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Helga y Phoebe regresaron a la planta baja en busca de Arnold, el rubio no se encontraba donde la morena lo había dejado y eso llamó la atención de la otra, revisaron a conciencia desde su posición el amplio espacio que se abría a su alrededor. Paredes con cuadros que daban la espalda, papel tapiz neutro y con algunos motivos florales que por el paso del tiempo ya se estaban desdibujando, los sillones seguían siendo los mismos de siempre, la alfombra bajo la mesita de centro también pero ahora que los miraba pensaba en él…

Sus mejillas se colorearon, sintió las rodillas temblar y algo como su niña interna de uniceja y coletas desprendiéndose de su centro, revoloteando por la sala gritando y bailando. "¡ES MÍO! ¡POR FIN LO LOGRÉ! ¡LO TUVE ENTRE MIS BRAZOS UNA NOCHE ENTERA Y ES MÍO!" esa niña pequeña andaba saltando de sillón en sillón mientras Phoebe encontraba a Mantecado mirando fijamente la puerta, como si quisiera evitar que la misma se abriera y sonrió, a la vez que caminaba resuelta hacia él.

—¿Qué estás haciendo travieso? —el minino evadió la pregunta, cambiando de posición y lamiendo su pata diestra. "Aquí casual, tomando una ducha en la entrada. ¿Tú que tal? ¿Nuevas gafas?" sus ojos verdes la evaluaron minuciosamente, Phoebe se inclinó dispuesta a abrazarlo pero el ágil caballero peludo escapó entre sus piernas y se perdió escaleras arriba.

Segundos después se escucharon unos suaves golpes contra la madera.

—¿Helga…?—la rubia salió de su trance, luego de verse a sí misma de nueve años arrojando pétalos por todos lados y aspirando el perfume de Arnold que posiblemente quedara adherido a las telas del sillón. Se reprendió de manera interna, aunque cierto desliz se le debía permitir luego de diez años de dedicación e insana obsesión…Tendría que visitar al psicólogo escolar algún día, aunque por ahora se conformaría con acercarse a sus amigos luego de que Heyerdahl abriera la puerta para que entrara Arnold con cara de vergüenza.

—¿Se te olvidó algo, cabezón?—preguntó con los brazos cruzados al frente porque honestamente se le hacía de muy mal gusto que saliera por la puerta grande sin despedirse.

—No se me olvidó nada porque no pensaba irme, Helga.

—¿Y que hacías afuera?—inquirió con una nueva inflexión en la voz. Phoebe decidió salir de la línea de fuego y disfrutar el show detrás de la barra de la cocina. Arnold miraba el piso y no a Helga, quien obviamente se molestó más por ese hecho.

—¿Dónde está?—preguntó aún sin mirarla

—¿El qué?—respondió sintiendo como comenzaba a hervirle la sangre por dentro. Lo adoraba y todo, pero en serio que a veces le daban ganas de volver a golpearlo por ser tan tarado.

—¡Tu gato me dejó afuera!

—¿¡QUÉ!?—gritó la rubia como si hablara de que la luna era de queso o que el "hombre paloma" era ciento por ciento verdadero.

—Lo que oíste. —respondió mirándola por un momento para después dirigir sus pasos a la escalera. Esa bola de pelos tenía que estar arriba, lo que estaba perfecto porque el baño también estaba ahí y él iba a arrojarle un balde de agua helada. En alguna ocasión leyó que los gatos odiaban el agua, ese pequeño aprendería. Helga presintió sus intenciones o quizás solo estaba furiosa porque pensó que él era la clase de hombre que se va después de…dormir con su chica.

Pataki le cerró el paso, Phoebe abrió una bolsa de patatas fritas que encontró en la alacena de arriba.

—¿Oí que estás culpando a Mantecado?

—¡Eso fue lo que pasó!

—Es un gato: cuatro patas, cola, orejas puntiagudas. ¿Quieres que te dibuje un esquema o qué?—Arnold roló los ojos, sintiendo exactamente lo mismo que ella: que la sangre le hervía y que esa mujer era la única en el mundo que lo hacía perder el control. Respiró hondo, como le enseñaron a hacer los nativos para mantener la calma y después se explicó.

—Fui a la cocina a buscar la caja dónde tienes los focos, encontré uno y pensé en cambiar el que se rompió en tu pórtico. Estaba haciendo eso, levantando los vidrios y arrojándolos en el depósito de la basura cuando tu gato me cerró.

—¿Cómo sabes que fue él y no el viento? —preguntó acercándose de más a su cuerpo. Un acto reflejo de años de peleas en el pasillo de la escuela.

—No había viento y además lo escuché.—él imitó la postura, quizás sujeto a la misma predisposición.

Phoebe que los conocía de siempre y que había atestiguado más de uno de sus encuentros, encontró interesantes las diferencias de entonces a ahora. Ya no había temor en los ojos de su amiga. (lo dijo bien porque regularmente Helga disfrazaba la pasión que sentía por él con esa furia desmedida, pero era tan arrebatada en sus actos que las más de las veces tenía temor de perder los papeles y sucumbir a la tentación de besarlo) Siempre que peleaban ella quería besarlo. ¡Hacer que usara su boca para algo más que decirle lo mucho que lo sacaba de quicio! Lo mal que creía que estaba de la cabeza o lo equivocada que se encontraba en sus argumentos. Por su parte, Arnold ya no la veía como a cualquier persona, no había seriedad e indiferencia en su mirar, la veía con disfrute, de hecho ella estaba dispuesta a apostar a que el rubio por fin estaba coladito de amor por su amiga.

—Claro, Mantecado es tan inteligente que en nuestra primer semana juntos le enseñé a imitar una risa macabra, también hace malabares con cuchillos y oculta una granada de humo en el tazón de croquetas.

—Muy graciosa…—respondió filoso, casi por encima de ella. La diferencia de estaturas tan mínima ahora, que ha decir verdad, gozaría el momento en que fuera más alto que ella. De momento sus alientos se mezclaban, las manos picaban, los ojos evaluándose con descaro. Helga dibujó una sonrisa de superioridad. Él sintió el impulso de reclamar sus labios.

—Lo sé, es un don…—Arnold levantó el cuello y besó su boca. Phoebe casi se ahoga con una patata y se dio golpecitos contra el pecho a medida que se escurría de la barra hasta alcanzar el piso porque claro, ella no era una fisgona.

Bueno, sí.

Pero, no...

Los novios se separaron tan abruptamente como se habían juntado. Arnold le susurró a Helga que "ese" era su verdadero Don, ella se puso roja hasta las orejas y él terminó la pelea argumentando que escuchó al gato "sisear"

—Las serpientes sisean, no los gatos.

—Lo que sea que haga tu gato para señalar su desprecio, sé que fue él porque me detesta.

—Claro que lo hace, estás robando la atención de su única fuente de techo y comida.

—¿Entonces me crees?

—Creo que no te irías sin decir adiós…—Arnold tomó sus manos en el interior de las suyas, teniendo especial cuidado de no lastimarla. Disfrutó la mirada que le dedicaba ahora, lucía tan femenina y adorable que no entendía dónde podía existir esa niña furiosa de antes.

—No lo haría…—respondió de inmediato. —Es decir, no después de…—Helga presionó sus manos, el rubor de su rostro dando paso a otro tipo de sensación, ¿adrenalina?, ¿deseo?, ¿la necesidad de tenderse con él en el sillón de su sala otra vez? los ojos de Arnold parecían comprender lo que sin voz decía, más sin embargo no era una mirada promiscua, descarada u obscena la que le obsequiaba.

Ellos estaban por encima de eso, lo que compartían era más grande que el sexo.

—Sé que no te irías después de eso…—cerró los ojos e inclinó el rostro dispuesta a recibir otro beso pero entonces otra personita los interrumpió.

—¡¿E.S.O…?! —gritó Phoebe que había pasado de la barra a esconderse en el lateral del sillón. Quería escuchar lo que decían. (Sí, tantos años siendo la secuaz de Helga, de acompañarla en las sombras para perseguir a dónde fuera que el rubio se metiera, le dejó sus propias secuelas y no pudo aguantar más)

Arnold soltó sus manos y se alejó lo más posible de Helga, sus rostros sonrojados no dejaban una sola cosa a la imaginación, tampoco el beso recién compartido que en el caso de ella, le había dejado el labio inferior ligeramente inflamado. Shortman gustó en esta ocasión de morderle la boca. "Helga Pataki lo volvía loco, loco, loco, cuando se ponía así de insufrible y necia, tanto que él quería demostrar que podía con toda esa locura y terquedad desbordante" Phoebe que para estas alturas había pasado del color normal de su piel a uno mucho más pálido demandaba respuestas que ninguno de los dos se mostró dispuesto a otorgar.

—¡Lo sabía, Helga me mentiste! ¡Vámonos Mantecado! —el gato bajó como un rayo de luz dorada y trepó por las piernas de la asiática hasta alcanzar su regazo. Phoebe giró con dramatismo dispuesta a salir de la casa o comenzar a ser sobornada.

—¡Te compensaré! ¡Soportaré a tu estúpido novio toda la tarde sin decirle una palabra ofensiva!

—¿Que hay de los apodos?

—Lo llamaré por su nombre, hasta seré dulce, tierna y amable, le diré lo "apuesto" que se ha puesto con el pasar de los años…—la ultima parte le dio escalofríos pero los disimuló bastante bien. Phoebe se mostró de acuerdo pero aún así no soltó a Mantecado.

Si había un loco atacando la casa donde vivían, no quería que se quedara a solas, le acarició la barriga y el peludo bigotón se derritió entre sus brazos. Se hacía un poco tarde, lo mejor sería apresurarse.

—¿Ya están listos o van a comer algo?

—La mamá de Gerald prepara unos deliciosos….—comentó Arnold, para aligerar las cosas.

—Wafles —concluyó Phoebe la oración por él y sonrió encantada con la idea.

Helga dijo que sólo tenía que encontrar su pequeño bolso entre todo lo desparramado en el sillón de una pieza y tomar su chaqueta, los celulares de ambos ya estaban cargados aunque el suyo permanecía apagado. Arnold tomó nota de eso y del teléfono fijo desconectado. Si la línea hubiera sido cancelada el aviso automático sería ese. "Suspendida o fuera de servicio" pero el número de Helga sonaba eternamente ocupado. Él le marcó desde su celular para corroborar la "mentira" y al no saber como enfrentarla decidió "ponerse a trabajar" cambiar el foco, limpiar los vidrios de la entrada, también le hecho una buena mirada a la puerta y la cerradura. La suya, era una casa no tan vieja pero sí bastante descuidada, al menos el Gran Bob, invertía en un buen trabajo de cerrajería.

La rubia encontró lo que buscaba debajo de una pila de libros, como era el "fin de semana romántico" no les dejaron deberes. Así que por ese lado se podrían relajar, le mandó un mensaje de texto a su mejor amigo en lo que Helga tomaba su chaqueta, indicando que iban para su casa y que además de eso se morían de hambre.

La respuesta le llegó en un escueto.

"NO INVENTES"

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La familia de Gerald era bastante grande, acogedora y quizás un poco conflictiva pero en la medida de lo posible hacían sentir bienvenidos a sus invitados.

Como no cabían todos en el comedor de la sala, les permitieron comer sus wafles en la habitación del moreno, quien por cierto se encontraba un poco "indispuesto" Arnold se sorprendió de que los señores Johanssen no comentaran nada sobre el "asalto" quizás Gerald tenía mayor poder de convencimiento del que creía, pero como fuera, lo encontraron en su alcoba, sentado a la sombra en una esquina de su cama, jugando con las cuerdas de una guitarra.

Jamie' O, al igual que todo jovencito que recién llega a la pubertad había sentido el impulso y deseo irrefrenable de "convertirse" en una alocada estrella de Rock, sus padres le compraron la guitarra clásica porque antes de la eléctrica tenía que dominar esa y como es natural el chico decidió que eso no era cool, ni estaba a la moda, además de que le dolían los dedos después de practicar y simple y sencillamente la abandonó.

Gerald por su parte tuvo el mismo impulso apenas comenzó a salir con Phoebe, contrario de su hermano mayor, él no quería ser "nada" tan solo le gustaba complacer y sorprender de vez en cuando a su chica y es así que al pensar en lo sucedido entre ayer y hoy muchas cosas comenzaron a poblar su cabeza.

La primera, más importante y la que no lo dejó dormir a pierna suelta, fue la de Arnold y Helga "juntos" el baile horizontal, en una cama, de la noche al alba y por eso fue que comenzó a tararear poco después de saludarlos, aún bajo el manto protector de las sombras y pedirles de favor que se acomodaran como quisieran alrededor de su escritorio que fungiría como mesa.

Julian, (su madre) les había dejado todo puesto tan pronto como escuchó el llamado a la puerta y fue así que comenzaron a repartirse la mantequilla, mermelada de moras y el jarabe de maple mientras Gerald decía con voz de trovador algo así como…

"…La noche que se quisieron,
duró hasta lo que pudieron,
se arrancaron la piel,
perdiendo el norte en sus besos.

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Saliendo de la escuela,
esa que fue testigo,
de un tupido cuento de bullying, acoso y delirio…"

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—¡Voy a matarte Johanssen! —gritó Helga tan pronto como terminó de cantar, provocándose un jadeo de dolor, porque claro, tenía que ser, aplastó la botella de maple en el interior de la mano diestra. Arnold estaba más rojo que la granada y Phoebe, sinceramente quería saber como es que su novio tenía facilidad para crear "este tipo de cosas" pero sacaba seis en literatura y redacción. Suspiró atormentada, cortando un trozo de wafle y metiéndolo en sus labios.

¡Estaba exquisito!

—Toma un número y has fila, gruñona. —respondió Gerald con poco de sorna y mucho de molestia pues no le agradó para nada ver la muñequera en su mano. "Ese tipo era un demente" Tenían que detenerlo y honestamente no se le ocurría el cómo, entrevistó a su padre poco después de que volvió de su turno doble en la Comisaría.

James Cabot, ya no era solo su reemplazo, era el segundo al mando, mano derecha del Comisario, es decir, un pez demasiado gordo para que lo pudieran atrapar. Dejó la guitarra donde no se cayera y se dignó al fin a salir de las sombras. Phoebe ahogó un nuevo grito, Helga se tragó el siguiente reclamo, Arnold se sintió impotente y sumamente molesto. El rostro de su "hermano" estaba marcado en el pómulo diestro por un golpe sin lugar a dudas dado con el puño cerrado y tenía además el labio inferior roto e inflamado por la parte media.

Phoebe se levantó de su asiento corriendo a "revisarlo" sus atenciones fueron respondidas con unos cuantos. "Estoy bien, nena" "No fue nada"

—¿Qué fue lo que pasó? ¡¿Por esto no querías que te viera?! —preguntó luego de haber revisado a conciencia, sin permiso, ni pudor cada poro de su piel.

—No, no quería que me vieras porque soy demasiado apuesto y el mundo no merece verme siendo "esto"

—Gerald…—Phoebe le regaló un beso que sorprendió al moreno pues su chica, por lo general era sumamente reservada. Nada de contacto labio a labio a no ser que estuvieran a solas. Respondió gustoso pero se lamentó de inmediato pues el labio inferior le ardió. Heyerdahl se disculpó y procedió a acomodarse junto con él en la cama.

—¿Hey, tú estás bien?—preguntó Gerald con un tono que sugería verdadera preocupación por ella. Helga sintió escalofríos, luego asintió restándole importancia a su mano.

—Un par de semanas con esta cosa y quedaré como nueva.

—¿Tan dura tiene la cara ese idiota?

—Díselo tú…—interrumpió Arnold, pues no le gustó nada el diminuto lapsus de camaradería que compartieron los dos. Gerald frunció el ceño, él se mostró firme en su declaración.

—¿De qué están…?—inquirió Phoebe, su novio suspiró y dijo que estaba bien.

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Les contó todo, desde que dejó la casa de su novia hasta que necesitó unos diez minutos para levantarse y salir del jardín frontal de Helga.

Las dos estaban visiblemente alarmadas y sorprendidas por lo ocurrido.

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—¡¿Pero cómo pudiste ser tan imbécil?! —gritó colérica Helga, levantándose de su asiento y dirigiéndose a él.

—¿¡Imbécil!?—respondió en el mismo tono, levantándose a su vez. —¡No sé en que clase de caverna oscura y primitiva te hayan criado, pero a mi me enseñaron que lo que hice es correcto!

—¿Recibir una paliza por una mujer que ni siquiera te agrada te parece correcto?! ¡¿Y si estuviera armado?! ¡Si en lugar de los puños te hubiera golpeado con el bate de béisbol! —gritó comenzando a ponerse un poco histérica.

Por suerte para todos, Jamie'O ya había reclamado el televisor de la sala y subido el volumen a todo lo que daba. Sus padres estaban en la cocina lavando los platos y haciendo limpieza, su abuela ya estaba prácticamente sorda y se había llevado a Mantecado a su cuarto, tenía bolas de estambre que podría apreciar y en cuanto a Timberly, ella estaba ocupada en la línea telefónica hablando de chicos y estrellas de POP con su mejor amiga de la escuela.

Gerald contó internamente hasta diez. ¡Claro que consideró todas las cosas que la rubia le estaba gritando! ¡No era tan idiota! y por las caras que tenían Arnold y su novia, parecía que el consenso general era que él, era un idiota.

—Lo pensé, ¿De acuerdo? Y no, no soy del tipo estúpidamente heroico que se arroja a una lluvia de balas sin pensar en las consecuencias de sus actos. Lo escanee, soy bueno midiendo a la gente, observando detalles. Les juro a los tres que estaba ciento por ciento seguro de que no traía armas blancas o de fuego.

—¿Ahora resulta que tienes visión rayos "X"? —preguntó Helga a punto de perder los estribos, el rostro le ardía los ojos amenazaban con ponerse a llorar.

¡Ella no quería nada de esto! ¡Jamás lo quiso! ¡De verdad…!

—Te lo dije anoche, Arnold. —respondió dirigiéndose a su hermano, el cual tenía un gesto de lo más desconocido en el rostro. ¿Qué era esa mirada de gánster asesino serial y poco hablador que tenía su viejito? ¿Celos? ¡Claro! Helga y él prácticamente estaban uno encima del otro mientras se gritaban, pero siempre estaban así cuando se peleaban. Era para dar más énfasis a las amenazas. No porque se amaran o secretamente…se desearan… —la contemplación de la idea le produjo un notorio escalofrío que no pasó desapercibido por Phoebe.

—¡Gerald..!

—Todo está bien, nena. —le guiñó un ojo y le sopló un beso. Helga dobló los brazos a la altura del pecho, apretando su estómago porque una vez más estaban ahí las inmensas ganas de vomitar. Arnold resopló sin dejar de destruir a su amigo con la mirada. "Los demonios internos de su naturaleza" "La lava ardiente de un volcán a punto de hacer erupción"

Si así se ponía con Gerald, no quería ni pensar en cómo reaccionaría el lunes que se topara con Jake en cualquier lugar de la escuela.

—Jamie'O es el de las cosas CSI, yo el de las intelectuales. —Helga dejó escapar una sonora carcajada. Gerald la mandó a callar con un movimiento de mano y se continuó explicando. —El punto es que sabía en lo que me metía y creo adivinar que tú también. —declaró señalando a la rubia que estaba a nada de regresar al mundo el par de wafles que había ingerido.

—No me señales con tu "atlética y musculosa mano" —respondió Pataki apegándose a la promesa de ser gentil con el afro. Gerald enarcó una ceja, Arnold sintió el impulso de alejar los cuchillos y tenedores de su campo visual porque no fuera que los llegara a "utilizar"

—No te señalo pero quiero saber de una vez por todas la historia completa. —Solicitó como todo un oficial al mando. Helga presionó sus manos, la diestra dolió, una punzada profunda que comenzaba a necesitar de manera frecuente para separar la realidad de la fantasía.

¿No decían en las novelas de Gertrude que las mentiras tarde o temprano salen a la luz? ¿No decía su conciencia que todo lo malo que había obrado en algún momento tendría que pagarlo? ¿A caso alguna vez dejo de ver el rostro maltratado de Miriam en sus pesadillas? Se replegó hacia atrás, sin ser consciente de que estaba comenzando a hiperventilar. No era asmática, ni tenía problemas de vías pulmonares o nada por el estilo. Sólo era propensa al drama, la divina comedia que era su vida completa, se dobló un poco más cuando choco con la silla y estuvo a punto de caer irremediable a la nada. Arnold la atrapó a tiempo, la rodeo por la cintura y después la atrajo a su cuerpo. Ella aceptó y agradeció el gesto abrazándose a él, dejando de temblar y finalmente apartándose de él.

—Estás con nosotros, lo que sea que sucediera…—comentó el rubio, tratando de tranquilizarla.

—No vamos a juzgarte…—continuó Phoebe, acercándose también y Helga se sentía como una pequeña oveja rodeada de un montón de zorros hambrientos. ¿Por dónde empezaba?

—¿Qué hizo realmente para molestarte?—inquirió Gerald. —Sé que lleva meses asechándote, usaría la palabra "cortejar" pero ambos sabemos que no era eso a lo que se dedicaba. —Helga asintió, pasando de la silla de escritorio y adquiriendo una posición mucho más cómoda en el piso. Junto a la puerta, con las rodillas dobladas al frente, mismas donde le gustaría ocultar el rostro, pero no lo hizo.

—Si quieres saber la verdad, te diré que todo esto comenzó con el Béisbol…

Yo quería ser Capitán de la liga varonil, no femenil

¡No me miren así! Ustedes son las únicas niñitas que verdaderamente he entrenado y para ser más honesta. No me gusta entrar a los vestidores con toda esa "pompa" femenina. Perfumes, maquillajes, cremas correctivas compradas en todas partes del mundo, lencería de diseñador. ¿¡Cuantos años se supone que tenemos!? ¿¡Diecisiete o veintidós!? luego toda esa cháchara innecesaria de muchachos y citas, me tenía harta.

La liga varonil entrena una hora después de nosotras, Si conseguía un cambio de "administración" podría usar los vestidores para mi sola. Diez minutos, no más. Sin ser una Barbie, una Princesa o una Zorra cualquiera.

—¡Helga!—reprendió Phoebe su uso del lenguaje, pero esa era otra cosa, que apreciaba de conducirse con un montón de palurdos. Los chicos no tienen problemas con soltar palabrotas de vez en cuando. Se los hizo saber y continuó narrando.

—El entrenador me dio por segunda vez en la historia un rotundo "NO" le reclamé haber ganado dos oros para él, ¡Demostré mi capacidad, también mi valía como Capitan! pero el señor Thompkins dijo que no era decisión suya, sino de Jake Cabot.

—¡¿Qué, tiene comprado al equipo ese imbécil?!—inquirió Gerald.

—Fue lo que pensé, así que ese mismo día lo encaré…—Helga dejó escapar un suspiro. Sus amigos que bien la conocían imaginaban el tono y la disposición con que decidió ir a encararlo.

—Lo encontré en los vestidores. Si Gerald, Phoebe, Arnold, me metí en los vestidores a buscarlo. ¡No estaba pensando! Nunca estoy pensando, bueno sí, más bien diría que nunca pienso en lo que debería estar pensando.

Solo sé, que quería ser Capitán y dejar de sentirme acomplejada entre tanta "mujercita esplendorosa y perfecta" que me recordaba a Lila Sawyer…—Arnold sudó frío por la mención de Lila, Gerald deseó por un momento que lo tragara la tierra y lo escupiera en otra recámara.

La debilidad de Helga, era algo que si bien, venía conociendo y escuchando desde que comenzó a salir formalmente con Phoebe, aún no le terminaba de caer bien. La rubia concluyó esa parte de su discurso diciendo que si no podía tenerlo a él, por lo menos quería disfrutar a plenitud la tercer cosa que más amaba en la vida. Arnold se sonrojó por completo, Gerald se burló arrojándole un cojín a la cara, Phoebe se reprendió de manera interna por no estar al tanto de nada de esto.

Sí, seguían siendo amigas, y sí, se seguían viendo todos los días, pero desde que tenía una relación formal, la amistad entre ellas se estaba enfriado. Helga nunca trató de separarlos o boicotearlos, había sido una amiga excepcional que al saberse vencida (en materia del amor) se retiraba a su esquina para no molestar. Le debía tanto, su lealtad, honestidad, su fortaleza, porque cierto es, que si bien le dio el sí. A las dos horas ya se estaba arrepintiendo. Sus padres eran demasiado tradicionales, obligarían a Gerald a presentarse, puede que su padre hasta lo pusiera a "prueba" y a todo eso Helga le dijo que estaba bien.

"¿Tienes alguna mínima y remota idea de lo cruel que eres?"

"¿Cruel, de qué estás hablando Helga?"

"De nuestros sueños de infancia, bueno. De los míos. El caballero galante, el alma gemela, el hilo del destino. El chico que te conoce en la tierna infancia y que al llegar a una edad madura decide que es a ti, a quien ama con locura"

"Helga..."

"Es cruel, porque es mi sueño. Pero al mismo tiempo es hermoso porque es verdadero. Si se tratara de mi, no dudaría ni un segundo. Tus padres son asombrosos, ¿Qué tiene de malo con que sean formales y tu padre quiera retarlo a un duelo de espadas?"

"Papá ya no practica la esgrima"

"Lo que sea, tienes todo para ser feliz. No dejes que el miedo te venza" —y ahora que lo recordaba, creía haber visto un ligero matiz de nostalgia en las facciones de su amiga. Le hubiera gustado tanto en ese momento que sus historias fueran la misma. Que no se hubiera dejado vencer por la oscuridad de su corazón y permitido que Arnold solo la viera como una chica gruñona y molesta. Si conociera a la verdadera, si alguien que no fuera ella llegara a conocer a la verdadera Helga, su historia de amor surgiría...

Dejó de pensar en eso y volvió a prestar atención a la conversación.

—Me abrí paso entre un montón de pesados, no vi a nadie desnudo por si lo están considerando. Era casi la hora en que entregan las instalaciones así que estaba segura de que todo el mundo ya debería de estar entre un 60 o 70 por ciento vestido. Pregunté a un pelirrojo por su Capitán de equipo. Me respondió cortésmente aunque sus ojos me observaban como si me tratara yo de alguna especie de alucinación. Dijo que el Capitán estaba revisando que estuvieran cerradas todas las duchas, así que fui con paso firme hacia allá. —los tres chicos conocían las duchas y vestidores. Mismas instalaciones tanto para chicos como para chicas, para alternar entre ambos sexos estaban los horarios de tal modo que "supuestamente" no se cruzaban jamás.

Y aún así, Helga Pataki lo había logrado.

—Jake Cabot, el gran bastardo en persona. Disculpa la palabra, Gerald.

—Di las que quieras.

—Correcto, él estaba ahí con su metro ochenta de estatura y unos noventa u ochenta kilogramos de altanería y soberbia. No eres el único bueno estudiando a la gente, Johanssen. Llevaba la chaqueta del equipo con su nombre bordado así que lo llamé por tal. Giró en redondo, sorprendido de escuchar una voz femenina y me evaluó sin consideración de la cabeza a los pies.

Yo, como ya aclaré, no estaba pensando. Sabía lo que quería, ser Capitán, nada más.

Pero aparentemente, el mensaje que envié fue que quería ser la Diosa de todo ese harem.

Phoebe ahogó un grito más prolongado entre ambas manos, Gerald silbó por lo alto, obsequiándole una reverencia porque en serio, Helga Pataki si que sabía hacerlas buenas. En cuanto a Arnold, bueno él necesitaba un poco de aire y algo que golpear.

—Claro, eso no lo supe entonces. Yo le hablé inmediatamente de Béisbol, de mis intenciones de tomar su lugar como Capitán y la idea le provocó risa. No sólo a él, sino a todos. Le repetí mis méritos, dijo que ya los conocía aunque claro, solo de oídas. Al maldito jamás se le ocurrió que valiera de algo la liga femenil, teniéndolo a él en la varonil, luego me dirigió una de esas miradas que hacen que quiera romperle a cualquiera la cara e intentó tocar mi cabello y yo lo aparté de un manotazo.

Se burló de nuevo, yo lo llamé idiota. Preguntó, ¿Cómo es que una muñeca tan bella tenía una lengua tan sucia? y le dije que se detuviera, porque no era eso lo único que tenía...—Arnold sintió la sangre hervir en el interior de sus venas, Gerald y Phoebe presintieron que el resto de la historia no sería placentera. Helga suspiró de nuevo, escondiendo el rostro con la sombra de sus cabellos.

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Evocó en su memoria la conversación completa.

—Puedo verlo,—escupió Cabot con un mediocre intento de coquetería. —Todos pueden verlo,—insistió llamando la atención del equipo completo. La tenían rodeada y hasta ahora era que se venía dando cuenta. No eran todos, suponía que solo los patanes como él, se quedaban a observar la fiesta. —¿Cómo te llamas, amor?

—Helga Pataki, y no soy tu amor.—aclaró en un tono elevado que no admitía réplicas y hasta cerró el puño diestro como acto reflejo.

—Lo serás,—respondió confiado, sonriendo como todo un idiota, pero según las chicas de su propio equipo, sonreía como todo un galán. —Si yo lo digo, lo serás...—hubo un escalofrío que le recorrió la espina. Al mirarlo ahí, por delante de ella, considerablemente más alto, ¿fuerte?, ni se diga y acompañado de sus amigos. Ella no era tonta, nunca lo había sido y en todas las peleas que se había metido, por lo menos tenía la certeza de estar en igualdad de condición "uno a uno y en la misma media de peso" Exceptuando a Patty, pero esa fue una situación extraordinaria que se salió de sus manos y no venía al caso porque la chica finalmente le terminó agradando y adoraba la pareja que hacía con Harold.

No le convenía pelear, pero jamás, ¡Jamás! había aprendido cuando se tenía que callar.

—¿Tienes el ego tan inflamado que no escuchas lo que te digo? —sugirió con sorna, segura de una sola cosa y esa era de que era excepcional "huyendo" siempre escapando. Le daría una patada en los bajos y saldría de ahí, no la atraparían. El Gran Bob, nunca logró atraparla para darle una merecida paliza, así que ellos no lo harían.

—Escucho que quieres un favor, amor. —sonrió de nuevo, dando una indicación con las manos que aparentemente quería decir que lo tenía controlado y lo mejor era que se fueran. Lo hicieron, aunque no sin antes decir unas palabras que por respeto a la casa de Gerald, ella no iba a pronunciar.

—Favor con favor se paga…—quiso tocarla de nuevo, ella se apartó. No lo golpeo, ni siquiera lo tocó. La idea de todo contacto le produjo asco, así que giró en redondo y salió corriendo.

Escuchó risas, más palabras "prohibidas" y entonces podría decirse que se convirtió en la favorita del "Diablo"

Jake Cabot, era el "Diablo" del campo de béisbol, así como ella era la "Guerrera Amazona"

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—¡Dios Santo, Helga! ¿Por qué nunca me lo dijiste?—inquirió Phoebe ahora que la rubia parecía haber terminado.

Gerald y Arnold encontraron algo de sentido o relación con las salvajadas que a su vez habían escuchado. Sobre lo atrevida, arrebatada y osada que era. Sobre los lugares donde querían montarla y las posiciones en que querían colocarla.

A ninguno se le ocurriría jamás que la "Guerrera Amazona" había sido capaz de meterse en el vestidor con todos los chicos del equipo de béisbol adentro. No que no cometiera locuras en la secundaria o primaria. ¡Pero ya no eran niños! Ese era su gran problema, que ella no aceptaba que ya no eran niños. No aceptaba que era una mujer hermosa, que atrapaba miradas y despertaba pasiones. Helga, creían los dos, se seguía viendo a sí misma como lo que fue.

La chica que algunas veces confundían con chico, por lo arriesgado de sus actos.

Heyerdahl se abrazó a ella. Helga, no había terminado. Les habló de las cartas, que no eran exactamente las mismas que de tanto en tanto aparecían pegadas en la puerta de su casillero, les contó que en cada partido posterior a esa "entrevista" él la seguía. Como capitán endiosado y aparentemente consentido del entrenador Thompkins, se paseaba por todos lados, aguardaba detrás de las gradas, le cerraba el paso cuando quería ir a cambiarse e inclusive le quitaba el agua, bajo sugerencia de que la tomara de sus labios.

Interpuso una queja formal en Servicios Escolares pero no procedió.
Interpuso una ley de hielo, pero entonces otros ánimos fueron los que se levantaron.

Envidia.

De sus compañeras de equipo, las mosquitas muertas que ella había levantado para convertirlas en jugadoras respetables le daban la espalda porque aparentemente Cabot era un Dios en la tierra de humanos y ella era la única incapaz de notarlo.

—Pues, si es bastante atractivo pero, definitivamente no es nuestro tipo. —comentó Phoebe a lo que recibió una sonrisa discreta de su amiga.

—Bueno, entonces ya no solo era él, sino "ellas" pero sé manejar a las "Rhondas" del mundo desde hacía tanto que honestamente, me recordaron algunas de las cosas para las que he venido al mundo.

—¿Trapeaste el piso con ellas?

—Soy la capitana, hermana. Es decir, que soy el "Rey Simon" y lo que yo digo se hace. Creo que hice llorar a más de una y aunque sé que está mal, disfruté hacerlo.

—¡Me da mucho gusto, Helga!

—¿Verdad...?

—¿Y entonces, por qué no me dijiste nada?

—¿De qué serviría, Phoebs?

—¡¿Cómo que de qué, yo podría...?!

—Fastidiar a Gerald, por solo hablar de mi y destruir tu relación con el único idiota que menos te merece en el mundo pero que te ama más que a su vida.

—¡Oye!—se quejó Gerald, pero ninguna de las dos lo escuchó. Estaban en "su mundo" hablando en "su idioma" cosa que Johanssen detestaba pero respetaba, porque ninguna de las dos tenía "hermanas" bueno, Pataki si, pero jamás entendería ¿Cómo es que puedes ser enemigo mortal de alguien de tu propia sangre? siendo que él tenía una familia bastante grande y claro que se peleaban, pero a la vez se adoraban.

—No importa que esté con Gerald, tú sabes que...

—Lo sé, —interrumpió. —Y tú sabes, que tengo una sobrada tendencia a solucionar mis problemas sola.

—¡Pero este no es un solo problema! —se metió Gerald. —¡Ese tipo está desquiciado y demente!

—¡¿Crees que no lo sé?!—respondió la rubia, rompiendo el abrazo que sostenía con su amiga y levantando el rostro de nuevo.

—Sé que sabes que es insistente, pero creo que hasta ahora te das cuenta de que es peligroso. —Helga boqueo un poco, como pez fuera del agua. Arnold se sentía apartado, una vez más era el que estaba de más en el cuadro.

Gerald sabía de antemano que ella vivía sola. ¡Por eso lo había llamado y estaba tan preocupado! Al igual que Phoebe jamás hizo mención a sus padres. Cuando le pidió consejo, lo hizo porque sabía, que estaba sola e indefensa.

¡Él era un idiota! Tan obsesionado con Lila, tan perdido en su mundo, soñando tanto con pertenecer a otro lugar que finalmente no encontraba lugar dónde quería estar. Miró a Helga, porque definitivamente era con ella donde quería estar y se atrevió a declarar.

—Lo sabías desde antes, ¿No es cierto? —preguntó levantando la voz. —El teléfono de tu casa no está suspendido sino desconectado.

—¿Estuviste hurgando?—inquirió fingiendo molestia, pero no tenía nada que reclamar, siendo que ella se había metido hasta por debajo de sus cobijas.

—No sé cuantas veces te he dicho que lo único que hago...

—Es preocuparte por mi...—terminó la oración por él, aceptando la mano que le ofrecía para levantarse del piso y ahora que estaba ante él, aparte de querer vomitar, comenzaba a sentirse mareada.

—¿Era algo de esto, lo que no me podías decir?

—Tal vez...—mintió, él sabía que lo hacía porque no lo miró.

—Helga...—insistió buscando su mirada, verse en su mirada para consolarla, abrazarla, besarla. ¡Todo lo que quería es que esta locura acabara! Como se resistió, él tuvo que acorralarla contra la puerta de la habitación de Gerald y era una suerte que el sonido del televisor siguiera rebasando los niveles de lo admisible. Helga se quiso escapar, él no se lo permitió así que explotó.

—¡AÚN NO PUEDO DECIRLO! ¡¿POR QUÉ NO ACEPTAS QUE ES MI CASTIGO?!

—¡Porque no puedo creer que estar enamorada secretamente de mi, meterte a los vestidores o humillarlo delante de toda la escuela sea la causa de esto!

—Pero lo es, ¡Todo esto es una consecuencia de eso! ¡Yo, nunca quise involucrar a nadie más en esto! ¡Gerald, aunque diga que te odio, realmente no te odio... Yo...!—Helga decía incoherencias cuando se sentía acorralada, pero también, y lo sabían los tres. Solía rendirse y confesar la verdad.

—¡Tú no hiciste nada malo! —insistió su novio y ella se soltó de su agarre para colocarse en otra posición y gritar.

—¡LO HICE, ARNOLD! ¡LO HICE! ¡Bob golpeó un día a Miriam y yo estaba en el medio! Pude decir algo, recibir los demás golpes o quizás tratar de detenerlo. Lo he imaginado decenas de veces con una acción diferente, pero la única verdad es que no quise hacerlo. ¡Ella me llamó a mi, dijo mi nombre! ¡Por una vez en la vida dijo correctamente mi nombre y yo la dejé! ¡No quería ver, escuchar! ¡No quería estar ahí, así que me fui!

¡Ahora estoy sola!

Pago el precio de mis actos.

¡Y ese golpe que tiene Geraldo, debería estar en mi cara!

¡Ahora que lo saben digan que me odian, que soy un ser cruel, miserable e ingrato y que no quieren volver a verme jamás!

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Continuará...

N/A: Lamento la demora, y no sé si aún les siga agradando la historia. Recuerden que pueden dejar sus sugerencias o comentarios. Si creen que la estoy regando...jejeje. Hasta la próxima.