~*~Los Personajes de este fic no me pertenecen, excepto los OCs marcados por la misma historia. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA.

~*~Este fic no está hecho con fines de lucro sólo es por entretenimiento y diversión.

Raya (cambio de escena, con una o varias alteraciones Cronológicas)."Pensamientos"*Asterisco en el intertexto* (notas de la autora, marcadas con N.A al final del texto en el mismo orden correspondiente de la lectura)."Referencias a otras frases",Recuerdos muy efímeros, Los sueños aparecerán en cursiva precedidos y seguidos por dos puntitos.

AVISOS Y COMENTARIOS (si es que los hay), al final del capítulo.


»».

Un beso y un abrazo dedicado a mi amiga EgrettWilliams, sé que realmente nunca nadie logro responder mi pregunta xD, pero ella si que lo intentó y más de tres veces.

(les dejo la verdadera respuesta al final del capitulo :3)

»».

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_.»».*.««._

»».}Capítulo 59: El Anillo del Norte {.««

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(Primera parte)

Las Sombras del Bosque Frondoso

...

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La imponente falla geológica decía adiós a nuestros viajeros, los dientes del León habían quedado escondidos en el horizonte, finalmente, después de muchos esfuerzos, Link pudo suspirar de forma relajada, sus pasos se volvieron ansiosos mientras cruzaban la frontera, a su lado, Epona también trotaba de forma alegre.

Las hermosas planicies del Norte de Dragonsterra los recibieron de forma alegre. Finalmente estaban lejos del alcance de esos horribles ladrones, Zelda desmontó sin mucho esfuerzo, con el pasar de los meses había aprendido a no caerse, viajar al aire libre sin las ataduras que contraía su cargo era maravilloso, aunque al inicio hubiera sido un viaje no planeado, y aunque se hubiera llevado muchos sustos durante tan arriesgada aventura.

—Ah!, ¡Mi hermosa tierra de Dragonsterra!, en serio que la extrañaba— clamó Tomo echándose sobre la hierba— no lo había notado pero incluso creo que huele diferente.

—La tierra es tierra, aquí y allá, y en todos lados, Tomodachi— rechistó Link mientras lo molestaba.

—Eres un mercenario terco, ¿Pero que podría esperarse de un ser con tan pobres habilidades mágicas?

— ¿¡Qué dijiste cavichucho!?— gruñó molestándolo de nuevo.

La princesa simplemente suspiró al ver como se pelaban, últimamente Link parecía desbordar energía, aunque intuía que tal vez era porque estaba alegre, tomando en cuenta que había recuperado su gorro, y quizás, de forma inconsciente le había sumado un valor sentimental más alto que el que hasta entonces ya tenía.

Eso tenía a Zelda un poco insegura, no se arrepentía de haberlo hecho feliz al haberle devuelto su preciado objeto, pero por otro lado, de vez en cuando seguían asomando atisbos de envidia, amaba a Link demasiado como para poder evitar que sucediera, pues había días en los que con toda su alma deseaba ser ella la única dueña de sus sentimientos.

Aunque por otro lado…

—Link!— respingó de forma graciosa mientras sentía como su guardián la abrazaba por la espalda. Definitivamente tenía que verle el lado bueno, era extraño, pero jamás imaginó que Link pudiera volverse aún más lindo de lo que ya era.

—Princesa tengo hambre— clamó con una cara sumamente tierna.

—Bueno, por allí se ve un pueblito cerca, ¿Quieres descansar?— Link asintió con la cabeza sin apartarse de su lado, en esos escasos días, de forma curiosa, Zelda a veces pensaba que las palabras de Tomodachi eran ciertas, aunque no hubiera sido su intención, había terminado por cambiar a Link de más de una manera, esos ojos zarcos habían perdido algo más que tristeza, la fiereza y bravía aún seguían presentes, pero ese instinto mercenario que desde siempre los había consumido había perdido esa sed de odio, rencor y sangre. Literalmente había domesticado a la fiera aunque su carácter orgulloso siguiera saliendo a flote de vez en cuando.

Avanzaron de forma alegre hasta internarse en las inmediaciones del pueblo, las habilidosas mañas de regateo de Link los ayudaron a encontrar un lugar cómodo para hospedarse, un lugar lindo para comer y disfrutar la vista, y por supuesto un lugar especial en donde abastecerse de cosas que ya urgían desde hace buen rato.

Tomodachi parecía analizar con curiosidad cada uno de los movimientos de su amigo, también era extraño que ahora pensara en él de esa manera, antes, había sido un simple mercenario, otro pringado más con el que se había topado en las tierras sureñas, admitía que era un hylian especial y curioso, pero definitivamente jamás creyó que llegaría el día en el que sus sentimientos por él fueran más allá de sus alianzas convencionales.

Las cosas simple y sencillamente habían cambiado…

Miró a sus compañeros juguetear de forma tonta por las callecillas del poblado, sin el menor atisbo de preocupaciones, como dos hylians comunes y corrientes disfrutando de una tarde de paseo. Un viento helado surcó atravesando sus largos y finos bigotes, debía recordarle a Link que sin más remedio tendrían que hacer un gasto necesario, kilómetros adelante el mapa marcaba otra línea de frontera, un curioso cambio geográfico que los pondría a prueba nuevamente. De cierta forma esa mancha verde en su objeto cartográfico le recordaba a la que había a en las tierras sureñas.

—"Es como otro Anillo"— pensó al rectificar que se trataba de otra profunda depresión boscosa, kilómetros y kilómetros de bosque en los que no tendrían refugio ni resguardo, solamente cargaban con una manta y no creía que eso fuera suficiente, seguramente Link se la colgaría Zelda sin pensar en otra cosa, ni siquiera en él mismo, pero aunque estuviera sano y fuerte Link seguramente nunca había estado en climas tan helados, en las tierras sureñas solo llegaba a nevar en las puntas de las altas montañas, e incluso el frio más insoportable palidecía con los que llegaban a sentirse en la tierra de las Diosas.

Aspiró aire profundamente, seguramente rechistaría, era demasiado tacaño, o seguramente compraría esas mantas sin dudarlo, y de forma atolondrada seguramente también se las daría todas a la princesa….


Sintió escalofrió, miró de reojo a su compañera, ambas parecían nerviosas ante el siguiente paso, y se preguntaban mutuamente con la mirada cuál de las dos se atrevería.

—Fue tu culpa— Gruñó Airin mirando fijamente el óculo que hacía poco a había desempacado de sus cosas.

— ¿Por qué tenías que ir a verlo….? Es tu culpa. Es porque aun lo amas.

Se mordió el labio inferior de forma ansiosa.

—Estas tonta. Sólo quería decirle que había sido un accidente, crees que con el brujo suelto nos convine ahora estar enemistados. Debemos… proteger el futuro.

De cierta forma las palabras de la joven bruja eran verdaderas, pero Tsukiko sabía que por muy ciertas que fueran había utilizado el pequeño incidente como excusa para acercarse a Ben Wiesengrund.

Con cierto nervio se acercó al cristal para hacer una llamada, debía pasar informe, aunque eso le significara más de un mes de castigo, seguro la exiliarían de su cargo , perdería sus derechos de espía, y quizás… sólo en el peor de los casos, quizás… le harían cambiar lugares con Akatsuki. El pensamiento fluyó por su mente mientras conjuraba el hechizo que hacia funcionar el curioso cristal, de pronto se vio a si misma rodeada entre las tonterías de su señora, literalmente lloró en silencio mientras escuchaba como Airin se alejaba discretamente con pasos sigilosos, como un gato escurridizo tratando de huir de un buen regaño.

— ¡No huyas cobarde!— rechistó de forma atolondrada al ver que la dejaba morir sola.

Airin sólo soltó una risita de nervios y se ocultó tras un árbol cuando el Óculo comenzó establecer comunicación.

La pobre caviidae tragó saliva.

— ¿Si?...— la voz fluyo a través del cristal.

No era la voz que esperaba, aunque escucharla le supuso un gran alivio.

—Ah…Watanuki, menos mal que contestas tú, casi estuve propensa a sufrir un preinfarto. ¿Mi señora está ocupada?

—Está tratando de emborracharse con sake. Será mejor que des tu reporte rápido, no creo que Akatsuki dure lo suficiente.

— ¡Pero si son las nueve de la mañana!

Desde el otro extremo la joven bruja soltó una risita, era tan normal, y a pesar de ello, dicho hecho seguía causando problemas, dejó que Tsukiko terminara de dar su reporte y con paso lento se alejó entre la espesura de la foresta, un sentimiento añejo parecía haber invadido su alma desde hace días, estar frente a Ben y Lung le trajo muchos recuerdos, la mayor parte de ellos dolorosos. Con nostalgia y sin ser plena dueña de su conciencia, sus sentimientos la llevaron a susurrar palabras mágicas de invocación cercana, un curioso objeto apareció en sus manos y con delicadeza acarició la hoja de aquella pieza de artesanía…

— ¡Están locas!, hicieron enojar al señor Lung, ¡Azurita va a matarlas!

—Fue un accidente, sabes que no soporto a los Legionarios, yo….

—No hay excusa— gruñó la voz al otro lado del Óculo con un tono indignado, sin que Watanuki se diera cuenta una sombra con resplandor plateado apareció a sus espaldas, Tsukiko quien la vio de frente se apresuró a hacer reverencia.

— ¿Paso algo? – preguntó una voz aterciopelada pero desconocida, justo a las espaldas del pequeño sirviente de la bruja.

—No es que…

Watanuki simplemente negó con la cabeza.

—Basta de tonterías, regresen de inmediato a Colmillo de Guerra.

Fue lo último que se escuchó desde el ente cristalino.

La caviidae agachó las orejas, definitivamente su impulsividad la había metido en buen lio. Suspiró mientras veía como el óculo perdía brillo al apagarse, y sin más remedio sólo le quedo rascarse un poco la cabeza.

Parecía haber asimilado las consecuencias de sus actos, se quedó ahí sentada escuchando la quietud del bosque… había demasiado silencio. ¿En dónde estaba Airin?, a veces se pregunta si era bueno que ambas estuvieran así de unidas, el pensamiento mermó en su cabeza hasta que cierto sonido invadió sus pequeñas orejas, eran pasos que se escuchaban a la distancia, unos pasos pegajosos acompañados de un aura extraña, un aura envuelta en una magia de camuflaje, solamente su alta sensibilidad mágica la hubiera detectado, entonces sintió peligro, su mirada se volvió dura mientras sus finos oídos se movían de un lado a otro tratando de ubicar a la presencia.

Y desde las entrañas de la foresta resonó un grito ahogado, lleno de terror y angustia, como si aquel ser desafortunado hubiera visto al mismísimo demonio.

— ¿Airin?... – su voz se sofocó al reconocer a la de su compañera— ¡Airin!— gritó para tratar de encontrarla.

No obtuvo respuesta…

Sus patas cortas la obligaron a correr con el cuerpo muy pegado al suelo, y con ayuda de su olfato, logró localizar en pocos instantes su compañera, cuando atravesó el mar de arbustos simplemente la encontró tirada en el suelo.

— ¡Airin!

Trató de acercarse pero una sombra oscura apareció a sus espaldas.

—Tú…

Su voz también se llenó de miedo mientras esa carcajada siniestra recubría el ambiente.


Ese día Tomodachi tuvo un presentimiento, no sabía porque pero de pronto se sentía triste, quizás el hecho de que Link y Zelda se la pasaran de tortolitos despistados lo ponía un poco ausente, desde siempre el número tres significaba multitud y extrañaba tener cerca a Beast para apaciguar las cosas.

—Oye Link— gruñó mientras caminaba a su lado, la princesa y Epona parecían emocionadas mientras se internaban en el bosque.

—Hmmm?— respondió simple y sencillamente con sonido.

— ¿Cuándo piensas decirle a la princesa Zelda que la amas?— y lo había soltado así como si nada.

El pobre Link trastabilló de forma torpe tratando de no perder el equilibrio, nuevamente se había puesto rojo como tomate ante el comentario y se abanicó para poder respirar correctamente.

— ¡Tomodachi!— lo regañó de forma torpe casi tapándole la boca.

El caviidae solamente soltó una risita maliciosa en señal de que su jugarreta había dado resultado.

—Llevas días comportándote de forma extraña. Olvida lo del guía, es más, ahora creo que ni siquiera eres su guardaespaldas, creo que te has convertido en guardián o algo por el estilo, si te pusieras uniforme hasta diría que eres como su noble caballero.

— ¿Caballero?, ¡Sabes que odio con toda mi alma a los guardias!

—Los caballeros no son guardias, tonto despistado.

— ¿Seguro?

—Completamente. Sirven a la realeza, pero son leales sólo a quienes entregan sus corazones, y luchan con su alma como verdaderos y nobles guerreros.

—Suena poético y cursi. — rechistó también de forma maliciosa

— ¿No te gustaría convertirte en uno?

—…..

—Link?

—No creo que pueda, después de todo, yo… siempre voy a cargar con las cicatrices de mi pasado, a veces me pregunto, si Hyrule es tan seguro como todos cuentan, Altair mencionó que era como una fortaleza impenetrable, de ser cierto quizá ahí podría limpiar un poco mi nombre.

—Si yo fuera tu no pensaría en limpiar mi nombre, serias un caballero con leyenda a sus sombras, el hombre que derrotó al gran Zilant, no cualquiera tiene eso.

Farfulló de forma boba mientras por el camino se cogía una florecilla, a veces simple y sencillamente actuaba como lo que era; un pequeño mamífero con gustos extraños. Se llevó la plantita a la boca para saborearla mientras ambos proseguían con su alegre recorrido

—Yo preferiría no tenerlo, es verdad que tengo orgullo de ser lo que he sido hasta ahora, pero en el fondo no es eso lo que me mueve, yo sólo quiero estar con mi lucecita

Tomo casi se atraganta cuando la florecita se le quedó atorada en el esófago. Miró a Link de reojo pero el joven hylian sólo tenía ojos para su princesa. Entonces, se preguntó si habría escuchado mal aquellas oraciones, Link estaba extraño últimamente, de hecho, había estado extraño desde que había dejado que su corazón fuera libre, quizás había sido un cambio brusco, y solamente quizás ahora deliraba.

—Link dijiste lucecita— gruñó con cierto enfado, aunque su ahora amigo llegase a volverse loco, Tomodachi no consentía que estuviera confundiendo a la princesa con su amor platónico y añejo.

Link solamente se rio, como quien se ríe cuando solamente se entiende en uno mismo, aun no planeaba confesar su secreto, lo había pensado bien en todos esos días y había llegado a una conclusión a la que solamente él podría haber llegado.

—"Aun no puedo"

Esa parte de su pasado era tan fantástica que por muy serio que se pusiera cuando se la contara a Zelda, seguramente ella no la creería, porque cuando lo veía en perspectiva sonaba como un cuento verdaderamente fantasioso.

—"¿Cómo le explico a Zelda que nos conocimos cuando niños?. ¿Y si le digo que se cayó desde lo alto?... ¿Y si le cuento que fue ella la que perdió la memoria?... no sé, suena verdaderamente irreal… quizás si le mencionó a la tal Farore las cosas se muevan a mi favor por un tiempo, pero… quiero que ella entienda que la amo por lo que es ahora, no quiero que crea que me enamore simplemente porque recupere mis recuerdos. Quiero… que formemos un nuevo camino"

— ¿Es que acaso bautizas así a todas tus chicas?— refunfuñó Tomodachi.

Sonrió por lo bajo, Zelda se detuvo al llegar a las inmediaciones de la foresta, parecía que había caminos complejos en todas partes, esperó a que Link se posara a su lado y sin previo aviso se colgó de sus brazo para no perderse.

—No piensas contestarme

—Solamente tengo una chica— clamó Link con una sonrisa.

—Claro— masculló su compañero con cierta duda y fastidio.

— ¿Chica?— Zelda viró la mirada al escuchar el cometario.

—Mi pequeña princesa a la que ahora estoy cuidando— respondió con cariño. Chocó su frente contra la de ella haciendo que el corazón de Zelda se acelerara.

— ¡Y por qué no compraste las mantas!— refunfuñó el caviidae al ver que lo ignoraba de nuevo— Moriremos de frío en pleno bosque. Mercenario tacaño.

—Porque compre algo mejor que mantas. Un chico del pueblo me vendió información valiosa, era el ayudante de la tienda en la que pensaba hacer las compras, me dio la ubicación de un sitio oculto en el bosque, creo que es un poblado de leñadores o algo por el estilo.

— ¿Y?

—Me dijo que ahí vivía una persona, la vieja hilandera que les surte sus mercancías, parece que hay cosas que no comercializa en forma externa, pero me dijo que ha ido varias veces hasta ese sitio y que le ha visto trabajar mantas de algodón y lana.

—Sabes que son materiales caros, ¿Verdad?

—No importa, al fin y al cabo las pagaremos con tu dinero.

Tomodachi hizo berrinche, aunque se le paso al poco rato, era justamente lo que se temía, el mercenario convertido en Romeo comprando rosas exóticas para su querida princesa Julieta, no le quedó más remedio más que hacerse a la idea, de que quizás de ahora en adelante viajarían muy justos de dinero.


El bosque cantaba con su propia alma, lleno de frescor y vida, en el hogar de los árboles de hoja perenne los tres viajeros y la yegua se detuvieron para tomar un descanso. Después de varias horas Tomodachi creyó que estaban perdidos, pero Link parecía seguro de la ruta que el mismo había trazado en el mapa, sus ojos mercenarios le mostraron de forma evidente que no estaban fuera de ruta, señales diminutas que había aprendido a identificar a lo largo de los años, la más evidente era el desgaste en el crecimiento de la hierba en esa zona, señal clara de que las personas habían estado cruzando de forma continua por ese camino. La otra cosa eran las marcas en los árboles que seguramente habían dejado los leñadores para ir y venir de forma rápida a su villa.

Suspiró mientras estiraba los brazos, Tomodachi daba vueltitas mientras metía una que otra planta que se encontraba en el camino a su alforja mágica.

— ¡Hongos Dulces!— clamó con una carita tierna, Link solamente rodó los ojos y Zelda soltó una sonrisa simpática.

—Deja de recoger chuchuerias caviidae, sabes que el peso no disminuye por muy mágica que sea tu alforja.

— ¡Pero son Hongos Dulces!— rechistó haciendo berrinche— pueden servir para preparar remedios de envenenamiento, en la parte sur de Dragonsterra son escasos dado las características volcánicas de la tierra.

—Bueno seguramente encontraras muchos otros por el camino.

— De ninguna forma, aprovechare que descansamos para recoger provisiones— desobedeció a Link de buena manera y se fue dando saltitos, el joven mercenario puso una cara de descontento, pero lo dejo ir dado que tenía otras cosas importantes, Epona lucia cansada y sedienta.

Zelda quien miraba como su amigo se perdía suspiró con un poco de ansiedad en el rostro.

—No te retengas Zel…— musitó Link con una voz extremadamente tierna mientras descolgaba la montura de Epona.

— ¿Eh?

—Te gusta este sitio, ¿verdad?, anda ve a dar un paseo, solamente no te alejes demasiado.

—Oh Link— clamó con ternura— has desarrollado poderes mentales.

Link se rio con cierto nervio, le dio una palmadita en la cabeza y Zelda se fue a pasear de forma alegre pero bajo la supervisión de los ojos y oídos vigilantes de su chico, desde hacía buen tiempo que tras sus pasos Link lograba escuchar otras pisadas, posiblemente eran pobladores del sitio, quizás si se les unían acortarían largas horas de tiempo.

Era un sentimiento extraño, siempre había sido un lobo solitario, huyendo siempre de la gente, tratando de escapar de sus propios miedos, pero Zelda le había mostrado un nuevo mundo, uno que sin duda le gustaba.

— ¡Tomo!, ¿En dónde estás, Tomo?

Y Tomodachi salió desde los arbustos ante el llamado, movió los bigotes de forma graciosa y puso carita esponjosa y tierna mientras llamaba la princesa.

—Link me ha dejado pasear en este sitio, quieres que te ayude con los hongos.

—Sería un honor princesa— clamó de forma divertida.

—Basta, sabes que no me gusta que me llamen por mi título, después de estos meses creo que me siento extraña.

—Muchas cosas son extrañas— Clamó el caviidae— Se supone que usted es la clienta preferida de ese terco mercenario, no entiendo por qué debe pedirle permiso para hacer ciertas cosas, debería ser al contrario, al final será él quien reciba la paga.

Zelda se rio de forma nerviosa ante el comentario.

—Casi cierto… pero prefiero que seamos tal y como somos ahora, sabes que siempre que lo desobedezco termino metida en lugares horribles.

—Lo de los Dodongo fue una horrible coincidencia.

—Antes que ellos me raptó un Cuervo Demonio gigante.

— ¡Eh!

—Fue casi justo después de que nos dejaste para venir a Dragonsterra— se encogió de hombros recordando que por poco había sido la comida de aquella horrenda ave. Tomodachi negó con la cabeza mientras ella se acuclillaba para ayudarle a recoger los honguitos.

—Bueno, no siempre tiene porque ser así, no debería preocuparse demasiado. Pero por otro lado, la otra cosa extraña es que a Link lo deja llamarla todo el tiempo Princesa

—Es un poco diferente, cuando él me dice Princesa mi corazón revolotea como una mariposa loca, es como si sólo por ser él le quitara todo ese significado pesado y agobiante a la palabra.

—Vaya, menudo sentimiento de amor más explosivo.

— ¡Tomo!— rechistó de forma avergonzada.

— ¿Qué?

—Tu sabes perfectamente qué..

—Quizás lo sepa. Bueno, basta de tonterías si nos demoramos demasiado él farfullara haciendo rabietas.

La princesa soltó una risita, el caviidae sacó una de las setas de su alforja y le indicó que prestara la atención debida.

—Esta es una especie casi única, tiene un color uniforme y rosado en el cuerpo y está decorado con una coronita albina, no debe confundirlos con los que son rojos o naranjas, aquellos otros son de verdad venenosos, así que tenga cuidado. A esta especie le gusta crecer bajo el cobijo de los arbustos y los árboles. ¿Entendido?

—Solamente los que son de cuerpo rosa y coronilla blanca.

—Muy bien, solamente esa combinación vale. — le dijo de forma orgullosa.

La princesa asintió con la cabeza mientras se internaba en su búsqueda, era tal y como Tomo le había dicho, a los honguillos les gustaba el cobijo de los árboles, utilizó su propio bolso para recolectarlos mientras se internaba cada vez más en la foresta, de pronto se vio rodeada de árboles centenarios, eran altos y robustos, de cuerpo fuerte y hojas firmes. Su semblante ancestral llamó la atención de Zelda, de cierta forma, y de modo extraño, le pareció sentir que ya había visto un árbol parecido en el pasado.

—Es un Árbol enorme— clamó de forma boba sólo para sí misma, Tomodachi se había separado un poco, así que ahora estaba prácticamente sola.

La voz de la naturaleza pareció llamarla, estaba absorta, pero a pesar de eso, percibió como una brillante lucecita atravesaba el bosque por uno de sus costados, la vio volando con el rabillo de la mirada y sintió curiosidad por saber hacia dónde se había ido.

Sin pensarlo mucho rodeó el gigantesco árbol, pero la luminiscencia ya se había perdido de su vista.

—"¿Sería un habitante del bosque?"

Pareció atontarse tan solo con el pensamiento, la primera imagen que su mente dibujó en su cabeza fue la de un hada, creyó que el pensamiento era muy bobo y enseguida lo desechó para tratar de despabilarse.

—Imposible, que tontería Zelda— clamó para sí misma negando con un brazo de forma graciosa, al tiempo que se daba cuenta que se había alejado demasiado. Había sido algo curioso, en efecto, pero prefirió no jugar con su suerte y volver al lado de su amado, cuando volvió a rodear el árbol notó algo que no había visto antes, una parte de la centenaria madera casi se había desprendido de su sitio, la miró con curiosidad, detrás de la rugosidad la superficie era lisa y tenía diferentes tonalidades, todos y cada uno de sus cafés eran cálidos, le pareció una cosa bonita y llevó una mano hasta ahí para desprenderla.

El sonido de un curioso aleteo sonó desde las profundidades de aquella abertura.

Justo del otro lado de espesa foresta, Link y Epona descansaban de forma placida. Link acicaló a su yegua de forma tierna mientras ella le regalaba traviesas miradas, pensó seriamente en la manera en la que habían evolucionado sus sentimientos, había creado lazos muy especiales con seres únicos. Se sintió feliz ante el pensamiento y se recargó con placidez sobre su potranca.

Los pasos a la lejanía parecían estar cada vez más cerca, eran toscos y desarticulados, demasiado pesados y torpes como para pertenecer a alguna chica, seguramente eran hombres, tendría que ir por Zelda para que no se asustara demasiado.

Se desprendió de Epona y caminó hacia la foresta, vio a Tomodachi cerca recolectando sus dichosos honguitos, e irguió una ceja de forma confusa al no encontrar a su princesita.

—Oh, Zel, ¿En dónde te metiste?

Tomodachi estaba a punto de contestarle cuando un sonoro grito de terror sonó desde las cercanías, Link sintió que la sangre se le helaba al escuchar la voz de su compañera, sin siquiera pensarlo emprendió trote hacia el sonido, su cabeza se arremolinó en pensamientos difusos, ¿Qué había pasado?, ¿se habría topado con algún animal peligroso?, su sentido del peligro no se había activado en ningún momento, quizás estuviera perdiendo parte de sus habilidades mercenarias lo cual lo hizo sentir aún más pánico.

— ¡Zelda!

Saltó las centenarias ramas de los arboles como si fuera un gato montés luchando por su vida, con un sólo pensamiento en su cabeza y su corazón latiendo a tope, su sentido de la protección lo llevó a desenfundar su espada, preparándose para cualquier cosa mientras su cuerpo se llenaba de adrenalina.

— ¡Link!— ella respondió a su llamado desde las cercanías

Estaba completamente preparado, pero grande fue sorpresa cuando de entre la espesura salió su chica corriendo como loca pero sin ningún enemigo evidente a la vista, bastaron esos segundos para dejarlo en el desconcierto, y con la guardia baja cuando Zelda se le echó completamente encima.

— ¡Link!

—Wahhh, ¡Qué pasa!— clamó de forma atolondrada al sentir que ella casi lo tiraba la suelo por la inercia, nuevamente examinó de forma rápida el escenario, pero tal y como lo había advertido no había ningún peligro en las cercanías, de hecho el verdadero y único peligro lo representaba la misma Zelda, se había aferrado a su cuello y lo apachurraba tan fuerte que casi lo estaba ahorcando— ¿Qué ocurre Zel..?— articuló como pudo, de verdad que se le estaba cortando el aire.

— ¡Quítamelo!—clamó casi entre lágrimas.

La mente de Link hizo click en muchas y variadas maneras, recordó que los hombres no eran el único miedo de su princesita, así que en lugar de buscar peligro en el bosque lo buscó directamente en su cabellera.

Zelda siguió gimiendo mientras él la consolaba con cariño.

—Ya pasó. — masculló Link de forma graciosa, mientras le mostraba que de verdad le había quitado ese enorme escarabajo.

— ¡Por las Diosas!, ¡Odio los escarabajos!

—Pero sólo es un bichito, además estamos en el bosque, es normal que haya muchos.

— ¡Link!, ¡Es enorme!... por favor aléjalo que me aterra.

Nuevamente él se rio a forma de travesura. Ella refunfuñó mientras lo veía juguetear con el bicho en la mano. Finalmente Link no quiso tentar a su suerte y se separó de ella para arrojar al pobre bicho lo más lejos que pudo con ayuda de su fuerte brazo, cuando volvió al lado de la princesa ella todavía parecía estar en un shock severo, así que la acurrucó contra su pecho y le acicaló el cabello con ternura.

—Zel… me asustaste, creí que algo malo te había pasado.

—Perdóname Link, tienes razón, acabo de hacer una tontería, pero es que me asustó mucho cuando salió de la nada, no creí que estaría justo debajo de ese sitio.

—En ese sitio?, pero Zel, ¿En dónde rayos tiendes a meterte?— clamó de forma aligerada haciendo que ella se pusiera roja como tomate, ¿acaso su destino era siempre meterse en problemas?, definitivamente era un completo desastre estando sola, aunque por otro lado, ahora tenía la oportunidad de estar con su Link de esa manera, muy abrazaditos, juntitos en la inmensidad del bosque sin nada ni nadie que los interrumpiera.

— ¿Y qué traes en la mano?— escuchó que le preguntaba de forma boba.

—Oh, ¿esto?— clamó alzando la mano mostrando el trozo de madera, ni siquiera se había dado cuenta de que aún lo tenía, se había aferrado a él mientras corría como loca, era muy extraño que no lo hubiera perdido durante el camino— sólo es madera, pero me pareció muy bonita.

—Entonces seguramente tú tuviste la culpa, casi estoy seguro de que la tomaste del árbol en donde dormía el bicho.

Se rio con cierto nervio antes de ocultar el rostro entre el cuello de su querido mercenario. Link negó con la cabeza pero al mismo tiempo la miró con cariño, demostrándole de esa forma que no estaba enojado.

—Se te están pegando las malas costumbres del caviidae.

—Pero Link— musitó con ojos de cachorro— la parte de adentro es tersa y muy bonita, sabes, creo que estos árboles son especiales.

—Quizás lo sean— musitó también con una sonrisa.

Entonces, finalmente ella alzó la mirada, sus ojos y los de él se cruzaron en uno de esos momentos mágicos y se miraron mutuamente durante largo tiempo. Estando a esa distancia ella logró percibir algo diferente en su compañero, siempre le habían gustado sus ojos enormes y zarcos, la fiereza que demostraban y la devoción que transmitían, pero algo definitivamente era diferente, había una chispa de deseo incandescente en ellos, algo que ella nunca había visto en ningún otro lado.

Era una extraña pasión escondida que se había despertado poco a poco dentro de él con el transcurrir de esas semanas, un sentimiento que había estado dormido, sosegado y amordazado bajo el yugo de su instinto de supervivencia. Pero ahora que su corazón era completamente libre podía darse el "lujo" de sentir ese tipo de cosas.

Entre ese tierno abrazo los jóvenes y despistados enamorados se quedaron completamente perdidos durante mucho tiempo…


Esa mañana habían encontrado algo de lo más inesperado, un tesoro sin igual que de seguro podrían cambiar por muchas rupias, borrachos y felices vagabundearon por el bosque, eran cinco leñadores, altos, fornidos, pero bastante feos.

El jefe de la cuadrilla era un monigote de larga barba roja, vientre prominente, y ojos pequeños y achinados, caminaba con los pies en compas mientras sus amigos lo secundaban. En la villa de los leñadores no había quien le rebatiera sus territorios, por eso al escuchar los pequeños murmullos temió que alguno de sus vecinos se hubiera pasado de listo y estuviera hurgando en "sus tierras", grande fue sus sorpresa cuando al traspasar la espesa línea de arbustos se encontró con dos chicos bastante jóvenes.

Con gesto dubitativo observó a la parejita, un chico con ropas extrañas, verdes como el mismo bosque, y ese extraño sombrero puntiagudo. No le hizo mucha gracia, pero aun así se dio el tiempo de seguir observando, el extraño no estaba solo, llevaba consigo una chica bonita, de grandes y soñadores ojos azules, y larga cabellera rubia, a sus ojos, toda una princesa, quizás con suerte podría obtener un segundo tesoro ese día.

Incluso desde la distancia Link los había escuchado, aunque jamás se imaginó que lucirían de esa manera, la idea de "caminar juntos hasta la villa" se esfumó de forma inmediata, especialmente porque justo cuando salieron a saludar Zelda en automático se ocultó a sus espaldas.

—Buenos días— Saludó el hombre de larga barba pelirroja.

Por unos instantes Link sintió esa extraña sensación que lo embargaba cada vez que se topaba con otros de su estirpe, irguió una ceja mientras lo analizaba fugazmente con la mirada, llevaba un hacha y un atuendo campirano, definitivamente era un leñador cualquiera, pero su aura se sentía pesada y podrida, de cierta forma eso hizo que se le retorciera el estómago, entonces negó de forma efusiva con el pensamiento arrepintiéndose de haber hecho de manera tan aligerada su primera comparativa , no, ni siquiera los de su estirpe eran de esa manera, lo supo de inmediato después de haber cruzado palabra con decenas de mercenarios en las tierras Sureñas.

Era tal y como se lo había dicho al caviidae, los mercenarios eran seres en extremo peligrosos, pero todos y cada uno de ellos solían tener en alta estima su orgullo.

Este leñador no parecía ser un ser demasiado orgulloso.

—Buenos días — contestó casi mordiéndose la lengua, no deseaba entablar conversación con esa persona, pero por otro lado no tenía intención alarmar a Zelda con ser tan insignificante.

—Un curioso Hylian bastante lejos de sus tierras. Y… una verdadera princesa, ¿Qué los trae por aquí jóvenes?

—Sólo estamos de paso— espetó con voz un poco seca, puso ojos felinos y calculadores mientras comenzada a descifrar los movimientos de los leñadores acompañantes, incluso antes de que ellos mismos lo pensaran Link descifró que los rodearían. — "Esperaba no tener que golpear traseros…. Al menos durante esta semana"— pensó de forma resignada.

El leñador líder siguió hablando con acento prepotente, la mente de Link estaba ocupada en otras cosas, así que su molesta voz no fue más que un vano timbre, un ruidillo que se perdía entre muchos otros, Link estaba más concentrado en esos otros sonidos que lo ponían en alerta, el chasquido de las bocas, el latir de los corazones alborotados, y por sobre todo, esas pisadas que sonaban sumamente ansiosas. Todos y cada uno de esos sonidos delataban con claridad la excitación que se estaba irguiendo en aquel grupo de desafortunados campiranos, al parecer ninguno de aquellos se había dado cuenta de su condición de mercenario, de lo contrario no hubieran sido tan tontos.

Aspiró el aire de forma perezosa, y Zelda presenció como de la nada la verdadera naturaleza de enamorado se hacía presente, habían bastado segundos para que el Link travieso y divertido se transformara en el mercenario fiero, no entendía exactamente por qué, pero esa faceta de Link de alguna manera también le fascinaba, sus ojos se perdieron en ese hermoso semblante, cada curva de sus facciones la hacía sentirse segura y protegida.

El miedo que había surgido como un acto reflejo poco a poco se fue retirando, hasta que la voz del leñador llegó nuevamente a sus oídos.

—Bueno como podrán comprender, cada lugar de paso requiere de un peaje, entiendo que quizás sea sorpresivo, pero fácilmente podríamos llegar a un acuerdo.

—Eh?, ¿peaje?— por estár tan distraída con Link, Zelda se había perdido por completo de la conversación de los extraños, no tenía ni la menor idea de lo que hablaban, de hecho, antes de eso todas y cada una de sus oraciones habían entrado a su cabeza siendo poco menos que murmullos y ruidillos.

—Dime ricura quizás te interesaría pasar un momento agradable con nosotros.

Y ahí se acabó la paciencia, a Link literalmente se le dibujó una venita en el rostro. Aún no habían hecho nada en concreto, pero el hecho de que se refieran de esa forma a su princesa le daba ganas de matarlos.

— ¿Perdón?— Zelda trató de no tartamudear, aunque odiaba de sobremanera cada vez que algún hombre le decía ese tipo de cosas.

—No podría ser más fácil, esta vez haremos una excepción, por lo general solemos pedir cerca de novecientas rupias, pero si vienes un ratito con nosotros la deuda de ambos queda saldada automáticamente.

El leñador fue presente de la respuesta inmediata de la joven, fue un "No" rotundo dicho solamente con la mirada y con todo el cuerpo, pues de inmediato había corrido nuevamente bajo la protección de su joven mercenario.

—Vamos muchachita no te hagas la difícil, eres bonita. Y además, creo que no deseas que le pase nada malo a tu novio— clamó de forma altanera mientras el resto de sus compañeros sacaban de forma amenazante las hachas.

A sus ojos Link parecía una presa fácil, demasiado escueto incluso para amenazarlo en grupo, quizás este de verdad fuera su día de suerte.


Incluso Tomodachi se había espantado al escuchar semejante grito, pero para cuando llegó a la escena del desastre Link parecía tenerlo todo solucionado, lo miró mientras arrojaba al pobre bicho a muchos metros de distancia. Negó graciosamente con la cabeza y volvió sobre sus pasos para poder buscar a Epona.

La mañana se convertía rápidamente en tarde, era mejor ser precavidos y no tontear demasiado entre la foresta. Sus finos oídos captaron unos pasos extraños, pero la presencia de Link no parecía inmutarse, así que simplemente siguió con sus tareas.

Mientras cabalgaba con Epona nuevamente escuchó algo desconcordante, había cierto ajetreo que no era natural dado el lugar en el que estaban. La palabra "Bastardo" clamada con exceso de énfasis resonó en todo lo largo y ancho del sitio, cierto sudor frio le escurrió por la nuca al percatarse de que había sido Link quien la había gritado.

Y entonces cuando Epona atravesó el mar de arbustos puso los ojos como patos al ver semejante escena, había tres leñadores desmayados, uno de ellos colgado en un árbol como gato espantado y otro más literalmente semimuerto tirado en el piso, la princesa Zelda estaba parada muy quietecita con ambas manos sobre su boca, y Link…. Bueno, Link estaba como Tomodachi normalmente lo esperaría, furibundo y esponjado como cada vez que se salía de sus casillas.

— ¡Cielos!, por aquí paso un remolino.

—Tomo— la princesa corrió a su lado pero no porque tuviera miedo.

—Pobres mortales, ¿Qué hicieron los muy ingenuos para desatar la furia del Zilant?

—Ese tipo de ahí me dijo cosas groseras— rechistó ella apuntando al medio muerto.

Link se agachó para tomarlo del cuello, a los demás quizás podría perdonarlos, pero no a ese desgraciado cochino, a ese no pensaba dejarlo con vida.

—¡Por favor no me mates!— clamó completamente desorientado, no se esperaba que tras la apariencia escuálida se escondiera un verdadero guerrero, los había desarmado literalmente a mano limpia sin hacer el menor uso de la espada que portaba…. Hasta ahora.

Completamente furibundo Link desenfundó a Ryuuji haciendo que el leñador se pusiera palido del miedo.

—Espera.. ¡Espera!— volvió a clamar de forma ahogada— te cambio mi vida por un tesoro verdaderamente exótico.

—Tu vida no vale lo suficiente para pagar el momento desagradable que le hiciste pasar mi princesa— le susurró de forma amenazante poniendo una cara verdaderamente malvada.

Tomodachi soltó una risita cuando escuchó que el tipo chillaba de espanto.

—Ya déjalo Link, no vale la pena.

—Hazle caso a tu amigo— suplicó al sentir la frialdad de la hoja de la espada sobre su cuello— no quieres dar un espectáculo penoso frente a tu novia.

—Pena es la que me das tú. Cobarde.

—No, ¡No!, mira— rechistó mientras sacaba un objeto de su bolsa— te la doy, te la regalo, ¡Es muy valiosa!, no me mates.

Entonces por alguna razón, y sin siquiera explicárselo, Link posó su atención en el objeto, era una daga hermosa, de hoja curveada, la empuñadura estaba tallada de forma simple pero hábil en madera y cuerno negro, con pequeñas incrustaciones de rupia, y justo sobre los bordes se distinguían curiosos adornos con pirita dorada, era una pieza artesanal increíble, demasiado increíble para que un leñador pervertido la tuviera. Sin embargo eso no era lo que había llamado la atención del joven mercenario, en sí, la propia voz que escuchó desde su alma provenía de un sentimiento incrustado en aquella pieza, lo reconoció al instante, porque era algo que lo había estado acompañando desde hace tiempo. Amor puro y casto, mezclado con dos esencias completamente contrapuestas.

—"Un legionario…. Y otra esencia conocida"

La mano del leñador tembló pero sus ojos mostraron esperanza al ver que su atacante se sentía atraído por el objeto.

— ¡De donde la robaste!— gruñó Link con cierto odio, si se la había quitado a otro par de viajeros desafortunados sentía mucha pena, quizás otro par de enamorados que también disfrutaban del bosque apaciblemente, aunque después de todo la esencia del legionario estaba ahí incrustada, así que de verdad sentía muchas dudas.

— ¿Robar?, no, no, yo soy un leñador noble.

Tragó saliva cuando Link lo vio con ojos asesinos.

—Está bien, ¡está bien!— chilló al ver que no podía engañarlo— se la he robado a una bruja, estaba desmayada en pleno bosque, así que aprovechamos para hurtar algunas pertenencias.

— ¿Desmayada?

—Te juró que no fuimos nosotros, cuando la encontramos ya estaba así, quizás la atacó un animal salvaje.

Cerró los ojos rogando por su vida, ahora que lo pensaba no sonaba tan creíble, después de todo de lo que estaba hablando era de una bruja, eran seres sobrenaturales con una fuerza mágica increíble. Link sintió cierto recelo mientras lo soltaba dejándolo caer al piso, el golpe que se produjo fue sordo a pesar de que era una persona bastante grande.

— ¿Donde?— rugió de forma silenciosa con una voz apenas perceptible para su pobre presa, el leñador levantó un brazo de forma temblorosa señalando una dirección entre las espesuras y los caminos perdidos.

Cuando vio que Link le quitó la vista de encima se echó a correr de forma despavorida dejando caer tras de sí la preciosa daga. Desapareció tal y como había parecido dejando abandonados a sus colegas desmayados, el pobre que aun colgaba en el árbol tragó saliva al ver que lo dejaban solo y a su suerte, pero para su buena fortuna Link decidió ignorarlo por completo, volvió tras sus pasos y tomó el objeto caído, no le interesaba lo valioso o exótico que fuera, pero sintió tristeza al entender que aquel objeto que representaba un lazo especial había sido arrebatado de su sitio, separado de su dueño quizás para siempre, recordó ese día en el que creyó haber perdido su gorro y sin siquiera pensarlo guardó el arma en su alforja y tomó las riendas de Epona para internarse bosque adentro.

Zelda y Tomodachi lo siguieron de forma curiosa, el caviidae un poco perdido y la princesa con una sonrisa en la cara, se sentía feliz y orgullosa de haberse enamorado de un hombre sumamente noble, aunque su fachada de mercenario a veces daba un poquito de miedo a ella le seguía pareciendo eternamente lindo.

—Oye Link, ¿A dónde vamos?, creí que urgía ir al pueblo, a este paso nos tragara la noche.

—Sólo quiero echar un vistazo, es muy sospechoso lo que dijo ese hombre, además… si hay una bruja herida quizás nos de recompensa si le devolvemos su objeto— clamó con sonrisa entusiasta.

—¡Oh por las diosas!, tenías que ponerte a hacer trueque incluso en este sitio— rechistó Tomodachi de manera atolondrada.

La princesa soltó una risita, pues sabía que solamente era una mera excusa.

Mientras caminaban, al ambiente se volvió pesado, la princesa comenzó a sentir nervios y Epona se puso muy inquieta, Link tuvo que darle algunas palmaditas en la crin para seguir adelante, su sentido del peligro no lo alertaba de nada, pero había algo que definitivamente no le estaba gustando.

Supieron que habían llegado a ese sitio cuando Link encontró decenas de cristales rotos en el piso, algo se había quebrado. Inspeccionó las reminiscencias sintiendo cierto escalofrió, de alguna manera el ambiente estaba cargado de una mala energía, algo verdaderamente malvado y repúgnate había azotado ese sitio, incluso los árboles se veían tristes y no había signos de otras formas de vida en esa área ni en las cercanas, los animales simplemente habían huido.

Los bigotes de Tomodachi se pusieron tensos al detectar un olor conocido.

— ¿Tomo?— la princesa lo llamó al ver que se había quedado en trance.

Durante los minutos que siguieron el caviidae siguió avanzando a ciegas, solamente guiado por el instinto como si algo muy dentro de su ser le pidiera ayuda de forma desesperada, la sensación siguió presente hasta que la voz de la princesa volvió a llamarlo de nuevo

— ¿Estas bien?— preguntó de forma preocupada.

—Diosas, debo de estarme volviendo loco, huele como a…. "¿Tsukiko?... no, imposible, ¿Por qué he pensado precisamente en ella ahora?"

— ¿Tomo?

—No pasa nada señorita Zelda— clamó mientras se viraba, ya no quería estar en ese sitio.

Cerca de ese punto Link también había entrado en cavilaciones, el viento sopló de forma dificultosa como si incluso el mismo se negara a transitar por ese sitio, entonces, la atmosfera se removió de forma extraña como si la esencia maligna terminara de impregnarlo todo por completo, sumiendo el bosque en una quietud insoportable, en un silencio muerto y escalofriante que sólo daba paso a malos augurios.

Los ojos del joven mercenario se volvieron verdaderamente fríos ante aquella escena.

"¡No me gusta este sitio!"

— ¿Eh?— se sintió extraño al escuchar su propia voz.

—A mí tampoco me gusta este sitio, por favor vámonos— suplicó Tomodachi.

— ¿Qué?

—Acabas de gritarlo, que no te gusta este sitio, vámonos. — volvió replicar el pequeño caviidae color mostaza.

—También quiero irme, Link— clamó Zelda con voz un poco temerosa.

Link se irguió en su propio sitio, con el rabillo del ojo logró percibir la esencia de su propia sombra, trago saliva al entenderlo, esos sentimientos habían salido desde su propia boca, eran muy fuertes y literalmente gritaban. Tampoco le gustaba ese sitio.

Y además…

Por alguna razón extraña, había comenzado a confiar en su contraparte, aceptando que verdaderamente formaba parte de sí mismo, era su propio instinto, el mismo instinto que lo había cuidado cuando se vio a si mismo abandonado en las horribles tierras sureñas.

Abandonó los cristales y miró a sus compañeros con cierto nervio.

—Es un Óculo….

Las palabras sonaron cortantes.

—Creo que quizás, sólo una parte de esa historia podría ser cierta. Algo terrible paso por este sitio, pero definitivamente no fue ningún animal salvaje — replicó el joven hylian mientras su mirada se posaba por última vez fugazmente sobre los cristales.

—No me gusta, Link— clamó Zelda nuevamente con ese tono, mientras se aferraba su túnica.

Tampoco le gustaba estar exponiendo de esa forma al amor de su vida, la tomó entre brazos y con un ágil brinco montó sobre Epona, llamó a Tomodachi quien de la misma forma subió hasta la grupa de la yegua.

Los viajeros literalmente escaparon de ahí a trote, huyendo de esa sensación terrible y los sentimientos que contraía, la naturaleza del joven caviidae lo hizo darse cuenta, de que fuera lo que fuera que hubiera estado en ese sitio, destilaba maldad y muerte, desde hacía horas que parecía haberse marchado y abandonado ese lugar del bosque, pero el hecho de que su presencia se hubiera quedado pegada ahí de esa manera solamente le hablaba de que era un ser oscuro terriblemente peligroso.

Mientras el sonido de los cascos de Epona se perdía entre la foresta no podía dejar de pensar en esa otra pequeña caviidae, aunque era imposible que se encontrara tan al norte, y además, ¿Por qué motivo abandonaría la biblioteca?, no… era imposible.

La última mirada de Link también quedo marcada con cierta angustia, nunca lo había escuchado tan alterado, nunca de esa manera, desde el incidente en el templo de Din había permanecido siempre en su sitio, respetando por completo su propio espacio, pero esta vez parecía verdaderamente afectado por haber pisado aquel lugar tan desagradable.

Lo siguió escuchando bramando de forma colérica, mientras su voz retumbaba en lo profundo de su ser y su mente.

"¡No me gusta este sitio!"….

…."¡Aborrezco a ese sujeto!"

.

.

Continuara...

.


Comentarios del Capitulo:

Paso lento pero seguro por el camino, una disculpa por el retraso eterno de esta publicación, últimamente he perdido los animos, he cambiado mi sitio de trabajo y ahora es un poco mas difícil estar al tanto de mis historias.

Aun así espero que hayan disfrutado del capitulo ;)

Parece ser que nuestro adorado Dark se a molestado muchisimo al sentir cierta presencia, ¿Que habrá pasado con Airin y Tsukiko?, parece ser que Tomaodachi incluso a pesar de todo tiene bien desarrollado su instinto de manda.

Espero que sigan disfrutando de esta historia, y gracias por ser muy pacientes ;)

»».

Respecto a la respuesta de pregunta, la verdad, lo confieso, creo que hice un poco de trampa xD, solo quería saber si alguien recordaba, me hacia ilución en pensar que si. Incluso cuando Egrett trataba de adivinar le di una pista y le dije:" Solo piensa, ¿Cuando y Donde fue la primera vez que viste juntos a esos personajes? " Jamas especifique que fuera en este fic e incluso tiempo despues le señale "La respuesta no esta en Camino a hyrule".

Aun así creía que había dado pistas suficientes, incluyendo la ultima, ahora bien en base a esa, esta es la respuesta.

Juntos a esos personajes, ¿Cuales personajes?, revisemos los nombres de los legionarios.

Primero aparecio Altair, despues Dulac, Seguidos de Ben y Arthur

La ultima pieza de ese equipo alguna vez fue Sir Link, Primer caballero de Hyrule.

En resumen: ¿Los legionarios resultaron ser...?, nada más ni nada menos que los caballeros de la Reina, la madre de Zelda en "Amor Silente", la respuesta correcta a esa pregunta siempre fue Los Caballeros de la Rosa Plateada