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Arnold se acercó a Helga después de escuchar lo disparatado de su discurso, observó su cuerpo que temblaba en diminutos espasmos, las lágrimas manaban como un caudal, mismas que intentaba retener con las manos sin poderlo lograr y aunque Phoebe sintió el mismo impulso de envolverla en sus brazos y jurarle que no había escenario, universo o mundo en el que la pudiera odiar, comprendió que no era a ella a quien correspondía consolarla.
Shortman la abrazó con algo de resistencia porque la rubia atormentada y terca, insistía en no merecer consuelo, consideración, amor. Jamás lo había recibido y a estas alturas de la vida no esperaba comenzar a tenerlo.
Quizás "esto" era otra consecuencia…
Una condena…
Por pretender que por fin podría estar con él…
Arnold la besó, tan pronto escuchó eso ultimo, la envolvió entre sus brazos, presionándola contra la puerta que se quejó en sus goznes pero que afortunadamente no cedió. Helga intentó apartarlo con esa voluntad férrea que poseía pero finalmente correspondió, se abrazó a él, abrió sus labios para él, dejó que mas lágrimas cayeran de sus ojos por él.
Gerald, sintió unas enormes ganas de abrir la ventana y tirarse en caída libre a la nada. Phoebe tomó su mano, le pidió que mantuviera la calma, y aunque él lo sabía, lo entendía, lo escuchó todo y tampoco la odiaba…la situación lo rebasaba.
Diez años…
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Según Phoebe, Helga estaba enamorada de "alguien" de toda la vida. No era un secreto a voces, todos lo sabían desde que estaban en sexto grado y el Director Wartz tuvo la genial idea de revelar en el auditorio, frente a todo el cuerpo estudiantil, la identidad de la ya tan famosa y aclamada "Señorita G"
Helga G. Pataki.
Los murmullos, gritos, señalamientos y hasta desmayos no se hicieron esperar. La furiosa chica que él y sus amigos conocían estalló cual "anima del infierno" y saltó de butaca en butaca hasta alcanzar en el estrado al Director.
—¡¿Cómo se atreve a decir mi nombre, si teníamos un trato?!
—¿Trato? Ah, claro. Pero como ya está en su ultimo año, "Señorita G" pensé que sería prudente dar a conocer a todos su "identidad"
—¿Mi identidad? ¿¡Quién se cree que es para decidir eso, sin consultarme primero!?
—En este momento, no me creo nada. Soy el Director de su escuela y por tanto soy responsable de mantener informado a todo el personal.
—¡Patrañas! Lo que quiere es vengarse porque no acepté representar a la escuela en el maldito concurso de deletreo.
—Ese concurso, ahora que lo menciona era lo único que mantenía a flote la "reputación" de nuestra escuela. En el área correspondiente, claro está.
Helga se puso aún más loca y al parecer ni a ella, ni a Wartz les importaba el espectáculo que estaban dando. Algunos chicos de tercero y quinto grado comenzaron a escaparse del auditorio, los profesores a su vez salieron intentando retenerlos.
Esa, fue una junta "extraordinaria" y aparentemente el único asunto de interés era ese.
Su "grupo" acorraló a Phoebe, entre Rhonda, Curly y prácticamente todos, rodearon a la pequeña asiática que intentaba a duras penas mantener la calma. El rictus firme, la barbilla en alto, defendiendo como siempre los intereses de su amiga, pero obviamente, nadie la iba a dejar en paz, si no se atrevía a confesar.
—¡Habla ya Heyerdahl! Tu guardaespaldas personal, está muy ocupada ahora como para venir a salvarte ¡Así que escupe! —demandó Rhonda en un tono que definitivamente no le gustó pero hasta él "Gerald Johanssen" estaba sumamente impresionado por la revelación del Director Wartz.
Phoebe ahogó un pequeño suspiro, inhaló profundo y sin más pronuncio.
—Dime lo que quieres saber, Rhonda
—¿Ella es la Señorita G?
—Pues…—en el estrado, Helga ya estaba siendo sometida por dos sujetos enormes que él identificó como parte del personal de limpieza. Supuso que era eso, a falta de verdadero personal de "seguridad" que le quitara a la pequeña lunática de encima al Director, creyó que ahora sí la expulsarían de la escuela, pero no tenía tanta suerte, él jamás tenía tanta suerte.
Phoebe dio otra respiración profunda y comentó.
—¿La han leído, cierto? Todos ustedes se sienten aireados y sumamente ofendidos porque la han leído y disfrutado, profundizado o simplemente encontrado identificación y sosiego en cada una de sus palabras y por tanto no conciben que quien las escriba sea Helga.
"Su chica" que desde entonces ya hacía que se le llenara el estómago de mariposas, descendiera su temperatura corporal, le sudaran las manos y prácticamente se congelaran su cerebro y corazón. Logró que todos sus agresores se detuvieran en seco, múltiples rostros miraron al piso, otros más suspiraron para sus adentros, los más afectados parecían reflexivos.
Él por su parte, tenía ganas de vomitar porque ¡Claro que la había leído! y no entendió un carajo, pero se leía bonito, era profundo, interesante, invitaba a la meditación y no como las matemáticas o las ciencias exactas. Sino como algo que te hacía pensar en la persona amada, porque era lógico que buscaras palabras "para fantasear" cuando estabas atrapado en una edad que tu cuerpo comienza a cambiar y no sabes si tirarte al piso, arrojar piedras a la ventana o gritar que la amas y la odias porque sientes tantas cosas al mismo tiempo que crees que vas a explotar.
Y su bella pelinegra estaba en lo cierto. Resultaba imposible, que quien hiciera eso, quien sintiera algo tan profundo e intenso fuera Helga.
Si lo recordaba correctamente, La Señorita G se volvió popular en su escuela, luego de un concurso de poesía que ganó con dicho pseudónimo. Se publicó en el periódico mural y apareció también en la página central de la Gaceta, los directivos y profesores pretendían identificar a la autora.
El sobrenombre no les decía nada y tenían "propuestas" para ella.
Un mes después, la publicación se repitió. Nuevo poema, mismo alias.
La popularidad aumentó y comenzado el mes siguiente había un verso, poema o pensamiento nuevo a la semana. Él no era un fan ¡Claro que no era su fan! Es más volvería a casa y se lavaría el cerebro para olvidar todas esas cosas cursis y metafóricas que le hacían suspirar como niña y pensar en la "hermosa Phoebe Heyerdahl" como un idiota.
Se golpeó internamente. Basta de fantasías. ¡No podía ser Helga!
—¿¡Estás diciéndolo en serio!? —preguntó y gritó Rhonda, regresándolo a la realidad.
El auditorio estaba vacío, supuso que se llevaron a Helga con camisa de fuerza o como mínimo a rastras. El resto del profesorado debió llevarse a sus alumnos y nadie reparaba en ellos puesto que el responsable de su grupo, también era responsable del "Terror Pataki" silbó por lo alto, al menos le reconocía eso. Su demencia no tenía límites.
—Creo que el mensaje del Director fue bastante claro,—respondió Phoebe. —Además de que los "arrebatos" de Helga lo confirmaron.
—Pero, ¿¡CÓMO, CÓMO!? —Rhonda le quitó una Gaceta a Nadín de las manos, arrancó las hojas, una tras otra hasta llegar a la página central y comenzar a recitar.
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"Siempre tuyo,
nunca mío,
y por más que lo trato de evitar,
eterno.
Este sentimiento,
este dolor,
la dulzura disfrazada de indiferencia
pero que,
sin lugar a dudas es amor"
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Stinky salió corriendo mientras lloraba y gritaba, que sentía exactamente lo mismo. Por "ella" siempre sentiría lo mismo, Sid lo siguió, gritando que no cometiera alguna locura como volver a salir con "ella", Harold y Patty se sonrieron de manera discreta, Sheena miró por lo bajo a Eugene, éste estaba más ocupado tratando de no apuñalarse los ojos con un lápiz que tenía Curly descansando en el oído mientras que Arnold le decía a Lila que no entendía nada de lo que decían.
—¿Cuál es el problema? ¿Qué tiene de malo que Helga sea poetiza? Es decir, ya todos sabíamos que era bastante buena en esa materia.—la pelirroja suspiró mirándolo como si fuera de otro planeta y comentó.
—No me lo tomes a mal, pero no lo entenderías Arnold. Los sentimientos de una chica, son demasiado complicados. —acto seguido sacó un pañuelo de sabrá Dios donde y comenzó a limpiarse las lágrimas imaginarias del rostro. Se disculpó con todos porque tenía que irse. Se verían en la siguiente clase. Claro que para estas alturas a nadie le importaba la clase.
—Te acompaño…—comentó Shortman.
—¿No te quedas a escuchar?
—Como dije, no entiendo por qué arman tanto escándalo. —salieron por donde Stinky y Sid habían corrido. Él suspiró para sus adentros, porque en serio, a veces no entendía a su hermano.
Phoebe se ajustó los lentes sobre el puente de la nariz y agregó.
—Lee entre líneas, Lloyd. Está bastante claro que la "Señorita G" escribe a un amor no correspondido.
—¡PERO CÓMO! —gritó la morena, amante de la moda. —¡¿CÓMO PUEDE ESCRIBIR ALGO COMO ESTO Y SALTAR COMO BASHEE DISPUESTA A SACARLE LOS OJOS AL MISMÍSIMO DIRECTOR?! ¿QUÉ, TIENE MÚLTIPLE PERSONALIDAD? ¿TRASTORNOS MENTALES? ¡¿ESTÁ MEDICADA Y ABANDONA REGULARMENTE SU TRATAMIENTO?! —él prestó atención a eso ultimo. Porque si estaba medicada explicaba taaantas cosas sobre su comportamiento.
—Por supuesto que no. Ella es una persona perfectamente normal, sin ninguna clase de trastorno emocional o mental. Se comporta de esa manera, porque como señalé, su amor la rechaza y tortura diariamente.
—Un segundo,—interrumpió él. —¿Dices que es una loca, violenta e impulsiva porque el chico que le gusta, le restriega en la cara, todos los días a su novia? —preguntó evidenciando lo que todos estaban pensando. Phoebe se mordió el labio inferior y segundos después asintió.
—¿De verdad?—inquirió sin creerlo, la asiática insistió. Dijo que sí, que Helga estaba enamorada de él, desde hacía tanto que un día simplemente no logró controlarlo.
—¿Y se desquita con nosotros? ¿Esa es su justificación? ¡Tienes que estar bromeando, Phoebs! para que eso tuviera sentido ella tendría que estar enamorada desde el jardín de niños porque no recuerdo un solo día de nuestras vidas en el que Helga se haya comportado como una persona nor…m…al…—alargó la ultima palabra porque el estoicismo de Heyerdahl era todo lo que necesitaba para confirmar.
—¿¡Es en serio!? —insistió Rhonda, pero en esta ocasión Nadín la cayó.
—¡Si esa es la razón, es suficiente justificación para mi! Un amor no correspondido lo explica todo.
—¡Así es!—confirmó Sheena y tanto Eugene como Curly las secundaron. Prosiguió un debate entre un nuevo grupo y subgrupo de personas, hasta que Rhonda volvió a levantar la voz.
—¡De acuerdo! Supongamos que creo que esa mujercita vulgar tiene sentimientos en algún rincón retorcido de su alma. ¿Quién es él?
—¡¿Cómo?!—respondió Phoebe quien ya se había levantado dispuesta a irse.
—Su nombre, debo tenerlo para poder correr el chisme por la escuela completa.
—Alucinas si crees que te lo diré.—respondió su chica cruzando los brazos a la altura del pecho.
—Bien, pues más vale que te prepares para algo que es demasiado bajo para mi, pero que podría "costear" para que efectúe alguien más. —hizo el amago de traer un fajo de billetes y Harold captó el soborno. Él se preparó para comenzar a gritar como niñita, porque no iba a dejar que le pusieran las manos encima a su tierna y dulce Phoebe.
—¿Rhonda, en serio te piensas rebajar a ese nivel? Creí que eras más sofisticada que eso. —se burló Phoebs. —Además, sabes lo que te pasará si me haces lo que sea a mi.
—Lo sé, lo sé, tu matona personal me saltará como araña en la primer esquina que pase, pero aún así quiero saberlo.
—¿Conoces a Helga de toda una vida y crees que sería tan estúpida como para decirme su nombre?
—Eres su mejor amiga, queridita.
—También soy una persona íntegra que respeta los sentimientos y secretos de los demás. Helga no me ha dado un nombre y yo no se lo he pedido jamás. Pero si quieres saber como lo referimos para hablar de él, su nombre "clave" es mantecado.
—¿¡Qué!?—gritó histérica. Sin creerlo.
—Así es, corre por los pasillos a decir que Helga G. Pataki tiene un amor no correspondido por el mantecado de fresa. Lo ama tanto pero no puede tenerlo porque es alérgica y si lo come, se muere. —Rhonda gritó frustrada, levantando los puños en dirección de la pequeña morena. Phoebe levantó el rostro, segura de que Helga la vengaría y trapearía el piso de toda la escuela con Lloyd.
—¡Pruébalo!—demandó prácticamente por encima de ella.
—Si te muestro una sola de nuestras conversaciones privadas, ¿Te das por bien servida y juras no volver a tocar este tema?
—Lo juro, nadie volverá a hablar de Helga y su "amor no correspondido" —Phoebe sonrió con un poco de superioridad, tomó su teléfono móvil y accedió a los mensajes. No tuvo que buscar ninguno.
Los dejó leer el último.
"...Oh, mi dulce, cruel y tormentoso Mantecado yo debería tenerte en mis brazos…"
Harold suspiró al terminar de leer y comentó algo así como que "él también le escribiría al mantecado" Patty agregó que su amor verdadero era la tarta de manzana. Curly ovacionó al pie de queso con mermelada de frambuesa, Sheena al pastel de chocolate, Rhonda gritó que todos eran idiotas y que no estaban hablando de postres.
—¡HELGA NO LE ESCRIBE AL MANTECADO DE FRESA!
—Claro que si,—la interrumpió Patty. —Lo acabamos de leer, sufre, grita, maldice y golpea porque en el fondo ella es como yo…
—¿Como tú?—preguntó Lloyd quien para estas alturas lucía sumamente alterada.
—¡Sí, por eso me buscó pleito en cuarto grado! ¡Es una gorda en pausa!
—¿¡QUE!?—gritó él, porque en serio. No podían creer eso. ¿Oh, si?
—¡SÍ, lo es…!—confirmó Phoebe tratando de aguantar la risa. Rhonda gritó otro poco pero esa parte se la perdió porque el objeto de su adoración, es decir Phoebe Heyerdahl se escapaba por donde lo hicieron todos y él prefirió seguirla.
La conclusión oficial de aquel altercado fue esa. Helga G. Pataki era una gorda en pausa. Amaba las golosinas más que a la vida misma y maldecía diariamente porque no podía consumirlas. Luego de su "espectáculo" con el Director Wartz la columna de la Señorita G fue cancelada y todos se olvidaron del tema.
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Él nunca había vuelto a pensar en el supuesto amor "no correspondido" de Helga, en su eterno enamoramiento por el mantecado de fresa hasta este momento en que los veía deshacerse a besos contra la bendita puerta de su cuarto que tendría que incinerar, arrancar o como mínimo desinfectar porque en serio.
Jamás lograría verla de la misma manera.
Cuando la rubia se tranquilizó y su "amigo" dejó al fin de succionarle la boca, su cerebro siguió procesando, conectando ideas y la revelación fue directa.
—Mantecado…—pronunció en un tono tan bajo, que ni siquiera Phoebe lo escuchó. Unos segundos después en que Arnold se tomaba la libertad de limpiarle las lágrimas a su chica con los dedos de ambas manos, se escucharon golpes contra la mencionada puerta. "Romeo y Julieta" se hicieron a un lado, lo suficientemente rápido como para que Jamie'O pudiera asomar su fea cabezota y escupir una indirecta.
—¿Por qué tanto silencio? ¿Se están portando bien?—los escudriñó a todos, menos a Helga porque la chica lista decidió darle la espalda a la puerta.
Su hermano lo taladró con sus ojos de medusa esperando convertirlo en piedra, él resopló.
—Nos portamos bien. ¿Ves algo que no se encuentre bien? —Jamie'O hizo un nuevo barrido ocular, Helga se recompuso en lo que aparentemente era un talento innato y le dirigió a su hermano la mirada más plana y neutral que pudo mostrar.
—No lo sé, enano. Mi instinto dice que aquí hay demasiadas hormonas reunidas y tu declaración no me convence del todo.
—¿Entonces piensas sentarte aquí? ¿No estabas viendo la tele?
—Mamá y papá fueron con Timberly al cine, la abuela se quedó dormida y yo estoy a cargo de que ustedes "NO HAGAN BEBÉS"
—¿¡QUEEEEEE!? ¡PERO QUÉ….! ¡CÁLLATE! ¡LÁRGATE! —le arrojó a su hermano lo primero que encontró, que fue una almohada, el idiota se comenzó a reír y abrió de más la puerta.
—De acuerdo, no me quedaré con ustedes porque seguramente hablan de cosas demasiado estúpidas e incoherentes pero sí les pondré un vigilante.
—¿Disculpa?—Gerald cruzó los brazos a la altura del pecho, el resto de invitados tenían las mejillas incendiadas y no sabían dónde meter las caras por el bochorno.
Jamie 'O disfrutó su poder de mando y permitió que entrara como Faraón una simpática bola de pelos que Gerald jamás había visto.
—Mr. "M" cuida que no hagan nada malo. —Mantecado "siseo" hizo ese sonido que perseguiría a Arnold en sus más profundas y retorcidas pesadillas por el resto de sus días y el hermano mayor de Gerald, tomó todos los platos sucios, junto a la mermelada, mantequilla, jarabe de maple y salió por donde había entrado.
Dejó la puerta abierta, pero el gato la "cerro"
Hubo dos centésimas de segundo en las que cada uno procesó lo sucedido, Arnold no soportó más porque claro, había "prioridades" en esta vida y ganarle la pelea a su "enemigo jurado" era número uno en la lista.
—¡Así fue como lo hizo! —le gritó a Helga quien tenía la misma expresión seria. Phoebe comenzó a reír a carcajadas mientras Gerald, sentía cómo le temblaban las rodillas porque evidentemente eso de "hacer bebés" era algún tipo de trauma que les metieron sus padres cuando pequeños.
Arnold insistió en que el gato había hecho algo verdaderamente malo, Helga lo llamó tarado y después comenzó a reír a la par de Phoebe, el Faraón, Mantecado alias "Mr.M" se trepó con elegancia y dramatismo propios de un agente secreto o asesino serial a la silla, pasó de ahí al escritorio y luego le mostró la dentadura completa a Arnold para finalmente treparse en él.
Su amigo con cabeza de balón gritó como si lo estuviera atacando "Freddy Krueger" las chicas volvieron a retorcerse de risa y él tuvo que imitarlas porque, viejo.
Esto era de otro mundo.
—¡Quítamelo, quítamelo, quítamelo! ¡Gerald, Phoebe, HELGA!
—¡Mantecado, basta! —pronunció la rubia una sola vez y el felino saltó de la cabeza de balón al escritorio. Todo un caballero, bien sentado, como si nada hubiera pasado, es más hasta se concentró en lamer su pata izquierda. Arnold lo miró como si fuera la cosa más horrorosa de todo el poblado.
—¡Casi me…!—comenzó a quejarse.
—Tú empezaste,—interrumpió la rubia. —No deberías levantar cargos en presencia del acusado.
—¡AHHHHHH! ¡¿Por qué siempre lo defiendes?!
—¡Porque no te hizo nada! —Helga buscó en el bolso que seguía teniendo a la altura de la cintura y extrajo un espejo para que pudiera ver "que no tenía nada" a Arnold lo único que le importaba es que le ardía la cara y que algún día….Algún día, le diría a su abuela que preparara "estofado de mantecado" sí, eso es lo que haría.
—¿No estás feliz ?—preguntó Helga al ver el ceño fruncido de Arnold, el rubio bufó, volvió a acomodarse en su silla y cruzó los brazos a la altura del pecho. Helga suspiró resignada y se dirigió al faraón.
—Mantecado, discúlpate con él.
—¿Miau miau? (Traducción: Disculparme, yo)
—Discúlpate ahora o te quedarás aquí para siempre. Puede que tengas bolas de estambre en abundancia pero yo te compro croquetas de la mejor marca.
—Miau... (Traducción: ¡Ja!)—desestimó el peludo, volviendo a lamerse las patas.
—Te dejo atrapar roedores, afilar tus garras en las patas de las sillas y el sofá, también desayunar "canaritos" ¿Crees que alguien más te va a consentir de esa manera? —Mantecado dejó de lamer y miró a su dueña como si estuviera "jugando" Helga le sostuvo la mirada.
El resto de ellos creían que esto era una "broma" la interacción ama-gato no debería ser así, pero sucedía.
Helga dibujó una sonrisa siniestra, el gato se bajó del escritorio y se convirtió automáticamente en una "adorable" máquina de "ronronear" pasó junto a las piernas de Arnold, trepó por las mismas hasta subir a su regazo y quedarse ahí, hecho bolita, en "modo automático"
La expresión del rubio era la misma a que lo estuviera tocando un Demonio o un ser abominable extraído de las profundidades del infierno. Mantecado temblaba como todos los mininos que hacen ese ruidito que para él era algo así como un motor encendido.
—¡Acarícialo, Arnold! Te está obsequiando su máxima muestra de afecto. —ordenó Helga.
—No…—él honestamente quería que le quitaran esa cosa de encima antes de que le hiciera la peor canallada de todas, es decir. Lo orinara.
—No va a hacer nada malo.
—Disculpa si no me lo creo.
Gerald miraba a su amigo y al gato, pasó de uno a otro con ojos expertos encontrando las similitudes y diferencias como en esos cuadros que venían en las tiras cómicas de antaño.
La luz que se había encendido previamente en su cabeza se volvió a prender.
—¡Él es mantecado!
—Brillante deducción, Sherlock —se burló Helga.
—No mantecado el gato, sino mantecado, mantecado. "El Mantecado" —las chicas lo miraron sorprendidas, Helga señaló a su amiga a la vez que susurraba: "¿Cuánto le has dicho de mi a este tarado?"
—Yo no le dije nada específico, Helga. —juró reacomodando sus gafas y saliendo de la aparente línea de fuego. Gerald se levantó e insistió con una sonrisa de lo más estúpida en la cara.
—Pero sí hubo algo cuando estábamos en sexto grado. ¡El día que descubrieron a la Señorita G!
—¡Cállate Geraldo!—amenazó la rubia.
—¡NO, NO VOY A CALLARME! ¡EL RUMOR ERA CIERTO! —gritó a la vez que corría para escapar de los golpes que le soltaba Pataki. Arnold que lo escuchó todo y que una vez más volvía a sentirse fuera de la conversa trató de recordar.
—Tú eras la Señorita G y después corrió el rumor de que estabas obsesionada con las golosinas y…¿el sobre peso…? —comentó y preguntó a su novia. Helga que ya tenía a Gerald acorralado contra una pared se quedó de piedra, el moreno escapó y miró una vez más al gato y a su hermano.
Eran idénticos, cabellos dorados, ojos verdes. El gato ganaba el concurso de belleza, pero ¡Bah! El misterio de su infancia al fin estaba resuelto.
—¡TODO LO QUE ESCRIBIAS ERA PARA ÉL!
—¿Mantecado?—preguntó el rubio observando al gato. —Phoebe ahogó una pequeña burla. "si que era lento" Gerald roló los ojos y comenzó a buscar en su librero, tiró montones de cosas hasta que finalmente lo encontró.
—¡Sabía que guardé uno!
—¡GERALD, NO TE ATREVAS! —amenazó Helga con los puños en alto, el dolor pasando desapercibido ante la amenaza de ser "humillada" Johanssen la ignoró (como solía hacer) encontró la página que quería, luego se aclaró la garganta y dedicó una reverencia a su amada.
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"Dicen que no debo
dejarme llevar por el amor
Sé que no es un juego
pero a veces pierdo la razón.
Sé lo que me hago
y aunque me haga daño, aguantaré,
Por miedo a convertirme
en alguien que no sepa querer.
Quiero ver la luna caer,
Las estrellas del revés
aunque alguna se estrelle.
Quiero cosquillas en mi piel
quiero ver mi amanecer
sin condiciones.
Seré...
Un loco enamorado más
Qué más da si yo te quiero a rabiar
aunque después me duela más"
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Phoebe aplaudió fascinada, Helga le arrebató la gaceta dispuesta a romperla en mil pedazos pero el moreno la recuperó.
—¡Eso es mío, Pataki!
—¿Tú seguías a la Señorita G? —preguntó Arnold, ampliamente anonadado.
—¡Sí, me gustaba y qué! Tú eras el único de toda la escuela que no la leía. Lo que le habría años de terapia a esta maldita lo…ca—Gerald paró su discurso al percibir la sombra de la muerte en la gélida mirada de la rubia, quizás se había pasado. Un poquito, no mas…corrió a esconderse a las espaldas de su novia y desde ahí comentó.
—¿Ya dije que me gustabas? Bueno, no tú, tu talento, las palabras, es decir…¡CLARAMENTE ERES UN TARADO! —Arnold se sintió ofendido por lo que intentó levantarse para replicar pero "Mantecado" parecía, haberse ¿Dormido? entró en pánico. Conocía historias de horror por "despertar" a los gatos así que permaneció en su sitio y protestó.
—¿Por qué discutes con Helga y me insultas a mi? Es más, desde hace un rato, no entiendo nada de lo que están hablando.
—Porque eres taaaan denso.
—¿Me estás diciendo lento de pensamiento, Gerald?
—Digo que no es posible…
—Déjalo así Johanssen, —comentó la rubia. —Lo que no le interesa, NO LE INTERESA.
—¿De qué demonios están hablando?—insistió Arnold.
—¡POESÍA! —gritaron los tres.
—Helga es poeta, eso lo sabemos desde sexto grado ¿Cual es el misterio? —Phoebe, quien era por muchos considerada la chica mas lista y paciente de la escuela, hizo a un lado a su novio y se acercó al rubio.
—¡Que todo lo que escribía y sigue escribiendo te lo dedica a ti! Cada letra, enunciado, párrafo. ¡Tú eres el "mantecado" de su vida! Ese gato se lo di porque se parece a ti y ni siquiera de eso te has percatado.
Arnold se quedó de piedra, Gerald agradeció que no matara a su "viejito" si era un poco lento para las cosas del amor, pero en general era un buen tipo, lo seguía queriendo en su vida.
Helga por su parte, comentó algo como:
—¡Dios! ¿Así es como se supone que guardas mis secretos?
—No, así es como evito cometer, homicidio.
Mantecado despertó por los gritos de la morena, lo observó a los ojos, destrozándolo, disfrutándolo.
Vergüenza.
¿La olían los gatos? él pensó que sí y examinó a la bola de pelos. "NO SE PARECÍAN EN NADA" él no fue creado por Satanás, sólo consiguió que un volcán no hiciera erupción, al momento de nacer pero no había nada de anormal o extraordinario en eso. El gato le sostuvo la mirada, él recordó las palabras de su novia al momento de preguntarle si era esa su descripción de una mascota. "es mi descripción del amor de mi vida" sintió como la sangre coloreaba sus mejillas a causa del bochorno. Helga trató de decírselo en todo momento, "él es el mi amor, tú un melenudo" Claro, él era el idiota número uno de todo Hillwood porque jamás pudo ver lo que tenía ante sus ojos.
Mantecado sonrió, como si leyera sus pensamientos. ¿Los gatos no podían hacer eso, cierto? Decidió que en serio, odiaba a ese gato. Y sobre lo que leyó Gerald, sobre lo que dijo Gerald.
Se sentía tan culpable…
Helga suspiró, aclaró su garganta y dijo que si ya habían terminado, cubrió su cuota de humillación pública por una semana, mes o quizás hasta año.
—No, Helga. No hemos terminado —comentó Phoebe. —He estado analizando lo que dijiste hace un momento, referente a tus padres. ¿Fue por eso que talaron el árbol?
—Si…
—Pues si es así, teníamos diez años. Tú no puedes seguir castigándote por eso, y aún si quisieras, si lo consintieras, asumo que perder tu "vía de escape" fue suficiente condena.
—No para eso…
—Helga…—Phoebe miró a los chicos y decidió que necesitaban un poco de intimidad, les ordenó que se fueran, porque eso de pedir no se hacía con el puño cerrado y mirada asesina.
Gerald accedió, solo pidió que por lo que más quisiera, no la dejara "hurgar" en sus cosas.
—¡Cómo si me interesaran las revistas de modas y chicas que tienes bajo la cama!
—¡Yo no tengo…!
—¡FUERA, LOS DOS AHORA!—interrumpió Phoebe porque sabía la habilidad que tenían esos dos para empezar a pelear y olvidarse de lo importante. Cerraron la puerta detrás de sus cuerpos. Mantecado se acomodó junto al umbral como todo un soldado.
"Por aquí nadie pasa"
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—Helga…
Phoebe sintió que aunque la conocía de toda la vida y creía ser la única testigo de las múltiples facetas de su amiga, había demasiadas cosas que aún no sabía. ¿Por qué no se lo decía? ¿A caso, alguna vez la hizo sentir incómoda? ¿No confiaba en ella?
—No te lo dije por ninguna de las razones que sé que estás pensando…—comentó Helga, como siempre. Leyendo sus pensamientos, viendo a través de sus miedos.
—¿Entonces?
—Tú, eres como lo mejor y más puro y bueno que he tenido en mi vida. Así que en algún momento pensé que si te compartía todos los horrores con los que vivía, los temores, el dolor. Te contaminaría y esa pureza, esa belleza tan característica tuya se mancillaría.
—Helga…—Phoebe se abrazó a ella, porque sus sentimientos seguían siendo nobles y hermosos. Porque se seguía preocupando por ella, cuando debía preocuparse por sí misma. Y evocando el pasado, todo lo que supo de aquel altercado, fue que sus padres "la descubrieron" la buscaron por todos lados y no la encontraron.
Nunca le dijo donde pasó la noche, pero a la mañana siguiente contrataron a alguien para que talara el árbol.
En las columnas de la "Señorita G" hubo toda una semana dedicada a la "naturaleza" Harold adoró esas letras, Sheena, Lila y varias personas también. Creían que se refería al viejo Pete, o que hablaba de la vida en sí.
Sólo ella logró leer entre líneas, sólo ella supo que las referencias al viejo amigo, el secreto confidente, aquel que te acompaña en tus momentos más desesperados y que finalmente se aparta, estaban dedicadas al árbol que le brindaba más que sus brazos, alas para volar.
Concluyó el abrazo diciéndole a su amiga que no era ninguna clase de monstruo o ser desalmado, que ni ella ni Gerald, y por supuesto Arnold, iban a dejarla. Que no tenían motivos para odiarla, que los padres son los que deben proteger a sus hijos y que si bien ella estaba decidida a ser la escudera y no la princesa de su cuento de hadas.
Aún eran niños...
—Teníamos diez años, Helga. Tu madre no tenía ningún derecho a ponerte en el medio, es más ni siquiera debió pronunciar tu nombre porque lo que ella tenía que hacer, era protegerte de todo mal. Lamento que no sucediera así, que te hiciera sentir culpable, porque supongo que con el alcohol y los estupefacientes, más de una vez debió haberte culpado por las acciones de Bob.
—Así es…
—Pues no es tu culpa, mírame a los ojos Helga. ¡No lo fue! Tú no tenías porque estar en el medio, no tenías porque escucharlos o verlos. No tenías por qué consolar a tu madre cuando era ella quien consentía los maltratos de tu padre.
—Miriam le tenía tanto miedo…
—Lo sé, es una reacción natural tenerle miedo a aquellos que nos lastiman, pero tu madre lo permitió…—Phoebe iba a continuar con su discurso hasta que unas cosas llevaron a otras y fue una conclusión totalmente diferente a la que llegó.
"Jake" él estaba intimidando a Helga, la estaba presionando tanto que su amiga llegó al límite, evocó su pasado, recordó a sus padres, cometió una estupidez detrás de otra porque obviamente, estaba decidida a no repetir la historia de Miriam. Los temores de Arnold estaban bien justificados. ¿Por qué desconectó la línea de teléfono? ¿Por qué ya no respondía sus mensajes y llamadas a celular? Ella pensó en eso a lo largo de toda la noche pues desde que salía con Gerald, asumía que Helga decidió concederle intimidad pero no se trataba de eso.
¡Helga ya estaba siendo acosada por Cabot!
¡Lo mataría!
Bueno, ella no era así de imprudente, ambiciosa o visceral, pero sí descubriría lo que Helga les estaba ocultando. Todas las llamadas telefónicas dejaban un registro electrónico en algún lado, los mensajes también. Puede que Gerald pudiera ayudarla o Jamie 'O ahora que trabajaba en el departamento de justicia de otro condado porque la "situación" laboral de su padre no permitió que ingresara al de Hillwoood, pero tenía acceso a claves y esas cosas que necesitaban.
La rubia sollozó otro poco, sin alarmarse por el silencio que recientemente se había creado, la animó a que recompusiera su estado.
—Sé que fue duro, que intentas pagar alguna clase de culpa, pero no tienes qué hacerlo…
—Phoebe…
—No, Helga. Por esta vez en la vida hazme caso. —tomó el rostro de su amiga con ambas manos, la miró a los ojos y comentó. —No eres un monstruo, no le debes nada a tus padres porque si fuera así, no estarías sufriendo por esto. Tienes sentimientos, corazón. Eres una persona maravillosa que no sé como es que ha podido sobrevivir a todo esto, sin pedir ayuda a nadie. Pero ahora que lo haces, te juro por nuestra amistad que no vamos a dejarte caer.
—Gracias.
—Eres fuerte, la persona más fuerte que he conocido y eso no va a cambiar. ¿Saber por qué? Porque Arnold te ama…—Helga se ruborizó hasta las orejas y su amiga le aseguró que era cierto. Su único defecto era el nulo interés por la poesía o literatura en general, pero no todos los hombres podían ser perfectos. Gerald, coleccionaba más revistas de modas que de deportes.
—Es una niña.
—Una que tarda en arreglarse más que yo…pero así lo amo.
—Yo también lo amo, —comentó refiriéndose a Arnold. —Aunque jamás, me haya notado.
—Ahora te nota y el lunes en la escuela, todos lo comprenderán y aceptarán de la misma manera en que hizo Gerald.
—Aún no te perdono por convertirme en una "gorda en pausa"
—Si lo hiciste, cuando te dije que a Rhonda le dio un tic nervioso que casi terminó en parálisis facial, lo hiciste.
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En la sala Jamie 'O observaba a los chicos con gesto reflexivo, se burló internamente. "Problemas de chicas" jamás creyó que vería así a su hermanito y a su amiguito.
—¿Qué pasa, gusanos? ¿Los corrieron por meter las manos donde no debían?
—¡NO! —gritaron los dos.
—¿Entonces los corrieron por no meterlas manos donde no debían?
—¡DIOS! ¿QUÉ ESA CLASE DE MIERDA ES LA ÚNICA QUE TIENES EN LA CABEZA?—se quejó Gerald para deleite de su hermano.
—No, sólo quería comprobar que aún seguían respirando. Parece que llevan todos los problemas del mundo sobre los hombros y si los conozco como creo que lo hago, diré que una vez más se metieron en más problemas de los que pueden controlar. —Arnold y Gerald miraron a Jamie 'O como el adulto responsable que desde hacía un par de años era. El moreno les pasó un par de cervezas. Atrás quedaron los años de beber soda para olvidar el dolor.
—¿Qué es esta vez? ¿Tiene que ver con el asalto que no fue un asalto?—Gerald tragó en seco, su hermano, no preguntaba. Afirmaba. —Tal vez puedas engañar a mis padres, porque claro, sigues siendo su bebé. Pero para mi, eres un gusano en la cuerda y nadie te golpea que no sea yo. —Gerald miró a su hermano como si fuera lo que en realidad era. "un oficial de policía ampliamente calificado" y asintió.
—Entonces, "extraoficialmente" ¿Qué sucedió? La rubia que trajeron, no fue la que te golpeó ¿Cierto?
—¡No! Al que golpeaba era a él. —se defendió señalando a Arnold quien se molestó de inmediato. Jamie 'O sonrió, chocando su cerveza con la del rubio. —Y ahora te golpea duro contra el muro. ¡Bien hecho! —Arnold casi se ahoga con el trago recién dado, Gerald estalló a carcajadas chocando los cinco con su hermano.
—¡Que solo dormí en su sillón! —bramó, dejando la cerveza en la mesa de centro.
—Pues claro, con la mano que tiene lesionada ¿Cómo iba a pasar algo más…?—comentó el mayor, dejando su cerveza vacía por igual.
—Eso no los detiene de estar como sanguijuelas. —comentó Gerald haciendo ademanes con la lengua y las manos.
—¡BASTA LOS DOS!—gritó Arnold, sintiéndose mucho más molesto.
—Nop, quiero saber la verdad. ¿Quién te golpeo y a quien golpeo?
—Yo te daré la exclusiva porque creo que podríamos necesitar de tu ayuda. —comentó Phoebe entrando en la sala y dejando en claro que tenían pocos minutos. Su amiga estaba en el baño, no creía que se tardara demasiado.
—Cuñada…—saludó el moreno con efusión.
—¿No tienes cervezas para todos? Helga, podría sorprenderte.
—¿Helga…?—inquirió Jamie buscando en su base de datos mental. —¿El "Terror Pataki"?
—La misma.—concedió con una sonrisa de lo más esplendorosa.
—¡Vaya! No sabía que le gustaban los…—Arnold puso tal expresión de fastidio que el moreno no terminó la oración.
—¿Se puede saber cómo es que la conoces?—preguntó impresionado. Al parecer todos la notaban, menos él.
—¡Tu chica, es una Diosa para las luchas! Siempre que vayas a la arena apuesta al mismo que ella. ¡Jamás pierde! Bueno, si hubo una vez pero se enfadó tanto por el resultado que ella misma saltó al ring y fulminó al vencedor. El árbitro levantó su mano y preguntó su nombre.
"Helga, el Terror Pataki" Todos le entregamos nuestro dinero, alguien hasta arrojó su ropa interior. Fue épico.
—¿Cuánto hace de eso? —preguntó Gerald.
—¿Cuánto llevas sin usar pañal?
—¡CONCENTRENSE!—gritó Phoebe.
—Tendremos tiempo, si el gruñón va a distraerla.—comentó el mayor. Arnold contó hasta diez y se levantó. ¿Así sería cuando todos en la escuela lo supieran? ¿Cada persona que conociera encontraría un momento para restregarle lo idiota y falto de sentido común que era? Claro, por qué no. Hasta donde estaba entendiendo a Helga solo le faltó pilotar un avión y escribir en el cielo cuanto lo amaba.
Fue escaleras arriba, hasta alcanzar la habitación de Gerald, ella ya estaba ahí con la Gaceta en manos, releyendo sus letras.
—Lamento, no comprender la poesía.
—Si lo hicieras, tal vez no me gustarías tanto. ¿Dónde fueron Phoebe y Gerald?
—Nos están dando espacio.
—¿Más?
—¿A qué te refieres?—cerró la puerta detrás de sí. Seguro de que Phoebe ya habría descifrado algo que conectaba a Cabot con el pasado de Helga, sus miedos, su culpa. ¡Ese bastardo era el causante de todo esto!
—Estoy segura de que ni siquiera ellos, se han besado como nosotros en este cuarto.
—Te volveré a besar así, cada vez que pienses que debes pagar un precio por estar a mi lado.
—Arnold…
—Te amo, no lo supe hasta ahora. Pero eras tú, siempre tú.
—Y dices que no entiendes la poesía.
—No son metáforas, es la verdad. Quiero estar a tu lado, lo que abre el preámbulo a otra cosa que te quería preguntar.
—¿Me vas a pedir matrimonio?—inquirió con sorna. No había diversión en el rostro del rubio por lo que ella sintió que se le secaba la garganta y le temblaban las piernas.
—No, somos muy jóvenes para eso, además de que no hemos conversado en absoluto de ello. Quiero que te quedes con nosotros, en la casa de huéspedes.
—¿Qué? —ella lo miró como si se hubiera vuelto loco.
—Es una casa de huéspedes, mi habitación es la más apartada del resto, pero si aún así te parece incómodo, creo que podría convencer a mis abuelos de ponerte una cama en el salón de lectura. Estarás segura y si intento cualquier cosa, ya sabes "mi abuela va a castrarme"
—¿Estás hablando en serio?
—Si dices que no, será a la inversa. Convenceré a mis abuelos de quedarme contigo.
—¡Espera! ¿Por qué…?
—Porque Jake sabe dónde vives, intentó hacerte salir rompiendo tu foco y ventana. Además no creo que lo detenga el hecho de que seas una mujer.
—Sé defenderme…
—Lo sé y ese es el punto, que si vamos a estar juntos. Lo hacemos en todos los sentidos, los dos defendemos, ninguno se esconde. No más.
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Continuará...
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N/A: Gracias chicas por sus palabras y su apoyo, pensé que la historia ya no les gustaba debido a la baja de reviews pero no importa. Ahora estoy mas tranquila y segura de que seguimos por el rumbo correcto.
Sobre la redacción, que a veces se pierden cuando cambio de narrador, intentaré prestar más atención a eso, o hacer más evidente, cual de los chicos es el que está hablando. Nos leemos en la siguiente.
Excelente inicio de semana. Ciao.
