¿le quitamos las pertenencias?
—No, seguro que es pura basura, pero recoge el bolso, es nuestra prueba de que la joven es noble.
Uno de los ladrones recogió el bolso, y sin más, volvieron a su camino. El sendero guió sus pasos hasta las lindes del cinturón de fuego, en la montaña más alta tenían uno de sus numerosos escondites. Aunque este era especial por tener la temperatura adecuada…
Bajo el gran mar de nubes los caminos desaparecían entre la niebla, las termas que se encontraban dispersas por el sitio hacían que todo se sintiera aún más caliente, aunque los Lizalfos caminaban de manera cómoda y el resto de los hombres parecían bien habituados.
Solamente Zelda se sobresaltó ante el alarmante cambio de temperatura. Y mientras recobraba la conciencia trató de no entrar en pánico, los recuerdos de lo último que había vivido se aglomeraron en su memoria, haciendo que sintiera escalofríos y paralizando los pocos sentidos que hasta entonces poco a poco se reactivaban.
Mientras subían por aquella pendiente inclinada los ladrones Dodongo le dedicaron risas burlescas, las carcajadas que habían llegado a un límite bruto rayando en la grosería parecían simplemente desvenarse en sus oídos, dado que su miedo natural a los hombres estaba plenamente activo, el hecho de que se mofaran de su suerte era algo que carecía de prioridad en aquel instante.
La entrada de la gruta oculta en lo alto de la montaña se quedó grabada en su memoria como si fuera un instinto de supervivencia, y mientras recorría aquellos intrincados pasillos, su miedo por los hombres fue reemplazado por el miedo a las bestias, decenas de Dodongos vagaban libres a sus anchas, los ladrones de vez en cuando los hacían a un lado con los pies o simplemente les gritaban para que se echaran del camino, había uno realmente enorme al que le habían puesto por nombre "King el Imponente", y de verdad parecía ser el rey de todos los lagartos, aunque por lo que Zelda logró escuchar aquel enorme reptil solía dormir muchísimo.
Nuevamente las burlas de los ladrones pisaron los terrenos de su mente, resonando como peligrosas amenazas, las cuales dictaban que de no ser útil la darían de comer al enorme reptil durmiente.
Mientras trastabillaba por los pasillos que conducían a su celda unos extraños ojos la observaron con curiosidad innata.
—Esa….
— ¿Si?— murmuro una sombra a su lado
—Es ella.
— ¿Es quién?
— ¡La chica del carruaje!, la que sobrevivió a la emboscada en el castillo del Holocausto. El brujo tenía razón, creí que de verdad desvariaba cuando dijo que habíamos fallado.
—Interesante…— farfulló una voz a sus espaldas, los ladrones que cuchicheaban se viraron de inmediato.
El Lizalfo observaba la escena con ojos calculadores, y cuando los ladrones intentaron llevar a la princesa hacia una de las celdas de los primeros pisos el enorme lagarto les negó con la cabeza.
—Parece que sin querer atrapamos un premio gordo…
Rugió de forma casi cantarina y los ladrones le siguieron el juego con hoscas risotadas.
—Llévenla a las celdas del fondo— y de esa forma simplemente se viró, y con pasos firmes salió del escondite, hasta que sus enormes y escamosas patas lo llevaron hasta la cima del volcán activo, emitiendo un extraño sonido llamó a un mensajero.
Uno de los cuervos de la muerte que merodeaban el sitio descendió con movimientos gráciles y se posó sobre su hombro.
—Ve con Ceo y transmítele mi mensaje— murmuró, mientras sus palabras llegaban a los oídos de pequeño demonio emplumado.
El cuervo alzó el vuelo llevando consigo información preciada.
Y aunque sabía perfectamente que aquellos seres de las sombras le pertenecían al brujo enteramente, aquel lizalfo esperaba que su jefe volviera antes de que la información se dispersara a oídos ajenos.
Una risotada ligera se desprendió de sus labios, había visto y escuchado todo cuanto sus secuaces percibían.
—Asombra que un lagarto tan grande tenga un cerebro tan pequeño.
Esa tarde, esperó con curiosidad innata, miró de forma atenta el espectáculo entre el que sucumbía el escondite, había explosiones por todas partes, un enorme Dodongo había terminado más que frito, y con cierto asco simplemente miró desde una distancia prudente, a través de sus pupilas escarlata se percató como el "El elegido" y la princesa escapaban de la trampa mortal planeando sobre el antiguo manto sagrado.
De no ser porque su magia aún se estaba regenerando habría aprovechado la oportunidad para rematarlos de un sólo golpe.
Entonces. Maldijo para sus adentros, había malgastado su maná en vano, había traído a Argorok creyendo que el dragón crepuscular haría el trabajo sucio sólo en cuestión de días. La rabia y la desilusión en sus ojos reflejaba como la situación recorría su ser hasta lo más profundo sus sentimientos y sus entrañas.
De forma extraña irguió una sonrisa en su rostro, la mueca macabra desapareció esa misma noche entre las penumbras.
Ya llegaría le momento.
Y cuando el momento llegara, seguramente la venganza seria dulce. No todo estaba perdido, nuevamente rio al ver el humo desprendiéndose desde la montaña más alta del cinturón de Fuego, podría aprovecharse de aquello, de eso, no quedaba ni el menor atisbo de duda.
Esa mañana, el rugido más enojado y furibundo que alguna vez se hubiera escuchado a lo largo y ancho de las tierras del Oeste se hizo presente.
Los ojos de Ceo miraron con rabia lo poco que había sobrevivido de su escondite, los ladrones sobrevivientes o que no habían sido inmovilizados por los gases nocivos aun recogían con cierta pesadumbre los cadáveres de sus compañeros.
No podía creer que un simple y roñoso mercenario hubiera causado tal devastación en cuestión de simples horas, el odio que le tenía creció de forma desmedida, ya que no solamente había acabado con la vida del menor de sus hermanos, sino que ahora también había acabado con la vida de varios de sus amigos.
El olor a lizalfo quemado le revolvió el estómago, por el rabillo de ojo miró a sus secuaces arrastrando el cuerpo calcinado de su mejor camarada. Tan sólo hace pocas horas había recibido su mensaje y jamás creyó que al volver se encontraría de frente con semejante escenario.
—Ese maldito…
Aunque fue un rugido silencioso, llegó hasta todos y cada uno de los oídos de los ladrones, los que estaban cerca se alejaron de forma prudente.
Desde lo alto de una roca cercana, una pequeña risita hizo hegemonía, los ojos de Ceo se incrustaron en la figura de forma desafiante.
—Parece que…. Tendrás que hacer una buena limpieza— clamó la sobra de forma irónica mientras llevaba una de sus manos a su mentón de forma despreocupada.
— ¿Qué es lo que deseas?, la chica ha desaparecido— farfulló mientras gruñía de forma bajita.
Desde lo alto de la roca El Brujo ladeó la mirada.
—Yo sólo deseo lo que todos deseamos. Y tú, querido Ceo, ¿Qué estás dispuesto a dar por obtener un deseo?
—Mi alma.
—Entonces…. Desea— lo incitó, bajó de la roca y se acercó al Lizalfo, los ojos del lagarto color zafiro se habían perdido entre su propia rabia, entre los recuerdos de hace tres años, de ese día en el que había jurado venganza. — sabes que puedo darte todo lo que quieras.
—Entonces, ¿Por qué has permitido que ocurra esto?
—Aunque mis poderes sean grandes, no soy un dios todo poderoso, ¿Crees que me gusta ver la desolación que el estúpido de Link ha dejado en tu alma?
—Link…— repitió ligeramente, escupiendo veneno.
Los ladrones que vagabundeaban ahí cerca sintieron cierto escalofrió, no les gustaba ese brujo, pero los lazos consanguíneos que unían a su clan los obligaban a seguir siempre a Ceo, aunque sus decisiones fueran torpes y equivocadas, antes que él, ningún otro jefe Dodongo había demostrado tener tanta fuerza y orgullo, tanta grandeza a la hora del liderazgo. Aunque de igual forma, ningún otro jefe dodongo había caído presa de semejantes embrujos y hechicerías, las palabras del ser oscuro acariciaron los oídos del lizalfo, sonsacándolo y aprovechando la situación de rabia en la que se había imbuido.
—Verdad que si— musitó el brujo de forma calmada— Parece ser que la princesa le puso nombre al dragón demonio ojiazul.
Ceo rugió al escuchar el seudónimo.
—Tranquilo. Mi querido amigo, las palabras que ahora te digo pueden sonar duras y descorazonadas, más sin embargo, debes abrir bien los oídos, este día abras aprendido, que si de verdad deseas hacer bien las cosas, debes hacerlas por tu propia cuenta.
— ¿Por mi propia cuenta?
El brujo chasqueó la lengua y movió la cabeza de forma afirmativa
— Lamentablemente al paso que llevan cruzaran la frontera de Dragonterra antes de que los alcancemos.
—Entonces, alistare todo para mi partida, no permitiré que Zilant siga viviendo, ¡No después de lo que le hizo a mi hermano!
—Ahhh, mi querido Ceo, sé que estas ansioso, especialmente porque después de tres años finalmente lograste encontrarle la pista, pero… me temo que tu fuerza no sea suficiente, tal y como lo que es ahora, Zilant podría matarte de forma simple.
Nuevamente rugió de forma colérica, el bramido de su voz retumbó en la punta de la montaña y se expandió hasta sus más recónditos confines.
—Ese maldito Hylian ¡No va a vencerme!
—Parece que no entiendes, según veo, la magia que le robó al dragón blanco parece estarse acoplando a su alma, es decir, mira nada más lo que el desgraciado ha hecho, ahhhh mi desfortunio… con una sola flecha…. Con una sola flecha ha bastado para que Argorok cayera desde los cielos.
El Lizalfo abrió los ojos de forma repentina al enterarse de aquello.
—Mi querido Ceo, no deseo perder a mi más fiel camarada.
— ¿Qué debo hacer entonces?, dijiste que cumplirías mi deseo, te exijo que cumplas con tu palabra.
—El deseo será cumplido.
—¿Cómo..?— masculló, su voz menguó mientras los ojos escarlata del brujo se cruzaban con los suyos.
—Bajara la guardia una vez que cruce la frontera.
—No necesita su guardia allí adentro, maldita sea la hora en la que la Bruja repelió a nuestro legado, la sangre de cada ser del clan dodongo es repelida de sus tierras como si fuéramos moscas— rechistó.
—Si… admito que, fue verdaderamente brillante, no cualquiera tiene el poder y la maestría de crear semejante sello. Sin embargo, por más asombroso que sea no se nutre de sí mismo mi querido amigo, y además, yo… como decirlo sin ofender, no tengo pinta de lagarto.
El lizalfo azotó la tierra con la cola, sus pensamientos vagabundearon de forma indecisa, pero los ojos rojos de su aliado despejaron su mente de las pocas dudas que la inundaban.
— ¿Y qué?... piensas obligarla a que ceda. No me hagas reír, el legado de los Ichihara podrá estar bajo la sombra de la magia negra, y sin embargo, la luz sigue a sus portadores como si fuera un ser daltónico y desequilibrado. Serás tú quien termine muerto en manos de la portadora de Amateratsu.
—Me subestimas— musitó.
—También me subestimas— rechistó— yo sé que puedo matar a Zilant de un sólo zarpazo.
—De cualquier forma, convendría que tuvieras una pequeña ventaja, no quieres probar suerte en mi juego.
— ¿Juego?
—Ya quedan pocas lunas…
Ceo irguió la mirada ante el comentario.
—La Noche Eterna volverá después de trecientos años, cuando el último rayo de plata sucumba ante la naturaleza misma, uno de los guardianes perderá sus poderes.
—Los guardianes, acaso ellos…
—No era tan difícil de deducir, son ellos la fuente de magia que mantiene el sello activo.
—Entonces…
—Seamos pacientes, Ceo. — murmuró, el Lizalfo nuevamente movió la cola, escuchó de forma atenta los susurros que el brujo emitía, mientras poco a poco el maléfico plan tomaba forma, los rugidos de enojo fueron reemplazados por carcajadas a medida que su mente dibujaba la venganza perfecta.
****Colmillo de Guerra… Tiempo presente****
Suspiró con desenfado, sus pequeños sirvientes la miraron arrellanarse en el sofá de su estancia, la ciudad capital de los Dragones nunca había pasado por periodos más prósperos, el clima invernal parecía un poco más tácito, y sin embargo, ella parecía tomar aquello con mucha desgana, su vestido largo pero escotado, simple y sencillamente lo decía todo.
—Mi señora….
Vagabundeó en sus pensamientos al escuchar la vocecita, el eco del llamado se repitió varias veces, hasta que por fin decidió atender la voz que se había vuelto un poco suplicante.
—Mi señora.
— ¿Qué sucede, Akatsuki?... awww que pereza, ¿me traerías una copa de Sake?
—Pero mi señora, apenas son las nueve de la mañana, ¿no cree que es un poco temprano para eso?
—Aguafiestas— rechistó haciendo un curioso berrinche.
El pequeño sirviente pareció sudar en frio, nunca imaginó que tendría como señora a una persona tan complicada, era el ser más libertino con el que jamás hubiera imaginado encontrarse.
— ¡Cielos!, basta, es cansado ver como tiemblan cuando les hablo, recuerda que yo no soy como esas otras portadoras, ¡Anda!, dime tus peticiones.
—No son peticiones. Son informes mi señora.
— ¡Informes!— puso mala cara, odiaba trabar demasiado temprano, la pequeña creatura parecía impaciente y sus curiosos ojos negros la miraron con cierto reproche.
Entonces uno más de esos pequeños seres entró por la puerta, de forma impaciente ella se levantó de su sitio y fue a abrazarlo de forma desmesurada.
—Mi querido Watanuki ¿Me traerás tú mi copa de sake?
—Me temó que no— gruñó de forma graciosa mientras trataba de librarse del aprisionaste abrazo
—Wahhh, ¡Todos son tan crueles!
—Mi señora, compórtese, es usted una mujer en edad adulta, es tiempo de que asuma responsabilidades como se debe.
—Aguafiestas— volvió a rechistar del mismo modo
—El elegido y la princesa están en tierras fronterizas y…
— ¡Imposible!, ¡Así de rápido!— clamó soltando a su acompañante, el pobre se cayó de trasero y la maldijo con la mirada— ¡Akatsuki, por qué nadie me ha dicho nada!
El otro ser simplemente suspiró con cansancio.
—Trate y perdí la guerra mi señora.
— ¡Tonterías!... y ¿En dónde están ese par de vagas?
—Sigo tratando mi señora y aún estoy perdiendo, ¿finalmente podre dar mi informe?
—Anda, no sé por qué me hacen esperar en estas cosas urgentes.
Farfulló de forma graciosa, los dos pequeños seres sudaron un poco en frio, Akatsuki carraspeó para aclarar su garganta y finalmente casi después de "siglos" pudo proceder en sus tareas.
— ¿Por dónde comienzo?
—Por donde es obvio, Airin y Tsukiko no han vuelto aun a casa.
—Tsukiko informa…. Gratas e ingratas noticias. — Clamó Akatsuki con cierto nervio
— ¿Ingratas?
—Parece ser que Altair nos estuvo espiando, eso, o corrimos con la mala suerte de que un legionario presenciara cierto accidente en el pueblo del viejo Smith.
— ¡Que paso!, ¿Fracasamos?
—No— rechistó Watanuki poniendo una cara seria— el tesoro de Din volvió a su lugar de origen, pero me temo que la princesa Zelda paso un mal momento mientras su guardián no estaba presente.
— ¡Di órdenes precisas!, ¡Que fue lo que salió mal!
—Las órdenes fueron precisas, pero el anciano desobedeció las instrucciones de nuestras compañeras, fue un accidente mi señora.
Gruñó de forma enojada mientras sus pequeños sirvientes le narraban lo ocurrido, el "pequeño" percance que Zelda había sufrido con Vilán no le había hecho gracia, pero dejando de lado eso…
—No es una noticia tan ingrata, ¿Qué importa lo que Altair y sus legionarios piensen? Al final seremos nosotros quienes ganemos…
—El legionario mi señora
— ¿Qué pasa con eso?— nuevamente sonaba con voz perezosa, se viró de forma despreocupada y se acomodó en el sofá de pieles tersas. Con esa misma desgana se resignó a mirar la única bebida que tenía a la mano, era jugo de naranja, un líquido de tonalidades frescas y agradables, de sabor dulce pero no demasiado pegajoso… no era el sake que deseaba, pero al escuchar la voz de Watanuki simplemente se lo llevó a la boca
—Era Benjamín Wiesengrund
Y hasta ahí llego el jugo, literalmente lo escupió al escuchar como su pequeño sirviente pronunciaba aquel nombre.
—Ben?..., ¿Te refieres a ese Ben?— tartamudeó.
—Sí, me refiero a ese Ben.
— ¿Estaba Lung a su lado?
—Mi señora, usted sabe que Lung siempre está a su lado
—Por mis diosas— rechistó, suspiró, y ese suspiro pareció profundo y agobiante. Simplemente se llevó una mano a la cabeza.
—No era tan malo, había sido un accidente— pronunció Akatsuiki de forma inocente.
— ¿Había sido?— masculló ella abriendo los ojos de forma sorpresiva.
—Creo que Tsukiko hizo que se enojara, sabe usted que a ella no le gustan los legionarios.
—Por el amor de Nayru…. Cuantas veces tendré que decirle que se contenga, entonces el señor Lung ahora está más enojado, Azurita se molestara cuando sepa de esto.
—Ella ya lo sabe mi señora.
— ¡Ya lo sabe!
—Lo sabe, ella madruga para revisar los informes, quizás si mi señora no fuera tan libertina podríamos haber prevenido esto.
— ¡Ay por los dioses!, seré severamente reprendida.
—Pero mi señora, es usted quien está a cargo ahora de Colmillo de Guerra, debería tomar su lugar como se debe— espetó la pequeña creatura.
Watanuki simplemente viró los ojos, había que ser acomplejado, no entendía como era que seguía cuerdo en un ambiente como ese.
Ella simplemente hacia berrinche moviendo la cabeza como loca, hasta que de pronto se detuvo de forma abrupta, los pequeños sirvientes parecieron sentirse confundidos.
— ¿Sucede algo mi señora?— Akatsuki se sintió extrañado al ver ese semblante serio, no era propio de ella, algo extraño pasaba, solamente ponía esa mirada cuando se dejaba de juegos y tonterías, ocasiones casi nulas y por lo general cargadas de malos presagios.
—Watanuki— sintiendo un escalofrió tomó al pequeño sirviente entre sus brazos.
— ¿Qué sucede?...
—La barrera…— masculló, por unos instantes pareció buscar algo insistentemente con la mirada.
—Estamos pendientes de ella, la noche eterna cae pronto, pero creo que con sus poderes basta para remplazar el lugar de nuestra guardiana de plata y sostenerla durante ese periodo…
Entonces fue interrumpido por una risa siniestra, nadie sabía de donde había salido, era escalofriante y macabra, llena de odio y deseos de sangre.
Con cierta maestría preparó un hechizo mágico, todo paso tan rápido que cuando menos se dio cuanta, la pequeña estancia estaba cubierta de explosiones y escombros, la risa siguió resonando de forma siniestra.
Cuando el humo se despejó, la silueta de la bruja y de sus pequeños sirvientes apareció entre la nebulosa, se había cubierto justo a tiempo con magia, Akatsuki se había aferrado a una de sus piernas temblando de miedo y los brillantes ojos de Watanuki se clavaron en el misterioso enemigo, las pupilas escarlata lo miraron con cierta sorna.
—Tú… imposible, ¿Cómo fue que entraste?, ¿¡Cómo repeliste mis defensas!?
—Vaya, pareces acongojada querida, no soy precisamente la misma persona que consiste en el pasado, y respecto a tu pregunta, ¿Crees que no me di cuenta lo débil que es tu magia ahora?, parece que tu naturaleza sobreprotectora no te ayuda en mucho, prestarle maná a una estorbosa guardiana simplemente para asegurar que no sufra demasiado, que tierna, inocente e imbécil eres.
Bajo esas palabras el ambiente se volvió siniestro, el aura maligna del brujo cubrió todo a su paso.
— ¡Mi Señora!— Watanuki se viró asustado al sentir que el agarre de ella perdía fuerzas, había algo extraño en esa magia, también se sintió mareado, como si las sombras oscuras mermaran sus energías.
—Adiós, mi querida Amateratsu, mejor suerte para tu siguiente vida.
…
Desde las colinas cercanas a la capital, el estruendo fue audible. Incluso a Kilómetros algo se quebró de forma irremediable.
Bostezó de forma perezosa, su fiel corcel movió las orejas atento a la pereza de su amo, el viento soplaba de forma cálida sobre su cabellara castaña, aunque algo en el ambiente parecía sumamente extraño.
Sus ojos esmeraldas se posaron sobre el firmamento, las nubes se veían esponjosas…
—Qué envidia… quisiera poder subir ahí arriba.
El joven equino movió las orejas de forma curiosa, a las espaldas de su amo un ser inmenso se acercaba de forma paciente, y otro chico bajito cuya sonrisa parecía haber estado perdida durante días.
—Deberías pensarlo bien, ojos verdes, si te subes a esa nube no creo que vivas demasiado— musitó el recién llegado.
El chico castaño simplemente suspiró ante el cometario— Pero… es que se ve tan esponjosa— añadió con la mirada perdida en aquel ente blanquecino.
—Es cierto… pero cuando las cruzas son húmedas y pegajosas—Espetó el enorme dragón de plata a sus espaldas.
Simplemente refunfuñó mientras el ser legendario desbarataba sus ilusiones de forma despreocupada, platicaron acerca de tonterías y cosas sin sentido, siempre era de la misma forma. Arthur Pendragon era un legionario curioso, nunca tenía nada que decir, pero cuando lo hacía no carecía de pelos en la lengua, todo aquello cuanto salía de su boca estaba dictado en un idioma directo y poco metafórico.
Esa tarde simplemente se había cansado, había recorrido el borde de Dragonsterra buscando señales de los dodongo, alguien había corrido el rumor de que los ladrones estaban merodeando demasiado cerca, era extraño de sobremanera, nadie creyó que fuera cierto, todo el mundo sabía que la barrera estaba activa y en buen estado, los ladrones eran tercos, pero definitivamente no eran estúpidos, se dictaban bajo la ley de supervivencia y ninguno de ellos solía arriesgar su vida en vano. Más aun así, Altair líder directo del susodicho había visto bien montar una pequeña guardia. Arthur odiaba tener que hacer cosas inútiles y había estado de mal humor desde que le habían asignado semejante encargo.
Desde la distancia el otro chico pareció suspirar de cansancio, Benjamín también conocido simplemente como Ben era un chico escueto y bajito, de cabello rubio y corto, ojos zarcos y gentiles, y una personalidad simpática, había conocido a Lung años atrás cuando era más pequeño y desde entonces habían sido buenos amigos.
Y Lung… bueno, él era un enorme dragón de plata, el renegado favorito de su familia, y por supuesto, una enorme y verdadera incógnita para todo aquel que se topaba con su presencia, su historia era tan compleja y complicada, tan larga… que si tenía la oportunidad de omitirla simplemente lo hacía. De forma extraña parecía que tomaba por diversión molestar a Arthur así que siempre terminaban discutiendo sobre cosas estúpidas y sin sentido.
—Por Din…— suspiró Ben sabiendo que aquellos dos no tenían remedio.
— ¡Como sea! Eres un aguafiestas Lung— chilló de forma curiosa desde lo alto de aquella roca, el día había sido tan aburrido, que al final del todo, simplemente había desmontado para encaramarse ahí arriba y perder el tiempo. — Pero de cualquier forma, ¿Qué hacen por aquí ustedes?... ¿Altair los envió a fastidiarme, cierto?
—Cielos, pero si él no pierde tiempo en esas cosas— exclamó el rubio virándose despistadamente.
Arthur gruñó ante la indirecta haciendo que Lung riera de forma graciosa.
— ¿Entonces que hacen aquí?
—Lung encontró tu olor y quería decirte hola.
—Sí. ¡Hola!— Clamó de forma boba y alegre. Al pobre Arthur simplemente se le hizo una venita de enfado, "Idiotas" susurró mientras se viraba haciendo rabieta. — Escuche eso— rechistó Lung de forma ofendida.
—Era broma. Bueno casi… Estábamos vigilando a los elegidos. — exclamó Ben siguiéndole la corriente a su compañero.
— ¿Estaban?
—Bueno hace buen rato que cruzaron los Dientes del León y se internaron en la frontera, mientras permanezcan en Dragonsterra estarán seguros, así que Lung y yo volvemos directo a Aincrad.
—Oh menudo lio, parece que Altair está nervioso desde que Dulac le comentó lo ocurrido en el cinturón de Fuego— suspiró, parecía un poco triste, aunque en realidad se preguntaba ¿Cuándo volvería casa?, tenía hambre y estaba cansado, odiaba rastrear dodongos porque cuando los encontraba siempre huían despavoridos al verle, hasta el momento nunca había encontrado ninguno que le diera una buena pelea, algo que valiera la pena para semejante esfuerzo.
—Es importante que lleguen sanos y salvos a Hyrule, en especial Link, ha pasado por muchas penurias merece ser feliz al lado de su compañera.
—Feliz…— musitó con nostalgia, mientras sus ojos verdes volvían a perderse entre los nubarrones.
Todo era quietud y calma, durante minutos reino un silencio apaciguante, pero entonces, sucedió algo extraño, el corcel de Arthur alzo las orejas y bufó de forma nerviosa, Lung también sintió cierto escalofrió y alzo la mirada. Sin siquiera pensarlo caminó en círculos mirando al cielo llamando la atención de ambos legionarios quienes nunca lo habían visto hacer semejante cosa.
— ¿Lung?
No contestó al llamado de su amigo, parecía ansioso y preocupado. Arthur se irguió sobre la roca tratando de ver si había algún peligro. La expresión del legionario cambio cuando un terrible terremoto sacudió la tierra, Ben pegó un grito antes de que la tremenda sacudida lo tirara al suelo, y de no ser porque el dragón estaba atento el otro legionario se hubiera roto la cabeza al caer de semejante altura, lo atrapó entre sus fauces antes de que tocara el suelo.
Todo paso demasiado rápido, pero esos segundos de confusión bastaron para que incluso la naturaleza de estremeciera, cientos de aves volaban de forma despavorida, los graznidos fueron acompañados de un relinchido nervioso, el caballo se había encabritado aunque volvió a la calma después de que Lung lo miró de soslayo de forma firme.
—¡Qué…¿Qué demonios..?— Ben no pudo completar su frase, algo tronó en el cielo, el firmamento entero se estremeció mientras perdía sus colores, la mirada de los chicos vagó entre la confusión y el miedo, era como si algo sobre sus cabezas se desmoronaba, como si desde siempre el cielo no hubiera sido el cielo y hubiera estado cubierto por una barrera invisible.
Y esa barrera se estaba quebrando…
El extraño ente desapareció poco a poco dejando tras de sí rezagos de confusión en sus espectadores. La mira del Dragón de plata se congeló ante esa horrible escena y sin siquiera darse cuanta abrió la boca liberando al legionario, para ese entonces, Arthur había corrido con la suerte de volver a tener sus reflejos activos, cayó al suelo de forma limpia y casi suave, solo para volver a incorporarse y escuchar las extrañas palabras que el dragón musitaba.
—La Barrera… se ha roto.
Esa mañana, todo se había vuelto tan lindo y hermoso. Nuestros jóvenes viajeros habían vuelto a su incesante marcha después de aquella noche fría, Epona avanzaba a trote lento siguiendo los pasos de su amo, Tomodachi iba por delante revisando las nuevas rutas en su mapa, la princesa Zelda parecía de buen ánimo mientras conversaba con su noble guardián, y el noble guardián estaba más feliz que nunca.
Link le tendió los brazos a su princesa para ayudarla a desmontar de Epona, estaba cansada y deseaba estirar las piernas un rato.
El terrible terremoto se hizo presente de forma inexplicable haciendo que se espantaran de sobremanera, Tomodachi movio los brazos como loco intentando mantener el equilibrio, La pobre Zelda pegó un grito, justo acababa de poner un pie sobre el estribo cuando la tremenda sacudida la tomó por sorpresa, afortunadamente los reflejos felinos de Link entraron en acción justo a tiempo, la princesa terminó en brazos del joven mercenario a salvo y sin ningún rasguño.
La sacudida fue tan estruendosa que Link tuvo que tomar las riendas de Epona para evitar que la yegua se debocara. Como pocas veces en su vida Link presencio la furia titánica de la naturaleza en una magnitud que sobrepasaba su entendimiento, era como si el mundo entero agonizara ante semejante golpe.
—Link…— Zelda lo apretó de forma asustada.
—Tranquila… tranquila, ya pasa— la tranquilizó, aunque con tremendo sismo también comenzaba a asustarse, era extraño que sucediera algo así y tan de repente.
Pronto paso todo, dejando un verdadero caos a su paso…
— ¡Tomo!— Link llamó a su compañero para verificar que estuviera bien, se había caído sin remedio, y ahora, simplemente estaba tirado sobre su trasero con la vista helada y perdida en el cielo— ¡Oye, Tomo!
—Eso…— el pobre caviidae tartamudeó tratando de responder, pero sus ojos no podían apartarse del firmamento.
Zelda también viró la vista hacia arriba, una enorme corriente de energía mágica remolineaba sobre sus cabezas. No podía creer lo que veía, el cielo se desmoronaba, o más bien dicho la barrera que había estado cubriendo el cielo ahora se estaba desmoronando.
—Eso es..?
—Una Kekkai*
—No, no. Imposible Señorita Zelda, ¿Cómo podría existir una tan grande?
—Bueno, fuese lo que fuese, ahora ya no existe— pronunció Link.
El escenario se quedó en silencio mientras los tres viajeros se reponían de semejante susto, el joven hylian no pudo evitar sentir cierto escalofrió mientras sus manos se aferraban a la cintura de su princesa, cada vez con más y más fuerza, atrayéndola hacia su cuerpo en una muestra no sólo de amor y cariño, sino también de un instinto protector verdaderamente fuerte, un instinto inmemorial que había formado parte de su ser desde el inicio de los siglos.
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Continuara...
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N.A : Kekkai = barrera mágica de grandes proporciones.
Comentarios del Capitulo:
ok.. ok... ¡Lo sé!
Creo que después del ultimo capitulo en donde nuestros protagonistas se habían dado un "casi beso", ¡y apasionado! xD, esto seguramente no era lo que esperaban.
Pero definitivamente era Ahora o Nunca, las grandes encrucijadas de la historias han llegado a su cruce, los fantasmas que han estado rondando finalmente saldrán a flote, enmarcando una nueva etapa en la travesía de nuestro valiente guerrero.
La identidad de la bruja finalmente ha sido revelada ^^
seguramente más de alguno estará confundido, ya que varias personas creían haber atinado a la identidad de este personaje, lo cierto es, que al igual que nuestro líder Legionario, la bruja es un personaje prestado de otra serie, quizás muchos la ubiquen por el nombre de "su pequeño ayudante"
Básicamente esta aquí porque al igual que Atem, ella es uno de mis personajes preferidos de toda la vida, también es una forma de hacerle honor a las mangakas que marcaron parte de mi personalidad como escritora.
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Y hablando de los legionarios, hay grandes posibilidades de que ahora mismo alguien ya haya armado esa parte del rompecabezas.
La pregunta clave es ¿Y los Legionarios resultaron ser...?
jeje un beso y abrazo dedicado al inicio del siguiente capitulo para quienes consigan responderme esa pregunta xD.
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¡Es el ultimo Capitulo del año!, así que aprovecho para desearles feliz año nuevo. Para Zeldangelink que anda perdida, también un beso y un abrazo, espero que leas este mensaje ya que no he podido contactarte por ningún otro medio :(
