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Los enamorados dedicaron un momento a contemplarse en silencio, ella perdida en los ojos de él, Arnold perdido en la suculenta y bien delineada boca.
Esa, sería la primera noche que "no pasarían juntos" que Helga no sentiría sus brazos al rededor de la cintura o se confortaría con su aliento soplándole al cuello. La duda apareció de manera inmediata, el temor de que todo esto se tratara de alguna especie de sueño.
¿Y si Jake le regresó el puñetazo, la golpeo en la cabeza tan duro que esto no era más que una "muy vívida" alucinación?
Se acercó a Arnold, acarició su rostro de una manera en que nunca antes había hecho, el gesto sorprendió al rubio pero no la interrumpió. Por el contrario, cerró los ojos permitiendo el contacto de unos dedos que comenzaban a ponerse fríos por la temperatura o el miedo. Tan pronto como consideró esto último la observó en su vacilación, el rostro que comenzaba a aprender de memoria y que diría con las manos al fuego que pertenecía a la mujer que amaba estaba triste, melancólico.
Así que se atrevió a comentar.
—No va a pasar nada…
—¿Qué?—inquirió retirando las manos, saliendo de su diminuto trance.
—Creo que te asustan los cambios por eso me advertiste que podrías vomitar en el auto y me parece que es así porque eres una persona sumamente aferrada. Firme en sus convicciones, leal en el amor…
—Arnold…—comentó desviando la mirada, apartándose pero no demasiado. Aún quería sentirlo cerca de su piel, convencerse de que "esto" no iba a desaparecer.
—Te asusta lo que vaya a pasar mañana, pero no cambiará nada. Seguiremos haciendo las mismas cosas de siempre, sólo que las haremos juntos…—ella se ruborizó al escuchar eso ultimo, él adoró ese matiz coloreando sus mejillas pero desapareció tan pronto como había llegado.
—No te emociones demasiado con eso, melenudo. —pronunció, atemorizándolo con la dureza de su voz.
—¿Perdón…? —¿A caso quería…terminar? Pensó para sus adentros, sin disimular el temor por lo que Helga, sonrió restando dramatismo a la situación.
—Digo que borres la entrada de "Romeo y Julieta" de tu cabeza. No soy una Princesa.
—¿Quien dijo que buscaba princesas?
—¿La historia de tu vida, hasta ahora? —Arnold sonrió. Claro, él era el idiota más grande de todo Hillwood. Si aquello fuera la época antigua, los juglares cantarían canciones y los bufones narrarían su historia entre risas y maldiciones, pero por hoy...
Si Helga necesitaba algo para asegurarse de que no romperían o "desaparecerían" al amanecer pensó en darle un objeto que además de eso, la obligara a pensar en él.
—¿Estás segura de no querer la carta?—preguntó señalando el sobre que terminó en una esquina de su escritorio, junto a la Laptop.
—Tanto como tú, al elegir el sofá en lugar de mi cama. —golpe bajo y para rematar le guiñó un ojo. Acción que por supuesto lo hizo sudar frío mientras buscaba lo que quería en el interior de su armario.
Contrario de ella, él tenía montones de ropa mal doblada por todas partes, juguetes de cuando era pequeño, figuras de colección, revistas deportivas, cómics y una cosa que parecía ser un emparedado de algo que jamás se comió y que empezaba a generar su vida propia.
Ese lo dejó donde estaba, si algún día respiraba o se movía, le pondría nombre y lo adoptaría como mascota.
Encontró lo que buscaba tomándolo entre sus manos.
—La voy a necesitar el martes…—comentó arrojándole una prenda a la cara.
—¿¡Oye, pero que te…!? —era su camiseta de fútbol soccer, la única que tenía porque los uniformes escolares salían en un ojo de la cara y él no quería abusar de la seguridad financiera de sus abuelos. Helga terminó más roja que el carmín al reconocer la prenda.
Él sonrió satisfecho con su treta.
—Creo que querrás cambiarte eso y además…—se acerco a su presa, señalando la parte alta de su pijama que terminó manchada de vómito.
Helga tuvo una diminuta confrontación de ánimas.
Sus "suegros" no solo la vieron vomitar como si no hubiera mañana, también la conocieron en su "sensual" pijama de conejo gris con morado. ¿Las cosas con la familia de Arnold no podían terminar peor, cierto? ¿¡CIERTO!? —le preguntó a la voz de su cabeza pero esa maldita estaba callada, sofocada, pues Arnold Shortman la tenía en la mira y no contra la pared o el armario pero sí demasiado cerca de la puerta.
Imágenes del beso en la casa de Gerald embotaron su sistema, hicieron que se le nublara la mente, se secara su garganta y su boca se hiciera agua…
Arnold, no la besó de nuevo, no rozó sus labios aunque aquel parecía el destino de su tentadora boca, (eso definitivamente tenía que ver con que ella aún apestaba a huevo podrido y existían límites en el amor profeso entre dos personas que recién salían) susurró a su oído algo que le quitaría el sueño, además del miedo y le haría maldecirlo a la vez que adorarlo.
"Espero que sueñes conmigo"
Gertrude se autoinvitó a pasar en ese momento. Vio a su nieto alejarse como el zorro astuto de la exquisita oveja y a Eleanor salir corriendo como alma que lleva el diablo escaleras abajo. Le dirigió una mirada asesina a su "hijo" el jovencito de cabellos dorados y ojos color jade se encogió de hombros, juró que no hizo nada. Es más, ya se iba a la cama.
Ella no había nacido ayer, así que le cerró la puerta y la aseguró con llave.
—Te liberaré de tu arresto domiciliario a las 5:00am, vaquero.
—Como quieras, sólo no vayas a olvidarlo abuela.
—¿Cuándo te he olvidado?
Touché.
Pero aun sí, él se quedó encerrado con un bote que apestaba a "vómito de Helga" quiso abrir la ventana, sacarlo al tejado, pero entonces se encontró con la "bendita" bola de pelos dorados, alias "mantecado" "Mr.M" o mejor dicho, "su enemigo número uno en todo el mundo" y lo miró de tal modo que sin lugar a dudas quería decir:
"Atrévete a abrirla y te arrancaré los dedos"
—¡Helga me quiere más que a ti! —se le ocurrió gritar. El gato, maldijo (¡De verdad, lo hizo!) Se tradujo en un maullido horrible que llamó a otro séquito de felinos.
—Miauuuuuuuuu…
—Meawwwwwwww….
—Rwaaaaaaaw…
—¿Ese último era un mapache? —Arnold se quedó con los ojos cuadrados y ahora entendía qué era lo que el condenado hijo de "Helga" había estado haciendo desde que le perdieron la pista (Conocer el vecindario, darse a respetar entre los lugareños) suspiró, resignado a tener concierto gutural de bestias por la noche completa. No importaba, no planeaba dormirse tan pronto. Aún quería salir de dudas, leer la carta.
Recordar por qué, le escribió una carta. La tomó entre sus manos rompiendo el sello con cuidado.
Esa, era su letra, él conocía su forma de crear las palabras, el como las inclinaba hacia la derecha, pegando algunas, separando otras y sin cerrar completamente las "a" y las "o"
Eso tenía que ver con la madurez y el carácter pero de momento, lo importante no era eso, sino esto:
Helga:
Comienzo a notar que te pienso,
Y empiezo a asustarme de nuevo.
Sin embargo lo guardo en secreto,
voy a dejar que pase el tiempo.
Empiezo a creer que te quiero
y ya empiezo a soñar con tus besos.
Sin embargo no voy a decirlo
hasta que tú sientas lo mismo.
Porque tengo miedo, miedo de quererte
y que no quieras volver a verme.
¿Dejé pasar demasiado? ¿O aún no ha sido suficiente?
¿Querrás escucharme, encararme?
¿Volver a besarme?
Por eso,
Si lo hacemos,
Si coincidimos de nuevo,
dime que me quieres,
o que ya no lo sientes,
que ya no corre por tus venas
ese calor que siento al verte.
¡No lo intentes!
Sé que me mientes...
Estrujó la carta, antes de terminar de leerla, pensando en todas sus negativas, todos sus encuentros furtivos, las miradas esquivas, los intentos de "transformar" lo dicho, hecho, expuesto…
Su ultimo beso, bajo un muérdago. Ambos comiéndose la boca, suspirando, anhelando hasta que ella se separó tan abruptamente como se había acercado. Lo miró a los ojos, tímida, bella, separó sus labios una vez más para él, para despedirse de él.
Una disculpa casual, tono de voz neutral a pesar de que él sabía que sus ojos querían llorar.
La dejó ir, como siempre, como el viento, la brisa marina, el agua corriendo entre sus dedos.
Eso definitivamente tenía que ver con la parte final de la carta.
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Comienzo a notar que te pierdo,
Y ya empiezo a echarte de menos.
Sé que se va apagando lo nuestro,
Mas sin embargo, no voy a creerlo.
¿Para qué negar, si no es mentira,
que soy el único en tu vida?
Y tú la única en la mía.
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Se dejó caer sobre la cama, como tantas otras veces en el pasado, releyó las oraciones que parecían formar un verso, quizás un poema pero no lo sabía porque él no era poeta.
No era nada artístico ha decir verdad, al menos no, en ausencia de ella.
Su musa, su inspiración.
Su amada y maldición.
Apretó la carta contra su pecho, siendo juzgado y observado por singular número de gatos. El techo transparente no era tan simpático a los diecisiete años. Él y sus abuelos pensaban cambiar los vidrios por algunos que le dieran vista al cielo e impidieran a los mirones observarlo de vuelta, pero como ya estaba a nada de irse a la universidad y Hillwood seguía siendo el pueblo más pacífico y aburrido del mundo, lo dejaron para después.
Suspiró, maldiciendo el "perfume" que se había encerrado en su habitación. ¿Con qué tapaba esa cosa? ¿La pila de cómics que ya no leía? ¿Las revistas de deportes? ¿El anuario? Lo que fuera, necesitaba taparlo ya o dejarlo como estaba y caer en un delicioso "coma" inducido por vómito.
Sonrió pensando en Helga.
Claro que no era princesa, ¿Cómo lo sería? Si se comportaba como un marinero ebrio.
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Hablando de la aludida y encontrándonos en la parte baja de la casa de huéspedes, ella se desprendió de la prenda sucia arrojándola en el cesto que trajo desde su casa, luego hizo lo mismo con el pantalón y se colocó la camiseta de Arnold como prenda única sobre la ropa interior.
Ella, no era una chica especialmente femenina. Estaba peleada con su cuerpo desde prácticamente siempre. Desde que cada persona en su entorno social, la comparaba con su hermana, quien para fines prácticos nació siendo una Barbie, piernas largas bien torneadas, cintura de avispa, pechos redondos y firmes, que usara su cuerpo como principal arma de intimidación y distracción tampoco ayudaba mucho porque cuando iba a su escuela, a todos (incluyendo a Arnold) se les caía la baba y ella no podía más que rabiar porque era el opuesto a lo "bello" Harold Berman lo sabía y refería bastante bien.
Cuando insultaba sus orejas de "cabra" su estúpida ceja única, las piernas largas, sí, pero sin ninguna clase de curva. ¡Era una tabla! y ni siquiera una divertida para surf, sino una condenada tabla para golpear.
Pero justo ahora, que se contemplaba en un espejo de cuerpo completo que Gertrude insistió en traer de su alcoba matrimonial, podía ver y creer que era bella…la ropa de Arnold obviamente le quedaba justa, no era demasiado larga apenas si cubría lo importante, dejando sus muslos expuestos y parte del pecho también. Era una camisa tipo polo, ella dejó abiertos los botones de arriba y a consideración suya se veía sexy…
Arnold, la hacía sentir sexy, especial, única, diferente…
Apagó la luz y se dejó caer sobre las sábanas blancas, soñando como vaticinó aquel, en su amado, alucine, fantasía constante...
Cabeza de balón.
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A la mañana siguiente, Arnold tenía un dolor de cabeza tremendo además del estómago revuelto porque el "delicado" aroma de su habitación, aunado al "concierto" de Mantecado, no lo dejaron dormir.
Antes que bañarse, buscar a la rubia o hacer cualquier otra cosa, sacó el desecho biológico directo al depósito junto con su "experimento casero"
Se disculpó con el emparedado que jamás se comió, pero en serio, las nauseas lo harían devolver el estómago y con uno de los dos que lo hiciera creía que era más que suficiente.
Cuando estuvo listo, un par de horas después (porque ni todo el jabón floral del mundo le quitarían la sensación de apestar a huevo podrido) se miró en el espejo de medio cuerpo que tenía en su habitación.
Nervioso.
Era así como se sentía, porque aunque Helga le dijera que no, él tenía expectativas y no es que esperara ser el centro de todas las miradas pero al menos esperaba algo de entusiasmo por parte de sus amigos más cercanos. Le intrigaba la reacción de Stinky y Eugene, (los que en su momento invitaron o salieron con Helga) por no hablar de lo que pudieran decir Rhonda o Lila.
La primera, por ser la cotilla número uno de su vecindario, además de la que movía la balanza hacia la aceptación o rechazo de cualquier "relación" la segunda, por ser su crush, alias "amor imposible e incondicional" de toda la vida.
¿De verdad, él estaba ahí, un lunes por la mañana, siendo novio de Helga G. Pataki y sintiéndose mal por Lila Sawyer? ¿A caso creía que podría lastimarla?
¡Pero si ella misma le canceló, y él no contestó!
Por eso, no sabía que debería decirle. ¿Cómo podría abordarla? Si llegaban a la escuela tomados de la mano, asumiría que todos se darían por enterados, pero Helga no era la clase de chica que se dejaba tomar de la mano…tampoco creía que lo dejara besarla. Debido al modo en que actuó Jake, sería un milagro si permitía que alguien más la besara…en la escuela, es decir.
Suspiró.
Lo primero en la lista era darle la carta. Hacerle saber que pensó en ella, con la misma insistencia en que lo pensaba a él.
Sonrió como todo un idiota y se miró por millonésima vez al espejo. Su ojo izquierdo ya estaba bien, como si no tuviera nada más que los vestigios de haberse desvelado y ahora entendía a Gerald cuando tardaba "siglos" en arreglarse para sus citas con Phoebe.
Él, no sabía que camisa ponerse, de qué lado peinarse, cuanta loción debía usar o si es que a caso ¿Se debería afeitar? No, nada de eso importaba porque lo que más le quitaba el tiempo, era la noción de que en realidad…
Ya le gustaba a su novia "de la manera que fuera" su estomago se retorció un poco, tomó sus cosas que incluían la carta en la parte más "privada" de su mochila y bajó a la cocina para desayunar en familia.
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—¿Dónde está Helga?—preguntó en lugar de saludar. Su abuelo estaba en la silla de siempre, leyendo el periódico e ignorando la taza humeante de café postrada ante su rostro, su abuela terminando de freír el tocino, tarareando una canción de vaqueros. Al igual que siempre.
—Geleanor salió hace quince o veinte minutos—comentó Phil sin despegar la vista de la sección de deportes. —Dijo que tenía que presentarse antes si quería hablar con los profesores de su "problema especial"
—¿Problema?—inquirió él, desilusionado y un poco angustiado.
—La mano, vaquero. —acotó su abuela dejando el plato de tocino en la mesa. —Eleanor es diestra, no podrá tomar apuntes con esa cosa espantosa así que le di la grabadora. Creo que está prohibido usarla de manera deliberada por lo que deberá pedir autorización antes de ocuparla. Es una chica lista, espera emboscar a todos sus docentes en la sala de Profesores. Así no tiene que entrevistarlos uno por uno y someterse al escrutinio de sus compañeros de grupo.
—Oh…—comentó él porque obviamente, no le habría molestado acompañarla.
—Dijo que se verían en la tercera clase. —animó Phil con ligera sorna. —¿Tienen historia juntos?—él sonrió. Lo había olvidado.
—¿Ves? No está todo perdido chaparro.
—Gracias abuelo.
—Además, no la acoses demasiado o se terminarán odiando.
—No es acoso…—se quejó dándole una mordida a su rebanada de pan tostado.
—Claro, claro. ¡Pero termina ya o llegarás mas tarde que ese degenerado!
—¿Jake?
—No, Jack el destripador ¿Oh, como se llamaba el loco de Viernes 13?
—¿Jason Voorhees?
—También esta el asesino de la rosa negra…—comentó su abuela sentándose a la mesa. —Jacob Trent
—¿Que me dices de Jules Mayfair?—preguntó Phil a su "Galletita"
—¿El que violaba mujeres con buenas caderas?
—Las perseguía solo si tenían una gran descendencia. Verás, buscaba una madre apropiada para su hijo, Arnold. —acotó el anciano en lo que él se empinaba el jugo de naranja y corría escaleras arriba a lavarse los dientes.
—¡Claro que buscaba mujeres con grandes caderas! ¿Cómo si no, iban a tener una gran descendencia?—rezongó Gertrude cuando él volvió a tomar su mochila, despedirse de ellos y… congelarse en la puerta.
—¿Qué sucede, hombre pequeño? —preguntó el anciano, secundado por su mujer que estaba una vez más con la cuchara de metal en las manos.
—¿A…abuelo, crees que podrías hacerme un favor…? —preguntó un poco dudoso.
—Depende,—respondió el viejo zorro. Su mujer, detectó algo con su mirada de halcón, así que se atrevió a preguntar.
—¿A cuantos hombres hay que matar?
—Ninguno…—respondió trémulo, aunque con el rostro un poco incendiado a causa del bochorno.
—¿Entonces…?—preguntaron los dos, levantándose de sus asientos como en aquella ocasión que confesó haber perdido el reloj de su bien amado y respetado padre. (lo tomó sin pedir permiso para impresionar a una chica…)
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Minutos después de explicar el "favor" Arnold corría por la avenida principal. No tenía la mas remota idea del horario escolar de Jake Cabot, pero a él se le hacía excesivamente tarde. Tal fue su interludio que no notó los mensajes de texto enviados por Phoebe Heyerdahl y Gerald Johanssen.
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Ellos ocuparon su ultimo día libre en desarrollar todo un plan de espionaje y vigilancia que involucraba a gran parte de sus amigos. Los mismos que se mostraron dispuestos a defender a Helga y que ya estaban esperándolos como solían hacer todos los días a la entrada de la escuela.
Sabían, que si querían saber de qué iba la "treta" tenían que llegar un poco antes y aunque Pataki no solía unirse al barullo matutino, por lo menos los saludó cuando pasó de largo como una exhalación. (no notaron sus labios rotos, pero sí hicieron énfasis en que usaba colorete rojo. La muñequera se ocultó bajo una camisa con mangas demasiado largas, solía llevarlas de ese modo, así que nadie reparó en lo obvio).
Helga, elogió las nuevas gafas de Phoebe, los zapatos de Rhonda, el peinado de Nadine, el llavero que llevaba Patty atado a la bolsa y que por supuesto era regalo de Harold, a Sheena le aplaudió su buen gusto en estampado de flores, respecto a los chicos cruzó miradas, puntapiés, además de los clásicos gritos de ¡Hazte a un lado perdedor! y estos respondieron como una horda de soldados recibiendo a su general.
¡Helga! ¡Helga! ¡Helga!
Una mano al aire, la otra golpeando el corazón y la rubia los llamó tarados, pero tenía una sonrisa enmarcando sus rasgos.
No por nada se gano el apodo de "Guerrera Amazona" ellos se lo pusieron, aunque ha decir verdad, la idea vino de Gerald luego de verla jugar una final.
Tras verla partir, se apostaron donde siempre. Arnold y Lila no parecían llegar y Rhonda no se abstuvo más de comentar.
—Dios, déjale algo para besar a su madre, Heyerdahl.—Gerald y Phoebe se pusieron mas rojos que la sangre. El labio inferior del moreno no estaba tan hinchado como los días anteriores pero aún permanecía marcado.
—N…no sé de lo que hablas. —respondió la asiática cruzando los brazos a la altura del pecho.
—Claro que lo sabes. —contraatacó Curly, defendiendo los comentarios ofensivos de su mujer.
—Pero ustedes no, por lo que se puede ver. —intervino Gerald, algo fastidiado y a decir verdad molesto porque no fue "eso" lo que le pasó. Curly cruzó los brazos y levantó el pecho como indicando que en cualquier momento lo podría golpear. Gerald, imitó el gesto, mostrando la dentadura perfecta.
"Primates" pensó Rhonda.
"Idiotas" pensó Phoebe.
"Levanten las apuestas" pensaron todos, pero no estaban ahí para verlos pelear.
—¡Basta!—intervino Sheena. —Algunos queremos saber algo más que su vida privada.
—Lo dice porque no tiene una. —señaló Sid a lo que Stinky le recordó que ellos tampoco tuvieron citas.
—La tengo, salí con Eugene por si tanto quieren saberlo. —el pelirrojo llegó al tono de sus cabellos y asintió con el rostro.
—Fuimos al cine y después a cenar, eso es todo.
—Maravilloso, pero tu "novia" tiene razón. Por increíble que suene, ¿Queremos saber cómo se encuentra Helga? Escuché rumores de que Jake, tiene la nariz rota y que tampoco podrá jugar esta temporada. —acotó Rhonda, llamando la atención de todos.
—¿Tampoco…?—inquirió Lila, que recién llegaba con un chico moreno al que despidió con un beso en la boca.
Phoebe tomó nota mental de eso. En circunstancias normales temería por el estado emocional de su amiga, pues si bien nunca tuvo nada formal con Arnold, le fastidiaba que sus "chicas" lo mandaran al carajo.
¿Qué todas eran palurdas, moscas muertas o simplemente idiotas?
¿Qué no veían, lo que ella veía?
Y aunque Phoebe lo hacía nunca encontró especialmente interesante a Arnold, era atractivo, eso ni como negarlo, educado, amable, pero a su consideración le faltaba algo de encanto, personalidad y por supuesto, esa chispa coqueta y divertida que tenía Gerald.
Recuperó el aplomo, carraspeando para llamar la atención de su audiencia y comentó.
—Helga se lesionó la muñeca al golpear a Jake y por tanto no podrá jugar más Béisbol. —todos se quedaron mudos, algunos (los que apostaron) patearon lo primero que vieron y los que no encontraron nada se conformaron con tirar sus mochilas y pisarlas. Ahora entendían por qué, al saludar. No pasó de la agresión verbal a la física, por qué huyó de sus miradas y quizás…sopesaron el por qué, del maquillaje cubriendo sus labios.
¿La habría mordido como Phoebe a Gerald?
Ninguno la vio después de ese día. A nadie le gustaba ver a sus héroes caer, a los genios malévolos, las mentes perversas que llenan de suspenso y adrenalina tu vida. Suspiraron con resignación los más profundos, los más densos arremetieron.
—¡¿Desde cuando nuestra matona profesional olvidó como matar?! —se quejó Sid, Stinky lo volvió a callar y en esta ocasión el más bajo no dudó en empujarlo y mandarlo a volar algunos centímetros por los lados.
—¿Desde que se volvió mujer? —preguntó Harold para recibir un pellizco de Patty, pero era verdad. Todos lo pensaron, las implicaciones de que alguien invadiera así tu espacio personal, por no decir que se atreviera a hacer con tu cuerpo, algo que tú no quisieras que te hicieran.
Les revolvía el estómago y claro que por eso es que estaban ahí, preguntando por ella, cuando de manera regular estarían hablando de quien besó o invitó a quien, el "fin de semana romántico"
—Helga siempre ha sido mujer. —comentó Rhonda para sorpresa de Phoebe. —Y si se lastimó el brazo es porque obviamente, no estaba en su mejor momento. A todos nos ha pasado, así que dejemos el asunto de lado. Ustedes tienen cara de Gánsteres,—acotó señalando a Phoebe y Gerald. —¿Asumo que idearon un plan para vengarse de Cabot y por eso nos llamaron?
—Venganza es una palabra muy fuerte, Lloyd. —comentó Phoebe ajustándose sus gafas color azul eléctrico y abriendo su bolsa para repartir sus "planes" a cada uno.
—"Deportación" me parece aún más fuerte, queridita. Y por si ya lo olvidaste, te recordaré con quién estás hablando.
Soy Rhonda Wellington Lloyd y me niego a estudiar en la misma escuela que ese patán. De modo que el fin de semana "romantico" lo estuvimos investigando. Y si Jake Cabot comete otra falta como esa puedo hacer que lo suspendan. Para expulsarlo formalmente tendría que armar un escándalo de nivel colosal en la junta administrativa de fin de mes, pero con sus antecedentes no se me sería complicado lograrlo.
—¿Cómo sabes de sus antecedentes?—preguntó Gerald.
—Como presidente del Comité Estudiantil, se me concede cierto poder.
—¿Es decir?
—Que pudo solicitar información "privada" de cualquier estudiante y pedí la de él.
—Impresionante.
—Nadie que no sea yo se mete con mis súbditos.—comentó la morena cruzando los brazos a la altura del pecho. Aunque de manera personal y real, lo hacía por aquella ocasión en que Helga la defendió de un bravucón.
En ese entonces, ni siquiera eran amigas.
Justo ahora, no sabía si eran amigas.
¡Pero lo importante no era eso! No quería pisar el mismo suelo que ese idiota. Verlo le daría náuseas, asco, cólera bulliciosa que amenazaría con transformarse en una úlcera gástrica y según su padre, era muy joven para tenerla.
La deportación, era mejor que solicitar un cambio de escuela o de horario.
Además, esto podría demostrarle a cualquiera de qué estaban hechos los Lloyd.
—De acuerdo. —concedió Heyerdhal, entregando las ultimas hojas a Harold y Patty
—¿Vamos a seguirlo?—preguntó Berman, intentando descifrar el horario que le habían dado.
—No exactamente. —explicó Gerald. —Jake, siempre ha estado ahí pero como nos importaba un carajo, nunca nos dimos cuenta. Lo que les pedimos, Phoebs y yo es que a partir de ahora "lo tomen en cuenta" para eso es el horario. Cuando coincidan con él al término de alguna de sus clases vean que hace, escuchen lo que dice. Si involucra a Helga en alguna de sus "conversaciones privadas" avísennos de manera inmediata.
—¿Y qué es lo que harán, ustedes?—inquirió Stinky, preocupado y peligrosamente medio enamorado de la mujer.
—Mi hermano es policía, ¿Recuerdas? lo tenemos cubierto.
—¿No creen que suspenderlo o expulsarlo sea demasiado? Digo, sí cometió una canallada pero quizás…quizás pensó que Helga le daba alas.—comentó Lila, mirando el horario que estaba resaltado en las clases de química y matemáticas.
—¿Alas?—preguntó Phoebe, claramente alterada.
—Pues…si, estuve saliendo todo el fin de semana con un chico que tiene una hermana que juega béisbol con Helga y esa chica cree, que "eso" lo provocó ella. Se da tanto a desear en la escuela, que bueno…alguien tenía que cometer una locura en algún momento.
—¿¡Qué!? —preguntó la asiática, haciendo a un lado a su novio que pretendía refrenarla. —Tú eres una de las chicas más acechadas de toda la escuela y me estás diciendo ¿Que eso lo provocó ella? ¿Si se tratara de ti, lo referirías de la misma manera? —Lila suspiró, porque si. Seguía siendo de las chicas mas bonitas y solicitadas de la escuela. Nunca le faltaban obsequios e invitaciones a pesar de que solían verla con Arnold.
El siempre soñador y "ausente" Arnold, a consecuencia de eso, algunas veces la interceptaban en los corredores, a mitad de las escaleras o le sugerían en presencia del rubio que lo dejara y se "divirtiera" con ellos. Ella, era una dama y a todo decía que no. Tener a Arnold, honestamente era un buen escudo. Las ofertas que recibía nunca pasaban a más porque argumentaba tener algo con él. "No era nada formal, pero no quería lastimar su corazón"
Aunque, de tanto en tanto, si el chico en cuestión era especialmente insistente o apuesto, le permitía un beso.
Solo un tímido y a veces húmedo, cálido y hambriento beso.
—Si… —pronunció en alto. —Si se tratara de mi, si me hubieran robado un beso a mi, lo referiría por igual. Jake dijo que sólo quería ver si su negativa iba en el único idioma que le importaba, el físico... —Phoebe estuvo a punto de saltarle a la yugular. No era violenta o especialmente peleonera, pero había visto a Helga hacerlo cientos de veces y algo de eso se le debió de pegar. Rhonda la detuvo a medio vuelo, tomándola del brazo, regresándola a su sitio y recuperando la atención de los chicos.
—Claro, ese sería un escenario posible de no ser porque la vimos llorar…
—¿¡Qué…!?—preguntó la pelirroja ataviada con un coqueto pantalón corto color pistache, zapatos de piso blancos, abiertos del frente y camisa de vestir sin mangas del mismo color. Los cabellos los llevaba sueltos en su mayoría, se sujetaban por detrás con un par de trenzas atadas con un lazo verde. El peinado lo llevaba así, desde aquella esplendorosa tarde en que un travieso chico, comentó que lucía muy bien con ese estilo.
—Tú no lo notaste porque estabas haciendo una pausa para recoger los libros que te tiró Arnold —prosiguió Rhonda. —Pero los demás, que sí prestamos atención a nuestro entorno, la vimos llorar. ¿Una persona que da alas, se pondría a llorar? ¿Además, en que Universo crees que Helga se daría a desear? Ella es una cínica, descarada, mata pasiones de primera. ¡No quiso salir con nadie, porque a ti y a todos se les ha olvidado que ya está enamorada de alguien!
—¡¿QUEEEEEÉ?! —gritaron sus amigos histéricos a una sola voz.
Todos, menos Lila, Phoebe, Gerald, Eugene y Stinky
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En referencia a los últimos dos, baste decir que cuando los terminó, Helga Pataki hizo referencia a ello.
No fue el clásico "no eres tú, soy yo" Pero sí comentó, que no era justo tener un corazón que si bien cuidaría y procuraría. No mantendría.
No eran ellos quienes poblaban su mente en aquel momento y aunque le gustaba pasar tiempo con cada uno, lo hacía porque no le impedían pensar en su amor verdadero.
A Stinky no le molestaba que pensara en otro hombre cuando intentaba besarla. A Eugene tampoco, aunque ha decir verdad, él ni siquiera lo intentó. Les gustaban las mismas cosas: el teatro, la ópera, el baile. Era grandioso estar con alguien que apreciara el arte y no hiciera comentarios hirientes sobre su preferencia sexual.
Stinky gozaba de leer junto a ella, compartir algún pastelillo o golosina, iban a bares bohemios, lugares donde se podía degustar un poco de café, arte plástico y poesía. Nada íntimo, pese a tratarse de lugares verdaderamente íntimos.
Cuando volvieron, (en primer año de Secundaria) ni siquiera lo planearon, coincidieron por casualidad en el recinto.
Él, que sabía de sus pasiones secretas, de sus letras ocultas, de su amor no correspondido, se subió al escenario y le dedicó una canción.
…Solo estoy deseando volverte a ver.
Echando de menos tu piel.
Solo estoy, sin tu amor.
Y con mi guitarra donde
compuse la música que, me habla de ti
y habla de mi.
Regresa a mi,
aunque sea una vez más.
Te quiero muy lento amar,
regresa a mi, regresa a mi…
Y la rubia regresó, entre el estrépito de los que aplaudían y la llamaban a unirse a él una vez más en la vida. Helga era una flor, una rosa, tenía sus espinas, bastante filosas pero también una dulzura y perfume por los que él lucharía.
Y de hecho, lo haría…
Lo estuvo pensando el fin de semana completo, la llamó una decena de veces, pero el número de casa estaba desconectado y el celular apagado. Pensó en ella, en todas las oportunidades que tuvo para "estar con ella" besarla con decoro, arrebato pero eso sí, sin permiso.
Ella era como la "mujer bonita" Eugene y él, lo comentaron alguna vez en la escuela. Les permitía abrazos, roces, besos, en cualquier lugar excepto los labios. Esos eran para él…
El hombre a quien quería hasta desfallecer.
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Y es así que mientras sus amigos dilucidaban, él pensaba en ella, pero la pregunta permanecía la mesa. ¿En quien pensaba Helga? Nunca se lo reclamó, aunque era imposible no hablar del tercero en la relación.
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"No es nadie"—afirmó la última vez que rompieron.
"¿Al menos es real?"—inquirió pues el velo de tristeza en las delicadas formas de la mujer, le caía verdaderamente mal.
"¿A caso crees que padezco alguna clase de problema mental?"
"Lo has esperado tanto que comienzo a creer que es o muy idiota, muy afortunado. O le pasó algo demasiado malo"
"¿Muerto…?"—inquirió con una sonrisa rota que le oprimió el alma. "No está muerto, bueno quizás debería enterrarlo, pero no puedo lograrlo…"
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Lila carraspeó de pronto, llamando la atención de todos y sacando a Stinky de su vacilación.
Ella creía que Rhonda Wellington con su metro setenta de estatura, cabellos cortos al estilo "Bob" pantalones negros ajustados a las caderas, zapatillas de tacón del mismo color que obviamente no necesitaba pero usaba para sentirse mas "endiosada" y camisa carmesí de Diseñador, exageraba.
¡Claro que lo sabía y le enfurecía! Que Arnold no se diera cuenta y que Helga, no se lo dijera. Eran tan lentos esos dos que en serio, algunas veces quería gritarle a Arnold, que notara a la rubia histérica que estaba detrás de la puerta mirando.
¿Pero entonces, si Helga no lo "invitó" la hermana de Larry mintió? ¿Ella se sobrepasó en su declaración?
No lo creía.
Helga era tímida, sólo se trataba de eso. Quizás, al igual que ella, necesitaba un empujoncito, un beso de "esos" que te hielan la sangre pero calientan la carne. Lo merecía, era obvio que Helga G. Pataki necesitaba con quien "liberarse"
—Sé que está enamorada de "alguien" —gritó. —Pero también sé que ese chico, por más indirectas que ha recibido no le corresponde.—se defendió de las féminas. El resto de ellos intentaba recapitular los últimos diez años de su existencia.
—Mantecado… —pronunció Patty. Y los demás lo repitieron como una especie de mantra sagrado. La pelirroja continuó en su exabrupto, las clases casi comenzaban pero a ninguno podía importarle menos que nada.
—¡¿Qué a caso piensa morirse de amor por él?!—preguntó, esperando compasión, comprensión.
—¡Esa decisión no es tuya! —gritó Phoebe. —¡Y lo que dices, es horrible!
—Lo que digo es cierto. Jake, sólo quería saber si podía encender alguna clase de pasión en su ser.
—¿Lo dices en serio?—preguntó una nueva voz que pertenecía a Arnold. El rubio miraba a Lila como si fuera otra y no la chica por la que tantos años se la pasó suspirando.
Cuando lo reconoció, obvio resulto el sobresalto de Sawyer, pero si ya había comenzado iba a terminar.
¡Estaba cansada!
Él era como una especie de "servicio social" del que hacía mucho se quería liberar. Le estuvo cuidando "el mandado" a Helga por demasiados años, esperando que se animara y confesara. Orando porque él, algún día la notara pero eso jamás parecía pasar y por fin conocía a alguien a quien quería amar.
"Larry Lawless" y aunque le parecía cruel cortar de raíz su relación. No se le ocurría otra forma de arrancarle a Arnold el interés por conquistar su corazón.
—Si, lo creo. ¿Por qué quieren crucificarlo, si él solo pretendía invitarla? —insistió. Arnold se ofendió, la molestia fue notoria en su rostro pero ninguno se la explicó salvo por Phoebe y Gerald.
—Helga le dijo que no. —comentó aireado, pasando de todos y del espectáculo que aparentemente estaba montando. —Reiteradas veces en diferentes situaciones, comentó no estar interesada.
—¡Y por eso la besó! —la chicharra que anunciaba el inicio de clases sonó en algún lado. Los chicos miraron de uno a otro, pensando que jamás los habían visto pelear. Siempre eran los "términos medios" pasivos, afables y calmos. Eran la "nada" encarnada, como las parejas casadas que ya no se aman, pero que están tan acostumbradas el uno al otro que no se apartan.
Rhonda y Harold tenían que exponer en su primera clase, Sheena ya estaba baja de notas en la suya, Sid y Curly tenían examen así que de esta forma se fueron replegando, pero antes de dispersarse, comentaron que se apegarían al "plan"
—¡Abriré un chat de grupo por WhatsApp! puede servirnos para emergencias o cualquier otra cosa. —comentó Gerald corriendo a clases junto a su novia.
—¿Como para irnos de tragos, si lo expulsamos? —comentó Eugene, alegre. Rhonda gritó que nada de alcohol a menos que incluyeran a Lorenzo. (él, Alan y Brainy estaban en el turno de la tarde, ajenos a todo el ajetreo, pero podrían incluirlos de un momento a otro).
Volverían a estar juntos, como esas tardes en que bateaban una bola en el campo Gerald.
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Volviendo a la explanada, Arnold continuaba furioso, mirando a Lila como jamás creyó que lo haría. La pelirroja jugaba con sus cabellos conocedora de que se había pasado de la raya pero aún así lo sostenía. Shortman, no podía con el cinismo en su rostro así que apretó los puños, y sin perder del todo la entereza comentó.
—La besó porque es un cobarde que no conoce el respeto por los deseos o sentimientos de nadie. Y por cierto, eso que llamas "invitación" yo lo nombraría "pasarse de listo"
—¡¿Es que quieres que se muera de amor o impotencia?!—gritó, torturada por la mirada inquisidora de Arnold y es que era bien sabido que tenía su carácter bastante guardado, pero letal y desalmado.
—Escucha Lila, Phoebe estaba en lo cierto, esa decisión no es tuya. Pero si tanto te importan las "relaciones" de Helga, te diré que ya sé, que soy al que quiere.
—¿¡Qué…!?—soltó en un grito, que se escuchó mas bien como un chillido.
—El hombre que ama, quien dijiste que por más que la ve, no le corresponde pero adivina qué, desde que nos dejaron en la escuela este viernes por la tarde, le correspondo…—Lila se llevó las manos a los labios, todo su cuerpo temblaba en diminutos espasmos y ni siquiera estaba segura del momento en que había comenzado a llorar, miró a los lados contemplando los pasillos a nada de quedarse vacíos. Esa ya no era la primaria o secundaria, era su responsabilidad si entraban o no a clases.
Aquí no había prefectos que les llamarían la atención o personal de limpieza que los llevara a escobazos hasta su salón.
Arnold y ella tenían casi todas las clases juntos, producto del "enamoramiento" que no era tal, y del "servicio social" que no se acercaba ni al estatus de "caridad" por tanto no tenía caso dejar el tema inconcluso o tratar de escapar.
—¿Cómo…?—preguntó, luego de sorberse los mocos y limpiarse las lágrimas con las manos.
—¿De verdad te importa? —respondió filoso. —Suena a que te interesa, a que quieres ser su amiga pero si lo fueras, tanto de Helga o mía. Me lo habrías dicho hace mucho.
—¡Ella no quería que lo supieras! Si la ibas a amar debías hacerlo por propia cuenta. ¡Y no te atrevas a reclamarme, porque te dio todas las señales y tú jamás las notaste!
—¿A caso no eras tú, quien ocultaba esas señales?—inquirió colérico. Porque en serio, no podía creer que Lila tuviera sentimientos o pensamientos tan feos.
—¡¿Yo…?!—se defendió con lágrimas nuevas ensuciando su rostro. —¡Yo recuerdo haberte dicho muy claramente que solo te quería como amigo! —la declaración hirió el orgullo de Arnold, porque efectivamente, eso fue lo que dijo pero él creía que si era constante, si se mantenía fiel a sus sentimientos, ella en algún momento llegaría a notarlo.
Se equivocó.
—Es cierto que lo hiciste, pero "esto" de ocultar que Helga estaba enamorada de mi, no me parece de amigos.
—¿Y por qué no le reclamas a Phoebe? ¡Ella es la novia de tu mejor amigo! son más cercanos que nosotros dos.
—¡Eso no es cierto, nosotros éramos…!
—Éramos, Arnold. —comentó, apartando la mano del rubio que pretendía tomar la suya. —Y lo creas o no, lo que hice fue por ustedes. Helga vivía dos vidas, por eso siempre aclaré que "los sentimientos de una mujer eran demasiado complicados para que tú los lograras entender"
Ella era dos personas en una misma y decidió que tú conocieras a la bravucona que luchaba sola sus propias batallas, ni Phoebe, ni yo tuvimos el valor que arremeter contra eso. No nos correspondía a nosotras, lo que sucediera entre ustedes, tenían que decidirlo solos. Y si bien me alegra o conforta que por fin lo sepas. Me hiere profundamente que te atrevas a pensar así de mi.
—Lila...
—No soy la villana de este cuento, Arnold. En todo lo caso, lo fueron ustedes, ella te puso contra la pared y tú nunca hiciste el amago por llegarte a defender.
—Por favor, discúlpame…—comentó, un poco mas relajado, buscando los ojos de la mujer. Los encontró apagados, reflexivos y melancólicos.
—No, porque no me retracto. Y por lo que veo, no vas a perdonarme.
—¿A qué te refieres?
—A que en esta "disputa" sigo estando del lado de Jake.
—¡No puedes creer que está bien lo que hizo!
—¡Pero lo está! Mientras siguiera "obsesionada" contigo nunca iba a avanzar. Los chicos como Eugene o Stinky, no lograrían apagar jamás la flama de su pasión, pero Jake…
—¿Por qué los mencionas a ellos?—inquirió nuevamente furioso. Lila sonrió con desazón, lo miró a los ojos. Atrás la mirada tierna, amable.
—Helga, ha salido con ellos, entre la primaria y secundaria. Después pareció resignarse, creo que tu "madurez" la dejó deslumbrada y a juzgar por tu reacción, valió la pena esperarte.
—Eso no significa que deje de preocuparme por ti…—comentó porque si pensaba así, sería el blanco perfecto para chicos como "Jake"
—¡Yo estoy bien! Larry me pidió que fuéramos novios. Hace semanas que salimos a espaldas tuyas.
—¿Qué…?—la pregunta se escapó de sus labios, aunque honestamente ya no valía la pena indignarse.
—Lo que oíste, no quería lastimarte así que no te dije nada. Pero este día planeaba hacerlo. Nos besamos cuando llegamos, esperaba que estuvieras con los demás y nos vieras hacerlo.
—Pero llegué tarde.
—Siempre lo haces, aún así…espero que seas muy feliz.
—Te diría lo mismo, pero honestamente. Lo que espero, es que nunca te encuentres a un cobarde como Jake.
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La cafetería de la escuela comenzaba a llenarse de chicos que llegaron tarde y no fueron admitidos en su primera clase, Arnold se dirigió hacia ahí, la biblioteca no era precisamente lo suyo y Lila estaba convencida de que, si le sonreía de cierta forma al profesor de matemáticas, éste le daría el paso.
Seguía siendo la misma, perder lo que tenía con Arnold no le arrebataría nada, después de todo, ellos nunca fueron nada…pero aún así.
Algo en su pecho dolía.
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El segundo periodo transcurrió sin mayor pena, ni gloria. Arnold cambió su lugar habitual sentándose en la parte de hasta atrás, Lila se quedó en la banca de siempre, algunos chicos se extrañaron pero de manera general, todos se sentaban donde querían. Lo que no solía romperse, era "quien se sentaba con quien" y como estaban acostumbrados a verlos juntos, asumieron que por fin "rompieron"
Las chicas le sonrieron a Arnold, los chicos a Lila, la pelirroja correspondió algunas miradas, coloreando sus labios de rojo intenso, Arnold, sacó un libro (que no era de biología) y enterró la cabeza en él, mientras el profesor en turno hablaba sin parar y dibujaba esquemas de sabrá el infierno qué.
En esa clase estaba un distraído Eugene, que no solía meterse con nadie y por tanto su presencia no alteraba a nadie.
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Tercer periodo y el chat abierto por Gerald, comenzaba a ponerse intenso, como no le agradó el "encuentro" entre Lila y Arnold no los agregó, Pataki no tenía nuevo número y a su novia tampoco la incluyó. Sabía que lo mataría por hacerlo pero de momento fingiría demencia y seguiría de cotilla.
"¿Lila rompió con Arnold, por defender a Helga?"—preguntó Eugene.
"No seas idiota, no se rompe con alguien como Arnold por alguien como Helga" —respondió Rhonda.
"¿Por qué no?"—inquirió Curly
"Porque, no" —aseguró Lloyd
"¿Entonces, por qué se enfadaron?" —insistió el pelirrojo.
"¿Estás seguro de eso?" —preguntó Nadine.
"Pues...es la primera vez en siete años que no se sientan juntos"
"¿De verdad?"—se interesaron todos.
"Momento, no puedes romper con alguien que NO es tu novio"—apuntó Gerald.
"Cállate tú, claro que son novios, toda la vida han estado juntos" —remarcó Rhonda.
"Caminan juntos, estudian juntos, comen juntos, pero NO ESTÁN JUNTOS"—insistió.
"Si es verde, tiene plumas, canta como loro y se comporta como loro. ES UN LORO" —acotó Lloyd.
"Que NO, él es mi hermano y les digo que NO está con Lila Sawyer"
"Si lo hiciera, sería incómodo. Ella besó a Larry esta mañana"—intervino Sheena.
"¿Quien?" —preguntaron todos.
"Larry Lawless, el chico apuesto de física" —respondió la castaña y recibió puros vistos. (Pocas personas incluían física en sus clases regulares, si podías cambiarla por algo más sencillo como biología o química orgánica)
"De acuerdo, entonces rompieron porque ella lo cambió por otro"—continuó Eugene.
"No lo cambio, dejémoslo en que se decidió por otro"—aclaró Gerald.
"Esta semana, querrás decir"—comentó Sid algo filoso.
"¿Bueno, tú comiste gallo esta mañana o qué diablos te pasa?"—preguntó Stinky
"Solo digo que cada semana, lo cambia por otro. Él es tan denso que no se ha dado cuenta o quizás si y por fin decidió que le molesta"
"¿Y si estabas tan enterado, por qué no nos habías contado?"—inquirió Harold.
"Nunca preguntaron y además, Gerald está en lo cierto. Ellos no son novios, solo salen juntos, como creo recordar que prefieren algunos" —la pedrada le llegó a Stinky, también a Eugene quienes tuvieron el impulso de disimular el pánico, pero eso era un chat electrónico y nadie veía si entraban en pánico.
Se preparaban para tomar su siguiente clase, estaban en los casilleros cambiando los libros, cuando de pronto dos personas chocaron.
Intempestivo.
Sus encuentros regularmente sucedían así. Cuando no era ella la que chocaba con él, Arnold lo hacía. Cada uno ensimismado en su propio mundo, universo, drama interno.
Helga lo mandó al Demonio como solía hacer.
—¡Fíjate por donde vas pedazo de animal! ¿Qué no ves que estoy herida?—levantó la mano vendada, además del rostro y cuando vio que era Arnold, sus mejillas se colorearon.
El aludido quiso morirse en ese mismo momento.
¿Esto era un dé jà vu?
No, claro que no. Ambos tenían clase de historia y se dirigían al salón de manera apresurada porque él sabía perfectamente bien por qué estaba enfadado. (pero ni idea, de lo que la haría rabiar a ella)
"Miradas indiscretas por todos lados" ofertas de mujeres en las que jamás había reparado, ademas del cinismo de Lila y su manía de enrojecer sus labios y sonreírle a toda clase de pesado.
Estaba furioso, el dolor de cabeza no había amainado y honestamente…
Ni siquiera se acordaba de Helga, a pesar de que había soñado con ella.
Cuando la golpeó y la escuchó maldecir furiosa y colérica, todas las piezas de su universo encajaron, verla quedarse muda delante de él, colorear sus mejillas porque se trataba de él, no tenía precio. Así que sonrió y ella correspondió.
La escena fue vista por varias personas que siguieron en lo suyo, a excepción de sus amigos.
Todos escucharon la voz a grito de su Guerrera Amazona y sintieron pena por el pobre infeliz que se cruzó en su camino. El mencionado era Arnold, su siempre apacible y bonachón Arnold.
Pero no hubo disculpas ceremoniosas por parte de él, punta pies, ni amenazas con el puño cerrado protagonizadas por la mujer. Hubo un momento que hablaba de dos personas que se reconocen entre la multitud y están felices por encontrarse.
Stinky sintió sus pulmones vaciarse, la quijada de Rhonda estuvo a punto de alcanzar el suelo, Eugene intercambió una mirada cómplice con Sheena, Harold y Patty imitaron el gesto, Phoebe suspiró enternecida. (así era su amiga) Gerald, se aclaró la garganta porque él también tenía expectativas. (Sí, odiaba a Pataki pero adoraba a su hermano y merecía un escándalo de vez en cuando) más cuando él también sabía de las "indiscreciones" de Lila, pero Arnold se las tragaba por que "aún no eran novios"
En fin, estas oportunidades de dar exclusivas y humillar a "Geralda" no se daban todos los días y por tanto había que aprovecharlas.
—Y con ustedes, en presentación estelar "Mantecado y La Señorita G"
—¡NO!—gritaron Stinky y Rhonda.
—¡SI! —gritaron varios. —Sheena, Eugene, Nadine, Phoebe y Patty se abrazaron. Sid, le recibió algunos billetes a Curly (ellos lo sospecharon desde hacía años, pero claro. Los machos alfa, pecho peludo y ego de atlante no andan por ahí hablando de parejas o cosas sentimentales) Harold comentó algo como:
—Yo no veo ningún mantecado.
—¡PORQUE ERES IDIOTA! —gritó Rhonda. —¡Y ESTA ES UNA BROMA DEMASIADO PESADA, JOHANSSEN! —señaló al moreno, pero este se limitó a señalar a los rubios.
Ya habían salido del trance (de observarse como a lo más fascinante) y se hablaban con normalidad.
—¿Quieres que te ayude con eso?—preguntó Arnold referido a su mochila.
—¿Qué sales con alguien y automáticamente, te vuelves su esclavo?—respondió con el mismo tono elevado, o quizás habló tan alto porque se sabían observados y los nervios la estaban acabando.
Lo suyo era la humillación pública, lo sabía de sobra porque cuando de meter la pata se trataba ella lo hacía hasta el fondo y si no era vomitar delante de sus "suegros" terminaba nadando en queso fundido o desmayándose en el auditorio después de que alguien más leyera su poema más exclusivo. Arnold persistió en su afán, le quitó el bolso pasándolo por la parte alta de su rostro y le dijo que sí…
—Aunque no sería lindo que me llamaras así.
—¿Prefieres horrible adefesio?
—Momia disecada…—se fueron por el largo del pasillo, ignorando las miradas curiosas, los gritos histéricos de sus amigas. (entre las cuales obviamente no se encontraba Lila) y las nuevas apuestas de los chicos.
—¡Cinco dólares a que duran una semana! —comentó Sid, señalando a Curly
—¡Cincuenta a que duran un mes!—respondió animado.
—¡Quinientos si se casan!—se metió Gerald, para la sorpresa de todos por lo elevado de la apuesta.
—¡¿QUEEEEEE?!—gritó Rhonda, aún sin creerlo o aceptarlo. —Si se casan, me ordenaré como ministro y oficiaré la boda.
—Tú no puedes porque eres niña. —acotó Harold.
—¡SI SUCEDE ESE MILAGRO CUALQUIER COSA SERÁ POSIBLE! Y no huyas, Heyerdahl, tú me lo tienes que explicar todo. ¡Lo sabías desde esta mañana! ¡¿Por qué no llegaron juntos?! ¡¿Es más, desde cuando están juntos?!
—Lo siento, pero no puedo. Ya se me hace tarde para química.
—¡Pero no puedes irte! ¡GERALD, TE ORDENO QUE LA METAS EN EL CHAT!
—¿Cual chat…?—preguntó curiosa.
—¡NINGUNO! —respondió dudoso, corriendo en dirección de su siguiente clase, al igual que los otros.
—¡GERALD! ¿Estás organizando otra fiesta a mis espaldas?—preguntó siguiendo a su novio.
—¡Claro que no...!—respondió aunque sin voltear a verla.
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Ninguno de ellos reparó en otra pareja que estaba en el mismo pasillo observando la misma escena. Larry se acercó a Lila y borró de su rostro una traicionera lágrima.
—¿Segura que no sientes nada por él?
—Segura, y no es por eso que lloro.
—¿Entonces por qué...?
—No lo entenderías, son demasiado complejos, los sentimientos de una mujer...
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Continuará...
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N/A: Si, ya sé que me odian por la demora, pero intenté hacerlo más largo en compensación. Espero haya sido de su agrado. Besos a los que comentan y como siempre. Se me cuidan. Nos leemos a la próxima.
